La guerra del agua de Cochabamba

LA GUERRA DEL AGUA DE COCHABAMBA:
Carlos Crespo Flores (10/04/2003 17:08)
CINCO LECCIONES PARA LAS LUCHAS ANTI NEOLIBERALES EN BOLIVIA

En Abril del 2000, durante casi una semana el poder del Estado prácticamente desapareció en el valle de Cochabamba; la ciudad estaba tomada por la multitud y las carreteras totalmente bloqueadas, a pesar del estado de sitio decretado. El Estado estaba asustado con la impronta cochabambina, y tuvo que retroceder, accediendo a la demanda de anulación del contrato de concesión con el consorcio transnacional “Aguas del Tunari” y la modificación de la Ley de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario. Luego de quince años de neoliberalismo, un movimiento social urbano rural había logrado detener la estrategia de disciplinamiento capitalista desplegada con el ajuste estructural.

El presente texto destaca algunos aspectos que pueden convertirse en referentes inspiradores a futuros movimientos sociales en la resistencia al neoliberalismo, y analiza sus potencialidades como dispositivos de resistencia. En la primera parte se realiza una breve reconstrucción de los principales hechos, desde los primeros movimientos contra la privatización del agua, hasta culminar en la salida del consorcio del país. En la segunda parte se presentan cinco lecciones que podemos aprender del movimiento de Cochabamba, para dotar a las luchas anti neoliberales de mayor eficacia y de contenidos anti autoritarios y autónomos.
1. “AGUAS DEL TUNARI, GO HOME”; UNA RESEÑA DEL CONFLICTO

Aunque el valle de Cochabamba, particularmente los campesinos regantes, posee una tradición de luchas regionales en la defensa de derechos de agua , las causas inmediatas para la “Guerra del Agua” fueron dos, la aprobación en el Parlamento de la Ley de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario (septiembre 1999) y la concesión de la empresa municipal de agua (SEMAPA) y un megaproyecto de agua para usos múltiples (Misicuni), al consorcio transnacional “Aguas del Tunari” (octubre 1999).

En junio de ese año ya se había organizado el “Comité de Defensa del Agua y la Economía Familiar”, con participación de ecologistas, agrupaciones vecinales, colegios de profesionales, frente al anuncio de la Concesión. El mismo mes, el Banco Mundial publicó un reporte sobre el Gasto Publico en Bolivia, enfatizando la importancia de una Ley de Agua Potable para garantizar la transferencia de la administración del agua potable al sector privado y la necesidad de eliminar subsidios en el sector.

En septiembre la Superintendencia de Aguas otorgó la concesión al consorcio internacional “Aguas del Tunari”, compañía creada en las Islas Caiman, un paraíso fiscal, con un capital de apenas 2500 US$, compuesta por International Water UK, una filial de la compañía norteamericana Bechtel, con 55% de las acciones, Abengoa, de España con 30% y un grupo de empresas bolivianas, una de ellas ligada al gobierno actual. Pocas semanas después, en una sesión maratónica, el Parlamento aprobó la Ley de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario No 2029. Inmediatamente, organizaciones populares, como la Federación Departamental de Regantes (FEDECOR), el Comité de Defensa del Agua y organizaciones ambientalistas hacen conocer sus observaciones:

– La Ley no respeta los sistemas tradicionales de manejo del agua, basados en Usos y Costumbres – Prohibición de funcionamiento a sistemas alternativos de distribución de agua, en áreas de concesión de las ciudades (asociaciones, comités, cooperativas de agua) – Monopolio a concesionarias en áreas de concesión – Reducción de competencias a municipios para fijar tarifas y otorgar concesiones – Concentración de poder en la Superintendencia de Aguas – No participación ciudadana en la fijación de tarifas, indexadas al dólar americano – Aplicación del principio de “full costs recovery” (recuperación total de costos) en la fijación de tarifas

En Noviembre de 1999 se llevó a cabo el primer bloqueo campesino y de regantes en las vías de acceso a la ciudad de Cochabamba. Posteriormente se organizó la “Coordinadora Departamental del Agua y la Vida”, con la participación de la FEDECOR, el Comité de Defensa del Agua, organizaciones de trabajadores, estudiantes, maestros, organizaciones vecinales barriales, ambientales, entre otros.

Luego del Año Nuevo, se organizó un nuevo bloqueo regional, esta vez convocado por la Coordinadora, contra la Ley 2029 y la Concesión, particularmente el incremento en las tarifas del agua potable, establecido por la concesionaria. La policía reprimió violentamente las movilizaciones urbanas, pero se logró un acuerdo para modificar ambos documentos. En febrero del 2000, la Coordinadora organizó la llamada “Toma Simbólica de la Ciudad de Cochabamba”, para demandar pacíficamente cinco puntos:

– Anulación de la Ley de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario – Anulación de reglamentos que hicieron posible la Concesión – Anulación del Contrato con “Aguas del Tunari” – Renuncia del Superintendente de Aguas – Consenso con todos los sectores sociales en la Ley del Recurso Agua

El gobierno reprimió violentamente la movilización urbana, pero esta continuó, junto con los bloqueos de los regantes, con un saldo de 22 heridos, más de 100 detenidos, y un acuerdo, bajo mediación de la Iglesia y el Defensor del Pueblo, estableciendo la revisión del Contrato con “Aguas del Tunari”, la modificación de la Ley de Agua Potable y Alcantarillado con participación de campesinos, regantes y organizaciones urbanas distribuidoras de agua y la suspensión del incremento tarifario mientras continúen las negociaciones.

Durante las negociaciones de la Ley, la FEDECOR y la Coordinadora lograron hacer modificar casi la mitad de los artículos, hecho inédito en la historia judicial del país; pero en la negociación del Contrato de Concesión no hubo avances, pues el gobierno se empeñaba en mantener la Concesión, y luego de una semana, la Coordinadora decidió retirarse.

El mes de marzo la Coordinadora organizó un Referéndum, denominado “Consulta Popular” donde se preguntó a la población si estaba de acuerdo con rescindir el Contrato con “Aguas del Tunari” y la modificación de la Ley 2029. A pesar de la escasa difusión, la participación fue masiva; más del 90% de los votantes apoyaron las acciones de la Coordinadora. Con este respaldo, la Coordinadora convocó a la llamada “batalla final”, demandando que Aguas del Tunari abandone el país. Desde el 4 de abril la ciudad fue prácticamente tomada por la multitud durante una semana y el bloqueo de carreteras paralizó al departamento. Hubo enfrentamientos con la policía y el ejército, con un saldo de 1 muerto y 30 heridos. Se declaró el estado de sitio, pero las movilizaciones continuaban. El 10 de abril casi 50000 personas estaban en la Plaza Central de Cochabamba esperando la decisión del gobierno. El gobierno anunció la cancelación del contrato con “Aguas del Tunari”. La Coordinadora declaró la victoria, bajo el lema: “el agua es nuestra, carajo!”.

Actualmente la empresa ha vuelto a su condición original (empresa municipal descentralizada) y existe una discusión sobre la nueva forma de administración; el gobierno está empeñado en convocar a una nueva licitación para su concesión a una compañía privada. Por otro lado, la Coordinadora esta discutiendo con el gobierno los reglamentos de la nueva Ley de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario, e intentando frenar la estrategia privatizadora.

II. LAS MORALEJAS DE LA GUERRA DEL AGUA
En el movimiento de Cochabamba encontramos cinco temas que deben ser considerados por futuros movimientos sociales en la resistencia al neoliberalismo en Bolivia; primero, la articulación entre la escala local y global de las resistencias; segundo, la importancia de introducir formas de protesta que permitan un acceso efectivo a los media; en tercer lugar, el valor de la información como dispositivo de resistencia; el cuarto aspecto se refiere a la necesidad de reivindicar una ética del bien común y el apoyo mutuo en la resistencia anti neoliberal; por último, la recuperación de la democracia como mecanismo para construir una sociedad autónoma.
Articulación Local y Global

Hoy, el capitalismo global no solo carece de centro, es móvil y flexible, sino que además el Estado está perdiendo muchas de sus características soberanas (Hardt y Negri 2000), por tanto la resistencias anti capitalistas deben imaginar dispositivos que tomen en cuenta estas nuevas condiciones; una de ellas es la necesidad de articular las luchas locales a las globales. Si la soberanía del Estado – nación está en crisis, pues las decisiones cada vez más son tomadas en una escala transnacional, los movimientos sociales, para que sus luchas sean eficaces frente al Poder, no pueden circunscribirse a la escala local.

En Abril del 2000, durante las protestas antiglobalización capitalista en Washington, Oscar Olivera, portavoz de la Coordinadora fue recibido como heroe, pués veían en el movimiento de Cochabamba un ejemplo de resistencia exitosa a las transnacionales y el gran capital, la evidencia de que es posible una lucha anti neoliberal victoriosa. Como fué posible que una lucha regional, en un área desconocida por gran parte del mundo, se convierta en un referente de las luchas anti globalización capitalista en el mundo?

A medida que se conocían mayores detalles del contrato y se radicalizaba el movimiento, la Coordinadora fue ligando la privatización del agua en Cochabamba con las tendencias mundiales de apropiación de los recursos hídricos por parte de las compañías transnacionales, con el apoyo de los organismos multilaterales. Asimismo, gracias a un manejo novedoso de las nuevas tecnologías de información, supo relacionarse con activistas de países del Norte, vinculados a luchas antiglobalización, particularmente en momentos de crisis y represión, buscando solidaridad con la causa cochabambina. Este hecho ha sido novedoso para las luchas sociales bolivianas, pues ha abierto nuevas posibilidades de resistencia articuladas a las luchas antiglobalización capitalista en el mundo.
Manejo de los Media y Formas Novedosas de Protesta y Resistencia

Las luchas sociales en Bolivia, desde la Revolución de 1952, han estado inspiradas por las formas de protesta y resistencia alrededor de la Central Obrera Boliviana (COB), organismo matriz de los trabajadores bolivianos, fundamentalmente la huelga general, y de la Confederación Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSTCB) y sus tácticas de bloqueo de caminos (García Linera 2000; Zavaleta Mercado, 1986). Estos dispositivos se enmarcaban en la tradición insurreccionalista de los movimientos sociales bolivianos (Cossio 2000).

El movimiento de la Coordinadora, si bien recupera estas formas “clásicas” de protesta, particularmente el bloqueo de caminos y la huelga general, estas fueron reinventadas dentro otros elementos novedosos de protesta y acción directa, caracterizados por su espectacularidad, de gran impacto en los medios de comunicación, característica de los movimientos sociales en las nuevas condiciones en las que se despliega el capitalismo global (Castells 1997:12) . Entre las más importantes se pueden citar: la convocatoria a la “toma simbólica de Cochabamba”, “quema pública de facturas de agua” en la plaza de Armas, “graffitis” en las paredes de la ciudad, “mítines de protesta” los días martes en la Plaza de Armas, la “Consulta Popular”, el “cerco de la Prefectura” por la multitud o la “concentración festiva de Carnaval”.

Al inicio del conflicto, la Coordinadora constituía un actor ignorado por el Estado, los medios de comunicación y el sistema político en general; pero estas acciones obligaron a los demás sectores a reconocer al movimiento, logrando que la Coordinadora tenga una gran presencia en los medios de comunicación, y mostrando un manejo diferente de los medios a los que están acostumbrados los movimientos sociales en Bolivia.

Vivimos en una época en la cual los medios de comunicación constituyen sujetos: “si no apareces en la televisión no existes”, parece ser el lema dominante; gracias a las acciones espectaculares desarrolladas por la Coordinadora, el movimiento de Cochabamba se convirtió en un sujeto apetecido por los medios, permitiendo difundir las demandas regionales no solo en el ámbito nacional sino también en escala global; fue de esta manera que los movimientos anti-globalización capitalista se enteraron de la resistencia de la población cochabambina a la privatización del agua.

Los medios de comunicación se vieron sorprendidos y seducidos ante las acciones espectaculares realizadas por el movimiento, e informaban a la población constantemente sobre los hechos.

Por otro lado, se observó una novedosa utilización de las nuevas tecnologías de información: fax y correo electrónico para enviar y recibir mensajes, celulares para comunicación entre los líderes del movimiento (urbano y rural) durante momentos de bloqueos y enfrentamientos con la policía, información en páginas web para denunciar la situación, recuperación de información de la web para argumentar en las negociaciones y contar con noticias actualizadas sobre la problemática y redes de solidaridad en la web. En fin, seguramente la guerra del Agua de Cochabamba constituye la primera revuelta en la era del Internet, en Bolivia.
Acceso a Información

A Noam Chomsky le preguntaron que tipo de acciones debe realizar la gente para reclamar mas democracia y espacio público frente al gobierno y las corporaciones; Chomsky respondió que lo primero es saber qué es lo que sucede, esto es información, sin ello no se puede hacer mucho, “es imposible oponerse…si no sabes si existe” (Chomsky s/f:4).

Otra lección de la guerra del Agua, fundamental para las luchas anti neoliberales es el gran conocimiento de la Ley de Aguas Potable y Alcantarillado Sanitario y el Contrato de Concesión, mostrado por la Coordinadora; los representantes y asesores de la Coordinadora habían estudiado en detalles ambos documentos , además que contaban con el conocimiento tradicional de los campesinos regantes en el manejo del agua, permitiéndoles desentrañar la lógica de la privatización del agua, desnudar sus contradicciones y alcances, visibilizar la escasa transparencia del proceso, y plantear propuestas alternativas.

Pero al mismo tiempo el conflicto emergió como demanda por mayor información y transparencia; gracias a la movilizaciones, la Coordinadora tuvo acceso a información, previamente considerada “confidencial”, y así pudo exponer con mayor claridad y firmeza sus argumentos. Asimismo la Coordinadora impugnó, tanto las cláusulas de confidencialidad del Contrato, que impedían el acceso público a información importante, como ser el modelo financiero y la estructura tarifaria, así como la centralización de información en la autoridad regulatoria del agua (la Superintendencia).

La Defensa del Bien Común

En el fondo el neoliberalismo es una estrategia política orientada a destruir las estructuras comunitarias, basadas en el bien común, la solidaridad y el apoyo mutuo, valores sociales opuestos a la disciplina individualista del mercado (Bourdieu, 1998). El Ajuste Estructural boliviano no solo debilitó a las organizaciones populares, particularmente a la otrora poderosa Central Obrera Boliviana, sino también está minando la existencia de los sistemas comunales y/o asociativos de acceso a los recursos naturales y sus servicios, promoviendo la lógica individualista del capital, considerando estos recursos como bienes económicos, susceptibles de ser comercializados en el mercado. Por su parte, la privatización de los servicios públicos está introduciendo principios de mercado en su administración, como la “recuperación total de costos”, y convirtiendo a los usuarios de los servicios en clientes.

La Guerra del Agua puso en tela de juicio esta estrategia de normalización neoliberal. La lucha contra la privatización del agua en Cochabamba estuvo basada en la defensa de lo comunal/asociativo en el uso y acceso al agua, y el carácter público, sin fines de lucro, de los servicios de agua potable y saneamiento. Los campesinos regantes defendían los diversos y complejos sistemas de manejo comunal del agua, en muchos casos con normas y rituales provenientes de épocas pre-republicanas (los “usos y costumbres” en el agua), basados en criterios de equidad en el acceso al recurso, y cuestionaban que una compañía transnacional lucre con un recurso considerado vital . En suma, el movimiento de Cochabamba enseñó la importancia del “bien común y el apoyo mutuo” como valores éticos en la lucha anti neoliberal.
Democracia

“El problema de fondo es quien decide sobre el presente y el destino de la población, los recursos, el trabajo y las condiciones de vida. En relación al agua, nosotros queremos decidir por nosotros mismos: a eso llamamos Democracia”, expresaba la Coordinadora en uno de sus documentos.

La idea de la democracia como capacidad de la sociedad para decidir por sí mismos, es otra lección de la Guerra del Agua cochabambina. Este hecho tiene mayor relevancia si se toma en cuenta que históricamente la recuperación de las libertades democráticas en Bolivia han sido producto de las luchas del pueblo boliviano contra las dictaduras militares, antes que concesiones del Estado y las clases dominantes.

En los 15 años de Ajuste Estructural, se implementó un proceso de normalización política, a través de la institucionalización de la democracia liberal representativa como procedimiento y referente de la cultura política boliviana, y excluyendo otras prácticas democráticas, comunalistas y/o asambleístas, vigentes en gran parte de la sociedad boliviana.

A su vez, la privatización de los servicios de agua potable en Bolivia constituye fundamentalmente un proceso político, en el cuál los poderes del Estado, las agencias de cooperación y las instituciones políticas nacionales han sido desplegadas, para alcanzar este objetivo, debilitando en el proceso determinados derechos democráticos relacionados con la participación ciudadana en la gestión del agua y sus servicios, el acceso público y la transparencia (“accountability”) en la información acerca de las empresas concesionarias, y el control social de sus actividades.

La Guerra del Agua escarbó la posibilidad de dotar a la democracia de su original sentido anti autoritario: como dispositivo y fuerza creativa de la multitud (Hardt y Negri 2000), para construir una sociedad autónoma (Castoriadis 1996). El movimiento de Cochabamba ha mostrado la voluntad ciudadana por tomar decisiones, particularmente en temas que están íntimamente relacionados con su vida diaria, su subsistencia, y el agua es uno de ellos; la gente desea ser protagonista en la definición de políticas y no solamente ser víctima de ellas; ellos quieren fiscalizar las acciones de sus gobernantes y las compañías privadas, hoy dueñas de los servicios públicos, y no sufrir solamente sus efectos perversos producto de medidas inconsultas: corrupción, autoritarismo y pobreza. Como decía otro representante de la Coordinadora en una concentración: “…no queremos que nos traigan planes prefabricados o que cuatro empresarios se reúnan para decidir qué vamos a hacer; son ustedes y nosotros, todos en conjunto que vamos a solucionar el problema de agua en Cochabamba…” (Saul Soria, discurso del 1ro mayo 00).

BIBLIOGRAFIA

BOURDIEU, Pierre (1998) Utopia of Endless Exploitation. The Essence of Neoliberalism, December, Le Monde Diplomatique.
CASTELLS, Manuel (1997) La sociedad de la Información, Vol I. Alianza: Madrid
CASTORIADIS, Cornelius (1996) La Democracia como Procedimiento y Como Regimen. Iniciativa Socialista, no 38.
COSSIO, Carlos (2000) La COB y la imagen del poder; Cochabamba: inédito.
CHOMSKY, Noam (s/f) A Corporate Watch Interview with Noam Chomsky. http://www.corpwatch.org/trac/feature/microsoft/chomsky.html
CRESPO, Carlos (1999). “El conflicto por la perforación de pozos en Vinto – Sipe Sipe”, en Crespo, C y Orellana, R. Conflictos Ambientales. Dos casos: agua y territorio. CERES: Cochabamba.
HARDT, M. y NEGRI, A (2000) Empire. Harvard University Press: Cambridge, London.
ZAVALETA MERCADO, Rene (1986) Bolivia hoy, Siglo XXI editores: México D.F.

NOTAS

1. Desde los 70´s, y agudizado en los 90´s, sectores rurales habían resistido a la perforación de pozos por parte de la entonces empresa municipal de agua, por los impactos ambientales que suponían, además de la reducción en el acceso a fuentes superficiales (Crespo 1999).

2. “[…] El vigoroso impacto de cada uno de estos movimientos ha obedecido, en buena medida, a su presencia en los medios de comunicación y a su uso efectivo de la tecnología de la información”, para ello se recurre a la experiencia anarquista francesa del 68, la “acción ejemplar”: “una acción espectacular que, por su atractivo, incluso mediante el sacrificio, atrae la atención de la gente hacia las demandas del movimiento y pretende en última distancia despertar a las masas, manipuladas por la propaganda y sometidas por la represión” (Castells 1997:129).

3. “El Contrato lo hemos revisado y hemos podido ver que es definitivamente un gran negocio entre los politiqueros de todos los partidos políticos […] por lo tanto, ese contrato debe ser anulado” (O. Olivera 3/03/00 concentración Coordinadora).

4. “El agua es vida, por tanto nadie puede hacerse rico con él” decía un campesino regante.

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