CONSTRUYAMOS UN MUNDO NUEVO

(Un canto a la esperanza, al mestizaje y a la Patria)
Por Javier Arrue (Venezolano)

– Dame tu mano formidable, certero cazador del hombre
cósmico, que surge de la tierra, el agua y la candela,
asomado desde siempre al origen de los tiempos.

– Dame tu mano prodigiosa, artista genuino capaz de
doblegar el hierro, la piedra y la madera, que llegas
a pintar de arco iris nuestros sueños.

– Dame tu mano, hábil tejedora indígena, araña
incansable capaz de mecer en tu chinchorro los
indómitos vientos que baten los morichales.

– Dame tu mano oscura, de ritmos de tambor y junglas
palpitantes y cantos de dolor, inmortal superviviente
de genocidios ancestrales, arraigado para siempre al
otro lado de los mares.

– Dame tu mano, campesino creador, cuarteada de
machete y siembra de esperanzas, con raíces profundas
enraizadas en culturas milenarias.

– Dame tu mano, noble mujer del campo, curtida de maíz
y cantos de pilón, fecunda de pueblo y esperanzas, en
perpetua vigilia de fogones humeantes y sancochos
compartidos.

– Dame tu mano sagrada, sacerdotisa de almas, chamán
de espíritus, pastor de cuerpos, predicadora
incansable, cura y pagano bíblicos de credos
increíbles, mensajeros de cielos y diablos.

– Dame tu mano experta en teclados informáticos,
profesional tenaz y laborioso, baqueano incansable de
nuevas rutas amigables, ingeniero insigne, médico
sagaz, economista cauto, arquitectos todos de nuevos
amaneceres.

– Dame tu mano diestra, veloz motorizado, creador
alado de equilibrios inestables, tuteador del
irrespeto, convertido en sangre esencial de nuestras
venas urbanas.

– Dame tu mano obrero, hombro y espalda también, clave
esencial de nuestro devenir cotidiano, nacido en el
café mañanero, despierto hasta tan tarde que ya es
temprano, en carretera, mercados y noctámbulos aseos.

– Dame tu mano mujer, madre y maestra del compartir,
pilar inconmovible y generosa de regazos, ama de casa
previsora, profesional arrogante y responsable, para
todo consecuente y tenaz en tus empeños, celosa en tus
conquistas.

– Dame tu mano estudiante, bruñido y escandaloso de
mañanas colegiales, chateador irreverente de amistades
ignoradas, provocador irresistible de retos renovados.

– Dame tu mano niño, piérdela entre mis anhelos,
manantial perenne de sorpresas refrescantes,
cautivador y fuerza de mis íntimas sonrisas.

– Dame tu mano soldado, generala y recluta, aviador y
marino, apagadora de guerras, compañero de cantos,
defensor de suelos soberanos.

– Dame tu mano, poeta, alma de todos los pueblos,
contador de cuentos, de lágrimas y risas, que rescatas
el niño ingenuo que llevamos en las entrañas.

– Dame tu mano deportista insigne, retador de cumbres,
gacela indómita, esencia de conjuntos victoriosos,
testimonio vivo de esfuerzos sobrehumanos.

– Dame tu mano intelectual profundo, académico
versátil, investigadora de asombros, catedrático de
esencias y verdades, caminemos juntos nuevas rutas del
saber.

– Dame tu mano buhonero, y compártela entre
tarantines, libros viejos, ropa nueva, “todo a cien”,
economista informal, prodigio y solución de
circunstancias inéditas.

– Dame tu mano, empresario y comerciante emprendedor,
trapecista arriesgado de inversiones, generador de
futuros compartidos, visionario de humanismos
productivos.

– Dame tu mano maestro, multiplicador incansable de
consuelos, suma constante de valores solidarios,
borrador de indignaciones, impenitente compañero de
caminos balbucientes.

– Dame tu mano anciano, surcada de experiencia y
relatos de tu infancia, faro permanente de nuestras
tradiciones; imponme la tuya, abuela tierna, cómplice
de mis trastadas, sosiego de mil batallas.

– Dame tu mano, en fin, paisano de patrias grandes y
de historias patrias, heredero de sangres heroicas e
infinitas libertades, nacido aquí o, ¿qué importa?,
portador de otras gestas y semillas promisorias.

Y con todas las manos y sudores mutuos, construyamos
un mundo nuevo donde germinen tu cultura y la mía,
nazcan diferentes saludos y nuevos adioses y muchos te
quiero, y el trabajo supere al lucro, donde el respeto
irrespete el temor, donde tu felicidad también sea
mía, y así siempre nos sobrarán motivos para estar
alegres.

Estrechadas nuestras manos, finas unas gruesas otras,
negras, blancas y cobrizas, levantarán huracanes de
esperanza, de justicia y de paz, donde el hambre, la
marginalidad, la opresión y el desamparo se conviertan
en viejos petroglifos perdidos en la historia.

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