El Salvador: los misterios de Zacatraz y Casa Presidencial

El Salvador: los misterios de Zacatraz y Casa Presidencial
Por Roberto Pineda 23 de marzo de 2012

Edgar Allan Poe estaría seguramente cautivado por el misterio que rodea a los personajes y situaciones alrededor de la reciente tregua entre pandillas salvadoreñas. En una situación extraordinaria, hemos presenciado esta semana la aparición en la palestra pública de altos dignatarios gubernamentales, lideres religiosos, jefes de pandillas y medios de comunicación, para negar o admitir la negociación entre el gobierno y las pandillas MS y 18.

Para algunos sectores hablar de negociación con las pandillas es todavía un sacrilegio inconcebible. Mientras para otros paree ser la tabla de salvación ante el fracaso evidente de las estrategias represivas y la necesidad de resolver o al menos mitigar el flagelo de la delincuencia originada desde las pandillas. Otros pretenden presentarse como el nuevo mesías.

Mientras la ciudadanía enfocaba su atención en los últimos movimientos de las fuerzas políticas de cara a las elecciones del 11 de marzo, poderosos personajes representando poderosos intereses, realizaban secretas acciones que iban a modificar la situación del país con respecto a la delincuencia, realizando el traslado hacia prisiones lite de 30 jefes de pandillas por “razones humanitarias”

A continuación hacemos un esfuerzo por aproximarnos a este fenómeno y comprender sus motivaciones, sus fuerzas ocultas y públicas, y su posible desenlace. Esta anunciada tregua entre pandillas salvadoreñas y el repentino descenso en la tasa de asesinatos ha venido a desplazar rápidamente las noticias vinculadas con las recientes elecciones legislativas y municipales.

¿Que ha pasado?

Cuando después de las elecciones del 11 de marzo, en las cuales la derecha logró importantes avances legislativos y municipales, circuló la noticia que los niveles de asesinatos en todo el país habían disminuido significativamente, pasando de la media de 14,13 a 4,5 por día, se abrieron muchas interrogantes. Estábamos dejando aceleradamente de ser el país más violento del mundo. Esto era extraordinario. Algún milagro tenía que haber sucedido. Pero nadie daba explicaciones. Todo era un misterio. El misterio de Zacatraz y de Casa Presidencial.

Luego un prestigioso periódico digital, El Faro, divulgó que este descenso en los asesinatos obedecía a un acuerdo entre las pandillas y el GOES, en el cual el Gobierno había accedido a trasladar a la cúpula de estas pandillas de la cárcel de máxima seguridad de Zacatecoluca, conocida como Zacatraz, hacia otros penales, a cambio de que se decretara un alto al fuego a partir del 11 de marzo, entre los alrededor de 100, 000 integrantes de estas agrupaciones.

A continuación, el flamante Ministro de Justicia y Seguridad Publica, General Munguía Payés, apareció negando categóricamente que existiera cualquier tipo de acuerdo entre su gobierno y las pandillas rivales MS y 18, y explicando que los traslados de cabecillas de estas pandillas, obedecían a razones humanitarias. Estas declaraciones hicieron surgir más dudas al respecto.

Al día siguiente, un obispo ultraconservador de apellido Colindres, apareció asegurando ser el padre de la criatura y explicando que obedecía a esfuerzos realizados por “razones humanitarias” y que el se había reunido con la dirección de las pandillas y había logrado esta feliz “conversión.” Y dio estas declaraciones acompañado nada más y nada menos que por el Nuncio Apostólico, que se encargó de bendecir este esfuerzo.

Posteriormente, un matutino de tendencia ultraderechista, en su tradicional estilo sensacionalista, divulgó sendas entrevistas con los líderes de las pandillas, en las cuales estos deslindaban de responsabilidad al gobierno y afirmaban que en este proceso únicamente había participado el obispo mencionado, junto con el ciudadano Raúl Mijango.

¿A quienes beneficia esta tregua de las pandillas?

Este controversial acuerdo entre pandillas beneficia principalmente a la ciudadanía que vive en lugares controlados por estas agrupaciones, que se encuentren en todo el país, y particularmente en los municipios que a partir del 1 de mayo perdió el FMLN y gobernará ARENA, ya que permite disminuir no solo el número de asesinatos sino el clima de zozobra e inseguridad en el que por años ha vivido la población.

En primer lugar beneficia a los sectores populares por lo que debe defenderse este proceso. El control territorial que ejercen las pandillas se convierte en Soyapango, Quezaltepeque, Apopa, Mejicanos, San Martín, etc., en una situación insoportable.

El Ministro Munguía Payes y su Gabinete de Seguridad parece ser que ha tenido la audacia de atreverse a caminar por sendas peligrosas. Se las esta jugando para cumplir el compromiso que adquirió al asumir el cargo de disminuir los índices de asesinatos. E indudablemente es una decisión que cuenta con el respaldo tanto del presidente Funes como del poderoso aliado estratégico que lo sostiene en el gobierno. Es un viraje en el enfoque hacia el combate a la delincuencia.

Llama mucho la atención la actitud cuidadosa de las cúpulas de la empresa privada y de los partidos políticos ante estos desarrollos, todo parece indicar que nadie quiere desentonar y prefieren recurrir a un compás de espera que permita contar con mayores elementos de juicio sobre el desenlace de esta singular coyuntura. Aquí el que pispilea pierde. Y nadie quiere perder. Así que consideran que lo más prudente es esperar.

Es muy significativo que este esfuerzo político del presidente Funes sea acompañado por los sectores más recalcitrantes de la derecha religiosa y mediática, quizás pensando en que los municipios ganados por ARENA van a poder exhibir mayores niveles de seguridad, lo cual podrá ser reivindicado en las próximas competencias electorales.

¿Cuál es el origen de esta negociación?

Ojala alguna vez sepamos que fue lo que realmente pasó. Una decisión de este tipo difícilmente se fraguó en el Vaticano, o en las oficinas de alguna ONG. Necesita repito contar con fuerzas que tengan la capacidad y voluntad de tomar decisiones nacionales. Estamos hablando sin duda alguna del gobierno nacional y con algún tipo de respaldo internacional. Hay una dirección del esfuerzo que se empeña en mantenerse oculta, quizás para no afrontar los costos de un posible fracaso. Y por otra parte, tratar desde la oscuridad de recoger los resultados del esfuerzo.

Lo demás, iglesia, medios electrónicos y escritos, ciudadanos interesados, pandillas, son parte del elenco de actores. Algunos muy importantes y quizás protagónicos, como los jefes de las pandillas, pero que no deciden el libreto. Este se escribe y se paga en otro lado.

¿Cuales son los límites?

Las pandillas juveniles y sus niveles de acción delincuencial representan uno de los más grandes desafíos sociales para cualquier gobierno y para la sociedad salvadoreña en su conjunto. Es un problema de largo plazo, y de naturaleza estructural ya que esta vinculado a la incapacidad del actual sistema capitalista que se basa en la búsqueda de la máxima ganancia, para responder a las necesidades de empleo, educación y seguridad de amplios sectores populares.

No obstante lo anterior, Lo logrado es un primer paso positivo. La guerra entre pandillas parece haberse detenido. Como seguir profundizando este proceso y lograr que se vaya profundizando y comprenda otras esferas como el de las extorsiones y el narcotráfico es un dilema, que debe ser resuelto con la participación de los diversos sectores sociales, incluyendo los pandilleros, en un dialogo abierto que nos permita buscar soluciones y lograr consensos.

¿Cuál será el desenlace?

Se pueden prever tres escenarios. El de la continuidad, el de la ruptura, y el de la precariedad. En el de la continuidad, el acuerdo de tregua se mantiene y se vuelve parte de la cotidianidad. La sociedad lo respalda ya que significa regresar a la normalidad de cualquier país. Pero para las pandillas no es fácil. El enfrentamiento entre ellos es un mecanismo que les ha permitido crecer y fortalecer su espíritu de cuerpo.

La desaparición del concepto del enemigo a derrotar no es sencilla. Les abre un peligroso vacío. No obstante esto, el hecho que la sociedad aplauda este esfuerzo gubernamental y vaya identificándose con sus logros será un fuerte estimulo para su éxito. Actualmente hay una actitud de expectativa que puede convertirse en actitud de apoyo.

El de la ruptura. El acuerdo de tregua se rompe a partir que los mandos operativos, reales, fuera de las prisiones, que necesitan sobrevivir y mantenerse activos, se nieguen a asumir estos acuerdos a partir que no han sido debidamente consultados y los boicoteen y la violencia resurja incluso magnificada. Este es un peligro real.

El de la precariedad. El cumplimiento del acuerdo de tregua se vea empañado periódicamente por periodos de crisis, que sean resueltos por el director del libreto y los principales actores con mayores readecuaciones. El movimiento popular debe pasar a jugar un papel para evitar que este proceso fracase.

En cualquiera de estos escenarios, lo importante es que se ha puesto de manifiesto que el dialogo es un mecanismo mucho más efectivo, exitoso, que las fracasadas soluciones de mayor represión practicadas por la derecha en sus veinte años de gobierno. La militarización del país no es la solución. El presidente Funes debería asumir públicamente este proceso que seguramente esta impulsando. Al menos explicar cual es su posición al respecto. –

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