El Salvador: ¿podemos avanzar sin luchar?

El Salvador: ¿podemos avanzar sin luchar?
Por Roberto Pineda 9 de septiembre de 2011 25 ctvs.

La complejidad del proceso iniciado el 15 de marzo de 2009 con la derrota de ARENA y la victoria del FMLN en las elecciones presidenciales, nos exige un análisis permanente de las modificaciones de la correlación de clases y de fuerzas políticas y sociales, de sus desplazamientos y fusiones, de sus rupturas y reacomodamientos. Debemos de aprender a leer la realidad con la mente fría y el corazón ardiente. Hacer un esfuerzo por evitar reduccionismos y generalizaciones. Intentar el análisis concreto de la situación concreta, desde una óptica de lucha.

Diversas visiones de la realidad

Recientemente conversaba con un funcionario gubernamental sobre la situación del país y me sorprendió la visión completamente ilusoria, idílica, sobre el proceso. Mi amigo vive en una burbuja de izquierda. Su conclusión básica era que la gente evidentemente nos apoya, vamos avanzando y que hemos derrotado ya a la derecha y el próximo presidente será seguramente “alguien de nuestro Partido.”

Por otra parte, un joven universitario me manifestaba que este gobierno de Mauricio Funes y el FMLN no se diferencia en nada de cualquier gobierno de la derecha y que con sus promesas a la gente lo que va producir es una gran decepción. Su conclusión era que hemos retrocedido y lo que corresponde es terminar con este peligroso ensayo y luchar por un gobierno “verdaderamente revolucionario.” Y de ser posible “proletario.”

Ambas visiones desde la izquierda son unilaterales, reduccionistas y solo leen una parte de la realidad. Los arboles les impiden ver el bosque. En política los deseos no son realidades. Y la lucha de clases se fundamenta en una situación de dominación de sectores hegemónicos que se enfrentan a sectores subalternos.

Transformar esta realidad requiere de mucha imaginación y de mucha fuerza social, de la participación de la gente. Y puede lograrse. Marzo del 2009 fue el resultado de un largo proceso de acumulación política en visión estratégica, fuerza electoral, alianzas, programa, candidato, etc. Es un nuevo punto de partida. Nunca antes se había logrado llegar al gobierno por tanto tiempo. Y con perspectivas de mantenerse y avanzar.

Acomodarse al nuevo momento político abierto en el 2009 no ha sido fácil. Ha habido cansancio y confusión. Ya el movimiento popular venía golpeado en su pensamiento y accionar desde 1992 y el 2009 ha terminado de noquearlo. No ha podido superar su estado de inamovilidad. La fuerza política de izquierda aplasta a la fuerza social. Un poderoso partido de izquierda, y un movimiento popular raquítico.

Y esto debilita el enfrentamiento social. Fortalece la visión posibilista, pragmática, electorera. Algunos piensan que hay que bañarse en aguas tranquilas y evitar los sobresaltos. Hay que evitar la fatiga de la lucha. Promueven la defensa de la gobernabilidad que se convierte al final de cuentas en defensa del sistema. Lo importante pasa a ser la próxima elección y el próximo candidato. El programa no importa y mucho menos la lucha. No hay proyecto político. Hay proyecto electoral. Y lucha electoral. Ya estamos inmersos en ese terreno resbaloso pero necesario.

Pronto, en marzo de 2012 mediremos el impacto electoral, sea de los programas sociales o de los programas económicos de este gobierno. Porque ha sido un gobierno que destruye con la mano derecha lo que se construye con la mano izquierda. En otras palabras, la continuidad del modelo neoliberal provoca la pobreza que es mitigada por los programas de asistencia social.

Y la derecha, aunque derrotada, debilitada y dividida, sigue teniendo un fuerte peso en nuestra sociedad. Y la sigue apostando a bloquear este gobierno para facilitar la restauración oligárquica. Y cuenta con poderosos aliados y recursos, incluido el recurso de reinventarse y asumir un discurso de izquierda. No podemos ser ingenuos pero tampoco derrotistas.

Es claro que la agenda estratégica de la derecha, de toda la derecha, es regresar al gobierno, a la seguridad de tener las llaves de la hacienda. En la actualidad siguen siendo los dueños del país, ellos lo saben, pero han perdido las llaves. Y el que pierde las llaves puede perder la casa. También lo saben.

Funes gobernando desde la derecha

Las expectativas de la mayoría de la gente no corresponden claramente a las realidades de la gestión de este gobierno. La gente esperaba cambios. La gente esperaba el desmontaje de los aspectos principales del modelo neoliberal. Y el castigo de los corruptos como mínimo. El gobierno responde con promesas. Y ya no estamos en época electoral. La gente espera rectificaciones, soluciones, resultados. La gente puede cansarse de la larga espera y buscar otro doctor que cure sus dolencias.

La gente padece de inseguridad y la medicina parece ser la misma de la derecha, mano dura. Y la enfermedad se extiende y se agrava. La gente padece de desempleo y la medicina no aparece. La gente padece del alto costo de la vida y la medicina sigue subiendo de precio. Lo que la gente si logra percibir es que la empresa privada es la única que logra imponer su agenda.

Dicen abiertamente que no van a pagar impuestos para la seguridad y no pagan impuestos. Y sus niveles de rentabilidad siguen creciendo. Y este gobierno les teme y prefiere gobernar para estos sectores y defender sus intereses que cumplir con su mandato de cambio. Prefiere gobernar para los patricios que lo desprecian que para los plebeyos que lo aman. No se pone a la altura del cónsul romano Lucio Sextio.

Y el presidente Funes puede tranquilamente beneficiar a empresas transnacionales así como respaldar a políticas de agresión internacional, a partir de su convencimiento que no existe un movimiento social unificado y asertivo, que le pase la factura por sus reprobables acciones. No podemos seguir soportando un presidente con un discurso de izquierda y una práctica de derecha.

Y es precisamente esta situación: la incapacidad del movimiento popular de obligarlo a bailar a la izquierda, la que permite este vergonzoso desplazamiento hacia la derecha. Es un presidente que baila con los empresarios y amenaza a los sindicatos. Y la crisis que se avecina, la del capitalismo mundial, la va a trasladar a la gente, si lo permitimos. Si no recuperamos la iniciativa política desde las calles.

Por lo que la tarea estratégica consiste en desplegar la lucha de los sectores populares por un programa de cambios, por un nuevo modelo de país, que rebase el papel asistencialista del gobierno y que plantee con claridad la necesidad de una reforma impositiva; una reforma política que modifique la Constitución, y una reforma económica que rompa con el modelo neoliberal y abra paso a una economía al servicio de la sociedad y no de las empresas.

¿Podemos avanzar sin lucha social?

A partir de junio del 2009, con la toma de posesión del presidente Funes, se estableció como premisa del movimiento popular y social, que había que avanzar sin luchar, y esperar que desde el gabinete y los ministerios, surgieran las líneas maestras para los cambios esperados. Habíamos derrotado a la derecha y la izquierda llegaba al gobierno. Había que esperar. Los cambios serían graduales. Estábamos equivocados.

Hoy, dos años y medio después, evaluamos que los cambios han sido mínimos, limitados, y la lucha social también. Hemos avanzado muy poco. Con muchas dificultades –endeudamientos, compromisos con los organismos financieros, acciones entreguistas- hemos sostenido los niveles existentes y la ruptura con el modelo anterior ha sido estrecha. La derecha sigue controlando amplias esferas del poder político, como es la CSJ y la Asamblea Legislativa. Aunque en esta ultima el presidente sea del FMLN.

Pero aun así, ¿da lo mismo votar por ARENA que votar por el FMLN? Absolutamente no. Pensemos que hubiera pasado si Ávila hubiera ganado en el 2009, lo más seguro es que estaríamos a la defensiva. Luchando siempre, pero desde la resistencia. Estuviéramos lamentándonos que no supimos unirnos. Pero no, estamos en otro momento, complejo, novedoso, pero disputando la iniciativa política.
La ruptura del modelo solo será posible mediante la combinación de lucha electoral con lucha popular. Solo la lucha electoral a lo que va conducir es a reproducir el modelo y garantizar su continuidad. Solo la lucha popular a lo que va conducir es a reproducir espacios de división, sectarismo y aislamiento.

¿Es el presidente Funes el culpable de nuestras debilidades?

La falta de capacidad de respuesta del movimiento popular frente a diversas medidas del presidente Funes puede –según algunos- originarse en que la gente confía en “los cambios desde arriba” y teme a los “cambios desde abajo.” La gente le apostó a un “cambio seguro.” Y aún así la victoria no fue aplastante. Estas son realidades.

Este fue un eje básico del discurso que utilizamos para llegar a la presidencia. Y mientras esta tesis, esta idea, se sostenga en las mentes de la gente, las llaves que abren la puerta de la movilización popular se encuentran guardadas. La gente esta a la expectativa. Han pasado a ser espectadores, cuando se necesita que sean actores, jugadores, participantes. Los puños en alto fueron sustituidos por los aplausos. Y últimamente por los lamentos. Alguna gente dice: ustedes nos engañaron…El engaño fue mutuo.

Algunos piensan que el enemigo a derrotar es el presidente Funes. Mayúsculo error. El presidente Funes va llegar hasta donde lo empujemos. Y si lo abandonamos, va correr a refugiarse en los brazos de la oligarquía. Este gobierno es una carreta que camina empujada, por una cuesta empedrada. La dejamos de empujar y se viene de regreso. Es una carreta que necesita impulso y rumbo. Y la derecha nos grita: ustedes no pueden conducir esa carreta, permitan que regrese a nuestras manos. Pero lo conquistado con lucha, no se entrega. Y no fue fácil conseguir esta carreta.
Otros en el gobierno piensan que ya no existen enemigos. Y que vivimos en el reino del pájaro y la nube. Y que lo pertinente es buscar la “unidad nacional.” Y que no hay que perseguir a los corruptos. Y no hay que exigir que los empresarios paguen sus impuestos. Y hay que mantener el dólar.
Y que los trabajadores no deben de hacer huelgas y ya no deben de darse manifestaciones. Nos gritan desde los sabios editoriales de sus periódicos: sean civilizados, pasen de la protesta a la propuesta. Sean inteligentes.

La construcción de poder popular
No es sencillo construir un movimiento popular que rompa con la postración existente y construya poder popular. Y que en vez de fragmentar como es ya tradicional, se dedique a complementar, a unificar pensamientos y acciones. La UNTS de 1986-1992 fue la última experiencia de movimiento popular unificado. Luego se impuso la dispersión ideológica y orgánica.

Existen factores que bloquean su desarrollo, objetivos y subjetivos. Debemos de reconocer que la derecha artística, educativa, religiosa y mediática han avanzado considerablemente. Han logrado violentar, paralizar y dividir a los sectores juveniles, neutralizar a amplios sectores populares rurales y urbanos, imponer su hegemonía cultural. Y la cosecha de estos esfuerzos la trasladan al terreno electoral. Han fortalecido su hegemonía cultural.

Mientras los sectores populares organizados a principios de los años ochenta abandonaban las ciudades y se trasladaban a los frentes guerrilleros, la derecha incursionaba y pasaba a tomar posesión de estos espacios. A la par del esfuerzo militar represivo, la dictadura militar de derecha desplegó una intensa contraofensiva ideológica, orientada a capturar las mentes de nuestro pueblo. Se abrieron nuevas universidades e iglesias. Fue un fino y bien financiado esfuerzo contra insurgente.

Y fue un esfuerzo que empalmó con una cultura autoritaria profundamente internalizada en amplios sectores populares, la cual a partir de criterios patriarcales impone conductas individualistas, de uso tanto de la violencia como de la resignación, de matriz profundamente conservadora, homofóbico, racista, militarista, colonizado, de rechazo a proyectos democráticos alternativos de sociedad, de educación, de iglesia y de familia.
A esto hay que sumar los cambios en la esfera de la economía que redujeron drásticamente el sector industrial y agrícola, afectando así a los sectores organizados en sindicatos. A esto hay que sumar las privatizaciones y la emigración como factores que modificaron la composición de la clase trabajadora. Hoy contamos con una clase trabajadora en la que los sectores de maquila, informales y de desempleados son la mayoría.

El sector formal industrial es minoritario. La reciente proletarización de estos nuevos sectores debilita la construcción de una conciencia de clase que les permita avanzar en el diseño organizativo, de unidad y de movilización, para enfrentar la crisis del sistema existente y salir de este prolongado letargo. Pero a la vez esto lanza a las filas de la revolución a nuevos sectores, que reaccionan ante la crisis del capitalismo y pasan a la lucha…

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