Fin a la impunidad

31 de Agosto de 2004. Hace casi veinticinco aos el Arzobispo Oscar Romero,
quien se gano un lugar en la historia por su defensa de los pobres, fue
asesinado mientras celebraba misa en la capital de El Salvador. En la muerte
igual que en vida, el "Mrtir de las Amricas" fue un hroe en la defensa de los
derechos humanos.

Nunca se proces a los responsables del asesinato de Monseor Romero. El miedo y
el silencio han reinado en este caso paradigmtico de impunidad, convirtindose
en expresin de incontables vctimas de la violencia estatal en las Amricas.
Pasan los aos pero estas atrocidades an sin resolver, piden justicia a gritos.

Hoy hay una nueva esperanza para las vctimas de El Salvador ya que se inicia el
juicio contra un presunto cmplice del asesinato de Monseor Romero en una
demanda que sienta un precedente histrico. La jurisdiccin no la tiene un
tribunal salvadoreo, sino una corte federal en Fresno, California, donde un
residente de los EEUU de muchos aos, Alvaro Saravia, se enfrentar al cargo de
haber seguido las rdenes para matar a Monseor Romero. Saravia, un socio
cercano al lder derechista Roberto DAubuisson consigui, presuntamente, el
arma para el asesino, arregl el traslado del asesino a la capilla donde se
llev a cabo el hecho y, posteriormente, le pag por sus servicios. Este caso
civil, presentado en nombre de un familiar de Oscar Romero por la organizacin
de derechos humanos Center for Justice & Accountability (Centro de Justicia y
Responsabilidad), busca reparacin por el asesinato extrajudicial y crmenes de
lesa humanidad.

El caso ser seguido de cerca en Centroamrica, donde nuevas, y todava frgiles
democracias sufren los efectos postergados de la impunidad en tiempos de guerra.
El no llevar a los violadores de los derechos humanos ante la justicia engendra
ms violencia, como lo demuestra de manera dramtica el asesinato de Monseor
Romero y mas recientemente el asesinato de Monseor Juan Gerardi en mi pas
Guatemala. Su asesinato puso al descubierto la total impunidad de las fuerzas
armadas salvadoreas y los grupos paramilitares y precipit al pas a una brutal
guerra civil que dur doce aos y dej ms de 75,000 muertos.

La preocupante espiral de la impunidad contina an despus del fin del
conflicto armado. Pases que salen de la guerra deben reconciliar las dos
necesidades, la de consolidar la estabilidad del pas y la de hacer prevalecer
la justicia, un dilema fcilmente saboteado por aquellos grupos empecinados en
proteger sus propios intereses. En El Salvador, una ley de amnista hizo
legalmente irrelevante los resultados de las investigaciones de la Comisin de
la Verdad de Naciones Unidas que se hicieron pblicos en 1993. Esta comisin
declar que el ya fallecido Roberto DAbuissn y lvaro Saravia fueron los
responsables del asesinato de Monseor Romero, pero ambos fueron intocables
frente a esa acusacin en su propio pas.

Cuando los familiares de las vctimas se encuentran sin recursos legales en sus
pases, deben buscar la justicia donde pueden. Sin la opcin de un juicio en El
Salvador, lo ideal hubiera sido que Saravia pudiera ser llevado ante la Corte
Penal Internacional, universalmente reconocida y respetada. En lugar de esto, la
justicia va a ser posible porque Alvaro Saravia es residente legal en Estados
Unidos. Mediante la Ley Federal de Demandas Civiles para Extranjeros de 1789,
Estados Unidos proporcionan una oportunidad nica para ciudadanos extranjeros
para demandar a individuos que normalmente residen en el pas. Afortunadamente,
la Corte Suprema de Estados Unidos recientemente ha ratificado la aplicabilidad
de dicha Ley en casos de derechos humanos, a pesar del punto de vista de la
Administracin Bush de que dicho uso debera ser estrictamente restringido.

Esta demanda, en cuanto que ejercicio inspirador de la democracia
Estadounidense, tambin levanta preguntas perturbadoras sobre la poltica de los
EEUU hacia los violadores de derechos humanos. Cmo es posible que lvaro
Saravia pudiera venir a vivir a EEUU despus de aquel hecho? Documentos
clasificados, ahora accesibles al pblico, del Departamento de Estado y la CIA
ponen en evidencia que autoridades norteamericanas tuvieron conocimiento del
involucramiento de Saravia en el asesinato de Monseor Romero, desde Mayo de
1980. Sin embargo, los fiscales nunca mostraron inters en procesar el caso, a
pesar de tener pruebas convincentes en los archivos de los mismos EEUU y
reportes de varias investigaciones independientes sobre derechos humanos. Si
Estados Unidos quiere hablar de justicia en el mundo, no puede ser cmplice y
servir como refugio de asesinos y criminales de guerra.

Este juicio tambin constituye una oportunidad de examinar, aunque
indirectamente, la responsabilidad del gobierno salvadoreo y de su aliado ms
cercano, Estados Unidos, en los acontecimientos que llevaron a la muerte a Oscar
Romero y a decenas de miles de vctimas civiles a quienes l representa. El
Arzobispo Romero habl en contra de las dinmicas geopolticas que aumentaban el
sufrimiento de su pueblo. Apenas un mes antes de su muerte, mand una carta al
Presidente Carter rogndole que cesaran los envos de armas a El Salvador, ya
que tales armas solo servan para reprimir a la poblacin civil.

Es a la vez irnico y redentor que el primer juicio por este asesinato tenga
lugar en una corte de EEUU. Esperemos que finalmente se haga justicia en el caso
de Oscar Romero, y que ello inspire a los gobiernos de Estados Unidos, El
Salvador y de otras naciones para procesar a los muchos violadores de derechos
humanos que viven tranquilamente, disfrutando de los beneficios de la impunidad.
Esa sera una hermosa manera de honrar la memoria de mrtires como los obispos
Romero y Gerardi.

Rigoberta Mench Tum es activista en derechos humanos con sede en Guatemala. Le
fue otorgado el Premio Nbel de la Paz en 1992.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>