Carta a Julia Evelyn

Carta a Julia Evelyn

Dagoberto Gutiérrez

Querida Julia Evelyn
Tu paso por el aparato fue fugaz, tenso e intenso. Aprendiste mucho sobre la naturaleza humana y la naturaleza del poder político; pero al mismo tiempo, enseñaste mucho sobre lo que debe hacer, puede y tiene que hacer un funcionario cuando decide no ser funcionario, es decir, no considerar que su función es un fin en sí mismo sino un medio o un instrumento para perseguir un fin.

Aquí está, en este aspecto cardinal, la raíz de los problemas, porque vos decidiste, correctamente, aplicar una agenda del movimiento de mujeres bajo el entendido de que siendo este un gobierno de izquierdas estaría comprometido, a diferencia de uno de derechas, con una agenda popular. Así las cosas, la institución ISDEMU y su institucionalidad, no podían hacer otra cosa distinta que apoyar y apoyarse en agendas ya acordadas y establecidas que, además, no violan su legalidad.

Ocurre que semejante conducta no resulta la adecuada ante la naturaleza del gobierno y mucho menos ante la del Estado, y tarde o temprano, se produciría una colisión como la que inevitablemente se produjo.

Esta coyuntura ha servido dramáticamente para revelar ante el pueblo y ante la gente a un gobierno que teme, ante los poderosos, aparecer como de izquierdas, y trata de no aparecer como de derechas, ante el pueblo.

La destitución se hizo inevitable para el aparato y para las fuerzas que, dentro de éste, llegaron a considerar tu desempeño y a tu persona como inadmisibles. Y aquí estamos ya considerando la naturaleza del poder político. Porque ocurre que tu desempeño siempre mostró a una persona con opinión propia, con conocimiento del tema y con un prestigio propio ganado a pulso y con independencia del cargo desempeñado. En tu caso, tu cargo se lucraba de tu historia y, siendo así las cosas, y teniendo luz propia, no dependías ni de voluntades, ni de intereses, ni de agendas ocultas, ni de corrientes visibles o invisibles, propias de los aparatos palaciegos.

Semejante situación llegó a afectar a ciertos poderes áulicos que suelen aparecer en los ámbitos estatales y por eso destituirte se convirtió en una especie de obsesión que sin responder a necesidades políticas de gobierno o de Estado, sí era necesario ante intereses, generalmente mínimos pero que cuentan con resortes adecuados para apartar a alguien que ha llegado a ser inadecuada.

Esto aparece claro cuando la destitución se hace “por pérdida de confianza”. Tal figura permite holgadamente tu retiro con la frente muy en alto, porque quitarte de en medio no resulto fácil para quienes lo necesitaban y la figura de la confianza perdida resulta, en estas circunstancias, como un fortalecimiento de tu prestigio porque en realidad nadie es confiable para todos y si lo sos para unos, pues no lo sos para otros. El punto aquí es que ser confiable para el movimiento de mujeres resulta fatalmente no ser confiable para el gobierno, porque para serlo, los funcionarios pueden tener popularidad pero en ningún caso deben ser populares.

Cuando tu gestión adopta el compromiso con los derechos de las mujeres y asumiste, correctamente, que los compromisos internacionales asumidos por el gobierno en defensa de los derechos de las mujeres, debían cumplirse, sometiste a prueba las firmas estampadas en documentos elegantes y perfumados, independientemente de lo controvertibles que fueran los temas, y te volviste confiable para las mujeres organizadas y en esa misma medida desconfiable para aquellos y aquellas, almas de cortesanos, que no quieren funcionarios comprometidos con compromisos sino sometidos a voluntades que entienden el poder político como una especie de juguete nuevo recién adquirido y ante el cual desatan sus ilusiones personales largamente
larvadas y ahora manifestadas en el ejercicio de un poder carente de autoridad.

Tu destitución fue, por eso, una mezcla subterránea de hilos movidos por una mano que busca no aparecer como la mano que mueve los hilos, y el expediente de la junta directiva del ISDEMU destituyendo a su directora, resulta una maniobra de legalidad a una decisión política no presentable y no confesable, es decir, una decisión no política, toda vez que no podía justificarse ni defenderse, ni presentarse como algo inteligente y necesario.

La figura frágil de la “pérdida de confianza” desnuda toda la falta de elegancia política que debe acompañar una destitución de un funcionario cuya gestión resulta inconveniente, y deja en la penumbra el problema de saber para quien has dejado de ser confiable porque, de ser así las cosas, el funcionario o la funcionaria tiene derecho a saber previamente y cara a cara las razones políticas o, dado el caso, personales de su destitución. Cuando este procedimiento mínimo no se cumple, como en tu caso, resulta claro que no hay razones políticas fundamentales defendibles sino las sacrosantas intrigas palaciegas y fuerzas intestinas que maniobran, usando a otros funcionarios que desde juntas directivas proporcionan los votos necesarios para estas decisiones.

Tu experiencia resulta extensible al movimiento de mujeres, porque toda persona y todo movimiento son lo que hace en efecto y no lo que dice que va a hacer, o lo que debe o debería hacer. El voto unánime de la junta directiva del ISDEMU legitimó a esta junta ante el poder que te destituyó y la deslegitimó ante el movimiento de mujeres. Bien vistas las cosas, en tu gestión descubriste que alguien puede estar durmiendo con el enemigo sin darse cuenta.

Al movimiento de mujeres, sin embargo, la coyuntura les permite saber, hoy mejor que nunca, quienes son, cuantas son y como son.

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