Jacob es explotado por Labàn

JACOB ES EXPLOTADO POR LABAN

Reflexión sobre Génesis 29, 30,31

La explotación de un ser humano por otro ser humano surge cuando el afán de ganancia se apodera de nuestro corazón. Y cuando acumular riquezas se convierte en el rumbo que marca nuestras vidas. Es entonces que surge la opresión y es entonces que surge también la resistencia. De la senda del dolor surge la lucha y del camino de la lucha la esperanza. Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.

Y en la historia de la humanidad los inmigrantes han sido de los sectores más explotados y oprimidos. Es una historia de sufrimiento. Muchos de ellos y de ellas se han visto obligados a abandonar a sus familias por muchos años, incluso por toda la vida. Y esta separación ha conducido muchas veces a la destrucción de los lazos familiares.

Y al país que llegan se les obliga a vivir hacinados, a aceptar sueldos miserables, labores peligrosas, sin ningún tipo de seguros, a vivir con el temor de ser delatados, a sufrir humillaciones y castigos, al abandono y el miedo. El abuso de los poderosos se convierte en el pan de cada dìa de los inmigrantes, que se aprovechan de su situación de extranjeros e indocumentados.

Y los inmigrantes son víctimas hasta de sus propios familiares y compatriotas. El afán de acumular riquezas envenena los corazones de todo el mundo. Y la explotación se convierta en la vía para amasar riquezas. Y esta experiencia de opresión y explotación fue vivida por los patriarcas hebreos, por Abraham, por Isaac y por Jacob. En el caso de Jacob este es explotado por su mismo tío y suegro Labàn.

En el capítulo 28 del Génesis se nos relata que Jacob aconsejado por su madre Rebeca huye hacia Harán para escapar de las amenazas de su hermano Esaù. Al llegar a Harán conoce y se enamora de su prima, la pastora Raquel. Cuando Laban se entera de la presencia de Jacob salió corriendo a recibirlo, lo abrazó, lo saludo con un beso y lo llevó a su casa. Y le dijo: verdaderamente tú eres uno de mi propia sangre.

Luego del primer mes que estuvo allí trabajando, Laban lo llamó a Jacob y le dijo: no vas a trabajar para mí sin ganar nada solo porque eres mi pariente. Dime cuanto quieres que te pague. Bajo un argumento supuestamente de justicia Laban establecía relaciones salariales con Jacob y abandonaba de hecho las relaciones familiares, en las que no media la paga sino la identidad familiar, comunitaria. Aunque era de su propia sangre iba a explotarlo como a cualquier otro.

La respuesta de Jacob pone en evidencia su interés de fortalecer el lazo familiar sobre el salarial ya que le responde que por Raquel, tu hija menor, trabajaré siete años para ti. Y así Jacob trabajo por Raquel durante siete años. Y entonces Laban hizo una fiesta de bodas pero por la noche Labàn tomo a Lea, su otra hija, y se la llevó a Jacob, y Jacob durmió con ella. Jacob fue engañado por Labàn.

Y ante el justo reclamo de Jacob, Labàn revela sus verdaderas intenciones: explotarlo por otros siete años. Le dice: aquí no acostumbramos que la hija menor se case antes que la mayor. Cumple con la semana de bodas de Lea y entonces te daremos también a Raquel si es que te comprometes a trabajar conmigo otros siete años. Laban deseaba explotar a Jacob por siete años más. La lógica de la explotación conducía sus pensamientos y actos.

Jacob aceptó. Y de estas mujeres, de Lea y de Raquel, así como de sus esclavas Zilpa y Milha, nacieron doce hijos que luego simbolizarían las doce tribus de Israel. Después que Raquel dio luz a José, Jacob dijo a Labàn: déjame regresar a mi propia tierra. Dame mis hijos y mis mujeres, pues por ellas he trabajado contigo, y déjame ir. Tu bien sabes como he trabajado para ti.

Jacob desea librarse de la explotación que sufría bajo Labàn. Laban pretende mantener la situación existente que le producía grandes ganancias. Labàn le respondió: por favor, quédate conmigo. Dime cuanto quieres ganar y te lo pagaré. Jacob argumenta que ha sido un trabajador fiel pero que necesita trabajar para su familia. Labàn insiste: ¿cuanto quieres que te pague?

Jacob le propone un trato: no me pagues nada. Volverá a cuidar a tus ovejas si permites pasar por tu rebaño y apartar a todos los corderitos negros y a los cabritos manchados y moteados. Ellos serán mi salario. Jacob decide romper con la relación salarial y convertirse en dueño de rebaño.

Labàn en su afán de mantenerlo, aceptó la propuesta a la vez que tomó medidas para evitar que se realizara. Recogió todos los cabritos y ovejas manchadas y se los dio a sus hijos para que se los cuidaran. Jacob por su parte, se aseguró de lograr ovejas y cabritos manchados con las ovejas de Labàn que cuidaba. E incluso logró que los animales más flacos fueran para Labàn y los más gordos para él.

Y la situación cambió, porque por esta vía Jacob se hizo muy rico y llegó a tener muchas ovejas, esclavos, esclavas, camellos y asnos. Y la situación de explotación fue trasformada en una situación de rivalidad entre ganaderos. Los hijos de Labàn andaban diciendo que Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre y con eso se ha hecho rico. Y Labàn ya no lo miraba con buenos ojos. Antes era el refugiado que llegó a pedirle posada y que aceptó ser explotado. Ahora era un ganadero que competía en sus dominios.

Y en una aparición fugaz el Señor le dijo a Jacob: regresa a la tierra de tus padres donde están tus parientes, y yo te acompañaré. Y Jacob manda llamar a Lea ya Raquel para discutir la situación. No les ordena que lo acompañen. Discute la situación y les explica como ustedes saben muy bien que yo he trabajado para su padre y que él me ha engañado y continuamente me ha cambiado el salario. Ellas les responden que nosotras ya no tenemos ninguna herencia en al casa de nuestro padre. Al contrario, nos trata como si fuéramos extrañas. ¡Hasta nos vendió y se aprovecho de lo que le pagaste por nosotras!

Nos enseña Marx y Engels que la burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares. Y este proceso tiene raíces antiguas. Es lo que sucedió en esta historia de Jacob y Labàn. Labàn abuso de Jacob y utilizó a sus hijas para incrementar su patrimonio.

El testimonio de Jacob es un testimonio de lucha y esperanza. Jacob nunca abandonó la idea de resistir y lo hizo de diversas maneras. Trabajando catorce años para construir una familia. Enfrentando las estrategias fraudulentas de su patrón y suegro. Y finalmente huyendo de la situación de explotación. En cada una de estas situaciones el Dios de la Justicia acompañó a Jacob. El Dios de la Justicia nos sigue acompañando. Acompaña a los inmigrantes de todo el mundo que se preparan para ingresar a las ciudadelas de los imperios. Acompaña a la resistencia libanesa y palestina Acompaña a los que sufren y luchan. Amén.

Rev. Roberto Pineda

Iglesia Luterana Popular de El Salvador

San Salvador, 30 de julio de 2006

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