Sin el paso firme de Jayuya, hoy la cuesta sería más empinada

Saludos revolucionarios, compañeros y compañeras, de parte del Frente Socialista. El Frente Socialista es un esfuerzo unitario del socialismo en Puerto Rico, que por quince años ha reivindicado la lucha de nuestro pueblo trabajador y ha sido ejemplo de unidad de todas las organizaciones y miembros que lo componen. Hoy conmemoramos la gesta de la Revolución Nacionalista de 1950.

A 55 años de la gesta del Partido Nacionalista, podemos comprobar cómo el tiempo y la distancia nos permiten calibrar el impacto y los méritos del quijotesco intento de proclamar la República por medio de un levantamiento armado.

Sólo pensar en la desigualdad militar, la inexperiencia de los combatientes nacionalistas y las dudosas condiciones subjetivas existentes para que el pueblo se lanzara tras los y las quijotes que en las entrañas de la patria izaron la bandera, nos obliga a concluir que lo ocurrido aquí fue una gesta quijotesca.

Por otro lado, y elaborando en la comparación con el Quijote, no cabe duda de las intenciones genuinas y de la importancia de reaccionar como fiera herida ante las maquinaciones de Washington y los colonialistas del País, al promulgar una nueva Ley de Relaciones entre PR y EUA, que en nada alteraban la condición de insubordinación de nuestro pueblo.

Sin duda, debemos concluir que a pesar de las buenas intenciones, el objetivo concreto de la revolución y la república no era más que una aspiración a la cual el nacionalismo de Albizu no necesariamente se encontraba convencido de alcanzar en 1950 mediante el levantamiento armado que hoy conmemoramos.

Pero, ¿por qué estamos hoy aquí? ¿Acaso estamos celebrando la locura? ¿Conmemoramos una gesta ilusa? ¡No!

Al igual que con el Quijote, que en un principio lo despachamos con el diagnóstico de la locura, una segunda mirada a la gesta del nacionalismo y sobre todo con el beneficio del tiempo transcurrido, nos hace ver la cordura y la importancia para nuestras generaciones de la visión albizuista de confrontar al imperio con todas nuestras fuerzas y recursos.
El bautismo del Estado Libre Asociado se tuvo que hacer a la sombra de la revolución nacionalista y con la incertidumbre y el temor de los cobardes del norte que conocieron la valentía de los que atacaron la Casa Blair.

Albizu y los nacionalistas dieron el campanazo inicial de la lucha que hoy seguimos para denunciar que el ELA no es más que una burda colonia. Los nacionalistas nos enseñaron que por más que la mona se vista de seda, mona se queda. Ni el imperio, ni los partidos colonialistas podrán brindarnos alternativas descolonizadoras. Pensar lo contrario es como pedirle peras al olmo.

Sin el paso firme de Jayuya, hoy la cuesta, compañeros y compañeras, sería más empinada.

A diferencia de otros años, en esta ocasión somos muchos los que hemos sentido la urgencia de convocarnos a esta plaza. El asesinato de Filiberto Ojeda Ríos nos ha golpeado a todas las personas que desde distintas ópticas ponemos nuestros esfuerzos al servicio de la revolución. Los yanquis mataron a un luchador, mataron a un compañero con quien, pesar de las diferencias que en el transcurso de su vida podamos tener, se convirtió en imprescindible al ser un luchador de tiempo completo.
Y es que al igual que Albizu, Betances, Corretjer y muchos patriotas anónimos, el legado de Filiberto que todos y todas debemos recoger sin reparos, es la consistencia en la lucha.

La revolución no se hace celebrando efemérides ni piqueteando solamente. ¿De qué nos sirve la ceremonia sin el contenido? ¿De qué nos sirve la protesta sin el análisis y la denuncia oportuna? De que nos sirve estar aquí si cuando nos vamos a nuestros trabajos o lugares de estudio no demostramos nuestro espíritu revolucionario. Hay que ser revolucionario y revolucionaria 24 horas. Hay que andar siempre con las botas puestas dispuestos a enfrentar al imperialismo. ¿Cómo podemos ser revolucionarios y ser indiferentes a la opresión? ¿Por qué no nos damos cuenta de que la lucha de nuestro pueblo no es otra que la lucha contra la pobreza, la pobreza material, la falta de educación, la miseria de espíritu?

¡Gente! Hay una diferencia entre ser revolucionario y hacer un acto revolucionario. Claro que hacen falta actos revolucionarios, pero lo imprescindible, lo que permite que se den procesos revolucionarios, son los y las revolucionarias que luchan en silencio día a día en su comunidad, en su escuela, en su trabajo convenciendo a los que sufren los embates del capitalismo sin aún saber quién es el que aprieta las cadenas. Los que denuncian sin temor de ser despedidos, sin miedo a ser tildados de quijotes trasnochados.

En la jornada de Vieques hubo muchos actos revolucionarios, pero si no fuera por la larga lucha de esos revolucionarios y revolucionarias que día a día mantuvieron la lucha por décadas, los actos revolucionarios que todos y todas presenciamos no hubieran sido posibles.

Por eso insistimos en la importancia de reivindicar a los Quijotes del 50. A los que no tuvieron miedo de vivir con el honroso carimbo de ser nacionalistas en todo momento, para siempre. Necesitamos de gente que se atreva a demostrar su indignación cuando la injusticia asoma la cabeza. Que no haga falta explicarles por qué hay que estar involucrados en las luchas ambientales, en las luchas de los y las trabajadoras y en tantas otras, evitando ser meros espectadores Acabemos con el maldito silencio y con la asesina indiferencia.

Por otro lado, debemos acabar con la atomización de las fuerzas revolucionarias. No hay razón alguna para que un revolucionario no esté organizado en algún espacio de lucha. Los revolucionarios no pueden ser espectadores de la historia, tenemos que ser parte de ella, para esto tenemos que unirnos en la acción. El que esté esperando una revolución como la del ‘50 para organizarse, no se puede llamar revolucionario. Los revolucionarios tenemos que ser inconformes y dispuestos a hacer lo que sea para transformar la realidad, no podemos darnos el lujo de esperar que ocurran los eventos para limitarnos a celebrarlos.

No podemos negar que las organizaciones revolucionarias tenemos una cuota de responsabilidad en torno a la apatía organizativa que nos consume. Pero esto no puede ser óbice para que rechacemos la máxima de que en la unión está la fuerza. La crítica a las organizaciones revolucionarias es bienvenida de donde venga. Pero sin duda es más efectiva si se hace desde la lucha y no desde las gradas.

A riesgo de sonar demasiado proselitista, invito a los presentes a que se unan a nuestras organizaciones, a que se unan a la organización que entiendan que tenga la perspectiva revolucionaria más acertada, pues sólo con la organización podremos adelantar la lucha por la independencia y el socialismo.

La historia no es monolítica ni lineal. Hoy podremos ser minoría, el imperialismo yanqui podrá parecer indestructible, pero como todo imperio padece de soberbia y subestima a los pueblos que oprime.

Filiberto nació en Naguabo y fue asesinado en Hormigueros. Al igual que el sol, Filiberto nació en el este y cayó en el oeste. Los yanquis creen que con la muerte de un hombre pueden acabar con los ideales, su soberbia imperialista les impide ver que a pesar de la noche siempre hay un amanecer, a pesar de que nos golpearon en el corazón, nuestro pueblo sabrá levantarse y romper las cadenas del coloniaje y la opresión.
¡Viva Puerto Rico libre y socialista!

  • Discurso ofrecido por el autor, en calidad de Portavoz del Frente Socialista, en la Conmemoración de la Revolución Nacionalista de 30 de octubre de 1950 en Jayuya, celebrada el pasado 30 de octubre de 2005.

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