2008: el último baile para Bush y la extrema derecha

Informe al Comité Nacional, 7 de julio, 2007

Para comenzar, quiero reconocer que en este informe hay algo más que mis huellas. En discusiones y por correo electrónico, muchos camaradas me aportaron ideas y sugerencias las cuales creo que dan mayor profundidad y alcance al reporte. Quiero agradecer a los camaradas que se tomaron el tiempo para trasmitirme sus ideas.

El informe se centra sobre algunos aspectos de la situación actual. No trata de abarcar todo el país ni al mundo. Su propósito es menos ambicioso. Haré una valoración de la administración Bush y la lucha del pueblo en contra de sus políticas. El informe luego dará un vistazo a las elecciones de 2008 y algunas de las principales cuestiones que habrán de enmarcarlas. Finalmente, se tomaran en cuenta algunos aspectos del trabajo de nuestro partido.

La administración Bush y la lucha contra sus políticas.

Desde la última reunión de nuestro comité nacional hace unos meses, no ha habido cambios significativos en la administración Bush. Su campo de acción sigue siendo rigurosamente restrictivo. Muy a su pesar, no puede establecer la agenda, orientar el proceso legislativo, o servir de referencia al debate nacional.

Por eso es difícil imaginar algún escenario en que se exprese la iniciativa política y la hegemonía ideológica de la administración.
Al mismo tiempo, dado el poder de la presidencia y la estrecha mayoría Demócrata en el Congreso, Bush puede todavía frustrar los planes legislativos y fiscalizadores tanto de los Demócratas en el Congreso como del pueblo norteamericano que espera que el cuerpo legislativo discuta desde ya temas como la guerra de Irak, cuidado de la salud, inmigración, derechos sindicales, la maltrecha red de seguridad social, derechos democráticos, violaciones constitucionales, etc.

Efectivamente, desde que el Congreso fue convocado en enero, la administración, a la par con sus aliados congresuales, ha bloqueado la legislatura y ha resistido (en nombre de los poderes presidenciales constitucionales) cuestionamientos a las altamente secretas y antidemocráticas practicas gubernativas. Cuando ha sido necesario, Bush ha hecho uso de su poder de veto, como lo hizo recientemente con la legislación sobre las células madre.

Y no obstante los deseos tanto del Congreso como del país, Bush continúa firme en contra de cualquier retiro de tropas estadounidenses de Irak.

Mientras tanto, el costo de esta guerra y de la ocupación se acerca al trillón de dólares, aumentan las victimas por todos lados y ese incremento no garantiza nada de lo prometido. Esto último no ha tomado de sorpresa a quien entiende que la ocupación por sí misma genera violencia, al tiempo que dificulta la posibilidad de un cambio positivo en la dinámica de la política interna de Irak y desalienta algún tipo de participación de la ONU y de la comunidad internacional.

A pesar de su debilitada posición, con el auxilio de los Republicanos en el Congreso, la administración Bush sigue siendo el principal obstáculo para el progreso social y para una rápida salida de Irak. En un sistema parlamentario, Bush hubiese tenido que renunciar voluntariamente o ser forzado a renunciar.

Pero para desgracia nuestra no tenemos ningún mecanismo similar, excepto la impugnación, la cual aunque bien merecida, todavía no constituye un tema de amplia lucha popular. Aunque esto cambiase
(y al parecer puede), por el momento tenemos que vivir con una administración que al ser saliente ha perdido su poder y que en vista de su temeridad, disposición militarista y actitud despectiva hacia los derechos y estructuras democráticas, puede ocasionar muchos problemas.

Por ejemplo, se especula que en altos círculos de la Casa Blanca se libra una lucha contenciosa sobre si atacar a Irán militarmente. Según parece, Rice se opone a la acción militar mientras que Cheney sí la respalda. Hasta ahora, Rice está ganando. Pero obviamente no podemos confiar en ella. El pueblo y el Congreso americano tienen que expresar de manera vigorosa su oposición a la opción militar.

La Suprema Corte

Mientras que Bush pronto pasará a la historia, tendremos que vivir por mucho más tiempo con una Suprema Corte que Bush ha inclinado hacia la extrema derecha con la designación de Alito y Roberts el año pasado.

Ambos son de una mentalidad similar a la de Scalia y Thomas, es decir, conservadores y autoritarios. Las estructuras democráticas, el derecho, y los procedimientos pueden ser fácilmente sacrificados cuando interfieren con el ejercicio del poder por la clase dominante en su visión legal del mundo. Ellos creen en una clase gobernante sin trabas a nivel estatal y corporativo, y por lo tanto no ven espacio para los engorrosos derechos de los ciudadanos, la gente de color, las mujeres, los consumidores, los discapacitados, homosexuales y lesbianas, y los trabajadores.

Tal y como ellos lo ven, la misión de este cuarteto es desmantelar o aplastar (elija su veneno) nuestro sistema constitucional de estructuras, derechos y libertades, en favor de los sectores más poderosos y reaccionarios de la clase gobernante. Si alguien piensa que ellos respetan la precedencia y las decisiones profundamente arraigadas en nuestra jurisprudencia y nuestro estilo de vida, debe pensarlo dos veces.

Para empeorar las cosas, el juez Kennedy, a quien se le consideraba un voto “balanceado”, ahora vota con ellos en la mayoría de los asuntos que van a audiencia en la corte. En las últimas dos semanas hemos visto un torrente de fallos reaccionarios que deben ser motivo de gran preocupación para cualquiera que aprecie la democracia. Ahora el futuro de Roe Vs. Wade se torna mucho más problemático.

Cuando Scalia critico a Roberts, hubo un gran alboroto, pero independientemente de sus diferencias (que son de naturaleza táctica), está claro que ante los ojos de Scalia, Roberts se rindió con su fallo en contra de las juntas escolares de Louisville y Seattle. En esa decisión, Roberts, quien escribió la opinión de la mayoría, sostuvo claramente que las consideraciones sobre raza en el otorgamiento de espacios escolares son inconstitucionales y que la integración del sistema escolar público un sistema que se está tornando cada vez más segregado ya no será defendida por las cortes. Y lo hizo en nombre de la cláusula de protección igualitaria, el anti-racismo y como si tales reivindicaciones hayan sido alcanzadas. Fue una demagogia desenfrenada, peligrosa, y profundamente racista.

En su dramatismo e implicaciones, la opinión de Robert como mayoría hace recordar otros fallos racistas, anti-clase trabajadora y reaccionarios tales como Plessey V. Ferguson- una decisión del 1986 que codificaba legalmente el sistema de segregación en todas las áreas de la vida (“Jim Crow”).

Como contradecir esta nueva inmundicia de reacción extrema (¿debería decir fascistoide?) es un asunto elemental que deberá ser enfrentado por la clase trabajadora así como por sus aliados. El desafió lo será invalidar el poder judicial con la acción de las masas y el poder legislativo popular.

Deserciones de Republicanos

Hasta hace poco, los congresistas Republicanos han estado de parte de la administración contra viento y marea. Han respaldado la continuación de una guerra sumamente impopular, han ratificado los vetos de Bush, y han bloqueado medidas legislativas progresistas, siendo la última el Acta de Libre Elección del Empleado. Ha habido algo de descontento, pero casi siempre ha sido acallado, y cuando la presión se ha hecho sentir, este ha cedido.

Pero estamos viendo como empieza a disolverse un poco el frente unido Republicano. Esto no es una sorpresa. Se dice que las ratas son las primeras que abandonan el barco cuando éste se está hundiendo.
Un ejemplo reciente que debe haber enfurecido a la Casa Blanca lo es el rechazo por un grupo de Republicanos (debo agregar que por las razones equivocadas) del proyecto de ley de inmigración que Bush estaba respaldando. Otra fue la deserción pública, hace más o menos una semana, de Richard Lugar, prominente miembro Republicano del Comité de Asuntos Exteriores del Senado.

El anuncio por Lugar en el sentido de que no podría apoyar la política de Bush en Irak resultó ser una sorpresa para Bush y sus asesores. Estos esperaban que por lo menos un bloque sólido de Republicanos apoyara el incremento de tropas, al menos hasta el otoño. Pero Lugar, al decidir negarle “una oportunidad al incremento”, no solo rompió con la administración Bush antes de lo previsto, si no que ha dejado a Bush preguntándose si la decisión de Lugar, quien no es más que una veleta, no será un ominoso indicativo del creciente desafecto hacia la administración y sus políticas entre los Republicanos en el Congreso.

La memoria de los Republicanos no es tan mala como para que hayan olvidado su debacle en las elecciones del 2006. Cualquiera con un poco de sentido común sabe que el Partido Republicano no puede participar en las elecciones del próximo año presentado como el ‘partido de la guerra’ y aspirar a mantener su estatus actual. Menos aún debe albergar esperanza de lograr nuevamente la mayoría en el Congreso y retener la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, los Demócratas no pueden regocijarse mucho con los aprietos del Partido Republicano. Ellos saben también que si esperan aumentar sus mayorías congresuales y recuperar la Presidencia en el otoño de 2008, no pueden acudir a los votantes con las manos vacías respecto a la guerra y otros temas apremiantes.

Esta dinámica política le concede una amplia ventaja al movimiento para poner fin a la ocupación de Irak, así como también para obtener otras victorias legislativas, pero únicamente si el movimiento utiliza esta dinámica con habilidad. No es el momento para ceder paso a la frustración o procurar iniciativas que se dirijan solo para satisfacer “la galería”. De lo que se requiere es de iniciativas masivas y tácticas amplias que aprovechen el creciente aislamiento de Bush y el cambio de las corrientes en el Congreso.

Por ejemplo, cuando combinamos la percepción pública de que el incremento de tropas es un “fracaso”, con la determinación de sectores considerables de los Demócratas en el Congreso (liderazgo y membresía por igual) de “cumplir” respecto a la guerra, y la posibilidad de más deserciones de Republicanos, bien pudiéramos estar llegando a un momento decisivo en la lucha para poner fin a la guerra durante este verano y el otoño.

Pero esto también depende en gran medida de la habilidad del movimiento en su conjunto para apreciar la fluidez de la situación y emplear las tácticas apropiadas. Tales tácticas deberán ser formuladas en base a la realidad de que los Demócratas no pueden poner fin a la guerra por si solos, pues son muy pocos. De manera que los números no cuadran.

Por tanto, convencer a los Demócratas para que apoyen una legislación anti-guerra, tiene que ir conjuntamente con un esfuerzo sostenido para separar a un número considerable de Congresistas Republicanos de la política de guerra de Bush.

Coalición popular bajo la dirección de los trabajadores

Mientras entra en reflujo la buena suerte política de la administración Bush gana terreno la coalición popular bajo la dirección de los trabajadores. En nuestra última reunión de la Conferencia Nacional (NC), dijimos que esta nueva coalición se siente más segura y con mayores niveles de energía y esperanzas. Además, su agenda política ya no es una simple lista de deseos, sino de batallas legislativas que por primera vez en mucho tiempo se pueden ganar. Eso es lo que tenemos hoy.

Naturalmente, aunque los líderes ni los militantes de base de esta coalición piensan que este será un combate fácil, están convencidos que se ha llegado a un punto en que solo la autocomplacencia, la desunión y las tácticas estrechas pueden detener la marcha hacia delante de la coalición.

Lo que es más, los segmentos principales del movimiento están convencidos están convencidos que una derrota de la derecha en noviembre de 2008, sentará las bases para rehacer el daño creado por un cuarto de siglo de dominio de la extrema derecha, garantizando nuevos avances y realineando la política en una clara dirección progresista. Sobre esto hablaremos más adelante.

Este amplio movimiento de base de desafío a la administración Bush, se remonta a los años de Reagan. Su avance fue frenado por el 11 de septiembre. Pero luego de un período comprensible de desorientación, recuperó su empuje y avanza ganando nuevos aliados en un terreno de mayor claridad política e ideológica.

Sin grandes constreñimientos, no actúa en una sola vía, sino sobre varias paralelas, que de tiempo en tiempo se entrecruzan. Todavía no tiene un programa políticamente coherente, aunque casi todo el mundo forma parte políticamente del “mismo equipo”.

Tampoco no todos sus componentes comparten, como debería ser, el papel estratégico de la lucha por la igualdad y contra el racismo. No en todos los frentes se contempla la lucha contra el racismo como parte esencial del avance democrático. Tampoco son considerados los afroamericanos, hispanos y otros pueblos oprimidos, como asociados estratégicos y absolutamente necesarios para las etapas posteriores de la lucha.

Así como era en los años 30, el movimiento obrero organizado es una gran parte de esa amplia corriente progresista. Lo que es más, es probable que el movimiento obrero con el tiempo, deba asumir un papel cada vez mayor en esta amplia corriente en formación y las luchas para las que se organiza.

En efecto, para que este movimiento pueda crecer en profundidad y extensión, con el fin de acumular el poder necesario para realinear las relaciones políticas a nivel nacional y convertirse en portavoz del pueblo y la nación en su conjunto, es indispensable la participación de los sindicatos, en alianza con los sectores que son racial y nacionalmente oprimidos, con las mujeres y la juventud.

Por supuesto, es una meta que requiere trabajo, pero al mismo tiempo, es la única que tiene el potencial para derrotar a la derecha y luego avanzar hacia una posición que le permita desafiar al conjunto del poder corporativo. Bajo ciertas circunstancias y con cierto tipo de liderazgo, este movimiento puede incluso ser más grande y fuerte que los movimientos de los años 30 y 60.

El “movimiento”

La forma como entendemos el movimiento no es idéntica a la comprensión del mismo que tienen otras personas. En nuestra opinión, el movimiento está compuesto por el núcleo de fuerzas antes mencionado, junto a otras fuerzas sociales, redes de apoyo y movimientos.

Contrariamente, en algunos círculos progresistas y de izquierda, el movimiento es considerado de manera más estrecha. Así queda más limitado a la izquierda, a los movimientos sociales y progresistas y con un alcance menor. Es menos una amplia base de fuerzas sociales con opiniones variadas, y más una activa tendencia grupal que comparte la misma cultura y perspectivas.

Aunque acepta al movimiento obrero, no lo considera como un sector organizado ni como una fuerza indispensable y dirigente.
No se contempla reducir la importancia de esos activistas, pues juegan un papel vital y necesario. Hacen propuestas nuevas, exigencias y formas de lucha que involucran a grupos importantes. Su papel organizador contra la guerra ha sido considerable y por eso somos parte del mismo.

Pero al mismo tiempo, ni ellos ni sus miembros pueden reemplazar al poder popular que el núcleo de fuerzas y sus formas organizativas proporcionan a la lucha democrática y de clases. Como tampoco se puede olvidar la comprensión analítica, los decenios de experiencia, los recursos y organizaciones de masas, la valoración sobre la importancia de la unidad y las experiencias tácticas de estas fuerzas.
En los próximos meses, este movimiento de amplia base tiene que evadir tres peligros a los cuales me referí anteriormente. Uno es la confusión estratégica y la estrechez táctica que se presenta en la forma de interrupción de etapas, la postura contraria a las demandas parciales, y convertir a los Demócratas en el Congreso en el principal enemigo.

Un segundo peligro lo es la complacencia y pasividad que nos lleve a depender del partido Demócrata para expresar el disgusto de millones y para promulgar una legislación adecuada. En las elecciones del 2008, la movilización no alcanzará su potencial, a menos que decenas de millones de personas vean y sientan el peso organizacional y político de un movimiento organizado, que día a día lucha para defender sus derechos.

Y el peligro final lo es la desunión que se presenta de muchas maneras. Una que no creo que hayamos anticipado, es la de fisuras y hasta rupturas que se han fomentado dentro del movimiento popular en el transcurso de las luchas legislativas. Pienso en las batallas legislativas sobre la paz e inmigración. Un tema esencial es cómo mantener la unidad cuando surjan las diferencias sobre leyes u otros temas—y surgirán inevitablemente.

Luchas Legislativas

Desde que el nuevo Congreso fue convocado, se ha convertido en un campo de batalla. Desde hace mucho tiempo, el Congreso no había estado tan cerca de la justa indignación del pueblo norteamericano con respecto a numerosos asuntos bajo estudio. El movimiento progresista se ha hecho sentir en casi toda lucha legislativa, no siempre a una sola voz y no siempre con un mensaje uniforme, pero se ha hecho sentir.
Al mismo tiempo, el movimiento de base de la derecha ni siquiera se asemeja a lo que fue en los años anteriores. En sus filas, se ha estado produciendo cierta desmoralización, desesperanza, y un resquebrajamiento.

En cualquier caso, las luchas en el foro legislativo continuarán y la tarea del movimiento obrero será ampliar y profundizar estas luchas, arrastrar más y más gente hacia el movimiento popular. Y tenemos que continuar siendo parte de este proceso. Las acciones de las masas son el cimiento de la política comunista.
Me gustaría referirme a los principales temas de lucha tal y como los vemos, comenzando con la lucha por la paz.

La paz es posible

Mientras que muchos albergaban la esperanza de que la guerra en Irak iba a terminar, la lucha para poner fin a la ocupación prosigue, a pesar de que tenemos que recordarnos constantemente que continúa en condiciones mucho más favorables. Hace un año, la lucha anti-guerra era solo un débil eco en el Congreso.

Nancy Pelosi, líder de la mayoría en el Congreso dijo en la conferencia Recuperemos a Norteamérica, que “la guerra en Irak es el mayor desafío ético…(y) la nueva dirección del país no estará completa hasta tanto no traigamos de vuelta a las tropas”.

No tengo motivos para dudar de su sinceridad, ni tampoco dudo que la mayoría de los Demócratas piensen de igual manera, que quieran poner fin a la guerra. Muchos de ellos todavía no respaldan el retiro inmediato de las tropas o los recortes a sus fondos, pero ven a Irak como un desastre y apoyan un plazo para el retiro. Su oposición a la guerra no es simplemente una reacción a las presiones de los electores, sino que es también un reflejo de la amplia oposición de varias fuerzas sociales al atolladero de Irak, aunque por razones diferentes.

Claro, ellos están bien conscientes de que los electores en sus comunidades están inconformes con la naturaleza sin fin de esta guerra y quieren que se haga algo para darle conclusión. Una realidad que también los Republicanos entienden.

Los Demócratas someterán durante este verano y el otoño, tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, una variedad de proyectos de ley y resoluciones. Es de esperarse que legislen sobre el costo de la guerra, un plan para el retiro de las tropas, desautorización de la guerra, el cierre de Guantánamo, prohibición de bases permanentes, normas para la disposición combativa de las de tropas, y así por el estilo.

Esto ofrece otra oportunidad al movimiento por la paz y a la gente pacifica, para hacer constar su oposición a la guerra, sin dejar de mencionar que permitirá al liderazgo del partido Demócrata, renovar sus esfuerzos para poner fin a la guerra.

Por lo que se dice, el movimiento anti-guerra se prepara diligentemente para la próxima ronda de luchas legislativas, programadas para este verano y el otoño. Llevará sus experiencias, aptitudes y lecciones aprendidas en anteriores batallas ante el foro legislativo. Su aspiración es movilizar a cada potencial oponente a la guerra en el Congreso, empezando a enfocarse hacia las elecciones de 2008.

Sin embargo, al parecer en el movimiento por la paz no todo el mundo piensa de igual manera. Algunos olvidan o ignoran que durante esta primavera los Demócratas, de manera abrumadora, y unos pocos Republicanos, aprobaron un proyecto de ley de gasto suplementario, que incluyó un calendario para el retiro de las tropas, o que el incremento de la presencia militar es solo una maniobra de Bush, o que la opinión de la mayoría de la gente se identifica con los puntos de vista de la generalidad de los Congresistas Demócratas.

En cambio, se nos dice que el único impedimento para una salida rápida de Irak es el partido Demócrata y el alevoso papel de su liderazgo. Lo único que Pelosi y Reid tienen que hacer es ondear una varita mágica y en un instante aparecerían en el Senado y el Cámara de Representantes los votos para terminar la guerra.

Según el argumento, ya que el liderazgo Demócrata no lo hará, el movimiento para la paz no tiene otra opción que dividir a los Demócratas, progresistas contra centristas. Pero antes de que alguien lo haga, las siguientes preguntas deben formularse: ¿Quién se beneficiará de esta sugerida división de los Demócratas en la Cámara de Representantes y el Senado? ¿A quién favorecerá traspasar de Bush a Pelosi la responsabilidad de la guerra? Si el movimiento para la paz logra dividir al partido Demócrata, ¿cuál partido sacará provecho en su perspectiva electoral para el 2008?

Es comprensible que exista un sentimiento de impaciencia. Después de todo, esta es una ocupación militar brutal y desgastada, y cualquiera con un poco de sentido experimenta cierta frustración y enojo porque la guerra no haya terminado hace ya mucho tiempo. Al mismo tiempo, la impaciencia puede conducir fácilmente a adoptar un modelo estratégico y táctico mediocre.

En respuesta a un grupo de comunistas cuyo manifiesto proclamaba militantemente, que aspiraban lograr su meta sin detenerse en etapas intermedias y sin ningún compromiso, Frederick Engels escribió, “Qué inocencia pueril es la de presentar la impaciencia como un argumento teóricamente convincente”.

En una situación similar, William Z. Foster (según me han dicho, y conociendo las personalidades es muy creíble) dijo en una ocasión a Herbert Aptheker, el destacado académico e historiador marxista, luego de Herbert haber finalizado un ardiente discurso ante el Comité Nacional, “Herb, los revolucionarios necesitan dos cosas. Una es la pasión la cual tienes y la otra es la paciencia, que te vendría muy bien”.
Tanto Engels como Foster estaban en lo cierto. Quienes somos de izquierda tenemos que combinar la paciencia con la pasión, la indignación con la entereza, el realismo con el radicalismo.
Por lo tanto, debemos dar buena acogida al hecho de que Nancy Pelosi y Harry Reed estén listos para salir de Irak, que Bush está siendo aislado en su propio partido, y que los Republicanos comiencen a distanciarse de la estrategia de guerra de Bush.

¿Nos estarán creando estos acontecimientos nuevas oportunidades para la lucha? ¿Acaso no se nos plantea así la necesidad, para las organizaciones de paz, tradicionales y no-tradicionales, de nuevas y más amplias iniciativas para poner fin a la guerra, traer de vuelta las tropas y cerrar todas las bases? ¿O que sea nuestro buen sentido, en lugar de nuestra disposición ideológica, lo que dicte nuestra política táctica?

Yo agregaría algo más: el Wall Street Journal informó esta semana, que el Secretario de Defensa Robert Gates y algunos aliados de la administración, están procurando lograr el respaldo bipartidista en favor de la presencia a largo plazo en Irak, a cambio de un retiro significativo de tropas de Irak para cuando culmine el periodo del presidente. Esto no sorprende. Si ha de haber una retirada, ellos quieren determinar la naturaleza de la retirada. Estoy seguro de que Gates y otros están pensando que si el partido Demócrata barre en las elecciones del año próximo, se haría más difícil lograr el respaldo para una presencia política y militar permanente en Irak.

En lo que respecta a nosotros, integrémonos en este verano y el otoño a las acciones contra la guerra. Ayudemos en atraer a muchos más sindicatos y consejos de centrales de trabajadores para que se pronuncien contra la guerra. Hagamos lo mismo con las iglesias, consejos municipales y legisladores estatales. Durante el receso de verano, vamos a unirnos con otros para cabildear ante nuestros representantes congresuales sobre la guerra. Participemos en octubre en las acciones regionales, convocadas por UFPJ—que por cierto tuvo una asamblea nacional muy exitosa en la cual nuestros camaradas jugaron un papel positivo.

Y finalmente, convirtamos a cada miembro de nuestro partido y de cada club en un organizador para la paz. Es mucho lo que podemos hacer en este sentido.

Conflicto israelí-palestino

El curso de los acontecimientos en los Territorios Palestinos tiene un carácter muy negativo. La lucha por los derechos nacionales y el reconocimiento como estado del pueblo palestino, ha tenido un retroceso. Es difícil ver nada positivo en este hecho si se piensa que la solución a la crisis Israelí-Palestina radica en dos Estados, con seguridad para ambos, haciendo así viable el Estado palestino adyacente al israelí. Hace mucho tiempo que no se percibía tan remota la perspectiva del reconocimiento de un Estado nacional para el pueblo palestino.

Mientras resulta fácil limitar nuestra visión del problema a las divisiones y la hostilidad entre Fatah y Hamas, no podemos perder de vista que la administración Bush y el gobierno israelí contribuyen en crear esta crisis para el movimiento palestino.

El pueblo palestino ha luchado durante 30 años, bajo las condiciones más adversas, por su derecho inalienable al reconocimiento como Estado nacional. Con firmeza apoyamos su justa lucha contra un ocupante colonialista. Decididamente nos oponemos a la expansión Israelí y a la ocupación de tierras que por derecho pertenecen al pueblo palestino.

A nuestro parecer, la ocupación tiene que finalizar y deben iniciarse negociaciones serias con miras a establecer dos Estados que permitan a ambos pueblos vivir con seguridad dentro de sus propias fronteras, y en paz el uno con el otro. No hay otra forma de acabar con este conflicto sin fin.

Aunque me temo que no es así como lo ven Bush ni Olmert. En cambio si deben pensar que: “los tenemos donde queremos. Hagamos que esta división sea permanente”. El “Mapa de ruta”, aunque sonaba bien, se ha convertido en lo que muchos se temían al momento de ser anunciado: humo y espejos, encubriendo la oposición de Bush, no solo a Hamas, sino (hablando claro) a un Estado palestino vigoroso.

El giro de los acontecimientos resulta ser una tragedia no solo para los palestinos, si no para los intereses de las gentes y los Estados de la región y de todo el mundo. En modo alguno tampoco sirven a los intereses del pueblo israelí ni del norteamericano. Mientras se nieguen al pueblo palestino sus derechos nacionales, mientras continúe la ocupación, y mientras el pueblo palestino sea humillado a diario por un poder de ocupación que recibe una guiñada de ojo de nuestro propio gobierno, no habrá paz para el pueblo israelí. Igualmente, el Medio Oriente continuará siendo un barril de pólvora listo para estallar, aumentara la posibilidad de actos terroristas en nuestro país y en otros lugares y los sentimientos anti-norteamericanos se incrementarán en todo el mundo.

Solo mediante la solución justa de la crisis israelí-palestina, conjuntamente con el retiro de las tropas de Irak y el cierre de las bases estadounidenses en la región, llegarán la paz y la justicia al Medio Oriente. Por lo demás, esto sería un gran avance hacia el establecimiento de una trayectoria diferente en la región.
La tarea principal para el movimiento de paz y la solidaridad, es presionar al Congreso y a la administración Bush para que al mismo tiempo que apoya el cese al fuego en ambos lados exija al gobierno de Olmert que tome medidas tangibles e inmediatas para levantar el estado de sitio, desmantelar los asentamientos, y comprometerse en negociaciones reales con los representantes del pueblo palestino.

Inmigración

Otro asunto de gran importancia es el de inmigración. La reciente derrota en el Senado de una ley sobre el tema, implica que una amplia reforma queda pospuesta por largo tiempo. Pero creo que estoy de acuerdo con quienes dijeron que esa ley no era una respuesta a los serios desafíos sobre inmigración que enfrenta nuestro país. Por un lado, no ofrecía un rápido camino de acceso a la ciudadanía para los indocumentados, sin compromisos inaceptables. Tampoco protegía sus derechos civiles y democráticos, ni permitía a las familias mantenerse unidas o protegía debidamente su dignidad.

Por el otro lado, establecía pesados requerimientos para el acceso a la ciudadanía, contenía duras medidas de castigo, separaba las familias e incluía un programa de “trabajador huésped”.
Con la derrota de esa ley no se debe esperar, sin embargo, que el tema de la inmigración caiga en el olvido. Los trabajadores indocumentados y sus familias seguirán luchando a favor de leyes que les provean derechos y dignidad, mientras sus opositores seguirán presionando al gobierno, a todos los niveles, para que persiga a los indocumentados con rabia, recurriendo incluso a los llamados vigilantes.

Un combate que de inmediato corresponde a los movimientos sindicales y democráticos es el de luchar contra la tendencia a equiparar con criminales a los inmigrantes así como las redadas contra comunidades inmigrantes. Es de prever que esta tendencia se acentúe en los próximos meses. Por eso, la coalición a favor de los derechos de los inmigrantes, en toda su diversidad, lo mismo que cada persona de mentalidad democrática, debe insistir firmemente en que se detengan las redadas.

Ese tipo de acción no es la manera de resolver un problema complejo. No es democrática y además de inhumana, es una forma de imponer terror. Aunque los dos centros principales del movimiento obrero (AFL-CIO y Change to Win) no están entusiasmados con una salida legislativa, ambas pueden tener el objetivo común en la cuestión de las redadas y otras demandas parciales que sirvan para aliviar la situación de los trabajadores indocumentados y sus familias. En ese sentido, no se debe descartar el recurso a la desobediencia civil no violenta.
Pese a que el movimiento antiinmigrante ha logrado cierta resonancia, su mensaje no ha tenido todo el alcance que esperaban sus promotores. Como en muchas otras cuestiones, en el tema de la inmigración la mayoría de la gente no tiene una posición acabada. Por eso, la tarea de quienes defienden los derechos de los inmigrantes, debe ir dirigida a hacer un llamado a la decencia, la sensibilidad democrática y los propios intereses del pueblo norteamericano.
Una de las debilidades de la Conferencia Take Back America, consistió en que se eludió este tema. Aunque no sabemos exactamente las razones, podemos asumir que fue considerado demasiado controversial, que podía crear muchos contratiempos. Si ese fue el caso, constituyó una lectura equivocada del real sentimiento de los norteamericanos con relación al tema.

A veces es conveniente no plantear cuestiones cuando se piensa que el resultado no será el deseado, pero nuestra delegación a la Conferencia tenia la opinión de que en este caso era un error dejar el tema de lado, de no discutirlo abiertamente, para tratar de obtener una posición común y un acuerdo de acción conjunta.

En cuanto a nosotros, debemos tratar de que el peso del movimiento obrero, del movimiento afroamericano se incorpore a esas luchas y combata las tendencias racistas y antiinmigrante. Debemos igualmente hacer conocer las posiciones progresistas de los inmigrantes en los centros de trabajo y en las comunidades trabajadoras. También es preciso considerar en qué medida es posible que el movimiento por los derechos de los inmigrantes pueda lograr que se repita lo que ha ocurrido en New Haven, Connecticut, donde las autoridades locales han decidido proveer de una tarjeta de identificación a todos sus residentes, sin importar su estatus. Finalmente, junto a otras fuerzas, tenemos que combatir los intentos Republicanos por convertir este tema en su “punta de lanza” para las elecciones del año próximo.

Cuidado de la salud

Es probable que la lucha contra la multifacética crisis del cuidado de la salud sea la mayor inquietud del pueblo norteamericano. La preocupación la comparten tanto quienes tienen seguro médico, como quienes no lo tienen. El alcance de esta crisis es casi universal.
Por eso no debe sorprender que la lucha por el cuidado de la salud haya saltado hasta el centro de la vida política de nuestro país. Gentes de todos los sectores del espectro político tienen algo que decir o algún plan que ofrecer para enfrentar esta crisis. Algunas de esas propuestas son buenas, mientras que otras son muy deficientes y hasta retrógradas. Los planes abundan entre los candidatos presidenciales. Al parecer, el de Edwards es el mejor.

A nivel federal y estatal, los legisladores proponen legislación sobre el cuidado de la salud. Hace una semana se aprobó en Wisconsin una ley que provee cuidado médico para sus ciudadanos en todo el Estado; otros Estados han hecho lo mismo.

Existen en el congreso proyectos de ley que tratan los aspectos particulares de la crisis del cuidado de la salud, así como medidas más completas, tales como la HR 676, introducida por el congresista John Conyers. En una reunión reciente de la Junta Nacional, emitimos un comunicado sobre nuestro enfoque sobre la legislación acerca del cuidado de la salud. Dice así:

“La crisis del cuidado de salud se ha convertido en una tormenta perfecta, con el incremento de los precios, más millones de personas con poca o ninguna cobertura, y el deterioro de la calidad de los servicios disponibles. Los más perjudicados son las mujeres, niños y trabajadores de bajos ingresos, los oprimidos nacional y racialmente. El gobierno, al igual que las corporaciones, se despreocupa cada día más de cualquier responsabilidad en la solución de esta crisis. La administración Bush continúa desentendiéndose del financiamiento y el respaldo a la atención medica a través del Medicare, Medicaid y el programa de salud de los veteranos. El plan de medicamentos de Medicare ha sido un costoso desastre para las personas mayores”.
Es un regalo en efectivo para los gigantes de la industria farmacéutica y solo ha servido para fortalecer la función parasitaria y derrochadora de la industria del seguro privado. Al mismo tiempo, las corporaciones prosiguen con su implacable agresión contra los programas de la atención médica para sus trabajadores.

Los trabajadores y el pueblo están defendiéndose. De acuerdo con recientes encuestas de AFL-CIO, la solución a la crisis de la atención médica está a punto de convertirse en el tema central de preocupación para la clase trabajadora. Los movimientos laborales y populares se movilizan en torno a esa reivindicación. LA AFL-CIO publicó un documento exhaustivo sobre la atención médica, con importantes ideas sobre soluciones y reformas, así como propuestas de leyes que incluyen cobertura, accesibilidad, posibilidad de transferir y efectivo control de costos. El documento aboga en favor de un rol vital y critico por parte del gobierno para ‘”regular, financiar y proporcionar cuidado de la salud”.

En torno al proyecto de ley del congresista John Conyers, “Atención de salud ampliada y mejorada para todos”, (HR676), ha surgido un fuerte movimiento de trabajadores, que postula una reforma que incluya el servicio de un solo pagador. El proyecto tiene amplio respaldo laboral, incluyendo en las direcciones de las centrales sindicales, sindicatos locales e internacionales y está comenzando a lograr el respaldo de gobiernos locales y estatales. El partido Comunista no tiene una agenda diferente a la aspiración general de resolver la crisis del cuidado de salud, para todas las personas que residen en nuestro país.

Participamos en la lucha diaria contra las fallas del sistema de cuidado de la salud, y en pro de cualquier reforma que amplíe realmente el acceso, calidad y costo de esos servicios para la clase trabajadora. Propugnamos por la conformación de la más fuerte, amplia y unida coalición de trabajadores en esta lucha. El HR 676 es un componente clave y una pieza central en nuestro trabajo en favor de una amplia reforma de cuidado de salud. Procuramos ampliar y expandir el respaldo al proyecto en el contexto de la lucha generalizada por el cuidado de salud. Reconocemos al mismo tiempo, la necesidad de estar totalmente inmerso en todas las luchas dirigidas a la solución de la crisis del cuidado de la salud, tanto a nivel local como nacional.
Debemos evitar los enfoques limitados que sostengan que únicamente el apoyo total a HR676 o que únicamente los esfuerzos para lograr respaldo para HR676 son aceptables. De hecho el trabajo a favor de la ley HR676 debe estar vinculado, en todas partes, a las luchas en curso para reformar el sistema de cuidado de la salud que vayan realmente dirigidas a mejorar ese servicio para el pueblo trabajador.

De igual manera, debemos rechazar las iniciativas que relegan el proyecto HR676 al estatus de “irrealista” y “limitado”, o que los esfuerzos para lograr respaldo para HR676 tienden a aislarnos de mayores luchas para el cuidado de la salud. De hecho, el creciente respaldo a la ley HR676 fortalece a todos los movimientos y luchas a favor de ese objetivo. Los camaradas involucrados e inmersos en estos movimientos tienen que estar necesariamente entre quienes demuestran que el respaldo hacia el proyecto de ley HR676 puede hacer avanzar nuestras luchas y contribuir a fortalecer las reformas que no incluyan la solución de un simple pagador.

Nosotros, los comunistas, no consideramos que el proyecto HR676 sea la palabra final en lo que se refiere el cuidado de la salud. Le vemos como una muy buena reforma que contribuye a unir al movimiento en torno a ese objetivo y a los movimientos de las clases trabajadoras y las coaliciones en lucha.

No veo porque esta declaración no pueda continuar orientando nuestro trabajo. Nos exige hacer lo que los comunistas deben hacer, que es involucrarse en luchas inmediatas, tales como la lucha para el Proyecto 3 del Senado, que permite al Medicare negociar los precios de los medicamentos con la industria farmacéutica, y luchando a la vez por medidas mas completas, y especialmente el proyecto de ley HR676.
Claro está, que no es necesario recordar que las acciones de masas de todo tipo y en varias vertientes, son lo necesario para profundizar y ampliar el movimiento, así como influenciar el proceso legislativo. Además, no tenemos que inventar nada. Esas acciones de masas están sucediendo en muchos Estados y ciudades, expresándose de diversas maneras, desde demostraciones de masas a la ocupación de oficinas.

Derechos sindicales

La promulgación del Acta de Libre Elección del Empleado representaría la medida de mayor alcance en términos de negociaciones colectivas desde el Acta Wagner. Sus implicaciones para los trabajadores y todo el movimiento democrático son de gran alcance. Esta es una lucha que concierne a todo el movimiento.

La correlación de fuerzas en el Congreso hace casi imposible que el acta sea aprobada ahora. Aunque AFL-CIO sabía antes de que al proyecto fuera al Senado recientemente, que este no tenía posibilidades de ser aprobado, insistió ante el liderazgo Demócrata para que de todas formas se sometiera. Al hacer esto, el liderazgo de AFL-CIO mantenía la esperanza entre sus miembros, pues aunque se tiene la percepción de que no tiene posibilidad de ser aprobado hasta el próximo año, logró que no quedara fuera de circulación, en espera de que sea elegido un nuevo Congreso con una gran mayoría Demócrata y se elija un presidente Demócrata.

Mientras tanto, el movimiento obrero tiene que ganarse aliados para que se unan a esta lucha. Este es un buen tema para una campaña sostenida en nuestros clubes y publicaciones.

Aunque tenemos prioridades legislativas y políticas, no podemos hacer oídos sordos frente a las luchas de las bases y las negociaciones colectivas. Tal sordera nos aísla de los activistas de las bases en los lugares de trabajo y la comunidad. En muchos casos, son principalmente estos temas lo que les convierten en activistas.
Tal como indico Scott, las negociaciones de los trabajadores automotrices serán de envergadura y tienen enormes implicaciones para la clase trabajadora en sí y el bienestar económico del país. No hemos visto nada remotamente parecido hace mucho tiempo. Tenemos que unirnos a esta lucha. No podemos ser simples observadores.

Lucha contra el racismo

La lucha contra el racismo y por la igualdad, requiere de un Nuevo sentido de urgencia política y moral. El impacto combinado de una nueva etapa del capitalismo globalizado y el dominio de la extrema derecha por casi un cuarto de siglo, ha creado condiciones de crisis en el conjunto de los pueblos y comunidades raciales en todo el país. En Detroit, Harlem, el este de Los Ángeles y en Gary, la pobreza es profunda y extendida, pero esas ciudades y barrios no son la excepción, sino las expresiones más críticas de un amplio espectro de pobreza que incluye a cada comunidad grande o pequeña de la población racialmente oprimida de nuestro país.

Si bien es cierto que las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera en general han empeorado, el impacto, profundidad y alcance de esa variable golpea con toda su fuerza a las comunidades racialmente oprimidas y esto tiene una explicación simple: racismo elemental. Por lo demás, es difícil determinar desde donde, aparte de un progresivo reajuste de fuerzas a nivel nacional, vendrá el compromiso para mejorar económicamente y políticamente a esas comunidades. La pérdida de empleos en el sector manufacturero –especialmente en la industria automotriz y del acero- y la privatización y contracción del sector público, han hecho n enorme daño a la gente de color.

A eso hay que agregar los draconianos recortes presupuestarios, el incremento del precio de las viviendas y el envejecimiento, los fuertes gravámenes de las agencias federales, un sistema judicial marcado por el racismo, un sistema educativo que no funciona y que es segregado, la rápida desaparición de los servicios médicos y el acceso a los mismos, la sistemática negativa a reconocer los derechos electorales y otras restricciones. Al mismo tiempo, sigue su intenso ritmo el incansable ataque ideológico que conlleva al debilitamiento de la estructura que sirve de base la igualdad.

Por eso el racismo, más que un prejuicio, es una armazón legal, política, económica, ideológica y cultural. Es parte integral e indispensable del desarrollo capitalista en cada uno de sus estadios, incluido el actual. Esa estructura es el principal disolvente de la democracia, porque es esencial para la reproducción de las clases y sigue siendo el principal instrumento de división del movimiento popular. Eso evidencia la necesidad para la clase obrera y el movimiento popular, de colocar en un orden central la lucha por la igualdad y contra el racismo.

Es preciso combinar la lucha contra las estructuras institucionales y la ideología racistas, en tanto que sistema conectado de ideas que dan sostén a la subordinación racial, la explotación y la opresión. Aunque la lucha contra el racismo tiene sus reivindicaciones, características y formas organizativas distintivas, debe ser integrada dentro de cada lucha clasista y democrática. He sostenido que nuestro sentido moral de indignación no debe determinar nuestras tácticas, pero también es cierto que sin un mínimo sentido moral de indignación, mucho no haremos para luchar contra el racismo y otras injusticias del capitalismo.

El Dr. King siempre desarrolló ecuánimes guías tácticas en medio de condiciones de enormes peligros y riesgos, pero también expresó con gran energía su sentido moral de indignación y articuló una visión moral de una “bienamada comunidad”, en la que blancos y negros, todo el mundo, sin importar diferencias en el color de la piel, religión, nacionalidad, idioma y modos de vida, pudieran vivir armoniosamente. Debemos tratar de emular el ejemplo de King (Martin Luther), en el contexto de un movimiento obrero y popular que hable el lenguaje de la diversidad y que comprende profundamente la necesidad de la unidad contra los opresores comunes enquistados en la Casa Blanca y en los centros corporativos. Por supuesto, se trata de un combate.
Durante un cuarto de siglo se nos ha dicho que vivimos en una época posterior a la de la lucha por los derechos civiles, que el terreno del combate ya no es el mismo, que nuestro país ya no tiene color y que las desigualdades raciales que persisten no son sociales ni institucionales, sino que son el resultado de deficiencias y de patologías inherentes a las propias poblaciones oprimidas. Por eso ya no son necesarias, según ese argumento, medidas políticas, económicas, legales y culturales para desracializar cada aspecto de la vida de nuestra nación.

Y no debe sorprender que este argumento ha tenido cierto impacto en la conciencia popular. La lucha contra el racismo y por la igualdad no es propiedad de ningún grupo. Aunque es natural que quienes son racialmente oprimidos encabecen la lucha por la igualdad y contra el racismo, otros grupos y organizaciones deben igualmente jugar su papel en esa lucha. Una participación especial deben tener las personas de izquierda blancas, para ganarse a otros trabajadores blancos, sobre la base del sentido moral de indignación, la solidaridad humana y el propio interés.

Tommy Dennis, un afroamericano líder de nuestro partido, decía que “no hay nada que los negros deseen, que los blancos no necesiten”. Tommy dijo eso en los años 70, y si así eran las cosas en aquella época, con más fuerza lo son hoy, en un momento en que se combina en un proceso único una ofensiva que es a la vez racista y contraria a la clase trabajadora.

En la conferencia de nuestro partido, sobre la cual Jarvis dará un informe, los participantes salieron con un nuevo sentido de energía y claridad acerca de la necesidad de unirnos a la lucha de los afroamericanos por la igualdad y también de reconstruir a nuestro partido dentro de la comunidad afroamericana. Acordamos también, que es necesario tomar nuevas iniciativas para conquistar a los trabajadores blancos para las posiciones y acciones anti racistas. Por esas razones, debemos explorar, entre otras cosas, las siguientes cuestiones dentro del partido y en el amplio movimiento popular:

¿Creemos que las personas y trabajadores blancos están demasiado envenenados por la ideología racista? ¿Creemos que reaccionaremos solamente de manera negativa a las iniciativas anti racistas?¿Es debidamente apreciado en el movimiento obrero, el papel estratégico de los afroamericanos, hispanos y otros grupos racialmente oprimidos en términos de la lucha general a favor de los trabajadores y del avance democrático?

¿Se comprende debidamente el papel jugado por el racismo en el desarrollo de nuestra nación? ¿Es esto apreciado como uno de los instrumentos principales en la división del movimiento popular?

¿Se considera que la lucha contra el racismo y por la igualdad es un obstáculo para lograr una mayor unidad en torno a las clases y a temas relevantes?

Incluso si no tenemos respuestas completas para estas preguntas, debemos comenzar por discutirlas, al mismo tiempo que lanzamos iniciativas contra el racismo.

Elecciones en 2008

A medida que pasan los días, las elecciones acaparan casi toda la atención. Para principios del año próximo se convertirán en el centro de la gravedad política y prácticamente todo girará alrededor de estas.
¿Por qué digo esto? Porque las elecciones son el principal escenario desde el cual se puede producir el reajuste necesario y fundamental en el equilibrio de fuerzas. Otras luchas pueden debilitar tanto a la administración de Bush como a la extrema derecha, pero aun aunadas, ninguna tiene el mismo potencial para infligir un golpe mortal a la extrema derecha y hacer que el equilibrio del poder cambie de manera cualitativa hacia una dirección progresista.

El objetivo del movimiento liderado por los sindicatos es elegir a un Presidente Demócrata y aumentar la mayoría de ese partido en el Congreso. Desde la arrolladora victoria en las elecciones de 1964, no se le había presentado al movimiento popular la oportunidad para realizar cambios de tanta trascendencia en el escenario político. Desafortunadamente, la promesa completa de esas elecciones nunca se materializó, muriendo prematuramente en Vietnam y a través de las fallidas estructuras del racismo que fraccionó a la coalición que eligió al Presidente Johnson.

He escuchado a algunos decir que la tarea principal del 2008, será elegir una mayoría de Demócratas progresistas al Congreso. A simple vista, suena bien, pero creo que tenemos que cuestionar esto un poco más, antes de abrazar la idea sin sentido crítico.

En primer lugar, deseo que podamos elegir a tantos progresistas como sea posible. La ampliación del Caucus Progresista en 2008 marcaria una gran diferencia en las batallas legislativas del 2009. Pero hablando de manera realista, es inevitable que una mayoría Demócrata en el Congreso incluirá a Demócratas de diferentes líneas políticas. Seguro que los habrá progresistas, y esperamos que sean los más, pero también incluirá a centristas y a moderados, y de hecho puede que estos sean la mayoría. Por eso, el enfoque táctico del amplio movimiento tiene que ir más allá de simplemente elegir a progresistas, para de igual manera, incluir la elección de otros candidatos congresuales Demócratas.

La lucha por el incremento del número de candidatos progresistas en el Congreso, se librará tanto en las primarias como en las elecciones generales. Las primarias decidirán hacia cuales candidatos se inclina el Partido Demócrata para las elecciones generales. A menudo en el pasado, el movimiento popular liderado por los sindicatos, no se involucró lo suficiente en esta importante fase del proceso electoral. La selección de los candidatos era potestad del liderazgo del Partido Demócrata, pero ahora la cosa está cambiando.

Una vez hayan pasado las primarias, el movimiento, a la vez que continuará presionando a los candidatos Demócratas sobre los temas de interés, también luchará para elegir una gran mayoría Demócrata al Congreso. Esto puede significar trabajar por los candidatos progresistas, pero significaría también ayudar a Demócratas centristas en los distritos que tradicionalmente han sido Republicanos.

La otra razón por la cual cuestiono esta táctica, (hacer que la elección de una mayoría de Demócratas progresistas sea la tarea principal) es que no le atribuye el peso debido a la importancia estratégica de que un Demócrata gane la Casa Blanca. Eso es un gran error. Después de todo, ganar la presidencia es crucial para cambiar el equilibrio político del poder y el terreno de lucha. Sin lograr la Presidencia, no se concibe un giro significativo en la dirección política del país.

O para decirlo de otro modo, una victoria Demócrata arrolladora—tomando la Presidencia y el Congreso por márgenes considerables—creará mejores condiciones para un cambio progresista. Reformulara el contexto de cada tema pendiente. Fortalecerá a la gente progresista en el Congreso, a la vez que les da un codazo para que los lentos y los cautelosos asuman mejores posturas. Y significará un repunte político luego de casi tres décadas de reinado de la derecha Republicana.
En cuanto a los candidatos presidenciales, no vamos a endosar a ninguno ni ahora ni después; aunque sí es preciso destacar que, a diferencia de las campañas anteriores, remontándonos a casi 30 años, los favoritos se inclinan hacia una dirección progresista, incluyendo a Hillary Clinton.

De los favoritos, Edwards ofrece lo más programático, pero al mismo tiempo, no es que esté tan por encima de Obama ni de Clinton.
Debemos reconocer la naturaleza histórica de las campañas de Obama, Clinton y Richardson. La victoria de uno de ellos, (y creo que cualquiera de los tres puede ganar), sería histórica. Además, creo que el país ya está listo para elegir a la presidencia a un afroamericano, a una mujer o un mexicano-americano.

No acepto (ni pienso que debemos aceptar) la sabiduría convencional, o la comidilla de pasillo, de que un norteamericano negro no es elegible, que el pueblo norteamericano no está listo para ello. ¿Cuál es la base para tal argumento? Sabemos que Massachussets eligió a un gobernador afroamericano en el 2006, que Illinois Eligio a un senador en 2004, y que en 2006, en Tennessee casi eligen a un afroamericano para senador.

Finalmente, debemos tener una actitud positiva hacia la candidatura del Congresista Dennis Kucinich. Pese a los esfuerzos de la prensa por marginarle, Kucinich emerge como una voz líder de la amplia coalición popular. Trae a las primarias y a los debates presidenciales, posiciones consistentes contra la derecha y las corporaciones, a favor de la paz. Ninguno de los otros candidatos puede abrogarse esto. Mientras más él pueda hablar a grandes audiencias, mejor posicionado estará el movimiento para ganar en 2008 y librar una buena lucha en 2009.
En cuanto a los Republicanos, ¿no son acaso estos un triste grupo de reaccionarios? Su batalla es cuesta arriba, especialmente debido a que Bush no está quedando muy bien parado en las encuestas de opinión pública. Quiéranlo o no, están atados a una presidencia muy impopular. Además, ninguno de ellos tiene un programa acorde con los cambios que han experimentado las masas en su forma de pensar.
En un sentido, ellos propugnan por las políticas del ayer. Fracasan al no entender que en los últimos años, en todo el país se ha producido un cambio paradigmático en la estructura del pensamiento y el sentimiento. Queda todavía por analizar, la naturaleza exacta de esto y su alcance, pero pienso que, para desventaja de los candidatos Republicanos, la opinión, la disposición, los sentimientos y el entendimiento de millones de personas han cambiado.

El que una candidatura dependa de “la guerra contra el terror”, o los “pequeños cortes impositivos gubernamentales”, o “asuntos culturales”, como lo han estado haciendo los Republicanos durante años, ha dejado de ser una propuesta ganadora. Seguro que resonará entre algunos sectores de los votantes, pero han pasado tantas cosas en tan corto tiempo, que ya estos temas no tienen la misma picada ni tampoco el poder de movilización que tuvieron en una época.

En cuanto a las candidaturas independientes, al parecer, el alcalde de Nueva York, Bloomberg tiene una especie de globo de experimento. Él alega que ambos partidos evaden los grandes problemas y están demasiado ansiosos por involucrarse en la disputa partidista. A Bloomberg le gusta dar la impresión de que es un tipo sin rodeos y que resuelve las cosas. ¡No se dejen confundir! Es un multimillonario ¡y de qué manera sacó las uñas cuando la huelga de transito! No tuvo más que veneno para ofrecer a los trabajadores del transporte y llamó “matones”, a este sindicato, compuesto mayormente por afroamericanos, afrocaribeños e hispanos.

A medida que nos acercamos al 2008, nuestro rol debe ser coadyuvar a unificar un movimiento que tiene su mira puesta en las elecciones del 2008. Nuestro papel es llevar a las elecciones del 2008 los temas acuciantes que confronta nuestra nación. Nuestro papel es desenmascarar a los candidatos del Partido Republicano al tiempo que presionamos, adulamos, codeamos y si es necesario, tomamos partido por los candidatos del Partido Demócrata.
También nuestro papel es el de continuar participando en las luchas en los escenarios de negociación legislativa y colectiva, en las luchas por los trabajos, salarios, vivienda, cuidado de la salud, acción afirmativa, derechos reproductivos, y poner fin a la guerra.

Nuestra meta estratégica no ha cambiado. Ni cambiará hasta que no se obtenga una gran victoria en noviembre del 2008. Si esto sucede, entonces daremos un nuevo vistazo a nuestras políticas estratégicas y tácticas. Pero por ahora, la derrota de la derecha requerirá la unidad de un conjunto de fuerzas, algunas confiables y permanentes, otras inconsistentes y temporeras. En esta última categoría yo incluiría a muchos Demócratas y hasta a algunos Republicanos.

Aun cuando en la lucha lleguemos a un momento que clame por un cambio estratégico, tenemos que ser cuidadosos al hacerlo. Por ejemplo, una victoria Demócrata, no significará desde el punto de vista estratégico ni táctico, que atacaremos implacablemente a los Demócratas “con la pistola al cinto”.

Proceso complejo

En la izquierda es casi un axioma decir que los avances en los derechos económicos, civiles y sociales registrados durante 1936-1938 y en 1964-1966 fueron excepcionalmente el producto de un recrudecimiento del movimiento trabajador en el primer caso y del movimiento por los derechos civiles en el último.

Si bien es cierto que estos movimientos fueron decisivos, otros factores también contribuyeron a esos resultados. De especial significado fueron la victoria electoral abrumadora del partido Demócrata y el mandato popular progresista asociado a la victoria en ambos períodos. Por eso, si la historia nos sirve de orientación, el próximo año en las urnas, el movimiento popular contemporáneo, liderado por los sindicatos, tiene que combinar las luchas de masas con la lucha para derrotar decisivamente a la derecha, y lograr un mandato incuestionable con miras a un cambio progresista.

Sin duda alguna, a medida que nos acercamos al 2008, los sindicatos, los oprimidos por el racismo, las mujeres, la juventud y otros grupos sociales realizarán estos ajustes, incluyendo la reestructuración de muchas de sus fuerzas de masas con miras hacia el escenario electoral.

Existen inevitables tensiones entre la política (y el marxismo también). Lo procedente es no permitir que la tensión se disuelva (esto no sucederá), y negociar la tensión de manera que esta movilice a toda la cadena de lucha hacia todos los frentes. Hasta ahora el amplio movimiento popular parece estar negociando bien esta tensión entre las luchas actuales y las de las elecciones del próximo año.

Elecciones en 2008

A medida que pasan los días, las elecciones acaparan casi toda la atención. Para principios del año próximo se convertirán en el centro de la gravedad política y prácticamente todo girará alrededor de estas.
¿Por qué digo esto? Porque las elecciones son el principal escenario desde el cual se puede producir el reajuste necesario y fundamental en el equilibrio de fuerzas. Otras luchas pueden debilitar tanto a la administración de Bush como a la extrema derecha, pero aun aunadas, ninguna tiene el mismo potencial para infligir un golpe mortal a la extrema derecha y hacer que el equilibrio del poder cambie de manera cualitativa hacia una dirección progresista.

El objetivo del movimiento liderado por los sindicatos es elegir a un Presidente Demócrata y aumentar la mayoría de ese partido en el Congreso. Desde la arrolladora victoria en las elecciones de 1964, no se le había presentado al movimiento popular la oportunidad para realizar cambios de tanta trascendencia en el escenario político. Desafortunadamente, la promesa completa de esas elecciones nunca se materializó, muriendo prematuramente en Vietnam y a través de las fallidas estructuras del racismo que fraccionó a la coalición que eligió al Presidente Johnson.

He escuchado a algunos decir que la tarea principal del 2008, será elegir una mayoría de Demócratas progresistas al Congreso. A simple vista, suena bien, pero creo que tenemos que cuestionar esto un poco más, antes de abrazar la idea sin sentido crítico.

En primer lugar, deseo que podamos elegir a tantos progresistas como sea posible. La ampliación del Caucus Progresista en 2008 marcaria una gran diferencia en las batallas legislativas del 2009. Pero hablando de manera realista, es inevitable que una mayoría Demócrata en el Congreso incluirá a Demócratas de diferentes líneas políticas. Seguro que los habrá progresistas, y esperamos que sean los más, pero también incluirá a centristas y a moderados, y de hecho puede que estos sean la mayoría. Por eso, el enfoque táctico del amplio movimiento tiene que ir más allá de simplemente elegir a progresistas, para de igual manera, incluir la elección de otros candidatos congresuales Demócratas.

La lucha por el incremento del número de candidatos progresistas en el Congreso, se librará tanto en las primarias como en las elecciones generales. Las primarias decidirán hacia cuales candidatos se inclina el Partido Demócrata para las elecciones generales. A menudo en el pasado, el movimiento popular liderado por los sindicatos, no se involucró lo suficiente en esta importante fase del proceso electoral. La selección de los candidatos era potestad del liderazgo del Partido Demócrata, pero ahora la cosa está cambiando.

Una vez hayan pasado las primarias, el movimiento, a la vez que continuará presionando a los candidatos Demócratas sobre los temas de interés, también luchará para elegir una gran mayoría Demócrata al Congreso. Esto puede significar trabajar por los candidatos progresistas, pero significaría también ayudar a Demócratas centristas en los distritos que tradicionalmente han sido Republicanos.
La otra razón por la cual cuestiono esta táctica, (hacer que la elección de una mayoría de Demócratas progresistas sea la tarea principal) es que no le atribuye el peso debido a la importancia estratégica de que un Demócrata gane la Casa Blanca. Eso es un gran error. Después de todo, ganar la presidencia es crucial para cambiar el equilibrio político del poder y el terreno de lucha. Sin lograr la Presidencia, no se concibe un giro significativo en la dirección política del país.

O para decirlo de otro modo, una victoria Demócrata arrolladora—tomando la Presidencia y el Congreso por márgenes considerables—creará mejores condiciones para un cambio progresista. Reformulara el contexto de cada tema pendiente. Fortalecerá a la gente progresista en el Congreso, a la vez que les da un codazo para que los lentos y los cautelosos asuman mejores posturas. Y significará un repunte político luego de casi tres décadas de reinado de la derecha Republicana.
En cuanto a los candidatos presidenciales, no vamos a endosar a ninguno ni ahora ni después; aunque sí es preciso destacar que, a diferencia de las campañas anteriores, remontándonos a casi 30 años, los favoritos se inclinan hacia una dirección progresista, incluyendo a Hillary Clinton.

De los favoritos, Edwards ofrece lo más programático, pero al mismo tiempo, no es que esté tan por encima de Obama ni de Clinton.
Debemos reconocer la naturaleza histórica de las campañas de Obama, Clinton y Richardson. La victoria de uno de ellos, (y creo que cualquiera de los tres puede ganar), sería histórica. Además, creo que el país ya está listo para elegir a la presidencia a un afroamericano, a una mujer o un mexicano-americano.

No acepto (ni pienso que debemos aceptar) la sabiduría convencional, o la comidilla de pasillo, de que un norteamericano negro no es elegible, que el pueblo norteamericano no está listo para ello. ¿Cuál es la base para tal argumento? Sabemos que Massachussets eligió a un gobernador afroamericano en el 2006, que Illinois Eligio a un senador en 2004, y que en 2006, en Tennessee casi eligen a un afroamericano para senador.

Finalmente, debemos tener una actitud positiva hacia la candidatura del Congresista Dennis Kucinich. Pese a los esfuerzos de la prensa por marginarle, Kucinich emerge como una voz líder de la amplia coalición popular. Trae a las primarias y a los debates presidenciales, posiciones consistentes contra la derecha y las corporaciones, a favor de la paz. Ninguno de los otros candidatos puede abrogarse esto. Mientras más él pueda hablar a grandes audiencias, mejor posicionado estará el movimiento para ganar en 2008 y librar una buena lucha en 2009.
En cuanto a los Republicanos, ¿no son acaso estos un triste grupo de reaccionarios? Su batalla es cuesta arriba, especialmente debido a que Bush no está quedando muy bien parado en las encuestas de opinión pública. Quiéranlo o no, están atados a una presidencia muy impopular. Además, ninguno de ellos tiene un programa acorde con los cambios que han experimentado las masas en su forma de pensar.
En un sentido, ellos propugnan por las políticas del ayer. Fracasan al no entender que en los últimos años, en todo el país se ha producido un cambio paradigmático en la estructura del pensamiento y el sentimiento. Queda todavía por analizar, la naturaleza exacta de esto y su alcance, pero pienso que, para desventaja de los candidatos Republicanos, la opinión, la disposición, los sentimientos y el entendimiento de millones de personas han cambiado.

El que una candidatura dependa de “la guerra contra el terror”, o los “pequeños cortes impositivos gubernamentales”, o “asuntos culturales”, como lo han estado haciendo los Republicanos durante años, ha dejado de ser una propuesta ganadora. Seguro que resonará entre algunos sectores de los votantes, pero han pasado tantas cosas en tan corto tiempo, que ya estos temas no tienen la misma picada ni tampoco el poder de movilización que tuvieron en una época.

En cuanto a las candidaturas independientes, al parecer, el alcalde de Nueva York, Bloomberg tiene una especie de globo de experimento. Él alega que ambos partidos evaden los grandes problemas y están demasiado ansiosos por involucrarse en la disputa partidista. A Bloomberg le gusta dar la impresión de que es un tipo sin rodeos y que resuelve las cosas. ¡No se dejen confundir! Es un multimillonario ¡y de qué manera sacó las uñas cuando la huelga de transito! No tuvo más que veneno para ofrecer a los trabajadores del transporte y llamó “matones”, a este sindicato, compuesto mayormente por afroamericanos, afrocaribeños e hispanos.

A medida que nos acercamos al 2008, nuestro rol debe ser coadyuvar a unificar un movimiento que tiene su mira puesta en las elecciones del 2008. Nuestro papel es llevar a las elecciones del 2008 los temas acuciantes que confronta nuestra nación. Nuestro papel es desenmascarar a los candidatos del Partido Republicano al tiempo que presionamos, adulamos, codeamos y si es necesario, tomamos partido por los candidatos del Partido Demócrata.

También nuestro papel es el de continuar participando en las luchas en los escenarios de negociación legislativa y colectiva, en las luchas por los trabajos, salarios, vivienda, cuidado de la salud, acción afirmativa, derechos reproductivos, y poner fin a la guerra.

Nuestra meta estratégica no ha cambiado. Ni cambiará hasta que no se obtenga una gran victoria en noviembre del 2008. Si esto sucede, entonces daremos un nuevo vistazo a nuestras políticas estratégicas y tácticas. Pero por ahora, la derrota de la derecha requerirá la unidad de un conjunto de fuerzas, algunas confiables y permanentes, otras inconsistentes y temporeras. En esta última categoría yo incluiría a muchos Demócratas y hasta a algunos Republicanos.

Aun cuando en la lucha lleguemos a un momento que clame por un cambio estratégico, tenemos que ser cuidadosos al hacerlo. Por ejemplo, una victoria Demócrata, no significará desde el punto de vista estratégico ni táctico, que atacaremos implacablemente a los Demócratas “con la pistola al cinto”.

Proceso complejo

En la izquierda es casi un axioma decir que los avances en los derechos económicos, civiles y sociales registrados durante 1936-1938 y en 1964-1966 fueron excepcionalmente el producto de un recrudecimiento del movimiento trabajador en el primer caso y del movimiento por los derechos civiles en el último.

Si bien es cierto que estos movimientos fueron decisivos, otros factores también contribuyeron a esos resultados. De especial significado fueron la victoria electoral abrumadora del partido Demócrata y el mandato popular progresista asociado a la victoria en ambos períodos. Por eso, si la historia nos sirve de orientación, el próximo año en las urnas, el movimiento popular contemporáneo, liderado por los sindicatos, tiene que combinar las luchas de masas con la lucha para derrotar decisivamente a la derecha, y lograr un mandato incuestionable con miras a un cambio progresista.

Sin duda alguna, a medida que nos acercamos al 2008, los sindicatos, los oprimidos por el racismo, las mujeres, la juventud y otros grupos sociales realizarán estos ajustes, incluyendo la reestructuración de muchas de sus fuerzas de masas con miras hacia el escenario electoral.

Existen inevitables tensiones entre la política (y el marxismo también). Lo procedente es no permitir que la tensión se disuelva (esto no sucederá), y negociar la tensión de manera que esta movilice a toda la cadena de lucha hacia todos los frentes. Hasta ahora el amplio movimiento popular parece estar negociando bien esta tensión entre las luchas actuales y las de las elecciones del próximo año.

El contexto de las elecciones

¿Cuáles son los temas que definirán estas elecciones y el período posterior a las mismas?

Para comenzar, la Guerra en Irak y el papel de Estados Unidos en la arena internacional serán parte preponderante de estas elecciones. La fuerza de este asunto es que los planes de la administración Bush, de ejercer un dominio sin precedentes sobre la globalidad de la política, utilizando para ello el poder militar, puede que estén chocando con las tercas realidades domésticas y globales. Si algún reajuste se está produciendo, no es hacía la derecha, sino en un sentido progresista.
¿Cómo explicar la precipitada caída de popularidad de la administración Bush? Pese a que hay muchas razones, haré dos observaciones generales. Por un lado, esta administración va demasiado lejos, actúa con ambiciones políticas excesivas y que no son realistas; pensaba que podía ignorar la objetividad política y las realidades económicas y hasta se permitió hacer alarde de ese patrón de conducta.

Por otro lado, sobreestimó la capacidad de resistencia de su proyecto político, tanto en el plano nacional como el internacional. Los fieles seguidores de la Casa Blanca, quienes estaban convencidos de su control de las estructuras gubernamentales, y del ejército en particular, sin ningún sentido de la historia, dieron a esta todos los medios para rehacer el mundo a su imagen y semejanza. De haber tenido sentido de la historia, se habrían dado cuenta que no era posible establecer sin dificultades un imperio mundial sin precedentes. En cualquier época ese propósito ha sido de dudosa realización, pero en el siglo XXI, establecer un imperio es un proyecto particularmente complicado, lleno de contradicciones, encontrando resistencias, tropiezos, costosas decisiones y, por lo demás, el contrapeso que ejercen otros poderes.
El mundo es harina de otro costal, muy diferente a lo que era en siglos anteriores, cuando uno de los poderes imponía su preeminencia. El siglo XXI no será un siglo unipolar, pese a los deseos de los autores del Proyecto para un nuevo siglo norteamericano.

De hecho, la doctrina Bush, en tanto que gran estrategia unificada de política exterior, está muerta. Bombardeos preventivos, guerras preventivas, unilateralismo, transformaciones regionales y lo que sigue, no tienen hoy el mismo valor que tenían hace apenas unos años. No serán proclamados como los singulares instrumentos para defender los intereses norteamericanos en el mundo. Tampoco serán considerados como opciones políticas de primera clase.

Ningún Demócrata adoptará la doctrina Bush y la mayoría de los Republicanos tomarán sus distancias frente a una doctrina considerada como una coherente gran estrategia.

El combate contra el terrorismo será parte del debate nacional, pero el acento será puesto en perseguir a Al Qaida, en acciones políticas, en compartir las informaciones de inteligencia, en la cooperación internacional, entre otras. Las intervenciones en gran escala y las ocupaciones militares no serán las opciones preferidas de los candidatos.

Escucharemos grandes disertaciones acerca de la importancia de la diplomacia, rehabilitando la imagen de Estados Unidos en el mundo, dando una razonable expresión de poder, hablando con nuestros adversarios, caminando con cautela por el mundo y teniendo una gran prudencia antes de comprometer tropas norteamericanas. Los candidatos tendrán que rectificar el papel de Estados Unidos en el mundo posterior a la Guerra Fría, a la guerra en Irak y su carácter de desastre y debacle.

Ninguno de los candidatos, con la excepción de Kucinich cederá en lo relativo a la primacía de Estados Unidos en el mundo. En cambio, cada uno insistirá en su necesidad. Insistirán en el papel dominante de Estados Unidos en el plano mundial, pero no imponiéndolo de manera unilateral, sino mediante la cooperación con los aliados. Dirán que los Estados Unidos es la nación indispensable –lo que nos lleva de un tirón a nuestro pasado- la mejor esperanza para el género humano, la deslumbrante meca del futuro. Sin el dominio de Estados Unidos, se ensombrecerán las luces de la gobernabilidad democrática, de la educación, el orden y la paz mundial. El mundo, sin la firma mano conductora y el poder del imperialismo norteamericano, se precipitará en la anarquía y el desorden.

En el marco de un amplio espectro de los especialistas en política exterior, existe un consenso de que el mundo está cambiando, que surgen nuevas configuraciones de poder, entre los Estados y las regiones, que China puede evolucionar hasta convertirse en el poder mundial dirigente en este siglo, que el este y el sur de Asia pueden devenir los centros principales del dinamismo económico, que surgen nuevos bloques regionales y que la humanidad confronta nuevos desafíos, que van desde grandes epidemias al calentamiento global, del déficit energético a la proliferación nuclear.

Zbigniew Brezinski dice que la característica más sobresaliente del siglo XXI es el gran despertar político que tiene lugar en todo el globo. Dice además, que los Estados Unidos y otros grandes países capitalistas tienen que escuchar más y mostrar menos la arrogancia de su poder.

En otras palabras, el mundo está en un inestable período de transición de las incertidumbres de la Guerra Fría, en la cual las relaciones de poder estaban mejor definidas y eran predecibles, a un nuevo orden mundial, que todavía está en formación y por tanto bastante impredecible.

Cada candidato hablara, en mayor o menor medida sobre estas nuevas realidades. Pero no creo que quedemos completamente satisfechos con sus respuestas. Los Demócratas lo harán mejor que los Republicanos y esa diferencia puede ser de la mayor importancia.

Pero, aparte de Kucinich, los candidatos Demócratas defenderán la posición imperialista y preeminente de Estados Unidos en el mundo. Ese esfuerzo por la hegemonía en un mundo que cambia, nos llevará sin remedio a una situación de problemas.

Nuestro país necesita diseñar una visión diferente y colocarse a sí mismo en la comunidad mundial. Debe privilegiar la cooperación, el respeto a las leyes y tratados internacionales, respaldar a la ONU y otras instituciones de mantenimiento de la paz, utilizar nuestra riqueza para ayudar a resolver problemas globales, reestructurar nuestras relaciones con los países del Sur, cerrar las bases militares y reducir los gastos militares y contraer un nuevo compromiso de desmantelar las armas nucleares.

Hace poco, el Institute of Policy Studies publicó un documento titulado “Sobre todo la seguridad: un contexto alternativo de política exterior”. El documento va en la dirección correcta y merece ser leído. Es de confiarse que el mismo estimule un amplio diálogo sobre la política exterior de los Estados Unidos.

Sustento económico

Otro tema de relevante importancia durante las elecciones es el del bienestar económico. Desde hacia mucho tiempo no habían estado tan malas las condiciones económicas de la gente. Y esto se puede poner peor, dadas las tendencias económicas y políticas a corto y largo plazo.

El nuevo factor explosivo en esta ecuación es el colapso del mercado de la vivienda, que se hace sentir en toda la economía. Es preciso recordar que el colapso del sector vivienda en Japón, disparó una crisis económica y fuertes presiones deflacionarias que, pese a que el gobierno puso en práctica agresivas medidas contracíclicas, dejaron la economía entrampada en un aparente estado de estagnación durante casi una década.

Para empeorar las cosas, la economía mundial sigue inundada con un exceso de productos de consumo al tiempo que sigue subutilizada la capacidad de producción. Por lo demás, las corporaciones transnacionales están reduciendo los estándares de vida y perdiendo trabajadores a un ritmo acelerado.

Y para que las cosas estén todavía aún peor, la ofensiva neoliberal de la derecha ha agravado las dificultades económicas a un punto no soportable. El impacto de todo esto sobre el pueblo trabajador ha sido masivo: desempleo y trabajos peor pagados, colapso de las pensiones, recortes presupuestarios a nivel local, estatal y federal, mayores impuestos y aumento de los pagos por servicios, pobreza creciente, crisis del sistema de salud, estudios universitarios a costos exorbitantes, deterioro de los servicios, entre otras calamidades.

Desde hacia mucho que la clase trabajadora no sentía tales niveles de inseguridad. Mayor es el número de trabajadores que no saben lo que les espera en el futuro.

Cada candidato tendrá que referirse a estas cuestiones. Ninguno que trate de evitarlas podrá ser electo. Tampoco podrán ser resueltas estas cuestiones mediante juegos de malabarismo con la economía, como se ha hecho en períodos anteriores. Estos son algunos de los dilemas y contradicciones que los candidatos tendrán que enfrentar.

Calentamiento global

Una tercera cuestión de importancia en el contexto de las elecciones es el calentamiento global. Esto tiene suma importancia, porque hay un creciente sentimiento de que es uno de los mayores desafíos de la humanidad en el siglo XXI. No es algo que va a pasar, ya está pasando. Casi cada miembro de la comunidad científica está de acuerdo en que la evidencia es indiscutible.

Hasta la administración Bush tiene que reconocer que está subiendo la temperatura de la tierra está subiendo debido a la liberación de gases de invernadero en la atmósfera, esencialmente proveniente del consumo de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Mientras tanto, el reloj avanza y la mayoría de los meteorólogos insisten que es necesario actuar ahora, que no podemos esperar otros cinco años.
James Hansen, un científico climático muy respetado, afirma que el punto crítico llegará mucho antes de lo generalmente previsto, si no hacemos algo de inmediato. Dice Hansen que, “si la humanidad sigue viviendo como hasta ahora, explotando recursos de combustibles fósiles sin reducir las emisiones de carbono…los efectos eventuales en el clima y la vida, pueden ser comparables a los del tiempo de extinciones masivas. La vida sobrevivirá, pero en un planeta transformado”. Eso quiere decir que no hay tiempo que perder.

Pero no solamente nos enfrentamos a la perspectiva de perder, mediante su extinción, numerosas especies, sino que el calentamiento global agravará otros problemas ambientales, social, económicos, geoeconómicos y geopolíticos, hasta llegar al punto de la crisis. Hambrunas, sequías, guerras por hambre y por recursos, catástrofes urbanas, pandemias, y destrucción del hábitat, son algunas de esas resultantes. Muchos cuentistas sociales dicen que el calentamiento global es la más desconcertante cuestión de seguridad nacional del siglo XXI.

Por suerte, se ha producido un considerable movimiento de comprensión popular del asunto. Los insensatos quienes lo niegan. Para millones de personas se trata de una aguda amenaza contra el futuro del género humano. Por eso, esta cuestión debe ser tratada por cada candidato y cada partido, incluyendo nuestro partido. De hecho, en la dirección nacional hemos discutido adoptar el calentamiento global y la crisis ambiental, como temas mayores de nuestra agenda en la reunión del Comité nacional.

Se agrega otro tema y es el de la inmigración, que es una cuestión que ha resurgido con gran fuerza en la última década, tanto en nuestro país, como en el mundo. Es una preocupación global, que puede ser comprendida en el contexto de la nueva etapa de la globalización capitalista y el tira y hala a que obliga esta nueva etapa al pueblo trabajador. Nunca antes había tenido lugar un flujo migratorio de trabajadores tan considerable, como el que tiene lugar ahora entre países y entre regiones. En una reciente visita a Moscú, me sorprendió saber que esa ciudad tiene ahora una población de más de 20 millones de personas.

Pero es fácil explicar esta repentina explosión de poblaciones. El colapso del socialismo, combinado con la “terapia de choque”, empobreció a decenas de millones de personas y las envió a “vagabundear” en busca de trabajo muy lejos de sus hogares.

Lo mismo se puede decir de trabajadores en otras ciudades y regiones, cuyos modos de vida y de trabajo han desaparecido sin que tengan culpa de ello.

No es un crecimiento natural de las poblaciones, sino la ruptura de los viejos modos de vida y el desarrollo desigual, así como el despliegue de las fuerzas productivas y el capital en todo el espacio global, en el contexto de una crisis de acumulación mundial, que empuja todo ese vasto movimiento de fuerza laboral desde ciudades, regiones y continentes estancados, hacia otros más dinámicos.

No se trata pues, de una impresión equivocada, sino de un proceso tanto político, como económico. No es únicamente que las inexorables leyes internas del desarrollo capitalista están detrás de este nuevo fenómeno. También lo determina a nivel política, donde interactúan la gente, las clases y los Estados naciones.

La cuestión de la inmigración puede ser utilizada como punta de lanza en las elecciones del 2008. Para que así sea, no es necesario movilizar al electorado en cada Estado, sino en un determinado número de los mismos, donde el tema es más esencial y así lograr la diferencia en las elecciones presidenciales y congresuales.

Así, debemos esperar escuchar muchos discursos acerca de la inmigración, especialmente de parte de los candidatos Republicanos. Cada candidato, independientemente de su afiliación partidaria, debe sentir la presión del movimiento democrático acerca de esta cuestión.

No es un crecimiento natural de las poblaciones, sino la ruptura de los viejos modos de vida y el desarrollo desigual, así como el despliegue de las fuerzas productivas y el capital en todo el espacio global, en el contexto de una crisis de acumulación mundial, que empuja todo ese vasto movimiento de fuerza laboral desde ciudades, regiones y continentes estancados, hacia otros más dinámicos.

No se trata pues, de una impresión equivocada, sino de un proceso tanto político, como económico. No es únicamente que las inexorables leyes internas del desarrollo capitalista están detrás de este nuevo fenómeno. También lo determina a nivel política, donde interactúan la gente, las clases y los Estados naciones.

La cuestión de la inmigración puede ser utilizada como punta de lanza en las elecciones del 2008. Para que así sea, no es necesario movilizar al electorado en cada Estado, sino en un determinado número de los mismos, donde el tema es más esencial y así lograr la diferencia en las elecciones presidenciales y congresuales.

Así, debemos esperar escuchar muchos discursos acerca de la inmigración, especialmente de parte de los candidatos Republicanos. Cada candidato, independientemente de su afiliación partidaria, debe sentir la presión del movimiento democrático acerca de esta cuestión.

Libertades civiles

Los derechos civiles y la igualdad en sus diversas formas son temas que también dominarán la atención en estas elecciones. La administración Bush, con el amplio respaldo de los Republicanos en el Congreso, le ha hecho un gran daño a nuestras libertades constitucionales y ha desmantelado de manera sistemática las medidas por la igualdad racial, de género y de otras formas de igualdad. El Estado y sus instituciones han sido convertidos en una ruina de derechos que estaban garantizados desde los fundamentos de nuestra nación, y desde el siglo pasado.

Finalmente, el papel del gobierno será también un tema de primer orden. En este sentido, se ha producido un cambio importante en la opinión pública, en cuanto al número cada vez mayor de personas que ven la necesidad de que el gobierno juegue un papel constructivo concentrándose en los problemas que al parecer no tienen solución y tienden a empeorar. El lema del ala derecha de que el mejor gobierno es el no gobierno, que este no tiene porque ocuparse de llenar los huecos de la asistencia social que afectan a numerosas personas, resultado de los efectos de un cuarto de siglo de dominio del ala derecha.

Los acuciantes problemas sobre el cuidado de la salud, el calentamiento global, las pensiones, igualdad de raza y género, y otros más por un lado, y el reconocimiento de las limitaciones y fracasos del mercado para resolver los crecientes problemas sociales por el otro, determinan que el pueblo reevalúe el papel del gobierno.

Y esto habrá de ser también parte del debate nacional el próximo año.

El Partid

Debemos ser parte en cada oportunidad, de las luchas y las fórmulas organizativas del movimiento popular liderado por los sindicatos, dando la batalla a la extrema derecha y a la globalización corporativa. Esos han sido nuestra política estratégica y énfasis político desde el año 2000.

Dijimos entonces que queríamos estar en la batalla, y lo hemos hecho, a muchos niveles y de muchas maneras. Somos un gran factor en las luchas existentes y las formas organizativas de todas las coaliciones populares contra la derecha. Nos hemos integrado de manera entusiasta al movimiento anti-guerra, aportando nuestra energía y liderazgo a nivel tanto local como nacional. En el 2006, fuimos los primeros en lanzarnos a la batalla por las elecciones de ese año y podemos estar orgullosos de ello.

Y ahora con las oportunidades de ampliar y profundizar nuestra participación en las luchas actuales y en las elecciones del 2008, se hace imperativo que cada miembro y cada club encuentre los medios prácticos de involucrarse en este movimiento y sus luchas. Las puertas están abiertas, y nadie nos va a dejar fuera, únicamente nosotros mismos.

Traemos a este movimiento nuestra energía, nuestro aprecio por la unidad, nuestros conocimientos estratégicos y tácticos, nuestro entendimiento del capitalismo, nuestra visión sobre el socialismo y nuestro sentido partidario.

Todo eso está bien. De hecho, es admirable que estemos en la trinchera y dando liderazgo a este movimiento en vías de desarrollo.
Pero no es suficiente. Mientras edificamos el movimiento, también tenemos que edificar el partido, el semanario People’s Weekly World, y la juventud del partido (YCL). Estas dos tareas no están separadas, sino que deben estar combinadas orgánicamente en un solo conjunto de trabajo comunista de masas.

Estoy seguro que ustedes comparten conmigo que una mayor presencia comunista en este movimiento de amplia base, solo puede fortalecer al movimiento y ayudar a enfrentar mejor los desafíos de hoy y del mañana. Además, resulta interesante destacar que otros activistas y líderes de este movimiento, que no son parte del partido, nos están diciendo que a ellos les gustaría ver un Partido Comunista más grande y fortalecido.

Entonces, ¿cómo resolvemos esta situación? No hay una respuesta sencilla y en la reunión, otras personas hablarán sobre este tema con mayor profundidad. Basta decir que necesitamos más, de lo que llamo “liderazgo de primera mano”. Y lo necesitamos en dos niveles estrechamente vinculados—ayudando a los clubes y los camaradas a involucrarse más en luchas de masas y en el curso de estas luchas, ir edificando al Partido.

“Liderazgo de primera mano”, significa más colaboración con los clubes y con los líderes de los clubes. Significa asistir más a las reuniones del club. Significa de vez en cuando ir a almorzar con el presidente del club. Significa reunirse regularmente con el liderazgo del club. Y significa tomar la iniciativa en nuestros clubes de reclutar a nuevos miembros o vender suscripciones del People’s Weekly World (PWW).
Significa que nuestro personal nacional que viaja, debe reunirse con los comités de distrito y clubes para enterarnos de las posibilidades y dificultades del reclutamiento. Significa repensar las agendas para las reuniones del Comité Nacional, la Junta Nacional y Comités de distrito, de manera que estas reflejen lo que está sucediendo en las bases del movimiento y el Partido y en la YCL. Significa que demos asistencia a los clubes para que den los próximos pasos en su proceso de desarrollo. Significa que ayudemos a los clubes a desarrollar planes de reclutamiento, a elaborar listas de abonados al PWW y las listas de envíos postales. Significa que demos asistencia práctica en la preparación de los programas educativos de los clubes. Significa planificar con los distritos y con los clubes medios de forma que estos se involucren más en el movimiento por la paz y otras formas del trabajo de masas.

Espero haber dejado establecido que el liderazgo del partido tiene que mezclarse más con los clubes y su membresía, de manera práctica y concreta. Tenemos que dirigir dando el ejemplo. Nuestro papel como líderes del Partido no es resolver problemas en términos generales, sino resolverlos concreta y prácticamente.

Habiendo dicho esto, deseo hacer algunos comentarios generales sobre las cualidades del liderazgo. Además de ser “de primera mano”, tenemos también que premiar a nuestros lideres que ponen al Partido primero, enfatizan en lo positivo, edifican la confianza en el partido y sus colectivos, trabajan duro y resuelven las cosas, “bajan los niveles” de temperatura y frustración, muestran gran sensibilidad a los temas de racismo y supremacía masculina, y se conducen con modestia.

No digo que no tengamos estas cualidades, pero siempre es útil hacer un inventario personal y medirse uno mismo con el fin de saber qué clase de líder aspiramos a ser. Estoy seguro de que cada uno de nosotros comprenderá que todavía somos una obra en progreso—una especie de movimiento popular liderado por los trabajadores.
Pero lo mejor de todo es que vamos por buen camino. Muchas gracias.

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