La fe que salva

Tercer Domingo después de Pentecostés

Objetivos:

Descubrir que Dios esta siempre cercano a los pecadores/as

Comprender que como pecadores/as necesitamos del perdón de Dios

– Leer Lucas 7. 36 – 8. 3

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Para orientar la reflexión

Algunos fariseos eran de escasos recursos económicos y otros muy ricos, pero todos tenían en común la idea de considerarse la comunidad de elegidos de Dios y eso como resultado de que cumplían las leyes y las costumbres religiosas, por eso se consideraban los elegidos de Dios

El fariseo que invito a Jesús parece no tener mucha atención como anfitrión, pues no hizo los gestos de recibimiento y atención acostumbrados a un invitado en aquellos tiempos y lugares, por lo que Jesús puede comparar su actitud con la mujer que enjuga sus pies ¿Cómo y porque actúan estas dos personas? ¿Qué les motiva el acercarse a Jesús?

Probablemente aquel fariseo invita a Jesús por curiosidad, por la fama que se estaba corriendo de los milagros que hacia y por sus mensajes, probablemente antes de invitarlo le escucho hablar y al igual que aquella mujer se siente impresionado por la sabiduría de Jesús

A invitaciones como las narradas en el Evangelio, era posible asistir sin ser invitado específicamente, en ocasiones los curiosos podían acercase a los invitados

El hecho que Jesús no “adivinara” parece que le provoca inquietud al fariseo, ¿como es posible que siendo tan inteligente no se de cuenta que es una prostituta la que le esta enjugando los pies? quizás se preguntaba, este fariseo no se daba cuenta de que Jesús era mas que profeta y tenia la sabiduría de Dios, conociendo tanto los pensamientos del fariseo como de la mujer

La mujer que unge los pies de Jesús no es Maria Magdalena, es otra mujer, que seguramente alcanzada en su corazón por las palabras y actitudes de Jesús, se arrepiente, busca y encuentra consuelo en Jesús

Las prostitutas estaban en la parte mas baja de la estructura social del tiempo de Jesús, marginadas, despreciadas, Jesús subvierte este estado de relaciones, las coloca como ejemplo de contar con una actitud abierta a su mensaje liberador y como de las primeras entre los destinatarios del reino (Mt. 21. 32)

No debe hablarse mucho con una mujer en la calle, rezaba un dicho conocido por los maestros, no precisamente con una prostituta, que ya era peor, sino simplemente con una mujer

Jesús contaba con una gran capacidad de ser amigo y dar esperanzas a quienes por ser menos apreciados pierden mucho de su autoestima, se desprecian a si mismos, él les ayudaba a recuperar su autoestima

Rompió en varias ocasiones las costumbres de su tiempo y trato muy bien a las mujeres de “mala reputación”, en ocasiones repetidas daba ha conocer que Dios esta interesado por los pecadores y que estos están mas cerca de Dios que los que se jactan de conocer y vivir según la ley

En nuestro tiempo de cierta manera continúan existiendo personas que son como los fariseos del tiempo de Jesús: se consideran de buenas familias, decentes, con educación superior al resto y en algunos casos por el dinero que tienen o aparentan tener, se consideran superiores, de más valor que las demás personas. Tambien puede ocurrir que personas en la comunidades se sientan superiores o con mas derecho por el tiempo que tienen en la comunidad de fe o por ser familia de alguien que esta en la estructura de la organización comunitaria

Ante estas actitudes Jesús nos enseña que eso es una falsedad, él conoce las verdaderas intenciones, los pensamientos secretos y las virtudes cristianas no son esas actitudes falsas y aparentes sino las evidentes actitudes de solidaridad e igualdad entre los seres humanos

Recordemos que actitudes que marginen no son coincidentes con el reino y que mas que ayudar, dañan la comunidad y nuestro desarrollo personal

Jesús con su actitud con aquella mujer pecadora nos enseña que debemos respetar a todas las personas, principalmente aquellas a las que una parte de la sociedad las hace parecer y sentirse menos que todos los demás

Con la parábola que le cuenta Jesús al fariseo intenta enseñarle que el “pecador/a” sabe realmente lo que es perdón y por eso es agradecido ante el perdón, aquellos/as que son orgullosos y que no se sienten pecadores difícilmente serán agradecidos, quien se cree superior y mejor que los demás no entiende la alegría que provoca ser perdonado

Lutero decía que somos al mismo tiempo santos/as y pecadores/as. Santos por ser perdonados y santificados por el gran amor de Dios y pecadores porque no podemos considerarnos los mejores, sino los que necesitamos todo el tiempo de Dios, de su amor, acompañamiento y de su perdón

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