Homilìa en Exequias de Schafik Handal

HOMILÍA DE MONSEÑOR GREGORIO ROSA CHÁVEZ
EN LAS EXEQUIAS DE SCHAFIK JORGENDAL

Lecturas: Deuteronomio 18, 15-20
Salmo 94
Romanos 14, 7-12
Marcos 1, 21-28

1. Por qué estamos aquí

Es inevitable preguntarnos por qué estamos aquí y responder a la pregunta de por qué se reza, frente a la catedral de San Salvador, por un dirigente político de izquierda. La respuesta es sencilla. Estamos aquí, en primer lugar porque, como dijo Monseñor Rivera cuando un periodista le preguntó por qué propiciaba el diálogo con grupos alzados en armas, respondió: “La Iglesia debe estar abierta a todos porque es madre de todos”. Hoy rezamos por Schafik Handal de la misma manera que, en su oportunidad lo hicimos por otros importantes dirigentes políticos de nuestro país. Ante la majestad de la muerte, todos somos iguales y el único juez justo e imparcial es Dios.

Hay, naturalmente, una respuesta obvia, más inmediata: estamos aquí porque tanto la dirigencia del FMLN, a través de su coordinador, como la familia de Schafik Jorge Handal, lo han solicitado. En un primer momento pidieron a la Iglesia que la misa exequial fuera celebrada en la cripta de esta histórica catedral, junto a la tumba de Monseñor Romero, a lo que el Señor Arzobispo accedió con gusto. Sin embargo, teniendo en cuenta que ese sagrado recinto sería insuficiente para albergar a la multitud que se daría cita hoy, nos pidieron que la misa fuera en esta plaza, frente a la fachada de catedral. Y aquí estamos.

Pero existe otra razón por la cual se han dado cita aquí no sólo personas que militan en las filas del FMLN, sino también salvadoreños y salvadoreñas de distintas opciones políticas, junto a distinguidos invitados e invitadas de diversos países: estamos aquí porque somos un pueblo profundamente religioso que ha venido a hacer una oración por el eterno descanso de Schafik Jorge Handal y por el futuro de El Salvador. Como creyentes, estamos aquí, ante todo para escuchar a Dios a fin de que su palabra ilumine nuestra vida personal y la historia de esta patria tan atribulada.

2. “Ninguno de ustedes vive para sí mismo”

La muerte inesperada de uno de los más importantes dirigentes políticos de El Salvador en el siglo veinte, me recordó la impresionante experiencia que viví, en la madrugada del 26 de noviembre de 1994, cuando asistí a los últimos momentos de otro gran luchador, Monseñor Arturo Rivera Damas. Ambos murieron sin avisarnos previamente, fulminados por un ataque al corazón. Ambos creyeron, como reza el lema del Foro Social Mundial, que “otro mundo es posible”. Y ambos murieron, luchando –cada uno desde su propia perspectiva- por los ideales en los que creían profundamente.

Schafik terminó su largo e intenso peregrinar por este mundo cuando llegaba de un emotivo viaje de Bolivia, ese sufrido país que, como afirman los obispos bolivianos, entra en una fase de gran esperanza y responsabilidad. El tenía la intención de llegar a su casa para continuar su lucha, pero el Señor le llamó a su presencia, desde donde ahora contempla la vida y la muerte en su solemne y plena verdad. Por eso hemos escogido como segunda lectura, el hermoso texto de la carta de San Pablo a los Romanos, donde leemos: “Ninguno de ustedes vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: en la vida y en la muerte somos del Señor. Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos”. La vida es un don y es una tarea; la vida es una misión y una responsabilidad de la que todos y cada uno daremos cuenta al final de nuestro caminar.

3. “El Señor Dios te suscitará un profeta como yo”.

Las lecturas de este domingo hablan del profeta, del profeta que Dios anuncia en el Antiguo Testamento y del gran profeta Jesús. Con gran emoción hemos escuchado esa promesa que se cumplió en la persona de Monseñor Romero, cuando Moisés habla al pueblo diciendo: “Suscitaré un profeta de entre tus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas”.

Sí, hermanos, somos un pueblo afortunado. Lo reconocemos con gozo y gratitud en esta misma plaza donde, un domingo de Ramos, enterramos precipitadamente a Monseñor Romero y donde cada año nos reunimos en el aniversario de su martirio. Los profetas son grandes y son imprescindibles porque son libres y nos comunican el proyecto maravilloso de Dios, un proyecto que diseña el perfil de un mundo nuevo en el que reinarán la santidad y la gracia, la verdad y la vida, la justicia, el amor y la paz.

4. “¿Qué es esto? Este hablar con autoridad es nuevo”.

Pero Monseñor Romero es grande como profeta porque fue un ejemplar discípulo de Jesús. Todos conocemos las palabras tan bellas que él nos dejó para expresar esta idea: “Todos los que predican a Cristo son voz, pero la voz pasa, los predicadores mueren. Juan Bautista desaparece, sólo queda la Palabra. La Palabra queda y ese es el gran consuelo del que predica. Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo, quedará en los corazones que la hagan querido acoger”.

Sí, el profeta por excelencia es Jesús. El nos trae la palabra definitiva del Padre. Pero no sólo eso: él es el Evangelio del Padre, la palabra encarnada de Dios. En él coinciden el mensaje y el mensajero. Es la total coherencia. Nada lo puede superar. Por eso la multitud, como nos lo cuenta hoy el evangelio, quedó asombrada de su enseñanza y se preguntaba: “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”.

Quisiera concluir la parte bíblica de la homilía evocando una estampa de la primera visita papal a El Salvador. El Santo Padre, durante la misa, nos exhortó a poner fin a la guerra mediante el diálogo. Con palabra vehemente nos llamó asimismo a la reconciliación. Y nos dijo cómo lograrlo: “Con una verdadera conversión a Jesucristo. Con una reconciliación capaz de hermanar a cuantos hoy están separados por muros políticos, sociales, económicos e ideológicos”.

Al año siguiente se iniciaba el diálogo en La Palma. Monseñor Rivera lo recuerda con emoción en su Diario, que aún no se ha publicado:
“El camino presentaba largas caravanas de vehículos con mucha gente con rostros alegres y banderas blancas. La Palma estaba llena de gente y de centenares de periodistas nacionales y extranjeros. A las diez de la mañana se inició la reunión… Se trabajó por cinco horas en un ambiente sereno y positivo. Nunca se alteraron los ánimos… El regreso fue imponente. Había unos tres kilómetros de vehículos. Dios sea bendito por este día de tanto significado por nuestra vida institucional y para la Iglesia.”

5. Memoria y compromiso

Hoy es un día para hacer memoria y para mirar juntos el futuro. En una entrevista televisiva un conocido periodista preguntó a Schafik cómo quería ser recordado. Y el veterano líder político respondió:

“Como lo que he sido. Yo no prefiero que se me hagan elogios infundados o que en torno mío se tejan ditirambos. Yo soy enemigo de eso”.

“Si me van a recordar que me recuerden exactamente como he sido. Como un luchador cuya bandera principal que siempre empuñó es la bandera de la democracia en el país, para abrir al pueblo salvadoreño la posibilidad de decidir por sí mismo.

“Ese ha sido el hilo conductor de toda mi lucha, desde que me incorporé a los trece años…”

“Otra faceta de mi vida política ha sido la de promover el acercamiento y el entendimiento entre distintos sectores y fuerzas que coincidimos en ese propósito de democratizar el país, de darle al pueblo salvadoreño la oportunidad de vivir y prosperar en su tierra con su trabajo”

Schafik murió un día antes de que el Papa Benedicto XVI diera a conocer su primera encíclica. Estoy seguro de que él estaría de acuerdo con estas palabras del Santo Padre sobre la política:
“Es cierto que una norma fundamental del Estado debe ser perseguir la justicia y que el objetivo de un orden social justo es garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiaridad, su parte delosbienes comunes”
(Enclíca “Deus caritas est”, 26).

Y en el número siguiente, añade: “En la difícil situación en la que nos encontramos hoy, a causa también de la globalización de la economía, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicación fundamental, que propone orientaciones válidas mucho más allá de sus confines: estas orientaciones –ante el avance del progreso- se han de afrontar en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo” (Ibid., 27).

Por eso la Iglesia ha expresado reiteradamente su profundo aprecio por la acción política. Cito nuevamente a Benedicto XVI:
“La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética” (n. 28).

Estar reunidos esta mañana, en la presencia de Dios, es un compromiso, el compromiso de construir juntos, ejerciendo conscientemente la ciudadanía, un mundo justo, fraterno, solidario y abierto a Dios.

Que descanse en paz Schafik Jorge Handal.

Y que juntos construyamos ese mundo nuevo transformándonos realmente en mujeres y hombres nuevos. Cristo, el profeta de Dios, el hombre nuevo por excelencia, nos acompaña en nuestro compromiso con la historia.

San Salvador, 29 de enero de 2006.

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