En la senda revolucionaria… Entrevista con Oscar Orellana

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En la senda revolucionaria…Entrevista con Oscar Orellana

SAN SALVADOR, 22 de julio de 2015 (SIEP) “En 1974 un grupo de compañeros que habían estudiado conmigo en la Unión Soviética y que daban clases en Santa Ana me ofrecieron conseguirme empleo allá con ellos y acepté…” nos comparte el militante revolucionario salvadoreño Oscar Orellana.

Agrega que “el entonces director del Centro Universitario de Occidente, Ing. Francisco Orantes Lemus, aceptó mi incorporación como docente. El CUO tenía poco de existir y se estaba ampliando, aumentaba la población estudiantil por lo que me incorpore al Departamento de Ciencias Jurídicas, dirigido por el Dr. Héctor M. Calderón Grande, por cierto hermano de la Dra. Anita Calderón Vda. De Buitrago, que fue magistrada de la CSJ.”
Añade que “Calderón Grande era un hombre de izquierda, originario de Chalchuapa y cercano al PCS, gozaba de gran influencia y era muy apreciado por los estudiantes. En el CUO también trabajaban otros docentes militantes del Partido, entre ellos el Lic. David Orellana Calles y el Profesor Rolando Abarca, originario de San Sebastián, San Vicente. La mayoría de docentes era de pensamiento democrático, un buen número simpatizaba con la izquierda, lo cual contribuyó para que me adaptara fácilmente a ese nuevo ambiente de trabajo”.
“Para esos años estudiaba derecho el camarada Orlando Guerrero Chamul, “El Choco” militante comunista y dirigente de ANDES que fue asesinado – lo ametrallan- a finales de 1980 por los escuadrones de la muerte. También ya estudiaba ahí el Cacho y era dirigente estudiantil. Ese mismo año de 1980 fue también secuestrado y asesinado el Dr. Calderón Grande, su cadáver fue encontrado en El Playón en la lava del volcán de San Salvador. ”
El director Orantes Lemus, no obstante que era una persona democrática, fue designado por el entonces CAPUES (Consejo de Administración Provisional de la UES) para reiniciar las clases en Santa Ana y le correspondió organizar el cuerpo docente. El CAPUES que pretendía evitar el resurgimiento del movimiento estudiantil vinculado a la izquierda, impuso la obligación docente de pasar lista al inicio de clase, pensando que con esto se iba a evitar las actividades del movimiento estudiantil. Los que lo dirigían al no asistir a un porcentaje determinado de clases, serían expulsados de la Universidad.
Mi carga académica consistía de tres materias: Introducción al Estudio del Derecho I y II, Teoría General del Estado y Sociología Política, mis alumnos eran de las carreras de ciencias jurídicas y relaciones internacionales En estas tres materias siempre trataba de relacionarlas con la realidad del país, así como desde el primer momento establecí mi rechazo a pasar lista. Lo discutí con mis estudiantes y acordamos que yo no iba a pasar lista pero ellos se comprometían a asistir a todas mis clases. Y así fue y así iba ganado espacio y reconocimiento entre los estudiantes. Tanto así que en junio de 1974, en un acto público organizado por la Asociación de Estudiantes de Derecho del Centro Universitario de Occidente me otorgaron un Diploma de reconocimiento a mi labor docente. El Diploma estaba firmado por el director del CUO, el Jefe del Departamento de Ciencias Jurídicas y el Presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho del CUO, un estudiante de apellido Linares, de tendencia progubernamental y vinculado al partido gobernante, el PCN.
A inicios de 1975 las autoridades centrales de la Universidad despiden a varios docentes del CUO considerados de izquierda, entre ellos dos graduados en la Unión Soviética, Manuel García y Fernando Flores, que fueron los que me llevaron a trabajar a Santa Ana. Con un grupo de docentes armamos una protesta para que fueran reintegrados a su trabajo y nos declaramos en huelga, no dimos clases y los estudiantes apoyaron la acción. El director del CUO acudió ante la administración central, pero se negaron a reinstalar a los compañeros y amenazaron con despedir a todos los docentes huelguistas. El director nos pidió que desistiéramos de la huelga y que haría otras gestiones para recontratar a los compañeros. A algunos de los docentes huelguistas nos sancionaron con el descuento de cinco días de trabajo.
La invención del CULO
A mediados de 1975, se acercaban las Fiestas Julias, las fiestas patronales de Santa Ana. En junio los estudiantes decidieron organizar un desfile bufo y me lo comentaron algunos compañeros estudiantes que militaban en la Juventud Comunista. Y decidimos realizar una reunión para participar en la actividad. En la reunión les propongo hacer algo distinto, diferente. Les propongo una actividad política pero a la vez chistosa, con humor político.
Y es que durante mi exilio en Guatemala de cuatro meses había podido familiarizarme con los preparativos que realizaban los estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala, la Asociación de Estudiantes Universitarios, AEU, en lo que se llamaba la Huelga de Dolores, les cuento lo que hacen los estudiantes guatemaltecos, que integran un comité de huelga, que es clandestino y que dirige todas las actividades de crítica política y protesta social contra los gobiernos chapines; les propongo que hagamos algo parecido, que hagamos una gran changoneta…y además sacar boletines ridiculizando y criticando al gobierno militar y a las autoridades locales.
Y les pregunto: ¿creen que podemos hacerlo? Y responden entusiasmados que sí, pero me preguntan ¿quién va a redactar los boletines? Les dije que de eso me encargaba yo. Y entonces me comunicó con Rolando Abarca y otro profesor de física, que de momento se me olvida su nombre; nos reunimos y les propongo la idea de participar en los preparativos del desfile bufo, aceptan, y se forman dos grupos, el de docentes y el de estudiantes, claro clandestinos, para colaborar con el movimiento estudiantil. Ambos grupos estábamos compartimentados por razones de seguridad, no todos los estudiantes deberían de saber de la participación de los docentes en el relajo que se iba armar.
Y todo este esfuerzo estudiantil-docente pasa ser dirigido por el clandestino Comité Ultrasecreto Legalmente Organizado, con las emblemáticas y provocadoras siglas de CULO. El CULO asume la elaboración de bandos, el diseño estratégico, la creación de planes, expectativas, etc. Las cuartillas sacadas creaban expectativa. Empezaron a surgir como por arte de magia en las ramas de los arboles, en las paredes, en las aulas, en los baños, rótulos con mensajes misteriosos: ¿sabes tú que es el CULO? Ya viene el CULO! El CULO te ama!, el CULO es tu amigo, el CULO estuvo aquí, busca al CULO, cuidado con el CULO, etc.
Y causaba conmoción, intrigaba. Y era algo chistoso, humorístico, con doble sentido, a veces soez. Llegó el momento en que sacamos el Bando Numero 1, que iniciaba así: “Ayayayay, mamayitas lindas, culitos de avispa, que solo con… dones…andan…..” La publicación generó una gran algarabía. La Sociedad de Estudiantes elevó su prestigio y capacidad de convocatoria. Logramos sacar tres Bandos del CULO.
El último Bando se decidió repartirlo en el centro de Santa Ana y se organizó una brigada de estudiantes para su distribución en comercios y a la gente en general. La recepción popular fue positiva pero a la vez puso en alerta a las autoridades, algo estaba pasando en el CUO. Y mientras tanto la jornada de fiestas julias se iba acercando, se celebra del 24 al 26 de julio.
Se programó el Desfile Bufo para el 25 de julio y había una gran expectativa, mucho entusiasmo estudiantil para participar. Era la primera vez que se realizaba y se crearon brigadas para las respectivas carrozas, los llamativos disfraces, la elaboración de carteles con leyendas políticas y caricaturas El jueves 24 por la noche se quedo mucha gente trabajando en estos proyectos. Por la madrugada del día siguiente llego la Guardia Nacional rompió los candados del portón e irrumpió el campus violando la autonomía universitaria. Llegaron atropellada y salvajemente, destrozando mobiliario, y golpearon y capturaron a los estudiantes que fueron sorprendidos dormidos; algunos de los estudiantes lograron escapar escalando la malla metálica que lindaba con los cafetales en la parte de atrás. La Guardia se posesionó del territorio universitario.
El viernes salí de mi casa a las 6 de la mañana rumbo a Santa Ana, ya que seguía viviendo en San Salvador. Al llegar a la Terminal tome el bus para el CUO, que queda en la zona del estadio Oscar Quiteño. Iban otros estudiantes en la misma dirección, al llegar a la Col. San Luís nos sorprendió que hubiera retenes de la Guardia Nacional cerrándonos el paso, no sabíamos de la intervención militar al centro universitario; no nos dejaron pasar y se fueron formando grupos de estudiantes, docentes y trabajadores del CUO y decidimos protestar ahí mismo, lidere las protestas y los Guardias nos empujaron con sus fusiles G3 hasta el estadio Quiteño, ahí se armó un zafarrancho e intentaron capturarme, me persiguieron y para defenderme corriendo tome una piedra y le hice un ademán al guardia que venía más cerca que se la iba a tirar y se paró. Un grupo de docentes y estudiantes me rodearon, protegiéndome y nos retiramos del lugar, no podíamos hacer mayor cosa.
Se convocó a una reunión de emergencia de docentes, los estudiantes hicieron lo mismo; había indignación. Una situación de estas no se había dado nunca en Santa Ana y decidimos responder, salir el próximo lunes 27 en manifestación de protesta por la violación al campus universitario. Asimismo una delegación se fue hacia San Salvador para informar al Movimiento Estudiantil de lo sucedido. Y salimos el lunes, docentes, estudiantes y trabajadores, a protestar por la intervención militar en el CUO. Y asimismo participamos en la Marcha programada en San Salvador para el 30 de julio, que se convirtió en masacre estudiantil. Uno de los estudiantes asesinados fue Napoleón Orlando Calderón Grande, hermano del Jefe del Departamento de Ciencias Jurídicas, donde yo trabajaba.
El 30 de julio la marcha se organizaba por bloques de facultades y se decidió ubicar a los que éramos del Centro Universitario de Santa Ana al final. Esto hizo que cuando llegamos a la Policlínica empezó la disparazón. Nos encontrábamos lejos y desde ahí pudimos observar como los guardias disparaban hacia los estudiantes y la gente corriendo, buscando refugio.
Aquí quiero detenerme y hacer un comentario. Nosotros como Juventud Comunista, JC, que dirigíamos un frente estudiantil universitario, el FAU, decidimos participar en la marcha de protesta; llamamos a todo mundo a participar y actuar de la misma manera como lo habíamos estado haciendo, gritando consignas contra el gobierno militar, corriendo y volviendo a gritar. Las otras organizaciones revolucionarias se prepararon para ir a la marcha con la idea de enfrentar violentamente a los cuerpos represivos. Conocí el relato de José Luís Quan Pineda, quien fue mi compañero docente en el Departamento de Filosofía y en 1975 militaba en la RN, de cómo ellos y los universitarios militantes de las FPL, acordaron organizar una mínima defensa militar de los manifestantes y llevaron bombas molotov y pistolas, las que usaron cuando la manifestación fue atacada con gas lacrimógeno y balas y aunque eso no impidió la masacre sirvió de gran experiencia para ellos. Entre los asesinados y desaparecidos el 30 de julio había estudiantes ligados al FAU, como Roberto Miranda López.
Semana de Reestructuración del CUO
Otro acontecimiento relevante de ese periodo que pase en Santa Ana fue la organización de un Seminario de Reestructuración del CUO. Duro tres día y me eligieron para presidirlo. Prepare una ponencia sobre las experiencias de instituciones regionales universitarias en Sur América. La idea básica giraba sobre la necesidad de cubrir las carreras, aumentar la capacidad docente y administrativa con el fin de responder a las necesidades de la población estudiantil de occidente. Tomo como modelo la experiencia de la Universidad del Valle de Chile. La actividad de este seminario fue muy exitosa.
Las autoridades centrales de la Universidad tienen información de mi persona, hay indicios que me quieren separar. Hay un nuevo director del CUO, el Dr. en Química Luís Samayoa, me alerta porque recibió instrucciones de que todos los docentes deben ser graduados o estar estudiando los últimos años de la carrera. Yo tenía mi título de abogado pero no estaba incorporado; inició entonces los trámites para mi incorporación. Converso con el Dr. Luís Domínguez Parada, quien era Decano de la Facultad de Derecho, me asesoro con él para ver qué camino seguir; él me recomienda solicitar a la Junta Directiva de la Facultad que me den equivalencias de mis estudios en la URSS, estudiar dos años y graduarme como abogado en esa Facultad.
La otra variante, que ya la había considerado, era la de solicitar mi incorporación por haberme graduado en una carrera que no es impartida por la Universidad de El Salvador: Licenciado en Derecho Internacional. Opte por esta última. Para entonces el Rector de la Universidad era un hombre de derecha, el doctor Carlos Alfaro Castillo. Toda mi documentación, título, constancias de notas y pensum de la carrera de derecho, estaba en regla apostillada por la embajada de México en la URSS, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y el Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, pero me pusieron trabas de todo tipo; la principal estaba en la Fiscalía de la universidad, mientras no diera el pase a la documentación, mi caso no podía ser conocido por el Consejo Superior Universitario.
Como no avanzaba mi solicitud de incorporación decidí ir “al toro por los cuernos” y a mediados del año de 1977, en un acto oficial de las autoridades superiores universitarias realizado en San Salvador aborde al Dr. Alfaro Castillo, le pedí audiencia y unos días después me recibió. A pesar de ser un hombre de derecha me escuchó y se comprometió a llevar mi caso al Consejo Superior Universitario. Semanas después era asesinado. Eso atrasó mi incorporación. La cual se hizo efectiva dos años después en diciembre de 1979. Fui el primer profesional graduado en la URSS incorporado a la Universidad de El Salvador

En la dirección del CUO
En 1979 el Centro Universitario se quedó sin Director. Y se eligió una comisión integrada por dos representantes de los sectores estudiantil, docente y de trabajadores para garantizar la continuidad de las labores académicas y administrativas. El sector docente me elige como uno de sus representantes. En esta comisión me proponen asumir la dirección del Centro Universitario y acepto el reto. El cargo era interino y ad honorem. Tanto así que decidí no utilizar ni la oficina ni el escritorio del Director. Y despachaba los asuntos administrativos desde mi mesa de docente. Me traían y llevaban papeles. Luego se nombró una Directora permanente.
Meses después el Dr. Armando Pacheco Chacón quien era Jefe del Departamento de Ciencias Jurídicas renunció y los estudiantes me propusieron para el cargo. Pero la Directora del CUO, que simpatizaba con las FPL, me veía con recelo ya que a esa altura era muy conocida mi militancia en el PCS y se negaba a nombrarme. La Directora opto por nombrar provisionalmente una Coordinación del Departamento conformada por mi persona y el Dr. Héctor Miguel Calderón Grande. Pasamos algunos meses así, lo que condujo a que los estudiantes realizaran a inicios de 1980 la toma de la administración del CUO para exigir mi nombramiento como Jefe del Departamento. Me sorprendió la acción porque no supe antes de las intenciones estudiantiles. Y medite que lo más razonable era pedirles a los estudiantes que desistieran de la acción. A regañadientes accedieron a mi petición.
La causa de esta solicitud a los estudiantes radicaba en que había venido meditando que la situación política se estaba caldeando y lo más adecuado era incorporarme de manera plena a la lucha revolucionaria. O sea pensaba dejar la Universidad y dedicarme a tiempo completo a la lucha política revolucionaria. La represión contra los estudiantes se había incrementado. La Guardia Nacional capturó a un grupo de jóvenes que integraban un grupo clandestino de una de las organizaciones guerrilleras, entre los capturados habían estudiantes de secundaria y universitarios; fueron torturados y al ser dejados libres, uno de ellos relató que en los interrogatorios les preguntaban insistentemente por mí persona. Eso encendió el foco rojo para dejar la Universidad. En marzo de 1980 puse mi renuncié como docente del CUO.
Me reincorporo al trabajo revolucionario a tiempo completo
Y en San Salvador busque a Schafik (Handal) para comunicarle esta decisión. Me dijo con mucha alegría: venite, aquí te vamos a ayudar. Y dicho y hecho. Y es que en realidad el trabajo revolucionario partidario no lo había abandonado, aunque lo realizaba en San Salvador. Había sido secretario general de la Juventud Comunista y seguía perteneciendo a su Comité Ejecutivo. El Comité Ejecutivo lo integraban 7 personas, luego estaba el Comité Central, de 20 compañeros y luego las células, tanto de calle como de empresa. La JCS trabajaba por medio de frentes abiertos en diversos sectores juveniles.
A nivel estudiantil universitario estaba el Frente de Acción Universitaria, el FAU. Luego de la intervención militar a la UES en julio de 1972 las organizaciones universitarias de izquierda desaparecen y le corresponde a la JCS reorganizar el Movimiento Estudiantil, exigiendo la reapertura de la UES, realizando reuniones en los pueblos para informar a los estudiantes sobre las gestiones de reapertura, realizando asambleas estudiantiles fuera del campus, torneos deportivos, etc.
El FAU estaba integrado entre otros por Rolando Gutiérrez (El Menfis), Antonio Cabrera, Manuel Franco, Carlos Ruiz, Norma Guevara, Chele Guillen, Antonio Martínez Uribe, quien en la primera Junta de Gobierno que derrocó al General Romero fue Vice-Ministro de Educación, Cecilia Vega, Evelio Ruano, Melcocha, Roberto Ceballos, Dagoberto Gutiérrez, que era a la vez el presidente del Comité Estudiantil Provisional, el CEP, que era como presidente de AGEUS, Nelson García, quien actualmente ejerce el cargo de Vice-Ministro de Transporte, Herbert Solís, Rolando Mata, Gloria Trujillo, Alpirit Mejía, Ana Gladis Méndez (Yuri), Fonchin, etc. Fuimos los comunistas los que sacamos la cara públicamente para que se reabriera la UES, es un merito histórico. Y ya con la UES abierta, ganamos en 1974 la AGEUS como FAU y Manuel Franco asumió la presidencia de esa prestigiosa organización. Y en ese año se fue reconstruyendo el movimiento estudiantil universitario.

Asimismo como JCS contábamos con la Asociación de Estudiantes de Secundaria, AES. Ahí lidiaron, entre muchos otros, Lito Aguiñada, Jorge Schafik Handal, Tito Bazan, Amílcar Estrada, Rafael Aquino, Jorge Montalvo, Vladimira Landaverde, Dinora Aguiñada, Benito Lara así como compañeros que cayeron como Jorge “Candelita” Molina. Y también teníamos trabajo con el sector artístico y con el sector religioso. Teníamos un valioso contingente en el Bachillerato en Artes, de donde surgió el grupo de teatro Sol del Río 32 y la Banda Tepeuani. Realizábamos trabajo en las iglesias cristianas. En la Iglesia Anglicana, estaba el Chino Edgar Nuñez, Napito Rodríguez, Ramón Portillo, y luego hubo trabajo en la juventud de la Primera Iglesia Bautista con Guillermo Castro, etc.
Comisión de Selección de becarios
Con alguna regularidad recibía información de los jóvenes que viajaban a la URSS y los países socialistas a realizar estudios universitarios. Conocía de casos de jóvenes que regresaban sin terminar los estudios por más de una razón. Propuse la creación en 1974 de una comisión que preparará a los jóvenes que viajarían a los países socialistas a estudiar y el Partido lo aceptó. Formamos la comisión el Dr. Reginaldo Hernández, que había estudiado medicina en la URSS y el Dr. Alfredo Castro Quezada, que había sido del Partido y luego se fue con las FPL. Nos apoyamos en un grupo de psicólogos, simpatizantes del PC para que nos ayudaran en la evaluación psico-técnica de los aspirantes, dábamos clases de idioma ruso y preparábamos a los jóvenes para el viaje. Enviamos varias tandas.
Liderando la lucha política
Durante las jornadas de febrero de 1977 como JCS desempeñamos un rol destacado. Tanto durante la campaña electoral llevando como candidato al Coronel Ernesto Claramount Roseville como durante la toma de la Plaza Libertad, fuimos la columna vertebral de esa toma. Me acuerdo de la participación de Carlos Jacobo Handal de Usulután, que era del Comité Central de la JC. El 20 de febrero de 1977 durante las elecciones presidenciales, la dictadura militar decide evitar la votación para así prevenir la victoria popular e imponer a su candidato el General Romero, y en protesta la Unión Nacional Opositora (UNO) convoca a un mitin el lunes 21 en la Plaza Libertad.
Y se toma la decisión de quedarnos en la plaza. Realizamos una convocatoria para el acompañamiento popular, la plaza rebasaba de gente, la Plaza Libertad se convirtió en una tribuna de denuncia permanente las 24 horas y poco apoco se fue ampliando el radio de presencia popular, tomándonos más cuadras hacia el poniente, hacia Catedral. Era una concentración popular gigantesca, nos reuníamos, nos turnábamos para llegar, se crearon grupos de autodefensa con una que otra pistola, encargados de registrar a los que ingresaban a la concentración, de detectar “orejas” etc. El gobierno se encontraba debilitado políticamente por el fraude abierto cometido.
La dirección del PC evaluó la situación y considero necesario elevar la lucha a más altos niveles, pasar de la protesta política en la Plaza Libertad a acciones de calle para extender el descontento popular. El Comité Ejecutivo de la JCS conoce las valoraciones y las hace suyas. Asumimos la tarea de paralizar el transporte público urbano, buscar que los buses dejaran de circular, profundizar la crisis y que el gobierno asumiera el costo. Nos reunimos y organizamos diversas brigadas de jóvenes de la JCS para paralizar el transporte. Definimos día, hora y lugares. Pero al chequear las acciones vimos que no se había hecho mayor cosa, por diversas razones. Nos preocupaba que si no elevábamos las acciones de las masas el gobierno terminaría fortaleciéndose y nosotros debilitándonos.
Impulsivamente llegamos a la conclusión que la tarea de paralizar el transporte debía de realizarse aunque fuéramos nosotros como CE los que la ejecutáramos. Y hubo acuerdo y cada quien asumió la realización de una acción. Me correspondió la tarea de parar los buses de la ruta 5, que recorre el sur poniente de la capital, pasa por la Col. Málaga y llega a la Col. Monserrate. Uno de los integrantes de mi grupo era el chele Guillen, originario de Quezaltepeque, que luego cayó combatiendo en Guazapa. Nos apostamos –éramos cinco- en la cuesta de la Col. IVU, dos iban a realizar la acción, uno iba a dar seguridad (con pistola) a los que hicieran la acción, y otros dos iban a estar vigilando para avisar de la presencia de policías. Yo me ubique en la parte poniente de la calle. Estudiada la situación se decide actuar.
Al pasar el primer bus, se detiene a la entrada de la colonia IVU, viene lleno de gente, y los compañeros encienden dos cocteles molotov y los lanzan a la parte delantera del bus y empiezan a salir llamaradas, y la gente empieza a abandonar la unidad. Me corresponde la vigilancia al ver a mi derecha veo acercarse un radio patrulla de la Policía Nacional. Al ver el bus en llamas el tráfico de vehículos se atora, no hay paso, los policías no salen del radio patrulla y solo observan, yo no me muevo, estoy enfrente de los policías y al ver que los compañeros que ejecutaron la acción se retiraron sin problemas, nos retiramos organizadamente siguiendo el plan, ante la presencia sorprendida pero pasiva de los policías.
Regresamos al parque Libertad contentos del éxito de la acción pero cuando informamos de esta a la dirección del Partido recibimos una reprimenda, nos regañan. Argumentan que el Comité Ejecutivo forma parte de la dirección estratégica de la lucha revolucionaria y no puede ser expuesta de manera total en ese tipo de acciones. Al final celebraron la acción pero nos llamaron a tomar otro tipo de medidas para resolver esa clase de situaciones.
El rechazo al régimen militar se extendió y el gobierno se vio en serios aprietos. Nos turnábamos cada 24 horas como dirección de la JC para quedarnos en la plaza Libertad. Me correspondió el turno del sábado 26 en la noche para el domingo 27. Al despertar el lunes 28 conocí la noticia de la masacre y desalojo de los ocupantes de la Plaza libertad, el régimen había decidido salir de la crisis a través del asesinato masivo de los opositores.
El VII Congreso del PCS (marzo de 1979)
En esa época la acumulación de fuerzas sociales opuestas a la dictadura militar iba en aumento y esta reaccionaba reprimiendo con saña a un crecido y combativo movimiento popular. A nivel represivo, se pasó del secuestro y asesinato de dirigentes populares a la realización de masacres como las de La Cayetana y Tres Calles. Toda esa lucha popular alimentaba nuestras filas partidarias. Como Partido habíamos acumulado una amplia experiencia en la lucha política electoral y aunque logramos por esta vía arrinconar políticamente a la dictadura, esta logró manejar la situación, controlarla por medio de la represión. Necesitábamos un cambio de rumbo…
Y es en este espíritu que se organiza el VII Congreso del Partido. Con una gran alegría organizamos ese congreso, había pasado tiempo del último congreso en 1970 y habían surgido nuevos cuadros, y había la convicción de la necesidad de enfrentar a la dictadura de manera directa, armada. Presenciábamos el crecimiento de las organizaciones revolucionarias hermanas, que iban ganando adeptos a la vez que nos atacaban con saña. Como partido habíamos madurado mucho en el trabajo de masas pero éramos débiles en el terreno de la organización militar, y necesitábamos crecer en esta área.
Me acuerdo de Sonia Aguiñada, que había estado en la JC y luego se pasó a otra organización, realizando una actividad de calle con el movimiento estudiantil de secundaria me vio y vi que comentó con sus compañeros manifestantes mi presencia. Ellos nos llamaban revisionistas y nosotros a ellos ultraizquierdistas. Era un debate ideológico muy intenso, que llegaba fácilmente a lo personal.
A propuesta de Schafik estuve en la comisión de instalación del VII Congreso. Fui de los últimos que ingresaron al local clandestino donde se desarrolló el evento. Algunos habían ingresado hasta con tres días de anticipación. Cuando ingreso al local me llevo una gran sorpresa porque veo sentado en el suelo a alguien que me parece conocido, él siente mi mirada y se pone de pie.
Lo reconozco, era mi tío Carlos García, hermano de mi mamá, originario de Nejapa, de oficio barbero. Me reconoce y me dice: Hola hijo. Recordamos las pláticas políticas que sosteníamos cuando lo visitaba en Nejapa. Posteriormente, en 1980 lo mataron, fue capturado y torturado por la Guardia Nacional y lo tiraron a unos cañaverales.
En el congreso estalló el debate esperado sobre la lucha armada, por primera vez se tocó ese tema de manera abierta. Antes esas tareas eran super compartimentadas, por mi trabajo de dirección política en ciertas ocasiones escuchaba pláticas de algunos compañeros sobre la preparación militar. Si toda la militancia hubiésemos sido preparados militarmente antes de febrero de 1977 la maduración del factor subjetivo de la revolución hubiera sido antes…En el congreso, aunque hubieron matices, mayoritariamente se aprobó la opción de la lucha armada.
Pero aunque en la dirección tanto del PC como de la JC había claridad sobre la necesidad de impulsar la lucha armada, el cómo era el problema. En mi caso nunca había disparado un arma. ¿Qué psicología de guerra podía tener? Ninguna. Y se necesitaba para impulsar la lucha armada desarrollar una psicología de guerra, una preparación militar, era un factor imprescindible. Esto era una gran debilidad. Como sabes el Partido era clandestino pero la Comisión Militar del PC era super clandestina, el misterio de los misterios.
Me acuerdo que por esos días, en una reunión escuche hablar de una tal “pata de conejo” y me queda con la curiosidad de saber a qué se referían. Al final el misterio me fue develado por un compañero, hablaban de un fusil sin culata.
En el VII Congreso pase a integrar la dirección del PC, me eligen como miembro de su Comité Central. Y luego Schafik me propuso para integrar la comisión política. Y lo impactante, lo significativo es que ya siendo miembro de la Comisión Política no tenía ni indicios de la tal Comisión Militar por la rigurosa compartimentación existente.
Ya en la CP me incorporó a la Comisión de Relaciones Internacionales, junto con Dagoberto Gutiérrez y Tony Handal, continuo en la conducción de la JCS y se me delega la tarea de atender el trabajo político con los sectores profesionales, específicamente con la conducción del MIPTES, esfuerzo que realizo durante el año 1980.
Recuerdo de esa época una conversación que tuve con mi papá, fue después del 24 de marzo de 1980 día del asesinato de Monseñor Romero. Él me llegó a visitar porque quizás presentía que se me venían duras pruebas, me dijo: “mira hijo, yo sé lo que es esto, yo anduve con Miguel Mármol en 1932 allá en Soyapango y nunca te lo había contado, por eso se en lo que andas metido”…Mi papá había sido un víctima de la represión martinista, lo vivió, era por eso que durante los periodos electorales mi papá siempre simpatizaba con la oposición al régimen. Mi papá murió en noviembre de ese año…
Para la Ofensiva general de enero de 1981 me encuentro en una casa de seguridad junto con José Luis Merino, Ramiro. Luego de esta jornada militar realizamos un balance como Dirección del PC con los que nos habíamos quedado, porque los otros se habían ido para Nicaragua. Al evaluar, una de las tareas para la JC fue la responsabilidad de tomarnos la carretera de San Marcos y había condiciones para esto, pero no se hizo. No sabíamos que había fallado.
Dos días después, me conducía rumbo al sur de San Salvador por la Avenida Cuscatlán y al pasar por lo que fue la FUSS, salen dos jóvenes, con pistola y una sospechosa bolsa y se colocan al centro de la calle y me paran. Me detengo y abordan mi automóvil. Me dicen: tranquilízate, conduce, nosotros te vamos a decir para dónde vamos. Los veo nerviosos.
Al pasar por la plaza del Trovador divisamos a un radiopatrulla. Me amenazan, diciéndome que no le vaya a hacer señas a los policías; pasamos sin ningún problema y me ordenan ir hacia San Marcos, antes de llegar al centro de San Marcos me ordenan meterme al lado izquierdo en una calle, caminamos varias cuadras y me ordenan detenerme; al bajarse del vehículo uno de ellos le dice al otro “anota las placas porque si nos denuncia lo vamos a ir a buscar” y me ordena guardar silencio. No me cabe ninguna duda que se trata de la escuadra de la JC asignada para esa tarea y que les había agarrado la tarde. Imagínate, por esos lances de la vida mis propios compañeros de la JC me habían secuestrado.
A mediados de 1981 me mandan a llamar de Managua…me convocan a una reunión de la dirección del Partido para tocar un tema delicado en el que querían escuchar mi opinión. Llego y se trataba de que algunos miembros de la CP planteaban la necesidad de regresar al país, a lo que Schafik se oponía por razones de seguridad. Schafik sostenía que por razones estratégicas no era adecuado regresar en esos momentos ya que la dirección debía conservarse. Para mí eso no era un problema vital porque yo vivía en San Salvador, pero di mi opinión en apoyo al razonamiento de Schafik, regrese a San Salvador y los compas se quedaron en Managua. Dirigía el trabajo de masas y teníamos una estructura de propaganda en la que participaban Rolando Mata y Guillermo Ramirios.
En agosto de 1981 se da la declaración franco-mexicana en la que se reconoce la alianza del FDR y el FMLN como una fuerza política representativa del pueblo salvadoreño y se plantea la necesidad de buscar una solución política al conflicto que se había desatado en El Salvador. Esta declaración le abrió un espacio político internacional a la lucha contra la dictadura militar.
La Comandancia General del FMLN evalúa la situación y considera tener un representante político internacional para trabajar con gobiernos amigos de diversos países e impulsar las relaciones internacionales. Deciden encomendarme esa tarea y me sacan del país. Me informan del proyecto y me dicen que debo de trabajar para lograr que uno de los gobiernos del campo socialista acepte la idea de abrir una representación del FMLN y desde ahí hacer el trabajo internacional. Era una idea a la que había que ganar a uno de los gobiernos socialistas: la URSS, sí ahí no era posible acudir a otros países. Se organizó un programa de visitas a Europa en el primer trimestre de 1982, coincidiendo con la fecha de la masacre de 1932, cuando se instala la dictadura militar.
Regreso a la URSS, esta es una historia que te la cuento en otra ocasión…

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