El significado histórico de Salvador Cayetano Carpio Roberto Pineda

Ponencia presentada en presentación del libro El rostro oculto del Comandante Marcial, realizada  en el Centro Cultural Nuestra América, el 27 de agosto de 2019.

  1. Agradecimiento y felicitaciones

En primer lugar deseo agradecerle a Domingo por permitirme comentar su interesante libro  El rostro oculto del Comandante Marcial. Considero que es importante en este momento de mucha confusión, el buscar en nuestra trayectoria historica los valores y las experiencias que nos permitan enfrentar los complejos desafíos que  se alzan ante los sectores populares y la izquierda en El Salvador.

  • Sobre el papel de la personalidad en la historia

El marxismo nos enseña que existe una estrecha relación entre las personalidades destacadas, los dirigentes y los sectores populares. Si bien el ser social determina la conciencia social, o sea las condiciones sociales determinan las ideas, las visiones de las personas, de los individuos, pero estos a su vez pueden con su práctica y con sus proyectos, ponerse al frente de los acontecimientos e impulsarlos, para transformar la realidad.

Así funciona la dialéctica de la vida y de la historia. Hay personas que por sus capacidades y cualidades excepcionales se convierten en personalidades, aunque actúan en el marco de sus realidades históricas, en el que los sectores populares desempeñan el papel decisivo.

Las personalidades son por lo tanto producto del desarrollo social, del nivel alcanzado por la lucha de clases en determinada sociedad. Reflejan las peculiaridades de su clase o grupo social. Son personalidades destacadas, porque reflejan las demandas históricas, y contribuyen al progreso social. Todo esto fue abordado magistralmente por Jorge Plejanov en su conocida obra “El papel del individuo en la historia.”

Las personalidades inciden fuertemente en los procesos sociales, que se caracterizan por su complejidad contradictoria, por el choque de intereses entre clases opuestas. Las aspiraciones de estas personalidades, sus necesidades, sus luchas, sus fortalezas y debilidades reflejan precisamente este choque de intereses. No podemos explicar la historia exclusivamente mediante la psicología individual sino que debemos remitirnos al conflicto de clases, de fuerzas sociales en pugna. Salvador Cayetano Carpio, sin duda alguna, fue una de estas personalidades.

  • Sobre el libro acerca de Salvador Cayetano Carpio

Es en este marco global que debe ubicarse la trayectoria histórica de Salvador Cayetano Carpio, su destacada participación sindical y militancia política en el Partido Comunista por 25 años y su conducción de las Fuerzas Populares de Liberación por 13 años y el desenlace trágico, inesperado, doloroso de su vida.

El libro de Domingo se divide en diez capítulos y tres anexos. Nos acercan a la década de los sesenta, setenta y ochenta  del siglo pasado, tratan sobre el papel primero de Saúl y luego de Marcial, pseudónimos de Salvador Cayetano Carpio,  con relación al FUAR, al PCS, al movimiento sindical, a las FPL  y al FMLN.

El primer capítulo trata sobre  antecedentes históricos, su captura en 1952 narrada en la clásica obra de su autoría, Secuestro y Capucha. Domingo también rescata del olvido el papel de Ana Rosa Ochoa y su librería Claridad, ubicada en el centro de San Salvador en esa época, y que distribuía literatura marxista.

Salvador Cayetano Carpio nace en Santa Tecla el 6 de agosto de 1918. Se suicida en 1983 a los 64 años de edad. Su papá, de nombre José, originario de Chalatenango, era zapatero, y nunca lo conoció. Su mamá, Marcos Cerro, empleada doméstica, era de Cojutepeque. Su niñez la vive inicialmente con su abuela en el Mercado Central y luego, con monjas.

Y en su temprana adolescencia asiste al seminario de los somascos, el Emiliani, frente a la iglesia de Guadalupe. A los 13 años, siendo un niño,  en respuesta a maltratos huye del seminario y comienza ganarse la vida, en diversos oficios. Como aprendiz de zapatero experimenta los castigos crueles de la época; participa en las cortas de café en santa Ana; luego se va a Guatemala,  ahí se encuentra en 1932; ingresa como aprendiz de panificador y aprende ese oficio en el hospital de Antigua Guatemala.

En 1941, a los 21 años regresa a El Salvador y trabaja en diversas panaderías. En junio de 1943 encabeza una exitosa huelga por aumento salarial y mejores condiciones de trabajo. En 1945 el régimen militar de Salvador Castaneda Castro lo captura por su actividad sindical. Ese mismo año, a los 27 años de edad, ingresa al PCS reclutado por el abogado Toni Vasiliu Hidalgo. Rápidamente asciende en el PCS y se convierte en secretario de organización. Y se esfuerza por reorganizar el movimiento obrero. Es de nuevo capturado en septiembre de 1952 junto con su compañera Tulita Alvarenga. Es liberado en 1956 y parte hacia la URSS a la Escuela de Cuadros y asimismo realiza una estancia en la recién liberada República Popular China. Regresa al país en 1961. Y ahí empieza la historia narrada en el libro.

El segundo capítulo del libro es sobre el Frente Unidos de Acción Revolucionaria, FUAR. El tercer capítulo sobre el V Congreso del Partido Comunista de El Salvador, PCS. El cuarto capítulo sobre la huelga de los panificadores de 1967.  Debo reconocer que es primera vez que escucho sobre este episodio de los rompe dedos.

El quinto capítulo sobre la renuncia de Saúl al PCS, marzo de 1970. El sexto capítulo trata sobre frecuentes cambios de conducta en Saúl. El séptimo capítulo trata sobre la construcción inicial de la unidad revolucionaria.  El octavo capítulo sobre la visión de Marcial sobre la unidad. El noveno capítulo sobre el asesinato de Ana María y el suicido de Marcial. El décimo capítulo trata sobre la Comandante Ana María.

  • Conclusiones

Es importante establecer los principales y valiosos aportes de la práctica política  de Marcial, que abarcaron más de 40 años, y que permitieron hacer avanzar el proceso revolucionario salvadoreño. Entre estos se encuentran los siguientes:

1.27 años (1943-1970) dedicado al fortalecimiento del movimiento obrero.     2. La cárcel y la tortura contra él y su compañera Tulita en 1952 no le hicieron desistir de sus ideas revolucionarias. Se mantuvieron ambos firmes.                                                                                     3. El mérito histórico de identificar la lucha armada como vía principal para la derrota de la dictadura militar.                                                                                                           4. La construcción sacrificada de una poderosa y ejemplar organización político-militar, las Fuerzas Populares de Liberación, FPL Farabundo Martí. Reivindicando el nombre de Farabundo Martí, de la insurrección de 1932.                                                                                               5. La construcción de un poderoso y combativo movimiento de masas, el Bloque Popular Revolucionario, BPR. El más grande movimiento popular de nuestra historia.

Es importante también profundizar sobre las raíces del pensamiento que estuvo a la base de la práctica de Marcial. Considero que el pensamiento de Salvador Cayetano Carpio, de raigambre artesanal, porque esa era su procedencia social, que estuvo influenciado fuertemente por tres visiones: el dogmatismo, el sectarismo y el mesianismo. 

La mezcla explosiva de estas tres visiones le condujo finalmente al asesinato como medio para resolver diferencias políticas.  Este asesinato, el de Melida Anaya Montes, su segunda al mando, lamentablemente, dolorosamente, vino a borrar de tajo una brillante hoja de servicios a la revolución salvadoreña.

El caso de Marcial tiene un parangón histórico, la personalidad de Stalin. Stalin fue de los primeros bolcheviques, vivió la clandestinidad, estuvo desterrado en Siberia, impulsó la industrialización de la Unión Soviética, derrotó a los ejércitos nazis en la Segunda Guerra Mundial, pero a la vez como lo denunció Jruschov en el XX Congreso del PCUS, en febrero de 1956, fue el responsable de múltiples crímenes y violaciones a la legalidad socialista, de los famosos juicios de Moscú, lo que determinó que fuera borrado, eliminado del listado de héroes de la revolución rusa.

Hablamos de dogmatismo refiriéndonos a lo que Marcial -quizás por su formación marxista- consideraba categorías del marxismo como fetiches, como verdades intocables. Partía de una concepción lineal, determinista, mecanicista (necesidad histórica, inevitabilidad del socialismo). Entre estos dogmas se encontraba el de la clase obrera (obrerismo); la alianza obrero-campesina, el papel de vanguardia del proletariado, etc.  Esta situación determinó que él no pudiera avanzar y cambiar, su pensamiento se rezagó con respecto a  la realidad, no tuvo siempre la capacidad de plantear nuevas respuestas ante nuevas situaciones.

El obrerismo fue muy dañino y ya Lenin había explicado que en el seno del partido revolucionario de nuevo tipo desaparecen las diferencias entre obreros e intelectuales y se pasa a ser militantes. Marcial no comprendió esto.

Caracterizamos como sectarismo a que las FPL se presentaban como las únicas dueñas de la verdad revolucionaria, como la indiscutible “vanguardia proletaria”, única organización consecuente y las demás eran “desviadas”, “revisionistas”; “pequeño burguesas”; aparecía como la única con una estrategia correcta: la guerra popular prolongada, etc.

Esta visión sectaria en las FPL fue trasladada a la praxis desarrollada por el Bloque Popular Revolucionario, BPR,  y sus fuerzas integrantes, lo que bloqueó en aquella época cualquier posibilidad de unidad con otros sectores populares y afectó la construcción de alianzas con sectores democráticos. E incluso esta visión sectaria predominó en los primeros años de la Guerra Popular Revolucionaria, allá en Chalatenango.

Algunos de los que estamos aquí y que militamos sea en el PC o en las FPL, vivimos esas experiencias. En mi caso, a principios de  los años setentas, como dirigente de AES, la Asociación de Estudiantes de Secundaria, en esa época, experimenté la frustración por las actitudes sectarias de los compañeros del MERS, del Movimiento de Estudiantes Revolucionarios de Secundaria, hubo muchas huelgas en institutos nacionales que pudimos haberlas hecho conjuntamente y obtenido mejores resultados. Pero el MERS si bien era muy combativo a la vez era muy sectario, en seguimiento a la línea  que recibía.

Y también existió en la conducta política de Marcial, rasgos de mesianismo, particularmente  en los últimos años en los que él construyó alrededor de su persona un enfermizo culto a la personalidad, una alta concentración de poder, y tuvo promotores internos y hasta externos para esto, como el mexicano Mario Menéndez, director del diario Por esto! que lo bautizó como el Ho Chi Minh de América Latina.

En el caso reseñado en el libro del FUAR, por su dogmatismo, Saúl no pudo comprender, a inicios de los años sesenta la necesidad de pasar a nuevas formas de lucha, entre estas la armada y se aferró a la lucha sindical. Fue hasta el final de la década que rectifica esta posición y  se lanza a la lucha armada.

En el caso del V Congreso del PCS de marzo de 1964, en su dogmatismo Saúl en vez de fortalecer al PCS llevando “obreros” a su dirección, asumiendo como secretario general y desplazando a Daniel Castaneda, termina debilitándolo ya que estos vienen a reproducir sus estilos de trabajo artesanal y economicista. 

En el caso de la huelga de los panificadores de 1967, Saúl no toma en cuenta el estado de ánimo de los sectores populares, y se ve obligado a  utilizar métodos de lucha que no vienen a promover mayores niveles de organización y conciencia, sino que generan rechazo y aislamiento.

En el caso de la ruptura del PCS, en los años 69-70 prevaleció una visión sectaria, en la que de manera maniquea se acusaba a un sector de pequeño burgués y derechista, cuando esta fractura pudo haberse evitado y con esto se hubiera hecho avanzar el proceso revolucionario, que luego llevo diez años de agudas polémicas entre una izquierda dispersa, hasta lograr la unidad, la reunificación, en diciembre del 79.

En el caso del proceso de unidad de la izquierda de finales de los 70 y principios de los 80, el sectarismo propiciado por Marcial atrasó pasar a nuevos niveles de unidad en la izquierda salvadoreña, en el FMLN y desembocó en los impensables sucesos de abril de 1983, en los que el principal dirigente de las FPL, Marcial se consideró con el derecho de arrebatarle la vida a la segunda dirigente de las FPL, Mélida Anaya Montes, la Comandante Ana María

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