Llamamiento del Teniente Coronel Ricardo Bruno Navarrete a integrarse al Ejército Popular Revolucionario Enero de 1981

Compañeros de las Fuerzas Armadas Salvadoreñas, el habla el teniente coronel y doctor Ricardo Bruno Navarrete.

Compañeros: todos nosotros sabemos que la formación de un oficial del ejército salvadoreño lleva en si una magnífica preparación en el campo militar que nos hace sentirnos orgullosos y capaces de competir con las mejores academias de América Latina.

Allí se nos enseña a respetar los símbolos patrios, la tradición, la constitución política, la defensa de la soberanía nacional y todos los conceptos de nobleza, honradez y moralidad correspondientes a un profesional de las armas. Pero esa creencia en las formas democráticas de poder comienzan a derrumbarse cuando se acercan las elecciones presidenciales y nuestros superiores nos reúnen en un determinado cuartel, para que seamos los oficiales quienes elijamos al presidente de la república, persona que invariablemente tiene que ser uno de los jefes de más alto rango militar.

Es entonces que los jóvenes oficiales nos preguntamos por las enseñanzas de nuestra querida escuela militar y nuestra conciencia de hombres honrados se comienza a rebelar contra esa grosera injusticia que se nos impone. Es entonces cuando muchos de nosotros tenemos que soportar el castigo de ser dados de baja por manifestar nuestro desacuerdo, es entonces cuando nos empiezan a señalar de comunistas y se nos mantiene en el punto de mira del fusil, entonces es cuando nos preguntamos ¿y el pueblo qué? ¿Dónde está toda aquella formación de cadetes? Nos recordamos de nuestro humilde origen de hijos de campesinos, de obreros, de empleados de gobierno, de maestros, de gente de clase media, de artesanos, de enfermeras, etc.

Entonces nos quitamos la venda de los ojos y comprendemos que se han burlado de nuestra ignorancia política y de los hermosos preceptos inculcados sobre la obediencia, subordinación y disciplina y comprendemos que nos están llevando a un despeñadero que se llama crimen.

Compañeros oficiales: pensemos como jóvenes recién egresados, limpios de toda podredumbre, inmaculados en- nuestro honor, pensemos en la patria querida como cuando orgullosamente vestíamos el uniforme militar por primera vez y despreciemos de una vez por todas a esa banda de asesinos que ahora detentan el poder.

¿Cómo es posible compañeros que un vil asesino de los cuerpos de seguridad valga más que un oficial honesto? ¿Cómo es posible que nos encontremos tan acobardados, que les tengamos miedo a los torturadores de las diferentes policías políticas que sostiene el gobierno?

Debemos comprender compañeros que solamente las organizaciones populares, a las que nos han enseñado a odiar, a combatir, a asesinar, sólo ellas que están luchando brazo a brazo con nuestro pueblo humilde deben ser las conductoras de la emancipación e independencia de nuestra soberanía. Me he acercado a ellas y he podido comprobar que no son ciertas las mentiras y calumnias que nos dicen nuestros jefes. Me he cerciorado de la verdad de sus posiciones políticas y encuentro en ellas al pueblo, por el que quise luchar como hombre.

Desde ahora comienzo a servir al pueblo como el más humilde de sus soldados.
Compañeros oficiales: quiero decirles que vuestros jefes han perdido toda fuerza moral y humana para seguirles ordenando. Ellos se han convertido en bestias y ustedes no pueden seguir recibiendo órdenes. Esa camarilla fascista, criminal y corrupta no puede sino pertenecer al basurero de la historia.

Les hago un llamado para que vengan a engrosar las filas de nuestro glorioso ejército popular y revolucionario en donde tienen abiertas las puertas todos los oficiales honrados y dignos de servir al pueblo.

Declaro solemnemente que no soy comunista como tampoco lo es mi nuevo ejército y que me siento contento, agradecido y feliz por el recibimiento fraternal, humano y cariñoso que he recibido de mis nuevos hermanos.

A los compañeros de armas, capitán Francisco Mena Sandoval y capitán Marcelo Cruz les manifiesto mi más profunda admiración por el heroico acto realizado al conducir el levantamiento de la Segunda Brigada de Infantería en la ciudad de Santa Ana, así como a los compañeros tenientes que atendieron su llamado. Saludo también a los compañeros clases y soldados que junto a ellos han tomado la histórica decisión de incorporarse al ejército que verdaderamente está defendiendo en esta hora de definición los más altos ideales de nuestra patria.

El Salvador, 11 de enero de 1981.

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