El 24 de marzo de 1980 surgieron las FAL… Entrevista Con Domingo Santacruz (V)

SAN SALVADOR; 9 de marzo de 2009 (SIEP). “Como tú sabes, el año 1979 se distinguió por una cantidad de acontecimientos políticos que dejaron huellas profundas en la población de El Salvador. La Dictadura militar le apostó a la represión contra el pueblo como su forma de enfrentar los graves problemas; negó el triunfo electoral de la Unión Nacional Opositora, UNO, en 1972 y 1977, profundizó la escalada fascista, arreció de manera escalonada la represión contra las organizaciones e instituciones sociales, académicas, religiosas, políticas de oposición y populares en general” nos comparte Domingo Santacruz, destacado revolucionario salvadoreño.

“La Dictadura le apostó mucho a la idea de quebrar la moral del movimiento popular mediante la represión, elevándola hasta los asesinatos y masacres masivos. En esa escalada de violencia gubernamental el régimen va perdiendo terreno frente a la respuesta organizada del pueblo. El Ejército pasó a ser un instrumento de represión de los fascistas. Muchas de las acciones represivas de los Cuerpos de Seguridad y del Ejército fueron enmascaradas con los Escuadrones de la Muerte. Los escenarios de torturas y de muerte de dirigentes y activistas de la lucha popular se extendieron de los Cuerpos de Seguridad a los Cuarteles Militares del Ejército.”
Frente a este estado de violencia institucional del Estado y de los grupos paramilitares financiados por la Oligarquía salvadoreña, al frente de la cual estaban Oficiales conservadores del Ejército preparados en los cursos de Guerra Política y de Guerra de Contra Insurgencia de los Estados Unidos y Taiwan empeñados en aniquilar físicamente a la oposición, no dejaban espacios para una salida democrática, no había otro camino que avanzar hacia la lucha armada.
El Partido Comunista de El Salvador, PCS, celebró el VII Congreso en Abril de 1979, y a propuesta de la Comisión Política, ratificó la necesidad de dar el viraje orgánico e ideológico hacia la lucha armada y a luchar por la unidad de la izquierda como condición para enfrentar a la Dictadura y a la Oligarquía, quienes constituían el enemigo principal y más peligroso. Por eso, no solo intensificó y estimuló el proceso de acercamiento con las organizaciones de izquierda revolucionarias, sino que al mismo tiempo, adoptó medidas encaminadas a la preparación de cuadros y estructuras militares y su participación en algunas acciones prácticas.
El proceso había avanzado bastante en la preparación sicológica y orgánica en las estructuras de base e intermedios y en la misma Dirección del PCS. Por eso no fue difícil tomar la decisión. Y lo hicimos el 24 de marzo de 1980, en mi casa, la fecha en que asesinaron a Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Fue en una reunión clandestina de la Comisión Política del Comité Central del Partido Comunista, cuando tomó el acuerdo de crear el brazo armado que se llamaría Fuerzas Armadas de Liberación, FAL.”
A esas alturas ya se habían superado las dudas generadas por haber participado en la alianza con la Juventud Militar del COPEFA en la Primera Junta Revolucionaria de Gobierno después del Golpe Militar del 15 de Octubre de 1979. La represión masiva contra el pueblo y sus organizaciones lejos de atenuarse se intensificaba y se extendía en todo el país. La cantidad y calidad de las y los muertos ya era muy alta.
Los militares golpeaban a todas las organizaciones populares
Todas las organizaciones revolucionarias, sociales y democráticas del país estaban siendo golpeadas y muchas de ellas exigían y demandaban medidas conjuntas para detener a los fascistas. Esto era así, en parte porque el proceso unitario de la izquierda revolucionaria poco había avanzado, únicamente podíamos mostrar algunos encuentros realizados con representantes para intercambiar información y apreciaciones sobre la realidad nacional. Los primeros encuentros se dieron con el PRTC, al calor de la toma de la Plaza Libertad por el Ejército el 28 de febrero de 1977. Con esta organización habían surgido contactos a nivel de estructuras de base, cuando dentro del Parque Libertad coincidimos en las acciones de defensa, cuando la UNO con el apoyo popular se la había tomado.
De ahí salió la iniciativa casi inmediatamente para que las representaciones de las Comisiones Políticas hablaran. Recuerdo el primer encuentro con compañeros de la Dirección del PRTC, realizado en el Apartamento de Alfredo Acosta en la Colonia Zacami de Mejicanos. En ese tiempo se presentaron a nombre de Las Ligas de Liberación (así se llamaba el PRTC) llegaron Manuel Castillo (el hijo de Fabio), Mario López (el Comandante Venancio Salvatierra) y Jacinto, otro Comandante que conocimos posteriormente en los Cerros de San Pedro. Por el PCS, toman parte Schafik Hándal, Alfredo Acosta y Domingo Santacruz. En esa ocasión hubo varios acuerdos encaminados a coordinar una lucha conjunta.
Meses mas tarde nos encontramos con representantes de la Resistencia Nacional y luego, a finales de 1978, con el ERP. Los primeros encuentros con las Fuerzas Populares de Liberación, FPL, se iniciaron más o menos por ese tiempo, solo que la característica de los contactos con ésta consistía en intercambiar papeles o mensajes escritos llevados por mensajeros. Esta era la condición que puso la Dirección de FPL: encontrarse en un lugar acordado, intercambiar mensajes y retirarse. Los mensajeros no debían mirarse los rostros ni platicar, así funcionó por un tiempo. Por estos mecanismos enviamos y recibimos informaciones de utilidad política, conspirativa.
Nos reunimos con las FPL el 6 de agosto, el día del cumpleaños de Saúl
El 6 de Agosto de 1979, el día del cumpleaños de Salvador Cayetano Carpio, se convino el primer encuentro a nivel de Dirección. A esta reunión asistieron Mélida Anaya Montes y Cayetano Carpio por las FPL, y Schafik por el PCS. No estoy seguro si Lucio acompañó a Schafik en esa ocasión. En esos días, Carpio enfermó, viajó a Cuba y durante su convalecencia Schafik viajó para visitarlo y aprovechar para otros encuentros, pues se sabía que Neto Jovel también había viajado con el mismo propósito.
Con respecto al ERP, como decía, habíamos tenido encuentros bilaterales con algunos de sus dirigentes, especialmente con Jorge Meléndez, (Jonás), y con Sonia Medina, (Mariana), cuyos contactos los mantuvimos por varios meses, cada mes o cada 15 días. Los primeros contactos fueron atendidos por Raúl Vargas con apoyo de Julio César Salazar. Luego fui encomendado por la CP para discutir algunos temas que pudieran concretarse a nivel del movimiento de masas.
Los temas que dominaron los primeros encuentros tenían mucho que ver con la escalada fascista de la dictadura militar. La represión enemiga se había profundizado contra las organizaciones sociales y políticas del país, contra el pueblo en general, pero especialmente en contra de los activistas mas conocidos de nuestras organizaciones. Todo indicaba que el enemigo le apostaba mucho a la idea de quebrar la moral de la izquierda, del movimiento revolucionario, aplicando la estrategia de guerra de contra insurgencia ya bastante conocida en ese tiempo.
El PCS, dicho sea de paso, contaba con información bastante fluida que emanaba de los niveles altos del gobierno, del Ejército y del Estado en general, la cual administrábamos y compartíamos con las organizaciones hermanas. Cada una de ellas la aprovechaba según su capacidad y desarrollo para impedir los golpes de sorpresa, pues no había dudas de los objetivos del enemigo.

El 17 de diciembre de 1979 se firmó el primer pacto de unidad de la izquierda revolucionaria
De los encuentros y del seguimiento que hacíamos de la escalada represiva de la Dictadura Militar, fue madurando la idea de iniciar el proceso de unir las fuerzas para hacerle frente a la estrategia enemiga. El 17 de Diciembre de 1979 maduraron las condiciones para el primer encuentro entre las FPL, la RN y el PCS, era el momento para firmar el primer Pacto de Unidad de la izquierda revolucionaria. El pacto fue firmado por sus máximos representantes. Salvador Cayetano Carpio, el Comandante Marcial en representación de las FPL; el Comandante Neto Jovel, en representación de la RN y Schafik J. Handal, el Comandante Simón, por el PCS-FAL.
En ese encuentro, realizado en La Habana, no es muy conocida la información sobre los acuerdos que se tomaron, entre los cuales figuran: la convocatoria de todas las organizaciones políticas de masas y crear una Coordinadora de las Fuerzas Revolucionarias de Masas, estamos hablando de convocar al Bloque Popular Revolucionario, BPR; al Frente de Acción Popular Unificada, FAPU y al partido Unión Democrática Nacionalista, UDN y al resto de las organizaciones políticas de masas no representadas en ese primer encuentro. Otro acuerdo importante fue formular una propuesta de Plataforma Programática del Gobierno Democrático Revolucionario, la cual, dicho sea de paso el texto inicial fue elaborado por Roberto Castellanos Braña y dado a conocer a finales de febrero de ese año.
El 11 de enero de 1980 formamos la Coordinadora Revolucionaria de Masas
La convocatoria de las organizaciones políticas de masas se hizo para la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador, UES, el 11 de Enero de 1980. Hoy circulan fotografías que recogieron ese encuentro histórico cuando las y los dirigentes representantes de ellas levantaron y unieron sus manos para celebrar el acontecimiento. Algunos nombres que recuerdo, podría equivocarme pero ahí estuvieron Juan Chacón, Manuel Franco, Norma Guevara, Mario Aguiñada Carranza, Marisol Galindo, Leoncio Pichinte, Luis Díaz, Saúl Villalta, Humberto Mendoza, Bernabé Recinos, y otros compañeros. Ellas y ellos fueron los actores directos de crear la Coordinadora Revolucionaria de Masas, CRM. Ahora circulan varias fotografías de los representantes de las organizaciones políticas de masas con los brazos alzados y entrelazados que dejaron para la posteridad ese hecho histórico.
Otro acuerdo relevante tomado por la Coordinadora Político Militar, CPM, del 17 de Diciembre, fue la convocatoria de una masiva movilización el 22 de Enero de 1980 para conmemorar la fecha de la insurrección popular campesina del 22 de enero de 1932, la que dicho sea de paso, por la cantidad de gente movilizada, por los niveles de las consignas y la representatividad social reunida, le dieron una características especial de carácter popular, y ha sido la más grande de la historia de las movilizaciones populares en El Salvador. Esta marcha no tan pacífica, si recordamos, fue atacada por el ejército y los cuerpos de seguridad en tres puntos de su recorrido por las calles de San Salvador, una en el Palacio Nacional, la otra por el antiguo edificio del Ministerio de Trabajo sobre la 2ª. Avenida Norte y otra a la altura del Parque Centenario, con saldo de varios muertos y numerosas personas heridas.
Este primer encuentro de la unidad de la izquierda revolucionaria sentó las bases para avanzar y desarrollar la unidad y las alianzas con las fuerzas democráticas.
En la reunión de la Comisión Política del PCS de aquel 24 de marzo ahí definimos algunas responsabilidades para los miembros de la Comisión Política y de algunos miembros del Comité Central dentro de las estructuras de la FAL. A esas alturas el PCS ya contaba con un grupo de compañeros que venían trabajando en las actividades militares desde 1977-78. Especialmente después de los acontecimientos del asalto del Parque Libertad por el Ejército, varios compañeros de la Juventud Comunistas y Células del PCS venían insistiendo en la necesidad de dar pasos para ejecutar el viraje del PCS hacia la lucha armada que la misma Comisión Política había acordado.
Por ello, la Dirección tomó la decisión de integrar el Equipo Inicial para motivar, instruir, organizar, operar si era necesario, y de paso, dar seguridad al Congreso del PCS en abril de 1979. El Equipo bajo el mando de Lucio, quedo integrado por Rafael Benavides, Luis Baires, Luis García, Juan José Jiménez; David Linares, Jacobo Campos Valle.
Ese 24 de Marzo discutimos si debíamos crear o no el Estado Mayor de las FAL o simplemente una Plana Mayor. El primer acuerdo fue nombrar a Schafik Hándal como el Comandante General de las FAL, luego procedimos a integrar la Plana Mayor, la cual estaría integrada por Dagoberto Sosa, Comandante “Lucio”, como el responsable o jefe; Rafael Benavides, (Ramón Suárez); Ricardo Rivera, (Marino); David Linares, (Chevo, conocido como el Gato); Juan José Jiménez, “Patricio”.
Meses después, aproximadamente en el mes de marzo fue creado el Estado Mayor de las FAL, quedando integrado por: Rafael Benavides, (Comandante Ramón Suárez) como jefe; el Mayor Pedro Guardado, (Comandante Claudio), Jefe de Operaciones; Antonio A. Hándal, Jefe de Logística; Orestes F. Ortez, (Comandante Darío) y Mariano, el Zarco, en Autodefensa.
La Comisión Política realiza gestiones en La Habana para el envío de un grupo de compañeros para el curso de Oficiales Guerrilleros. En ese grupo viajan Dagoberto Sosa, Salvador Cárcamo, Raúl Granillo, Julio César Castro, (Hilario); David Pereira, (Pedro); la compañera Yuri, Carlos Panameño, (Alex), y otros.
Al regreso de este grupo de Oficiales, se procede a estructurar los Mandos operacionales de la FAL, nombrándose a Lucio, como responsable y el resto de compañeros como parte del equipo: Ramiro Vásquez, Salvador Cárcamo, Joel, Marcelo, David Pereira.
En un descuido, Lucio es capturado por el enemigo en una casa de la Colonia La Rábida. Esa situación lo sacó por un tiempo de las actividades de la FAL y hubo que delegar sus responsabilidades en José Luis Merino, (Comandante Ramiro Vásquez). Lucio pasa a integrar la conducción conjunta del Comité de Presos Políticos COPPES en la Penitenciaría Mariona.
Como es sabido, el FMLN es constituido el 10 de Octubre de 1980. Se crea la Comandancia General integrada por los Comandantes Generales de cada una de las cuatro fuerzas político militares, exceptuando al PRTC cuyo ingreso fue hasta el 5 de Diciembre de ese año; también es creada la Comisión Política Diplomática, integrada por un representante propietario y varios apoyos de cada una de las fuerzas; se institucionaliza el funcionamiento de la Alianza estratégica FMLN-FDR, así como varias Comisiones integradas (unitarias) para coordinar las acciones en varios terrenos de lucha, tales como Logística, Financiera, Propaganda y comunicaciones, entre otras.
En todos o en la mayoría de estos espacios tomábamos parte y ello nos permitió hacer el debut como FAL en las acciones de la Ofensiva Final del 10 de Enero de 1981, es decir, la fecha de inicio de la Guerra Popular. Al principio estuvimos con alguna presencia en los frentes de guerra de Zonas urbanas de San Salvador, Mejicanos, San Marcos, Guazapa; las minas, potrero, (zona Las Vueltas), Chalatenango, del Frente “Modesto Ramírez”; Volcán Chinchontepec, Cerros de San Pedro (San Vicente), del Frente “Anastasio Aquino”; Municipios de Jucuarán, San Dionisio, Usulután, del Frente “Francisco Sánchez”; Volcán de Santa Ana, del Frente Occidental “Feliciano Ama”. Con el correr de los meses la presencia de las FAL en algunos de los frentes fue sufriendo algunos cambios, cuyos detalles están fuera de este relato.

De la Ofensiva Final del 10 de enero, las FAL y el resto de las fuerzas del FMLN pasaron a una situación de repliegue de sus fuerzas a posiciones estratégicas de Resistir, Desarrollarse y Avanzar. Ese repliegue permitió a las fuerzas el conocimiento mayor del terreno, resolver problemas logísticos y de apoyos diversos, la adopción de líneas de disputa del terreno y de la población, de tal manera de poder elegir el momento y el terreno para combatir al enemigo. Después de este paso fue necesario redefinir la estrategia unificada de todas las fuerzas para derrotar los planes y estrategias enemigas y crear condiciones favorables para romper el equilibrio estratégico.
La Comandancia General realizó gestiones para que cuadros de Dirección y Mandos de las Fuerzas integrantes del FMLN viajaran a Vietnam a estudiar su experiencia obtenida en su legendaria y exitosa lucha militar y política de más de 30 años contra los ejércitos francés, japonés y norteamericanos. La idea fue propuesta y gestionada directamente por Schafik, que fue el primero en viajar a las tierras de Ho Chi Minh y de donde obtuvo conocimientos valiosos sobre estrategia revolucionaria y métodos de conducción estratégica político-militar.
Este movimiento lo realizó en 1980, cuando el proceso en dirección a la guerra era irreversible, aunque él como Secretario General del PCS mantuvo relaciones y viajes durante varios años con el Partido Comunista y el Gobierno vietnamitas desde antes de 1979. Durante varios años, Schafik y la Dirección del PCS mantuvo un importante seguimiento de la lucha del pueblo vietnamita. Era parte de nuestra política y de los principios revolucionarios que mantuvimos vivos.
Pero también la Comandancia General del FMLN, con excepción del ERP, mantuvo y desarrolló esa relación y la convirtió en una tradición. En 1981 fue otro grupo de 20 compañeros y compañeras con cargos en Direcciones Político-militares y jefaturas militares de nuestras fuerzas. El primer grupo de dirigentes político militares estuvo integrado por veinte personas, cinco por cada organización; la compañera Mélida Anaya Montes, (Comandante Ana María), Lorena Peña y otros representaron a las FPL; también viajaron representantes de La R N y del PRTC. Ramiro Vásquez y otros compañeros viajaron en representación de las FAL.
Al año siguiente, en febrero de 1982, viaja otro grupo similar entre los cuales iban los Comandantes Leonel González, Bernardo, Douglas, Javier, Roxana Peña, por las FPL; al igual que antes, también participaron compañeros y compañeras de la Resistencia Nacional, ninguno de ellos ocupaba cargos de dirección, (solo recuerdo a una compañera de nombre Nidia); por el PRTC, recuerdo a José Juan, Joaquín, Arsenio y Alfredo Torres. Por el PCS-FAL participaron Damián Alegría, Tito Bazán, Tales, Caleb, y Domingo Santacruz. De nuevo el ERP no estuvo presente, no aceptó viajar a Viet Nam. Algunos compañeros en broma comentaban que Joaquín Villalobos le temía que sus cuadros abrieran los ojos y posteriormente cuestionaran su visión militarista.
Por cierto, vale la pena detenerse y recordar cómo la experiencia vietnamita nos ayudó a todas las fuerzas revolucionarias a valorar todos los componentes de una estrategia revolucionaria integral, y de cómo nos ayudó para mejorar los lazos de cooperación y de unidad entre nuestras organizaciones. La vivencia en Vietnam tuvo un tremendo impacto en todas y todos nosotros. Cuando llegamos a Hanoi, en Febrero de 1982, apenas había transcurrido un año de haberse iniciado la Guerra Popular en nuestro país, y todas y todos quienes tomamos parte en este estudio estábamos muy interesados en conocer la exitosa experiencia vietnamita que tuvo el mérito de derrotar a la fuerza militar y política del imperialismo norteamericano 7 años antes, el 30 de abril de 1975. En el interior dejábamos los debates sobre la necesidad de unificar la visión estratégica de la guerra. Las concesiones a la Guerra Popular Prolongada por razones políticas eran una realidad pero estaban llegando a su final. Los interrogantes que cada uno de los participantes teníamos presentaba un cuadro un tanto desalentador. Claro, el enemigo nos había encontrado sin experiencia, sin medios técnicos, sin estrategia unificada. No todas las fuerzas contaban con suficientes armas y municiones, sin una logística suficiente y eficiente, sin comunicaciones igualmente apropiadas y, sobre todo, sin una estructura, funcionamiento y preparación de nuestros combatientes y cuadros para enfrentar a un enemigo con mucha más capacidad en todo.
Estábamos claros de los importantes aportes que habíamos conocido y aprendido de los hermanos cubanos y algo de los nicaragüenses, pero especialmente de los cubanos, que recibieron a nuestras y nuestros combatientes y jefes con amor y cariño solidarios y transmitieron su legendaria experiencia. Eso nos ayudaba mucho y había mucho camino por delante para recibir esa ayuda hermana de los cubanos. No se trataba de menospreciar esos importantes aprendizajes, no. Ahora estábamos tratando de recibir otros aportes, diferentes, complementarios, los cuales necesitábamos para completar el conocimiento de esta enorme experiencia histórica del pueblo, ejército y partido revolucionarios de Vietnam, la tierra del Tío Ho Chi Minh.
En el país, en la medida que íbamos entrando en el conocimiento táctico en todos los niveles operativos en los diferentes terrenos de combates y de su combinación de fuerzas, todas ellas armonizadas dentro de una línea estratégica de alcances importantes, pronto nos dimos cuenta que nuestros problemas que enfrentábamos a diario eran tan pequeños que no debían preocuparnos mas de la cuenta. Para cada uno de ellos había respuesta de parte de los amigos vietnamitas. Esos estudios fueron muy valiosos para nuestro intento de forjar una fuerza política, militar, negociadora y diplomática para derrotar a un enemigo con mucha más fuerza que la nuestra.
Siguiendo con los antecedentes, a principios de Mayo de 1980 las Direcciones de nuestros tres Partidos (FPL, PCS; RN) reciben la invitación de los amigos cubanos, que seguían de cerca los acontecimientos políticos de la región y por tanto, de nuestro país, para que aceptáramos el ingreso del ERP a la Coordinadora Político-militar, CPM, ofreciendo su territorio y las condiciones apropiadas para el encuentro. Aunque dos organizaciones manteníamos reservas sobre la participación del ERP, porque esta organización continuaba teniendo problemas de visión y de seguridad, aceptamos la invitación y aprovechar el encuentro para buscar una aclaración lógica de las desviaciones militaristas del ERP.
El 22 de mayo de 1980 se crea la Dirección Revolucionaria Unificada
De este encuentro del 22 de mayo de 1980, surge el segundo escalón de la unidad de la izquierda salvadoreña, conocida como la Dirección Revolucionaria Unificada, DRU. Desde que llegamos ya habíamos convenido tener encuentros bilaterales previos entre las delegaciones del PCS y la RN con la delegación del ERP, en donde cada una debía encararles los asesinatos de Rafael Aguiñada Carranza y Jorge Alberto Morán Cornejo del PCS y Roque Dalton García y Armando Arteaga de la RN. Los delegados del ERP no tuvieron otra opción que aceptar las condiciones de renunciar a medidas militares y de fuerza para dirimir diferencias ideológicas y políticas.
En esas circunstancias se reúnen las cuatro fuerzas político-militares, de donde surge la Dirección Revolucionaria Unificada, DRU, y los acuerdos políticos históricos tomados por ella, que culminaron con el surgimiento mas tarde del FMLN. En este encuentro, las FPL estuvo representada por la compañera Mélida Anaya Montes, Comandante Ana María, y el compañero Atilio Montalvo, Comandante Salvador Guerra; la RN estuvo representada por el Comandante Neto Jovel y Julia Rodríguez; el PCS estuvo representado por Schafik J. Hándal y Domingo Santacruz Castro, y el ERP por Joaquín Villalobos (Comandante Atilio) y Ana Guadalupe Martínez.
Hay que reconocer que los buenos resultados del encuentro hubieran sido imposibles sin los aportes del Partido Comunista de Cuba (PCC) y del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, especialmente del compañero Fidel Castro Ruz. Fue muy valiosa la participación de varios compañeros del Departamento de América del Comité Central del PCC, especialmente de Manuel Piñeiro, como del compañero Alarcón, pero también de nuestro amigo Ramiro Abreu
Y otros compañeros del Partido Comunista de Cuba, PCC, muy solidarios. Todos ellos estarán eternamente en nuestra memoria y siempre estaremos en deuda por todo su apoyo y acompañamiento. Estuvo muy activo y solidario en transmitir su experiencia el compañero Humberto Ortega Saavedra, Miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.
Sobre la elección de Schafik (Emilio) como secretario general del PCS
Estamos en la década de los años setenta. Se plantea la necesidad de esclarecer por qué no se dio la elección de Schafik como Secretario General del Comité Central en el VI Congreso del Partido Comunista de El Salvador y por qué hubo que esperar casi tres años. En otros momentos ya he dejado expuesta mi opinión de las razones principales que incidieron en aquellos tiempos para la no elección de Schafik como Secretario General del Comité Central.
En los debates del VI Congreso del 30 de Agosto de 1970 se tomaron acuerdos importantes como la necesidad de realizar una reestructuración de la dirección del PCS, procurando de no dejar resentimientos innecesarios en su dirección y militancia, de posibles interpretaciones inconvenientes como de un antojadizo desplazamiento de Salvador Cayetano Carpio, por un lado, y al mismo tiempo, no dejar la mínima impresión de maniobras sustitutivas del cargo atribuibles a Schafik y a otros camaradas. Es decir, darle tiempo a la militancia y a ciertos cuadros del partido que simpatizaban con Carpio, que mantenían algunas dudas, y tuvieran todas las oportunidades de aclararse y opinar con toda libertad.
La medida era necesaria para que los compañeros y compañeras sacaran sus propias conclusiones sobre las diferencias internas entre Carpio y la CP, porque no eran únicamente con Schafik. Dar un tiempo prudencial para que las aguas de la confusión al interior de la militancia llegaran a su nivel de tranquilidad. Esas aguas estaban listas en Marzo de 1973. Ya habían transcurrido los acontecimientos surgidos del fraude electoral de febrero de 1972 y nos encontrábamos frente a una escalada fascista de la Dictadura Militar. Las exigencias políticas a la Dirección del PCS eran muchas y ya no había razones de peso, al contrario, para continuar con las medidas preventivas acordadas en 1970.
En 1972 estuve preso en la Penitenciaría Pavón, Guatemala
“El 30 de enero de 1972 fui capturado en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de México y colocado en un avión de pasajeros con destino a El Salvador. Todo indicaba que las razones eran políticas, porque mi viaje a Europa estaba relacionado a la participación en un Congreso del Partido Obrero Unificado de Polonia, POUP. En esa condición fui detenido de forma ilegal, arbitraria, violando mis derechos de circulación en un recinto internacional estando legalmente documentado. Así, en calidad de preso político soy entregado por agentes policiales de México, supuestamente de la INTERPOL, a la Policía Nacional de El Salvador en el Aeropuerto Internacional de Ilopango.”
La recepción en dicho Aeropuerto estuvo a cargo del Inspector Antonio Amaya y dos agentes que lo acompañaban todos vestidos de civil. Inmediatamente y de forma violenta me introducen a un cuarto para un registro minucioso y posteriormente conducirme al cuartel general de la Policía Nacional. Es una historia larga de un secuestro clandestino que duró un año y que pasó por toda una odisea entre cárceles públicas y clandestinas; unos días me tiraban al conocido “palacio negro”, una bartolina clandestina dentro del edificio de la Policía Nacional; a veces me sacaban del edificio, me vestían de militar, me conducían hacia la frontera del Poy, Chalatenango, con amenazas de colocarme como blanco al alcance de tiro de militares hondureños hostiles; a veces me llevaban a la Puerta del Diablo de los Planes de Renderos, con supuestas intenciones de lanzarme al vacío desde la roca mas alta; me movían clandestinamente a y desde Guatemala, donde igualmente era sometido a interrogatorios sistemáticos, con participación de agentes con acento norteamericano o caribeño, todo ello combinado con espeluznantes torturas físicas a cargo de especialistas guatemaltecos que, a decir de los torturadores, tenían la fama de hacer hablar hasta los mudos.
Mientras permanecí en manos de los secuestradores y torturadores salvadoreños y guatemaltecos siempre estuve con los ojos vendados. No importaba que por los ojos y nariz bajaran chorros de sangre, los ojos debían estar vendados para resguardar la seguridad de los custodios, interrogadores y torturadores.
Después de tres meses de torturas y aprovechando un descuido de los custodios, logro enviar las coordenadas de mi cautiverio, gracias al apoyo de uno de los presos políticos del tercer Cuerpo de la Policía chapina. Así pude avisar a la Dirección del PCS y mi familia en donde podían encontrarme. Por fin me encuentran pese que se trataba de una celda clandestina de ese tenebroso Tercer Cuerpo.
La Dirección del PCS había conseguido que el Partido Guatemalteco del Trabajo, PGT, escogiera un abogado para que se hiciera cargo de mi defensa y liberación. El abogado se llamaba Santiago López, era un excelente y eficiente profesional que se movió por todos los Cuerpos policiales hasta encontrarme. Este amigo se apoyó en otro colega amigo suyo que también se las jugó para ayudarme aprovechando su cargo como Magistrado en la Corte.
Una vez identificado por los abogados guatemaltecos en el Tercer Cuerpo, vino el proceso para sacarme de ahí y alejarme de ese lugar cuyo prestigio en materia de violaciones de todo era de todos conocido. Los policías se las arreglaron para sacarme hacia un Hotel cercano, supuestamente para fingir una captura con las evidencias que necesitaban para acusarme y llevarme a un Centro Penal, que resultó ser la Penitenciaría Pavón. Lo que siguió después es parte de una trama propia de los regímenes militares dictatoriales. La Policía armó todo ese operativo falso para tratar de librar al gobierno guatemalteco de posibles explicaciones sobre mi presencia en cárceles guatemaltecas.
Una acusación por razones políticas no tendría ninguna posibilidad de éxito, y hasta corría el riesgo de que se revirtiera en su contra cuando aparecieran las evidencias de México y de San Salvador. No podían permitir que el gobierno de Guatemala fuera señalado de violar las leyes en complicidad con el régimen salvadoreño, al prestarse para traslados de presos políticos de forma ilegal facilitando la Policía Nacional de Guatemala. Por eso deciden inventar pruebas falsas y acusarme falsamente de traficante de drogas. Al principio intentaron tentarme con un soborno económico y el ofrecimiento de garantías de sacarme del país, pero ello implicaba quebrar la moral del detenido; también acudieron a la amenaza pero con argumentos muy débiles sabiendo que los abogados ya me habían encontrado. Así surge el expediente de acusarme de Traficante de Drogas y enviarme a la Penitenciaría de Pavón, en las afueras de San José Pinula de Guatemala.
Durante varios meses de ese año de 1972, luego de un extraordinario esfuerzo de malabarismo judicial para desvanecer los cargos fraudulentos en mi contra, realizados por el abogado amigo Santiago López y de su amigo magistrado; luego de varios careos con los testigos falsos preparados por la Policía que juraban haber visto movimientos con personas extrañas en el Hotel; declarando que yo aparecía registrado en los libros del Hotel con el nombre de Domingo Mencos, todos esos argumentos fueron rebatidos uno a uno. Sin embargo, con ese nombre y el mío propio fui registrado en la prisión y de esa forma me llamaban por los altoparlantes cada vez que requerían mi presencia en lugares de citas. Permanecí en prisión como preso político por cerca de un año y 60 días sin salir de la Ciudad cuando el abogado logra mi libertad bajo fianza.
Regreso a El Salvador y como premio me veo contagiado con la Viruela Negra que me pone fuera de circulación sin poder encontrarme con nadie de mis compañeros por casi tres semanas. Además, nadie quería verme cerca por temor a un contagio casi seguro.
Por fin logro reincorporarme a las tareas de la Comisión Política, las cuales había dejado involuntariamente por más de 15 meses.
En forma de broma me dirijo al resto de camaradas: bueno, ya basta de vacaciones. Las tareas encomendadas por la Comisión Política las había cumplido satisfactoriamente, tanto en Varsovia como Praga, Checoslovaquia. La Comisión Política me había encomendado a principios de Noviembre de 1971, prepararme para asistir al VI Congreso del POUP de Polonia. Desde finales de ese mes viajo a Varsovia, vía Paris, como delegado del PCS. El VI Congreso del Partido Obrero Unificado de Polonia, POUP, estaba previsto para reunirse a finales de Noviembre, cuyo punto de atracción principal estaba la sustitución del Secretario General, Wladislaw Gomulka por Edward Gerek, y la reestructuración del Buró Político.
Después de casi una semana de actividades propias de un congreso, aprovecho los contactos con dirigentes de partidos hermanos y de gobiernos amigos del campo socialista, así como con dirigentes de movimientos de liberación nacional de las colonias africanas y asiáticas. Sin perder tiempo emprendo viaje en dirección de Praga, Checoslovaquia, para participar como Delegado del PCS en el Consejo de Representantes de los Partidos miembros ante la Revista Internacional, Problemas de la Paz y el Socialismo.
El regreso fue arreglado para viajar vía París, Montreal (Canadá), México, de donde, en dependencia de la situación operativa de la zona debía valorar la forma de continuidad hacia El Salvador. Pero desde París fui objeto de un seguimiento de mis movimientos por los servicios de inteligencia de la INTERPOL. En Montreal soporto un fuerte e injustificado registro policial que se hizo muy sospechoso. Yo no traía nada en especial que pusiera en evidencia mis actividades políticas durante el recorrido. No tenía ningún tipo de contactos con nadie.
Pero la INTERPOL estaba empeñada en algo, seguramente a pedido del gobierno salvadoreño. El Partido oficial en El Salvador estaba pasando por aprietos en la campaña electoral para impedir los avances de la oposición, la Unión Nacional Opositora, UNO. La Dictadura necesitaba un pretexto para atacar fuertemente a la UNO. Pero, al no encontrarme nada que pudiera tipificarse de valor subversivo o comprometedor que pudiese ser utilizado para sus planes, me dejan continuar el itinerario previsto sin molestias posteriores en la ciudad de Montreal.
Llego a la ciudad de México sin problemas de registros pero si observado de cerca en todos mis movimientos. Salgo del Aeropuerto bajo seguimiento enmascarado hacia el centro de la ciudad de México. Bajo la observación visual medio discreta de agentes de civil, me registro en el Hotel Royalty, al lado del monumento de la Revolución. Cometí el error de regresar al Aeropuerto, pudiendo haber tomado la opción de viajar por tierra. Fue un error de cálculo o de apreciación incorrecta de mi parte sobre los intentos de la policía mexicana.
En cuanto llego a la fila de la línea aérea para registrarme, sin mediar palabras me sacan de ella, me decomisan el pasaporte y boleto aéreo y ya en calidad de detenido me conducen al interior de las instalaciones del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, y sin pérdida de tiempo me introdujeron a un avión para enviarme custodiado, directamente hacia El Salvador. Esto tuvo lugar el 30 de Enero de 1972. Esa fecha quedó gravada en mi memoria porque desde ese momento comienza la vorágine que me condujo a experimentar los más terribles tormentos físicos y sicológicos nunca sufridos antes por mi y que dejaron una huellas traumáticas que no puedo decir que las haya superado del todo. Sigo durmiendo con esos tormentos o simplemente no logro conciliar el sueño por la misma causa. He aprendido a vivir con ellas.
Regreso a El salvador en 1973
“Como decía, ya de regreso en el país, a principios de enero de 1973, asisto por unos días a la Comisión Sindical del PCS, la que en ese momento era atendida de forma irregular por Bernardo Salvador Cárcamo, un camarada obrero de la construcción, de Santa Ana, que el VI Congreso lo elige miembro suplente de la CP.”
Haber estado ausente durante más de un año y especialmente el año 1972, me dejó fuera para conocer muchos de los principales problemas que se discutían en el PCS y particularmente en la Comisión Política. Uno de los puntos medulares en debate en ese tiempo era el tema de la vigencia o no de la vía electoral y por tanto, de la necesidad de un viraje orgánico e ideológico del PCS hacia la lucha armada. En el terreno interno estaba cuestionado el funcionamiento y la estructura del Partido. La Dirección del PCS se encontraba frente a exigencias de organismos y cuadros militantes debido a la demora de agilizar el viraje y la toma de decisiones políticas a favor de esa estrategia revolucionaria.
Era necesario pasar a elaborar una serie de propuestas encaminadas a poner al Partido en una ruta clara de rectificación y crecimiento dirigido. El tema estaba un tanto entrampado en discusiones internas matizadas con posiciones anuentes de rectificar pero también de resistencia al viraje. El Organismo de Dirección Colectiva, el Secretariado, surgido del VI Congreso de 1970, ya había demostrado su incapacidad para asumir este papel. La CP convoca al Comité Central, en Abril y en Julio de 1973, en donde, además de aprobar las tesis de Construcción y Rectificación del Partido, tomó la decisión de elegir a Emilio (Schafik) como secretario general, eliminando esas funciones en el organismo del secretariado del comité central.
El VI Congreso había acordado dar esas facultades de atender las funciones del Secretario General a un triunvirato que inicialmente recayó sobre Schafik, Raúl Castellanos Figueroa y Roberto Castellanos Calvo. Con el fallecimiento de Raúl el 29 de Octubre de 1970 la CP elige a Alfredo Acosta para sustituirlo. Funcionaba sin problemas aparentes, pero por diferentes inconvenientes prácticos no siempre estaba más de alguno de los compañeros a la hora de asumir las responsabilidades. Por eso se fue acomodando un funcionamiento del organismo con la participación de otros compañeros disponibles. Así pasaron Rafael Aguiñada Carranza, Dagoberto Sosa y otros compañeros, en forma rotatoria, hasta que se tomó el acuerdo.”
La decisión de elegir al Secretario General era una necesidad para acelerar los pasos en dirección de poner al Partido en sintonía con las exigencias. De hecho, la vida misma de las tareas había obligado a que Schafik asumiera las funciones del Secretario General. En varios momentos, Schafik se vio precisado a elaborar propuestas sobre el Crecimiento Dirigido y la Construcción del Partido, las cuales fueron conocidas por los Plenos del Comité Central de ese mismo año.
Una de las primeras propuestas preparadas por Emilio contemplaba la necesidad de realizar un diagnóstico y análisis bastante a fondo sobre la célula del Partido, pero también de los organismos intermedios, las comisiones nacionales, y los mismos organismos de dirección nacional, a quienes cuestionó a fondo, además de sus funciones y funcionamiento, también su débil formación política ideológica. Había un cuestionamiento bastante a fondo, buscando darle enfoque integral, generalizado a muchos cuadros con responsabilidades. Algunos camaradas se sintieron aludidos y no les agradaba mucho el tono de los planteamientos de Emilio.”
“La pelea por el viraje en el partido continuaba. Así, como parte del proceso de definición del viraje, además de resolver la elección de Schafik como secretario general del PCS, se aprovecha la coyuntura para realizar algunos cambios de responsabilidades individuales de la misma Comisión Política. Rafael Aguiñada Carranza pasó a conducir la Comisión Nacional Sindical, dejando la Comisión de Organización bajo la coordinación de Alfredo Acosta, a cada una de las cuales fueron asignados compañeros de dirección y militantes veteranos con experiencia. A Emilio como secretario general le correspondía conducir tanto el secretariado como la Comisión Política. El coordinaba ambos organismos con agendas separadas.”
El viraje político del PCS de 1973
“El viraje político planteado por la Dirección del PCS en 1973 fue de carácter orgánico pero también ideológico. No era fácil tratar de aplicar los principios revolucionarios al interior del Partido, procurando estimular su aplicación en el movimiento sindical y popular de ese entonces, de tal manera que ejercieran peso en contra de las principales desviaciones como el economismo, el sectarismo, el legalismo y el dogmatismo. Pero la dedicación principal del esfuerzo estaba dirigida al interior del partido, no solo para lograr un funcionamiento partidario desde la dirección a la base, sino, sobre todo, en la reorientación de la estrategia revolucionaria de poder que el partido debía tener y ejecutar, asumiendo el papel constructor y conductor del movimiento popular y social.”
En las discusiones sobre la aplicación del centralismo democrático, recuerdo muy bien las exigencias de muchos militantes por poner el concepto de manera inversa, democracia con centralismo. Se hacía bastante énfasis sobre la dirección colectiva, recomendando no repetir los errores cometidos por el mismo Secretariado en varios momentos al asumir hasta las funciones centralizadas de la Comisión Política y del Comité Central. Así fueron desfilando en la discusión los temas de la disciplina, la crítica y autocrítica y el tema de la célula, que fue de mucha utilidad para definir la estructura fundamental del Partido, pensando en la necesidad de vincularse con las bases populares y de éstas asegurar los mejores métodos de reclutamiento de las y los mejores elementos para el Partido.
Por supuesto, la crítica fundamental recayó en los organismos nacionales de dirección del Partido. Otros temas relacionados con la Construcción y Desarrollo del Partido, se relacionaron con la composición social y la formación política ideológica del mismo.
El diagnóstico presentado por Schafik puso sobre la mesa una realidad aparentemente oculta pero que todo el mundo la percibía: la mayoría de los organismos contaba con un mayor porcentaje de elementos “no proletarios” y cómo ese detalle se reflejaba en la misma Dirección del Partido, sobre ella se descargaba el mayor centro de la crítica. De acá sale la conclusión de orientar un crecimiento dirigido hacia las y los trabajadores fabriles o empresariales y otros sectores claves como la juventud, las mujeres y el campesinado y la intelectualidad revolucionaria. En ese sentido, debíamos convencernos de que el crecimiento y desarrollo del partido no consistía únicamente en el reclutamiento solo por el hecho de ser proletario, o por aparentar serlo.
El crecimiento debía responder al tipo de relación que trae esa persona con su sector social organizado, si se trata de un activista, de una persona luchadora o simplemente de un sindicalista pasivo sin influencia demostrada en la lucha junto a esas masas trabajadoras. Además, de su identificación y acción consciente a favor de los intereses de las amplias masas populares”
“Un poco más tarde, en los momentos de discusión sobre la crisis y los avances de la escalada neofascista o claramente fascista, recuerdo que Schafik sometió a discusión en la Comisión Política, como algo urgente, la necesidad de acelerar la ejecución de las tareas sobre el crecimiento del partido a nivel nacional, acompañada de una disputa de la conducción de las amplias masas populares amenazadas con intentos reformistas de derecha, emanados en la misma burguesía y el gobierno.
Para el área rural, por ejemplo, estaba planteada la idea de una Central de trabajadores rurales y lo mismo para las masas organizadas en las federaciones de sindicatos afines y sindicatos independientes. El Partido estaba obligado a dar respuestas claras para desafiar esos retos.”
“En el año 1973, después de haber salido de la cárcel participo como apoyo en la Comisión Sindical, hasta que el Comité Central reorganiza las Comisiones Nacionales, asigna nuevas responsabilidades. Tres o cuatro comisiones recibieron orientaciones especiales: la Comisión Sindical y la necesidad de imprimirle al movimiento sindical afín, (FUSS, FESTIAVTSCES y otros sindicatos) una formación política e ideológica revolucionaria, la necesidad de dar una lucha abierta contra el economismo y el legalismo, que estaban incrustados incluso en cuadros de dirección sindical y partidaria. Las tareas dentro de los sindicatos debían incluir la construcción del partido con una visión política claramente coherente con la lucha por el poder. A esto le llamábamos construir Partido en el movimiento sindical con visión revolucionaria”
El papel de Rafael Aguiñada Carranza
“Rafael (Aguiñada) estaba llamado a jugar un papel destacado y lo jugó en este esfuerzo. El había demostrado poseer no solo la capacidad sino la decisión y disposición de enfrentar las dificultades hasta con algunos de nuestros anquilosados cuadros sindicales. O sea, no bastaba tener la visión política estratégica, sino la valentía y los métodos apropiados para ganar a los elementos ganables y depurar a quienes no fuera posible mantener. Claro, Rafael carecía del mejor método, él mismo estaba consciente de ello.
Su temperamento y su modo de ser chocaban con otros compañeros con temperamentos iguales o peores al suyo. Pero lo acompañamos, le dimos respaldo, varios compañeros de la CP y del CC nos dimos cita en los activos y congresos sindicales para abrirle paso a las nuevas orientaciones de la Dirección del Partido. Rafael cumplió muy bien su misión. Lo primero que hizo fue afiliarse a un sindicato y tratar de ganarse el derecho de entrada a la Federación sindical. Poco a poco se ganó el espacio para optar al cargo de Secretario General de la FUSS, venciendo los argumentos de quienes se oponían a que el PCS ganara una mayor influencia en los sindicatos.
Estos compañeros enfermos del economismo acusaban a la Comisión Política de imposición. Así definían estos compañeros, el esfuerzo de la CP por sacar de la influencia del economismo a los sindicatos revolucionarios e independientes. Rafael, con nuestro apoyo y respaldo le declaró la guerra al economismo, se enfrentó sin descanso contra quienes solo pensaban y se dedicaban a tareas sindicales y rechazaban cumplir tareas políticas. Desenmascaró a quienes solamente buscaban resolver los conflictos laborales en negociaciones en el Ministerio de Trabajo, negándole el papel y el derecho de las y los trabajadores y la conveniencia de movilizarse y desarrollar su capacidad de lucha contra los malos empresarios.
Esto explica el desplazamiento de Julio César Castro Belloso y de otros cuadros sindicales de la conducción de la FUSS, sin desplazarlo de la Directiva Federal de la misma. En cuanto a Carlos Alberto (El Ratón) Hidalgo, al sentirse derrotado prefirió cambiar la afiliación del Sindicato de Tipógrafos y llevarlo la Federación FENASTRAS, una federación amiga pero con menos influencia del PCS. Alfredo Torres del sindicato de muebles adoptó una posición de oposición cerrada a la influencia del PCS en los sindicatos.
Otros cuadros veteranos, aunque no ejercieron una oposición abierta en contra del PCS sí la aplicaron contra Rafael, argumentando los métodos, pero en realidad fueron diferencias de lineamientos políticos. Carlos Quijano, Antonio V. Constanza, el mismo Hipólito Calles y otros anduvieron por este sendero. Con varios de ellos hicimos no pocos esfuerzos por convencerlos a rectificar, pensando en reeducarlos y ganarlos a ser parte del proceso de rectificación, pero fracasamos.
Otro de los veteranos que prefirió retirarse cuando recibió las primeras críticas fue el dirigente de los sastres, veterano del CROS y de la CGTS, que fue elegido a miembro de la Comisión Política por el V Congreso, Carlos Marín. Este compañero no fue lo suficientemente maduro para aceptar los señalamientos críticos por su acomodamiento a los viejos métodos espontáneos el seno de los sindicatos“
El Oso Belloso era un cuadro sindical originario de santa Ana y de la industria de la construcción, que se había formado a finales de los años 50, fue dirigente de la Confederación General de Trabajadores Salvadoreños, CGTS, creada en 1957. El, junto con José Sánchez del Cid y Antonio Velasco Iglesias fueron dirigentes de la CGTS. Eran cuadros sindicales del Comité Central quienes junto con Carlos El Ratón Hidalgo, y otros compañeros constituían el equipo principal del PCS en el movimiento sindical. Carlos Hidalgo, después de haber regresado de la URSS estudia Derecho, supuestamente para desarrollar una mejor asesoría jurídica al servicio de los trabajadores, una idea muy buena, pero en realidad esa capacidad la utilizó para beneficio personal.
No fueron pocos los casos denunciados en su contra, como el hecho de vender a los empresarios los juicios laborales de indemnización de los compañeros sindicalistas despedidos. El grupo anti PCS se fue conformando con el zapatero Carlos Quijano, Alfredo Torres, e Hipólito Calles, con el cual el Oso Belloso fue intensificando su relación. Además de esta práctica antipartidaria se fue desarrollando una relación con el Cuche Felipe A. Zaldívar, dirigente del Sindicato Unión de Trabajadores de la Construcción, SUTC, claramente identificada con el Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre, IADSL, relación que lo afectó políticamente hasta degradarlo en términos de confianza con los trabajadores. Fue una lástima, pues el Oso fue uno de los pocos dirigentes que se enfrentaron a la dictadura por muchos años en defensa de los intereses de las y los trabajadores”.
En el medio sindical también participaba el veterano Raúl Padilla Vela, un militante comunista, maestro de generaciones de revolucionarios, reclutador nato, un excelente organizador. No era por gusto que los compañeros y compañeras le decían Guacalada. Raúl en sus charlas explicaba su llega al PCS a mediado de los años 50, en las luchas contra la dictadura de Osorio y José María Lemus. Raúl es de la época del Chino Carlos Ramírez. Además Raúl era profesor de secundaria, de Física, alguien estudioso, agitador político, de barricada, junto con Tirso Canales, Pedro Mancía Cerritos, Gaby Gallegos Valdez, y otros compañeros. Raúl formó parte del equipo organizador del Partido Revolucionario Abril y Mayo, PRAM, en 1959.
Estando Rafael en la conducción de la Comisión Sindical del PCS y Alfredo Acosta al frente de comisión Nacional de Organización, CNO, en el marco de visión estratégica de construir un amplio movimiento popular nacional y una alianza política con las diversas fuerzas democráticas, la tarea trazada por la conducción del Partido en el movimiento sindical fue la de avanzar hacia la construcción de la central única, es decir, la CUTS, mediante procesos de unidad entre la FUSS, FESTIAVTSCES, FENASTRAS y algunos sindicatos independientes como el STIUSA. Varios compañeros comunistas afiliados en algunos sindicatos le apoyaron mucho en esta importante tarea.
Me atrevo a mencionar algunos nombres pidiendo disculpas por no mencionarlos a todas y todos. Por ejemplo, Ricardo Martínez, conocido cariñosamente como el Chele Foremost, un sólido dirigente del sindicato de la empresa lechera Foremost, que luego ascendió a la secretaría general de Fenastras: Jorge Mendoza Santos del sindicato de Cines y teatros; Jorge Alberto Morán Cornejo, conocido como el Beatle; Concha Marina y otras compañeras del sindicato de costureras y de la industria textil; Juan Edito Genovés del sindicato de la industria de la construcción; Adán Chicas, del sindicato de empleados particulares, etc.
Los debates ideológicos crearon malestar en algunos compañeros que se consideraban caciques del movimiento sindical desde los tiempos de la CGTS. Las capturas de compañeros por los cuerpos de seguridad en ese tiempo y por los interrogatorios a que eran sometidos, daban pistas para creer la existencia de planes siniestros por parte del enemigo. En esas tareas de construcción de la Central Sindical andaba el Chele Aguiñada cuando fue emboscado y lo asesinaron en la esquina de la octava avenida norte y tercena calle oriente, al costado nor-poniente del mercado cuartel. La primera reacción nuestra fue culpar al gobierno y a sus cuerpos de seguridad. Sin embargo, lo mataron los mismos elementos sectarios del grupo militarista que antes habían asesinado a Roque Dalton. Eso quedó plenamente comprobado en su tiempo.
Rafael manejaba un carro verde oscuro marca Volvo. Esa noche del 26 de septiembre de 1975 quedó gravada en la memoria del movimiento sindical como la más grave y abominable agresión de uno de los dirigentes mas queridos. Para el PCS significaba una pérdida muy sensible. Se trataba de un miembro de la Comisión Política del Comité Central, Diputado por el UDN-UNO en la Asamblea Legislativa y Secretario General de la Federación Unitaria Sindical de El Salvador, FUSS. A esas alturas no teníamos una mínima idea de que Rafael era el segundo dirigente asesinado. Jorge Alberto Morán Corneja, el Beatle había sido asesinado el 23 de Agosto de 1974, un poco más de un año antes. Siendo el responsable de la Comisión Sindical, Rafael debía ser reemplazado inmediatamente para no interrumpir el proceso de unificación del movimiento sindical independiente, lo sustituyó en la Comisión Sindical Adán Chicas, un veterano cuadro obrero forjado en las luchas del FUAR desde principios de los años sesentas.
Ya antes, a principios de los años sesentas, Rafael había participado como militante tanto del Partido Revolucionario Abril y Mayo, (PRAM), como del Partido Acción Renovadora, PAR, en donde en 1966 formó parte de la terna del Concejo Municipal de la ciudad de San Salvador en las elecciones municipales. La nómina del Concejo estaba encabezada por el Dr. Napoleón Rodríguez Ruiz, en donde, además, participaron el Oftalmólogo Roberto Bracamonte y Carlos el Ratón Hidalgo.
Rafael fue bastante crítico, dicho sea de paso, contra la concentración de funciones en una sola persona u organismo que por lo general conducen a debilidades y deformaciones de la democracia interna y del principio del centralismo democrático, ya que desfigura y desnaturaliza el carácter democrático que nos debe caracterizar como fuerza política revolucionaria. En este punto no había discrepancias en su definición teórica, ni en la Comisión Sindical ni en los activos sindicales, ni en la dirección del partido. El problema surgía a la hora del desempeño, cuando operaba la influencia de la fuerza de la costumbre, afectando el equilibrio entre la necesaria centralización de un movimiento revolucionario y al mismo tiempo una voluntad única surgida del principio democrático, que asegura la legitimidad de la conducción y sus decisiones.
La experiencia de lucha electoral de los años 70
A principios de los años 70 desarrollamos una no despreciable experiencia de lucha política electoral, la cual se combinada con movilizaciones populares, luchas sindicales y alianzas con partidos de oposición democrática como el PDC y el MNR. En estos esfuerzos por combinar la lucha social con la política estuvo Schafik J. Hándal y estuvo Rafael Aguiñada dando su aporte. En el marco de este esfuerzo construimos la Unión Nacional Opositora, UNO, que fue el referente de un extenso movimiento político de masas por varios años contra la dictadura militar.
En esta etapa inicial de lucha electoral de principios de los 70, los comunistas participamos con el PAR, con el PR y UDN; en el esfuerzo se destacaron Mario Aguiñada, Alfredo Acosta, Raúl Vargas, Dagoberto Gutiérrez, Julio César Salazar, y varios otros camaradas, cuya lista es enorme. También se incorporaron no pocos elementos de pensamiento democrático en este trabajo político. Debemos recordar siempre a los amigos MARIO RODRÍGUEZ DEL VALLE INCLAN y su esposa DALILA, al agrónomo empresario CARLOS HUMBERTO RIVERA, Secretario General, que fue secuestrado también el 23 de Agosto, un poco después de las 5 de la tarde de 1971, acción perpetuada por agentes de la tenebrosa Guardia Nacional.
Recuerdo perfectamente los esfuerzos del UDN y particularmente de su familia por recuperarlo. Peticiones al Presidente de la República, a la Corte Suprema de Justicia, a la Asamblea Legislativa, muchas de ellas apoyadas por algunos partidos políticos de oposición. Diversas manifestaciones populares fueron reprimidas solo por el hecho de exigir que Carlos Humberto fuera devuelto a su hogar. Pero lo asesinaron y nunca se supo de su paradero, como sucedía en muchos otros casos. En 1980 fue asesinado el médico MANUEL DE PAZ VILLALTA, Presidente de la Directiva Suprema del UDN y un año después, en marzo de 1981 también fue secuestrado y asesinado PEDRO NAPOLEÓN MARTÍNEZ, Presidente de la Directiva Departamental del UDN de San Salvador.
El año 1971
Ese año 1971 fue un año muy complicado políticamente hablando. El mes de febrero fue sacudido por el secuestro y asesinato del empresario Ernesto Regalado Dueñas. A mediados de ese mes, recuerdo que en la Colonia Málaga tuvo lugar el incidente del asesinato del agente del policía de nombre Santiago Díaz Rivas. Yo me encontraba casualmente, de visita, en el Apartamento del viejo Nicolás, un sastre comunista contemporáneo de Daniel Castaneda que vivía en uno de los Edificios de esa Colonia Málaga. Allí me encontraba cuando escuchamos los disparos. Una de las hijas de Nico miró por la ventana y pudo observar forcejeos entre el policía y alguien que salió de un vehículo. Tuve que despedirme rápidamente del viejo sastre antes de que fuera acordonada la zona por los cuerpos de seguridad.
Ese incidente se convirtió en un caso bastante sonado, pues formaba parte del secuestro del industrial Ernesto Regalado Dueñas. Varios nombres aparecieron vinculados al “GRUPO” como por ejemplo, Carlos Menjívar, Guillermo Antonio Aldana y Jorge Cáceres Prendes. Este caso requiere tratamiento aparte, dada la cantidad de elementos que se fueron tejiendo a lo largo de los meses y años y que desembocaron en el surgimiento del ERP a principios de febrero de 1972.
La Escuela de Cuadros (1975-1980)
En 1975, en el marco de la escalada fascista de la Dictadura Militar, la Comisión Política me delega la responsabilidad de organizar y dirigir la Comisión Nacional de Educación y una Escuela de Formación Política e Ideológica de Cuadros. Los recursos económicos eran bastante limitados para montar una Escuela con las exigencias de seguridad y comodidad, algo grande. Alquilamos un local por tiempo limitado a fin de moverla cada cierto tiempo a lugares diferentes.
El funcionamiento de la Escuela de Cuadros era clandestino, metíamos a estudiantes y maestros de forma compartimentada en vehículos especiales. Se cuidaba mucho la cobertura social de la casa, de tal manera que no despertara sospechas inconvenientes entre los vecinos. La familia que le daba cobertura estaba instruida para manejar una leyenda creíble y realizábamos ejercicios para perfeccionar el manejo. Procurábamos encontrar un local que no fuera de fácil identificación por los mismos estudiantes una vez hayan pasado por ella, eso significaba cuidarnos de negocios o talleres con ruidos u olores característicos que delataran su ubicación.
Los materiales principales que utilizamos de base para el estudio y los debates eran los documentos centrales aprobados por los Congresos o el Comité Central. Cada uno de nuestros cuadros del Comité Central, de las Comisiones Nacionales y los organismos intermedios debían pasar por la escuela, especialmente aquellas o aquellos que mostraban debilidades en su comprensión y aplicación de la línea estratégica y táctica del partido. También utilizamos algunos documentos de las organizaciones armadas, los cuales analizábamos de forma crítica en sus puntos negativos pero aprovechando los aspectos positivos.
Muchos de los cuadros que asumieron responsabilidades en la construcción y conducción de la Juventud Comunista, el movimiento popular y posteriormente en la construcción y conducción político-militar en los años ochenta obtuvieron algún conocimiento durante su paso por la Escuela de Cuadros, la cual funcionó del año 75 hasta principios de 1980. Te hablo de Ramón Suárez, Tito A. Bazán (El Chato Rodrigo), Luis Alfredo Hernández (el Chele Ulises), etc. Eran 0cho o diez estudiantes por un curso que duraba dos semanas, o al menos una semana a tiempo completo. Todas y todos entraban y no salían hasta que terminaba el curso. Por allí pasaron los cuadros maestros Orlando Guerrero Chamul y el Chino Lázaro Arias, y el dirigente sindical Salvador Sánchez Hidalgo.
Los profesores de la Escuela eran Schafik (Emilio), Jorge Arias Gómez, (Chano), Dagoberto Gutiérrez (Camilo), Rafael Aguiñada Carranza, Américo Mauro Araujo, (Hugo), Dagoberto Sosa, (Lucio) y mi persona. Para temas específicos relacionados al movimiento sindical, de organización, lucha electoral, etc., invitábamos a los responsables de las Comisiones respectivas para desarrollar los temas. Por lo general los cursos se realizaban con espacios de dos meses o mes y medio para no recargar los movimientos. En la Escuela se analizaba el Programa General del Partido, el Programa Agrario, Informes de Congreso y de plenos del Comité central, y todo esto a la luz de los clásicos del marxismo-leninismo. O sea que no se estudiaba el marxismo en frío sino vinculado a nuestra práctica política.
Lucio enseñaba estrategia militar, o sea nuestra concepción insurreccional. Américo Mauro Araujo daba Política de Alianzas. Adán Chicas daba Movimiento Sindical Nacional y Mundial; Schafik, cuando podía asistir, abordaba la situación política nacional y la línea estratégica del período; Dagoberto Gutiérrez impartía la Situación Política Internacional. Yo abordaba los temas de la Situación Revolucionaria y las Condiciones Objetivas y Subjetivas de la Revolución en El Salvador y de cuando en vez reforzaba el tema La Penetración Imperialista en el Movimiento Sindical Mundial y en El Salvador y la lucha para combatirla. Jorge Arias Gómez se lucía con la Historia de la lucha política del pueblo salvadoreño y el papel de cada uno de los sujetos sociales. Algunos temas complementarios, como los acontecimientos de 1932, 1944, los cubríamos invitando especialmente a Miguel Mármol y Daniel Castaneda.
El PCS y el viraje a la lucha armada…
Se ha dicho y escrito algo sobre la implementación del viraje, analizando los problemas teóricos y prácticos que tuvimos en ese tiempo para ejecutar las orientaciones estratégicas del VII Congreso del PCS. Debemos recordar que durante varios años pasamos enfrascados en debates sobre la necesidad de dar el viraje. Fue el VII Congreso, celebrado en abril de 1979 quien se encargó de ratificar la posición de la Comisión Política y de buena parte del Comité Central respecto al punto de dar el viraje. No todos los integrantes de la Comisión Política estábamos lo suficientemente conscientes sobre varios aspectos relacionados al viraje.
Algunos compañeros y yo en particular, teníamos limitaciones para apoyar el viraje no porque estuviese en contra, al contrario, sino por falta de tiempo para dominar bien los diferentes elementos teóricos que permitieran realizar el trabajo de persuasión de la militancia y del movimiento social. La causa de este desfase, en mi caso, era el enorme volumen de trabajo práctico que tenía sobre mis espaldas, tareas que realizaban sin contar con apoyo alguno, ni personal ni tecnológico y la mayoría de las veces hasta sin vehículo, había que movilizarse en buses. El tiempo que se invertía en movimientos clandestinos era considerable y eso era de todos los días.
Los acontecimientos marchaban a velocidades rápidas. Vino el Golpe de Estado del 15 de Octubre y nos saca de la dinámica del viraje. Mario Aguiñada y Roberto Castellanos Calvo jugaron un papel decisivo para entrar en un proceso de discusión sobre la necesidad de participar en el gobierno de la Junta Revolucionaria. Mario Aguiñada y Norma Guevara presentaron elementos políticos que al ser discutidos y respaldados por varios compañeros se tomó la decisión de apoyar una participación en el gobierno como Foro Popular.
Schafik en esos momentos se encontraba fuera del país y por tanto, no tomó parte en las decisiones. Algunas organizaciones de izquierda no vieron bien la participación del PCS en el gobierno y pronto aparecieron las críticas públicas. Sobre todo cuando conocieron las declaraciones públicas de Roberto Castellanos Calvo, quien a nombre del PCS informa al pueblo salvadoreño la decisión de participar. Esta decisión, como se sabe, nos trajo problemas dentro del partido y fuera con el proceso de unidad de la izquierda. Menos mal que el enemigo no aprovechó bien este momento y al contrario, intensificó la represión contra el pueblo, obligándonos a replegarnos y a reafirmar los pasos en pro de la unidad de la izquierda.
En el año de 1980 nos encontrábamos con un mandato emanado del VII Congreso, que la Comisión Política y el CC debía ejecutar. A esas alturas ya habíamos realizado un fuerte trabajo de persuasión y convencimiento en las bases del partido para lograr que se asimilara la participación del PCS en la guerra. Por más de un año anduvimos en todo el territorio nacional explicando de manera concreta lo que significaba el partido en guerra y la necesidad de crear su instrumento militar para ejecutar de manera directa esa orientación estratégica. De hecho, la CP tuvo que realizar alguna presión en ciertos cuadros dirigentes y militantes que continuaban realizando cierta resistencia.
La represión enemiga se encargó de ejercer cierto convencimiento de lo inevitable del viraje. Por eso la CP decidió apoyarse fundamentalmente en la Juventud Comunista y en las Células del Partido, especialmente porque estas son las que mantenían una vinculación estrecha con las masas populares, tanto en los territorios como las empresas y fábricas junto a los trabajadores y trabajadoras. Cuando el terreno organizativo estaba bastante avanzado, cuando ya habían surgido los Grupos de Acción Revolucionaria, las Autodefensa Activa de las masas, estábamos caminando hasta llegar a la creación de las FAL. Los acontecimientos políticos aparecieron muy acelerados uno tras otro y prácticamente no había tiempo para sentarse a meditar. Sorteamos algunos otros obstáculos pero la dinámica nos empujaba hacia delante.
Antes del día convenido para la Ofensiva Final, la dirección del PCS que había permanecido en San Salvador hasta diciembre de 1980, tuvo que ser reubicada como parte de las medidas de seguridad y de amplia maniobra que se necesita para incidir y contribuir en conducir la guerra. La reubicación de la Dirección contemplaba la distribución de responsabilidades en los tres terrenos de lucha: el frente de guerra, el exterior del país y la parte urbana en el interior. En los primeros momentos, sin tener plena conciencia de lo que ocurriría y de las posibilidades reales a que nos enfrentaríamos para desempeñar el papel de dirección, fui uno de los asignados.
A Lucio lo habían capturado y lo mandan a Mariona, otros compañeros del Comité Central y cuadros dirigentes de la Juventud Comunista y de las FAL son capturados, algunos desaparecidos y posteriormente asesinados por los cuerpos de seguridad. Eran cuadros dirigentes con responsabilidades claves en aquellos momentos difíciles, cuando todavía desconocíamos aspectos esenciales del trabajo del partido en guerra. De repente me doy cuenta que asumo responsabilidades nuevas, rodeado de otros camaradas muy inquietos y con muchas interrogantes que responder.
Claro, tenía la ventaja de haberme desenvuelto en la clandestinidad por más de dos décadas desde antes de 1960. El bajo perfil de mis actividades abiertas me colocaba un tanto lejos del enemigo. A lo sumo me identificaba como un activista sin importancia. Este aspecto de mi trabajo permitió que pasara desapercibido durante parte del tiempo de la primera fase de la guerra aquí en San Salvador. De acá entraba y salía, subía y regresaba del cerro de Guazapa, visitaba los puntos cercanos de la capital, del volcán de San Salvador y de otros puntos intermedios. Salía al exterior a cumplir tareas internacionales y regresaba.
Tuve la suerte de contar con el apoyo de compañeros capaces y probados en el trabajo clandestino. Algunos de ellos cayeron en manos de los cuerpos represivos, fueron desaparecidos o fueron asesinados, tales fueron los casos Manuel (Cantarito) Quintanilla, Arturo “El Bello”, la compañera Laura (La Química), Santiago Hernández (Secretario General de la FUSS) así como varios de los cuadros de la Juventud Comunista, y otros dirigentes intermedios que pasaron a ocupar cargos metropolitanos de las FAL, tales como Lito Aguiñada, Jorge Molina (Candelita) Víctor AES Ramos, Marcos Cativo, el choco Fermín y Feliciano.
Todos ellos fueron asesinados después de haber sido capturados, algunos de ellos fueron delatados por un agente del enemigo infiltrado en nuestras filas, “El Caballo”. Feliciano, por ejemplo, cayó por descuido al no atender nuestras indicaciones de salir rápidamente de la ciudad, cuando ya teníamos plena conciencia de los riesgos que corrían todos los conocidos por el infiltrado. El enemigo cercó y asesinó a Feliciano junto con su madre y su hermano en su casa de habitación, contiguo al Cine Jardín de Mejicanos.
Varios de aquellos cuadros intermedios de dirección que se las jugaron en esos difíciles momentos están vivos, fueron cuadros de apoyo de la CP para asegurar la conducción en el terreno. Es justo reconocer los casos de Tito Bazán, (Rodrigo); Noel Guerrero (José Adolfo); Fidel Nieto y Rolando Mata (Godo). Otros compañeros procedentes de la Columna de Profesionales, Obreros y Campesinos, se las jugaron en estructuras militares, como Toni Handal, otros profesionales asumieron acciones claves de reclutamiento y en los montajes de estructuras especiales de apoyo, tales como en la Logística, en movimiento y preparación de Personal, Comunicaciones, Inteligencia y Contrainteligencia y en la atención y organización de las unidades especiales urbanas, todo ello se fue realizando en un proceso de aprendizaje, con errores, fracasos pero también de significativos avances.
Estábamos, pues, soportando una tremenda tensión sicológica en aquellos momentos del inicio de la guerra. El equipo de dirección intermedia, fogueado en los laberintos de la conspiración, poco a poco fue perfeccionando los métodos de funcionamiento y ello le permitió un buen trabajo durante toda la guerra y garantizó nuestro trabajo en el Área metropolitana. Algunos de ellos tuvieron que abandonar la ciudad y marchar hacia el frente militar; otros tomaron su lugar y continuamos el trabajo. Por tiempos nos turnábamos con Américo Araujo o con Rolando (César) y por momentos nos apoyaba Octavio cuando salía temporalmente del frente rural. Varios de los mencionados fueron un buen punto de apoyo para atender los sectores de Profesionales, la Universidad Nacional, los sindicatos. Otros cuadros que funcionaban en áreas especiales se atendían de manera compartimentada, que funcionaron de maravilla.
Valió la pena el esfuerzo enérgico para garantizar el viraje a la lucha armada acordado por el VII Congreso de abril de 1979, porque habían serias resistencias internas a diversos niveles. En 1980 enviamos a Cuba el primer destacamento para formarse como oficiales de las FAL. La mayoría de oficiales eran hombres, la única mujer fue la compañera Yuri, que hoy vive en Canadá. Eso fue a finales de 1979, en los meses de trabajo intenso para organizar el aparato militar.
Las directrices de la CP a las células para encontrar voluntarios para integrar las estructuras de las FAL dieron buenos resultados. Un año después estábamos observando los resultados altamente positivos.
Algunos compañeros mostraron bastante resistencia, con alegatos diversos; unos eran válidos por cuanto no convenía arrancar las raíces sembradas en puntos claves del trabajo político, pero otros no. Pronto quedo al descubierto que las acusaciones contra la supuesta medida aventurera, quedó superada. Las raíces no solo no se arrancaron sino que nacieron otras y otras, permitiendo así el reclutamiento de nuevos combatientes, surgidos del movimiento sindical y popular para el crecimiento de las FAL.
El alegato mas común de la resistencia, “Lo que tanto nos había costado se va a destruir” quedó plenamente superado. Pero hubo que proceder con energía. La respuesta de la CP fue categórica: lo toman o lo dejan, se alinean o quedan fuera. Y explicaba la CP que “esas raíces” estaban chocando con un muro que había que derribar. O se integraban al esfuerzo armado o quedaban fuera. Fueron pocos los que al final no se les sacó, sino que se aislaron ellos mismos.
Hay muchos casos que uno recuerda con cariño y reconocimiento. Otros casos que lamentamos por errores, por falta de experiencia, pero nunca por mala práctica. Muchos de los errores fueron sometidos a evaluaciones y corregidos sobre la marcha. Otros quedan en el recuerdo como grandes sustos que pudieron ser fatales. Hay casos heroicos, valerosos como el de la Capitana Iliana, cuyo temple y coraje revolucionario ha quedado como un símbolo de consecuencia revolucionaria que no podemos dejar de reconocer.
Hay muchos casos sobre los cuales habrá que escribir detalladamente para rescatar su ejemplo y darlo a conocer a las actuales y futuras generaciones. Recuerdo el caso de Petrarca, que a mediados de febrero de 1980 con un grupo de pobladores de San Juan Nonualco, se insurreccionó y fue a parar al Volcán Chinchontepec junto con la gente. Ellos eran del cantón Las Ánimas, en donde hubo enfrentamientos con El Ejército, prácticamente sin armas, pero mostraron su coraje de combate con el cual llegan a Los Cerros de San Pedro.
Un partido en Guerra
Siguiendo con el tema del viraje, cuando la CP ordenó: todo el Partido está en guerra, y no todos dieron el paso adelante para pasar al área militar, no quería decir, ni mucho menos, desconocer los aportes de los militantes en otros terrenos de la lucha. Muchos de ellos permanecieron incorporados en la lucha en el terreno político, en el trabajo de organización y movilización social, como también en el trabajo de inteligencia. No se trataba en definitiva, de que todo el mundo debía ir a la guerra, eso era absurdo. La guerra de todo el pueblo significaba la combinación de todas las formas de lucha, ya fueran económicas, sociales, diplomáticas, conspirativas, etc. Todas ellas, claro, subordinadas a la forma de lucha militar, la forma principal para combatir al enemigo.
La práctica demostró cuan útil fue la presión realizada pero al mismo tiempo quedó en la mentalidad de muchos compañeros que no podían continuar con los mismos estilos de trabajo si realmente deseaban ser parte de los combatientes de la guerra popular. Al final no quedaron fuera sino que se conformaron con seguir en el movimiento sindical tradicional… Como dirección lo que hicimos fue aplicar la orientación del VII Congreso. Tuvimos acusaciones de algunos sectores que nos calificaron de ser víctimas del aventurerismo revolucionario. En realidad, ellos no supieron estar a la altura de los acontecimientos…
La CP argumentó que el movimiento sindical había dado la espalda a la lucha política electoral y a la construcción de un amplio ejército político de masas y que no era cierto que el trabajo sindical era la única manera de acumular fuerzas. Habían otras formas como lo demostraba la experiencia de otras fuerzas de izquierda y nuestra propia práctica inicial.
Tampoco era cierto lo contrario, que abandonando el movimiento sindical y formando grupos guerrilleros iba a acumularse la fuerza social y política de apoyo a la lucha armada.
Recuerdo haber participado en analizar el ejemplo de las FPL que después de su surgimiento en 1970 no lograra inmediatamente el seguimiento de grandes masas, ni desarrollarse como fuerza guerrillera. Pero del 70 al 79 construyeron un significativo ejército político de masas, crean el Bloque Popular Revolucionario y varias organizaciones sociales. Y en la medida que avanzaban en combinar la lucha de masas con la línea de autodefensa de masas ese ejército político fue la base para la construcción de su instrumento guerrillero, fue una forma positiva de dar un viraje a su concepción inicial.
Debemos de reconocer y lo reconocimos entonces, que las fuerzas político-militares durante los años setenta no se desarrollaron ni fueron alternativa real para la toma del poder, pero sí demostraron que fueron capaces de dar el viraje hacia la construcción de un poderoso ejercito político de masas que luego se expresó en el BPR, el FAPU, las LP-28, el MLP y cristalizó en la Coordinadora Revolucionaria de Masas, CRM, premisas importantes para el surgimiento de las fuerzas guerrilleras armadas después.
En nuestro caso, fue al contrario, el viraje lo tuvimos que dar hacia la lucha armada, después de agotar el periodo de la construcción del Ejercito Político de Masas., que lo logramos con la lucha Electoral y Sindical, que fueron las dos vertientes principales de donde se alimentó el PCS, pero perdió tiempo importante para dar el viraje, perdiendo las bases mismas que encontraron espacio en las organizaciones hermanas.
Debe de reconocerse asimismo que el agotamiento del movimiento sindical de carácter tradicional que influíamos, y el surgimiento en este terreno de otras concepciones que vinieron a dinamizar y lograron avances significativos en su propuesta de lucha contra la dictadura fue una lección política y teórica, como fue el caso de ANDES 21 de Junio, la FSR, AGEUS en la experiencia de las FPL y FENASTRAS en el caso de la RN, que no se aferraron a viejos esquemas de combinación de la legalidad con la ilegalidad.
Este punto requiere un abordaje especial, por cuanto durante mucho tiempo el PCS sostenía la tesis de que no debía exponer la seguridad de la legalidad de las organizaciones sociales con movimientos políticos. Sin embargo, tanto el FAPU, como la LP-28 y sobre todo el BPR, demostraron que ninguna de las organizaciones legalizadas como organizaciones “apolíticas” fue ilegalizada por afiliarse a una fuerza política de masas. Esta experiencia fue muy valiosa en términos de aporte al proceso de radicalización del pensamiento revolucionario de las amplias masas organizadas y legalizadas.
El trabajo conspirativo durante los inicios de la guerra
Por lo general, cada organización político-militar contaba con infraestructura de apoyo para las reuniones de coordinación con los representantes de las fuerzas hermanas. En nuestro caso, muchas veces recogimos en puntos convenidos a compañeros conocidos de las FPL, de la RN y del PRTC para luego conducirlos de forma compartimentada a las casas seleccionadas de antemano. A veces se trataba de casas clandestinas, alquiladas con presta nombres, manejadas con un enfoque de compartimentación muy riguroso.
Varias veces, cuando aún no había surgido el FMLN, tuvimos reunida en una de nuestras casas clandestinas a la DRU. Pero por lo general, esos locales solamente se utilizaban para reuniones bilaterales de coordinación entre dos fuerzas político-militares. Durante el inicio de la guerra, fueron muy frecuentes los contactos bilaterales de coordinación. Aunque algunas veces nos encontramos con el Chele Javier y Miguel Castellanos, El Ronco, en Restaurantes previamente seleccionados y convenidos. Con otros compañeros preferíamos las casas clandestinas. Así conocí a René Canjura, “Mario”, era un revolucionario de lo más sectario y difícil de llegar a ponernos de acuerdo, pero platicábamos y coordinábamos actividades conjuntas. Siempre fue muy útil el contacto bilateral. Recuerdo a Sergio de la Dirección de RN, con quien nos vimos varias veces. Era un valioso compañero que fue entregado por agentes infiltrados en su organización. Lo asesinaron en la Colonia Vista Hermosa.
Lito Aguiñada
Lito Aguiñada (Miguel) era el responsable del Estado Mayor del Área metropolitana de las FAL. Por invitación y solicitud del Comandante Darío, (Orestes F. Ortez) me correspondió juramentar al Estado Mayor del Área Metropolitana de San Salvador. El acto se realizó en una casa en la Col. La Rábida. Nunca me imagine que había un traidor en sus filas. Alguien que venía de la JC, apodado El Caballo, que luego entregó a sus compañeros.
En esa reunión estaba Gavidia, que era un economista apodado El Comandante Zarco. A Lito lo asesinan en el 81 mientras esperaba un contacto frente a la Policlínica, es ametrallado. Lito fue sustituido por Darío. Y luego asesinan al contacto que esperaba, que era Jorge Montalvo. A Candelita (Jorge Molina) lo sacan de su casa allá por La Isla junto con su esposa, Elida, y su hijita recién nacida; también desaparecen a Víctor “AES” Ramos, a Marcos Cativo, a Fermín…
Candelita conducía el equipo de la JC del Área Metropolitana. También asesinan a Tomas (Feliciano) que fue asesinado de su casa junto con su mamá y un hermano, vivía a la par del Cine Jardín en Mejicanos…era un cuadro joven, deportista, judoka, esgrimista.
El Caballo fue el traidor que los entrega a todos. Varios compañeros los vieron en un vehículo, acompañado de esbirros asesinos, ubicando los puntos de encuentro con los compañeros conocidos. Si casualmente encontraba a alguien conocido en la calle, si podían lo capturaban o simplemente le disparaban para asesinarlo.-

CONTINUARÁ…

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