Realizando los sueños en la tierra

REALIZANDO LOS SUEÑOS EN LA TIERRA

Comentario al libro “Con Sueños se Escribe la Vida, autobiografía de un revolucionario salvadoreño”, de Salvador Sánchez Cerén (Leonel Gonzáles).

Miguel Ángel Chinchilla

En esta época de preelecciones, mientras otros despilfarran miles y miles de dólares en realities shows buscando a quienes y con quienes, Salvador Sánchez Cerén hasta un libro presentó ya, lo cual comunicacionalmente hablando lo ubica en una posición de extrema ventaja, ya que el diputado, maestro y ex comandante guerrillero, se oferta al electorado a través de un producto cultural que no es usual entre los políticos tradicionales de nuestro país: un libro, una autobiografía.

Es cierto que tras los Acuerdos de Paz muchos comandantes del FMLN comenzaron a publicar sus libros de testimonios, sin embargo no es lo mismo editar un libro en tiempo ordinario que hacerlo en tiempo preelectoral, sobre todo cuando el autor es candidato a la vicepresidencia de la república y “una de las personas de izquierda más respetadas por la derecha de este país”, según palabras de Lorena Peña en el prefacio.

Obviamente los recuerdos de Salvador comienzan en su pueblo natal, Quezaltepeque, ubicado en el departamento de La Libertad: “la vida es un eterno retorno” escribe en la primera página este hombre humilde y sencillo, que nació el año en que una huelga de brazos caídos logró derrocar al tirano Maximiliano Hernández Martínez (1944).

Recuerda con orgullo a su madre que vendía en el mercado y a su padre que era carpintero, también recuerda a sus hermanos mayores y los valores cristianos que fue asimilando desde su infancia, en el contexto de aquella vida pueblerina rica en tradiciones.

Confiesa más adelante que el despertar de su conciencia política se manifiesta durante el período como estudiante de la Escuela Normal Alberto Masferrer, cuando comienza a descubrir lo que sucedía en el país, es decir la sobreexplotación del campesino y el obrero salvadoreño, tema sobre el cual escuchaba hablar en su infancia al abuelo Acisclo y al tío Juan, grandes opositores al gobierno.

Luego cuenta sobre su incorporación a la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños, ANDES 21 de Junio, organización gremial que surge en 1965 y que desde su fundación desarrolló muchas acciones y programas reivindicativos por los derechos de maestros, maestras, alumnos y padres de familia. En esta parte de sus memorias, Salvador reconoce “el liderazgo y la profunda visión filosófica de Mélida Anaya Montes, por su conducta ejemplar, su dedicación a los sectores desposeídos, su firmeza y su combatividad”. En 1974, Sánchez Cerén es electo como miembro del Consejo Ejecutivo de ANDES.

El tercer capítulo está dedicado a Margarita Villalta, su esposa, antigua entrenadora de cachiporristas que pertenecía a una familia de Quezaltepeque “que destacaba por tener a las mujeres más bonitas del pueblo”. Con Margarita contrae nupcias en 1968, y en una primera etapa familiar, Salvador lleva una vida normal dedicado en tiempo completo a su familia, hasta que se ve obligado a pasar a la clandestinidad e ingresar a las organizaciones revolucionarias.

Más adelante nos habla de su incorporación a las FPL y en la página 112, escribe: “el nombre de Leonel lo escogí tras leer textos de Leonel Rugama, un poeta combatiente sandinista que murió resistiendo a la guardia somocista que cercó su casa y le disparaba con todo, incluso desde aviones. Murió gritando: ¡Que se rinda tu madre!”

1972 fue un año significativo para el proceso revolucionario salvadoreño, ya que tras el fraude electoral donde se le arrebata la victoria a la Unión Nacional Opositora, UNO, conformada por la UDN, el MNR y el PDC; las Fuerzas Populares de Liberación, FPL, inician su estrategia de “guerra popular prolongada” inspirada en la lucha vietnamita, ante la impotencia e ineficacia del proceso electoral que había sido agotado. Las FPL fueron fundadas en 1970 por el obrero panificador Salvador Cayetano Carpio, que provenía del Partido Comunista.

Posteriormente el autor nos cuenta sobre las dificultades que hubo en el camino para consolidar la unidad político militar del FMLN, y los señalamientos que en su momento se le hicieron a las FPL por su falta de flexibilidad y apertura política. “Hoy podemos decir apunta Leonel que existía una carga importante de dogmatismo”. Sin embargo, de alguna manera, el asesinato de monseñor Romero y el triunfo de la revolución sandinista, fueron dos factores coyunturales que incidieron en el proceso de unidad, “mostrando que la revolución era posible”.

A juicio del autor, “el período entre 1981 y 1984, fue de construcción de la retaguardia de la guerrilla salvadoreña”, porque la ofensiva de enero en 1981 no trataba de derrocar al régimen sino que pretendía provocar una insurrección popular, objetivo que no se logró por lo que se llegó a valorar que dicha ofensiva había sido una derrota. No obstante, entre 1983 y 1984, el ejército oficial “había sido sometido a un desgaste estratégico y la capacidad guerrillera fue desarrollada al máximo”, tanto que “fue la injerencia norteamericana lo que impidió la derrota del ejército de la dictadura”.

Al abordar el repudiable caso de Salvador Cayetano Carpio (Marcial) y Mélida Anaya Montes (Ana María), escribe Leonel: “Marcial había llegado a la conclusión de que las FPL se había aburguesado y siendo Ana María la responsable de tal degeneración, había ordenado eliminarla”. En un comunicado oficial de las FPL fechado a 9 de diciembre de 1983 y publicado en los Anexos de este libro, se dice que “Marcial desarrolló una exagerada auto-estimación (…) con una fuerte inclinación a ser elogiado y adulado (…) Empecinado en sus opiniones y con las negativas características de su personalidad”. Y hablando de crisis al interior de la guerrilla, ocho años antes del caso Marcial (1975), otro de los grupos que conformaron el FMLN durante la guerra, el Ejército Revolucionario del Pueblo, había asesinado al poeta Roque Dalton, hecho que no ha sido esclarecido lo suficiente y sobre el cual la principal responsabilidad recae en el ex comandante Joaquín Villalobos.

En 1981, a despecho de la derecha, se produce la Declaración Franco-Mexicana que reconocía al FMLN “como fuerza beligerante, política y representativa”. Según este libro de Leonel Gonzáles “el FMLN desarrolló una estrategia integral que contemplaba la lucha social, política y diplomática”. Dicha estrategia permitió realizar en 1984 las primeras reuniones de diálogo con el gobierno: octubre 15 en La Palma, Chalatenango; noviembre 30 en Ayagualo, La Libertad. Un tercer encuentro se produce tres años después, el 5 de octubre de 1987, en la Nunciatura Apostólica de San Salvador, contexto en el cual el FMLN suspende el diálogo debido al asesinato de Herberth Anaya Sanabria, coordinador de la Comisión de Derechos Humanos. No obstante, dichos “procesos de diálogo anota Salvador tuvieron al menos un efecto positivo en la humanización del conflicto. Se encontró salida al problema de los heridos, lisiados y prisioneros de guerra”. Además, el autor pondera y destaca la labor que realizó la iglesia católica en la mediación de aquellos primeros acercamientos. El antecedente inmediato era que el 5 de octubre de 1982, el FDR-FMLN habían presentado ya una propuesta de diálogo.

Así las cosas, el FMLN comienza a preparar la ofensiva de 1989 “hasta el tope”, que tenía como objetivos principales, evitar un nuevo fracaso y asegurar una negociación estratégica. En el marco de aquella ofensiva, el enemigo creyéndose vencido, desesperado y con lujo de barbarie provocó otro horrendo crimen. “El asesinato múltiple de los jesuitas dejó la imagen del gobierno y del ejército completamente desacreditada”.

En esa nueva correlación de fuerzas, en 1990 se producen las primeras reuniones GOES-FMLN con el objetivo de realizar una negociación estratégica. Primero fue en Ginebra, luego en Caracas, después en Costa Rica y México, y por último en Nueva York. De tal suerte que el 16 de enero de 1992, se firman los ansiados Acuerdos de Paz en Chapultepec, México.

Posteriormente el FMLN se convierte en partido político legal, y a pesar de las divisiones y traiciones que ha sufrido como es natural en cualquier organización política, “lo cierto es dice Leonel que se ha venido dando un ascenso del FMLN en la lucha política electoral, obteniendo un gran respaldo popular”, a pesar anota más adelante de que “nuestras contradicciones han sido sin duda exacerbadas por los medios de comunicación que han estado permanentemente motivando rupturas dentro del FMLN”.

Ahora que se nos viene encima la campaña política de verdá, este libro de Leonel se convierte entonces en un referente obligado para cualquier periodista, reportero, comentador, entrevistador o analista, que desee abordar con seriedad al candidato a la vicepresidencia de la república por el FMLN. Al respecto, dice Leonel : “la derecha a través de sus medios de difusión, realiza una interpretación retorcida de los hechos, deformando lo sucedido o ignorando hechos de gran trascendencia histórica. Tal es el sentido útil que creo tiene esta obra autobiografía”.

El libro editado por Ocean Sur y prologado por el padre Miguel D´Escoto, consta de 252 páginas. Su redacción y estilo son impecables lo cual habla muy bien del autor que además es maestro. A la mitad del libro vienen 32 fotos entre íntimas familiares y escenas en medio de la guerra. A propósito del título “Con sueños se escribe la vida”, en la página 255, dice Salvador: “Siento que un revolucionario no sólo debe soñar sino que además debe trabajar por realizar sus sueños en la tierra”. Y más adelante anota: “Puedo decir entonces que nuestros sueños han encontrado en la unidad el modo de ir haciéndose realidad”.

Hoy día los políticos ya no escriben, sólo hablan, vociferan, dictan y firman documentos como ejercicio extremo de escritura. Es por ello entonces el valor estratégico del libro de Leonel en esta coyuntura. Un libro culturalmente posee mayor prestigio que un vídeo propagandístico, brinda mayor categoría y ofrece la oportunidad de volver a él cuántas veces sea necesario. Un libro es la herramienta clásica del conocimiento, por ello sostengo que en materia de persuasión y política, Salvador Sánchez Cerén, hoy por hoy, es el más aventajado entre todos los candidatos y precandidatos que se preparan para la próxima contienda. Lo demás es cosa de una buena promoción y propaganda; “el FMLN dice Leonel casi al final de su autobiografía debe encontrar los mecanismos de una buena comunicación hacia las amplias mayorías populares, lograr efectivamente una comunicación fluida, ágil y de calidad”, veremos entonces, a ver si ahora ¡Abur!

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