Caìn, Abel y la lucha de clases

CAIN, ABEL Y LA LUCHA DE CLASES
Reflexión sobre Génesis 4: 1-12

El conflicto entre Caín y Abel narrado en el Génesis refleja la intensa lucha de clases que surgió al desarrollarse la propiedad privada y surgir la explotación de unos seres humanos por otros. Luego de la ruptura entre los seres humanos y Dios que simbolizan Adán y Eva surge esta nueva contradicción que acompañará la vida de la humanidad.

El pensamiento de los hebreos logró plasmar en esta historia de Caín y Abel el rompimiento de los lazos de amistad y solidaridad y su cambio por relaciones basadas en el egoísmo y la explotación, el racismo y la guerra, la esclavitud y el patriarcado, que en definitiva conducen al odio y a la muerte, y que continúan marcando la existencia humana.

El espíritu de Caín que es el espíritu de la opresión se encarnará en las ideas y prácticas de imposición y saqueo de los imperios, en el afán de lucro que conquistará el planeta y que dominará a miles de naciones. El espíritu de Abel que es el espíritu de la justicia tomará cuerpo en la resistencia y la dignidad de los pueblos oprimidos, en las ideas del socialismo y la paz.

El espíritu de Caín es el espíritu del capitalismo.

El nombre Caín significa en hebreo adquirir, acumular, poseer, atesorar. Y responde a una conducta humana que puede conducir a la dominación, al control. El afán desmedido de poseer conduce al nacimiento de la opresión y la explotación. El espíritu de Caín es el espíritu del capitalismo.

En determinado momento del desarrollo de la humanidad, los pueblos nómadas de cazadores, recolectores, y de pastores, se convirtieron en pueblo sedentarios de agricultores. Con la agricultura nacieron las diferencias sociales, la familia se transformó y surgió la propiedad privada.

De la comunidad primitiva sin clases se pasó al régimen esclavista, con clases sociales antagónicas. La figura de Caín es representativa de este nuevo estilo de vida basado en la explotación de unos seres humanos por otros seres humanos.

El espíritu de Abel es el espíritu del socialismo.

Abel es una palabra hebrea que significa lo frágil, lo efímero, lo pasajero. El nombre de Abel se refiere al estilo de vida de las tribus nómadas, pasaban de un lugar a otro, sin establecerse, siempre caminando. Estos grupos humanos que vagaban de un lugar a otro en busca de pasto y de agua para sus animales de crianza valoraban la solidaridad y la cooperación como lo fundamental.

En la experiencia de pastoreo de Abel los medios de existencia son de propiedad social, todos participan en las labores, incluyendo a niños y ancianos. Y naturalmente, en la distribución del producto del trabajo. No existe la desigualdad social, ni la explotación, ni la propiedad privada, ni el estado. Y hay que decirlo, ni la religión institucionalizada. Existía si la fe.

La propiedad era colectiva. Y la protección de sus miembros, en especial de los más débiles, era una necesidad convertida en hábito, con raíces familiares muy fuertes. Eran hermanos y hermanas de una misión común, de una familia común. Y por lo tanto predominaba la justicia.

Estos pastores al surgir la propiedad privada se iban a convertir en jornaleros de los terratenientes. Así como los prisioneros de guerra pasarían a ser esclavos. Y la rueda de la explotación iba a empezar a girar. Los autores del Génesis hicieron esta denuncia para los siglos posteriores. Y nos corresponde rescatarla y actualizarla. Es una denuncia política de mucha fuerza y vigencia. Es nuestra herencia.

Caín iba a explotar a Abel. Caín iba a ser dueño de Abel. Los hermanos iban a convertirse en enemigos de clase. La relación entre los dos hermanos se iba a fracturar, iba a romperse .Iba a surgir la lucha de clases. El afán de acumular riquezas de Caín iba a chocar con la visión comunista de Abel. Y surgiría la semilla de la discordia histórica, de la lucha entre pobres y ricos, entre poderosos y débiles, entre imperios y pueblos oprimidos.

Este pasaje de Caín y Abel, así como el anterior de Adán y Eva, indica claramente que el problema del mal es un problema vinculado ala explotación de los pobres por los ricos, de los débiles por los poderosos, de los pueblos oprimidos por los imperios.

El mal no es un enigma rodeado de misterio. El mal, la maldad, es una situación social, política, económica e ideológica vinculada a la riqueza y al afán de poder de una minoría explotadora que oprime a los pobres a lo largo de la historia. Mientras que la gracia, la salvación, es el espíritu de resistencia que acompaña y surge de las lucha de los pobres, de la lucha por la justicia, la paz y la dignidad. Es la herencia de Abel.

El pastor Abel y el terrateniente Caín

En el texto bíblico se nos señala que Abel era pastor de ovejas mientras que Caín cultivaba el campo. En una ocasión, ambos ofrecieron ofrendas a Yahvé. Se nos dice que a Yahvé le agradó la ofrenda de Abel mientras que le desagradó la ofrenda de Caín.

Y nos resulta un poco confuso esto, parece como que Yahvé actuara caprichosamente. Pero no es así. Yahvé es consecuente y rechaza la ofrenda del pecado, la ofrenda de la explotación, la ofrenda de Caín terrateniente, obtenida con el sudor de sus trabajadores.

Y esto queda claro cuando ante el enojo de Caín, Yahvé le dice que si obraras bien, seguro que andarías con la cabeza alta, pero si no obras bien, el pecado acecha a la puerta. No podía engañar a Yahvé, no podemos engañar a Yahvé. Y le hace Yahvé a Caín un llamado para que controle su afán de poder y de riqueza. Pero Caín, como antes lo habían hecho Adán y Eva, desobedece a Yahvé.

Y por el contrario, da rienda suelta a su soberbia. Y le tiende una emboscada a su hermano para vengarse. La venganza, el rencor, el odio se habían apoderado ya de su corazón. Sus intereses dominaron su voluntad. Y Caín conduce a Abel al campo para matarlo. Y lo asesina. La guerra entre los pobres y los ricos había comenzado. Abel surgía como el primer mártir de esta lucha por la justicia.

Y el Señor que había visto todo esto le pregunta a Caín: ¿Dónde esta Abel, tu hermano? Es una pregunta que Dios nos hace a cada momento. Y Caín le responde: No se, ¿soy yo el guardián de mi hermano? Y esta es una respuesta que ofrecemos también a cada momento. Dios rechaza esta actitud egoísta, de soberbia, de mentalidad de terrateniente.

Y el Señor le responde: ¿qué has hecho? La sangre de tu hermano me esta gritando desde la tierra. La sangre de millones de abeles asesinados por los imperios a lo largo de la historia nos sigue gritando. Nos grita la sangre de los campesinos asesinados en 1932, la sangre de las hermanitas Serrano, la sangre que se derrama en Irak, en Palestina, en Puerto Rico, la sangre de tanto mártir, de tanto sufrimiento.

Hermanas y hermanos:

El grito de justicia de los rehenes del hambre, oprimidos por este sistema capitalista, víctimas del nuevo Caín sigue siendo escuchado por Yahvé, el Dios de la justicia, y el espíritu de Abel sigue encendiendo corazones y en esta Semana Santa continúa presente, empujando nuevas protestas alrededor de la tierra, como la que habrá mañana en Washington, marchando con ramos y banderas, con canciones y oraciones, con ayunos y bloqueos de calles, siempre con la cabeza en alto, por siempre seguidores del Jesús de Nazaret. Amén.

Rev. Roberto Pineda

Iglesia Luterana Popular de El Salvador

Domingo de Ramos, 9 de abril de 2006

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