SCHAFIK

SCHAFIK

José Humberto Velásquez

El nombre Schafik lo escuché por primera vez en 1945 en el Colegio Francisco Gavidia, ubicado en la primera avenida norte y quinta calle poniente, dirigido entonces por don Celestino Castro; lo mencionaba con frecuencia su compañero de promoción, el ahora doctor Enrique Silva – vecino mío en el Barrio San Jacinto. En el Colegio, Schafik se distinguía porque durante los recreos armaba ruidosas y acaloradas discusiones sobre temas de la vida nacional.

Cuando en 1950 ingresé a la Universidad Nacional, ya Schafik era líder estudiantil de quienes luchaban por la autonomía constitucional de la UES, en contra del mandato del rector Dr. Carlos Llerena. Durante la lucha los estudiantes ocuparon el local de la Universidad, ubicada entonces al poniente de la catedral metropolitana y al norte del palacio nacional.

Fueron desalojados por la fuerza pública, que ingresó al recinto por un boquete abierto en la pared que separaba a la Universidad del Correo Nacional. No se si Schafik fue de los desalojados, pero me consta que a partir de entonces jeteaba un grupo de estudiantes que todos los días a las doce, hora de salida de empleados y autoridades, nos ubicábamos en la acera poniente de catedral y coreábamos “Salgan boqueteros! salgan boqueteros!“ agregando “Vayase doctor Llerena!“.
Durante ese tiempo ya tenía en la primera avenida sur, frente al edificio que fue de Obras Publicas, una fabrica de pantalones que el mismo cortaba – con una máquina eléctrica – y le cosían tres o cuatro costureras.
Después de eso casi le perdí la pista, hasta que en la década de los sesenta teníamos en el Departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias y Humanidades un círculo de estudios, al cual asistía Schafik a pesar de su clandestinidad. Era sorprendente su dominio sobre Hegel y la influencia de Feuerbach en Marx, producto indudable de su formación chilena; discutía de tu a tu con los profesores de Filosofía doctores Mariano García Villas y Juan Serrano Vivanco, españoles de grata recordación.
En la actualidad Schafik es candidato a la presidencia de la República. Los mass media y sus adversarios políticos lo clasifican como marxista “ortodoxo“ – lo cual no está mal si se usa el término en su acepción correcta.
En efecto, en latín y griego, ortodoxo significa conformidad con la doctrina fundamental de una religión o escuela; pero hay que examinar el tipo de religión o escuela de que se trata. En el tipo marxista actual nadie promueve una u otra interpretación e implementación del marxismo como la más “auténtica“; por el contrario, después de la caída del muro de Berlín, se actualiza el principio marxista de que cada generación se apropia de los legados intelectuales e históricos, incluyendo el de Marx, según su propia conveniencia social, condiciones objetivas y creatividad dirigencial. Y no hay duda de que si llega una nueva generación política al poder escogerá su propia interpretación Como lo dijo Gramsci “Ser ortodoxo es volver a comenzar; pero volver a comenzar no es regresar, sino el inicio de situar la política en el terreno de lo real.“
*Texto en preparación.

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