I Foro Mesoamericano de las Iglesias San salvador

13 y 14 de julio de 2004
Introduccin

Convocada por la Comunidad Cristiana Mesoamrica, el Consejo Nacional de Iglesias de El Salvador y las Comunidades de Fe y Vida, reunidos en la Universidad Luterana Salvadorea, y en el marco de la realizacin en esta ciudad del V Foro Mesoamericano de los Pueblos, iglesias, organizaciones cristianas y personas de filiacin bautista, luterana, reformada, episcopal y catlica romana, nos hemos encontrado para celebrar nuestra fe en Jesucristo y reflexionar unidos desde el Evangelio, sobre la realidad que nos interpela como seguidores del Dios trino.

Animados del deseo de ser luz en las tinieblas que inundan nuestro mundo globalizado, compartimos con nuestros hermanos y hermanas del camino, las siguientes reflexiones sobre los tratados comerciales, el acompaamiento de las iglesias, la tica cristina y la teologa de la vida.

Nuestra Visin sobre los tratados de libre comercio

Como iglesias reconocemos con humildad que sabemos muy poco sobre los procesos de discusin y aprobacin de tratados comerciales, los cuales afectan directamente la vida de nuestros pueblos y comunidades. Por lo que nos corresponde averiguar ms e informar a nuestras congregaciones, comunidades y sociedad as como tener y divulgar posicin, organizarnos y movilizarnos para enfrentar esta amenaza al pueblo de Dios.

En nuestras comunidades muchos no saben, incluso muchos piensan influidos por la propaganda, que los tratados comerciales como el CAFTA, PPP y ALCA nos van a beneficiar cuando en realidad nos van a perjudicar. Los tratados comerciales van a reducir nuestra capacidad adquisitiva, van a generalizar en la poblacin el pago de un salario mnimo y en el rea rural, sabemos que los campesinos no van a tener a capacidad para competir con las agroindustrias de los pases desarrollados y van a terminar siendo despojados de sus tierras as como se va a destruir nuestro medio ambiente. Y no vamos a tener la capacidad de producir lo que consumimos.

Los tratados comerciales no nos permiten desarrollarnos como personas porque afectan nuestra identidad cultural. Promueven una visin individualista del slvese quien pueda as como la valoracin de las personas por lo que tienen, como objetos desechables y no por lo que son, cuando sabemos que hemos sido creados y creadas a imagen y semejanza de Dios. Afirmamos con temor y temblor que los TLC nicamente benefician a minoras locales y a las grandes corporaciones de los Estados Unidos.

Nuestra visin sobre el compromiso de las iglesias con las luchas de nuestros pueblos

Nos corresponde como iglesias trabajar en los aspectos negativos que en nuestra historia comn nos han daado como son los dogmas, el protagonismo y el proselitismo religioso. Debemos de partir de un compromiso evanglico que nos unifique y nos permita mantener esfuerzos y espacios de reflexin bblico teolgica de la realidad, as como el acompaamiento pastoral a las expresiones del pueblo que luchan a favor de los pobres y del reino de Dios.

Debemos revisar nuestro caminar juntos, nuestra historia como iglesias, para poder identificar las debilidades que nos impiden fortalecer nuestros proyectos de vida. Crear una estrategia que permita el trabajo conjunto y fortalezca nuestras expresiones ecumnicas, para transformar nuestra sociedad. Debemos de hacer una relectura bblica que nos permita analizar nuestra realidad y descubrir las causas, la raz del sufrimiento de nuestro pueblo.

Asumimos el desafo de unir a nuestras iglesias y educarlas sobre los peligros de los proyectos neo-liberales; as como la tarea de despertar a nuestro pueblo y animarlo a la lucha. Debemos de acompaar las iniciativas que denuncien los proyectos de muerte y anuncien alternativas de vida para nuestra gente, que celebren su unidad y diversidad. Debemos de acompaar a nuestras comunidades en sus luchas por la justicia y no limitarnos a las prcticas religiosas. Hay que acercarnos a la gente, a su fe, a su sufrimiento y a su esperanza.

Nuestra tica cristiana frente al modelo neoliberal

Como iglesias que reconocen a Jesucristo como su Seor y Salvador damos testimonio, que frente a la globalizacin neo-liberal que se nos impone, manifestamos la solidaridad de los pueblos y las iglesias, la organizacin y la educacin popular, el amor y la comprensin, la proclamacin de la verdad, el anlisis de la realidad desde la ptica bblica.

Nos pronunciamos por un liderato cristiano comprometido con los valores del Reino; que promueva la oracin y la accin, que fomente la capacidad crtica frente al discurso nico de la globalizacin y rechace la cultura deshumanizante del consumismo y la guerra; que denuncie como pecado la resignacin frente a la opresin y la injusticia, que trabaje con los sectores victimizados.

Nuestras iglesias deben desde sus plpitos y acciones denunciar la injusticia que nos rodea como lo hizo Jess de Nazaret, cuestionar la actitud encubridora y cmplice de algunas iglesias y pastores con el pecado de la opresin. Estudiar con responsabilidad la Biblia porque un texto bblico, sacado de contexto es un pretexto para apoyar a los poderosos.

Nuestra visin sobre la Teologa de la Vida

Como iglesias que acompaan a nuestros pueblos mesoamericanos en sus luchas por la vida, asumimos nuestra responsabilidad proftica de anunciar y denunciar. Anunciamos la vida, la vida abundante (Juan 10:10)en comunidad con una misma fe y una misma esperanza. Esa es nuestra respuesta ante la globalizacin neo-liberal.

Somos un solo pueblo mesoamericano agobiado por la pobreza econmica, pero con mucha riqueza de fe y esperanza, con mucha conviccin colectiva de lucha. Como iglesias debemos de dar testimonio de unidad que nos permita avanzar como sectores populares hacia la liberacin, y para lograr esto debemos de vencer el miedo a los poderosos y a sus mltiples recursos. As lo hizo Jess de Nazaret.

Somos iglesias y pueblos en resistencia, por lo que debemos de divulgar el mensaje liberador del Evangelio, rescatar un movimiento ecumnico que tenga presencia nacional, ir a la gente y escucharla en sus problemas y soluciones, en su testimonio y compromiso liberador.

San Salvador, El Salvador, 14 de julio de 2004

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