La necesidad del Ateísmo

La necesidad del Ateísmo

En Nodo50

Jueves 11 de mayo de 2006, por ediciones simbioticas

El propósito de la esta charla no es el de convencer a ningún creyente sino la de hacer ver a quienes están próximos a las ideas libertarias lo vigente, o mejor, lo urgente de un posicionamiento ateo frente a los intentos de la Iglesia Católica de hacerse con el control absoluto de la sociedad civil. El título, tomado de un opúsculo del poeta romántico inglés Shelley, que le costó la expulsión de Oxford, viene bastante al caso en una sociedad como la nuestra en la que incluso la gente que dice luchar contra el sistema opina que el poder de la Iglesia es cosa del pasado y que el clero “ya no pinta nada.” Nada más lejos de la realidad, según nuestro punto de vista. Las razones las exponemos a continuación.

1. La Iglesia Católica es el poder más antiguo y con más perspectivas de perpetuarse De eso ya se dio cuenta Bakunin, que llamaba al estado “el hermano menor de la Iglesia”. La Iglesia Católica es anterior al estado moderno, y este último jamás pudo suplantar su poder. El cristianismo nació en el seno del Imperio Romano, utilizado por un grupo de poder para escalar posiciones, nunca fue una ideología que propugnara la liberación de los esclavos (como dijo Gustavo Bueno en una charla que dio en unas Jornadas Libertarias de la CNT hace unos años). Ésta fue una de las leyendas difundidas en épocas recientes por la propia Iglesia para dotarse de una imagen amable en un momento en que los movimientos obreros tenían mucha pujanza. Y cuando el cristianismo controló el Imperio Romano consiguió abolir la libertad de cultos que existía en épocas anteriores. Así se inicia un maridaje entre la Iglesia y el Estado, en el que aquélla aporta a éste un elemento de uniformidad ideológica que redunda en una mayor sumisión de los súbditos. Cuando el IR se hunde la Iglesia busca aliados en los distintos estados feudales que se forman en occidente (p. e. con Carlomagno en Francia) para mantenerse en el poder. Durante las cruzadas el Vaticano supuestamente moviliza a los súbditos de los estados occidentales para liberar los lugares sagrados en manos de los musulmanes otomanos, pero en realidad la Iglesia Católica tenía su agenda oculta: machacar al cristianismo cismático (o sea, ortodoxo) a su paso hacia Tierra Santa. Por eso cuando el anterior Papa visitó Grecia a comienzos de esta década, las manifestaciones anticatólicas fueron multitudinarias, pero nuestros medios (en gran parte controlados por , o aliados con, la Conferencia Episcopal) no nos explicaron el porqué de la rabia de los griegos. (Tampoco nos explican porque el patriarca ortodoxo de Moscú se niega tan rotundamente a recibir al Papa). Por otra parte la Iglesia también luchó denodadamente contra el enemigo interior. En primer lugar, instigó y coordinó la represión contra las insurrecciones campesinas motivadas por los abusivos tributos que la curia imponía a sus míseros siervos, que, al fin y al cabo eran los auténticos creadores de la riqueza. En las refriegas siempre ardía alguna que otra iglesia, lo que demuestra que este fenómeno es muy anterior al anarquismo o a la II República. Además estaba el problema judío. De los moriscos la Iglesia Católica podía difundir la idea de que eran invasores venidos de oriente a los que había que expulsar, pero contra los judíos, que no nunca formaron un estado ni convirtieron a su credo por la fuerza a nadie, había que actuar de manera más sibilina. La minoría hebrea, que formaba una próspera clase media, molestaba al totalitarismo católico que no admitía más que un credo y que no quería competidores en materia económica. Por eso tuvo que inventar toda clase de historias rocambolescas para extender el odio antijudío por toda la población. Se decía de ellos que habían matado a Cristo, que hacían sacrificios humanos y que tenían el control de la economía e incluso movían los hilos del poder político desde la sombra. La realidad es que vivían encerrados en barrios amurallados (de ahí procede la palabra “ghetto”, un vocablo hebreo) muertos de miedo por los ataques del fanatismo cristiano. Incluso era tradición por parte del clero durante la Semana Santa mover al populacho a asesinar en masa miembros de ese pueblo “deicida”. Al final con el advenimiento del estado moderno (con los Reyes Católicos) la Inquisición consiguió exterminarlos a todos, incluso a los conversos, ya que aunque conversos, no eran de fiar. Y es curioso que, a pesar de tanta imagen de capitalistas y usureros que se les ha dado a los judíos en este país, el primer banco que se funda en España era (y es) de la Iglesia: la actual Caja Madrid. La idea surgió cuando un cura avispado invitó a que sus feligreses guardaran sus ahorros en el cepillo de su iglesia (bajo la protección de la Virgen de la Piedad) para no tener que confíaselos a la “usura de los cambistas judíos”. Este fue el embrión de la red de Cajas de Ahorro y Monte de Piedad de España, hasta hoy en manos de la Iglesia (y si no que se lo pregunten al cura-banquero Miguel Castillejo, dueño de Caja Sur y de más de media Córdoba.) Por último estaba la difícil relación con la burguesía. En el contexto del capitalismo embrionario que se desarrolla durante la expansión imperial de Portugal y España, la Iglesia Católica intenta no perder comba. Y lo consigue. Las conquistas lusas e hispanas siempre iban acompañadas del consabido proceso cristianización forzosa de los indígenas (a veces con la Inquisición como principal instrumento de represión). Sin embargo ciertas facciones de la burguesía (sobre todo en los países del norte de Europa) empiezan a acumular tantos beneficios que acaban por convertirse en el principal rival económico del Vaticano. Entonces la curia católica, temerosa de perder el control total de la riqueza, empieza a lanzar diatribas contra la “usura”. En realidad, se trataba de proscribir la fuente de ingresos de la burguesía: los negocios. El clero vivía de las rentas y no necesitaba formar empresas. Pero la burguesía del norte de Europa rompe con Roma y se hace un cristianismo a la medida, el cristianismo protestante. Según la religiosidad protestante, el que una persona acumule riquezas a lo largo de su vida es signo inequívoco de que ha sido elegido por Dios para ir al cielo (Calvino). Las primeras burguesías que rompen con Roma son las de Inglaterra y Alemania. Todo el norte de Europa occidental se hará protestante (excepto Irlanda). Esta burguesía será la que lleve a cabo la Revolución Industrial. Un caso curioso es el de Francia. En este país el protestantismo es aplastado de manera sangrienta (recuérdese la noche de San Bartolomé) pero la burguesía se desarrolla de espaldas a la Iglesia y las tensiones se prolongan hasta 1789 en que todo estalla produciéndose una revolución burguesa con gran participación del pueblo llano. Lo interesante del caso es que el estado burgués que resulta intenta por primera vez quitarse de encima los tentáculos de la Iglesia Católica. Ha nacido el concepto de laicismo (pero, cuidado, es un laicismo burgués, que promociona la religión del estado en vez de la cristiana; de hecho los gobiernos revolucionaros franceses no eran ateos sino deístas, una idea ésta muy presente en las logias masónicas). Ni que decir tiene que la Iglesia se dedica a partir de entonces a dirigir una cruzada contra el laicismo y anuncia a bombo y platillo que hay un complot masónico mundial, y hace lo mismo que hizo con el judaísmo. Entonces por toda Europa empiezan a darse unas curiosas apariciones de vírgenes, cristos y santos para asombro de aldeanos incultos. Esta estrategia de provocar la histeria colectiva cuando siente su poder cuestionado, es algo que la Iglesia repetirá a lo largo de la historia. La Iglesia Católica es, en definitiva, un poder precapitalista y no es descabellado pensar que bien podría ser que, si nadie lucha contra ella, sobreviviera al poder burgués en el hipotético caso de que el capitalismo fuera derrocado.

2. La Iglesia Católica inspiró y apoyó el fascismo. El otro demonio para la Iglesia Católica fue el movimiento obrero. El capitalismo con el tiempo acaba por generar una clase de desposeídos: el proletariado. Éste se enfrentará a los causantes de su miseria organizándose en sindicatos que en algunos casos llegaron a amenazar el orden imperante. Ante esto la burguesía y el clero acaban por olvidarse de sus rencillas (además por entonces la Iglesia ya estaba metida de lleno en el nuevo juego económico, con acciones en grandes empresas y mucho capital en una tupida red de bancos). Pero en 1917 la Revolución Rusa da otro motivo de preocupación a la Iglesia; ahora estamos ante una versión todavía más radical del laicismo, la de un estado “ateo y comunista”. Por lo menos ésa era la imagen que se proyectaba hacia el exterior ante las miradas de millones de obreros (aquí pasamos por alto la crítica a lo que en realidad estaba pasando en Rusia y nos limitamos a hablar del “mito ruso” y su innegable influjo sobre el proletariado mundial). Como en algunos lugares el advenimiento de una revolución proletaria parecía inevitable tanto la burguesía como la Iglesia se dedican a desmontar el teatrillo liberal y parlamentario y empiezan a financiar partidos ultrarreaccionarios que tomen el poder e impongan una dictadura que aniquile y/o reconduzca al movimiento obrero al redil. Tal y como sugiere la película de Costa-Gavras Amén el Vaticano invierte un montón de esperanzas y de dinero en el triunfo del III Reich. La Iglesia y sus opinadotes a sueldo infiltrados por doquier siempre han insistido en el carácter laico del nazismo y han negado cualquier relación Vaticano-Hitler. Ésta es otra mentira. Hitler fue un niño austriaco que se crió en el seno de una familia católica durante los últimos años del Imperio Austro-Húngaro, auténtico ariete del Vaticano con el que machacó a pueblos no católicos como los serbios o los judíos. En realidad Hitler había mamado el antisemitismo de sus orígenes católicos, de modo que en su Mein Kampf no inventó nada que no hubiera inventado la curia católica antes. No es de extrañar pues que en los países católicos de la Europa del este el nazismo se extendiera con tanta facilidad (la propaganda antijudía ya estaba hecha), países éstos donde se fundaron dictaduras nazi-católicas: Polonia, Croacia (con los ustachi y Pavelic al frente), Eslovaquia (con un cura como dictador nazi, el padre Tiso), Ucrania (por lo menos en su parte occidental), Hungría, las Repúblicas Bálticas, etc. En cambio en países de religión ortodoxa o protestante la población defendió a sus vecinos judíos y hubo más resistencia antinazi (Serbia y Montenegro, Bulgaria, Grecia, Dinamarca, etc.). En España como sabemos la Iglesia también hizo todo lo que pudo para destruir el movimiento obrero. Primero intentó suplantar al genuino sindicalismo, el que busca la auténtica emancipación de la clase obrera, por sindicatos católicos lleno de elementos serviles a terratenientes e industriales. En ellos había gente tan beata y retrógrada como Onésimo Redondo, un elemento que escribió en periódicos católicos que la gente que se paseaba impúdicamente en bañador por las playas españolas merecía ser fusilada. Éste y su amigo José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, que había sido abogado de la ITT, a pesar de despotricar contra el capitalismo y el imperialismo yanqui) pasaron después a las filas de Falange, una formación política inspirada en el partido nazi de Hitler y el partido fascista de Mussolini, formación con un importante tufo clerical. De hecho, Onésimo Redondo se formó con los jesuitas en el colegio San José de Valladolid, colegio en el que se maquinó el alzamiento fascista del 36 en nuestra ciudad. Y esto no es de extrañar, pues fueron los jesuitas los principales propagandistas de ideas antisemitas y sobre falsos complots masónicos durante el siglo XIX (y que además influyeron en la elaboración de los Protocolos de los Sabios de Sión, pieza de literatura fantástica tomada como verdadera por nazis y antisemitas en general). (Lo que pasó desde de la Guerra Civil, el aniquilamiento de toda forma de pensamiento crítico y la imposición del nacional catolicismo por la fuerza de una dictadura sanguinaria, es algo ya conocido, así que no redundaremos en el tema.) Volviendo a la película Amén, es interesante hacer hincapié en un fenómeno que recoge Costa-Gavras en su film, a saber, cómo la Iglesia va reculando y retirando su apoyo al Reich (al menos de manera abierta) cuando el militarismo de Hitler sufre sus primeras derrotas. Así, hay un momento en la película en que alguien comunica al Papa Pío XII cómo el ejército nazi había sido derrotado a las puertas de Stalingrado y una o dos escenas más tarde se ve a importantes jerarcas católicos cenando con generales norteamericanos. Y es que, el papado, que ya preveía que el Eje tarde o temprano iba a caer frente al poderío estadounidense, inicia otra de sus alianzas estratégicas, esta vez con EE.UU., una potencia protestante. Esta alianza le permitió seguir luchando en la posguerra contra el influjo izquierdista sobre las masas obreras, algo que también era del interés del gobierno americano. Esto explica que en la película de Costa-Gavras haya escenas, ya al final de la Segunda Guerra Mundial, en que la Iglesia acoge a algunos (que no a todos) judíos en peligro de deportación a campos de exterminio, para así lavarse la cara ante el mundo, un mundo que iba a pasar a ser dominado por los EE.UU. (por lo menos en el hemisferio occidental). Aún así el Vaticano organizó la evasión de criminales nazis así como de todas las riquezas expoliadas a judíos y no judíos durante el Reich a través de la “Ruta de las Ratas”. Es decir, que el Vaticano en el fondo siempre siguió siendo antisemita y prueba de ello es que hasta 1996 no reconoció la existencia del estado de Israel.

3. La Iglesia se sigue expandiendo de manera violenta “La Iglesia ha cambiado, ya no es la que era”, nos dicen, “ya no expande su fe de manera violenta como época de las cruzadas”. Puede que no como en la época de las cruzadas pero la Iglesia sigue expandiéndose de manera agresiva y está detrás de gran parte de los conflictos bélicos actuales. Básicamente sólo ha cambiado la forma, no el contenido. La Iglesia Católica siempre se ha puesto detrás de algún estado católico con proyección imperialista para aniquilar a otras culturas y religiones más débiles. Primero lo hizo en alianza con el expansionismo portugués dónde destruyó importantes culturas animistas de Asia, África y América y se impuso por la fuerza. A veces se topó con una religión fuerte más antigua que el propio cristianismo, p. e., el hinduismo y entonces tuvo que usar la Inquisición para quemar vivos a los infieles, como ocurrió en Goa (zona de la India de influencia portuguesa, aunque el artífice del plan no fue otro que el “santo” español Fco. Javier). Sabiendo eso, se entiende por qué la visita hace unos años a la India de Juan Pablo II causó protestas multitudinarias (y nuestros medios, “mutis”, como siempre). Con la España de los RRCC y Felipe II, el Vaticano llegó aún más lejos porque en sus dominios ya “no se ponía el sol”. Así, el catolicismo de la mano del imperialismo patrio arrasó con las culturas indígenas de la hoy llamada América latina. Esto es algo que con bastante desvergüenza se sigue minimizando hoy día y para ello se saca a colación a otro “santo”, Bartolomé de las Casas, “el amigo de los indios”. “Este buen hombre”, nos dicen, “salvó a los indios de morir de cansancio en las minas dónde eran usados como esclavos por los colonizadores españoles”. Lo que no nos dicen es que en realidad los conquistadores (y entre ellos los misioneros) ya habían visto lo poco rentable de usar indios como mineros (muchos de ellos, en un arrebato de dignidad, se suicidaban antes de ser esclavizados) y decidieron introducir esclavos negros, más resistentes a este tipo de trabajos y por lo tanto más rentables. Tampoco nos mencionan cómo este “amigo de los indios” organizó tribunales de la Inquisición en la diócesis de Chiapas para poder condenar a muerte a los indios convertidos al protestantismo por los misioneros luteranos alemanes. Igualmente, de la mano de Bélgica y Francia (incluso tras la Revolución) la Iglesia consigue expandirse por África occidental y central a través de sus misioneros (especialmente cruenta fue la expansión belga en África con el muy católico rey Leopoldo II a la cabeza, que fue el artífice del exterminio de la mitad de la población del Congo.) (Véase King Leopold’s Ghost: A Story of Greed, Terror, and Heroism in Colonial Africa de Adam Hochschild.). Pero el caso de Francia es más curioso todavía porque supuestamente el estado francés es laico; sin embargo sus conquistas siempre van acompañadas de la catolización de la zona a manos de misioneros. Eso ocurrió desde el siglo XVII en Vietnam, donde la población pronto se levantó en armas contra la evangelización forzosa y la explotación colonial hasta expulsar a los franceses en los años 40 del siglo XX. (Y como revancha la Iglesia Católica participó en las protestas contra la guerra del Vietnam en EE.UU., país que, una vez expulsados los misioneros católicos franceses, metió a sus misioneros protestantes). Por otra parte es un tema conocido y aireado por la prensa (aunque siempre viene bien refrescar la memoria) el papel crucial jugado por la Iglesia Católica en el genocidio ruandés de 1994, que en el que hubo jerarcas de la Iglesia implicados y en el que también estuvieron implicadas las antiguas potencias coloniales en la zona, Francia y Bélgica (no es de extrañar que hoy día en Ruanda gran parte de la población tradicionalmente cristiana se esté convirtiendo al Islam). Además la Iglesia sigue apoyando a las tropas hutus ruandesas perpetradoras del genocidio, huidas al muy católico Congo. Todo ello forma parte de una guerra continental entre una alianza de estados africanos bajo influencia francesa y del Vaticano y otra apoyada por los EE.UU. (p. e. Ruanda y Uganda). ¿Y qué decir del pacto entre Alemania y el Vaticano? Una vez liquidado el Imperio Austrohúngaro tras la Primera Guerra Mundial la Iglesia se alinea con el expansionismo alemán para afianzar su poder en la Europa del este. Esto explica que el Vaticano se aliara con el III Reich para ganar terreno o incluso exterminar a todo elemento refractario a su poder (ortodoxos, judíos, ateos, etc.) Sólo en Yugoslavia casi 1.000.000 de ortodoxos fueron exterminados en campos de concentración a manos de los ustachi católicos y demás colaboracionistas del nazismo. Algo parecido ocurrió en Ucrania donde la División de las SS Galizia, formada por fascistas católicos, exterminó a gran número de ortodoxos y judíos y quemaron sus templos. Por otra parte los colaboracionistas católicos de las Repúblicas Bálticas casi exterminaron del todo a su población judía. Y como la historia se repite, tras la caída del muro de Berlín y a instancias de la UE (con Alemania al frente) y el Vaticano, Yugoslavia vuelve a ser ocupada y desmembrada y los serbios acaban perdiendo gran parte de su territorio, en especial Kosovo, cuna de la nación serbia e importante centro de religiosidad ortodoxa en el que los nacionalistas albaneses no han dejado ni una iglesia ortodoxa en pie (aquí habría que precisar que parte de los jefes de la UÇK provienen del norte de Albania, bajo la influencia de los misioneros jesuitas italianos).

4. La obra social de la iglesia consiste en aplastar al pobre La iglesia siempre ha dicho estar con los pobres… y es cierto, siempre ha estado encima de ellos, aplastándolos. Desde los tiempos en que los campesinos siervos trabajaban en las vastas propiedades del clero para que ésta les robara el fruto de su trabajo la Iglesia lo único que ha deseado de los pobres es su sumisión. Ésta es la obra social de la Iglesia. Si la labor de los misioneros en el Tercer Mundo fuera tan benéfica como dice la propaganda al uso ¿cómo es que en África, América del Sur o Asia empiezan las grandes hambrunas y las guerras genocidas justo cuando comienza la colonización occidental y la cristianización? ¿Y cómo es que las condiciones materiales de estas gentes no han mejorado sino, al contrario, han empeorado, desde que empezó su evangelización? Que no nos engañen más, la Iglesia es el poder más reaccionario que existe, y por tanto el principal enemigo de los desposeídos. Lo cierto es que el inmenso poder eclesiástico ha llegado a controlar gran parte de los medios de comunicación, la educación, el estado y ha rescrito parte de su negra historia. Se nos habla de actos heroicos de sus santos y mártires pero cuando uno consigue consultar fuentes de información alternativas a las controladas por el Vaticano (tarea harto difícil) puede comprobar lo mucho que nos han mentido. Ya hemos hablado de los “santos” Bartolomé de las Casas y Francisco Javier, así que tomemos otro ejemplo: Maximilian Kolbe, franciscano presentado como mártir de la lucha del “catolicismo contra el fascismo”. Según la versión oficial, Kolbe se cambió por un preso judío que iba a ser ejecutado en Auswitz. Por ello en 1982, la iglesia lo hizo santo. Ese mismo año un diario austriaco, el Wiener Tagebuch, además de diversos supervivientes del holocausto explicaron para quien quiso prestar oídos quién era el tal Kolbe, a saber, el director de una revista católica ultrarreaccionaria que era el principal foco de propaganda antisemita en Polonia. En ella se decía que los judíos controlaban la pornografía y la prostitución y movían los hilos de un gran complot internacional. Todo esto hizo que pocos polacos, mayoritariamente católicos, no movieran un dedo por defender a sus vecinos judíos cuando eran trasladados a campos de exterminio como Auswitz. En realidad, Kolbe dio la vida por un católico del que se apiadó porque tenía esposa e hijos, pero jamás se habría apiadado de un judío. Otro ejemplo palmario es esa “santa” llamada Teresa de Calcuta. Este personaje cuyo integrismo daba miedo al mismísimo Wojtyla, era amiga personal del sanguinario dictador haitiano Duvalier a la vez que apoyaba al tirano albanés Hoxha, con quien compartía su odio por ese estado ateo y mestizo que era la Yugoslavia de Tito (ella era albanesa de la República Yugoslava de Macedonia). Como la Santa Sede recelaba de su extremismo la mandó muy lejos, a Calcuta, una ciudad con un gran problema de superpoblación donde la santa predicó contra todo método anticonceptivo, para desgracia de la mayoría de sus habitantes, quienes odiaban la imagen de miseria y ratas que la tal Teresa daba de una ciudad que se esforzaba por prosperar económicamente. Además aconsejaba a los pobres que en las intervenciones quirúrgicas era mejor no recibir anestesia aunque ella cuando estuvo enferma se operó en los hospitales mejores equipados de los EE.UU. Al final el gobierno indio le pidió que le mostrara las cuentas de su organización (algo a lo que todo organismo extranjero está obligado en la India) pero ella se negó, no fuera a ser que descubrieran alguna que otra cuenta multimillonaria en paraísos fiscales a nombre de quien tanto exaltara la austeridad y la pobreza (¿se referiría a la de los demás?). Todas estas obras de caridad de la santa fueron denunciadas en un documental titulado The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Practice del británico Anthony Hitchens y cuya emisión en la BBC tuvo que ser interrumpida por presiones vaticanas (y eso que el Reino Unido es un país protestante). Y luego está el engaño del cristianismo de base. Es curioso que cuando el movimiento obrero consiguió derrotar al fascismo (tras la SGM) y su preponderancia era un hecho incontestable aparecieran por todos los lados cristianos de base, nunca antes. Con anterioridad las agrupaciones de obreros católicos eran de derechas, tanto que en muchos casos fueron el origen de organizaciones fascistas (p. e., el ya mencionado caso de Falange). En el fondo el “cristianismo de base”, no es más que la quinta columna del Vaticano que se intenta infiltrar en la izquierda. Sin embargo no hay más que ver sus publicaciones para comprobar que, si exceptuamos los oportunistas títulos (como “Autogestión”), de izquierdismo hay bastante poco: artículos contra el aborto, los anticonceptivos, etc. Eso sí se pone mucho interés en hablar de “los pobres”, pero eso también lo hace el nuevo y ultramontano Papa. Entonces ¿dónde queda el progresismo? Son precisamente éstos los mismos que van denunciando el supuesto “laicismo” de Zapatero con pintadas que rezan (nunca mejor dicho) “ZP masón”… Con ello la Iglesia vuelve a echar mano de la vieja idea del complot masónico…¡Qué poco han cambiado las cosas! Y ni siquiera es defendible el pretendido carácter revolucionario de la Teología de la Liberación, que surge en Centroamérica en una época en que los gobiernos títeres impuestos por Washington en la zona están formados por evangelizadores protestantes (p. e. el dictador evangélico Ríos Montt en Guatemala) empeñados en convertir a los indígenas que han escapado a la poderosa influencia católica. En el fondo la oposición a esos gobiernos derechistas tenía que ver en el caso de la Iglesia Católica más con el mantenimiento de la clientela que con la cuestión social. Claro que tampoco hay que perder de vista a las ONG, tras muchas de las cuales está la Iglesia y que además reciben a espuertas dinero público (de creyentes y no creyentes). Entre ellas Caritas, es una de las que gozan de mayor fama por su supuesta ayuda a los necesitados, especialmente a los del Tercer Mundo. Mucho se habla de los envíos de comida y ropa a los pobres negritos famélicos, pero muy poco se dice de cómo la ayuda humanitaria va a parar a jefes de facciones armadas aliadas con las monjitas y los curas (p. e. en el Congo) que la revenden a precios desorbitados y así financian la adquisición de armamento moderno para atacar países rivales como Ruanda o Uganda. Todo ello contribuye a la gran sangría actual africana atizada por un lado por la UE (con Francia a la cabeza) y el Vaticano y por otro por EE.UU. Y quien todavía crea en el carácter humanitario de Caritas, puede consultar en las hemerotecas cómo en el año 1999 durante la guerra de Kosovo, en un camión de supuesta ayuda humanitaria para los albano-kosovares fue encontrado un doble fondo que ocultaba un auténtica arsenal de rifles automáticos y lanzagranadas. Esto ocurrió en el puerto italiano de Ancona y la noticia la difundió Il Corriere della Sera, un diario nada sospechoso de ser subversivo.

5. La Iglesia es hoy día un poder ubicuo La Iglesia está en nuestra sociedad por todas partes. Es un estado en la sombra que parasita al estado español. La Iglesia Católica es un estado cruzado que no está sometido a ningún tipo de control democrático y que además nos es impuesto a los no creyentes sin que nos den opción a pronunciarnos al respecto. Se ha hecho con el control de la educación (de la cual el estado supuestamente “laico” se ha desentendido) que usa como elemento de propaganda y control ideológico. Así en las escuelas llamadas “concertadas” la curia manipula la mente de niños y adolescentes a través de un profesorado escogido a dedo entre los elementos más fieles a la cruzada vaticana y todo ello con dinero público (es decir, con dinero, en parte, de los que no somos creyentes). Además controla gran parte de los medios de comunicación (desde su “órgano de expresión”, la COPE, hasta El País, donde escribe el ultra católico Herman Tertsch) para manipular la opinión pública y frenar cualquier tentativa social de poner en cuestión su hegemonía. Y ante cualquier intento de cambiar este esquema la Iglesia contesta movilizando a sus más recalcitrantes peones en las calles a favor de lo que llaman “libertad religiosa”. Pero ¿cómo pueden hablar de libertad religiosa quienes expulsaron a los musulmanes, exterminaron a los judíos, quemaron vivos a los herejes y provocaron una guerra civil y 40 años de dictadura para aniquilar a “rojos y ateos”? Y lo peor de todo es que muy poca gente de los que se dicen de izquierda se plantean luchar contra esta todopoderosa institución. ¿Acaso porque la Iglesia también ha conseguido hacerse con el control de la disidencia? Al hilo de esto último nos viene a la memoria una noticia que hace escasos días nos enviaron por e-mail: el consejero del Gobierno Vasco, Javier Madrazo, de IU, ha concedido recientemente el premio Dolores Ibarruri a una institución ejemplar en su labor en pro de “un mundo más justo y solidario”… la institución no es otra que … ¡¡Caritas!! Salud y apostasía.

Ateneo Libertario Gregorio Baticón 13/10/05

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