DISCURSO DE AMPARO CASAMALHUAPA ( 29 de agosto de 1939)

DISCURSO DE AMPARO CASAMALHUAPA

“Con mi palabra limpia de soborno y de intriga, vengo a rendir homenaje a la memoria del Capitán General José Gerardo Barrios Espinosa, por invitación de la Sociedad que lleva su nombre.

La Sociedad me pidió una oración fúnebre, un discurso de exaltación para aquel mártir de las más nobles causas; pero mi juventud y mi deseo de colaborar por el bienestar de mi Patria sólo pueden tomar del pasado un ejemplo para las luchas presentes.

Es por esto que mi espíritu se limita a invocar en esta hora de doliente conmemoración al espíritu viril de aquel militar insigne, para que mis palabras caigan en tierra fértil y sean una lección viviente.

Señores: El Salvador no debe ni puede olvidar a los hombres que marcaron una
trayectoria luminosa en su vida; y es porque la inquietud y el anhelo de mejorar está palpitando en nuestra sangre, por lo que hoy hemos venido a recordar al ciudadano respetuoso de la Ley, al militar que dio lecciones de bravura y de honor, al estadista generoso que dio alas al pensamiento y amplió los horizontes de nuestra economía nacional.

Para hablar de José Gerardo Barrios sin mancillar su nombre es preciso vestirse una coraza de valor; es necesario situarse en un plano de verdadera responsabilidad para seguir sus huellas; es urgente arrostrar el peligro en aras de la redención nacional.

Porque todos sabemos, que hoy más que en ningún tiempo, estamos pasando por un período de verdadera tiranía y corrupción social, en el que decir la verdad y defender la ley es un crimen que se paga con la cárcel y el destierro.

Estamos en un instante en que por fin se ha tenido que admitir la verdad de que altos funcionarios del Gobierno se han venido dedicando impunemente desde hace tiempo a envilecer al pueblo con drogas heroicas, recibiendo mientras tanto los ditirambos de los salvadoreños irresponsables, ignorantes y perversos, en tanto que al infeliz “chichero” lo traen amarrado desde su rancho a la ciudad.

Mientras algunos hombres del Gobierno se hartan de miles de pesos de ganancias, los infelices pagan multas o van a trabajos forzados. ¿Cuál es la diferencia? Es que los unos están en el Poder y han sido respaldados y protegidos por el Poder Ejecutivo hasta última hora y los otros son campesinos sin nombre.

En esta hora de prueba para la República de El Salvador, los puestos de Dirección de Bancos, Instituciones Armadas, de la Banda de los Supremos Poderes y de la Estación de Radio, están controlados por extranjeros: alemanes, italianos y españoles fascistas, que siempre ven primero los intereses de sus respectivos países.

La Prensa sufre una mordaza terrible y es por esto que no ha podido salir a luz pública toda la corrupción moral de que hoy podemos hacer gala. Esta corrupción es tal, que todo un señor Director General de Sanidad y Otros altos funcionarios que hasta hoy es prohibido nombrar, han traficado con morfina, cocaína y otros estupefacientes que precipitan a las mujeres por una pendiente sin nombre y a los hombres los convierten en guiñapos sin voluntad, sin dignidad y sin anhelos.

Hombres de El Salvador, yo como mujer salvadoreña, protesto con todas mis fuerzas de un Gobierno que en nombre del orden público ha venido callando las voces de los hombres honrados que saben estas cosas y otras de igual gravedad.

Salvadoreños todos: estáis en la obligación de saber que el Gobierno de una nación no está formado sólo de un Presidente, sino que gobierno es el conjunto de funcionarios al servicio del país entero. Si los contrabandistas trabajan desde hace cuatro años, ¿qué hacía entonces la Policía Nacional?

Han estado encarcelando a ciudadanos honrados y nobles como los Profesores Francisco de Alba, Víctor Gutiérrez, al Coronel José A. Marín. ciudadano defensor de la Constitución del ochenta y seis, a quien la Suprema Corte de justicia acaba de denegar el amparo solicitado, a quien ni siquiera se le ha admitido defensor en el juicio que se le sigue, a quien ningún miembro del ejército se ha atrevido a defender.

Para los que seguimos las huellas de los grandes hombres de la historia, no hay en el presente más que detenciones, destierros, cárcel y torturas, pero no importa . . .

En los anales de la Historia Patria están escritos los nombres de los mártires que sucumbieron a manos de la traición, de la tiranía y del miedo de los pueblos débiles. De esos anales gloriosos debemos tomar lección.

Salvadoreños responsables que me oís, tened presente que si hoy dejáis pisotear nuestros derechos de gente civilizada y calláis indefinidamente aun delante de las peores realidades, merecéis vuestro porvenir; y en ningún caso tendréis derecho a ordenarnos que cantemos himnos de glorificación a las víctimas del pasado.

A fe mía que si no seguimos con amor y con valor el sendero que dejaron señalado nuestros grandes hombres, ellos nos desconocerán desde su gloria inmarcesible, conquistada con sangre de sus venas y el filo de su espada.

Dije.

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