José Matías Delgado, luchador antiimperialista

El sacerdote José Matías Delgado (1767-1832) es la figura más destacada del combativo movimiento independentista que se enfrentó a la Corona española de Fernando VII, a las pretensiones imperialistas del Emperador mexicano Agustín de Iturbide e incluso a la prepotencia del papa León XII. Fue un ardiente patriota, organizador, agitador, educador, organizador, conspirador, diplomático, ideólogo, teórico y conductor político y militar de las primeras décadas del siglo XIX.

En mi opinión, y finalizando ya esta primera década del siglo XXI, José Matías Delgado, junto con Anastasio Aquino, Francisco Morazán y Gerardo Barrios son los más sobresalientes lideres populares del siglo XIX. Y del siglo XX lo son Agustín Farabundo Martí, Prudencia Ayala, Fabio Castillo Figueroa, Schafik Jorge Handal y Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Los primeros liberales, a excepción de Aquino, y los segundos marxistas, a excepción de Ayala y Romero. Las luchas anteriores de nuestros indígenas contra los olmecas, lencas, mayas y aztecas, quedan ocultas por la niebla de la historia. Y las del futuro están por escribirse…

Es de estos personajes históricos, y de las masas populares que los nutrieron, formaron y empujaron, de donde surgen las raíces de nuestra lucha, de nuestra rebeldía y antiimperialismo. El antiimperialismo ha sido el rasgo fundamental que a lo largo de nuestra historia, ha colocado los cimientos de nuestra identidad nacional. Somos la rebeldía de Aquino y la dignidad de Monseñor Romero. El antiimperialismo fue, es y será la clave de nuestra nacionalidad.

En el caso de José Matías Delgado debemos proceder a una minuciosa y objetiva labor de rescate histórico, hay que arrebatárselo a la oligarquía y reivindicar desde los sectores populares su recia figura antiimperialista, porque él fue el símbolo inicial de nuestra lucha desde los oprimidos contra los imperios, derrotó tanto a los españoles como a los mexicanos. Por muchos años la derecha se lo ha apropiado y la izquierda no ha tenido la madurez para asumirlo como figura.

Y es que José Matías Delgado procedía de los sectores terratenientes. Pero su origen de clase era diferente a su posición de clase. Toda su vida la dedicó a luchar por las ideas que ganaron desde muy joven su corazón y su mente: las ideas de la independencia y de la justicia social. Debemos rescatar la herencia teórica y las tradiciones revolucionarias de esta primera generación de salvadoreños y salvadoreñas.

Hay dos historiadores de izquierda que se han referido de manera crítica a la conducta política de los criollos independentistas, entre estos Delgado. El primero, Roque Dalton, que en su obra El Salvador (Monografía) cita un extenso análisis histórico del Partido Comunista de El Salvador, aparecido en diciembre de 1962 en su órgano La Verdad, que plantea en relación a la lucha contra Iturbide que “son estas jornadas en realidad, las que justifican en más alto grado, el puesto que ocupan en nuestra historia como padres de la Patria y son ellas las que inclinan a su favor el balance objetivo que estamos obligados a hacer los revolucionarios de la actuación de cada uno de ellos.”

Por su parte, Alejandro Dagoberto Marroquín, en su obra clásica Análisis sociológico de la independencia salvadoreña, sostiene que “la circunstancia de que en esta provincia fueran los criollos, en su mayoría grandes propietarios añileros y de ser además, el añil el articulo fundamental de exportación, hizo que fuera San Salvador el núcleo central del descontento de la lucha contra las metrópolis, por ser allí, precisamente, con mas agudeza se sentían los nocivos efectos de la equivocada política económica de España.”

“A nivel interno, se había creado un sector criollo que, al controlar una buena parte del poder económico pugnaba por apoderarse del poder político para poner la maquinaria estatal colonial al servicio de sus intereses de clase. Esta burguesía incipiente logro el respaldo de las clases y sectores oprimidos de ese tiempo: integrados por indígenas, comuneros, esclavos, campesinos siervos y mestizos ejidatarios, y de los trabajadores semi-libres que trabajaban en las plantaciones añileras, los que constituyen el antecedente histórico del proletariado salvadoreño” argumenta por su parte Roberto Pineda.

El 5 de noviembre de 1811 Delgado encabezó la revuelta popular con toques insurreccionales que inició con el toque a rebato de las campanas de la Iglesia La Merced. Estuvo acompañado de un grupo de patriotas que desafiaron el orden colonial establecido y proclamaron la independencia. Acompañaron al San Salvador insurrecto las poblaciones de Metapan, Zacatecoluca, Usulután y Chalatenango. Fueron derrotados y muchos de ellos encarcelados y exilados.

No obstante esto, en 1812 se dedican a redactar las instrucciones para los patriotas que fueran electos a la Diputación Provincial, y él es electo en 1813 lo que le obliga a marchar a la ciudad de Guatemala. Esta situación hace que no participe directamente en el movimiento insurreccional de enero de 1814. En esa ocasión el acta de independencia de los insurgentes fue quemada por los colonialistas en la Plaza Mayor.

En 1820 es de nuevo electo como diputado provincial, lo que le permite participar en las deliberaciones y enfrentar las maniobras dilatorias de José Cecilio del Valle, y al final concluir el 15 de septiembre con la firma negociada del Acta de Independencia, lo que permitió que los funcionarios españoles siguieran gobernando.

La noticia de la independencia se conoció en San Salvador hasta el 21 de septiembre y fue recibido con mucha alegría. Delgado regresa a la capital salvadoreña y asume la jefatura política de esta provincia el 28 de noviembre de 1821. Y el primer desafío que enfrenta es encabezar la resistencia popular contra las pretensiones imperialistas del Brigadier Agustín de Iturbide que confiaba en anexar la provincia al Primer Imperio Mexicano.

Y nos invadieron, penetraron desde Guatemala. Delgado además de preparar la defensa popular hábilmente solicito una tregua al Brigadier Vicente Filisola para ganar tiempo así como envió una misión a Washington, para solicitar la anexión a Estados Unidos. Esta resistencia duró de diciembre de 1821 hasta febrero de 1823. Al final los invasores fueron derrotados.

El 3 de marzo de 1822 se libra en los Llanos del Espino, en Ahuachapán, la primera batalla victoriosa en defensa de nuestra primera independencia, conducida por el Coronel Manuel José Arce, recién nombrado jefe del Ejercito Nacional. Un siglo después, en diciembre de 1944, en el mismo lugar se libraría una heroica gesta de la juventud salvadoreña contra las dictaduras militares.

Ese mismo año de 1823 Delgado, con la autoridad política alcanzada por resistir a Iturbide, preside en su calidad de delegado salvadoreño, a partir del 24 de junio, las sesiones de los 41 representantes del Congreso Constituyente de las Provincias Unidas de Centro América.

Uno de los primeros decretos impulsados por Delgado de este congreso fue el de abolir los tratamientos serviles de Majestad, Alteza, Excelencia, señoría, y la distinción del DON (de origen noble) y utilizar por todos el titulo de ciudadano.

El año siguiente 1824, realiza una colecta popular con la que compra en Guatemala la primera imprenta y el 31 de julio aparece el primer periódico salvadoreño, Semanario Político Mercantil, con una clara línea antiimperialista y liberal, desde donde se desarrollaron importante polémicas contra la ideología colonial y conservadora.

Una de estas polémicas fue la que desarrolló contra el arzobispo Casaus y Torres, de Guatemala e incluso contra el mismo Papa, dado que los sectores populares y liberales acordaron nombrarle el 5 de mayo de 1824 como Obispo y esto desató la furia de los conservadores. Delgado se mantuvo firme hasta que abdicó en 1829, luego de las amenazas “condenatorias” del mismo Vaticano.

Murió el 12 de noviembre de1832, meses antes de la rebelión de Anastasio Aquino. Su entierro que partió de la Plaza Mayor (hoy Libertad) fue una gigantesca manifestación popular en agradecimiento al luchador y patriota, similar a la de Monseñor Romero y de Schafik. Sus restos se encuentran sepultados en la Iglesia del Rosario.

Bibliografía

Bustamante, Gregorio. Historia Militar de El Salvador (1825-1935). SS. 1935

Dalton, Roque. El Salvador (Monografía) SS. Editorial Universitaria 1979

González, Darío. Compendio de geografía de Centro América. SS. 1888

Larde y Arthes, Enrique. Historia de Centro América. SS. 1930

López Vallecillos, Ítalo. El periodismo en El Salvador. SS. UCA Editores1987

Marroquín, Alejandro Dagoberto. Análisis sociológico de la independencia salvadoreña. SS. Editorial Universitaria 1964

Ministerio de Educación. Historia de El Salvador. SS. 1994

Pineda, Roberto. 1821-1987: 166 años de esfuerzos heroicos del pueblo salvadoreños por conquistar la independencia y la paz Sría. de Comunicaciones UES 1987

Pineda, Roberto. 460 años de lucha revolucionaria del pueblo salvadoreño hasta la victoria Revista 32 de NOTISAL. Junio de 1984

Rodríguez Ruiz, Napoleón. Historia de las instituciones jurídicas salvadoreñas. SS. Editorial Universitaria. 1959

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