El retorno del conquistador

Hermann Bellinghausen
El retorno del conquistador

El verdadero imperio, el que verdaderamente ha
avanzado sobre nuestros territorios, culturas,
economía y seguridad nacional es Estados Unidos. Ese
es nuestro “conquistador” ahora, no la España
neoborbónica. Pero aún en ese contexto, y amparado en
la “libertad de mercado” (de ellos) que esclaviza a
productores y obreros (nuestros), se ha incrustado en
México un nuevo expansionismo español: económico,
comercial e ideológico (si “ideas” pueden ser llamadas
las doctrinas franquistas que recicla).

Hundida en el oscurantismo de la dictadura de
Francisco Franco, y tras la muerte del caudillo, el
hoy llamado Estado español “retornó” a Europa dejando
atrás la conseja gálica: “África comienza en los
Pirineos”. La Unión Europea se consolidó al “rescatar”
con inyecciones millonarias a las naciones
meridionales (Portugal, Grecia, Francia) del atraso
tercermundista y pintoresco en que se encontraban.

La transición española trajo en su morral un montón de
pendientes históricos graves, como la demanda de las
autonomía interiores de los pueblos ocupados por la
corona, antes de serlo América misma: negados,
prohibidos, “asimilados” (Cataluña, Euskadi, Galicia)
de pronto estaban allí, vivos, y recuperando sus
lenguas que el franquismo prohibiera. Obligaron al
Estado a reconocerlos, y hubieron de alcanzar un
acuerdo nacional, que con el País Vasco al menos ha
sido irresoluble para Madrid.

Pero, pragmático, el españolismo expansivo se unifica
hacia fuera y sus adalides abrevan en la fuente
falangista que uno creyó muerta con el vejete de
Ferrol. El franquismo volvió a gobernar allá, con el
Partido Popular, y los nuevos socialistas ya se
corrieron explícita y programáticamente al “centro”,
aunque llevaban décadas al servicio del capitalismo.

Ahora tenemos acá un gobierno federal polko por
convicción, criollista y empresarial, encantado con la
influenza española. Como que el régimen calderonista
se estrenó con el príncipe de Asturias y su corte de
hoteleros y banqueros frotándose las manos en cadena
nacional. Ya poseían de tiempo atrás una buena tajada
de nuestro sistema financiero, y otra no menos grande
en la industria turística de lujo que ha avanzado como
una viruela por las costas nacionales. Ahora progresan
sobre otras industrias, el agua, la energía, la
construcción, los servicios, los medios de
comunicación.

El reciente desfiguro del rey Juan Carlos fuera de sus
palacios de zarzuela y su séquito de domesticados
paparazzi, al pronunciar su inmortal “¿y por qué no te
callas?”, no eximió de la genuflexión a tantos, como
Carlos Fuentes, a quienes el sainete lo pescó con el
nuestro-rey en la boca. El incidente en Santiago de
Chile con el mandatario venezolano Hugo Chávez es
leído con libertad antimonárquica por Fermín Acerbal
en la revista madrileña Página Abierta (número 187,
diciembre de 2007):

“El feo incidente ha sacado a la luz un malestar que
se venía fraguando por la rapacidad de las
multinacionales españolas y una suma de torpezas
políticas donde sobreviven inercias del pasado.
América Latina está cambiando (…) La retórica del
caudillo bolivariano cala en los sectores humildes de
la población, y el petróleo venezolano conquista
voluntades. Los abrazos del rey en cambio ya no
encandilan y empiezan a ser percibidos como trozos de
espejo que sirvan a la metrópoli para hacer negocio.”

Esto, salvo algunos países, con México a la cabeza,
gobernados por fuerzas que se cuelgan de la sotana del
Papa y la macana de la tira. Ultraderecha católica
pues. Y así, el imperialismo español ha engendrado en
Los Pinos una figura inverosímil: el jefe de oficina
(al que muchos motejan de “vicepresidente” ) es un
empresario-polí tico al servicio de los negocios de su
gallega familia (primero) y de los inversionistas
ibéricos (inmediatamente después). Insospechado pupilo
del profesor Hank, Juan Camilo Mouriño inició su
exitosa y doble carrera en Campeche, donde se hizo
diputado del PAN y desarrolló con su padre una cadena
de gasolineras (Pemex, you know).

Hoy se expanden los Mouriño en gran turismo, energía
eólica, bienes raíces y a saber qué más. Con uno de
los suyos en el control room del poder político, con
acceso a la información privilegiada que cualquier
inversionista quisiera tener en el más guajiro de sus
sueños. No todos los Halliburton pueden invadir Irak.

Encandilados por un rey de hojalata que sólo los
españoles aguantan, y eso porque quieren, los
gobernantes mexicanos van constitucionalmente a misa y
montan suculentos negocios para el mini imperio
peninsular, felices de copelal con la madre patria.

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