Carta de un cubano a Berta Deras

Estimada señora Berta Deras.

Aunque físicamente no me encuentro en el acto de homenaje a su esposo Rafael Aguiñada, digno revolucionario asesinado por la tiranía de entonces, mi corazón y mis sentimientos, como la de todo el pueblo de Cuba, está ahí, junto a usted, su familia, y todo el pueblo salvadoreño, que tanto ha sufrido a causa de la existencia de gobiernos inescrupulosos, aberrantes e indignos de representarlos a ustedes.

Rafael fue asesinado precisamente por eso, por ser una persona digna y querer defender la dignidad de su pueblo, y esas cosas no la admiten las ratas que están en el poder, que desangran a la mayoría para mantener a los ricos derrochando cada vez más los recursos que la madre naturaleza, con el trabajo de los hombres y mujeres de esta tierra, pone a disposición de todos. O como justamente dirían los religiosos, frutos que Dios dispone para todos, los consumen los poderosos a costa de la miseria de la inmensa mayoría, que es en definitiva la que produce, y por designio del diablo, que es el que respalda a esos asesinos en el poder, la sociedad vive inmersa en el terror, pagando con la vida cuando reclama justicia.

Pero por suerte para la humanidad, Rafael vive multiplicado en hombres y mujeres que siguen su ejemplo, como en mi linda y hermosa Patria vive Martí, que en el año de su centenario un grupo de jóvenes, comandados por Fidel, decidió que no podía morir, y reanudaron la guerra de independencia total, que terminó con la derrota de una tiranía tan sangrienta como la que asesinó a su esposo, y hoy estamos aquí, recordando a nuestros muertos, pero orgullosos de que su muerte no fue en vano, porque vivimos con problemas a causa de un bloqueo indiscriminado, pero sin el temor de morir de hambre, o por una enfermedad curable, o asesinado por un agente del gobierno defendiendo los intereses de un rico.

Recordando a nuestros muertos, y sabiendo que en el mundo impera la injusticia, y para pagar la deuda que tenemos con la humanidad, porque aquí derramaron su sangre generosa muchos hijos de otros pueblos en defensa de nuestra causa, hoy miles de cubanos llevan la luz de la enseñanza, la medicina preventiva, la alegría y la solidaridad, a los rincones oscuros del mundo, a esos rincones que el imperialismo quiere llevar la muerte porque para ellos querer aprender a leer y a escribir, el querer tener derecho a la salud, el querer decidir su destino sin la interferencia del Imperio, es terrorista.

Para ese imperio no es terrorista quien realiza atentados y asesina a hijos de este pueblo o quienes nos apoyan, como es el caso de Luis Posadas Carriles, que derribó un avión cubano donde murieron 73 personas, entre ellos jóvenes deportistas que regresaban a nuestro país con las medallas de campeones, y hoy está protegido en Estados Unidos. Ellos más bien condenan severamente a quienes vigilan los pasos de esos asesinos para evitar que cometan más crímenes, como es el caso de nuestros cinco hermanos presos en cárceles de los Estados Unidos, que aún cuando tres jueces con dignidad consideran el proceso injusto, permanecen encarcelados por más de 8 años, algunos sin poder ver a sus esposas, y una niña a la que no se les ha permitido aún darle un abrazo a su papá.

Viva por siempre Aguiñada y los que como él, han caído en defensa de la dignidad de los pueblos.

Vivan por siempre los que hoy recogieron su bandera de lucha y siguen enfrentando con valentía la injusticia.

Como afirmó nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, “un mundo mejor es posible”, y seso lo decide el pueblo.

Luis Matos

Cubano que goza de los privilegios que sólo un sistema como el nuestro puede asegurar.

22 de septiembre del 2006.

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