Oswaldo Escobar Velado. Uno

Oswaldo Escobar Velado. Uno
Manlio Argueta*

Mis dos poetas favoritos, ante de tirarme al ruedo de los toros de la poesía, lo reitero, fueron Orlando Fresedo y Oswaldo
Escobar Velado, pero con éste me uní muy fraternalmente. El acercamiento con Claudia Lars, vino despuesito, maestra
deslumbrante de la poesía, pero con ella, la mamá Claudia como le decíamos no hubo la confianza como con los dos
primeros.

Conocí al Pipo Escobar Velado (así le decíamos sus amigos poetas jóvenes: Roberto Armijo, Tirso Canales) en un
momento que me favoreció como poeta de provincia, por la siguiente razón: mientras un poeta desconocido (el discípulo)
ganaba su primer premio en San Miguel con su poemario “Canto a Huistaluxcilt”, el maestro ganaba el segundo lugar.
Para el discípulo fue haber conocido un cráter de la luna. Pues en ese entonces Pipo Escobar ya me despertaba
admiración, aun sin conocerlo, excepto por su libro: Arbol de Vida, Amor y Esperanza.

El acercamiento y amistad con el poeta fueron de inmediato, ningún celo con el joven desconocido que le había ganado,
todo lo contrario.

No lo visité en su bufet en la “Esquina de la Muerte”, intersección de la Calle Concepción y la 10 Ave. Oriente, donde morían
la mayor parte de accidentados de tránsito, unos diez al año. Después se trasladó a un edificio más moderno, muy
cerca del antiguo Hospital Bloom y luego fue a compartir una casa con su madre en el Barrio Santa Anita. En estos dos
lugares las visitas fueron frecuentes, para leer y tomar café.

Los poetas jóvenes comenzaban a ganar premios y él competía amigablemente con ellos. Era tal la carencia de
competitividad que nos leía sus poemas que participaban en certámenes, por ejemplo todo su Cristoamérica, todo su
Cubamérica, Cuscatlán en TV y Elegía Infinita pasaron por el tamiz de su voz leyéndonos a los poetas jóvenes (por lo
general, Armijo Tirso y Argueta).

Roque Dalton lo frecuentaba menos, o casi nunca; Dalton era el favorito de Pedro Geoffroy Rivas, de carácter distinto
al de Escobar Velado. Y para Geoffroy el único poeta con valor era Dalton. Claro, esta apreciación era parcial, quizás
por el talento propositivo de Dalton, insuperable, pero ya Armijo se perfilaba como un gran conocedor de los clásicos,
además de articulista de primera. Pero en esa época Geoffroy tenía más afinidad ideológica con Roque y Otto René
Castillo (poeta guatemalteco, exiliado en El Salvador, que por mucho tiempo fue cronista de LPG, muchos de sus
trabajos firmados los encontraremos, 1954-55-56). Yo a veces me colaba en la bohemia “almuercera” de Geoffroy, junto a
Ricardo Bogrand, Rodríguez Ruiz, Mercedes Durand, René Arteaga, Danilo Velado, y varios periodistas que lo rodeaban.

Mi relación con Dalton y Armijo fue bilateral sin la presencia de Geoffroy ni la de Escobar Velado, era más a nivel
ContraPunto-El Salvador
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universitario, aunque siempre alrededor de la labor poética (Círculo Literario Universitario). Por el lado de Geoffroy y
Pipo Escobar no había buenas relaciones, aunque colegas abogados y conocidos, había un valladar ideológico. Por
ejemplo, Escobar Velado ya había tendido contacto con un militar. Que yo recuerde, la relación de Oswaldo fue con un
solo militar, el coronel Alberto Carranza Amaya cuyo contacto, analizado a la lumbre mortecina de la época, era
explicable.

En esos años, una asamblea de militares decidía quién iba a ser el presidente de la república, pero después de elegir
al “ungido” (esta elección era pública, salía las fotos en los periódicos, no era nada secreto), surgían los desacuerdos de
facciones militares que apoyaban a otro. Esa vez, el electo fue el Coronel Lemus; y a Oswaldo lo buscó el coronel
Carranza Amaya pidiéndole su apoyo, éste se lo dio con la creencia que Carranza iba a ayudar a los poetas. A los
poetas del Círculo Literario Universitario (Dalton, Otto René, Armijo y Argueta). Tirso Canales, por no estudiar en la
Universidad, se unió mucho después.

La actitud de Escobar Velado con el coronel no nos pareció, pero prevalecía más la amistad. Pero esto, en la política con
cuenta mucho. Sin embargo, el Pipo, dada su carisma, su personalidad no nos despertó desacuerdos, ni ideas malsanas
de origen político. Una cosa era su noble, quizás inocente intención, con el coronel Carranza; otra la poesía que nos
vinculaba. Por ahí vino la enemistad de Geoffroy, en esa época muy radical, con Escobar Velado.

Se dieron dos grupos, los de Geoffroy, por lo general eran los más promovidos en la “izquierda”; por el lado del Pipo los
“vacilantes”, los “líricos”, los provincianos.

Para comparar, no olvidemos que Otto a sus diecisiete años ya era un exiliado de Guatemala, siendo estudiante de
secundaria, y Dalton ya había regresado de Chile. Por el contrario, Armijo acababa de resucitar en Chalatenango
después que se “murió” de un ataque de asma. Tirso era empleado de la Compañía Cafetalera y Argueta, el emigrado
provinciano de San Miguel, estudiante de Derecho y profesor de Matemática, por lo cual este pequeño grupo cafetero
de la cafetalera le llamaba el “hermano rico”, por ser el único con un salario fijo.

Escobar Velado, pese a su extracción pudiente familiar, era un abogado pobre. Contaba con muchas experiencias vitales,
ya había regresado de su exilio en Costa Rica, se dedicaba más a la poesía y a las charlas de café. Pero adolecía de un
mal que le supimos perdonar y, no solo eso, le comprendimos y lo protegimos (los poetas iniciáticos): su dipsomanía,
una tragedia en la que no quiero ahondar porque hubo mucho dolor maternal de por medio.

NUNCA compartimos una bebida de contendido alcohólico con Pipo Escobar Velado, solo café. Aunque a veces
compartiéramos la otra bohemia fuerte con Geoffray, aunque en horas diurnas, lo que en salvadoreño podría llamarse
el “almuercero”, pero que podía durar hasta las dos de la tarde, en dos cervecerías que sé donde estaban localizadas pero
he olvidado sus nombres (frente al parque San José y frente al actual Burguer King diagonal a ese parque). El primero
ya no existe. El segundo sí está el bonito edificio art deco, rodeado de ventas ambulantes y sonido violento de música,
aunque salva el espacio la venta de libros usados.

*Poeta y novelista. Director de la Biblioteca Nacional de El Salvador. Condecorado con la Orden del Mérito Civil, Grado de Encomienda, por el gobierno del Reino de España. Varios de sus libros están traducidos a dos y hasta diez
idiomas. Presidente de la Fundación Innovaciones Educativas Centroamericanas (FIECA)

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