Es linda la solidaridad de los trabajadores…Entrevista con Tula Alvarenga (II)

SAN SALVADOR, 24 de marzo de 2009(SIEP) Nos encontramos esta tarde a la Tía Tula con su eterna sonrisa, recién concluía un acto en homenaje a ella y a su esposo Salvador Cayetano Carpio ( Marcial) a la entrada de la facultad de Ciencias y Humanidades de la UES. En el acto, organizado por el SETUES, se develó un monumento al Trabajador Universitario.

En abril de 1984, su esposo, el Comandante Marcial, primer responsable de las FPL, fue acusado de asesinar a la Comandante Melida Anaya Montes. Frente a esta acusación, Marcial decidió suicidarse.
Conversamos con Tulita, de 87 años, legendaria organizadora sindical, militante comunista, torturada y encarcelada por la dictadura militar, exilada, maltratada por sus mismos compañeros, y siempre sonriente, con la esperanza de un futuro socialista para nuestra Patria.

Nos dice que “la muerte de Salvador no fue un acto de cobardía, fue un acto de dignidad. Salvador era una persona con alto sentido de la dignidad… Han pasado veinticinco años y todavía me duele mucho lo que pasó, su ausencia física, las acusaciones…él murió siendo consecuente con el lema de su organización: revolución o muerte. Y como no hubo revolución, hubo muerte…”

“El tenía mucha fe en la fuerza organizada del pueblo salvadoreño y confianza, seguridad en que íbamos a conquistar la victoria. Estaba seguro que este pueblo iba a alcanzar la liberación…y marchar al socialismo.”

Mire todo lo que hemos vivido, hemos visto la solidaridad, el sacrificio de este pueblo para librarse de sus ataduras, la lucha día a día, porque antes no había proyectos que buscar sino los mismos sindicatos hacíamos actividades para recaudar fondos. No había ONGs, no dependíamos del exterior…

La represión del 52…

Llegamos 14 al cuartel de la Policía y quedaron 4. Quedaron José Inocente Guerrero, Antonio Díaz, Miguel Ángel Cea y Salvador Cayetano Carpio. A los demás a los quince días nos mandan a sacar, que salgamos con nuestras cosas, nos meten en un vehículo, y nos llevan a una pista de vuelo, nos meten en un avión…le pregunto a Julita: ¿Dónde nos llevan? No sabemos donde vamos, como a la media hora aterrizamos, todo estaba oscuro, en una sala había muchos soldados apuntándonos, no eran salvadoreños, ¿Dónde estamos? Se ven los soldados feos y fusilones… Julita Mojica, sobreviviente, heroína del 32 ya esta mayor tiene como 50 años, yo estaba joven…estábamos en Honduras, nos trasladan a un pueblito, a Santa Rosa de Copan. Nos preguntan los soldados si tenemos dinero. Nos permiten ir a comer de dos en dos. La gente se solidariza…Nos preguntan los soldados si tenemos dinero para bestias. Reunimos lo que andábamos. Yo en mi vida me había subido a caballo, agarramos camino pero de nuevo no sabemos para donde vamos…el camino esta lleno de pinares y sopla el viento frío ¿Dónde nos llevan? Pensamos en nuestros adentros. ¿Irán a matarnos? ¿Y nuestros compañeros? ¿Y la patria golpeada por la represión? Luego de caminar un trecho inicia la fanfarria, empezamos a bautizar a nuestras bestias, una se llamaba Coralia, el nombre de la esposa de Osorio y así fuimos nombrando a las demás bestias…Al final nos enteramos que habíamos llegado a la frontera con Guatemala. Y divisamos rostros que nos esperaban ansiosos.¿quienes podrían ser? Pasamos la frontera, estamos en Guatemala y nos recibe alguna gente que nos dice: Ustedes están en su casa…son representantes del Gobierno de Guatemala, del Gobierno de Jacobo Arbenz, nos tratan muy bien y nos conducen a la ciudad de Guatemala…nos reciben los sindicatos, estamos a salvo, estábamos entre camaradas…

Nos encontramos en México con Salvador

Dos años después, viene el golpe de estado, la intervención contra Arbenz, y me veo obligada a asilarme en la Embajada de Argentina, allí estaba muy triste, Salvador seguía preso en El Salvador, porque aunque los 4 mencionados a los cuatro meses se lograron fugar, a él lo capturaron seis meses después…logramos mantener contacto y acordamos que al salir se iba ir a asilar en la Embajada de Guatemala…en la cárcel Salvador se fue a la huelga de hambre, a los primeros días llego el Coronel Medrano a decirle que comiera, porque sino lo iban a condenar. La respuesta de Salvador fue ¡pues no! Mi única condición para comer es que me pasen a la orden del juez. Y lo logra. Lo pasan a la orden del juez, la acusación era tener una libreta con consignas de un Congreso por la Paz organizado por comunistas. Al salir se asila como convenimos en la Embajada de Guatemala. Y de allí salió para México…En la Embajada de Argentina conseguí un salvoconducto para irme para México. En la ciudad de México nos encontramos, fue un momento de gran felicidad, la vida nos unía de nuevo para seguir luchando por nuestro pueblo, por la clase obrera, por el socialismo y el comunismo. El Partido entonces decidió enviarnos a los dos a la Unión Soviética para que pudiera recuperarse…estuvimos allá cuatro años de 54 al 57…fuimos al Caucaso.

Me acuerdo mucho del cariño, de la fraternidad y solidaridad del pueblo soviético. Fueron muy amables con nosotros…Todas las mañanas nos despertaban con un pan especial…pan francés especial. Salvador era muy bueno, tenía facilidad con los idiomas y los exámenes en la Escuela de Cuadros los tomaba en ruso, solo un año pasó con traductor…aprendimos el Himno de la Unión Soviética… ( y lo canta) así como otras canciones como Bandera Rossa. Conocimos la patria del socialismo…

A Salvador le gustaba mucho la música, los boleros, los tangos, Carlos Gardel…le gustaba mucho leer, cantaba no tan mal, y era bueno para contar chistes como buen panadero que son especialistas porque las noches son largas en las panaderías…la gente lo quería mucho, viera como lo respetaban…sabía hacer para los niños de los panaderos un ratón de un pañuelo, con sus orejitas…todo divertido.

Enterramos a Fidelina Raymundo Asturio, revolucionaria, sindicalista, panificadora, comunista…me encomendaron la tarea de decir las palabras finales…

En el esfuerzo del CROS tratamos también de organizar a los desocupados para que exigieran empleo, y también alas trabajadoras domésticas…

Me da tristeza recordar que el Dr. Julio Fausto Fernández, que había sido secretario general del Partido, cuando estábamos presos él era el presidente de la Corte Suprema de Justicia…y desde allí avisaban ala policía cuando nuestros familiares presentaban recuso de exhibición personal, para que nos trasladaran a otras cárceles, para que nos escondieran. Alegaban que no estábamos presos. Lo que estábamos era secuestrados por un régimen represivo. En la cárcel los ladroncitos nos ayudaban a comunicarnos…Tuvieron a Salvador en san Miguel y él mandaba mensajes a la familia. En ambulancias nos andaban y al pasar el peligro nos regresaba a las cárcel…Todo cambió cuando el Profesor Celestino Castro escapó. Entonces dijeron: este Profesor va ir a hacer la regazón afuera y efectivamente así lo hizo…Y entonces fue que nos sacaron, primero a Nacaome, luego a Amapala , nos sacaron por la huida del Profesor Celestino Castro, camarada del Partido Comunista…

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