Carta a las madres salvadoreñas

Carta a las madres salvadoreñas

Dagoberto Gutiérrez

El mes de mayo es el que se abre al invierno, a las lluvias y al estallido de la agricultura, así ha sido por lo menos hasta los últimos años. Empieza con el día primero y cruza por el Día de las Madres, así como las aves cruzan los ríos y los bosques frescos en sus rutas migratorias, así nos encontramos con el día de la madre, como una cita con la ternura y la vigilia.

La actitud ante la madre forma parte de la actitud ante la mujer y la naturaleza, en aquellas sociedades donde hay armonía entre el ser humano y la naturaleza la mujer es estimada y la madre altamente apreciada, al fin y al cabo, toda la tierra tiene una representación femenina y esto determina el poderío y la ternura que se combina en el sentido femenino de la vida. Es bueno saber que en el caso de los mamíferos, como nosotros los humanos, el patrón básico es femenino y no masculino, por eso la mujer entre nosotros suele ser, tiene que ser y puede ser, el sentido más fuerte, más lúcido y más bello de la realidad.

La naturaleza ha producido la maternidad pero la cultura y también la naturaleza han producido el sentido maternal de la vida. Esto quiere decir que a fuerza de biología una mujer puede parir sus hijos por vía de la maternidad, pero solo una madre será la dueña de un sentido maternal vital para los seres humanos; no se sabe en que momento este criterio maternal apareció para determinar las posibilidades de supervivencia de la especie humana.

Nosotros venimos al mundo en total indefensión y solo llegamos ha ser mediante esmerados cuidados maternales que nos ponen en contacto seguro con la realidad de la que dependemos y a la que podremos, en determinadas circunstancias, transformar. Este vital mundo afectivo maternal ha sido el más dramático desarrollo de la naturaleza y aquí se sitúa el papel de la madre como fundamento de la vida toda de los seres humanos y también de los otros seres vivos.

Nosotros necesitamos leer el mundo y ese alfabeto lo iniciamos en el vientre de nuestras madres, este es el primer salón de clases que tenemos y resulta ser musical por que oímos permanentemente el rítmico tictac del corazón de nuestras madres y leemos ese corazón y el ánimo de la mujer que nos lleva dentro de sí, llegamos ha saber si está alegres o está triste, si sufre o es feliz y en ambos casos nosotros gozamos o sufrimos con ellas.

Este paraíso que dura nueve meses termina con una expulsión y con un llanto porque de repente la luz, el ruido y el oxígeno nos invaden y nos damos cuenta que de manera inconsulta estamos afuera y ya no adentro como habíamos estado, cómodamente durante nueve meses. En realidad seguimos adentro pero de la sociedad aunque no lo sepamos y aquí la madre es quien nos guía con mucho amor y ternura, es una guía, la clave de la vida para el animal racional más peligroso y fiero.

Todos los seres humanos y los seres vivos necesitamos amor, tanto ser amados como amar, es decir amar de manera pasiva y de manera activa. Resulta fundamental la capacidad para amar y es más determinante que la posibilidad de ser amado. Resulta ser la mujer quien tiene la mayor capacidad de amar aunque no siempre resulte amada en la misma forma, por eso es la parte mas fuerte y poderosa de la vida porque, a mayor ternura corresponde mayor fuerza y sin embargo los amores normales suelen ser de doble vía para que funcionen y la unilateralidad resulta ser ingrata y frustrante para quien ama sin ser amado.

El amor de la madre es, sin embargo, el único de una sola vía que entrega amor total sin pedir nada a cambio ni tan siquiera amor de hijo o de hija; es cierto que el amor a tu enemigo es la prueba mas alta del amor pero el amor de la madre, siendo constante, balsámico, florístico e intemporal resulta ser el amor con el que se amarran los primeros y los últimos pálpitos de aquel o aquella que pasará su vida aprendiendo a amar y también a odiar.

El Día de las Madres ya no es el del amor porque el mercado, que todo lo prostituye, a sustituido el amor por la compra venta a la madre por la consumidora y a la ofrenda de cariño por la mercancía.

Y, aunque esto es lamentablemente cierto, también lo es el hecho de que mas allá de los olores y los ruidos de los mercaderes, la naturaleza humana reclama sus esencias y su libertad y todas las madres del mundo como mujeres dueñas de la vida reclaman, frente al dios mercado, una nueva fe y una nueva esperanza que poniendo a la vida digna en el centro, haga del amor una fuerza social que deba construirse amorosamente, minuto a minuto y hora tras hora por la sociedad. Este proceso que parte ciertamente de la madre, cruza la lucha social y se hermana con la defensa del hermano, de la naturaleza y de la vida.

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