Construyendo la Juventud Comunista…

Construyendo la Juventud Comunista…
Entrevista con Rolando Orellana (II) (revisada, corregida y ampliada)

SAN SALVADOR, 17 de mayo de 2014 (SIEP) “Cuando en 1970 ingrese a trabajar como docente en la Universidad de El Salvador, me encontré con un esfuerzo colectivo por que la educación superior sirviera al país y a los sectores populares. Ya se habían recorrido varios años de la Reforma Universitaria iniciada en los años de la década de 1960…”.

“La Reforma Universitaria había sido abrazada e impulsada por el PCS; Schafik (Handal) y otros compañeros participaban decididamente en apoyo a esa Reforma Universitaria, la cual fue fortalecida con la llegada a la Rectoría del Dr. Fabio Castillo Figueroa, propuesto y respaldado por organizaciones estudiantiles que abogaban por mejorar la enseñanza universitaria.”

“Llegue a trabajar al departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias y Humanidades, que estaba dirigido por el Dr. Humberto Velásquez, conocido popularmente en aquellos tiempos como “Pirrimplin”, por su naturaleza traviesa y ocurrente y luego como sabes, como Gato Sabio. El Departamento de Filosofía quedaba en unos salones que estaban luego de la entrada del IVU, al lado izquierdo, al final de un pasillo, ahí tenía su local.”

“La Universidad entonces se había abierto a los sectores populares. Anteriormente era sumamente elitista, se ponían requisitos para ingresar y si ingresabas, el estudio era costoso, y no podían costearlo los que terminaban bachilleres que eran de familias pobres.”

Antes, los estudiantes sin posibilidades económicas y que avanzaban al bachillerato lo que hacían era ponerse a trabajar. Los que llegaban a la UES tenían que dedicarle tiempo completo al estudio. Con la Reforma, la Universidad aplicaba una política de puertas abiertas. Para esa época se crearon los centros regionales universitarios en Santa Ana y San Miguel. En San Salvador, con la idea de la “democratización de la educación universitaria” se contaba con un programa de becas para estudiantes de escasos recursos económicos y se había construido las residencias estudiantiles, también había un comedor universitario…

La Reforma Universitaria reformuló los planes de estudios, se establece para todos los estudiantes de nuevo ingreso las Áreas Comunes que tenían materias básicas comunes, como la Filosofía y las Matemáticas. Y esto permitió sensibilizar al estudiante de nuevo ingreso, acercarlo a la comprensión de la realidad nacional. Los estudiantes sin excepción cursaban Filosofía, con un nuevo enfoque se realizaba el estudio del mundo y de la vida, cercano a la realidad, con pensamiento crítico. No en las nubes, sino en esta tierra.

Cuando convocan a concurso para plazas de docentes en el departamento de Filosofía participo, y una parte de las exigencias era saber no solo de la Filosofía sino también de la realidad del país. Y ambos aspectos me favorecen. Venía de Moscú, había leído a los clásicos, a Hegel (la Filosofía del Derecho), a Kant; David Ricardo, Adam Smith; Malthus; etc. Bueno, había estudiado a Carlos Marx, Federico Engels y Lenin y yo, ya tenía años de experiencia como luchador social, conocedor de la realidad de nuestro país. El examen me permite ganar la plaza. Me nombran instructor de cátedra, era el que daba los laboratorios. Fui instructor de Filosofía General. Por cierto me acuerdo que Rafael Arce Zablah fue alumno mío, muy inteligente y amigable, pero cuando se entero que yo había estudiado en la URSS cambió completamente, el anticomunismo lo cegó.

Entre los docentes de Filosofía se encontraban Alma América Aguilar de Miranda, Jorge Arias Gómez, Carlos Inocente Gallardo, el Dr. Velásquez, y habían dos profesores españoles: Mariano García Villas, padre de Marianella García Villas y Juan Serrano. Los dos eran muy cultos, políticamente eran republicanos y salieron de España con la irrupción del General Francisco Franco que derrotó militarmente a la República e instauró una dictadura militar fascista que apoyó a Hitler.

Y también estaban Oscar Acevedo y José Luís Quan Pineda, que luego fueron dirigentes de la Resistencia Nacional; Rafael Duran Barraza, que fue presidente del Consejo Nacional de la Judicatura; Ricardo Menjivar, Roberto Domínguez, Moisés Urbina, Saúl Escamilla, Rolando Napoleón Martínez, Rhina Toruño, Miriam Medrano, que luego se casa con Oscar Acevedo. Entre los profesores esta un francés. Jean Paul Coussin, quien vivía en la colonia Escalón y viajaba a la Universidad en bus; él nos contaba que ciertos vecinos le daban “aventón” hasta la Universidad porque le decían que alguien que viviera en esa colonia no podía andar en bus, era un desprestigio para los habitantes de la colonia Escalón verlo salir de una buena casa y subirse a un bus donde van los empleados de esas casas.

Aunque la mayoría de docentes era progresista, en esa época únicamente Jorge y yo militábamos. Para esa misma época Raúl Castellanos Figueroa era docente en Periodismo y Miguel Ángel Sáenz Varela era docente en Medicina, que luego fue Secretario General de la UES, en la Rectoría del Dr. Rafael Menjivar. Por ahí andaban otros compañeros, en la Facultad de Economía: Santiago Ruíz, Roberto Góchez, Roberto Castellanos, Antonio Osegueda; en la Facultad de Derecho: Napoleón Rodríguez Ruíz (Pepe), Miguel Ángel Parada, Rodolfo Castro, Renan Rodas Lazo, Gabriel Gallegos Valdez.

Fíjate que la primera vez que enfrente a mi grupo de trabajo tuve stress escénico. Me puse muy nervioso, pero pude pasar rápidamente la prueba. Los estudiantes no creían que era docente porque estaba muy joven, tenía 24 años, cumplí 25 en 1970. Me decían bachiller. Rápidamente aprendí a dar clases o sea la metodología de la enseñanza superior. Y me pusieron ya de profesor de filosofía.

Los grupos de clase eran numerosos, de 80, 100 estudiantes. El atractivo era que todo lo hacíamos con un enfoque de realidad nacional, no eran divagaciones abstractas sino análisis de la realidad. Y hacíamos uso de la libertad de cátedra para orientar los contenidos programáticos.

Muerte de Raúl Castellanos Figueroa

En octubre de 1970, incrédulo recibí la noticia de la muerte de Raúl Castellanos en Moscú. A Raúl lo conocí cuando milite en la VJS, acompañándolo en los mítines en el parque Libertad. Lo volví a ver en la Universidad donde era Jefe del Departamento de Periodismo de la Facultad de Ciencias y Humanidades, platicábamos seguido. Era un compañero muy suave para tratar a las personas, educado, respetuoso.

Para 1970 había muchas contradicciones internas en el PCS y con los primeros grupos de izquierda universitaria no anuentes con los comunistas. Había discusiones, fuertes, pero Raúl era ecuánime, no perdía la calma y defendía con firmeza sus puntos de vista; era un buen orador y admiraba su forma de polemizar. Nos hicimos un poco amigos y conocí a su esposa, Rosita.

Como ya estaba incorporado a las estructuras de dirección de la Juventud, se decide formar una Comisión para visitar a Rosita y darle el pésame a nombre de la Juventud, voy con Armando Herrera y me delegan a mí para expresarle nuestra solidaridad lo cual hice con dificultad, pues la emoción me embargó al hablarle a Rosita subrayando las cualidades y virtudes de revolucionario que percibí en Raúl. Luego se organizaron actividades para recibir las cenizas de Raúl en el aeropuerto de Ilopango y posteriormente realizar un acto de homenaje en el auditórium de la Facultad de Derecho.
Docente en San Miguel

Acepte ir a dar clases al centro universitario de oriente, en San Miguel, viajábamos un grupo de docentes los fines de semana, allá nos alojábamos en un hotel construido frente a un bosque de arboles tropicales y cafetales, ya que no había suficientes docentes para atender la demanda estudiantil. Pero tuve que desistir de ir a Oriente porque me afectó en la salud. Yo padezco de rinitis alérgica, eso me ha acompañado toda mi vida, produciéndome infecciones en las vías respiratorias.

Cuando estudie en Moscú me enferme seriamente, que fui a parar a un hospital; me hicieron estudios de todo tipo para preparar el diagnóstico médico, al final recomendaron operación por tener una severa sinusitis, se decidió una fecha y se pidió la firma de compañeros estudiantes salvadoreños autorizando la intervención del cirujano; se preparo todo el papeleo y estuve listo para el día señalado; ese día en el hospital hizo una ronda un científico especialista y al llegar a mi cama le informaron los médicos de mi caso; ese doctor le prestó mucha atención a mi enfermedad, quizás porque era el único extranjero en ese momento en el hospital.

Recomendó suspender la operación y hacer otros estudios. Al final, ese doctor ordeno un tratamiento alternativo a la operación a base de medicamentos y rayos ultravioleta, tratamiento que fue largo pero que dio sus frutos, en los últimos cuatro años en ese país no me enferme más de las vías respiratorias. Recibí una buena atención médica sin gastar un tan solo centavo; me dieron el mismo trato que le daban a cualquier ciudadano soviético que necesitaba los servicios médico-hospitalarios.

Pues bien, en 1971 me enferme nuevamente y fui a parar con un médico otorrino, quien al finalizar el ciclo universitario me hizo una pequeña cirugía en el tabique nasal para mejorar la circulación del aíre, luego de lo cual viaje a San Miguel a cumplir como docente, pero una fuerte recaída de rinitis alérgica, provocada por el polen de las flores me obligó a desistir de la docencia universitaria en San Miguel.

Durante mi estadía en San Miguel se desató la segunda huelga de ANDES, me acuerdo que realizamos diversas actividades en apoyo a los maestros que se tomaban las escuelas y desde ahí se mantenía el paro. Una vez me llegaron a buscar unos estudiantes para que fuéramos a apoyar a una escuela que comenzaba a flaquear. Fuimos y hablamos con los maestros acerca de la importancia del sacrificio que realizaban, logramos que se mantuvieran en paro. Ese acto lo convertimos en una práctica y salía con los estudiantes en sus carros a visitar las escuelas ubicadas fuera de la ciudad de San Miguel para mostrarles a los maestros la solidaridad con su lucha.

La casa donde se impartía Filosofía era una casa grande, colonial, de grandes balcones con defensas de hierro forjado, con habitaciones que daban a la calle. Y para la segunda huelga de ANDES en 1971, era conocida la posición del estudiantado universitario en apoyo a los maestros y cuando estaba dando clase noté que llegaban a colocarse a los balcones dos tipos que se ponían a escuchar la clase, miraban hacia adentro del salón constantemente como ubicando personas. Eran dos agentes de la Policía Nacional, de la Sección de Investigaciones Especiales, que así se llamaba entonces la policía política. No sé si me reconocían pero yo si los identifique.

Cuando tenía quince años los conocí y ya eran agentes. Vivíamos en un mesón que estaba frente a lo que hoy es La Tiendona. Ahí alquilaban los dos un cuarto. Cuando no estaban de turno se quedaban departiendo frente al zaguán y ahí nos hicimos amigos. Una vez bromeando con uno de los dos, le saque el carnet que andaba en la bolsa de la camisa y vi que era de la SIC de la PN. Y me los vuelvo a encontrar diez años después, en San Miguel, vigilando a su antiguo amigo.

Y también realice trabajo político. Donde quiera que fuera dejaba organización de Juventud (Comunista). En las jornadas de apoyo a los maestros en huelga se incorporaron muchos jóvenes estudiantes, con algunos de los cuales se formaban grupos de estudios políticos clandestinos en cuyas reuniones analizábamos la situación política del país y la huelga magisterial. En esos núcleos estudiantiles participó el actual Coordinador del FMLN, Medardo González, que después se incorpora a las FPL, lo mismo hizo Juan Ramón Medrano, que después fue dirigente del ERP.

Hace cinco años estuve viajando a San Miguel como capacitador de la Escuela de Capacitación Judicial, dependencia que pertenece al Consejo Nacional de la Judicatura; impartía unos cursos exclusivos para los Jueces de la zona oriental. En uno de esos cursos se me acercó un Juez que tiene su jurisdicción en La Unión y me dijo. “¿Licenciado Orellana, se acuerda de mí? Usted fui mi profesor de Filosofía en 1971”. Entablamos una amena plática. Me contó que todavía guarda entre sus libros una publicación que hizo el Departamento de Filosofía que contiene textos de diferentes autores que servían de apoyo bibliográfico a las clases de Filosofía, documento que yo se lo había firmado con una dedicatoria para él.

Organizando la Juventud Comunista, JCS

Por otra parte, a nivel político al regresar de la URSS recibí la tarea de participar en la organización de la Juventud Comunista. La organización juvenil en la que yo milite antes, la VJS, había dado lugar a otra: Unión de Jóvenes Patriotas (UJP) que desarrollaba un trabajo más abierto. En este esfuerzo coordinaba con Armando Herrera, que en ese entonces dirigía el Frente de Acción Universitaria, FAU y se desarrollaba trabajo de organización con los estudiantes de secundaria que luego dieron frutos creando la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES); así mismo se trabajaba con grupos de obreros.

El trabajo de organización revolucionaria de los jóvenes se había extendido bastante en San Salvador, Santa Ana, Santiago Nonualco, San Miguel y Usulután, después del trabajo y los sábados y domingos me dedicaba a esa labor. Había algo subjetivo que motivaba además a los jóvenes: las reuniones eran clandestinas, con medidas de seguridad para entrar y salir de las casas donde nos reuníamos; se veían caras alegres, animadas de los jóvenes que iban haciendo suya la causa de luchar por una sociedad más justa y contra la dictadura militar.

Me correspondió atender políticamente a un grupo de jóvenes obreros que trabajaban en la fábrica Carrocería Superior, cerca de la terminal de occidente. Entre estos jóvenes obreros estaba José Luís Merino (Ramiro). Otro de sus integrantes era un joven muy alegre, conocido como el Mapache; se convirtió en dirigente sindical y cayó en la guerra.

También trabaje con un grupo de universitarios, que estudiaban Medicina o ya habían egresado, entre los que estaba Roberto Vargas, el hermano del General “Chato” Vargas, Coronel contrainsurgente. Roberto era muy disciplinado pero a la vez muy crítico del Partido, le gustaba utilizar el término de “tozudos” para calificar a uno que otro compañero con quien no concordaban sus ideas y planteamientos. Roberto dejo al Partido. Hace unos años supe de él, por medio de la Doctora Isabel Rodríguez, quien me conto que Roberto vive en Estados Unidos.

El año de 1971 formamos la primera organización de docentes universitarios, la Asociación de Educadores Universitarios, AEU, que participo en la elección del Dr. Rafael Menjivar como Rector de la Universidad. Pero dura poco tiempo, hasta el 19 de julio de 1972 cuando intervienen la UES. Fui de su primera y única directiva.

Con Torrijos en Panamá

Fíjate que en 1971 se intensifica la lucha del pueblo panameño por recuperar el Canal y se recibe una invitación para que una delegación universitaria vaya a Panamá y se solidarice con los nuevos esfuerzos conducidos por el General Omar Torrijos, que por cierto había estudiado aquí en la Escuela Militar y se había graduado como Sub-Teniente de infantería. La invitación de una forma u otra llega al FAU y se arma la comitiva. Íbamos 25 jóvenes. Nos fuimos en un avión militar saliendo de Ilopango.

Estuvimos varios días, fuimos atendidos por oficiales panameños que nos hablaron de su meta de recuperar el canal de Panamá, para lo cual nos organizaron una visita a las instalaciones del canal. Nos reunimos con Torrijos en Río Hato, escuchamos muy atentos su proyecto de soberanía sobre el canal de Panamá, era un conversador muy ameno, pero también muy necesitado de que la soberanía de Panamá sobre el canal se regionalizara en Centro América, no quería estar solo en la lucha contra el imperio norteamericano.

Regresamos al país muy convencidos de la lucha del pueblo panameño y la causa panameño se convirtió también en nuestra causa. Torrijos logro su cometido al firmar en septiembre de 1977 el Tratado Torrijos Carter, con lo cual el canal pasa a ser de Panamá. Pero los enemigos no perdonan y 4 años más tarde en julio de 1981 hacen estallar la avioneta en que se conducía el General Torrijos, muriendo en ese acto terrorista.

Ubicado y seguido por la policía.

Fíjate que la casa donde vivía estaba vigilada. Vivía por la zona del antiguo Cine Terraza, en la Rábida. En la 33 Calle Oriente bis. Era una casa de apartamentos. Uno de mis vecinos era el músico Chando Orellana. Y el vecino a mi lado era un misterio. Nunca lo había visto, aunque sabía que ahí vivía alguien. No se comunicaba, y siempre pasaba cerrado. La vigilancia la hacía un policía que se paraba frente a la casa por largos periodos, luego se iba y volvía a regresar. Su presencia era ya habitual. Luego me entere que mataba tres pájaros de un solo tiro: vigilaba la casa de la familia de Sáenz Varela, que quedaba arriba en una calle paralela donde yo residía, me vigilaba a mí y al apartamento donde vivía Lil Milagro Ramírez, que era el apartamento misterioso, claro, de esto me entere ya en la guerra. A los tres nos seguían.

Después de la segunda huelga de ANDES, se vino la campaña electoral de la UNO que llevaba al Ing. Napoleón Duarte como candidato a la presidencia. Esa lucha electoral incorporó a muchos jóvenes a nivel nacional, un amplio y extendido movimiento político antigubernamental resultó de esa contienda política, a pesar de las acciones represivas contra los activistas de la UNO.

En ocasión de un caravana al interior del país un franco tirador asesino al motorista de uno de los vehículos que acompañaban la caravana. De estas jornadas nuevos jóvenes enrumbaron sus vidas por la lucha popular y revolucionaria, sumándose a la organización embrionaria de la Juventud Comunista. Como ya se sabe la dictadura impuso a su candidato el Coronel Arturo Armando Molina.

Los acontecimientos del 25 de marzo de 1972

El régimen militar con el fraude mantuvo el control del poder, pero estaba muy debilitado políticamente. En ese ambiente me despierta una nutrida balacera cerca de mi casa el 25 de marzo de 1972. Por medidas de seguridad, me había cambiado de casa, vivía en los linderos de la colonia Atlacatl; las ráfagas se oían detrás de mi casa sobre la 20 avenida norte. El descontento popular había llegado a los cuarteles, un grupo de militares demócratas se alzaron en armas exigiendo el respeto a la constitución, desconocieron y capturaron al Presidente.

Los enfrentamientos alrededor de mi casa se dieron entre tropas del cuartel San Carlos y de la Guardia Nacional, en un intento de los alzados por dominar el cuartel de la Guardia Nacional. Como era día sábado no me moví y espere un rato para buscar contacto con el Partido. No lo logre y me fui para el centro de San Salvador a la Cruz Roja para obtener información. En el camino me fui topando con gente que se expresaba muy contenta, contando los acontecimientos: habían derrocado al General Sánchez Hernández. Al llegar a la Cruz Roja noto mucho movimiento y me topo con el Presidente de la institución en aquel año, Baltazar Llort, a quien emocionado le digo: es un golpe de Estado!

Don Baltazar me lanzo una mirada fría, de pocos amigos y entendí que no simpatizaba con los alzados en armas. Al regresar a mi casa me doy cuenta que tres guardias se habían posesionado de la entrada, no ingrese inmediatamente y al observar que la casa estaba normal termine por llegar, los guardias se apartaron, ingrese a mi casa, todo estaba en orden y platique con los guardias quienes estaban eufóricos por haber rechazado a los soldados del cuartel San Carlos; su presencia en la entrada de mi casa se debía que habían adelantado una línea defensiva y habían escogido mi casa por el muro que tenía a la entrada.

Uno de los alzados, el Mayor Pedro Guardado vivía en la colonia Atlacatl lindante con el cuartel de la Guardia, Cristi, su esposa, no sabía nada de los movimientos conspirativos del Mayor Guardado y el día de los hechos, cuenta ella, que sonando los balazos en el cuartel de la Guardia una vecina le habla y le dice que hay un golpe de Estado y que por eso son los balazos; la vecina la pregunta por Pedro y le responde que no está y ella concluye que Pedro “está metido en eso”; pasado un tiempo Pedro le llama por teléfono y le dice que se fuera de la casa; sin pensarlo dos veces, toma a sus hijos y a pie sale en dirección a la colonia San Joaquín, donde se encuentra con un chofer de la ruta 10 que la reconoce, porque ella trabajaba de enfermera en la clínica de San Miguelito, ubicada por la calle 5 de noviembre y todos los días abordaba el bus de la ruta 10.

El chofer le ofrece ayuda y en el bus la lleva hasta Ciudad Delgado donde un familiar. El movimiento militar no tuvo éxito, el régimen aprovechó la situación y reprimió a todos los que apoyaron a los oficiales insubordinados; tres de los alzados son enviados al exilio, al otro extremo del continente: Argentina. En 1979 conocí a Pedro en una reunión privada en casa de Lilian Jiménez; había viajado a México como delegado del PCS al Congreso de los Comunistas mexicanos y tenía la tarea de conversar con Pedro, luego nos volvimos a ver en 1982, Pedro (Claudio) era miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), brazo armado del PCS.

Asalto a la Universidad

Neutralizada la asonada militar, el régimen se endureció y lanzó una contraofensiva hacia el movimiento popular. La ultraderecha académica comenzó a preparar condiciones para asaltar la universidad. El asalto militar a la Universidad había tenido de respaldo una resolución de la Corte Suprema de Justicia, quien atendiendo los intereses gubernamentales emitió una resolución declarando ilegales a las autoridades universitarias electas en 1971, luego de lo cual se captura al Rector, al Fiscal de la Universidad y al Secretario General y los expulsó hacia Nicaragua.

Luego de la intervención militar a la UES quedo desempleado. Solo nos pagaron un salario. Me pongo a buscar trabajo. La ex jefa del departamento de Filosofía, Licenciada Alma América Aguilar de Miranda, me dice que su cuñado trabaja como gerente de CAESS y que me conseguiría una cita con él para lograr trabajar ahí, diciéndome: “él piensa igual que Usted y seguramente le va dar trabajo”. Me consiguió la cita, llegue a la oficina y me recibió el Gerente, quien era un abogado graduado en la Universidad de El Salvador y que en sus tiempos de estudiante universitario se unió a la lucha contra la tiranía militar.

Inmediatamente que me recibió me dijo: sabe que esta es una empresa capitalista ¿cómo se va acomodar? Le respondí que ese no era problema porque el trabajo es profesional. Me respondió: aquí le damos trabajo pero tiene que renunciar públicamente a su ideología, haga una declaración, publíquela en algún periódico para que la gente se entere que usted ya no va andar en esas cosas. Al escuchar sus palabras la sangre me hervía de indignación. Me quede viéndolo fijamente, le dije que yo no iba hacer eso que me pedía; a lo que él respondió: yo era igual que usted, hice una declaración, la publique y hoy estoy aquí trabajando tranquilo. Le agradecí por el tiempo que me dedicó y me fui, no volví a saber de él hasta hace unos años cuando fue propuesto en elecciones de segundo grado y lograr dos cargos públicos.

Para enfrentar la situación de desempleo me ayudó José Luís Merino (Ramiro). Me explicó que a su fábrica llegaban a vender el día de pago, diversos productos, ropa, pantalones, zapatos. Llégate –me dice- y nosotros te vamos a conseguir los clientes. Les das como enganche el crédito en diez pagos. Me fui a buscar a Reynaldo Hernández, compañero y amigo que estudió en la Patricio Lumumba, quien tenía una Tía que traía zapatos fabricados en Nicaragua y le pedí que me diera una docena en consignación, y que le iba a pagar conforme fuera vendiendo. El primer sábado los vendí todos y hasta me faltaron. Y así la fui pasando.

Por otra parte Schafik había hecho gestiones por medio de los comunistas del Partido de Panamá, para que me consiguieran empleo como docente en la Universidad de su país durante un tiempo, mientras se normalizaba la situación aquí. Y me dice Schafik que le habían respondido positivamente y que saque los papeles para irme, que saque el pasaporte. Lo hago y solo me faltaba la constancia de la policía. Y la fui a sacar. Era cuestión de días para salir del país. En esas vueltas andaba cuando me encuentro con un amigo, Manuel de Jesús Castro Ramos, ingeniero mecánico que estudió en la Unión Soviética. Y decidimos ir al cine, vamos al Majestic a ver que exhiben, me dice.

Secuestrado por la Guardia Nacional

Y agrega: mira vamos al UDN y allá vemos el periódico para ver que películas están exhibiendo. Fuimos al local que estaba sobre la Avenida España al costado sur del hoy Teatro Roque Dalton. Salimos y solo habíamos caminado unos treinta metros cuando de un vehículo que estaba parado salen tres tipos armados con fusiles y nos obligan violentamente a meternos al carro, a mi me lanzan al piso y empiezan a golpearnos. Nos llevan a la Guardia Nacional. Esposado con las manos atrás me suben a un lugar y dos personas me dan una golpiza de patadas tan fuerte, que me hizo perder el conocimiento. Al despertarme estaba encapuchado y con una venda en los ojos; me costaba respirar.

Era el 12 de febrero de 1973. Cuando comienzo a tomar conciencia de lo sucedido descubro que estoy en una azotea y que hay otras personas además, por las voces logro reconocer a Carlos Ruiz y a Mario Aguiñada Carranza. Resulta que había tenido lugar una secuencia de acciones represivas en contra del movimiento popular.

El sábado anterior habían sido asesinado José Dimas Alas, obrero sindicalista, ex Secretario General de la FUSS y ex miembro del PC, junto a Ernesto Morales ex miembro de la Juventud, quienes se habían incorporado a la organización construida por Salvador Cayetano Carpio. A los dos los conocía personalmente y con Dimas Alas además estaba muy agradecido por el gesto humano que tuvo con motivo de una grave enfermedad de mi madre; ella fue ingresada de emergencia en el Hospital Rosales y necesitaba urgentemente sangre, Dimas Alas me dijo yo doy la sangre y nos fuimos al hospital.

La Guardia Nacional capturó activistas del UDN, obreros, sindicalistas, maestros en San Salvador, Santa Ana y San Miguel. Con mis oídos me orientaba de lo que sucedía a mi alrededor y me di cuenta que uno por uno se iban llevando a los capturados para interrogarlos, a lo lejos se escuchaban los gritos de los compañeros que eran torturados y escuchaba sus quejidos de dolor al regresar a la azotea. Estando tirado en el suelo cierto día llegan dos sujetos me quitan la capucha y bajan un poco la venda de mis ojos y uno de ellos dice: ¡A esta garra yo la conozco! Y me dio un fuerte golpe en la cabeza.

En otra oportunidad llegan otros dos sujetos, me quitan la capucha y uno de ellos dice: ¡este hijo de puta ya lo conozco, quiere irse para Panamá! ¿Cómo sabían eso? Claro, por la constancia que fui a pedir a la Policía, ahí había que dar los datos, de para que se quería el documento. En otro momento llega un fulano, me quita la capucha, me pone algo de metal helado en la sien derecha y oigo el click del gatillo de una pistola que se activa; el tipo ese inmediatamente se tira una gran carcajada y se aleja riendo. Dos días des pues de mi captura, en la noche escucho que los guardias estaban haciendo un gran relajo ya que les habían permitido celebrar el “día de la amistad” con prostitutas de la “Avenida”.

Esposado, encapuchado e indefenso me pongo a pensar en mi familia, lo que estará sufriendo al no saber de mí, me preocupaba mucho porque yo sabía dónde estaba pero ellos no sabían nada de mí, fueron días muy difíciles. Unos tres días después de mi captura, jueves creo que era, me levantan me conducen hacia abajo y me llevan a un lugar donde presiento hay personas, me quitan la capucha y la venda de los ojos y oigo que se cierra una puerta de hierro, me encuentro en una celda y poco a poco al irme adaptando al lugar y a la luz de un foco comienzo a ver caras conocidas.

Se trataba del Tío Julio (Salazar), Carlos Ruiz, Guillermo Ramirios, Mario Aguiñada, don Lito Sandoval (dueño de la Tenería El Búfalo de Santa Ana) y otros. Al vernos e identificarnos nos sentimos más fuertes. Nos preguntábamos: ¿qué había pasado? ¿Por qué estábamos capturados? Nos habían sacado de nuestras casas y de nuestros trabajos. Presentí también que no estaban en esa celda todos los que habían estado en la azotea. ¿Qué fue de ellos? ¿Quiénes eran? ¿Dónde estarían? ¿Continuaban en la azotea?

Preguntas sin respuestas. Más tarde se presentó un oficial y nos dijo que estábamos en la Guardia Nacional, que él era el responsable de nosotros y que aquí no nos iba a pasar nada. El cautiverio era compartido con un grupo de luchadores sociales, aislados en esos momentos del mundo y de nuestras familias.

Exiliado en Guatemala

El sábado en la madrugada llega un grupo de guardias nos sacan de la celda uno por uno, me esposan y me ponen de nuevo la capucha; nos trasladan rápidamente a un lugar de asfalto y nos suben a un bus. Viajamos unos 15 o 20 minutos y nos llevan a un edificio, no sé donde nos tienen. Pasado un tiempo nos ordenan: Pónganse de pie. Nos sacan, me quitan la capucha y me doy cuenta que estamos en el aeropuerto de Ilopango frente a un avión de hélices. Al ir subiendo me profieren una última amenaza, uno de los guardias me aprieta el brazo fuertemente y me dice. “Fíjate bien en mi cara, si te vuelvo a ver en la calle, te mato hijueputa”. Viajaba por segunda vez en un avión militar, pero esta vez no era un vuelo de amigos.

Fue un viaje corto, que concluí que llegamos a Guatemala. Al aterrizar nos recibe la Policía Nacional de Guatemala. Nos llevan al Cuartel Central de la PN en pleno centro de la capital. Nos ubican en las cuadras de los agentes, en sus dormitorios. Nos registran. Pedimos comida y bañarnos. Lo conceden y nos ofrecen un –me acuerdo- delicioso desayuno. Y luego de comer, ante nuestra sorpresa, nos tiran a la calle, a que nos arregláramos por nosotros mismos. Nos fuimos a la Zona 1, a buscar un hotel.

Conseguimos un hotel allá por la terminal de trenes, el Hotel Guatemala. Pagábamos un dólar por día con derecho a habitación y comida. El dueño del hotel estaba feliz por nuestra llegada. Comenzamos a movernos. Nos fuimos para la Universidad a buscar contactos; organizamos una conferencia de prensa e hicimos la denuncia de cómo nos habían sacado de nuestro país. Se arma un gran escándalo nacional en Guatemala. Éramos la noticia principal, con fotos y entrevistas.

Guatemala tenía un antecedente político muy doloroso. En septiembre del año anterior las fuerzas represivas secuestraron al Secretario General del Partido Guatemalteco del Trabajo y una parte de la Comisión Política. Todos fueron asesinados. No era entonces nada bueno estar en Guatemala. Nos pusieron vigilancia fuera del hotel y teníamos que ir a firmar diariamente al Cuartel Central de la PN. Nos dispusimos a tramitar el asilo político para evitar tener que estar yendo a la PN. El embajador salvadoreño en Guatemala era el Coronel Eduardo “El Chato” Casanova. Era un tipo vulgar, una vez me invita a la embajada y me aconseja que no regrese a El Salvador, que me fuera para otro país. Me dice: mirá porque no te vas para Cuba, yo te pago el pasaje…pero ¡ya no regreses!

Un día aparecieron por el hotel un grupo de abogados guatemaltecos y preguntan por mi, los recibo y me dicen que vienen de parte del Colegio de Abogados de Guatemala, que se sienten avergonzados por este hecho y muy solidarios con todos nosotros, y aquí esta ésta bolsa de dinero, recogida con todos los abogados de nuestra institución, por favor acepte este gesto de solidaridad. Y esto nos dio la idea de realizar colectas; con Manuel de Jesús Castro Ramos nos fuimos a la Universidad de San Carlos visitamos los salones de clases: somos exiliados salvadoreños, pedimos solidaridad. Los estudiantes y profesores colaboraron, nos dieron dinero, pudimos así pagar el hotel. Al pasar los días la firma que tenía la obligación de estampar en la PN se fue relanceando. Y finalmente dejamos de firmar porque obtuvimos el asilo político.

De regreso al país

Reanudamos el contacto con el PCS. Manteníamos reuniones secretas. Una vez llego Vanzetti y pide hablar conmigo. Me dice: el Partido lo necesita, vengo a llevarlo. Sí esta de acuerdo, nos vamos. Salimos para San Salvador. Al llegar a la frontera pasamos por un punto ciego. Pasamos a la par de la caseta de la policía aparentando ser gente de la localidad, con una bolsa de comprados. Regrese a San Salvador en abril de ese año, pase unos dos meses en Guatemala. Al pasar la frontera, del lado de El Salvador, en una calle rústica estaba Dagoberto Sosa (Lucio) esperándome en un vehículo para trasladarme a San Salvador.

Vivía en la más absoluta clandestinidad. Me aísle de mi familia, de mis amigos, de mis ex compañeros de trabajo con quienes guardaba una buena relación. Solo me comunique una vez con mi hermano mayor, Tito. Lo cite a un lugar y llegue un poco disfrazado y no me reconoció. Al saludarlo, me reconoció y nos abrazamos muy alegres de volvernos a ver. A mi hermano, días después de mi secuestro, lo habían capturado también en vías de investigación, lo sacaron de su casa y lo tuvieron tres días en la Policía Nacional. Y es que cuando me capturan, vivía en su casa, él me había dado posada y entonces sospechaban, pero él no militaba.

La tarea para la cual el Partido me necesitaba era la de contribuir a la fase final de organización de la Juventud Comunista, la JCS. Para darle un impulso importante a la formación de la Juventud Comunista se constituye, en 1971, un equipo operativo. Esta Schafik, en ese entones Emilio, Armando Herrera (Palmiro) y mi persona, preparábamos propuestas, analizábamos documentos que luego se presentaban a la Comisión Política y a la Dirección de la Juventud. Al regresar de Guatemala, me dedico a tiempo completo a ese trabajo organizador.

Llegaba a los lugares de reunión con medidas de seguridad, siempre con un acompañante me movilizaba en vehículos del partido. A la par de las actividades organizativas, elaborábamos documentos para fundamentar la creación de la JC. Así, se reformaron los estatutos del PCS para abrirle espacio en las estructuras del Partido a la Juventud Comunista. El tiempo paso rápido y por el mes de julio de 1973 tuvo lugar su constitución. Al realizarse el Congreso de Fundación de la JCS, asumo la Secretaría General, mi pseudónimo era Estrada. Se elige además un Comité Central y un Comité Ejecutivo. Al crearse la JCS mi vida sigue siendo clandestina.

Armando Herrera

Creo que hay un compañero que fue pilar en todos los años de trabajo por organizar la Juventud Comunista: Armando Herrera a quien conocí en 1962. Él siempre andaba bien arregladito en su ropa a tal grado que le pusimos “el planchadito”, era jovial y muy fraterno. En 1969 al regresar de la URSS y retomar contacto con la Juventud me reencuentro con Armando realizando trabajo juvenil con la Unión de Jóvenes Patriotas (UJP). Él era un formador político de jóvenes, se sentía como el hermano mayor que orientaba a los demás en sus inquietudes políticas; siempre tenía una respuesta o una recomendación para los compañeros. Fue Director del Instituto Obrero “José Celestino Castro”, cantera de adolescentes que se incorporaban a las luchas sociales.

Ahí se graduaron de bachiller, por ejemplo, Benito Lara, Salvador Corado (Ítalo), Rafael Aquino (El Indio) Rafael Montalvo, Víctor Ramos,etc. Al decidir la Dirección del PCS pasar a la construcción de la JCS, Armando, por su perseverancia, es convocado a participar en ese esfuerzo definitivo. Tenía además un placer: era poeta y disfrutaba de la literatura; un gran fumador, nos acostumbró a verlo fumar con pipa; era un intelectual comunista. Al fundarse la JC, Armando deja de trabajar con los jóvenes y se dedica más al trabajo partidario. El “Zarco”, como era más conocido, cerró sus ojos en el 2009 dejando un precioso legado: su ejemplo de luchador y organizador de generaciones de jóvenes revolucionarios. No me equivoco, si digo que muchos lo recordamos con cariño y admiración.

Schafik consideraba que con la creación de la JC se daba un paso importante en la lucha revolucionaria del pueblo salvadoreño. Se tenía un instrumento de organización y lucha con las características propias de la juventud, que impulsaría con su propio estilo la lucha social. Nos reuníamos frecuentemente con Schafik, estaba muy interesado en los avances como en las dificultades de la JC. Cuando nos visitaban de otros partidos hermanos, hacíamos una reunión única PCS-JCS, como cuando una vez vinieron los comunistas mexicanos. Schafik informó del desarrollo del PCS y la JCS, y le preguntaron a Schafik ¿y quién es el Secretario General de la JCS? Este que esta aquí. Y me señala. Reaccionaron con sorpresa, bastante joven comentaron.

Recuperando la vida pública

Poco a poco fui dejando las casas de seguridad y el andar siempre acompañado por alguien, para volver a mi vida normal. Fui restableciendo mis nexos familiares y me entere que uno de mis hermanos, Edgardo, se fue con su familia a Nicaragua, a quién volví a ver en 1982 en un viaje que hice ese país; lo cite a un lugar en Managua y para mi sorpresa llego con uniforme militar, mi hermano era sandinista, con el grado de Sub-Teniente comandaba un batallón de la reserva del ejército sandinista.

Mi primera participación en un acto político público fue en septiembre de 1973, en un mitin en el parque Libertad, de condena a Pinochet, el General traidor que había conspirado y derrocado al Presidente socialista de Chile Salvador Allende, y de solidaridad con el pueblo chileno. La convocatoria a esta acción de masas contó con la participación de la Juventud Comunista. Uno de los oradores en el mitin fue Dagoberto Gutiérrez, miembro, en ese entonces, de la dirección de la JC.

Al ir retomando la normalidad visite a otros familiares. Agripina (Pinita) Azucena, prima por parte de papá, se alegró y lloró al verme y me pidió que le acompañara a Coatepeque, Santa Ana, para cumplir con una penitencia. Ella me contó que había rezado mucho por mí y que le había pedido al Santo Niño de Atocha que me cubriera con su manto y me protegiera cuando estaba desaparecido y que nadie sabía de mí y que gracias al Santo Niño yo estoy de regreso con mi familia; le había prometido al Santo Niño que al regresar yo a mi casa, le haríamos una visita a su Iglesia en Coatepeque. Así es que, viajamos a ese pueblo a cumplir con la penitencia, frente a la imagen del Santo Niño de Atocha rezamos y le dimos gracias por mi retorno a la familia.

Una de las luchas que impulsó y dirigió la Juventud Comunista fue la reapertura de la Universidad, 13,000 estudiantes estaban afectados por la ocupación militar y cierre de la Universidad, al mismo tiempo nos dedicamos a la reactivación del movimiento estudiantil. La lucha contra la dictadura se entabló con el movimiento pro reapertura de la UES que atrajo cientos de jóvenes en acciones de calles; era una forma de reivindicar el derecho a la educación superior y de enfrentar a la tiranía militar y reconstruir, al mismo tiempo, el movimiento estudiantil fuera de las instalaciones universitarias.

Para tomar contacto con los universitarios se utilizaron diferentes formas sociales; en el interior del país organizamos asociaciones de estudiantes pro-reapertura, se formaron equipos de fútbol con estudiantes universitarios y se programaron torneos de fútbol con la idea de mantener la relación con el estudiantado que forzosamente no asistía a sus clases en la Universidad; eso fortaleció mucho a la JC, aumentando el número de sus militantes.

Nuestro pueblo oprimido por la dictadura militar tenía que sacudirse el sometimiento y luchar por sus derechos y libertades ciudadanas. Desde la Juventud Comunista nos volcamos a organizar a los estudiantes de secundaria y universitarios, creamos frentes de masas para encausar las luchas estudiantiles. Por el carácter tirano de los gobiernos militares, toda lucha reivindicativa era catalogada de subversiva y comunista y era reprimida.
La Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES) en la lucha contra el alto costo de la vida, reivindicaba la rebaja del pasaje de los buses para los estudiantes, la rebaja de las cuotas de escolaridad, se involucraba en los conflictos estallados en las instituciones de enseñanza media exigiendo la separación de profesores y Directores de instituciones donde se maltrataba a los estudiantes; durante la huelga de los maestros de ANDES fueron solidarios con sus profesores; salían a las calles en manifestaciones con sus uniformes escolares en solidaridad con los obreros en huelga.

Los estudiantes universitarios tenían más presencia política en los acontecimientos del país, y su protagonismo en las políticas universitarias era infaltable. Trazaban una lucha directa con la tiranía militar en las calles y lucharon duro por la reapertura de la Universidad ante una constante amenaza de represión. En esas luchas estudiantiles se involucran: Manuel Franco, asesinado en 1980, Evelio Ruano, Antonio Martínez Uribe, el Chele Guillen, Carlos Ruíz, Rolando Gutiérrez, Toño Cabrera, Norma Guevara, Juan Carlos Mendoza, Fonchin, Carlos Calles, Salvador Cárcamo (El Cacho), mi hermano Fredy, Rolando Mata, Rafael Aguiñada Deras (asesinado en 1981), su hermana Dinora, su prima Sonia Aguiñada, Benito Lara, Tito Bazán, Shafikito Handal, Carlos Jacobo Handal, solo para mencionar algunos compañeros.

Se realizó trabajo en el movimiento sindical con la Juventud Obrera Salvadoreña, JOS, , nuestros jóvenes actuaban solidariamente en todas las fábricas donde estallaba una huelga y como las fabricas eran tomadas por los huelguistas, nuestros militantes les acompañaban en las noches. Formábamos una nueva generación de luchadores sociales y políticos que darían un gran aporte en el siguiente eslabón de la lucha revolucionaria contra la oligarquía y la dictadura militar.

La universidad recupera medianamente su normalidad; la derecha profesional y progubernamental ocupa estratégicamente la dirección de la Universidad; como Secretario de la Facultad de Ciencias y Humanidades actúa un militar con título de Licenciado en Filosofía, Alfonso Castro Sam, él era el verdadero poder en esa Facultad y decidía quien de los docentes reingresaba o no a trabajar; se nombra Rector al Dr. Juan Alwood Paredes, que al año renuncia.

Luego se elige al Ingeniero Agrónomo Alfaro Castillo, profesional de derecha, de hueso duro. Hay una lucha constante en los recintos universitarios, la derecha que gobierna el demos universitario no puede revertir totalmente los logros de la Reforma Universitaria y poco a poco se van recuperando espacios. El estudiantado se reunifica y orientado por los cuadros de la JC, no cede terreno y se abren nuevos espacios. En ese ambiente de lucha, a mediados de 1974, me reincorporo a la UES como docente…

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