La oligarquía salvadoreña sale en busca de la sociedad civil…

Cada momento histórico determina los sueños y los temores, los ángeles y los demonios de las clases sociales y sus expresiones políticas, gremiales o ideológicas. Así fue con los conquistadores ibéricos, que pusieron su confianza en las espadas y las cruces ensangrentadas para ahuyentar a los espíritus rebeldes que acechaban detrás de cada cerro e incluso detrás de cada mirada de resignación. La resistencia se esconde siempre en los corazones de los que sufren.

A partir del 15 de marzo del 2009 se abre un nuevo amanecer popular y los poderosos descubren que las banderas rojas se alzaban imponentes en los altares de la patria. El viento traía en sus alas la esperanza de la victoria. Y el rostro de Schafik simbolizaba la voluntad de luchar.

Y la oligarquía y el imperio descubren que el sistema de dominación esta de nuevo en peligro, y que su principal instrumento político, el partido ARENA, ha sufrido una humillante derrota. Y hay la necesidad urgente de buscar los caminos para continuar la opresión. Y los más ancianos en la derecha recuerdan que es una experiencia ya vivida.

En 1980 la oligarquía vio por sus ventanas el paso de la marcha de la revolución. Eran tiempos de cambio. Miles de campesinos desafiantes con sus tecomates y sus machetes marchando por el centro de San Salvador, con sus camisas sudadas en esperanza…y los ricos respondieron a este duelo, con las pistolas desenfundadas, y llenaron las calles de cadáveres y decidieron en sus fincas cafetaleras que lo más adecuado era formar la Alianza Republicana Nacionalista para que fueran las elecciones después de los cementerios los que decidieran el destino del país. Y los jóvenes se volvieron guerrilleros y se fueron a vivir y luchar a las montañas…y un día bajaron.

Y ya varias lunas antes en 1932, los abuelos de los actuales hoteleros, observaron sorprendidos como en sus apacibles campos y ciudades, donde ondulaban doradas espigas, y chisporroteaban los yunques, aparecía el manifiesto subversivo de mano en mano y los jornaleros exigían una tortilla adicional para el almuerzo. Y los indígenas decidieron desafiar los soberbios volcanes y metralletas de la oligarquía…y fueron ahogados en el río de la historia. Y los terratenientes estuvieron agradecidos del olor a pólvora que salía de los cuarteles. El peligro había sido eliminado…gracias mi general.

Y antes de esto, los próceres de levita y gabardina, los verdaderos abuelos de los abuelos de los actuales hoteleros, de oficio añileros, se habían enfrentado en las montañas de Zacatecoluca contra la furia del rey de los nonualcos, el abuelo pero de los insurgentes…y su cabeza fue metida en una jaula y colgada en una esquina…

Y es que la historia es como un río que recorre los valles de las comarcas olvidadas. Y hoy los hoteleros, que antes fueron banqueros, y antes fueron dueños de fincas cafetaleras y haciendas añileras y quizás mucho antes de castillos en la antigua patria lejana, hoy están de nuevo preocupados porque han perdido la llave del trono.
Y esta llave misteriosa que esconde el secreto de la primavera ha sido sustraída del aposento del fuego. Y cuando en la amada patria de nuevo extrañas voces se oyeron, que convocaban a la fiesta de la justicia, los poderosos resolvieron observar y visitar a los habitantes de la esperanza.

Y los poderosos encontraron una nueva formula para conjurar la amenaza de los pobres. Y es la de rechazar a los partidos y abrazar a la sociedad civil. Y que haya elecciones pero con candidatos de la sociedad civil, no de los partidos. Y que se elimine la bandera roja del comunismo. Y El Salvador será la tumba…

Y los nietos del jaguar, observan y sonríen porque viene la celebración del primero de mayo y avanzan ya banderas de unidad, y tú vendrás marchando junto a mí, y así veras tu canto y tu bandera florecer…

Roberto Pineda
San Salvador, 18 de abril de 2011

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