CARTA SECRETA PARA MARVIN

CARTA SECRETA PARA MARVIN

Por Dagoberto Gutiérrez

Muy bonita tu carta, Marvin, la del jueves en El Diario de Hoy. Yo pienso que cada vez que escribís, lo haces mejor que la vez anterior. De modo que es probable que termines, y que buena noticia, dedicándote completamente al oficio de la palabra.

Como esta carta que te escribo es secreta, y solo vos la vas a leer, porque es secreta, platicaremos de una manera llana, confianzuda y suelta, como potros en una llanura sin cercas.

Los años de guerra son años hermosos, dentro de su dureza, luminosos dentro de sus oscuranas, y engrandecedores, dentro de sus cosas pequeñas. Porque es ahí, en esas coyunturas, donde el ser humano da todo de sí, aun a sabiendas que no recibirá nada a cambio. Y así debe ser, porque los ideales que impulsan a tomar decisiones grandes son en función de muchos y muchas, y no siempre esto coincide con intereses individuales de los guerreros que participan en la guerra.

Y tampoco es posible que estos guerreros tengan los mismos intereses, o que miren el mundo de la misma manera. Así pasó en la guerra de veinte años, porque el FMLN, siendo un acuerdo de comunistas, anticomunistas y no comunistas, no supuso coincidencia ideológica, es decir, idéntica sangre de la sangre y carne de la carne; pero, eso sí, exigió muy claros y precisos acuerdos políticos.

Porque es, en este terreno, el político, donde se libran las escaramuzas que permiten que una determinada ideología determine el rumbo del proceso. Una vez terminada la guerra, la granada de luz que era el FMLN implosionó en mil pedazos, como tenía que ocurrir, para que el país, el pueblo, las clases dominantes y gobernantes, el gobierno y el Estado, entráramos de traje entero, al nuevo período histórico abierto por la post guerra.

En el nuevo escenario construido por la guerra y rubricado por los acuerdos políticos que la culminaron, cada quien, Marvin, siguió mirando, entendiendo y sintiendo la realidad, con sus propios ojos. Como vos muy bien sabes, uno no mira con los ojos sino con el cerebro y la realidad no tiene con uno una relación directa sino indirecta, mediada por la ideología.

De ahí que, independiente del origen de clases, de la situación de clases, resulta ser la posición de clase, dentro de la que cada quien se define frente a una misma realidad, de acuerdo a determinada ideología. Y es aquí donde se define con quien está uno, contra quien está uno, quienes están con uno, quienes están contra uno, y la relación de uno con el mundo.

Cuando estalla el FMLN, que es la mayor escuela de alianzas en la historia de nuestro país, cada uno de sus componentes recupera su identidad, tanto individual como política, y una vez más, el mismo mundo, que es la realidad conocida, es visto de diferente manera a partir de ideologías diferentes. Por eso, aquella brillante ejecutoria política, militar y diplomática, que partía de las diferencias y desigualdades del acuerdo político que llamamos FMLN, desaparece irremediablemente, sin que nada ni nadie lo sustituya; a menos que el nuevo instrumento partiera, precisamente, de las diferentes ideologías y posicione políticas de los componentes del desaparecido frente.

Se trataba, Marvin, de construir una nueva alianza, en un nuevo escenario, pero en este punto predominó el miedo a esas diferencias y a esos diferentes, y se impuso el criterio huérfano de la uniformidad, de la unificación, y por eso mismo, de la renuncia a hacer política, a partir de los acuerdos políticos. Así las cosas, en realidad predomina la ausencia de acuerdos, que solo pueden alcanzarse a partir de las diferencias, que son más importantes que las coincidencias, tenemos un país en que la mayor certeza es la sombra de cada cual y la idea de cada quien sobre su sombra.

Cada uno ve el mundo a partir de su país y de su patria, porque este debe verse con ojos chilipiosos, y no con ojos de gringo o de europeo, o de chino. Y como tenemos diferente ideología, aunque tengamos el mismo origen de clase, vemos mundos diferentes, y por eso diferentes visiones ideológicas producen diferentes posiciones políticas sobre procesos políticos trascendentes en el continente y en el mundo.

De ahí las diferencias sobre las revoluciones cubanas, venezolanas, bolivianas, ecuatorianas, y en definitiva, sobre el capitalismo y el comunismo. Claro que se trata de procesos que no son químicamente puros, y son todos, reversibles, como todo hecho social.

Yo soy de los que piensa que el ser humano es bueno por naturaleza, soy optimista histórico, y creo que la humanidad no está condenada a la norma, es decir, al Estado, y desde aquí, Marvin, se despliega una opinión y una posición frente a la realidad. Yo aprendí a odiar a los imperios a partir de un libro sobre la vida de Jesucristo, este personaje me cautivó, después lo harían Marx, Lenin, José Martí, Bolívar, El Ché, por su sencilla firmeza, su palabra justa y su compromiso inquebrantable. Odié a los romanos y a partir de ahí me fue fácil hacerme revolucionario e incorporarme al único destacamento que estaba luchando solo contra la explotación: el Partido Comunista de El Salvador. La nueva Roma está en Washington pero con mas soberbia y menos genio que el imperio que se apropió del cristianismo.

Te he contado esto, Marvin, porque esta es una carta entre vos y yo, y te pido que no se la enseñes a nadie, porque hay gente que mal interpreta o bien interpreta, las cosas que uno dice.

Saludame al Geovani, decile que siempre lo leo.

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