Carlos Fonseca Amador, como yo lo conocí

CARLOS FONSECA AMADOR: COMO YO LO CONOCÍ
Fragmento del libro Entre Sandino y Fonseca de Jesús M. Blandón

Palacio Nacional con imágenes
de Sandino y Carlos Fonseca.

Hay Hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Pero hay quienes luchan toda la vida,
esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht

San Rafael del Norte es un pequeño pueblecito de Las Segovias situado a sólo 25 kilómetros de Jinotega. En otros tiempos había sido cuartel general de Sandino y hasta él llegaron escritores como el vasco Ramón de Belasteguigoitia y Carlenton Beals, quienes convivieron con el General de Hombres Libres.
En 1946, a doce años de la muerte del héroe, solamente era un poblado frío, donde llovía todo el año y al que sólo se podía llegar a lomo de mula..
Ubicado a 1.020 metros de altura, San Rafael era una localidad de sencillos habitantes, blancos y rubios en su mayoría, dedicados a la ganadería y al cultivo de la caña de azúcar los que tenían tierras.
Los otros vivían de los más variados quehaceres como matar cerdos, comerciar el dulce, zapatería y carpintería o simplemente trabajaban para los dueños de las fincas.
Mi tío abuelo, don Pablo Aráuz, había sido fundador de una familia de músicos y telegrafistas. De sus hijos, después de la muerte de Blanca Aráuz de Sandino, sólo quedaban ya la niña Chila, la Estercita, Pedro Antonio, Luis Rubén, Octavio y Miguel Ángel.
La niña Chila, encargada de la crianza de Blanquita Sandino, manejaba la oficina del telégrafo, mientras que Estercita, sordomuda de nacimiento, repartía los telegramas.
Pedro Antonio, durante 7 años secretario de Sandino, se dedicaba ahora a la música y tocaba el trombón de vara en las procesiones organizadas por el padre Mamerto Martínez. En sus ratos libres jugaba en el equipo de béisbol local y ocupaba la tercera base, mientras mi padre se defendía en la segunda.
Luis Rubén, combatiente y ayudante eterno del general, no recuerdo que tuviera ocupación fija. Había quedado un poco tonto después que lo “fusilaron” durante el genocidio que siguió el asesinato de Sandino.
A él lo habían capturado en la Vuelta de Roble, a media legua del pueblo; la familia no había podido avisarle para que se escondiera, de modo que el comandante Gabriel Castillo ordenó su ejecución.
Primero lo llevaron, junto a otros sandinistas, montaña adentro y lo tiraban a los ríos para ahogarle. Después lo sacaban moribundo y seguían caminando. Llegaron hasta una loma donde los mataron a todos y a él le pegaron el tiro de gracia que le entró por la sien y le salió por el ojo. Nadie se explicaba como estaba vivo, pues deambuló gravemente herido durante algún tiempo, curándose con liquidámbar, medicina de los campesinos, hasta que algunos familiares lo trajeron nuevamente al pueblo ya cuando la furia de la guardia se había calmado.
Era un hecho que ya no razonaba correctamente y, además, hay que apuntar que toda la familia de Blanca Aráuz había quedado bajo una extraña protección-amenaza con que la cobijaba Anastasio Somoza García.
Incluso se hablaba en el pueblo de que el asesino de Sandino otorgaría una beca a Blanquita Segovia para estudiar en el extranjero. Esta oferta jamás fue aceptada.
Por su parte, Miguel Ángel, el burgués de la familia casado con la tía Lita, tenía tina venta y no necesitaba ya de tocar la trompeta.
Y por último estaba Octavio, Tavilla, ebrio consuetudinario, que escandalizaba a los chiquillos con sus gritos cuando andaba enloquecido por el licor.
Como toda la familia Aráuz, Octavio había querido entrañablemente a Sandino y en su delirio, como el nombre del patriota estaba prohibido gritaba:
-“¡Viva el hombre!” -¿Cuál hombre? – preguntaba la gente.
-“El hombre, el hombre!” – repetía sin cesar y luego corría por la plaza a refugiarse en su miserable vivienda.

LOS BANDOLEROS

A pesar de que Blanquita y yo éramos hijos de dos primas hermanas, no recuerdo haber platicado mucho con ella. La verdad es que casi no la dejaban salir. Los muchachos del pueblo nos criábamos en un ambiente silvestre y no conocimos ni la luz eléctrica ni el automóvil, sino hasta cuando ya estábamos creciditos.
Sandino era un fantasma a quien nadie mencionaba, pero que flotaba en el ambiente. El terror somocista se había encargado de borrar hasta su recuerdo entre los simpatizantes de su gesta.
El único movimiento opositor se produjo en 1947, cuando las elecciones que le robó Somoza al Dr. Enoc Aguado. Mi padre, Miguel Blandón, era el jefe de la oposición en la localidad, y en la casa se hacía toda la propaganda, interrumpida continuamente por la guardia que se lo llevaba preso a Jinotega. Allí se encargaba de sacarlo el Dr. Federico López Rivera, líder anti-somocista de Las Segovias.
Después de eso, solamente se oyeron alguna vez rumores de que los “bandoleros” atacarían el pueblo, entonces los hombres se iban a dormir a los cerros mientras las mujeres y los niños dormíamos en la iglesia, que era la que tenía paredes más gruesas.
Además de los Aráuz había también otra familia muy conocida en el pueblo: eran los Ubeda.
Ganaderos, cultivadores de la caña o de pequeñas huertas, hombres de trabajo y de vida austera, sumamente religiosos, a veces solamente se aparecían en el pueblo para las festividades de Semana Santa.
En el Valle de Yupalí, lugar de hermosos ríos y extensos cañaverales próximo a San Rafael, vivía don Agustín Ubeda, quien se casó con doña Pancha Tercero.
Juntos procrearon a Melitina e Tsaura Ubeda, la primera de las cuales contrajo matrimonió con Juan José Fonseca, unión de la que nació Agustina Fonseca Ubeda, progenitora de Carlos Fonseca Amador.
Mi madre, Agustina Ubeda Aráuz, era prima de Blanca Aráuz de Sandino y de doña Agustina Fonseca Ubeda, porque en aquel pueblo tan pequeño, casi todo el mundo era pariente.

LOS BARRIOS POBRES DE MATAGALPA

La gente emigraba de San Rafael porque era un pueblo sin vida. Algunos viajaban a la Costa Atlántica donde las minas explotadas por los gringos ofrecían oro e ilusiones a aquellos campesinos. Se iban navegando en pipantes por los grandes ríos o por la “picada”, infernales caminos poblados de serpientes y fieras salvajes, atraídos por el “paraíso” de Siuna, Bonanza o La Luz Mines Company.
Mi padre fue minero en esos lugares y ahora, ya viejo y cansado, había ido a parar en los pozos de La India, cerca de Matagalpa.
Finalmente, llegaron a dar con nuestros huesos a esta última localidad donde comenzó a trabajar en carreteras. .
Doña Agustina Fonseca y doña Isaura Ubeda también vivían en Matagalpa; esta última había contraído matrimonio con el maestro talabartero don Agustín Castillo.
Doña Agustina en cambio, pobre y sola, tenía que trabajar como cocinera. Tuvo cinco hijos, cuatro varones y una mujercita. Uno de ellos, Carlos, era hijo de Fausto Amador, quien después trabajaría como Administrador de la familia Somoza.
La madre de Carlos trabajaba como doméstica al servicio de los burgueses de la ciudad. Alquilaba una casa detrás de la iglesia de San José por la cual pagaba 40 córdobas, “y ni siquiera tenía una puerta fija sino que en la noche teníamos que ponerle camas junto a ella para que no se abriera”, según me contaría después el mismo Carlos.
Cuando era cocinera de la familia Pineda el muchacho llegaba por las tardes, la llamaba por la ventana y doña Tina le daba alguna comida, de la que sobraba. Entonces los patrones salían y lo corrían como si se tratara de algún animal dañino.
En cambio, conservaba buenos recuerdos de Nacho Lay, ciudadano chino propietario del Restaurante Shangai. Allí sí lo recibían adentro y podía comer en la cocina.
Nacho Lay descubrió que Carlos era miope, pues en el restaurante había un gigantesco reloj con enormes letras, a las que el muchacho se acercaba mucho para poder ver la hora. Entonces fue que le mandaron a poner los anteojo! que ya usaría toda la vida.
A finales de la década del 40 encontramos a Carlos vendiendo melcochas y cajetas por las calles de Matagalpa, con su pantalón chingo y descalzo, congos ojos perdidos ayudaba ya a sostener la anémica economía del hogar y a llevar comida a sus hermanos.
Los sábados por la noche vendía “Rumores”, un semanario humorístico que se tiraba en la tipografía de don Cipriano Orúe; el hijo de éste, quien después sería su compañero en el instituto, relata que ambos salían a vender y Carlos era uno de los que más ganaba..
“La diferencia era que yo gastaba el dinero en vagancias y él se lo entregaba todo a su mamá aseguraba Cipriano Orúe Mairena.
A esta infancia miserable seguramente se refería Carlos cuando escribió este poema, que es prácticamente desconocido:

16 VERSOS DEL MOLENDERO

Animal de madera
zopilote raro
sin alas, cuadrúpedo
sin canto de zopilote
con el lomo chato,
terroso, terrestre.
Tres veces al día
baño de los platos,
cementerio temporal
de los platos rotos.
Comedor ocasional
de los gatos.
No te pareces a tu papá carpintero.
Los ricos con sobras te alimentan
los pobres sin sobras te hacen ayunar.
Fin.

PIONEROS DE LA LUCHA ESTUDIANTIL

Los primeros movimientos estudiantiles de oposición a Somoza se habían hecho sentir en Matagalpa durante la campaña eleccionaria del Dr. Enoc Aguado, en 1946 y 47. En el Instituto Nacional del Norte cursaban estudios un grupo de jóvenes que fueron precursores de la lucha a nivel de secundaria.
En aquel destartalado local, hacia donde iban sólo los que no tenían dinero para marcharse a otro lado, los estudiantes comenzaron a formar sus directivas y hasta quisieron hacer una organización nacional de estudiantes de secundaria.
Algunos de ellos pasaron a publicar un periódico llamado Vanguardia Juvenil, órgano del Frente Juvenil Democrático, agrupación fundada en Managua por Álvaro Ramírez González, y que era una especie de brazo juvenil del Partido Liberal Independiente, al cual pertenecía el doctor Enoc Aguado.
Figuraron en el directorio de Vanguardia Juvenil Gilberto Vargas, Luis Alberto Gutiérrez, José Ramón Gutiérrez Castro, Salvador Vílchez, Julio Cuarezma, Guillermo McEwans y Tomás Borge Martínez.
El día 7 de Diciembre de 1946 Tomás, que en ese tiempo se firmaba Tomás Martínez Borge, escribía de esta manera:
“Hace pocos días se formó un Frente. . . compuesto por reaccionarios, aduladores y cobardes, cuyo ideal es dejar en el poder la continuación del Fiihrer nicaragüense y de la Gestapo Nica, para que sigan derramando nuestra sangre de jóvenes rebeldes; para que continúen las persecuciones, las cárceles y los clavetazos… El fraude electoral se avecina. El Frente Juvenil Democrático hace un llamado a los valientes de Nicaragua, para que no se inscriban en la organización que está al servicio de Anastasio Somoza García. . . Recuerden que de nuestro triunfo depende la deseada paz, que al llegar Argüello llega la guerra a Nicaragua”.
La pugna electoral entre Enoc Aguado, de la coalición-libero-conservadora de oposición y Leonardo Argüello, candidato de Somoza, continuaba siendo tema central de los artículos de Tomás Borge y sus compañeros del periódico Vanguardia Juvenil.
Por esa época llegó Somoza a Matagalpa a inaugurar un hospital y entonces José Ramón Gutiérrez, Tomás Borge y otros estudiantes regaron papelillo negro en el puente por donde pasaría el tirano, en señal de duelo. Luego se tomaron el campanario de catedral, hasta ser desalojados por la guardia.
El 14 de Diciembre de 1946, Tomás Borge escribía este interesante artículo:

LIBERTAD DE IMPRENTA

Señor presidente, su ayuda no se necesita. ¡Váyase! Señor dictador, llévese todo el dinero que tiene en su bolsillo, pero déjenos en paz. ¡Váyase! Y no vuelva nunca, que si no necesitamos la ayuda de una nación extranjera, muchos menos necesitamos la de “un opresor.
“Nos avergonzamos de que usted sea nuestro presidente… Recuerde que nosotros no suplicamos. Solamente es un consejo para que la sangre de la ciudadanía no se revuelva con la suya. Váyase! Le conviene a su patria, a sus intereses, especialmente a Ud. No le pedimos la libertad, la exigimos”. Tomás Martínez Borge.
En este mismo número aparecía un artículo-semblanza del candidato opositor, Dr. Aguado firmado por Julio Cuarezma y otro sobre el futuro fraude electoral de Salvador Vílchez.

LA DÉCADA DEL 50

Somoza le robó las elecciones a Aguado y luego derrocó al mismo candidato que había impuesto, Leonardo Argüello. De ahí en adelante la dictadura se vio consolidada tras sucesivas administraciones de presidentes muñecos.
José Ramón Gutiérrez Castro, Tomás Borge Martínez y Douglas Stuart editaron todavía otro periódico, Espartaco. Después, relata Gutiérrez que él tuvo que abandonar los estudios y marcharse del país, habiendo vivido en Guatemala, donde conoció las interesantes experiencias del proceso nacionalista que en aquella nación llevaban adelante los presidentes Arévalo y Arbenz. Allí tuvo acceso por primera vez a los libros socialistas y marxistas.
Carlos Fonseca Amador, se matriculó en 1950 en el instituto de Matagalpa.
Hacia el año de 1953 Gutiérrez Castro regresó de Guatemala y se encontró con una cantidad de jóvenes talentosos en el instituto.
Entre todos ellos, afirma, Carlos era el que tenía condiciones óptimas para ser un buen revolucionario porque era estudioso, con un coeficiente de inteligencia superior al de todos y principalmente era un auténtico proletario. El marxismo le cayó corno el vestido que desde hacía mucho tiempo estaba esperando – relata Gutiérrez Castro.
Cuando conoció a Carlos, éste quería ser como San Antonio y mucho visitaba la iglesia de San José, pero poco tiempo después se interesaba vivamente por los libros que le mostraba su compañero.
Ambos se hicieron excelentes alumnos de francés, ya que muchos libros de marxismo sólo se publicaban en ese idioma. También leían una revista china llamada “Verdes Campos”.
Carlos era ya famoso en el colegio, porque solamente él se había leído la colección “Historia de los Estados Unidos” que estaba en la biblioteca. Hacia el año de 1954 se trasladó el instituto al local del hospital viejo, que era un poco más grande y allí logró juntarse una pléyade de jóvenes valores entre los cuales destacaban Carlos Fonseca, José Ramón Gutiérrez, Francisco Buitrago Castillo, Cipriano Orúe Mairena, Raúl Leclaire y otros.
En el plano político nacional en ese mismo año de 1954, el dictador Somoza García ahogaba en sangre la conspiración del 4 de abril, asesinando a gran cantidad de civiles y militares en los cafetales de Diriamba.

SEGOVIA FUE EL PRIMER GRITO

El primero de Agosto de 1954, cuatro meses después de la masacre, Carlos Fonseca Amador fundó su revista Segovia. La bautizó con el nombre de la región donde él y Sandino levantaron su fusil libertario.
Era una revista totalmente diferente a las demás publicaciones de secundaria que se habían hecho hasta la fecha.
Hablaba de temas sociales, económicos y políticos que no eran habituales en los estudiantes de la época.
La gente qué trabajaba en Segovia tenía grandes habilidades artísticas, poéticas y literarias.
Rápidamente la publicación cobró prestigio nacional y en ella comenzaron a colaborar Manolo Cuadra, Coronel Urtecho y otras plumas muy conocidas algunas de las cuales usaban pseudónimos para firmar los artículos.
Guillermo Rotschuh Tablada y Manolo Cuadra ejercieron desde entonces una tremenda influencia entre aquellos inquietos estudiantes.
El primer número traía un editorial firmado por Carlos, saludando a los lectores y trazando la línea política de la publicación. También exhibía un artículo breve de Cipriano Orúe donde relataba una visita que habían hecho a Manolo Cuadra, el poeta proletario, en la ciudad de Managua.
Así narraba Orúe su encuentro con el poeta:
“Me encontré inesperadamente en una calle de Managua, rumbo a la casa de Manolo. Llegué y vi en ella a un hombre sentado en una mecedora, que emanaba aires de pobreza. Me habló de literatura, de García Lorca, no podía faltar Alfonso Cortez y fue tema principal; también Pablo Neruda que ocupó gran parte de la charla. Va arrastrando un mundo, dijo del chileno. . . salimos a la puerta y me despidió con un abrazo”.
En otro artículo, Francisco Buitrago Castillo, caído posteriormente en la primera incursión sandinista en Bocay, escribe “En la virginidad de estas montarías frías, aún no enteramente explotadas por el extranjero mercantil y ambicioso. . . De aquí hemos surgido nosotros, rebosantes de la fecundidad de estas colinas, henchidos de ideales tan grandes corno la majestad de estos pinos gigantescos que nos acarician y de este espíritu bravío del que todo segoviano es dueño. . . Luchamos y estudiamos para que en un no lejano día. . . los ahora estudiantes segovianos sepamos, pictóricos de honor, ocupar con la frente erguida. . . el lugar del soldado, listo al llamado de la patria y anhelante de empuñar las armas del pensamiento, para extender sus dominios en el campo de las artes, las ciencias y las letras”.
En estos escritos ya se avizoraba el carácter bravío de los que serían fundadores del Frente Sandinista. Hay que hacer notar que el colegio era público, dirigido por autoridades pro somocistas, de modo que hacían bastante con abordar en la revista esta clase de temas.
Debajo de la firma de Francisco Buitrago Castillo, venía un anuncio de la revista que decía: “Enseñe a leer a su sirvienta y hará la mejor obra de su vida”. En la portada aparece un retrato dibujado del dirigente opositor Dr. Carlos Arroyo Buitrago, padre del mártir sandinista Carlos Arroyo Pineda, quien era profesor del instituto.
Francisco Buitrago Castillo, había llegado ese año al colegio procedente de Terrabona, su pueblo. Era proletario como todos los que allí estudiábamos y estaba en carácter de alumno interno; desde que conoció a Carlos caminaron juntos hasta que Chico murió en el Bocay.
Fue, entre todos, el que mejor aprovechó las enseñanzas de Fonseca.

REBELDES Y POETAS

Aquellos muchachos eran rebeldes con inclinaciones poéticas y literarias. Viajaban a Managua a buscar anuncios con que mantener la revista, a editarla y a contactarse con el poeta Manolo Cuadra y el poeta Guillermo Rotschuh, quien era director del Instituto de Managua, “Ramírez Goyena”.
-“Una vez – relata el estudiante Gilberto Rodríguez Valdez-, vi a Carlos solo, pensativo, reclinado sobre el muro del colegio. Le pregunté qué le pasaba. Acabo de llegar de Managua, poeta, me contestó. Fui a ver al oculista. Me dijo que tengo que escoger entre dejar de estudiar o quedarme ciego.
-Y usted que va a hacer, poeta?-preguntó Rodríguez.
-Pues nada, me voy a quedar ciego, porque el estudio es mi vida, respondió Carlos a la pregunta de su compañero.
Carlos también tuvo estrecha amistad con Rodolfo Solari, bohemio chileno que había ido a dar con sus huesos a Matagalpa. Era todo un intelectual y aun cuando andaba ebrio – sus borracheras duraban meses – imponía el sello de su personalidad en las más baratas cantinas.
Solari, con el paso del tiempo, marcharía de nuevo a Chile y ocuparía cargos prominentes en el gobierno de Salvador Allende.
El número 3 de Segovia, publicado en octubre de 1954, tiene organizado su indicador así: Director, Carlos Fonseca Amador. Co-director, Cipriano Orúe Mairena. Gerente Francisco González. Jefe de Redacción Francisco Buitrago Castillo. Redactores, Lelia López y Armando Castro. Asesor Artístico, Amoldo Blandón.
En el editorial Carlos Fonseca habla de la conquista de América por España y del aniversario de fundación de las Naciones Unidas, ambos efemérides de Octubre.
“América fue vencida y tuvo que comprar al precio que fuera la cultura europea. . . España vendió muy cara su piel blanca y sus catedrales. . . Aunque vendida y aunque comprada la civilización no germinó en el nuevo mundo para beneficio común. Nuestra rencura política, social y económica no es por voluntad de Trujillo, Batista o de Pérez Jiménez. No, los actuales americanos no nacimos hoy. El vientre donde se forjaron está en la Era Colonial. . . Pero no blasfememos contra España. . . Pedir bondad a España conquistadora es pedir peras al olmo. Así son los imperios, malos por estructura”.
Nótese que Carlos menciona en su artículo a Batista, Trujillo y Pérez Jiménez y no a Somoza, ya que, como repito, estudiábamos en un colegio público, regentado por oficialistas y con beca del gobierno.
. En la segunda parte de su artículo Carlos se refería a los objetivos de la ONU, a su lucha por la paz y al peligro de que fuera dominada por una potencia mundial en su exclusivo beneficio.
“. . . y también los trabajadores del mundo desean que la paz envuelva la tierra. Especialmente me refiero a los trabajadores, porque cuando las guerras mundiales suceden, la carne humana con que tales guerra se hartan, es carne de trabajadores. . . con las guerras todos sufren, pero los trabajadores mas porque sacrifican inútilmente su sangre y su sudor”. Como vemos, su conciencia de clase estaba ya completamente definida.
En 1954 se formó en Matagalpa la primera célula de estudios marxistas, la cual funcionaba en la casa del líder obrero Tomás Pravia (a) “Colocho”, ubicada en el Barrio de Palo Alto, que 24 años después sería teatro de grandes batallas durante las insurrecciones del F.S.L.N. en 1978.
A la casa de “Colocho”, que después defeccionaría, concurrían a dar conferencias dirigentes comunistas de Managua, como Manuel Pérez Estrada y los hermanos Lorio.
»Llegábamos muy misteriosos, tocábamos la puerta y pasábamos de largo, íbamos con los cuellos altos, tapándonos hasta la mandíbula, según habíamos leído en una novela de conspiraciones contra el dictador Rosas, de Argentina” – afirma Cipriano Orúe, quien después se haría Somocista.

LA ESTRELLA DE ORO

La noche del 2-de marzo de 1955 sería inolvidable para Carlos Fonseca y para todos nosotros, sus compañeros. Ese noche recibió su diploma de Bachiller en Ciencias y Letras acompañado por su madre, doña Tina.
Fue quizás la única noche feliz que ambos tuvieron. La crónica del acto de clausura fue escrita por su amigo José Ramón Gutiérrez y dice, entre otras cosas:
“Esta es la promoción nona de bachilleres del I.N.N. Cinco muchachos que salen con licencia para entrar a la Universidad. Esta nuestra pequeña fábrica que se llama instituto, siempre estará lista y limpia para darnos más jóvenes preparados, jóvenes pobres hijos de pobres. Los estudiantes que han salido del I.N.N. son tocios cosechados entre el pueblo, hijos de mecánicos, albañiles, zapateros, costureras, pulperas, etc.; los hijos de los ricos y riquitos tienen mucho dinero para irse a USA y grandes centros de estudios donde la fatuidad y el lujo se atumultan, se olvidan de su clase y de su raza. Son cinco los de esta promoción. Carlos Fonseca Amador, hijo de una mujer pobre, honrada cocinera que se ha ganado su vida luchando con miserables salarios. Carlos ha conquistado LA ESTRELLA DE ORO, distinción que da el Instituto a los alumnos que, como él, han aprobado sus cinco años llevándose el primer puesto. Es el primer caso hasta la vez.
“Carlos Fonseca Amador, director de Segovia, pasó una infancia en pugna con la realidad de la vida, al lado de su madre obrera, en medio de la escasez, de los víveres caros, del mal sueldo, de la luz del candil y las privaciones que da la insuficiencia de una mujer sola. Carlos vendió melcochas por las calles, con sus pantalones chingos y sus grandes ojos gatos, miopes. Fue voceador de periódicos y cobrador de recibos, supo del gusto que tiene la necesidad y pisoteó con sus pies descalzos los prejuicios que empiedran las avenidas de los rancios burgueses. Carlos Fonseca Amador ha triunfado. Su talento no se ha perdido. Me siento orgulloso de ser su amigo, soy predilecto de los humildes que llevan buenos sesos y corazones pesados, grandes y blancos”.
En su artículo de corte inconfundiblemente clasista, José Ramón se refiere al nombre de la promoción, que era el del maestro Elíseo Picado, el mismo que actualmente lleva el Instituto Nacional de Matagalpa.
“Esta promoción de los cinco continuó no pudo tener mejor tino que ponerle el nombre del maestro Picado, asoleado por los años, perseguido por los reaccionarios, censurada su enseñanza libre por los enemigos de la libertad. Es con esté nombre de combate, con el nombre de un maestro obrero, dé un obrero honrado, de ese santo laico e inmortal que la promoción nona ha pasado a la posteridad. Adiós amigos, que el viaje les sea cómodo y el tiempo propicio”. J. R. Gutiérrez Castro.
Esa misma noche, según reza otra crónica de la misma revista, Carlos fue condecorado por el director del Instituto, con la Estrella de Oro.
También fue premiado como el mejor alumno de francés por el profesor Félix Pedro Aráuz, quien le entregó un libro y un cheque de cincuenta córdobas. Como apuntáramos antes, Carlos estudiaba francés los libros de marxismo que llegaban a sus manos.
El despidió la promoción Elíseo Picado, y Segovia apunta que “El Br. Carlos Fonseca Amador se despidió del INN, Quiso al despedirse decir a los padres de familia asistentes qué era el INN. Y lo dijo. Dijo que el Instituto Nacional del Norte era el mejor. Quizás y ojalá todos los padres de familia hagan lo que pidió el Br. Fonseca Amador. Darle a sus hijos la mejor instrucción poniéndolos en el INN.

NIDO DE GUERRILLEROS

En aquel vetusto instituto daban clases una serie de maestros laicos, venidos desde abajo, hijos de obreros que estaban libres de todo prejuicio. Eso compensaba en mucho la miseria en que vivíamos los que allí nos dábamos a la tarea de estudiar. Más que un instituto parecía un reformatorio y en el internado se aprendía pronto a robar comida para poder sobrevivir.
Los internos eran mantenidos por becas de 120 córdobas que daba el gobierno a los que venían de otros pueblos segovianos o a los que, viviendo en Matagalpa, no teníamos techo ni comida seguros para seguir adelante.
Allí se templó el carácter de muchos que en el futuro engrosarían los primeros destacamentos guerrilleros. De allí salieron además de Carlos y Tomás Borge, Chico Buitrago, Cristóbal Villegas, Chuno López y muchos más.
Al marcharse Carlos la revista Segovia quedó bajo la dirección de Cipriano Orúe y continuaron haciéndose los círculos de estudios a cargo de Moncho Gutiérrez, el mismo Orúe, Chico Buitrago y un elemento de la nueva cosecha, Marcos Altamirano.
Se leía el Manifiesto Comunista, artículos sobre la revolución industrial, periódicos obreros, etc.
Marcos había entrado en contacto con Carlos en 1955, podía decirse que eran amigos del vecindario en la Plaza El Laborío, ya que Carlos vivía detrás de la misma en una cuartería ubicada frente a la familia Rodezno.
Carlos y Marcos hacían estudios en esa casa y en ellos participaba doña Tina. Leían la historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, Viñas de Ira de Steimbeck, así como La Madre, de Gorki.
Su madre estaban tan identificada con él, que en 1957 le zurció en las solapas del saco las credenciales que llevaría en su viaje a la URSS.
Los dos estudiantes eran miembros del Partido Socialista, qué en esa época se dedicaba casi solamente a la lucha sindical.
Las labores que hacían principalmente eran las de vender el periódico del Partido, UNIDAD, del cual colocaban 300 números. La venta duraba dos días ya que recorrían los barrios, entraban a las casas y le leían al futuro cliente un artículo del periódico. Se invitaba a la familia del comprador también para que participara en la plática sobre el periódico, de modo que este comprador se convertía al mismo tiempo en un simpatizante del partido.
Luego juntos todos opinaban sobre la lectura del periódico de la semana anterior. En opinión de Carlos la venta del periódico debía de convertirse en escuela y las bibliotecas debían de popularizarse a través de las barberías, ya que afirmaba que el barbero era el intelectual del barrio, en cuyo taller se platicaba de política y problemas sociales, al contrario del salón de belleza, donde los temas abordados son mucho más domésticos.
Se entabló así entre ellos una relación tan fraterna que cuando Carlos se tuvo que ir a la Universidad, Marcos le hacía la visita a doña Tina para averiguar qué era lo que le hacía falta.
En una ocasión los dos camaradas se fueron a jugar una mesa de billar en el barrio Guanuca y al regreso, cuando pasaban frente al comando, platicaron sobre la disciplina de los militantes.
Marcos sostenía que los simpatizantes debían ser secuestrados, humillados y hasta golpeados y sólo los que pasaran esa prueba debían ser aceptados en la organización, la cual tendría que ser cerrada.
Pero Carlos protestaba, pues sostenía que eso sería utilizar los mismos métodos del somocismo. Eso sería no tenerle amor a lo compañeros – afirmaba.
Según Carlos el amor debía de ser la base de la disciplina de los militantes. Esta idea se cumpliría a lo largo de la vida del Frente.
Según Marcos uno de los libros que influyó más en esta postura humanista de Carlos fue “Reportaje al pie de la horca” de Julius Fusik, periodista checoeslovaco.
“… Fusik va a denunciar a sus compañeros, porque lo han amenazado con matar a su madre e hijos. Entonces escucha el gemido de un preso que se arrastra y decide no hablar. . .”
También Viñas de Ira de Steimbeck, “cuando la mujer le da de beber leche de su pecho a un dirigente obrero”, cuenta Marcos Altamirano.
El barrio El Laborío y su plaza fue escenario de muchas conversaciones entre ambos muchachos. Era la misma plaza a la que Marcos cantaría en su poema publicado en Segovia con los siguientes versos:

PLAZA DE LABORÍO

Vela de nuestra infancia
Ayer, de cabellos verdes,
hermosos, audaces;
caían hasta los pies
de la lluvia.
Conversabas con el dín dán
de las campanas
enamorabas con la sonrisa
del zacate que sudaba en el invierno.
Hoy, chingo tu pantalón
por la moda del tiempo.
Eres petate de los perros
sedientos de tu cadáver.
Hoy, casi calva por el caballo barbero,
por los parroquianos que te han pintado
una cruz en el lomo
te mueres de cansancio
sacando la lengua al verano.
Te amenazan desde afuera
quieren emparquecerte,
Plaza de Laborío
Vela de mi infancia
Pasarán la mano en tu cuerpo
para que rejuvenezcas
Tal vez lo logren…
Esa misma plaza de Laborío nos sirvió de refugio cuando se gestó la huelga general en el Instituto como protesta por la mala alimentación que se nos daba a los internos.
El principal líder de los internos era Francisco Buitrago Castillo y los externos estaban jefeados por Marcos Altamirano y Adán Ruiz, quienes sostenían que había que pedir la destitución del director dándole la huelga un carácter político.
La huelga recibía el apoyo total del barrio de Laborío por el trabajo político que se había hecho en ese sector.
Los boletines del Comité de Huelga eran mimeografiados en el hospital por un simpatizante.
En los cines, cuando estaban las luces apagadas, se arengaba al pueblo. Una noche los internos salimos del colegio y dormimos en casa de Adán Ruiz, frente a la plaza, la cual fue patrullada por la guardia durante toda la noche.
Finalmente, Chico Buitrago y Marcos Altamirano fue-ron amenazados con la expulsión sin opción a matrícula en otro instituto.
La huelga terminó y se produjo una división de criterios entre Marcos y Chico. El periodista Manuel Díaz y Sotelo visitó en aquella ocasión el instituto por invitación dé Marcos Altamirano.
La influencia de Carlos seguía presente en el centro, ya que visitaba a todos sus compañeros y a Marcos Altamirano, quien con el tiempo llegaría a ser Secretario General de Juventud Patriótica Nicaragüense.
Carlos se encontraba en Managua, viviendo en casa de su padre don Fausto Amador, por primera vez. Nunca conoció lo que fueron los resentimientos y se llevó muy bien con sus hermanos de padre. También con la esposa de don Fausto, doña Lolita quien llegó a tenerle cariño.
A esa casa llegaba a traerlo el poeta Guillermo Rotschuh,. quien le dio el cargo de bibliotecario en el Instituto Ramírez Goyena.
Rotschuh fue uno de los intelectuales izquierdistas que por mucho tiempo se mantuvieron infiltrados en el Ministerio de Educación Pública, hasta ser purgados por el último de la dinastía.
En esa época, dice José Ramón Gutiérrez, que Carlos se contactaba con Tomás Borge ya que ambos fueron a Juigalpa, a la casa de Rotschuh.
En Febrero de 1956 apareció el número 11 de SEGOVIA, bajo la dirección de Francisco Buitrago, quien me había solicitado una colaboración humorística.
En una de las sátiras me refería a la polémica que se había desatado entre José Ramón Gutiérrez y unas señoritas profesoras de la ciudad, bastante reaccionarias por cierto, quienes incluso lo habían llevado a los tribunales. A Carlos le gustó mucho la sección y un día que me lo encontré en casa de Moncho me felicitó.
Dijo que yo dominaba bien el género satírico y que debía seguir cultivándolo. Me recomendó a algunos humoristas rusos y prometió conseguirme libros.

AMENAZAS DE REELECCIÓN

Carlos se matriculó en la Universidad Nacional en 1956; cuando el viejo Somoza estaba en plena campaña reeleccionista.
Fue escogido como directivo del Centro Universitario v pasó a dirigir el periódico oficial del máximo organismo estudiantil.
Una fotografía en la que Somoza aparecía junto a Perón, Trujillo y Pérez Jiménez, en la reunión de presidentes de Panamá, fue publicada por EL UNIVERSITARIO.
Vivía en la Casa del Estudiante, que pagaba la Universidad para los alumnos sin recursos. Allí lo visitaba Tomás Borge, quien se desempeñaba como corresponsal de La Prensa y escribía poemas y cuentos para la Revista Cuadernos Universitarios.
Según dice un pensionista de dicha casa, el Dr. Gussein, discutían hasta altas horas de la noche sobre política. Carlos leía sin cesar al extremo de que a veces no salía a comer. No se sabe si porque la lectura lo abstraía o porque no tenía dinero. O por las dos cosas.
Víctor Manuel Gussein cuenta que le pagó un mes de comida en la pensión más barata de León, la que tenía el sugestivo nombre de “La Bella Lola”, ubicada frente al mercado.
“Al parecer los fines de semana Carlos se iba a trabajar a Corinto. Hacía mucho ejercicio físico y era el único que se podía hacer el “cristo” en el trampolín de la casa”, afirma Gussein.
Así llegó el 21 de Septiembre, cuando Rigoberto López Pérez ajustició al viejo Somoza en la Casa del Obrero de León, desatándose una de las más feroces represiones que ha conocido la historia de Nicaragua. Tomás y Carlos fueron detenidos y torturados. Pero Carlos estuvo solamente un mes preso, no así Tomás cuya prisión se prolongó.
Tomás y Carlos eran militantes del Partido Socialista Nicaragüense por lo que al salir éste último, bastante enfermo, el P.S.N. lo envió a Costa Rica, desde donde partiría hacia la capital de la Unión Soviética como delegado Juvenil del Partido al VI Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes. Así viajó por varios países socialistas y a su regreso editó un folleto titulado “Un nicaragüense en Moscú”, que tuvo resonancia nacional.
Hasta el momento de viajar Carlos a Moscú de Nicaragua sólo había llegado a la capital soviética el dirigente obrero Francisco Bravo.
A través de ese folleto por primera vez daba a conocer a los nicaragüenses lo que era la Unión Soviética y predicaba sin temores las bondades del sistema socialista.
La represión no se hizo esperar y Carlos fue nuevamente detenido y torturado. Después de eso ya el gobierno de Luis Somoza no lo dejó en paz y en repetidas ocasiones fue a parar a las mazmorras del régimen.
A través de su madre Carlos me envió el folleto autografiado que conservé por mucho tiempo junto a los ejemplares de Segovia que hoy ilustran este trabajo.

CAMPAÑA PRO LIBERTAD DE BORGE

En 1957 Carlos organizó una movilización estudiantil a nivel nacional pidiendo la libertad de Tomás Borge, todavía detenido desde la muerte del viejo Tacho. Al instituto de Matagalpa llegó como delegado Enrique Morazán, quien encabezó diversas manifestaciones en las calles de la ciudad, las cuales terminaron en casa de la mamá del dirigente preso.
En 1958 se expulsa a Fonseca Amador del país y Luis Somoza lo manda en helicóptero a Guatemala, donde los exiliados le consiguen trabajo en una feria. A principios de 1959 viajó a Cuba donde se puso en contacto con el proceso revolucionario que ejercería determinante influencia en su formación política. Allí se preparaba para participar en la que después sería conocida como la invasión de El Chaparral, organizada por grupos de izquierda que intentaban derrocar a Somoza.
Es importante subrayar que el primer movimiento armado en que Carlos participa es el único con carácter definidamente anti-imperialista que se había dado en Nicaragua, después de la muerte de Sandino.
En La Habana Carlos tiene oportunidad de darse cuenta de que “no es oro todo lo que brilla” y que hasta la capital cubana había llegado toda una gama de personajes oportunistas y aventureros tanto de izquierda como de derecha.
Políticos que, aprovechándose de la simpatía que la revolución nicaragüense despertaba entre los cubanos, recogían dinero durante el día y por la noche se lo gastaban en El Tropicana y otros cabarets.
Dirigentes de izquierda como Noel Guerrero y otros que se paseaban armados hasta los dientes acompañados de guardaespaldas, y que a la postre fallaron en el momento en que más se les necesitaba.
Y hombres, en fin, como Chester Lacayo que habiéndoseles dado toda clase de apoyo por parte de la Revolución Cubana, se vendieron a la CIA y organizaron movimientos fantasmas contra Nicaragua en un intento de inculpar a Cuba para justificar una agresión a la isla.
Indiscutiblemente, un hombre inteligente y honrado como Carlos Fonseca, tiene que haberse dado cuenta de que una revolución debe de hacer un estricto proceso de selección entre sus cuadros si no quiere fracasar.
-¿Qué fue lo que pasó con la revolución mexicana? – me dijo en una oportunidad. Pues cuando tomó el poder todo mundo se metió al Partido de la Revolución y entonces hubo mucha corrupción. Los resultados son muy claros.
En el capítulo correspondiente a la invasión de El Chaparral se dan datos sobre lo que puede significar la mala escogencia de los cuadros dirigentes, cuando en ella influyen sentimientos personales.
Es casi seguro también de que allí pudo observar con mayor detenimiento a muchos comunistas que se explayaban en explicaciones teóricas sobre el proceso nicaragüense, pero quizás eran menos dispuestos que cualquier no iniciado a aportar un poco de sacrificio por la revolución popular,
En El Chaparral Carlos se destacó como combatiente; su leyenda se inició en ese lugar. Casi moribundo fue trasladado a un hospital de Tegucigalpa de donde – otro dato que lo retrata de cuerpo entero – se fugó sin estar totalmente curado y unos amigos le prestaron atención médica para su convalecencia.
Rigoberto Palma, un viejo comunista que murió siendo miembro del Comité Central del Partido Socialista Nicaragüense, habló con nosotros refiriéndose a ese momento.
Declaraba Palma que él era el responsable por parte del Partido en el movimiento de El Chaparral y que Carlos era militante de la organización, pero cuando esta ordenó a todos trasladarse de nuevo a Managua clandestinamente, el joven se negó a ello, pues había decidido tomar su propio camino.
-“Yo me vine a Managua y él se regresó a Cuba” – declaró Palma. Rigoberto Palma, fue un comunista honrado y afirmaba que en su partido no habían dos militantes iguales a Carlos Fonseca, a pesar de que tenían concepciones diferentes acerca de lo que debía ser la lucha en Nicaragua.
¿Qué razones indujeron a Fonseca Amador a romper con el partido? No es muy difícil averiguarlo si se toma en cuenta que en esa época el Partido no tenía mayor desarrollo orgánico ni un completo dominio del marxismo leninismo y, en consecuencia, falló en el examen de la realidad nicaragüense por lo cual no puso el suficiente interés en integrar a su táctica política la lucha armada en el contexto de la lucha contra la dictadura.
Carlos Fonseca había puesto en evidencia a aquellos marxistas que únicamente andaban recitando a los teóricos, y luego viajaban a la URSS, sin que de esto saliera ningún provecho para la clase que decían representar.
Poco después la historia le daría la razón al salir a luz pública la polémica entre Fidel Castro y los comunistas venezolanos, y mucho después el encuentro entre el Che Guevara y el comunista boliviano Mario Monje. Carlos había clarificado lo que después sería conocido como la “izquierda tradicional”

EL 23 DE JULIO

El 23 de Junio de 1959 se había producido la Masacre de El Chaparral y ese mismo día se regó el rumor de que Carlos Fonseca Amador había muerto. Dramáticamente hizo el anuncio el Br. Manolo Morales en el atrio de la iglesia La Merced, lo que dio comienzo a una manifestación que fue disuelta por la guardia frente a la iglesia El Calvario, en León.
Precisamente ese año en la Universidad entrábamos en calidad de novatos, entre otros, Sergio Ramírez, Rolando Avendaño Sandino, Julio Briceño, etc.
Habíamos tenido que interrumpir varias veces el curso por el asunto de Olama y Mollejones y toda la agitación que se vivía en esos días. Logramos ponernos en contacto nuevamente con Francisco Buitrago Castillo, quien estudiaba Odontología y era miembro del Centro Universitario. Mantenía sus estudios con un trabajo de laboratorista que había logrado obtener en Salubridad Pública.
La campaña de agitación estudiantil en protesta por los compañeros masacrados se prolongó, y sucesivos actos y asambleas se escenificaron en el local de la Universidad.
Los más visibles dirigentes estudiantiles como Alejandro Serrano, Fernando Gordillo, Humberto Obregón, Manolo Morales, Joaquín Solís Piura, Luis Felipe Pérez y el mismo Francisco Buitrago se encargaron de anunciar que en vez del tradicional desfile de novatos se efectuaría una velada fúnebre y una manifestación de protesta.
El 23 de Julio de 1959, un mes después de la masacre de El Chaparral, a las tres de la tarde salimos con nuestras escarapelas negras del Paraninfo Universitario. Hablaron en la velada Alejandro Serrano y Rafael Ugarte, ambos compañeros de casa.
El recorrido se prolongó durante algún tiempo. Nos encontramos con el batallón Somoza entre la Casa Prío y la Librería Recalde, viniendo por la Calle Real. En esa esquina un guardia hizo ademán de introducir su bayoneta en el pecho de Julio Briceño, y éste, sin demostrar ningún temor, se abrió la camisa y le dijo:
-Máteme!
La guardia no quería que entráramos al parque, porque frente a él se encontraba el comando departamental, y nos fuimos nuevamente a la Universidad donde la manifestación terminó. Pero, poco antes de marcharnos, Fernando Gordillo se paró en la plazoleta del edificio central y dijo que había estudiantes detenidos, que fuéramos a sacarlos.
Marchamos por la Avenida Central, doblamos por el parque La Merced y caminamos nuevamente hacia la Casa Prío, donde fuimos detenidos un grupo que llevaba la bandera de la UNAN y de Nicaragua.
Fuimos llevados al comando donde estuvimos unos momentos manos arriba hasta que salió del edificio el coronel Tacho Ortiz, quien ya seguramente con la orden del Comandante Federico Prado, ordenó que se nos dejara en libertad.
Entre el club social y la Librería Recalde, detenidos por un cordón de guardias, nos esperaba el grueso de la manifestación. Allí estaba Celen Ordóñez, viejo compañero del instituto y ahora estudiante del Calasanz, a quien habíamos reclutado hacia pocos momentos para que engrosara la manifestación. Gonzalo Alvarado, estudiante del Instituto nos suplicó que le prestáramos un momento la bandera que tan orgullosamente exhibíamos. Se la entregamos, y al volver la cara vimos cómo un oficial lanzaba lo que después sabríamos era una bomba lacrimógena.
El artefacto estalló tan cerca que me puso totalmente ciego y sordo, de modo que no escuché los balazos ni los gritos de los heridos. Corrí a la loca y me metí en el restaurante El Rodeo.
Hasta después me asomé por la ventana del alto y vi lo que había sucedido. Entre los heridos, Gonzalo Alvarado había perdido una pierna y Celan Ordóñez tenía varios tendones del muslo destrozados.
El curso se interrumpió las protestas se generalizaron en todo el país y tras ser detenido después de una manifestación en Matagalpa, marché a Costa Rica.

ENTREVISTA EN SAN JOSÉ

Carlos había viajado de La Habana nuevamente a Centroamérica y se había reunido en San José con Tomás Borge y Silvio Mayorga, con quienes mantenía relaciones desde la universidad. También estaba una gran cantidad de exiliados que habían venido de Venezuela y otros lugares. Así se fundó Juventud Revolucionaria Nicaragüense.
En el viaje a Costa Rica, por rara casualidad viajé en compañía de doña Tina Fonseca y su pequeña hija.
Una tarde, caminando por el parque central, me encontré de pronto con Carlos Fonseca, quien me saludó afectuosamente y me invitó a un café.
Hablaba con convicción profunda, sus gestos y sus palabras llevaban fuerza y seguridad.
Me contó que venía de Cuba y yo estúpidamente le pregunté que si había conocido a Fidel Castro.
Me explicó que lo más importante no eran las personas sino el proceso, la revolución misma que se estaba efectuando en la isla.
Estaba sumamente delgado y se miraba más alto de lo que realmente era. Andaba con una gorrita verde olivo sobre la cabeza y lucía un bigotito y barba incipientes. Apenas se restablecía del balazo en el pulmón.
Devoraba entonces la historia de Nicaragua, y se refirió al ex presidente Adolfo Díaz, como el hombre que había hecho más daño a Nicaragua.
-Cómo es posible decía que ese hombre anduviera tranquilo por Costa Rica y que la historia sólo dijera de él que había inaugurado una que otra obra de progreso.
Al final me habló nuevamente del humorismo, y cuando yo creía que arreglaríamos una nueva entrevista se despidió diciendo que eso no era posible.
Esa fue otra novedad introducida por Carlos Fonseca entre el exilio nicaragüense. Generalmente el exilado era un hombre que vivía en el extranjero, públicamente, comentando en los cafés noticias sobre la “inminente caída del somocismo”.
Como hemos dicho, la conducta de estos exilados era a veces hasta escandalosa. Carlos se acostumbró a vivir clandestinamente en La Habana, en México o en Costa Rica guardando casi tantas medidas de seguridad como si estuviera dentro de Nicaragua. Esto que ahora suena normal, cambió totalmente el concepto de la conspiración que tenían los nicaragüenses.
Con fecha 10 de Junio de 1960, Carlos escribió una carta a la esposa de su padre, doña Lolita Arrieta de Amador, en la que se pone de manifiesto las buenas relaciones que guardaba con ella y cómo podía ganarse la simpatía de la gente aun en casos en qué las relaciones familiares normalmente son difíciles. La carta dice así:
“Esta carta desde hacía muchísimo tiempo que había querido escribirla pero no podría explicar las razones que me han impedido hacerlo.

“La intención de escribirla estaba movida especialmente por el deseo de expresarle una cuestión que producirá un descanso en mi conciencia. Quisiera expresarle mi gratitud por toda la generosidad que ha prodigado usted a mi existencia. Yo quisiera corresponderle en la misma forma porque es un deber. Pero mejor que yo, creo que la misma vida lo está haciendo. Esté usted segura de que la bondad con que Ud. me ha acogido tanto a mi como a todas aquellas personas que han tenido oportunidad de estar cerca de Ud., será correspondida en la forma de unos buenos hijos”.
Después habla en buenos conceptos de todos sus hermanos de padre especialmente de Fausto Orlando, a quien le auguraba un gran porvenir. Este joven, que llegó a militar en el Frente y luego defeccionó, seguramente le produjo una de sus más grandes tristezas.
Estando preso en Costa Rica, cuando se le preguntó por su hermano Fausto, declaró:
“Yo no tengo hermanos. Mis hermanos son los que están luchando conmigo”.
En otro párrafo de su carta se refiere a Gloria, que estudiaba en los Estados Unidos y dice:
“Yo creo que Gloria ha sido poco favorecida al educarse en los Estados Unidos. Creo que tiene un gran talento pero ese mediocre ambiente yanki asfixia a cualquiera. Y no lo digo yo nada más, no hasta ahora que está de moda la lucha contra esos animales, es que se piensa así. Y para que lo compruebe le referiré el resumen de una anécdota que señala Darío, .nuestro gran Rubén, en un libro en que habla de su vida. Es así: Estando Darío de unos veinte años y poseyendo ya una profunda cultura se vio en la obligación de salir de Nicaragua y con el dinero que tenía reunido con dificultades, ajustaba para viajar a Estados Unidos y cuando estaba decidido a marcharse una persona inteligente lo detuvo y le recomendó que le convenía más irse a Chile, porque allí existía un formidable ambiente artístico. Darío replicó que no podía irse a Chile porque no tenía suficiente dinero. Entonces la persona inteligente le respondió que se fuera nadando por el mar, aunque se ahogara en el camino. Como quien dice que era preferible morir en el mar que vivir en Estados Unidos. Ya pertenece al pasado la época en que la base del progreso era el ansia de dinero. Ahora el, mundo ha entrado en una nueva era”.
Al final de la carta hay una referencia al héroe de El Chaparral, Manuel Baldizón, quien dejara un huella profunda en el alma de todos los sobrevivientes de dicha masacre.
“Ya para terminar, quiero hacer un recuerdo doloroso.
Manuel Baldizón. Ese recuerdo es una razón para continuar la vida que me he trazado. Mi vida no es mía, pertenece a los que mueren y a los que sufren porque no hay justicia”.
firma CARLOS…………………..

JUVENTUD PATRIÓTICA

Después del 23 de Julio la juventud nicaragüense comenzó a manifestarse con más fuerza en el terreno político y cuestionó cada vez con más energía a los partidos históricos.
Las manifestaciones de protesta se sucedían en las calles de todo el país y los arrestos, golpizas y balaceras no hacían más que enardecer los ánimos estudiantiles.
El periódico Impacto se había convertido prácticamente en un vocero de la nueva agrupación juvenil “Juventud Patriótica Nicaragüense” y era repartido en todo el país por las diferentes células de la organización, cuya bandera era rojinegra y gritaba cada vez más frecuentemente vivas al General Sandino.
Dos acontecimientos estremecieron especialmente al pueblo de Nicaragua en 1960: el asesinato de Ajax Delgado López, y el del joven estudiante del Goyena, Julio Oscar Romero, a manos de las hordas somocistas precisamente el 23 de Julio, cuando se conmemoraba el primer aniversario de la masacre de León.
Al conocer de la fundación de JPN, Carlos manda una carta a Marcos Altamirano donde le dice que se vaya a Managua y que se integre a dicha organización. La oficina de JPN quedaba en la Calle de El Triunfo, a dos cuadras de Comunicaciones, y era su secretario general el Ing. Salvador Pérez Arévalo. Este se fue para México, y en el mes de Septiembre hay elección, la que se decidió a base de la capacidad oratoria de los candidatos. El Partido Socialista Nicaragüense al principio no le dio la importancia táctica que tenía la organización que contaba ya con células de 21 miembros como máximo en cada barrio.
La preocupación principal era politizar a la juventud en torno a problemas concretos que afectaban a todos sin distingos de colores políticos. Los apoyaba mucho el Padre Luis Almendarez y algunos hijos de conservadores, pero estos no ocupaban posiciones dirigentes.
Al contrario del Partido, Carlos sí buscó la manera de contactarse con JPN y especialmente con Marcos que ya era Secretario General de la organización.
Carlos jefeaba el Movimiento Nueva Nicaragua y en la reunión que tuvo con Marcos en el barrio Riguero, dijo que quería confrontar los programas de ambos movimientos y posiblemente fusionarlos en el Frente de Liberación Nacional. JPN era pluralista, pero recalcaba el sandinismo en formo sistemática.
Estando preso en Costa Rica, cuando se le preguntó por su hermano Fausto, declaró: “Yo no tengo hermanos. Mis hermanos son los que están luchando, conmigo”.
En otro párrafo de su carta se refiere a Gloria, que estudiaba en los Estados Unidos y dice: “Yo creo que Gloria ha sido poco favorecida al educarse en los Estados Unidos. Creo que tiene un gran talento pero ese mediocre ambiente yankí asfixia a cualquiera. Y no lo digo yo nada más, no hasta ahora que está de moda la lucha contra esos animales, es que se piensa así. Y para que lo compruebe le referiré el resumen de una anécdota que señala Darío, nuestro gran Carlos jefeaba el Movimiento Nueva Nicaragua y en la reunión que tuvo con Marcos en el barrio Riguero, dijo que quería confrontar los programas de ambos movimientos y posiblemente fusionarlos en el Frente de Liberación Nacional. JPN era pluralista, pero recalcaba el sandinismo en formo sistemática. Carlos también opinaba, al igual que JPN, que el ideario sandinista era base suficiente para iniciar la transformación del país. Marcos sostuvo que no era oportuna la fusión sino que los cuadros más sandinistas de JPN se integraran a Nueva Nicaragua, por ser esta una organización pública.
El Dr. Adán Selva era uno de los dirigentes identificados con JPN y en su imprenta se editaba el periódico del movimiento.
La Escuela de Periodismo, en la cual nos habíamos matriculado un numeroso grupo de alumnos, estaba ubicada frente al Gran Hotel, en la Avenida Roosevelt y precisamente allí todos los días por la tarde se hostilizaba a la guardia que corría desesperadamente tras los estudiantes cuando oía vivas a Sandino.
La Escuela había sido fundada por un acuerdo entre la Universidad Nacional y la Embajada Americana, pero el Director del Centro Cultural Nicaragüense-Americano se oponía a que existiera en el lugar todo tipo de organización estudiantil.
Los dirigentes más visibles de la escuela eran Manuel Espinoza, Eligió Álvarez Montalván, Roberto Arévalo Alemán y otros que participaban en JPN.
El choque con los yankis provocó el abandono de la escuela por parte de los más progresistas; se realizó una manifestación donde se enterraba simbólicamente la escuela, demostración que fue disuelta por la guardia a culatazo limpio.
Cuando se preparaban los golpes de Jinotepe y Diriamba uno de los dirigentes del movimiento 11 de Noviembre se puso en contacto con JPN. Un miembro del Comité Central le confirmó la participación de la organización, pero con la condición de que las armas estuvieran distribuidas en todo el país.
Tal condición no se cumplió y, manifiesta Marcos Altamirano, los del 11 de Noviembre engañaron a los muchachos de JPN en Jinotepe y Diriamba diciéndoles que la organización apoyaba el movimiento.
Después del fracaso de la toma de los cuarteles en Jinotepe y Diriamba la posición de Luis Somoza, que desde 1959 había venido tambaleándose, se fortaleció.
El diario Impacto fue destruido por las hordas nicolasianas y su director, Nacho Briones Torres, fue al exilio, mientras el heredero del dictador acusaba al embajador cubano Quintín Pino Machado de supuesta complicidad con la subversión y éste se miraba obligado a abandonar el país, provocándose oficialmente la ruptura de relaciones entre La Habana y Managua.
Las filas de Juventud Patriótica fueron diezmadas por la represión y muchos de sus miembros pasaron a la guerrilla y .otros al somocismo.
Siendo directivo del Centro Universitario de la UNAN, durante la celebración de la Primera Asamblea Nacional de Estudiantes, en Diciembre de 1958. En la gráfica Egberto Ramos, Amoldo Quintonilla, Denis Hernández, Julio López Miranda, Carlos Fonseca, Salvador Guadamuz, Ernesto Somarriba, M. Carrillo Luna, Oswaldo Madriz y Alfonso Robles.

UN AÑO MAS TRANQUILO

Aunque en 1961 se registraron invasiones guerrilleras, realmente fue un año más tranquilo para Luis Somoza y su camarilla.
En la Universidad de León el Frente Estudiantil Revolucionario estaba liderizado por algunos dirigentes que se habían venido burocratizando y pasaban a ocupar cargos en la administración universitaria, lo que le quitó un poco de arrastre entre las masas estudiantiles.
Así se trabajó en las campañas de Allan Gross Quiroz y de Juan José Órdóñez, que resultaron triunfantes y ocuparon sucesivamente la presidencia del Centro Universitario.
En esos días, Luis Somoza declaró en una conferencia de prensa que Carlos Fonseca entraba y salía de Nicaragua clandestinamente cuando le daba la gana.
Y es que ya en Matagalpa y León se rumoraba que se le miraba disfrazado visitando a familiares o a compañeros de lucha, creando el embrión de lo que con el tiempo sería la red clandestina de apoyo para el F.S.L.N.
La gente lo escondía, porque confiaba en él y porque era atraída por el tremendo carisma que poseía, por su gran magnetismo personal.
Se estaba cambiando ya la tradición del exilado que jamás entraba al país, por lo que se mantenía muy mal informado.
Seguramente influenciado por las lecturas sobre Lenín y otros grandes conspiradores, Carlos entraba subrepticiamente, se contactaba con las agrupaciones gremiales y estudiantiles, dictaba pautas y aconsejaba.
Especialmente trabajaba con el movimiento estudiantil al que él consideraba uno de los pocos sectores donde la corrupción producida por el somocismo no había podido penetrar.
Una tarde el presidente del Centro Universitario, Juan José Órdóñez, me dijo que habían sesenta pasajes para estudiantes que quisieran viajar a Cuba a un congreso deportivo. Solamente dos hicimos el viaje, en el mes de Octubre de 1962.

UNA CHARLA EN EL AVIÓN

Manuel Espinoza era nuestro contacto en Managua; se encargó de enviarnos a México donde el profesor Edelberto Torres, la Dra. Palacios y el Dr. Ramón Romero mantenían una especie de embajada revolucionaria de Nicaragua.
Los aviones cubanos estaban ocupados por la visita de Ben Bella a La Habana y después de esperar una semana el viernes nos presentamos al aeropuerto.
A las siete de la noche nos pasaron a la sala de espera por un estrecho pasadizo donde personal al servicio de la CIA fotografiaba a todo el que viajara a la isla.
Estaba sentado en la sala de espera, mi compañero había ido a otro lado, cuando de pronto alguien me puso la mano en el hombro. Levanté la vista y durante varios segundos no lo reconocí, pero luego al ver aquella sonrisa familiar, la calza de oro en los dientes superiores, me levanté alegre y lo abracé.
-La verdad es que estás irreconocible. No sabía quien eras.
-Esa noticia me alegra, ojalá que la Seguridad diga lo mismo.
Lucía un bigote bien crecido, anteojos oscuros y gruesos como de costumbre, traje entero color café a rayas (parecía que se lo había prestado algún señor que fuera dos o tres números más grueso que su talla).
Encima del vestido andaba un sobretodo o capa impermeable que desfiguraba más su aspecto, haciéndolo lucir gordo. La cabeza se la cubría un sombrero de, tela.
-Si hubiera sabido que no me habías visto no te hubiera hablado; pensé que ya te habías fijado en mí y por eso me acerqué.
-¡Qué bárbaro! ¿Serías capaz de no saludarme?
Realmente en aquella época yo no tenía una noción exacta de lo que andaba haciendo Carlos, para mi era un opositor que vivía en el extranjero, como los demás.
Por eso siempre me desconcertaban sus medidas de seguridad, estando tan lejos del enemigo, según mi criterio.
En mi tremenda ignorancia llegué a decirle que le iba a presentar a mi compañero, a lo que él se opuso.
-No me presentes a nadie. Si te pregunta quien soy decile cualquier cosa. Que soy un amigo que conociste en el viaje.
Nos sentamos junto en el avión, mientras mi compañero lo hacía bastante lejos, un tanto extrañado de que yo fuera hablando con tan curioso personaje.
-Tenés tus amistades, – me dijo en son de burla creyendo quizás que se trataba de algún excéntrico por su vestimenta.
-Casi siempre veo a tu mamá. Allá llega a mi casa a platicar. Vive afligida porque andas metido en esto. Dice que a estas horas ya serías abogado.
-Mira hermano. Nicaragua tiene muchos abogados, pero le faltan verdaderos revolucionarios.
-Estuve en la casa del profesor Edelberto Torres, es una gran persona. Carlos se entusiasma y se exalta.
-Ese hombre es un santo laico, un verdadero santo!
Entre ellos se había creado una mutua admiración al punto que el profesor Torres afirmó una vez ante varios políticos de izquierda que no creía en nadie más que en el joven rebelde. En la dedicatoria de su magnífico libro sobre Rubén Darío, el profesor Torres se refería a Carlos calificándolo como un gran dariano.
-El doctor Ramón Romero me regaló un libro que escribió sobre Sandino. En él aparece una foto del General Heriberto Reyes, acompañado del Br. Fernando Núñez.
Se sonríe Carlos quizás pensando en las ingenuidades de los guerrilleros de esa época.
-Esa foto no fue tomada en la selva sino en el patio de una casa en San Salvador. Lo dice con buen humor y sonriendo ampliamente. Pasa a otro tema.
—Oíme. Bonito el programa de radio que tenés con Chico Gutiérrez en León. Me asusto. ¿Cómo puede haber oído el programa si la radio donde lo hago no cubre ni siquiera Nicaragua? Hasta después sabría que Carlos entraba y salía de León continuamente.
Pidió un nuevo servicio de comida v tragaba con avidez increíble.
-Sabes una cosa? Es para compensar los días y semanas enteras que no como.
Cometí el error de llamar con palmas a una azafata, que provocó su inmediata protesta.
-Esta no es una sirvienta, es una compañera. Así que llámala con más cuidado.
Me revolví incómodo en el asiento. Siempre me pasaba lo mismo; Ir con Carlos era como ir con un hermano mayor o un maestro.
-Mira, La Habana es una ciudad muy hermosa y pudiera ser que te vayas por ahí divirtiéndote. Pero debes de pensar en que para que podas hacer el viaje el pueblo cubano tiene que pasar muchos sacrificios. Sería una lástima que no lo aprovecharas.
-Y Chico Buitrago? Me han dicho que está en Cuba.
-Te voy a decir algo más. Debes estudiar el marxismo. Ninguna persona que quiera cultivarse puede desconocerlo. Podes estar de acuerdo en todo o solamente en parte. Yo estoy de acuerdo en todo, por supuesto. A continuación tocó un tema interesante, que demostraba lo amplio de su pensamiento y el conocimiento exacto que tenía de la historia de Nicaragua. De lo informado que estaba sobre lo que sucedía en Nicaragua.
En esos días Pedro Joaquín Chamorro había sido enjuiciado por organizaciones obreras de izquierda. Se sacó de la bolsa un recorte dé la Prensa donde aparecía un obrero gritando: ¡Paredón para Pedro Joaquín!
-Mira este “camarada”. Está pidiendo paredón para Pedro Joaquín Chamorro, pero te aseguro que jamás ha pedio paredón para Somoza. Para que este hombre tenga derecho a paredonear a Pedro Joaquín, primero tendría que vérselas con Somoza.
Carlos desnudaba en esa forma a muchos izquierdistas que se dedicaban a atacar a la burguesía, porque era mucho más cómodo que atacar a Somoza.
Como hemos dicho, ciertos comunistas se negaron siempre a apoyar movimientos armados calificándolos de pugnas ínter-burguesas. Pero tampoco se daban a la tarea de organizar sus propios movimientos clasistas, sino que se quedaban estáticos.
-Cuando regresés a Nicaragua no le contés a nadie que me has visto. No te lo digo sólo por mí, sino también por vos.
Y después hacía demostración de su conocimiento sobre la subversión en la Nicaragua post Sandino.
-Imagínate que una vez una señora tuvo escondido en su casa al coronel Manuel Gómez. Cuando la cosa se calmó, un año después, ella contó el asunto. Al producirse un nuevo movimiento la echaron presa. De modo que aunque pase el tiempo nunca digas que me viste.
Este consejo me sirvió mucho, pues si lo hubiera mencionado en el interrogatorio de la Seguridad quién sabe cuánto tiempo me hubieran mantenido preso.
El avión se acercaba a la isla y él se puso de pie.
-Esas son las luces del socialismo – dijo como para sí. Las luces del socialismo son diferentes a las luces de las ciudades capitalistas. Hoy quizás puedo interpretar mejor el significado de aquellas palabras. Para Carlos aquellas luces significaban la libertad, estar lejos de la sanguinaria seguridad somocista, de la CIA. Era encontrarse con una revolución tal como lo había soñado siempre.
Experimenté lo mismo cuando regresé a Cuba, 17 años después, estando Nicaragua en plena guerra. Carlos se adelantó a su época.
-Bueno hermano, ahora nos despedimos, después de ahora ya no me conoces.
Su rostro estaba rígido, no admitía discusión. Me dio la mano con afecto, pero sin perder la energía. Después en el aeropuerto lo volví a ver, pero supe que cualquier intento de hablarle lo hubiera parado en seco.
El sábado llegamos a La Habana y el martes estallaba la Crisis de Octubre, presentándose ante nuestros ojos el indescriptible espectáculo de todo un pueblo en armas, dispuestos a morir en defensa de su soberanía.
Casi toda la semana la pasamos con Hilda Gadea, la primera esposa del Che Guevara, quien se encargaba de mostrarnos las cosas de mayor interés hasta que el gobierno estimó necesario evacuar a todos los delegados.
A nuestro regreso nos detuvo la seguridad y el encargado de interrogarme fue Jerónimo Linarte. A mi acompañante lo interrogó Franklin Wheelock.
En ese mismo año habíamos publicado con Rolando Avendaña Sandino el Semanario Oposición, del cual salieron 17 números, todos llenos de veneno contra Somoza. Se editaba en los talleres de Flecha, donde estuvo Impacto. A mi cargo estaba una sección llamada “La columna de los mártires” que fue donde por primera vez escribí sobre estos temas.
El mejor voceador del semanario era Francisco Moreno Aviles, quien moriría heroicamente en Pancasán.
-Yo no vendo este periódico por ganar dinero, sino porque ustedes atacan duro a los Somoza – me había dicho un día Francisco.

NACIMIENTO DEL FRENTE

En 1961 se fundó el Frente Sandinista. Allí estaban Carlos Fonseca, Tomás Borge y Silvio Mayorga en una época de reflujo en la lucha armada, ya que los continuos fracasos habían dejado una sensación de derrota entre los políticos opuestos al régimen.
El Frente Sandinista nace en circunstancias muy difíciles, cuando las manifestaciones y las protestas están cada vez más apagadas.
Los diferentes frentes guerrilleros de América Latina, nacidos al calor del ejemplo cubano, no habían logrado los éxitos esperados y los Estados Unidos ensayaban su réplica con la Alianza para el Progreso que obligaba a Luis Somoza a aflojar un poco las ataduras que oprimían al pueblo.
Aparecía un nuevo Luis Somoza, campechano y “democrático” que se paseaba a pie junto a los periodistas en la Avenida Central de San José.
Junto a él viajaba Rene Schick Gutiérrez, el nuevo rostro del sistema que apagaría un poco la llama rebelde, logrando engañar a muchos que creían en un proceso liberador evolutivo.
En la oposición, Fernando Agüero aglutinaba gente a su alrededor y obligaba aún a ciertas fuerzas de izquierda a, plegarse a sus gigantescos mítines.
Pero Carlos Fonseca y sus compañeros trabajaban. Las primeras redes clandestinas se fueron creando a la sombra de su prestigio.
Entre sus amigos, en los círculos estudiantiles emergía -la nueva organización. Al principio, siendo el Frente desconocido, Carlos firmaba los comunicados como Secretario General, o sea que era necesario su prestigio para dar a conocer la organización.
Con el paso del tiempo, el mismo se encargaría de esfumarse en un anonimato que jamás lo ocultó totalmente, pero que tampoco hizo descansar sobre sus hombros toda la estructura del F.S.L.N. .
Así fue que, cuando los partidos políticos predicaban el civilismo e intentaban participar en la lucha electorera, el Frente se movilizaba en las montañas y en las ciudades.
En la Universidad de León el FER se encontraba ya en franca decadencia con algunos dirigentes importantes enquistados en la burocracia de la UNAN. Así llegó a la presidencia de la agrupación estudiantil, Manuel Elvir, que le entregó el poder a los social cristianos, nueva cara de la reacción que sustituía a los conservadores en el máximo Centro de Estudios.
Ocurrieron los primeros asaltos a bancos y luego la guerrilla apareció por primera vez en el Bocay, Patuca y Coco, al mando de Carlos Fonseca Amador y del coronel Santos López. Mueren valiosos combatientes como Francisco Buitrago, Iván Sánchez, Jorge Navarro y otros.
No se había preparado el terreno lo suficiente como para que la guerrilla pudiera establecerse. Sería esa la última vez que el Frente utilizaría la invasión desde el extranjero.
En 1964 Carlos Fonseca fue capturado en Managua junto a Víctor Manuel Tirado López, organizándose grandes manifestaciones entre el estudiantado para que se le respetara la vida. Una de ellas fue detenida a mitad de la carretera León-Managua.
Cundo se anunció la presentación de los reos viajamos con Rolando Avendaña y vimos primeramente a Tirado, firme, pero quizás extrañando el ambiente ya que eran sus primeros años en el país.
Al otro día presenciamos lo que sería un encuentro histórico entre Carlos Fonseca y “Mr. Auto de Prisión”, Orlando Morales Ocón.
Eran las dos de la tarde. Los periodistas llegaban más atraídos por la novedad del caso, por aquel personaje a quien consideraban un excéntrico según su escala de valores, pero no porque aquilataran la categoría del reo.
Ni siquiera Rolando Avendaña lograba comprender la importancia de aquello, aunque no podía ocultar su admiración por el guerrillero.
Estaban allí Onofre Gutiérrez con su grabadora, Luis Andará Ubeda, también un solitario agitador que lanzaba consignas y protestaba por las anomalías que se producían en el recinto.
René Fonseca, el hermano de Carlos estuvo todo el tiempo conmigo hasta que a eso de las tres entró Carlos, con su, uniforme de presidiario seguido de su custodio, Alesio Gutiérrez.
Nos vio sin mirarnos. Tampoco su hermano hizo intento alguno de saludarlo. Desde un principio comenzó la guerra entre Carlos y sus jueces. Morales Ocón le preguntó si declaraba libre de halagos, presiones y amenazas, el reo se levantó iracundo y gritó:
-¿Cómo quiere usted que me sienta libre de presiones y amenazas, cuando tengo enfrente a éste esbirro, asesino y verdugo, Alesio Gutiérrez?
Se produjo un pequeño escándalo y finalmente se ordenó al custodio salir de la habitación.
Orlando le dijo algo así como que siendo estudiante de derecho Carlos estaba más obligado a respetar las leyes.
-Estas leyes son obra del somocismo. Usted no es defensor de la ley, sino de Somoza – le espetó. Morales se revolvió en su sillón.
-Con qué derecho habla usted así de la ley? ¿Cuáles son las razones que usted tiene para hablar así?
Carlos en un gesto dramático, se quitó la camisa y dejó al descubierto las enormes cicatrices que tenía en el pecho y la espalda, productos del balazo en El Chaparral.
-Estas son mis razones. Así me he ganado el derecho de hablar de Nicaragua.
Se hizo un silencio. La curiosidad de los periodistas iba en aumento. Morales Ocón lo llamó al orden, diciendo que como acusado debía de guardar más compostura. Entonces Carlos dejó caer todo el peso de su verdad, la que después sería verdad de todo Nicaragua.
-Yo no vengo aquí como acusado. He venido a acusar a los hermanos Somoza de haber asesinado a mi compañero Francisco Buitrago y a otros compañeros más en Río Bocay. Yo acuso a los Somoza de ser asesinos.
El Dr. Pedro Joaquín Chamorro, con motivo de la detención de Carlos, había escrito un editorial donde decía que el reo era un pobre muchacho, sin recursos a quien la injusticia lo había convertido en un resentido social. Agregaba que lo mejor que podía hacer el gobierno era darle una beca para que volviera a estudiar, en vez de tenerlo preso.
Fue un error del Dr. Chamorro sin duda. Pero, como repito, eso no era nada extraño entonces. Muy pocos conocían bien a Carlos en aquella época y por eso no eran muchos los que aquilataban el valor de su personalidad.
Un periodista se refirió al editorial del Dr. Chamorro y Carlos tuvo una respuesta genial.
-Yo jamás podré creer que un luchador incansable, que un combatiente antisomocista como el Dr. Chamorro haya’ dicho eso. El Dr. Chamorro no puede haber pensado jamás que yo me voy a vender por una beca y que abandone la lucha. Así como tampoco él se ha vendido nunca.
Un provocador le preguntó si era cierto que las autoridades lo habían curado de una enfermedad “juvenil”, calumnia con que el gobierno de Rene Schick había querido desprestigiarlo.
-Vean compañeros – dijo con acento patético y voz llena de sinceridad -, yo soy un asceta, casi un místico. Todo mi tiempo lo tengo dedicado a la revolución y a la patria. Todo eso es falso. Es un invento. Eso sería como que yo en este momento dijera que fui torturado. Que fui azotado en un sótano de la Seguridad mientras el Dr. Schick presenciaba la escena, paladeando un vaso de licor y recordando sus tiempos de borracho consuetudinario.
La verdad es que jamás se había escuchado a un reo hablar en esa forma de las máximas autoridades del gobierno.
Un conocido abogado se ofreció para defenderlo y él rechazó la oferta dando muestras de que sabía quien era quien en Nicaragua.
Aceptó gustoso la defensa por parte del Dr. Juan Manuel Gutiérrez.
Sólo cuando ya sé iba se volvió hacia su hermano Juan y hacia mi y nos apretó fuertemente las manos. Ni un solo músculo de su cara se había movido.
Salió custodiado por Alesio. Antes de entrar en la “zaranda” se volvió hacia un grupo de estudiantes y gritó: “¡Viva Sandino!”. Fue la última vez que lo vi personalmente.

SU GIGANTESCA OBRA

El Frente se desarrolló bajo su hábil dirección. Cuando se preparaba la guerrilla de Pancasán había varias células organizadas en León que provocaron estallidos en casa de Francisco Argeñal y el Mayor Quintanilla.
Con un dirigente de prestigio como Sócrates Flores el Frente Estudiantil Revolucionario recuperó terreno rápidamente, confirmándose su avance con la aparición de Michel Najlis y Doris Tijerino en el ámbito universitario.
Un grupo de universitarios teníamos un programa radial llamado “El Tren de las seis” donde se atacaba satíricamente a la dictadura y a la burguesía. En el mismo participaban como actores Sócrates Flores, Adán Ramos, Mario Benito Darce y Jorge Teller. Yo me encargaba de hacer el libreto. Sócrates participaba activamente en los preparativos de Pancasán, visitando a los guerrilleros en la montaña en su calidad de futuro médico.
Así nos manteníamos relacionados con Carlos y él nos enviaba sus opiniones estimulantes sobre el programa.
Algún tiempo después Sócrates y Adán Ramos caían presos por actividades de respaldo a la guerrilla.
En 1969 cuando detuvieron a Carlos en Costa Rica muchos periodistas nos trasladamos hacia allá con el objeto de entrevistarlo. Acompañamos a su esposa María Haydée en las gestiones que realizaba.
El periodista y hoy combatiente William Ramírez logró hacerle una trascendental entrevista para el Semanario Extra. William le preguntó si con su detención terminaba el Frente, tal como algunos decían. Su respuesta fue angustiosa, pero firme.
-¡No, compañeros. El Frente no puede morir. Yo no soy el Frente. Soy sólo un combatiente más. El Frente no morirá mientras viva el pueblo de Nicaragua.
Eran los años setenta cuando iniciamos el programa Ocho Columnas en Radio Mundial, donde por primera vez se habló de lucha armada a nivel de radiodifusión nacional. La guerrilla fue el tema central de aquel programa y por supuesto, Sandino y Carlos.
A la gente le gustaba el tema aunque la mayor parte creía ya terminado al Frente. Luego vino el Diciembre Victorioso; creímos reconocer la voz de Carlos en Radio Habana cuando hablaba a nombre del Comando Juan José Quezada.
En 1975 trabajando en León se me acercaron dirigentes universitarios interesados en los libretos radiales de “Ocho Columnas” y me pidieron que hiciera un trabajo más elaborado, para que pudiera ser leído. Comenzamos a trabajar y cuando Carlos entró al país le llevaron parte del trabajo. Se entusiasmó con el y en sus saludos supe que el afecto que nos habíamos profesado perduraba a pesar de los años y de mis grandes limitaciones.
A los pocos días otro enviado me pedía oficialmente terminar el trabajo y entregar una copia a la organización en Managua.
El ejemplo de Carlos había marcado para siempre mi vida de periodista e impidió que cayera en muchas trampas de la dictadura como lo hacían otros colegas.
Su muerte provocó en mi un impacto del que aún no logro reponerme. Pero la noche de la velada fúnebre en la Universidad pude ver ante un gigantesco retrato suyo, a una cantidad de estudiantes, alegres, aplaudiendo en vez de mostrar tristeza. Comprendí que no había muerto, y ya no moriría jamás.

CARLOS Y SANDINO

Carlos Fonseca es, junto a Sandino, el nicaragüense más grande del presente siglo. Su aporte a la lucha por la liberación nacional es gigantesco. Emergió en la vida del país en condiciones muy difíciles, cuando no se confiaba en nadie y la dictadura pregonaba que todos tenían un precio.
Antepuso la causa de la patria a su propia felicidad personal y dedicó su vida al estudio y al combate. Se empapó de la gesta de Sandino cuya bandera enarboló para que fuera la de toda Nicaragua.
Se adelantó a su época y pudo avizorar en el futuro que Nicaragua sería la trinchera más grande en la lucha antiimperialista del continente latinoamericano.
Porque como él mismo dijo: “Mi vida no es mía, pertenece a los que mueren y a los que sufren porque no hay justicia”.
Esta no ha pretendido ser en ningún momento su biografía. Solamente un mensaje para invitarlos a estudiar su vida por la que todos hemos quedado marcados.

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