El velorio del sastre del barrio

Un fuerte olor a incienso, a cera derretida y a azucenas salía de la pieza número trece del mesón de la Lala, tremendo quinto patio del barrio la Vega en San Salvador donde estaban velando a don Chano, el sastre del barrio. Los chambres de los vecinos decían que don Chano se había suicidado porque tenia un problema de geografía, ya no se le Paraguay el Chile , decían, y su mujer estaba todavía bien pollona y ya no la podía complacer. Además decían de que ella tenia un su chivito bien jovencito que le hacía las horas extras cuando el sastre salía a comprar las gabardinas y casimires al centro de la capital.

don Chano se dio cuenta de la traición de la pérfida mujer y decidió suicidarse para ponerle fin a su tragedia.
Así que se amarró un grueso mecate alrededor del pescuezo y se colgó del árbol más alto que encontró. Y como no quería que hubiera testigos ni se pronunciara palabra de su muerte, decidió colgarse de un palo mudo.

Aquiles Vaca Brones era su nombre, pero de cariño le decían don Chano. Era sastre de profesión y músico de afición. Yo lo conocí cuando me iva a graduar de bachiller. El fué el que me hizo mi traje de graduación.

Un traje a la medida color azul marino de tres piezas, pantalón acampanado (esa era la moda entonces), chaleco y saco traslapado. Don Chano era muy alegre y siempre tenía prendida la radio. Se la pasaba oyendo las “rancheras que dan cólera”, en La Sonora, la radio-novela “Lim Piaos Tutuy”, con Albertico Hernández, de la KL; y “Renzo el gitano”, en el Circuito YSR. Era también muy bromista. Cada vez que le preguntaba que como estaba, él me decía : “aquí nomás, haciéndome una chaqueta”. Y cuando le tomaba la medida del tiro, o bragueta, a algún cliente, les decía que les iva a poner “zipper” de pantalón de niño porque la tenían bien chiquita.

La noticia de su muerte me produjo mucha tristeza porque yo lo apreciaba mucho, pues, además de ser un excelente sastre, era una persona muy instruida e inteligente a pesar de solo haber hecho hasta el tercer grado. Me decía que “él sabía más con su tercer grado de los de antes, que los bachilleres pupú de hoy en día”; y tenía mucha razón. Su pasión era la música, especialmente la música clásica, los valses y la música de marimba. También tocaba un poco la guitarra. Cuando no estaba cosiendo con su vieja máquina “Singer”, se la pasaba charranganeando su requinto y cantando Amorcito Corazón, Cabaretera, La Barca, Siempre Sufriendo y otras. Tenía una vitrola, de las que había traído Cristóbal Colón, en el que ponía sus discos lonplei, los que conservaba en magnífico estado. Sus vecinos del mesón le gritaban: “bájele el volumen a esa mierda, viejo cerote” cuando él ponía la quinta sinfonía de Beethoven, o el Bolero de Ravel. Él, por joderlos, le dada más volumen y les contestaba: “Bola de pendejos ignorantes. Vayan a la nocturna para que se instruyan”.

Al nomás llegar al velorio me dirigí a verlo. Lo habían vestido muy elegantemente, y en su cara morena y redonda asomaba una amplia sonrisa de oreja a oreja. Parecía como que iva muy contento a alguna fiesta de etiqueta.

Le recé un par de Aves Marías y un Padre Nuestro y me fui a sentar en un rincón del viejo mesón para rememorar un poco los momentos que tuve la oportunidad de platicar con mi viejo sastre y amigo. Una señora me llevó un café sin azúcar en un huacal de morro, porque ya no había tazas limpias, y un tamalito de elote para aguantar la desvelada. Los parientes andaban haciendo la cabuda para pagar el entierro, porque don Aquiles no tenía dinero ahorrado. Su mujer había desaparecido. Quizás porque no quería que nadie le estuviera echando en cara sus aventuras amorosas. En la otra esquina estaban unos tipos jugando al 31 de a peso y se estaban chupando un pulmón de Muñeco. En el corredor del mesón estaban unas viejas beatas vestidas de negro rezando el rosario, y por la pila estaban sus maridos contando chistes de Pepito y viéndole las nalgas a todas las mujeres. Todo el mundo estaba hablando de todo, menos del muerto. Yo me puse a pensar lo triste que es que uno se muera, que lo vayan a velar por compromiso, y que ni siquiera se tomen la molestia de recordar los momentos gratos de cuando estuvo en vida el difunto.

Absorto estaba en mis pensamientos, cuando oigo un grito espeluznante de una de las mujeres que estaba en el velorio.
-¡AYYYYYYYYYY!!!!!!
Di un salto como de tres metros por el susto y le pregunté:
-Señora, ¿Qué le pasa?, ¿Por qué grita?
-¡El mumu, el mumu, mumu, er, er, er, tt, tt, tt,to. Sese, sese, se momo, momo, momo, movió!!
-¿Como dice que dijo? ¿Que don Chano se movió?
-¡Meme, meme, meme, me pepe, pepe, pepe, peló los ojj, ojj, ojjjotees de caca, caca, caca, cadáver!!
-¡No joda -le dije. No me esté asustando que tengo soplo en el corazón y me puedo pelar yo también de un infarto!
-¡Lele, lele, le didi, didigo queque, queque el mumu, mumuerto meme pepe, pepeló los ojos y la bobo, bobo, boboca!!
-¡Pupu, pupu, pupu, pupuputa! ¡Yo meme, meme voy a la mimi, mimi, mimi, mimierda!!
Y salió corriendo de la vieja habitación donde estaba el ataud de don Chano.
Los dolientes y demás amigos que estaban en el velorio se asustaron también, pero los tranquilicé diciéndoles que yo mismo iva a ir a ver si era cierto que el muerto se movía, como lo decía esta señora, pués soy experto en fenómenos parapsicológicos, metafísicos y extrasensoriales (no sé ni lo qué dije, pero sonó vergón).

Me acerqué al ataúd de don Chano con mucho miedo. Las patas me temblaban y sentí como que un chorro de líquido caliente me corría por el pantalón. Armándome de valor le pregunté al muerto:
-¿Muerto, estás muerto?
Y el muerto no me contestó. Quizás porque estaba muerto. Seguidamente abrí la caja y le tomé el pulso. Y nada.
Luego le hice cosquillas en el sobaco y en la planta de los piés. Y nada. Le jalé los pelos de la naríz, y nada, no se movía. Le puyé un ojo, y nada. Le puyé el otro, y nada, seguía sin moverse. Le iva a puyar otra cosa, pero los parientes no me dejaron. De repente oigo un ruido que provenía de su estómago. Más que ruido era como un gruñido, como un quejido. Les digo a las gentes que se callen para oir mejor. Le pongo la oreja en el estómago y oigo una voz que provenía de su barriga. Bastante asustado, pero tratando de averiguar que pasaba, me le acerco y les digo a los velones:
-¡Shhh, silencio! ¡Don Chano está hablando desde ultratumba por el sisiflite.
-¿No será que se está pedorreando?-Me dijo uno de los vecinos.
-¡No, le digo. Está tratando de hablar, y como está muerto está hablando por la boca de abajo, o sea por el ojal. Pero se le entiende perfectamente.
-¡Ufa. Quizás no lo prepararon bién antes de meterlo al cajón porque le jiede el culete!.
Le pregunto a la calavera del cadáver del muerto difunto que se petatió al fallecer por haber pelado gallo al estirar las patas y colgar los tenis: ¿Es usted, don Chano?
-Simón!!!-me dice entre pedo y pedo, con un sonido largo y grave.
-¿Está entre los vivos o está entre los del más allá?
-¡Estoy entre los más bruuuutos!
-¡Déjese de tirar indirectas y dígame si está muerto o vivo!
-¡Estoy petatiadoooo!!
-¿Y si está muerto por qué me está hablando?
-¡Es que traigo un mensajee del meroo meroo!!
-¿Un mensaje de Papá Chús?
-¡Simooon!
-¿Y que nos quiere decir nuestro padre celestial.? ¿Tal vez nos quiere dar un nuevo mandamiento?
¡Simooon!
-¿Y cual és?
-¡Déjen de chuupar y compren roopaaa!!
-¿Y Jesús le dió ese mensaje para nosotros?
-¿Cual Jesúus?
-¿Como que cual Jesús? Jesucristo, Papá Chús, el Colocho, el hijo de Diós. ¿No me dijo que traía un mensaje del mero mero?
-¡Te dije que traía un mensaje de Simoon. El meeero meero cantineroo de la cantinaa “El jueeelgo de Lucifeeer”, del baaarrio. Por aquí me lo encoontréé. Está pagando sus pecados por andar vendiendo alcohool adulteraadoo!
-¿Y está en el cielo o en el infierno?
-¡Estoy que me quemooo!
-¿O séa que está en el infierno?
-¡Noo. Estoy que me quemo, poorque me han puesto las candelas muy cerquit y me puedo chamuscaaaar!
-¿Y allí donde usted está hay muchos conocidos?
-¡Simooon. Poor aquí me encontre al Cheeeelee!
-¿Al hijueputa del chele Medrano?
-¡Noo. Al chelee Ávila, el compadre de Aniceeeeto. También anda poor aquí el mayoooor!
-¿El cerote del mayor D’Abuisson?
-¡Nooo. El mayoor de los hijos de mi compadre Leeeenchoo!
-¿O séa que donde usted está mandan a la gente que se portó mal en este mundo?
-¡Simoon!! ¡Aquí esta lleno de ladroooones, contrabandiiistas, narcotraficaaantes, corruuuptos, estafadooores. Igualitoo que en el gobieeernoo! ¡Hasta un cura me encontréééé!
-¿Un sacerdote?
-¡Noo. La doña Anita, Una cura…ndeeera. De esas farsaaantes que dicen que adivinan el futuuuroo!
-Hablando de futuro. ¿Puede usted ver el futuro?
-¡Clarín de guaaaardia!
-¿Y cual es el futuro de El Salvador?
-¡Seguireeemos bieeen!
-¿Bien?
-¡Bieen jodiiidos!
-¿Y quién será el futuro presidente de la Asamblea Legislativa?
-¡Eso soloo lo sabee el señoor!
-¿El señor Jesucristo?
-¡No. El señoor Kasaca!
-¿Y logrará la PNC capturar a los rateros, estafadores, ladrones y los secuestradores?
-¡No, porquee son los mismos arenistas y policías y se joderá el mismo gobieeerno!!
-¿Los policías y los areneros son los mismos delincuentes?
-¡Que siiiii, te hago un dibujiiitoooo ?!
-Oiga, ¿me está tomando el pelo o me ha visto la cara de baboso?
-¡Las dos coosas!
-Oígame don Aquiles, yo lo estimaba mucho cuando estaba vivo, pero hoy que se lo llevó La Parca, ha cambiado completamente. Yo pensé que éramos amigos. Mejor ya no le pregunto nada
-¡Dejátee de preeguntaaar pendejaaadas que no tengo una eternidaad para hablarte. Solo me dieron permiso por unos minuutoos!
-Entonces Don Chano, dígame ¿Porqué se mató?
-¿Y quién te dijo que yoo me matéééé?
-Pués aquí los vecinos me dijeron que se había suicidado porque se encontró a Remigio, el hijo de Don Nemesio, el dueño de la carpintería “El palo mazo”; que tenía bién atrincuñada a su mujer allá detrás de los lavaderos.
-¡No les creáas a esas viejas chismosas. Se la pasan todo el día tijereando a todos los veciiiinos!
-¿Y entonces porqué se suicidó?
-¡Es que ya nadie me daba trabaaaajoo. Antes todo el mundo mandaaaaaba a hacerse su ropiiiiiita.
Pero ahora la gente compra ropa uuusadaaaaa que mandaan de los Yunaaaais.

Yo fui sastre de los Guirola, de los Melendez y de los Reegalado. Peeroo regaalaadoo yaa murióó. Maalaa pagaa lo maatóó. Ademas ya no me alcanza el pistoooo ni para los frijoooolees. Con eso que le han zampaaaadoo el IVA a la comidaaaaa , estan matando a la gente de haaambreeeee. Y es meejoor eestaar muueertoo!
-¿Y allí donde usted está no se come? –y con una voz mas de ultratumba me respondio :
-¡Aquíí se comee la coomiidaa biéén caaliieentitaa! Pero la coomiidaa eesta chaamuuscaadaa poorquee aquí haacee muuchoo caaloor. Y haay quee haaceer unaas graandees coolas, peoores que cuaandoo le toca a uunoo ir a vootaar; poorquee aquíí estaa todaa la majadaa! ¡Parecee que fueran las colaas para pasaar consuultaa en el Seguroo Sociaal!

En eso se apareció doña Tenchita, la mujer de don Chano con una pacha de aguardiente trasegado; de esas que matan a los borrachines por ser de alcohol metílico, y se la pasó por la nariz a don Chano. Enseguida Don Aquiles empezó a mover los dedos de las manos, a mover las patas, abrió los ojos y le volvió el color a sus mejillas.Y le dijo a su mujer: ¡Hola vieja. Ya veniste con mi encargo!
Todo mundo empezó a persignarse y a decir: ¡Milagro, milagro! ¡Resucitó el muerto! Y ella dice:
-¡Qué milagro ni qué ocho cuartos!¡Este viejo chichipate, después de una zumba de cinco días, le da por hablar pendejadas y solo con zangolote resucita! ¡La última vez lo fuí a sacar de la morgue, ya se lo llevaban para la Bermeja!
Y se lo llevó del velorio entre la mirada atónita de todos los presentes que hubiéramos jurado que habíamos hablado con un muerto.

Y se acabuche, cara de cuche

reyzope

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