América Latina: una zarza ardiendo en el desierto de la globalización

América Latina: una zarza ardiendo en el desierto de la globalización
Reflexión sobre Éxodo 3 y 4

“La zarza ardía con el fuego pero no se consumía…”
Éxodo 3:2b

La victoria electoral de Daniel Ortega el 5 de noviembre de 2006 en Nicaragua abre una nueva época en Centro América de la misma forma que lo fue la victoria militar del Frente Sandinista el 19 de julio de 1979. En ambas ocasiones la victoria fue contra el imperio y sus aliados locales. En los dos casos el Faraón en Washington reaccionó airado e impotente.

Los débiles vencen a los fuertes con principios, imaginación y unidad. Es la historia de la resistencia de la humanidad a los imperios. La dignidad de los pueblos cuando despierta es invencible. La rebeldía es el corazón de la historia. Es la historia de Moisés Sandino enfrentado al Faraón Bush.

Es la zarza combativa que le disparan y sigue ardiendo, que la encarcelan y sigue ardiendo, que la aplastan con botas y sigue ardiendo, que la calumnian con mentiras y sigue ardiendo. Porque el color de la sangre jamás se olvida y la alegría de la lucha nunca se extingue.

Los poderosos confían en el control de las mentes y los corazones de los humildes. Construyen espadas para herir el pensamiento de los que luchan y sus herreros son diestros en la fragua del temor. Pretenden encadenar la poesía de los que levantan la mirada al horizonte del futuro. Lo poderosos pueden ser derrotados nos enseña Moisés y nos enseña el Che. Nos enseña Lito y nos enseña Galia.

Y Cuba derrotó a los poderosos. A 90 millas del imperio. Cuba es un jardín bloqueado. Pero es un jardín La imagen de Fidel con sus barbudos bajando de la Sierra Maestra nos sigue estremeciendo las fibras del alma. El rostro de los niños y las niñas cubanos sin hambre y sin miedo nos llena de orgullo y alegría. Cuba es una zarza socialista que sigue iluminando, que sigue ardiendo…

Y Venezuela derrota a los poderosos. El imperio pensó que con sus recursos podría arrodillar a la patria de Simón Bolívar y se equivocó. Y cuando pensaban desde Washington derrocar a Hugo Chávez bajaron miles de lo cerros para defender la vida. Venezuela es el petróleo recuperado para el milagro del pan en la mesa de todos y todas.

Y Bolivia derrota a los poderosos. En el corazón de la Patria Grande se levanta el espíritu de Tupac Katari y de los mineros que abren la mina de los sueños de justicia y dignidad. Evo convoca a la solidaridad y a la lucha. Y la wapala multicolor de la resistencia echa raíces en nuestros corazones.

Y Brasil es un gigante encadenado por el imperio; una esperanza de esmeralda que despierta para convertirse en marcha; una gran estrella roja que se levanta en el sur. Y los campesinos sin tierra han confiado de nuevo en Lula. La derecha fue vencida pero la izquierda debe por fin gobernar.

Y Nicaragua tan cerca de nuestro corazón nos sorprende con la victoria de Sandino. En las Segovias de nuestro pensamiento surge el asalto al palacio conducido por el FSLN. Y las banderas rojas y negras, flamean en las barricadas de nuestra memoria que se niega a rendirse y se abraza a la esperanza que surge de la lucha conducida por Daniel.

Y en El Salvador lloramos a nuestros muertos, a los esposos Francisco y Jesús Carrillo, pastores luteranos que entregaron sus vidas por el sueño del pan y la justicia. Lloramos a todos nuestros muertos de toda nuestra historia mientras nos preparamos para la siembra del maíz de la victoria.

Y así fue en Egipto…

Moisés vivía exilado en Madian. Había escapado de la policía política del faraón en Egipto. Y al llegar a Madian había conocido al sacerdote Jetro, que se convirtió en su suegro y le brindo refugio en sus casa. Moisés se volvió pastor.

Y en una ocasión que pastoreaba en el cerro de Guazapa, digo en el cerro del Sinaí, vivió una experiencia que de nuevo transformó su vida. Observó que una zarza ardía con el fuego pero no se consumía. Y oyó una voz que decía: la tierra que caminas es sagrada. El Sinaí era sagrado.Hay sitios que se vuelven sagrados. La tierra se vuelve sagrada al ser cuna de las luchas de los pueblos y juntarse con la sangre de los mártires.

En El Salvador Jayaque es hoy un lugar sagrado porque recientemente fueron asesinados dos pastores luteranos, los esposos Francisco y Jesús Carrillo. Izalco es un lugar sagrado porque en 1932 asesinaron a Feliciano Ama. Guazapa es un lugar sagrado porque allí lucharon, murieron y vencieron muchos salvadoreños y salvadoreñas durante la Guerra Popular Revolucionaria.

Y también el Palacio de Invierno de San Petersburgo en Rusia es sagrado porque hace 89 años estalló la más profunda revolución de la historia. Y las montañas del Yenan, los barrios de Hanoi, las Segovias y la Sierra Maestra son sagrados. Y Ñancahuazu. En sus sierras y calles sopla el viento de la rebelión. La lucha de los pueblos, el sacrificio de los mártires y la audacia de los héroes bendice la tierra.

A Moisés en medio de la zarza ardiente se le aparece un enviado de Dios. Y le explica y le informa, que el Dios de los cielos y de la tierra, ha visto el sufrimiento de su pueblo y ha escuchado los gritos de protesta de los que luchan y sueñan… y ha decidido acompañarlos en su lucha de liberación. Les promete una tierra donde mane leche y miel. Es una tierra donde viven otros pueblos oprimidos. Es una tierra socialista en la que no habrá hambre ni sed, opresión ni explotación.

Y entonces el Ángel de Dios le ordena a Moisés: ponte en camino. Moisés tenía que regresar a Egipto a reanudar la lucha de liberación. Tenía que abandonar la comodidad del hogar, la cena caliente y el lecho tibio, y regresar a enfrentar los peligros de la persecución y la resistencia…

Te voy a enviar al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, le dice el Ángel. Y Moisés duda de sus fuerzas y busca evadir la tarea ¿y quien soy yo? le responde. Entonces el Ángel le promete: Yo estaré contigo. Yo soy el que soy. Dios nos acompaña siempre. Y en especial cuando nos embarcamos en la lucha. Dios acompañó a los mártires a los que rendimos tributo este día. Dios nos sigue acompañando. Amén.

Rev. Roberto Pineda

Iglesia Luterana Popular de El Salvador

San Salvador, 11 de noviembre de 2006

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