La administración Funes y los desafíos de una política exterior independiente

El 1 de junio de 2009 asumió la presidencia salvadoreña un nuevo gobierno de centro-izquierda dirigido por Mauricio Funes y el FMLN, que tuvo como lema de campaña “el cambio.” Han pasado casi dos años de su gestión y resulta importante evaluar si los postulados de una política exterior independiente han avanzado o lograron predominar los intereses vinculados a la continuidad de la dependencia. Para lograr una aproximación inicial a esta temática, la dividiremos en tres partes: antecedentes, situación actual y escenarios de futuro.

Antecedentes

Durante veinte largos años (1989-2009) las distintas administraciones del partido ARENA heredaron y construyeron una política exterior basada en dos pilares estratégicos: el anticomunismo y el alineamiento con los Estados Unidos.

A partir de esta visión, estos gobiernos de derecha impusieron el TLC, permitieron la instalación de al Base Aérea de Comalapa y de la ILEA, dolarizaron la economía, se negaron a establecer relaciones con Cuba Socialista y la Republica Popular China, e incluso enviaron tropas para apoyar la ocupación de Irak.

Esta política subordinada a Washington era la continuidad de la política exterior seguida por las juntas de gobierno y luego por los gobiernos de Álvaro Magaña y José Napoleón Duarte durante el conflicto armado, periodo (1979-1989) en el que incluso se puso a la orden del día la posibilidad de una intervención militar USA ante el desmoronamiento del ejercito gubernamental, lo que provocó una multimillonaria ayuda militar USA e incluso asesores militares en el terreno. Y mucho más atrás, continuidad de la política exterior de la dictadura militar y los gobiernos del PCN luego de la Revolución Cubana (1959-1979). Y así podríamos seguir y mencionar a los gobiernos del PRUD (1948-1959).

Situación actual

La Administración Funes ha impulsado una nueva arquitectura del Ministerio de Relaciones Exteriores a partir de tres ejes: diplomacia, cooperación y emigración. En cada uno de estos ejes se ha ubicado a nuevos operadores para impulsar el cumplimiento de sus objetivos.

El primer desafío internacional de la Administración Funes fue su postura frente al golpe de estado en contra del presidente hondureño Zelaya a finales junio de 2009. La postura inicial ante esta crisis regional fue beligerante e incluyó el cierre de las fronteras. Pero gradualmente se fue suavizando, fue evolucionando, y desplazándose hacia una posición muy cercana al Departamento de Estado USA. Finalmente el presidente Funes se convirtió en el principal promotor de la reincorporación de Honduras a las instancias regionales así como del reconocimiento al Presidente “electo” Lobo. Hubo una ruptura inicial y luego la conocida continuidad.

En relación a la apertura de nuevas relaciones internacionales, únicamente sobresale Cuba. El presidente Funes rompió con un bloqueo que llevaba casi cuarenta años. Pero se niega a abrir relaciones con la Republica Popular China, con Vietnam, con Irán, y con la Autoridad Nacional Palestina. Y ha fortalecido las ya tradicionales relaciones con Israel y Taiwán, agregando a Colombia a este listado.

Entre los viajes al exterior realizados por Funes así como las visitas al país más destacadas se encuentran la del presidente brasileño Lula da Silva, con quien Funes cultivó una relación privilegiada e intensa, que difícilmente será asumida por la actual presidente brasileña.

Y finalmente, esta la visita del presidente Obama, quien al seleccionar a El Salvador para su gira latinoamericana, claramente identifica al presidente Funes como un mandatario que no obstante surgir de una victoria electoral de la izquierda goza de la confianza de Washington, y merece el calificativo de “aliado estratégico.”

Escenarios de futuro

La tendencia principal se orienta a promover una política exterior que garantice la continuidad y evite las rupturas. Se fortalecerá la coincidencia de visiones con la Administración Obama y la sintonía con el Departamento de Estado USA. Los sectores empresariales de derecha y sus expresiones políticas coinciden con esta visión.

Un segundo escenario es el de siempre garantizar la continuidad pero permitiendo cierto nivel de ruptura, lo que podría manifestarse en coordinar con Washington, pero coquetear con Bruselas, así como tímidos intentos para acercarse a los países árabes.

Y un tercer escenario, el menos probable, de ruptura, de acercarse al sur, a los países que componen el ALBA. Para esto la correlación de fuerzas políticas surgidas de marzo del 2012 tendría que sufrir una fuerte modificación, lo que aumentaría la influencia del FMLN en el Gobierno Funes. Otro factor que podría influir para este desplazamiento a la izquierda será la presión de los sectores populares, actualmente debilitados.

En conclusión puede afirmarse que este primer gobierno de izquierda, en política internacional, se diferencia al antiguo régimen, en la ruptura con la visión anticomunista. Pero se asemeja en su coincidencia –y a veces incluso subordinación- con las políticas de la Casa Blanca.

Los límites de una política internacional independiente están determinados por la correlación de fuerzas interna ya que dentro de los operadores coexisten dos visiones: la de la continuidad que es la predominante y la de la ruptura, que es minoritaria. Pero esto puede cambiar. Lo mismo sucede en los demás campos de la administración pública. El desafío de construir una política internacional independiente y soberana sigue vigente.

Roberto Pineda

San Salvador, 26 de marzo de 2012

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