Programa Agrario del Partido Comunista de El Salvador (marzo de 1964, primera parte)

EL PROGRAMA AGRARIO DEL PARTIDO COMUNISTA DE EL SALVADOR P C S

Aprobado en el V Congreso del P. C. S.

Celebrado en MARZO de 1964

El nuestro es un país agrario, semi-feudal, semi-colonial y en desarrollo capitalista deformado. Las transformaciones de mayor envergadura a que dará origen nuestra revolución serán por eso las de la Reforma Agraria. Del acierto de ella dependerá, en grado decisivo, la correcta solución de los problemas de nuestro desarrollo social en conjunto, el acierto de todo el Programa de la Revolución en la presente etapa.

Qué se necesita para que el Programa Agrario de nuestro Partido sea acertado? Lo que se necesita para eso es que se funde en el conocimiento de nuestro problema agrario y tome en cuenta, además de la riquísima experiencia internacional, los rasgos peculiares conformados en el proceso histórico nacional. Por eso, antes de presentar el programa agrario del Partido, estudiaremos nuestro problema agrario.

El territorio agrícola y su conformación.

Según el censo Agropecuario de 1961, la superficie ocupada por las 222.289 explotaciones agrícolas por él registradas es de 2.229.999 manzanas (41.637 manzanas superior al dato arrojado por el Censo de 1950) Este es el territorio agrícola de nuestro país. Comparado con el territorio total que mide 2.860.000 manzanas (equivalente a 20,000 Kilómetros cuadrados), resulta una diferencia de 630,000 manzanas que es la superficie que se supone ocupada por las ciudades, pueblos y villas, por los ríos, lagos, vías férreas, carreteras, cráteres volcánicos, etc. Con todo, esta superficie no agrícola resulta abultada. La causa de tal exageración esta en que los terratenientes, en especial los grandes, ocultan siempre en sus declaraciones el tamaño real de sus propiedades, proporcionando cifras disminuidas. La consecuencia es que la parte ocupada por el conjunto de las explotaciones agrícolas resulta inferior a la real y mayor la parte no agrícola. Por esta razón, pese a que las ciudades y carreteras experimentaron un considerable aumento en los once años transcurridos entre ambos censos, la superficie agrícola aparece mayor en 1961 e inferior la ocupada por las ciudades, carreteras, vías férreas, etc. Con toda seguridad puede afirmarse que tampoco los datos del último censo son exactos a este respecto y que continúa oculta una parte de las extensiones de propiedad de los grandes terratenientes.

Sin embargo, tomados en general, los datos de estos censos son suficientemente concluyentes como para hacer un estudio acertado del problema agrario.

En el territorio nacional pueden distinguirse tres fajas horizontales y casi paralelas, que presentan un distinto relieve, un clima diverso y una distinta calidad de los suelos.

a) La faja costera, de clima cálido, tiene un ancho de unos treinta kilómetros en sus puntos de mayor ensanche y esta formada en gran medida por amplias planicies de tierra fértil de origen aluvial. Hasta hace pocas décadas estaba en su mayor parte cubierta por bosques espesos y carecía casi por completo de vías de comunicación. En la parte centro oriental de esta faja, se ah desarrollado el cultivo del algodón, con gran impulso desde 1945, y en los últimos años ha sido cruzada por una moderna carretera (la carretera del Litoral) y muchos caminos de alimentación.

b) La faja central, de clima templado, tierra fértil de origen volcánico y de reciente formación. En ella se combinan las alturas los picachos fríos y los valles superiores de clima más bien caliente. Es el asiento de la parte principal de nuestra agricultura, en primer lugar del café. Gran parte de la producción cerealera procede también de esta faja. Es la zona de mayor concentración de la población y de más abundantes vías de comunicación.

c) La faja norte, con una amplia variedad de climas, es montañosa y en gran parte erosionada. Allí se registran desde los climas más fríos de nuestro país, hasta los calientes de los valles bajos. En ella se encuentran una parte importante de las reservas forestales y durante el siglo pasado fue el asiento principal de las plantaciones de jiquilite (de cuyas hojas se extraía el añil). El cultivo añilero realizado irracionalmente, expuso las tierras a la erosión. En a actualidad gran parte de esa faja esta cubierta por los llamados “pastos naturales.” Esta es la parte peor dotada de vías de comunicación y la más atrasada en todos los sentidos.

Lo principal de nuestra agricultura se encuentra actualmente concentrado en las fajas central y costera, como resultado del proceso histórico nacional. (Ver Anexo No. 1).

Puede decirse que la faja central es la zona del café y la costera la del algodón. En ambas se asienta la producción de cereales y caña de azúcar. La faja norte es ahora la más atrasada y menos fértil y allí se asienta principalmente la ganadería de los llamados pastos naturales, que es una ganadería de engorde de hatos importados de Honduras para su exportación posterior a Guatemala.

2. El aprovechamiento de la tierra, la tierra cultivada y la inculta

El territorio agrícola de nuestro país se encuentra pésimamente aprovechado. Más de la mitad no se cultiva y la parte cultivada se haya en un nivel muy atrasado de desarrollo, excepción hecha de los cultivos destinados a la exportación.

El Censo de 1961 clasificó el territorio agrícola, desde el punto de vista de su aprovechamiento en los seis renglones siguientes: “Tierra de labranza” “Cultivo permanente” “Pastos sembrados” “Pastos naturales” “Montes y bosques” y “Otras tierras.” El contenido de estos renglones para las autoridades estadisticas, según sus pablaras textuales en el «avance del Segundo Censo Agropecuario 1961´´, es el que sigue:

TIERRAS DE LABRANZA:” La constituía los terrenos ocupados con cultivos abiertos, anuales en su mayoría, y que generalmente se cultivan por medio de araduras. También se considero “tierra de labranza” la superficie que permaneció en descanso (no cultivada) durante un periodo menor de cinco años”.

Ejemplos de cultivos propios de estas tierras son el maíz, el maicillo, la caña de azúcar, el algodón, etc.

CULTIVO PERMANENTE:” Se consideran aquellos con proceso vegetativo mayor de un año, como el café, cacao, frutales, etc.

PASTOS SEMBRADOS:” Las superficies cultivadas con el objeto de alimentar al ganado o producir zacate de corte (incluyo las “huateras”)

PASTOS NATURALES:”este rubro incluyo las superficies cubiertas de gránales y demás extensiones dedicadas al pastoreo y que no han sido sembradas ni cultivadas.

MONTES Y BOSQUES:” incluye las arboledas y “chárrales” naturales o plantados, explotables para leña, madera de construcción t ebanistería, o cualquier otro producto forestal incluyendo “árboles de sombra” de cafetales, cacaotales, etc.

OTRAS TIERRAS:” así se definieron las extensiones que, dentro de cada explotación, eran ocupadas por edificios, instalaciones, caminos, ríos, lagos, pantanos, lava, etc. o las que por mala calidad de los suelos no eran cultivadas, ejemplo: parcelanas excesivamente rocosas”.

Claramente se comprende que los primeros tres renglones constituyen la superficie cultivada y que los otros tres forman la parte inculta. Las cifras arrojadas por el censo para cada uno son estas:

Total……………………………..2.229.999 manzanas…………………………..100%

Tierra cultivada

Tierra de labranza……….. 697.252 manzanas………………………….31.3%

Cultivo permanente…….. 228.774 manzanas………………………….10.3 %

Pastos sembrados……….. 144.424 manzanas…………………………..5 %

Total de Tierra Cultivada 1.070.450 manzanas………………………….48.1%

Tierra No Cultivada

Pastos naturales………….. 719.376 manzanas…………………………..32.2%

Montes y bosques………. 323.587 manzanas…………………………14.5%

Otras tierras……………….. 116.586 manzanas………………………….5.2%

Total de Tierra no Cultivada 1.1589.549 manzanas…………………………51.9%

En comparación con las cifras el censo de 1950 la variación es insignificante:

1950 1961

TIERRA CULTIVADA 46.99% 48.1%

TIERRA NO CULTIVADA 53.01% 51.9%

Las modificaciones más importantes ocurridas entre ambos censos son:

a) El aumento en 138.038 manzanas de la ”Tierra de Labranza” dentro del cual fue el algodón el que registró un mayor crecimiento proporcional de su área de cultivo, con 39.848 manzanas por encima de 1950 (152.5% más que ese año)

b) La reducción de 105.656 manzanas en las tierras dedicadas a los “Pastos sembrados”· (42.2 % menos que en 1950).

c) La superficie cubierta por “pastos naturales”· apenas sufrió una disminución de 37.790 manzanas (un 5% menos con respecto a 1950).

La cifras del aumento en las “Tierras de labranza” y de la reducción en los pastos sembrados y naturales, indican que el cr4ecimiento de la primera se realizó principalmente a costa de los pastos sembrados; es decir de lo mejor de nuestra ganadería, sumiendo más a esta en la crisis en que se halla desde hace muchos años. Este es sin duda uno de los efectos más dañinos del monocultivo en nuestro país, fenómeno que explicaremos más adelante.

d) El crecimiento en 29.707 manzanas de los “Bosques y Montes.”No se trata de un autentico crecimiento de nuestras reservas forestales que es solo posible mediante una sistemática política de replantación y plantación de árboles, que no existe en nuestro país, sino del “encharralamiento” de nuevas extensiones antes dedicadas a otros cultivos y ahora abandonadas. Esto es también un efecto del deformado y unilateral proceso de desarrollo de nuestra agricultura, al que nos referiremos después.

Las cifras del censo de 1961 indican que más de la mitad del territorio agrícola, nada menos 1.159.549 manzanas (el 51.9%) se encuentra fuera de cultivo en nuestro pequeño y densamente poblado país (125 habitantes por kilómetro cuadrado-censo de 1961) Y esta no es toda la verdad. La parte no cultivada es todavía mayor en los hechos., puesto que habría que agregarle una porción de los “pastos sembrados” que son vastos terrenos en cuya mayoría solamente de tarde en arde se aplica el trabajo del hombre. Grandes haciendas ganaderas de pésimo rendimiento funcionan en nuestro país con veinte o treinta trabajadores, casi todos en la condición de colonos o mozo-colonos pagados miserablemente. Así considerada la situación, la parte no cultivada se eleva a 1.303.973 manzanas (el 57.14%) del total). De este modo es que los organismos internacionales entienden la tierra inculta en El Salvador.

A tenor de estos datos, solamente contamos en El Salvador con 0.37 de manzanas de tierra cultivada por cada habitante. En comparación con el resto de Centroamérica, somos el país que cultiva menos tierra por habitante y el que tiene el área cultivada menor, sólo superior a Costa Rica (ver cuadro en el anexo No. 2).

Cifras del Monopolio sobre la tierra en nuestro país.

Los rasgos característicos de nuestra agricultura dependen en grande decisivo de como se encuentra repartida la tierra. En una agricultura basada sobre la propiedad privada sobre la tierra, no son los intereses de la comunidad sino los intereses de los terratenientes los que determinan el rumbo que la producción ha de tomar. El régimen de propiedad sobre la tierra determina el rumbo que la producción ha de tomar. El régimen de propiedad sobre la tierra determina también la situación social de las masas rurales.

Por todo esto, en el estudio de nuestro problema agrario juega un papel central el conocimiento d las cifras del monopolio de la tierra.

Veamos esas cifras en el censo de 1961:

TAMAÑO NUMERO PORCENTAJE SUPERFICIE PORCENTAJE

DE LAS DE EXP. RESPECTO AL EN RESPECTO AL

EXPLOTACIONES TOTAL DE MANZANAS TERRITORIO

EXP. AGRICOLA

Hasta 4.28 mna. 175.615 78.30 245.863.87 11.03

De 4.29 a 14.29 29.106 12.98 230.502.51 10.34

De 14.30 a 28.59 8.665 3.86 188.336.43 8.22

De 28.60 a 71.49 6.454 2.88 300.790.47 13.49

De 71.50 a 142.99 2.391 1.07 237.770.32 10.66

De más de 143 mna. 2.058 0.92 1, 031,735.69 46.27

TOTALES 224.289 100 2, 229,999.29 100

(Ver en anexo No. 2 el cuadro comparativo de las cifras del monopolio de la tierra en 1950 y 1961).

Para el censo Agropecuario, “unidad de explotación”, según las palabras textuales tomadas del “Avance del Segundo censo agropecuario 1961”, es “todo terreno utilizado, total o parcialmente, para la producción agropecuaria por una solo persona (productor o con la ayuda de otros, sin consideración de título o tamaño.” “La unidad de explotación puede constar de uno o más lotes o parcelas siempre que estén ubicadas en el mismo municipio y que en conjunto están bajo una misma administración. Sin embargo puede darse el caso de que una unidad de explotación este comprendida entre dos o más municipios limítrofes.” El censo clasificó las “explotaciones” en 14 tamaños, “pero nosotros los hemos agrupado en seis para facilitar la comprensión.”

En este cuadro puede verse que mientras 175.615 explotaciones menores de 4.28 manzanas (el 78.30 % de todas las explotaciones)., abarcan solamente 245.863 manzanas; 2,058 grandes explotaciones mayores de 143 manzanas (apenas el 0.92 % de todas) comprenden 1.031.735 manzanas (el 46.27 % de la tierra), casi la mitad del territorio agrícola.

Con todo y que esas cifras revelan una extremada concentración de la tierra, no muestran toda la verdad. En primer lugar, las2.058 explotaciones mayores de 143 manzanas, pertenecen a un número mucho menor de terratenientes. Entre los grandes terratenientes es frecuente el caso de que cada uno posea dos, tres o más haciendas en distintos municipios y departamentos. Por eso, podemos afirmar que los dueños de esas 2.058 explotaciones no llegan a mil. En segundo lugar, los dueños de esas explotaciones de más de 143 manzanas son al mismo tiempo y en su mayor parte, propietarios de explotaciones menores. Hasta cuentan con parcela de las más pequeñas. Hay que tomaren cuenta que la inmensa mayoría de las fincas cafetaleras son de un tamaño inferior a 143 manzanas y que de ellas los grandes terratenientes poseen en algunos casos hasta decenas (de 36.035 explotaciones cafetaleras en 1961, 35.287 eran menores de 143. manzanas.

Habría que considerar también entre el grupito de monopolistas de la tierra acierto tipo de propietarios que, sin poseer ninguna explotación que llegue a 143 manzanas, tienen sin embargo numerosas parcelas, fincas, lotes, etc.; que en conjunto suman cientos o miles de manzanas.

Tomando en cuenta todas esta consideraciones, pese a que el censo no es claro y oculta el número de propietarios así como la cantidad de tierra que cada uno posee, se puede afirmar, sin temor a equivocación, que no más de Mil grandes terratenientes, son dueños de UN MILLON Y MEDIO DE MANZANAS o más, es decir, de las dos terceras partes de nuestro territorio agrícola.

4. La relación entre el monopolio de la tierra, los pastos y la tierra inculta.

Entre el monopolio de la tierra y la superficie inculta existe una estrecha relación en nuestro país. La tierra inculta se encuentra en los latifundios y pertenece al puñado de grandes terratenientes.

De acuerdo a los datos del censo Agropecuario de 1961 de 1.031.735 manzanas que comprenden las explotaciones mayores de 143 manzanas, 652,606 se encuentran sin cultivar. En otras palabras, un promedio del 63% de la tierra de las grandes haciendas no se cultiva. En cambio en las explotaciones menores de 4.28 manzanas, el promedio de tierra cultivada se eleva hasta el 85%.

La superficie no cultivada total, como ya vimos, es de 1.159.549 manzanas y de ellas, 652.606, es decir, el 56% se encuentra en los latifundios.

En general, los datos del censo demuestran que en la medida en que son mayores las explotaciones, es mayor también su parte no cultivada (ver cuadro correspondiente en el anexo No. 2).

Es muy importante hacer notar que entre la tierra inculta y los pastos existe también una estrecha relación. Hay en nuestro país 863.800 manzanas cubiertas de pastos sembrados o naturales. Con este solo dato pudiera creerse que El Salvador es un próspero país ganadero, pero en la realidad ocurre todo lo contrario. La ganadería salvadoreña es primitiva y se encuentra en franco proceso de liquidación. En 1962, el número de cabezas de ganado vacuno era solamente de 671.190 las que repartidas en la superficie cubierta por pastos resultan a menos de una por cada manzana.

La situación d ela ganadería ha venido empeorando. En 1950 el número de cabezas de ganado vacuno era de 890.838, 138,648 más que en 1962. Durante 1963 el proceso de reducción del ganado ah continuado de manera alarmante.

La ganadería es uno de los ejemplos que demuestran más categóricamente lo efectos desastrosos del curso unilateral, monocultivista, que sigue ahora nuestra agricultura.

La superficie cubierta de pastos no es, por tanto, en nuestro país el resultado del crecimiento de la ganadería. Los pastos son únicamente un manto que cubre la tierra inculta. Y así como esta se encuentra en su mayor parte en los latifundios, los pastos tienen en ellos también la mayor superficie. Los datos del último censo demuestran en efecto, que en las explotaciones mayores de 143 manzanas, los pastos ocupan un promedio del 47% de la superficie de cada una. En tanto que en las explotaciones menores de 4.28 manzanas, el promedio cubierto de pastos es solamente del 5%. En general, también la parte cubierta por pastos en cada explotación es mayor en la medida en que es mayor el tamaño de éstas. (Ver el cuadro correspondiente en el anexo No.2)

5. Desarrollo capitalista y remanentes feudales.

A- El desarrollo del capitalismo en nuestra agricultura.

En nuestra agricultura se opera un proceso de desarrollo capitalista que en los últimos años ha tomado u mayor impulso con la ampliación del cultivo algodonero.

Dos son los caminos fundamentales de desarrollo del capitalismo en la agricultura que ha registrado la Historia. Esos caminos son en síntesis los siguientes:

Primero.

Los latifundios feudales se van transformando en grandes empresas capitalistas agrícolas donde predomina le trabajo asalariado, se produce con destino al mercado y se incorporan técnicas e implementos avanzados. Este camino presupone la realización de reformas en el régimen de propiedad, que conducen al despojo de las masas de pequeños propietarios de la tierra y demás medios de producción, los cuales se concentran en poder de los grandes terratenientes. De este modo, los pequeños propietarios (campesinos, pobres y medios) son transformados en trabajadores que solamente poseen su fuerza de trabajo y necesitan venderla para subsistir. En otras palabras, los campesinos son transformados en asalariados libres, en proletarios.

Es propio de este camino el aparecimiento del arriendo capitalista, de la tierra en gran escala. Capitalistas provenientes de la ciudad arriban a la agricultura, invirtiendo sus capitales en la producción de aquellos artículos que cuentan con aceptación en el marcado (interno o exterior) pero como no poseen tierras, las adquieren en arrendamiento de los latifundistas. Así, grandes haciendas donde prevalecían las relaciones de producción y las fuerzas productivas propias del feudalismo, se transforman en empresas capitalistas y los terratenientes se convierten en una clase absolutamente parasitaria, que no contribuye con ninguna cuota de trabajo personal a la producción, ni siquiera en las labores administrativas y de dirección inmediata del trabajo, pero que percibe la renta del suelo extraída a los trabajadores asalariados por la explotación capitalista. De esta manera se crea una situación en la que por el sólo hecho de poseer el monopolio sobre la tierra, la clase de los grandes terratenientes recibe un tributo arrancado a la inmensa mayoría de la sociedad por la explotación asalariada.

Solamente algunos latifundistas se transforman en empresarios capitalistas de la agricultura, convirtiendo ellos mismos sus haciendas feudales en unidades capitalistas de producción. De ese modo obtienen la renta del suelo y además la ganancia normal en la rama de producción de que se trata.

Este proceso de desarrollo capitalista de la agricultura no liquida consecuentemente todas las relaciones feudales de producción. Por el contrario, conserva celosamente todas aquellas que, siendo compatibles con el sistema de salario y con la nueva organización del trabajo, permiten al capitalista una mayor explotación de los trabajadores.

El pago de la renta del suelo a los terratenientes y la supervivencia de remanentes feudales, determinan un bajo nivel de salarios y cierto estancamiento en el progreso de la técnica, especialmente en aquellos casos en que son necesarias fuertes inversiones en la tierra misma ( desecación de tierras pantanosas, regadío, obras del conservación del suelo, etc.) pues los capitalistas arrendatarios se cuidan de no realizarlas en lo ajeno, a sabiendas de que, además, ello conduciría a un aumento del canon de arrendamiento. Se comprende fácilmente que semejante situación determina un uso irracional de la tierra, la imposibilidad de la rotación de cultivos, un rápido empobrecimiento de su fertilidad y un proceso irrefrenable de la erosión.

Segundo

En algunos países, en los que tuvo lugar una revolución burguesa con la activa y directa participación de las masas campesinas y de los trabajadores de la ciudad, el feudalismo fue liquidado consecuentemente. Los latifundios feudales fueron repartidos en parcelas para ser distribuidos a los campesinos, en propiedad o en arrendamiento. El posterior desarrollo del capitalismo en esos países, condujo a un nuevo proceso de concentración de la tierra en pocas manos. El endeudamiento de los campesinos parceleros con los grandes comerciantes, con los prestamistas o bancos, termino haciéndolos perder la tierra. La gran propiedad y el monopolio sobre la tierra resurgieron así sobre una nueva base, en manos de grandes capitalistas, sociedades anónimas, bancos, etc. Pero los remanentes feudales en las relaciones de trabajo, por haber sido liquidadas por la revolución burguesa, no reaparecen, o solamente se conservan en un grado muy pequeño.

En nuestro país el capitalismo en la agricultura se ha venido desarrollando por el camino descrito en primer lugar.

En El Salvador, como en toda la América Latina, las relaciones de salario aparecieron en las ramas de la producción mercantil destinada a la exportación, cuando en ellas llegó a ser incompatible la necesidad de de ampliar el volumen de la producción, determinada por el crecimiento de la demanda en Europa, con la relaciones esclavistas y feudales de trabajo, que le imprimían a este un carácter forzado e impedían la elevación de su productividad. En muchos países latinoamericanos el trabajo asalariado libre, más o menos libre, apareció primero en la minería que en las demás ramas de la producción, porque la minería representaba en ellos la fuente más abundante de productos para la exportación. Pero en nuestro país, sin una minería rica, la producción de materias primas agrícolas para Europa al través de España fue la principal actividad destinada a la exportación. Concretamente fue en la producción de añil donde en El salvador surgieron primero las relaciones de salario, en un principio envueltas en resabios esclavistas.

El cultivo del café, que vino sustituir al del añil a mediados del siglo pasado, se afianzó sobre la base de una completa reforma burguesa del régimen de propiedad sobre la tierra y le imprimió gran impulso al desarrollo del capitalismo en nuestra agricultura.

Tres factores se conjugaron en el inicio del cultivo cafetero para imprimirle un rumbo capitalista:

a) La formación del monopolio privado de la tierra mediante el despojo violento de las Comunidades Indígenas., de los Ejidos y de los pequeños propietarios campesinos. Las leyes de Extinción de Comunidades, de Extinción de Ejidos y de Registro de la Propiedad Raíz e Hipotecas, promulgadas en los años de 1881, 1882 y 1897 respectivamente, vinieron a legalizar el despojo ya realizado de hecho en gran medida y a facilitar el definitivo asalto sobre la tierra por parte de los grandes terratenientes, y, de manera especial, de los altos funcionarios estatales o municipales, que estaban en mejores condiciones para utilizar en su favor la fuerza pública. (Ver Anexo no.1)

b) La formación de una gran masa de trabajadores desposeídos de todo medio de producción, con su fuerza de trabajo para vender por un salario como único medio de subsistencia. Esta masa desposeída fue el resultado inmediato de la formación del monopolio privado sobre la tierra, que ya ha sido descrita. Las plantaciones de café y el beneficiado del mismo pudieron contar de esta manera con mano de obra abundante y barata.

c) La inversión en el cultivo cafetero de importantes capitales monetarios acumulado anteriormente en el cultivo y la exportación de añil que, con la eliminación de los impuestos gravosos y de las trabas para su libre comercio con Europa que la independencia trajo consigo, se convirtió en un negocio muy lucrativo y próspero durante la mayor parte del siglo pasado. Fue precisamente cuando comenzaba a declinar el añil como consecuencia de la producción de colorantes sintéticos en Europa, que se iniciaron los esfuerzos oficiales en El Salvador para arraigar y extender el cultivo del café.

En el cultivo del café fueron invertidos también, capitales procedentes de la malversación de fondos municipales y estatales.

El cultivo del café, por ser de carácter permanente y requerir inversiones considerables en la creación de sus plantaciones, exigía la propiedad privada de la tierra. Quién, en efecto, estaría dispuesto a plantar en tierra ajena los arbustos que producen el grano , a mantenerlos libre de maleza, a podarlos y abonarlos sistemáticamente durante algunos años, en espera de las primeras cosechas raquíticas además, por ser las primeras? Tales inversiones no era posible realizarlas sino en tierra propia. Esta circunstancia impulso decisivamente el proceso de liquidación de las formas colectivas de la propiedad territorial (comunidades y ejidos) y el despojo de los pequeños propietarios individuales, a que nos hemos referido atrás.

La producción de café, sobre la base de la reforma burguesa del régimen de propiedad, se desarrolló hasta convertirse en los últimos años del siglo XIX en el principal renglón de las exportaciones y la principal actividad económica del país. Hasta hace muy pocos años, el café representaba el 80% ya veces el 90% de las exportaciones anuales.

El cultivo, beneficiado y exportación del café han jugado un papel de primer orden en el desarrollo del capitalismo en nuestra agricultura y también en el desarrollo del capitalismo en toda la economía nacional. El trabajo asalariado se convirtió en la forma predominante de las relaciones de producción en esa rama y con ello se extendió la circulación mercantil y se dio fuerte impulso a la formación del mercado nacional, superándose el aislamiento y la dispersión anteriores. El comercio entre el campo y la ciudad se acrecentó; la producción artesana se convirtió por entero en una producción mercantil y se incorporaron otras ramas de la agricultura a este tipo de producción. Las relaciones de salario se generalizaron en la ciudad y se extendieron parcialmente a otros sectores de la producción agropecuaria.

La producción de capital en el negocio cafetalero dio origen ala formación de una rica capa de compradores monopolistas de la cosecha para su exportación. Como una lógica consecuencia de sus negocios, estos exportadores se convirtieron en habilitadores de crédito a los medianos y pequeños finqueros y en grandes importadores de mercancías industriales. Como prestamistas se colocaron en situación de acaparar más tierras arrancadas a los deudores morosos, incrementando así sus ya extensas posesiones territoriales. Grandes capitales fueron acumulados por este pequeño grupo de burgueses, que más tarde invirtieron en la organización del sistema bancario, y de varias compañías aseguradoras. Así pasaron a monopolizar los recursos financieros del país y a invadir otras ramas de la economía.

Se convirtieron gradualmente en empresarios de la industria y dieron origen a sociedades anónimas de diverso género. A este puñado de multimillonarios es al que se le ha dado en llamar los “14 grandes.” Son pues, un reducido grupo de grandes burgueses monopolistas de la tierra, del comercio exterior, de la banca y de la industria.

En los últimos veinte años ha cobrado gran extensión y desarrollo técnico el cultivo del algodón. Este cultivo, cuyo ciclo vegetativo es de un año, no exige la propiedad privada de la tierra como el café. Por tal motivo, aparejado al desarrollo algodonero apareció y se extendió el arrendamiento capitalista de la tierra. El cultivo del algodón es propio de los climas cálidos y de las planicies y en nuestro país tal tipo de tierras se encuentran en la faja costera, que hasta entonces permanecía muy atrasada, sin vías modernas de comunicación, cubierta en gran media por bosques y “charrales”, dedicada en gran parte a la producción de maíz y otros cereales y a la ganadería rudimentaria en grandes latifundios predominantemente feudales en sus relaciones de producción ( colonia y pequeño arrendamiento) y en el nivel de sus fuerzas productivas ( arado de madera, tracción animal, etc.)

Capitales monetarios acumulados en el comercio, en la usura, en la malversación de caudales públicos, en el café o en el ejercicio de algunas profesiones liberales (abogacía, medicina, farmacia, odontología, etc.) afluyeron hacia la faja costera, inicialmente en el oriente del país, para invertirse en el cultivo del algodón, tomando en arrendamiento grandes extensiones a los terratenientes. Una parte de estos también se dedicó por cuenta apropia al cultivo algodonero, pero la mayoría se ha convertido en una clase absolutamente parasitaria. (Ver cuadro sobre el arrendamiento en el Anexo No. 2)

De las 126,000 manzanas sembradas en 1962,64.135 lo fueron por arrendatarios y 5.818 por agricultores mixtos (parte en tierra propia y parte en tierra arrendada). Ese año el número de empresarios algodoneros que arrienda tierra fue asimismo mayor al de los que cultivan tierras propias; 1.542 arrendatarios, 207 mixtos y 1.069 propietarios.

El desarrollo del cultivo algodonero ha sido vertiginoso. Entre 1951-52 y 1961-62 su área sembrada creció de 42,000 a 110,000 manzanas y la producción de 213.500 a 1.300.000 quintales (sin la semilla). El área cultivada para la cosecha 1962-63, fue de 126,000 manzanas.

Para tener una idea más completa de lo que significa la velocidad del crecimiento algodonero, es útil hacer una ligera comparación con el café. El crecimiento del volumen de las exportaciones de café entre 1945 y 1957 fue de una vez y media, en cambio en el algodón se registró un aumento de 42 veces. El valor de esas exportaciones creció en cinco y 55 veces respectivamente durante el mismo periodo. Esto a pesar de que en esos años es cuando se registraran los más altos precios para el café.

El algodón representó en 1962 el 23% del valor de las exportaciones totales del país, después del café que continuó en el primer lugar con el 55%. Sin embargo, en 1953 el algodón representaba solamente el 7% de las exportaciones totales, mientras el café hacía el 85%.

El cultivo algodonero ha significado también un incremento considerable de la técnica y la mecanización agrícola. Según datos de la Dirección General de Economía Agropecuaria (Sección de Previsión de Cosechas) en el algodón se utilizaron en 1962-63 los siguientes promedios de abonos e insecticidas:

ABONOS………………………………..7.81 quintales por manzanas

INSECTICIDAS……………………..en polvo: 0.85 quintales por mna.

líquido: 13.08 galones por mna.

Y según la misma fuente, en el cultivo algodonero se emplearon 1.393 tractores en 1960-61 (965 de llantas y 428 de oruga) es decir, a promedio de un tractor por cada 59 manzanas, lo que representa un nivel bastante elevado de mecanización. Ahora el número de tractores ha aumentado mucho más, aunque no se poseen datos concretos recientes.

El base del crecimiento de su mecanización que incluye no solamente tractores, sino otras maquinas (hasta aviones para el riego de insecticidas) del uso de abonos e insecticidas y del desarrollo técnico en general, la producción por manzana se ha elevado de 6 a 12 quintales de algodón ( sin la semilla) entre los años 1951-52 y 1961-62.

La producción algodonera y su rápida expansión han extendido la proletarización en el campo, acelerando la ruina de los pequeños propietarios y aumentando la concentración de la tierra en pocas manos.

La caña de azúcar, aunque en un grado menor, también ha contribuido al desarrollo del capitalismo en el campo. Desde el bloqueo comercial decretado por los imperialistas yanquis en contra de la Cuba Socialista en 1960, las compras de azúcar de los EEUU se han desplazado a otros países de la América Latina y Asia. Bajo esa influencia la producción azucarera salvadoreña se ha venido ligando más y más a la exportación y, con ello, incrementándose en volumen y productividad. Entre 1958-59y 1961-62, la producción de azúcar aumento de 46,000 a 56,000 toneladas. En los momentos actuales, la gran burguesía en primer lugar los “14 Grandes” se preparan para realizar cuantiosas inversiones en el cultivo de la caña y en al producción de azúcar. Tal proceso proletarizara aún más a las masas rurales y concentrará en mayor medida la propiedad sobre la tierra.

Tanto en el algodón como en la caña, el desarrollo de los cultivos ha producido cambios radicales en la composición de clase de la población rural. Ahora son los asalariados la inmensa mayoría de la población económicamente activa en el campo. Según el censo de Población de 1961, de 485,380 personas que formaban entonces la población económicamente activa en la agricultura, 305.810 eran asalariados y solamente 8.970 eran patronos. 111.530 eran campesinos parcelarios (colonos, propietarios o pequeños arrendatarios) que, por no utilizar mano de obra asalariada o solamente contar con la ayuda de familiares, son llamados en el lenguaje estadístico “trabajadores por cuenta propia”. Los trabajadores familiares que les ayudaban resultaron ser 58.880 (las 190 personas restantes fueron clasificadas en el renglón de “otros.”)

Si se comparan estas cifras con las correspondientes del censo de 1950, saltan a la vista las grandes proporciones que ha tomado en nuestro país el proceso de proletarización de las masas del campo. En efecto, en 1950 los asalariados eran 194.182, en cambio, los campesinos minifundistas (“trabajadores por cuenta propia”) eran 125.487 y los familiares que les ayudaban 75.994.

B. La tierra inculta y el capitalismo en el campo.

La tierra inculta juega un papel concreto en nuestra agricultura; asegura la existencia de una masa abundante de trabajadores carentes de todo medio de producción, en la miseria y dispuestos a vender su fuerza de trabajo por un bajo salario.

Es notoria la tendencia de los latifundistas en El Salvador en el sentido de impedir el cultivo de la tierra por los campesinos. Los grandes finqueros de café y los grandes algodoneros son con frecuencia propietarios de grandes haciendas en regiones no apropiadas para esos cultivos y allí se niegan sistemáticamente a entregar parcelas en colonía o pequeño arrendamiento a los campesinos, más que en una proporción muy reducida. Conscientemente buscan con eso el poder contar con una masa abundante de trabajadores en la miseria, del la cual poder disponer por poco precio en la época de las cosechas del algodón y el café, cuando la demanda de mano de obra crece enormemente hasta absorberla toda.

Los grandes terratenientes que dan sus propiedades en arrendamiento a los capitalistas algodoneros, también cooperan al mismo fin negándose a ceder parcelas en colonía o pequeño arrendamiento en sus tierras no cultivadas. Así contribuyen a la “prosperidad” del cultivo algodonero, prosperidad que lleva envuelta la suya propia.

Esta conducta de los latifundistas no es reciente. En 1827, poco tiempo después de la Independencia de España y de fundada la Republica Federal de Centroamérica, los hacendados interesados en contar con abundante mano de obra asalariada (añileros principalmente) lograron que el gobierno federal promulgara una ley prohibiendo el alquiler de la tierra a cambio de trabajos personales (forma de la colonía) y unos meses más tarde otra ley que obligaba a los “vagos” a trabajar en las haciendas (la ley contra la vagancia)mediante el uso de la fuerza pública. Los “vagos”, desde luego, eran los campesinos que se resistían a dejarse convertir en asalariados.

Si bien es cierto que la colonia ha experimentado aumento entre 1950 y 1961 (Ver cuadro correspondiente en el Anexo No. 2) ello se debe a que los finqueros del café y los hacendados algodoneros acostumbran ceder pequeñas parcelas en número limitado a los trabajadores de carácter permanente que precisan para sus plantaciones, a cambio de trabajo personal o del compromiso de trabajar para ellos aceptando los salarios que fijen o a cambio de un pago de alquiler en especie y en trabajo. En las fincas de café generalmente se trata de insignificantes retazos para edificar ranchos pajizos donde vivir, sin espacio para cultivar. En las algodoneras se ven parcelas más grandes para esos colonos, sembradas generalmente con maíz, frijoles o maicillo. De esta forma los capitalistas cafetaleros y algodoneros se procuran trabajadores permanentes muy baratos y cereales prácticamente gratuitos para cocinar las miserables raciones que dan en parte de pago a los cortadores durante la cosecha. Esta forma de la colonía no esta, pues, en contradicción con el capitalismo sino que se compagina perfectamente con él y su incremento entre 1950 y 1961 está en relación con el incremento del cultivo capitalista del café y el algodón durante ese período.

Los pastos permiten a los latifundistas ocultar la ociosidad de la mayor parte de sus tierras, dándole la apariencia de unidades incorporadas a la producción. Realizan así una ganadería rudimentaria que les permite obtener la renta del suelo y algunas ganancias, sin necesidad de emplear un gran número de trabajadores. Los pocos que es actividad requiere, se encuentran en la condición de colonos y mozo-colonos que pagan en trabajo el uso de la parcelas o ranchos, o reciben un miserable salario.

C- Los remanentes feudales en nuestra agricultura.

En las fincas y haciendas cafetaleras, algodoneras y cañeras de más elevado desarrollo capitalista, las masas asalariadas están sometidas a un régimen de explotación que incluye grandes remanentes del feudalismo. En los corte de café, por ejemplo, se obliga a los trabajadores a diversas formas de trabajo gratuito; el acarreo y “picado” de leña, la “trasegada” (completar los sacos casi llenos que vienen del corte con el contenido de los más vacíos, para preparar los fletes en carretas o camión) la chapoda de pequeñas áreas gratuitamente el día de pago, el acareo de agua, etc. Todas estas formas de trabajo no pagado son restos de la servidumbre feudal. También son residuos de feudalismo en las haciendas cafetaleras , algodoneras y azucareras, el pago en comida de una parte del salario, que obstruye el desarrollo de la circulación monetaria en el campo, y por lo tanto, la producción y la circulación mercantil; el uso por los terratenientes de la Guardia Nacional como tropa a sus servicio; el establecimiento de cárceles en las haciendas y el “derecho” de los hacendados para ordenar la captura de los trabajadores; que son crudas supervivencias de las tropas feudales y de los derechos absolutos de los señores sobre los siervos de la gleba.;la forma moderna del pago en fichas, el descuento obligado por planilla de las deudas a la tienda de la hacienda, mucho más cara que los precios de fuera; la prohibición al libre comercio dentro de las propiedades del terrateniente, que son un evidente acomodamiento moderno de la autoridad que tenían los señores feudales para regular el comercio y el tránsito de las mercancías por sus dominios; el uso de medidas arcaicas y arbitrarias para valuar las labores, como por ejemplo: la “puya” para ”pesar” el café cortado por los trabajadores durante la cosecha, las ”brazadas” para medir las “tareas” en las chapoda y peinas, etc., el régimen legal a que están sujetas las masas rurales, que prohíbe su libre organización, el desamparo en que se encuentra su vivienda contra el allanamiento de la fuerza pública; el trato humillante que reciben los trabajadores por parte de los llamados cuerpos de seguridad , incluso por motivos fútiles como portar el machete con puñera, trato humillante y carencia de derechos que hacen de los trabajadores del campo ciudadanos de segunda categoría, que recuerdan en mucho la situación de los siervos de la gleba durante el feudalismo. Esto son los más sobresalientes ejemplos de supervivencia del feudalismo en las haciendas capitalistas donde predomina el trabajo asalariado. Además como ya vimos, los capitalistas en las haciendas algodoneras y cafetaleras recurren frecuentemente a la colonía en sus dos formas.

Pero no solamente estas son las remanencias feudales en la agricultura de nuestro país. En la parte que no esta destinada a la exportación se encuentra muy extendida la parcela campesina minifundista y de un nivel técnico atrasado, la colonia y el pequeño arrendamiento. (Ver cuadros correspondientes en el Anexo No. 2)

Los terratenientes entregan la tierra a los campesinos en colonato, es decir, a cambio de un “censo” o renta en especie o se las dan en arrendamiento a cambio de un “terraje” o canon de dinero. Ambas modalidades se combinan con diversas tareas gratuitas, sobre todo en el caso de los colonos.

Entre los colonos pueden distinguirse dos categorías: los colonos propiamente dichos y los mozo-colonos. El colono recibe para sus cultivos propios una pequeña parcela dentro de la hacienda y un solar para construir su rancho. A cambio de esto debe pagar una renta en especie (censo) y realizar trabajos gratuitos o mal remunerados en los cultivos o labores ganaderas propias del hacendado. El mozo-colono únicamente recibe un pequeño solar dentro de la hacienda para construir su rancho sin tierra para cultivar. A cambio de esta concesión, esta obligado a toda suerte de tareas gratuitas que varían según las zonas y según la arbitrariedad de los patronos y administradores, y a trabajar por un salario miserable inferior al común, sin que pueda contratarse libremente en otra parte por uno mejor. Así pues, sin tener cultivos propios el mozo-colono tampoco es un asalariado libre.

Una parte de la cosecha de los campesinos propietarios esta destinado al pago de las deudas con los grandes terratenientes y usureros y otra al consumo familiar. Solo lleva al mercado un pequeño excedente, si lo hay, donde cae bajo la explotación de los comerciantes acaparadores. Los insignificantes recursos monetarios de que dispone no le permiten mejorar su técnica y la tierra va perdiendo gradualmente su fertilidad. Eso redunda en un mayor endeudamiento y en peores cosechas.

Los colonos y pequeños arrendatarios, además de las limitaciones y dificultades que soportan los pequeños propietarios, deben entregar al terrateniente una parte importante de la cosecha o su equivalente en dinero, como pago por el alquiler. La continua reducción de sus cosechas, determinada por las causas ya referidas, ha conducido a un gran número de ellos a una situación en la que, después de pagar al hacendado la renta no les resta nada o solamente les resta una cantidad insignificante del producto, que es destinado íntegramente al consumo propio o familiar. Hay un número crecido de ellos cuyas cosechas ni siquiera son suficientes para pagar la renta y caen en un endeudamiento permanente con los terratenientes, que los obliga a permanecer decenios trabajando para ellos en sus haciendas por un pequeño salario y entregándole una alta cuota de trabajo gratuito. Cuando las cosechas mejoran por efecto de factores atmosféricos benignos o por el uso de variedades mejores de simientes, la renta sube y el círculo vicioso entra en una nueva vuelta.

En la producción de maíz, arroz, frijoles y maicillo se encuentra la masa principal de estos campesinos minifundistas, colonos y terrajeros.

Los instrumentos de trabajo que predominan en la producción cerealera son el arado de madera con punta de hierro, la tracción con bueyes, el machete o la cuma. El uso de abonos o insecticidas es casi inexistente en ella.

Entre los grandes terratenientes y los pequeños y medianos propietarios, existen relaciones cargadas de remanentes feudales. El hacendado trata d ahogar económicamente a todos los pequeños propietarios vecinos con el objeto de obligarles a venderle la tierra a malbarato. En muchos casos las maniobras de los hacendados terminan con la usurpación de la tierra de los campesinos, sin pago de ningún precio. Se valen con este fin del cierre de los caminos que cruzan por la hacienda para impedir el paso de oso campesinos con sus productos hasta las vías públicas, que conducen a centros de mercadeo; se niegan a permitirles el uso del río que atraviesa la hacienda, los obligan a pagar el uso de los caminos o del río; los endeudan con fuertes intereses y los obligan a entregarles en pago sus cosechas, cotizándoles precios muy inferiores a los del mercado; les ponen pleitos legales obligándolos a fuertes gastos en abogado, para hostilizarlos y llevarlos a la conclusión de que deben vender al terrateniente e irse, etc. De esta manera las tierras de los pequeños y medianos parceleros se van agregando a las haciendas.

En las haciendas donde predominan las relaciones feudales de producción y las fuerzas productivas atrasadas, hay sin embargo, cierto grado de combinación de la técnica moderna, de la mecanización, de las semillas selectas, abonos e insecticidas y de las relaciones de asalariado libre. No existen en El Salvador pues, unidades feudales puras así como tampoco existen unidades capitalistas puras.

Ch. La “Ley Agraria” legaliza la represión permanente en el campo.

Mención especial merece la “Ley Agraria” vigente. El primer cuerpo de leyes conocido con el nombre de “Ley Agraria” fue dictado en el año de 1907. En 1941 debido a múltiples reformas en su articulado fue sustituida por otra que guardó los rasgos fundamentales de la primera. Esta, con algunos agregados de gobiernos posteriores, es la que se halla en vigencia.

La “Ley Agraria” es, ni más ni menos, el monumento jurídico del feudalismo en El Salvador. Por medio de la misma se delimitan rígidos estamentos en el agro salvadoreño, en los cuales se distinguen desde el terrateniente, que se halla en la cúspide de la pirámide social, hasta el jornalero (trabajador asalariado), pasando por el administrador de fincas o haciendas, por el capataz, etc.

Esa estratificación en el campo que involucra una cadena de explotación humana, en el cual el último eslabón es le proletariado agrícola, es defendida por varios cuerpos represivos. Entre estos se cuenta la Guardia nacional (que hace las vece de policía agrícola), los comisionados de cantón y las patrullas militares, estas últimas integradas con civiles armados y que constituyen una especie de milicias al servicio de la reacción.

La “Ley Agraria” vigente incluye disposiciones que datan de los tiempos coloniales y que llevan por mira mantener el terror entre los trabajadores del campo. Mencionamos algunas:

Artículo 71- “Los agentes de la Guardia Nacional, al primer requerimiento de cualquier hacendado o agricultor capturarán a la persona o personas que este les indique como sospechosas, bajo su responsabilidad; se constituirán en la siembra o labor del requirente y le prestaran un eficaz auxilio para salvarlo de cualquier hecho ilícito que se pretende ejecutar, poniendo a los indiciados a la disposición de la autoridad competente.”

Artículo 72- “Requerirán a los habitantes de los campos que pertenezcan a la clase de jornaleros para que les presenten sus boletas que acrediten hallarse trabajando en alguna finca o heredad; y a los que no presenten dichas boletas los conducirán a la Alcaldía Municipal, más inmediata para que les proporcionen ocupación en los trabajos públicos o d particulares en la población o fuera de ella.”

Artículo 78- “Los agentes de la Guardia Nacional pueden allanar, en el cumplimiento de sus obligaciones, cualquier jurisdicción de la República, y especialmente en la persecución de los jornaleros y operarios que hayan faltado a los compromisos contraídos con los agricultores, y en la persecución de malhechores de todo género.”

La “Ley Agraria” , en pocas palabras, resuma la más odiosa arbitrariedad en contra de los proletarios y se mi-proletarios del campo; es un instrumento de permanente represión.

6. Nuestra agricultura es semi-colonial.

El monocultivo y sus consecuencias

Nuestra agricultura no ha sido independiente ni un solo momento desde la llegada de los españoles hasta los días actuales. Durante los tres siglos de la dominación española, la agricultura fue condicionada ala satisfacción de los intereses de los colonialistas. La Corona prohibía los cultivos que hacían competencia a los de la Península, o sometía a ciertos productos a un régimen agobiador de impuestos y a limitaciones para su libre comercio, incluso con los puertos de España. Nuestro añil, para el caso, estuvo sujeto a un régimen de limitaciones. La Independencia abolió esas trabas y con ello reforzó a nuestra agricultura en su condición de apéndice abastecedor de Europa. Por ese mismo camino colonial prosiguió su marcha al abandonar el añil y adoptar el café, durante la última mitad del siglo pasado, lo mismo que al desarrollar el algodón en los últimos veinte años.

Seguimos siendo hoy, y lo somos en mayor proporción que ayer, un País de una agricultura apéndice de las potencias industriales, que no produce los alimentos y materias primas necesarias para nuestra población y para nuestra industria, que gira en torno de los pocos cultivos para la exportación, que es en suma una agricultura propia de una colonia y no de un país independiente.

A- El monocultivo y sus consecuencias.

El capitalismo surgió y se ha desarrollado en la agricultura salvadoreña totalmente bajo la influencia de esta condición colonial. Por eso el desarrollo del capitalismo ha sido al mismo tiempo un proceso de deformación de la agricultura y de la economía nacional en conjunto. El fruto más dañino de este camino deformado de desarrollo es el monocultivo.

Se llama monocultivo al desarrollo unilateral de la agricultura, cargado a uno o dos cultivos para la exportación. Estos cultivos concentran las mejores tierras, las mejores vías de comunicación, los mejores implementos y técnicas, el volumen principal de los créditos, la mayor parte de la actividad del Estado hacia la agricultura, etc. Lo peor y más raquítico de estos renglones prevalece en el resto de la producción agropecuaria.

El cuadro que presenta nuestra agricultura es el típico cuadro del monocultivo; alto desarrollo y productividad de vanguardia en los cultivos de exportación, estancamiento y proceso de liquidación de los cultivos destinados al consumo interno.

Veamos algunos datos estadísticos (*) que demuestran la presencia de este fenómeno:

CULTIVOS PARA EL CONSUMO INTERNO

MAIZ

Cosecha de los años Manzanas Quintales Quintales por manzana

1951-52 225.345 3.881.448 17.22

1961-62 221.795 3.144.665 14.18

FRIJOL

1951-52 50.462 655.265 12.99

1961-62 30.700 227.815 7.42

ARROZ

1951-52 23.340 367.220 15.73

1961-62 12.710 252.665 19.88

MAICILLO

1951-52 97.996 1.744.785 17.80

1961-62 140.470 1.835.510 13.06

GANADO VACUNO

1950 1962 Diferencia

809.838 cabezas 671.190 cabezas 138.648 menos

GANADO PORCINO

388.790 cabezas 156.203 cabezas 232.587 menos

CULTIVOS DE EXPORTACION

CAFÉ

Cosecha de los años manzanas cultivadas total de quintales quintales

por manzana

1949-50 165.063 1.599.726 9.69

1962-63 178.150 1.709.346 9.59

ALGODÓN

1951-52 42.646 213.516.02 5.6

1961-62 110.275 1.325.090.00 12.1

AZUCAR

1950-51 10.252 572.677 55.86

1960-61 11.114 1.073.057 96.55

El monocultivo en El Salvador ha llegado a alcanzar un peso mucho más aplastante que en cualquier país de Centroamérica. Particularmente el veloz desarrollo del algodón que desde 1945 a 1957 aumentó en 42.64 veces el volumen de su exportación y en 55.71 veces el valor de las mismas, ha desalojado bruscamente los cultivos cerealeros, arrojándolos a las tierras de inferior calidad y peor dotadas de vías de comunicación. El café, pese a ser un cultivo de las alturas, también ha desplazado en gran medida a las siembras cerealeras. Cuando los precios del café llegaron a los más altos niveles (1951-57) las plantaciones se extendieron incluso a tierras no recomendables para ese cultivo y aumentó considerablemente la siembre de “bajío” (es decir en los valles). En esa forma, El Salvador ha llegado a ser en Centroamérica el que relativamente produce menos cereales. El cuadro siguiente permite conocer mejor esta verdad: (*)

PRODUCCION EN TONELADAS METRICAS

Producto Costa Rica El Salvador Guatemala Honduras Nicaragua

Arroz 57.000 13.000 14.000 23.000 34.000

Maíz 76.000 180.000 506.000 288.000 119.000

Trigo —— ——- 21.000 1.000 ———

Frijoles 14.000 19.000 31.000 35.000 22.000

(*) Cuadro aparecido en La Prensa Gráfica del 14 de junio de 1963 y elaborado con datos oficiales de los respectivos países.

Esta situación calamitosa de la producción alimenticia repercute gravemente en la dieta popular. Según estimaciones oficiales incluidas en el informe de la delegación del gobierno salvadoreño ante la Conferencia sobre Educación y Desarrollo Económico y Social, celebrada en Santiago de Chile en marzo de 1962, en el año 1957 la necesidades alimenticias mínimas en materia de cereales fueron de 19.903.283 quintales (de maíz, maicillo, frijoles y arroz) Pero la producción de ese año solamente fue de 6.766.883 quintales. Es decir que apenas una tercera parte de las necesidades en cereales fue cubierta por la producción nacional. En ese mismo informe se dijo también que de un mínimo de 80 libras de carne que son necesarias en la alimentación de cada persona por año, durante 1957, apenas se consumieron en nuestro país 13.6 libras por habitante. El consumo de carne fue solamente, pues, la sexta parte de las necesidades mínimas.

La producción de cereales y de carne desde 1957 no sólo no ha mejorado, sino que se ha reducido más. La población nacional, en cambio, ha crecido desde entonces en casi medio millón de habitantes.

Al desarrollarse unilateralmente nuestra agricultura, las masas trabajadoras del campo están sujetas a permanecer la mayor parte del año sin empleo. La cosecha del café se inicia a fines de octubre y se extiende hasta finales de diciembre o principios de enero. En diciembre, enero y parte de febrero se recoge la cosecha del algodón y en febrero y parte de marzo se realiza la zafra, que absorbe ya una cantidad pequeña de trabajadores en comparación con el café y el algodón. Esos son los meses de mayor empleo en el campo, de los cuales, diciembre es el punto sobresaliente. Durante ese periodo los asalariados logran emplearse un promedio de unos tres meses, durante los cuales devengan salarios miserables. El resto del año, aparte de pequeños intervalos en los que aumenta la demanda de mano de obra para la preparación de la tierra y siembra del algodón, para labores de limpieza y poda de los cafetales, que de todos modos solamente absorben una parte de los trabajadores el resto es tiempo muerto para la inmensa mayoría, tiempo de hambre y padecimientos de todo género. La fuerza de trabajo de miles de trabajadores permanece así pasiva y su completa carencia de ingresos reduce drásticamente la capacidad de compra del mercado nacional, afectando toda la actividad económica del país. Durante esos meses, por tal motivo, también las ciudades son recorridas por el espectro del desempleo y el hambre.

Este problema del paro temporal se acrecienta más cada día, pues el aumento anual de la población, que en nuestro país es uno de los más altos del mundo (3.5% anual) arroja a decenas de miles de jóvenes a la edad de trabajo, sin que el desarrollo de la agricultura en particular, ni el de la economía en su conjunto, asegura la creación de nuevas fuentes de empleo en la proporción suficiente. Anualmente por eso, se va sumando un saldo de hombres y mujeres que llegan a edad de trabajo sin ser absorbidos. En los periodos de las cosechas de los cultivos de exportación sus posibilidades crecen, peor al pasar estas, las filas de los parados son mayores.

De esta manera, el actual desarrollo capitalista de la agricultura, por una parte, significa un progreso, puesto que implica la incorporación de nuevas relaciones de producción, más avanzadas que las feudales y nuevas fuerzas productivas de un nivel superior a las del feudalismo, peor también significa un enorme obstáculo, un freno al desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción en la agricultura tomadas en conjunto, imponiendo al mismo tiempo grandes limitaciones al desarrollo económico general del país.

Solamente mediante una profunda transformación revolucionaria, que liquide el monocultivo diversificando la producción agropecuaria, se abrirá ancha vía al desarrollo de las fuerzas productivas en la ciudad y el campo. La industrialización y la diversificación de la agricultura podrán así absorber las enormes masas de desocupados parciales y totales que hoy existen en el campo y la ciudad y elevar su nivel de vida material y cultural.

B- Una peculiaridad nacional: el monopolio de la tierra y el monocultivo son de propiedad de terratenientes y capitalistas nacionales.

A diferencia de otros países de América Latina, en El Salvador el monopolio de la tierra esta en manos de grandes terratenientes nacionales y lo mismo ocurre con la producción de café y algodón.

En otros países del Continente, los más grandes terratenientes y empresarios capitalistas de la agricultura son los monopolios imperialistas yanquis. Así es en la mayoría de Centroamérica, donde la United Fruit Company monopoliza la producción bananera, maderera, ganadera y cafetalera y así era en Cuba, donde la mayor parte de la producción de caña y de azúcar, así como los más grande latifundios, se encontraban en poder de monopolios norteamericanos, incluida la United Fruit Co.

El hecho de que en nuestro país no sea así favorece el surgimiento y desarrollo de contradicciones entre los capitalistas del café y el algodón, con los imperialistas norteamericanos por motivos de precios y competencia en el mercado internacional que permiten acrecentar las fuerzas de la liberación nacional. Es particularmente nocivo para los intereses cafetaleros y algodoneros de nuestro país, especialmente para los pequeños y medianos, la política de bloqueo comercial hacia el Campo Socialista que el gobierno yanqui impone.

7- El nivel de vida material y cultural de las masas del campo es miserable.

Las peores consecuencias de los rasgos semifeudales y semicoloniales de nuestra agricultura las soportan las masas de asalariados agrícolas y campesinos. Entre ellas se registran los más elevados niveles de analfabetismo y falta de aulas, los más agudos extremos de la desnutrición, de la insalubridad general, de la falta de viviendas, etc. Los trabajadores del campo comienzan a soportar la dura explotación desde la niñez. La estadística solamente registra el número de niños que trabajan de manera permanente o que aparecen registrados en las planillas, pero durante los cortes de café y algodón decenas de miles de niños más se incorporan a las labores sin que aparezcan contabilizados porque solamente se inscribe al padre o la madre.

Veamos algunos datos estadísticos sobre las condiciones de vida en el campo:

LOS SALARIOS EN EL CAMPO (*)

CATEGORIAS SALARIOS DIARIOS EN COLONES

Mínimo Máximo Medio

Mayordomo 0.16 7.00 2.53

Caporales 0.16 7.00 1.69

Oficinistas 0.60 9.58 3.61

Obreros

Especialistas o

Especializados 0.40 10.00 3.66

Obreros no

Especializados

Permanentes

Hombres 0.33 4.10 1.08

Mujeres 0.16 4.50 0.98

Menores de 16 años 0.12 2.80 0.85

CATEGORIAS

Temporales:

Hombres 0.27 5.40 1.57

Mujeres 0.12 2.80 1.39

Menores de 16 años 0.24 2.00 0.95

(*) (Pág. 22) datos tomados del Informe al Gobierno salvadoreño sobre los Asalariados Avícolas” por j. Ambrosini de la OIT. El informe fue elaborado en base de una encuesta a 23,000 trabajadores de las distintas zonas del país.

Según el Censo de Población de 1961 había en el campo 46,190 trabajadores de una edad entre los 10 y los 14 años. De hecho hay varios miles más de niños menores d e10 años que trabajan y que no han sido registrados.

Según ese mismo censo, de 751.150 niños y muchachos e edad escolar (de 6 a 29 años) que habría en el campo, 602.530 no asistían a la escuela y pasaban a engrosar la s multitudinarias filas de los analfabetas.

Sobre la vivienda rural no se poseen datos serios y generales. Pero al simple observación revela su estado calamitoso e insalubre, y permite apreciar la falta de ella para enormes masas que se amontonan en las galeras y ramadas de las haciendas y fincas, de “posada” en los ranchos de los colonos, o simplemente bajo los árboles o a la intemperie.

La prosperidad y los millones de los grandes terratenientes y burgueses se han amasado con la salud, el atraso cultural y la miseria de las grandes masas de nuestra campiña. Nada que no sea hambre, desnudez y enfermedad han sacado los trabajadores del desarrollo capitalista deformado de nuestra agricultura.

8- El monopolio sobre la tierra es la base de nuestra estructura agraria semicolonial y semi-feudal.

Qué es lo que permite que nuestra agricultura se desarrolle por los cauces coloniales, que sea monocultivista, que se conserven en ella tanto remanentes del feudalismo, que las masas trabajadoras soporten tan pésimas condiciones de vida? La respuesta salta a la vista y no puede ser otra: la existencia del monopolio de la tierra en manos de una reducida oligarquía de grandes latifundistas y capitalistas. Mientras ellos conserven el monopolio de la tierra, estarán en condiciones de imprimir a la agricultura y a toda la economía nacional el rumbo que exigen sus interese mezquinos e insaciables. Mientras ellos conserven el monopolio de la tierra, las masas trabajadoras, que son las mayoritarias en nuestro país, arrastraran una vida de miseria, desocupación y falta de derechos: la producción no podrá diversificarse, faltaran los alimentos, no podrán producirse las materias primas para nuestra industrialización, ni aumentarse la capacidad de compra de la población para impulsarla; no podrán ser liquidados completamente y para siempre los remanentes feudales en las relaciones de trabajo ni el atraso feudal de la técnica.

El monopolio de la tierra es el tapón que impide el progreso general del país.

9. las clases sociales en el campo.

A- Los grandes terratenientes o latifundistas.

Estos son los monopolistas de la tierra y, como ya vimos, algunos son dueños tanto de haciendas capitalistas donde predomina le trabajo asalariado y la técnica avanzada, como de haciendas donde predomina el feudalismo.

Una gran parte de los latifundistas arriendan sus tierras a los empresarios capitalistas y se han convertido en parásitos absolutos. En tanto que muchos son empresarios cafetaleros y últimamente algodoneros y cañeros.

De esta clase, como vimos, se ha destacado un grupo minúsculo de multimillonarios (los “14 Grandes”) que son los amos de toda la economía nacional. Los “14” y los demás grandes terratenientes forman la oligarquía, aliada del imperialismo norteamericano, con el cual tiene, al mismo tiempo contradicciones en cuanto a los precios de los productos agrícolas de exportación, en cuanto a la demagogia social impulsa últimamente por la Alianza para el Progreso, en cuanto a la posición privilegiada de sus inversiones en nuestro país, y sobre todo, después del 25 de enero de 1961, en cuanto al control hegemónico sobre la tiranía militar. Hasta el golpe cuartelario de esa fecha, la tiranía militar había venido siendo un instrumento fundamentalmente bajo la dirección de la oligarquía interna, pero desde entonces se convirtió en un instrumento bajo la hegemonía norteamericana.

B-La burguesía media del campo.

Esta clase esta formada principalmente por los finqueros medianos del café y los algodoneros medianos. Sus propiedades o plantaciones no abarcan extensiones superiores a las cien hectáreas (143 manzanas), y en ellas dominan las relaciones de salario y es aplicada en escala considerable la técnica moderna (abonos, tractores, insecticidas, semillas selectas, etc.) A esta misma clase pertenecen aquellos medianos cañeros, cerealeros, ganaderos, henequeneros, hortelanos, etc., en cuyas labores emplean mano de obra asalariada y hacen uso de una técnica adelantada.

Esta clase tiene contracciones con la de los grandes terratenientes, por motivo de créditos caros, los bajos precios para sus cosechas y los altos alquileres de la tierra. Esto último es de especial importancia en el caso de los algodoneros medianos, pues en su mayoría no son propietarios de la tierra, sino arrendatarios que pagan elevados cánones a los grandes hacendados. El alquiler de una manzana de tierra para algodón ha llegado a ser en algunos años superior a ciento cincuenta colones.

La burguesía media del campo tiene asimismo, contradicciones con los imperialistas norteamericanos: los cafetaleros resientes de ellos sus maniobras para bajar los precios y mantenerlos a baja altura, los altos precios de sus mercancías industriales siempre en crecimiento (aperos, automóviles, etc.) Los algodoneros, tienen una doble contradicción con los imperialistas: son por una parte, competidores de la producción algodonera yanqui y, en este sentido, las contradicciones con ellos se producen en torno a la disputa de los mercados consumidores. En los últimos años el gobierno norteamericano ha establecido una bonificación que ha crecido ya bastante (ahora es de ocho dólares por quintal) a los exportadores, para que rebajen sus precios en el mercado mundial y compitan en mejores condiciones contra los algodoneros de nuestros países latinoamericanos y los de aquellos países africanos donde se produce esa fibra. Por otra parte, los monopolios yanquis que compran nuestra cosecha desde Japón y otros países lo mismo que el propio gobierno de los EEUU le imponen de hecho a nuestros algodoneros la prohibición de vender sus productos a los países socialistas, que pagan precios mucho más ventajosos que los que reciben de ellos. A esta doble contradicción se agregan las derivados de los altos precios de las mercancías industriales yanquis, principalmente de la maquinaria e implementos anexos que son de uso muy extendido entre los algodoneros.

Peor al mismo tiempo que la burguesía media del campo tiene esas contracciones con los imperialistas y grandes terratenientes, tiene con ellos algunas coincidencias: son al igual que ellos explotadores y desde ese punto de vista coinciden en la defensa de los bajos salarios. Cada vez que se ha planteado el problema de los bajos salarios de los trabajadores rurales en nuestro país, los más bulliciosos en la defensa de los miserables niveles actuales han sido precisamente los burgueses medios. Además están ligados íntimamente al monocultivo y han ayudado a extenderlo lo cual los hace coincidir también con los intereses de los grandes terratenientes y de los imperialistas.

Esta clase puede ser atraída al lado del proletariado revolucionario, si este es fuerte, arrastra tras de sí a las masas trabajadoras no proletarias (campesinos pobres, pequeños productores urbanos, obreros independientes, empleados, etc.) y pone en práctica una amplia y acertada política de alianza.

C-Los campesinos.

Entre los campesinos cabe distinguir a tres capas:

1) Los campesinos pobres o semi-proletarios del campo: Los campesinos pobres son aquellos que cuentan con una pequeña parcela; ya sea en propiedad o en colonía. Pero sus parcelas son tan pequeñas y su carencia de recursos monetarios tan grande, que no pueden vivir solamente de lo que cultivan de ellas. Se ven obligados a buscar trabajo como asalariados una parte del año. Por lo general los campesinos pobres carecen de animales y aperos para el laboreo, o solamente cuentan con las herramientas rudimentarias más indispensables (“cuma” machete, arado de madera, piedra de afilar, etc.) y les es muy difícil conseguir las semillas. Hay muchos de ellos que se ven obligados a dejar sus parcelas sin cultivar por la falta de semillas y bueyes o dinero para alquilarlos.

Los campesinos pobres que cultivan parcelas como colonos, trabajan como jornaleros en la misma hacienda donde han recibido la parcela., devengando salarios inferiores a los usuales en la región y realizan, como ya se ha sabido, numerosas tareas gratuitas para el hacendado.

Los recursos en dinero de que disponen los campesinos pobres son insignificantes y a menudo ni siquiera les sobre de la cosecha para llevar al mercado, después de pagar los censos como colonos, o después de calcular su propio consumo. El campesino pobre esta casi al margen de la economía mercantil y lo estaría totalmente a no ser por las pequeñas sumas de dinero que recibe cuando logra obtener un pequeño excedente de la cosecha y la vende, o en concepto de salario cuando encuentra trabajo.

Entre los campesinos pobres los hay quienes están en las peores condiciones y los que se encuentran en una situación relativamente bonancible dentro de su capa.

Los campesinos pobres forman la masa de semi-proletarios del campo porque tiene tanto de propietarios de medios de producción como de trabajadores que venden su fuerza de trabajo.

Los campesinos pobres tienen contradicciones con los grandes terratenientes y burgueses medios, que constantemente acechan sus parcelas, los endeudan, los obligan a pagar con trabajo mal remunerado, elevan los censos y los exigen aunque no quede nada después de pagarlos.

2) Los campesinos medios: Los campesinos medios son aquellos que poseen una pequeña parcela, ya sea en propiedad, en arrendamiento o en colonía, aperos de labranza y ganado de labor ( o al menos cuentan con dinero para alquilar ese ganado) en una medida suficiente para vivir de sus cultivos, sin necesidad de recurrir a la venta de su fuerza de trabajo por salario. Solo excepcionalmente los campesinos medios necesitan trabajar como asalariados.

Los campesinos medios trabajan sus cultivos ellos mismos o a lo sumo ayudados por miembros de su familia. Muy rara vez contratan jornaleros y cuando lo hacen es solamente por pocos días, durante la siembra o la cosecha, y se trata de uno o dos. Entre los campesinos medios, los hay algunos bastante acomodados, que cuentan con “bestia” ,con carreta, pozo y rancho de adobe o bahareque. Los campesinos medios acomodados hasta pueden costear la educación de algún hijo más allá de la escuela primaria.

Los campesinos medios disponen de recursos monetarios en mayor medida que los campesinos pobres y mozo-colonos y consumen una mayor cantidad de mercancías. Muchos de ellos adquieren a plazos radiorreceptores y diversos utensilios domésticos.

Pero esta es una capa de cruce y al lado de los relativamente acomodados, entre los cuales algunos logran ascender a la capa de los campesinos ricos y hasta más “arriba” hay muchos otros que van hacia “abajo”, hacia las filas de los campesinos pobres y de los proletarios del campo. En los últimos diez años muchísimos campesinos medios han sido proletarizados en nuestro país.

Los campesinos medios tienen contradicciones con los grandes terratenientes por los altos censos y terrajes, por la voracidad de estos sobre sus parcelas, por las deudas usurarias, por toda la hostilización de que los hacen objeto y a las que nos hemos referido antes, por los precios de la cosecha, etc. También tienen contradicciones con los burgueses medios que, en menor medida que los hacendados, también muestran sus apetitos por las parcelas.

En 1950 entre los campesinos pobres y los campesinos medios hacían un número aproximado de 125,000. Pero las cifras del último Censo de Población (el de 1961) revelan que han disminuido a 111,530. Si se considera que desde 19590 ha crecido la población y se han subdividido las propiedades medias para efectos de la herencia y las dotes a los hijos mayores, tendría que haberse producido un aumento de estas dos capas. Sin embargo, es tan grande la explotación y la presión que sufren de parte de los grandes terratenientes y burgueses medios, y es tan grande la crisis a que los ha llevado el monocultivo que se han arruinado por miles, perdiendo sus tierras y convirtiéndose en asalariados libres. Es asimismo revelador de este fenómeno el hecho de que, según este mismo Censo de Población, se haya reducido el número d e “trabajadores familiares” agrícolas en 19,115 respecto al año 1950 (de 75,994 en 1950 a 58,880 en 1961). Estos trabajadores son precisamente los que laboran en las parcelas de los campesinos medios, familiares suyos, sin recibir salario. Tan drástica reducción en tan poco tiempo confirma que estas capas campesinas se encuentran soportando un proceso profundo y rápido de proletarización, que los lleva violentamente a la ruina. En este proceso de proletarización de las masas campesinas pobres y medias, ha jugado el principal papel en los últimos años el veloz crecimiento del cultivo del algodón.

3) Los campesinos ricos: Son aquellos que poseen una parcela de regular tamaño, ya sea en propiedad o en arrendamiento, cuentan con implementos y ganado para el laboreo, tienen varias yuntas de bueyes, carreta (a veces cuentan con automóvil, jeep o camioncito). Para realizar sus cultivos se valen del trabajo de jornaleros asalariados, cuentan con capital.

El campesino rico por lo general vive en el campo y participa de las costumbres rurales. Es corriente que tome parte personalmente en algunas de las labores de sus cultivos o se encargue de algunas de sus tareas, como el ordeño y la fabricación de los quesos, si es que se dedica a la ganadería.

Esta capa es francamente acomodada y cuenta con medios hasta para darle a sus hijos una educación superior. Muchos de los campesinos ricos en nuestro país viven en los pequeños pueblos rurales y viajan con cierta frecuencia ala capital con fines de diversión y de compra de mercancías casi todo el año, aunque de manera especial durante las semanas que siguen a la cosecha. Muchos campesinos ricos en la zona oriental del país se han dedicado al cultivo del algodón, dando origen a una capa muy acomodada, de la que anualmente ascienden algunos a la burguesía media. Al mismo tiempo, decenas de elementos de esta capa han sido arruinados en los últimos años por los prestamistas, los grandes terratenientes y su propio despilfarro.

Los campesinos rico son relativamente poco numerosos en El Salvador y tienen contradicciones con los grandes terratenientes, pero también las tienen, aunque en grado menor que los burgueses medios, con los asalariados, campesinos pobres y medios. Los campesinos ricos son víctimas del crédito usurario y tienen un acceso muy limitado al crédito bancario. Muchos de ellos se encuentran sumamente endeudados. Les resultan caros los abonos e insecticidas, que solamente pueden comprar en pequeña cantidades. Los grandes terratenientes acechan también las tierras de los campesinos ricos y tratan de absorberlas. Para esto se valen preferentemente de los préstamos hipotecarios. Muy pocos campesinos ricos son los que en la actualidad tienen sus parcelas libres de hipotecas.

El monocultivo ha lanzado a la ruina a muchos campesinos ricos que se dedicaban al cultivo de los cereales. Por no contar con recursos en dinero suficiente para sembrar algodón, muchos se vieron obligados a dar en alquiler sus tierras a los empresarios algodoneros y han terminado perdiéndolas.

La revolución les ayudar a resolver todos estos problemas y por ello pueden ser aliados del proletariado si este los atrae con una correcta política de frente único.

Ch- Los asalariados del campo o proletarios agrícolas.

Pertenecen a esta clase todos aquellos trabajadores desposeídos de tierra y de todo otro medio de producción, que solamente cuentan con su fuerza de trabajo y la venden por un salario a cualquier patrono. Los asalariados agrícolas solamente poseen un machete o una”cuma” instrumento de trabajo propio. La gran mayoría de ellos no tienen vivienda ni lugar fijo de residencia. Sus pertenencias personales se reducen en el mejor de los casos, a una muda para usarla el día domingo, más o menos en buen estado, y una harapienta para el uso diario; aun par de caites y excepcionalmente un par de zapatos, a una “cebadera” par cargar todas estas cosas y a un sombrero de palma (excepcionalmente cuentan también con un sombrero de fieltro barato). El salario más difundido es el de un colón diario, aunque no pocos de ellos devengan sumas muchos menores.

Con la modernización de las labores del algodón, la caña de azúcar y otros cultivos en menor escala, se ha formado gradualmente entre los asalariados del campo un sector calificado de tractoristas, mecánicos, conductores de camiones, manejadores de diversas maquinas, etc. En los beneficios del café, ingenios azucareros y en plantas desmotadoras del algodón ha tenido lugar también la calificación de miles de asalariados rurales en diversos aspectos del trabajo que en ellos se realiza. Asimismo existe otro sector calificado de asalariados agrícolas, que es mucho más antiguo, formado por carpinteros, albañiles, mecánicos, hojalateros, “peceros” (prácticos en la apertura de pozos y en el uso de la dinamita) queseros, “campistos”, aserraderos, que trabajan, ya sea por cuenta propia, o como asalariados permanentes o temporales en las fincas u haciendas. Todos estos trabajadores calificados devengan salarios un poco más elevados que el resto, peor tampoco alcanzan los niveles de la ciudad para los mismos.

(que son todavía bajos).

Los asalariados agrícolas son la clase más numerosa del campo y del país. Junto con los asalariados de las ciudades forman el proletariado salvadoreño. Según los datos del Censo de Población de 1961, 540.080 trabajadores forman el total de asalariados en nuestro país, y de ellos 305.810 son asalariados agrícolas. Su número ha crecido en 110.268 desde 1950 en que se efectuó el otro censo de Población (en 1950 los asalariados agrícolas eran de 194.182) lo cual significa un crecimiento de 56.60% en once años.

Los asalariados agrícolas solamente disponen de sus ingresos monetarios, durante están empleados, los cuales gastan totalmente en su subsistencia, sin la más remota posibilidad de ahorro. Con los ingresos durante las cosechas es que procuran hacerse de una muda u otros objetos indispensables. Para poder subsistir durante las interminables semanas de desocupación, muchos de ellos procuran realizar una pesca en los ríos, lagunas y costa., lo mismo que alguna cacería de iguanas, conejos y otros animales. Una dieta exclusivamente formada por un par de tortillas de maicillo comprado con los ingresos de la época de empleo, es el sostén durante esas semanas para miles y miles de asalariados. Entretanto, grandes extensiones de tierra acaparadas por los monopolistas permanecen en la ociosidad.

Los asalariados agrícolas son la clase más explotada de nuestro país, las que produce las fabulosas ganancias a la oligarquía y los millones de dólares que obtienen como utilidad negociando con nuestro café y algodón, los monopolios yanquis relacionados con estos ramos. Son también los más duramente afectados por el monopolio de la tierra y por el monocultivo, que los condena a una vida de penalidades, de ayuno, de desocupación. Siendo la clase más explotada, la contradicción entre ella por una parte, y los grandes capitalistas oligárquicos y los monopolios yanquis por la otra, constituye la contradicción más importante de nuestro campo. Los asalariados tienen también una contradicción general con todos los patronos, y en gran número por trabajar en las fincas y algodoneras de los burgueses medios están enfrentados a ellos a propósito de los miserables salarios y de las más pésimas condiciones en que se realiza el trabajo.

Para los asalariado del campo no existe regulación de la jornada ni medidas para las “tareas”, ni derecho a organizarse, ni todas las demás conquistas legales con que cuentan los trabajadores de la ciudad, aunque también limitadamente. El gobierno actual ha emitido algunas regulaciones de la jornada, de la contratación individual, de la alimentación y el descanso dominical remunerado. Estas medidas del gobierno han constituido claramente un esfuerzo demagógico, para rebajar la combatividad de las masas y salir de la crisis política iniciada en octubre de 1960, así como también son la ejecución servil de la llamada política de “Alianza para el Progreso”, que impulsa el gobierno yanqui como medida para apuntalar su tambaleante dominación en América latina. Pero tales regulaciones no solamente no se cumplen, sino que dieron pretexto a una reducción general de los salarios por parte de los capitalistas y para realizar despidos masivos y sustituir en gran medida la mano de obra por maquinaria, particularmente entre los algodoneros.

10- La importancia del proletariado agrícola como fuerza revolucionaria y de la alianza obrero-campesina para el triunfo de la revolución en esta etapa.

Movilizar, organizar, llevar a la lucha por sus reivindicaciones y politizar a las masas proletarias del campo constituyen la tarea principal de nuestro partido y de todo el movimiento revolucionario en el campo. El proletariado agrícola dirigido por el proletariado urbano, organizado y consciente, aliado estrechamente con los campesinos pobres y medios, encabezados por su vanguardia, el PCS, constituyen las fuerzas revolucionarias principales y la columna vertebral del frente único de liberación nacional.

Los campesinos, incluso una parte de los campesinos ricos, no tienen otra salvación que a que les proporcionara la revolución. De nadie más que del proletariado pueden esperar la tierra y el paro a la profunda crisis que sufren, llevados a la ruina por los grandes terratenientes y el monocultivo. En diez años más, los campesinos pobres y medios casi habrán desaparecido. “Nada que no sea el despojo y la ruina pueden los campesinos esperar ya de los terratenientes y la burguesía”. “La alianza con los obreros es lo único que puede darles la tierra y salvarle de la voracidad de los latifundistas.”

La incorporación de las masas de obreros agrícolas al campo de las fuerzas revolucionarias, será el fenómeno que modificará radical y definitivamente la correlación de fuerza dentro de nuestro país y decidirá el triunfo de la revolución democrática, anti-feudal y anti-imperialista.

11. Resumen de las características de nuestro problema Agrario.

Después de realizado el estudio anterior, podemos resumir así las características más sobresalientes de nuestro problema agrario:

1-Más de la mitad de nuestro territorio agrícola se encuentra inculto la mayor parte de la tierra inculta se encuentra cubierta por pastos para una ganadería, raquítica, en crisis y sumamente atrasada.

2-Existe un extremo monopolio sobre la tierra. Los dos tercios de la tierra se encuentran concentrados en poder de una reducida oligarquía de grandes terratenientes y multimillonarios capitalistas, exportadores e importadores, dueños también del sistema bancario y d la gran industria, en sociedad con los monopolios yanquis.

3- En nuestra agricultura tiene lugar un proceso de desarrollo capitalista ligado a las ramas destinadas a la exportación (café, algodón y azúcar) este desarrollo capitalista conserva y ensancha la gran propiedad territorial y numerosos remantes feudales en las relaciones de producción., al mismo tiempo que estanca dentro del atraso feudal al resto de la agricultura. Por eso puede decirse que la agricultura salvadoreña es semi-feudal y en desarrollo capitalista deforme.

4- Tenemos una agricultura monocultivista, que gira en torno a dos o tres cultivos destinados a la exportación. El monocultivo ha llevado a crisis la producción de alimentos, determina el desempleo masivo temporal y obstruye el desarrollo armónico y general de toda la agricultura.

5- Los asalariado forman la inmensa mayoría de la población rural y constituyen una gran masa desposeída, con un poder comprador extremadamente pobre y unas pésimas condiciones de vida.

6- Todos esto rasgos son el resultado del proceso deformado de desarrollo de nuestra agricultura, interferido por los intereses coloniales desde la llegada de los españoles. El monopolio de la tierra la ociosidad de su mayor parte, el desarrollo capitalista, el monocultivo, son rasgos formados históricamente bajo la presión del rumbo colonial que ha tenido nuestra producción agrícola desde la conquista. Nuestro país es ahora más que ayer un apéndice agrícola de las potencias capitalistas industriales y en primer lugar de los EE.UU.

Pero la tierra y demás medios de producción en la agricultura, la exportación de sus productos monocultivistas, y demás negocios conexos, no pertenecen a monopolios extranjeros, sino a un puñado de multimillonarios nacionales. Por todo esto es que decimos que n lustra agricultura es semi-colonial.

7- La siguiente caracterización sintetiza todos los rasgos de nuestro problema agrario:

Nuestra agricultura es semi-colonial, semi-feudal y en desarrollo capitalista deforme.-

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