Canaan y la resistencia de los pueblos y naciones

CANAAN Y LA RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS Y NACIONES

Reflexión sobre Génesis 9:18-29

Los imperios a lo largo de la historia han promovido el odio, los prejuicios y el resentimiento entre los pueblos y naciones. Los poderosos comprenden que la base de su dominación radica en la división de los pueblos oprimidos. Y esta visión imperial, este veneno ideológico, ha penetrado en las culturas y tradiciones, incluso en los libros sagrados de las principales religiones que manifiestan rasgos xenofòficos. Hemos sido en la escuela y en la iglesia, socializados en el rencor y la desconfianza.

La Biblia no es la excepción y esto no debe sorprendernos. En La Biblia se manifiestan, se cruzan, se entrelazan visiones contradictorias sobre diversas situaciones. Por un lado, refleja la experiencia popular de lucha, el caminar del pueblo hacia su liberación y por la otra, huellas de un pensamiento elitista, clasista, androcentrico e incluso racista.

Por eso es importante analizar los escritos de la Biblia a la luz de la resistencia popular a los imperios. No olvidemos que la Biblia es Palabra de Dios, pero escrita por seres humanos con intereses humanos, intereses de clase. En el Antiguo Testamento se refleja esta contradicción en muchos pasajes del Génesis.

Los teólogos de esa época explicaron y justificaron el odio entre las naciones por medio de un relato sobre un conflicto familiar entre Noé y sus tres hijos Sem, Cam y Jafet. Cam es el antecesor de Canaàn. Noé se emborrachó y se desnudó dentro de la tienda. Cam vio a su padre desnudo y salió a contárselo a sus hermanos. Sem y Jafet por su parte, tomaron una capa y taparon la desnudez de su padre.

Cuando Noé despertó y se enteró de lo sucedido, lanzó una maldición sobre su hijo menor. Y una bendición sobre sus otros dos hermanos. A partir de este relato los conflictos trascienden de lo familiar a lo nacional. Y como resultado de esta maldición se explica el odio entre las naciones y se va creando la teoría del “pueblo escogido.”

En realidad el proceso fue más complejo. Cuando los hebreos salieron de Egipto y empezaron a caminar por el desierto, perseguidos por las tropas del Faraón, se encontraron con diversos pueblos que estaban también oprimidos por dictadores como ellos lo habían estado.

Lo más probable fue que estos reyes miraran con desconfianza y hasta con odio a este grupo humano salido de Egipto. Incluso algunos salieron a combatirlos. En esta etapa Canaàn representaba la opresión de estos reyes. Posteriormente en la época de la monarquía israelita, el concepto de Canaàn adquiere otro significado, son aquellas naciones diferentes de la hebrea.

Y se le atribuyen términos despectivos y discriminativos como el de paganos, inicuos, impíos, gentiles. Luego se hablo de la civilización y el salvajismo, de la democracia y del comunismo, y hoy se habla de terrorismo. Canaàn sigue presente. Los poderosos construyen enemigos a su imagen y semejanza.

La experiencia revolucionaria del pueblo hebreo

El pueblo hebreo en su experiencia revolucionaria de marchar por el desierto y de construir una nueva sociedad, acumuló valiosas experiencias que se reflejaron en sus cuerpos legales. Entre estos sobresalen los diez mandamientos, reglas higiénicas como la de lavarse las manos antes de comer, la prohibición de comer ciertos animales, la de respetar el sábado como día de descanso ya que en Egipto fueron esclavos y trabajaban todos los días.

Cada precepto de la ley de Moisés tiene su explicación y justificación en la necesidad de defender el proyecto revolucionario. Pero luego se volvieron dogmas y mecanismos de represión y de opresión. Las experiencias liberadoras del desierto se convirtieron en normas inalterables.

Luego fueron utilizados estos preceptos legales por los sacerdotes y gobernantes para promover el odio entre las naciones y para aplastar a todo tipo de oposición interna, como mecanismo de control social. Y se fue configurando una ideología colonialista, exclusivista, guerrerista y racista.

Se inventó el concepto de lo contaminado, y había alimentos contaminados, cuerpos contaminados. Se promovió la discriminación y la exclusión social. Se inventó el concepto de pueblo escogido que es chovinista y racista y que ha causado mucho sufrimiento en la historia y que todavía en la actualidad, justifica la represión y desalojo del pueblo palestino de sus tierras. Y este concepto sirve hoy para justificar las guerras de agresión que realiza Washington como cruzada contra los infieles.

Esta ideología exclusivista y racista desembocó en aquel entonces, en una situación en la cual únicamente los poderosos de la sociedad judía podían cumplir con los preceptos legales y religiosos. Los pobres, los enfermos, los discapacitados no podían hacerlo y se encontraban entonces al margen de la religión.

El Dios de la liberación de Egipto fue transformado en el dios del Templo que exigía ofrendas para adorarlo. La religión liberadora surgida del Éxodo se transformó en la religión opresora del estado de Israel. La experiencia enseña que cuando la religión se fusiona con el estado y los sacerdotes se convierten en gobernantes, la religión se vuelve opresora. Y se justificó desde la religión una situación de exclusividad nacional. En la práctica, regresaron a adorar un ídolo nacional y abandonaron a Yahvé, el Dios universal que se manifiesta en la lucha y la revolución.

Y e el fondo de esta transformación religiosa se encontraba el hecho que Israel se había convertido en un estado poderoso que oprimía otros pueblos y los gobernantes necesitaban justificar sus privilegios y sus posesiones. Se había creado una clase que explotaba a los mismos hebreos pobres y a los extranjeros que vivían con ellos.

Y necesitaban una justificación religiosa para este fenómeno escandaloso a los ojos de Dios. Venían de la opresión de Egipto y a la vuelta de algunos siglos estaban siendo explotados y oprimidos por sus mismos hermanos. Es en este contexto que surgen los profetas, entre ellos Samuel que denuncia valientemente el significado de elegir un rey que ya no fuera Yahvé. Se habían desviado del camino de la justicia y habían adoptado el camino de la opresión. Y necesitaban a Canaàn como enemigo.

Jesús rechaza los esquemas de opresión

Jesús de Nazaret y su Movimiento Popular rompieron con estos esquemas clasistas y exclusivistas. Y cuando un maestro de la ley, Nicodemo llegó a visitarlo y le pregunto sobre como alcanzar la salvación, Jesús le respondió que tenía que nacer de nuevo. Y Nicodemo quedo sorprendido. Pero era cierto. Tenía que borrar todo lo que había aprendido de memoria desde pequeño y abrirse al amor y la solidaridad como guías de su pensamiento y criterios de la verdad. Y por esto Jesús fue diferente y se enfrentó al imperio y a los sectores dominantes locales.

Jesús rompe con la ley si esta afecta a los pobres. El criterio básico de Jesús es una vida con dignidad. Y esto le permite relacionarse con los sectores populares que eran discriminados y considerados pecadores por las autoridades religiosas. Y Jesús se acerca a los leprosos que estaban contaminados según la Ley de Moisés.

Y Jesús se relaciona con los paralíticos que para las autoridades religiosas judías no eran dignos del reino de Dios. Y Jesús increpa a los que iban a apedrear a la mujer adultera. No la condenó sino le dijo que no pecara más. Y se acerca los jóvenes y a los niños. Y se acerca a la joven samaritana.

Y pone a los samaritanos como ejemplo de solidaridad. Y se acerca a los que eran considerados como los más despreciables de su sociedad, los publícanos, que cobraban impuestos a favor del imperio romano y eran tramposos y estafaban a la gente. Y Jesús se va a comer con ellos. No los desprecia sino que los incorpora a la lucha. Y recluta a sus primeros seguidores entre pescadores.

Y ridiculiza al César. Y califica a Herodes como zorra. Jesús les rompe los esquemas de clase, raza, género y nación a las autoridades religiosas. O sea que Jesús se relaciona con adulteras, con leprosos, con paralíticos, con ciegos, con extranjeros y extranjeras, con publícanos, con jóvenes, con niños. Abre sus brazos y corazón a los que la sociedad rechazaba.

Los poderosos siempre han sembrado la semilla del odio y de la guerra entre las naciones. Gritan Canaàn ante lo diferente para dominarlo y explotarlo. Así España y Portugal justificaron el genocidio de la conquista de nuestras tierras con la necesidad de evangelizarnos. Y así justificaron las Cruzadas contra los pueblos árabes. Así justificaron los nazis el Holocausto. Así fue justificado el genocidio de los hutus sobre los tutsies en Ruanda. Así justificaban las dictaduras militares sus horrendos crímenes.

En julio de 1969 hubo una guerra entre El Salvador y Honduras. Era un niño de 10 años y recuerdo la magnitud de la campaña chovinista. Honduras era Canaàn. Por la radio, la prensa y la televisión se vomitaba odio. Las tropas salvadoreñas penetraron en territorio hondureño y mataron y robaron. Los mismos que asesinaban a sindicalistas salvadoreños fueron a asesinar a campesinos hondureños.

Y también la Mancha Brava hondureña que asesinaba a estudiantes hondureños se dedicó a asesinar a campesinos salvadoreños. Y hubo una borrachera de patriotismo en ambos lados de la frontera que salpicó hasta la izquierda. Y el imperio en Washington azuzaba a ambos bandos. Y en estas tinieblas de confusión se alzó la voz profética del Dr. Fabio Castillo denunciando la guerra. El chovinismo es instrumento de los poderosos para dominar a los débiles. Y debemos romper este esquema de muerte.

Jesús es camino abierto a la lucha y la esperanza

Y Jesús nos sigue rompiendo los esquemas a los que le seguimos. El es camino abierto a la lucha y la esperanza. El es el misterio del compromiso y la comunidad. Jesús no estuvo en los palacios con los poderosos sino en la calle, ni en grandes catedrales sino siempre luchando, siempre conspirando, siempre pensando en la organización del reino de su Padre.

Como Iglesia Luterana Popular nos corresponde seguir este ejemplo. Y detectar en nuestra sociedad como lo hizo Jesús en la suya, a aquellos sectores que son discriminados y maltratados. Y acercarnos a ellos con los brazos extendidos y el corazón abierto. Esto es lo que tratamos humildemente de hacer. Esta es nuestra visión de evangelización.

Y es que debemos de romper con estos patrones de pensamiento de la ideología de los poderosos y nacer de nuevo a la lucha y la solidaridad. Y ver la realidad desde abajo y desde adentro de la lucha, desde la izquierda. Y al hacerlo nos encontramos con los vendedores populares, con las personas viviendo con VIH-SIDA, con la Comunidad Gay, Lesbiana, Transvestista y Transgenero; con los mareros que son los jóvenes pandilleros, con los pueblos indígenas, con los extranjeros.

Y ante muchos de estos sectores nuestra actitud es la del rechazo. Muchas veces consideramos a los vendedores ambulantes como estafadores, gente que vive de la cachada, y nos alejamos de ellos. Y no percibimos que ellos han sido expulsados del empleo, son sectores excluidos, y trabajan fuertemente para ganarse la vida.

Y no digamos de la gente que vive con VIH-SIDA. Los discriminamos. Seguramente Jesús hubiera trabajado, con ellos y ellas. Y hemos sido socializados desde pequeños en el odio y el desprecio a los homosexuales, a los gays. Y son nuestros hermanos. Y los están matando por ser gays. Somos una sociedad homofòbica.

Y cuando vemos a un joven pandillero con la cara toda tatuada lo despreciamos. Y ese joven esta así por nuestra culpa. Ese es el producto de una sociedad injusta, es el retrato del tipo de sociedad que ofrecemos a nuestros jóvenes, sin oportunidades y con mucha violencia. Y de los indígenas nos olvidamos, están invisibilizados, no existen para nuestra mentalidad europea.

Y cerramos nuestros ojos ante los nicaragüenses y hondureños que vienen a las cortas de café y ya son parte de nuestros pobres y excluidos. Y seguramente Jesús hubiera acompañado a estos sectores. Les hubiera ofrecido su amor y solidaridad. Hubiera luchado a la par de ellos y de ellas.

Este es nuestro desafío como iglesias seguidoras del rebelde que fue crucificado y resucitó. Nuestro desafío es romper los esquemas de clase, género, raza y nación. Nuestro desafío es promover la amistad entre los pueblos y naciones. Nuestro desafío es a solidarizarnos con Cuba, Venezuela y Bolivia.

Nuestro desafío es hacer realidad el sueño de La Internacional: el día que el triunfo alcancemos, ni esclavo ni amo habrá, la tierra será el paraíso, imperio de la humanidad. Este es el sueño de Jesús, y es nuestro sueño. Amén.

Rev. Roberto Pineda

Iglesia Luterana Popular de El Salvador

San Salvador, 11 de junio de 2006

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