Líder del BPR y FDR rememora gesta histórica

x líder del BPR y FDR rememora gesta histórica
DOMINGO, 13 FEBRERO 2011

En la primera parte de esta entrevista, Julio Flores habla de historia del movimiento de masa, de Monseñor Romero y del papel jugado por las vanguardias

Por Juan José Dalton

SAN SALVADOR – Julio Flores fue, en los años de mayor efervescencia del movimiento popular salvadoreño (1975-1980), uno de sus principales dirigentes. Hoy, con bajo perfil político, reside en las cercanías de Chicago, gracias a su estatus de refugiado político. Ahí hace lo que profesionalmente aprendió y sabe hacer: trabajar en el área de la enseñanza.

Es un sobreviviente de aquellas gestas inéditas: un día salía la manifestación; ese día la Guardia Nacional (GN) la masacraba; esa noche se velaban a los muertos y al siguiente día salía la manifestación al entierro, mismo que era masacrado nuevamente… De cómo se construyó todo aquellos nos habla Flores, en un recuento y análisis personal.

Flores habla imparablemente, tiene mucho que contar y sobre qué reflexionar. Su rostro refleja nostalgias, orgullos y sinsabores, como no puede ser de otra manera. La construcción de aquel andamiaje no tuvo parangones en aquella Latinoamérica de los 70s y 80s que hubiese querido ver más revoluciones que la que hicieron parir los muchachos sandinistas.

Larga entrevista con Flores y, en estos tiempos de incertidumbres y de cambios, vale la pena traer el pasado, analizar el presente y tratar de diseñar el futuro. Quizás de ésta surjan más dudas que conclusiones, pues, de eso se trata: provocar debates y reflexiones, especialmente de la orilla izquierda del espectro político, que en ocasiones parece huérfana de ideología y de pensamiento político, cuando su caudal y tradición indica lo contrario.

Julio Flores, ¿quién realmente sos y cuál ha sido tu participación política?

Bueno, de mi participación en el movimiento social de los años 70 puedo decir que fui parte del Consejo Ejecutivo de ANDES; representé a dicha asociación en los organismos unitarios del Bloque Popular Revolucionario (BPR), desde 1978, y fui parte de la Dirección Ejecutiva de la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM); participé en todo el proceso de creación y definición de la CRM, y luego fui parte de la dirección del Frente Democrático Revolucionario (FDR) y por ello firmante de la Plataforma del Gobierno Democrático Revolucionario.

¿En qué época fuiste el dirigente del Bloque Popular Revolucionario?

Yo ocupé la Secretaria General del BPR después de la muerte de Juan Chacón; yo tenía la Secretaria de Organización y por estatutos, después de su muerte, a mí me tocó asumir. Prácticamente conmigo se terminó la existencia del BPR. Pero, digamos, dentro de las características de mi participación quizás fui de la gente que duró más tiempo en los organismos de dirección del movimiento social. Porque normalmente los compañeros tenían pasos relativamente cortos por los organismos de masa.

¿Cómo fue aquella época como dirigente del BPR?

A principios de 1978, cuando se hizo el Segundo Congreso del Bloque y la segunda elección de su dirección, entré en ese momento al organismo con la Secretaria de Conflictos. Asumimos una coyuntura compleja de huelgas, por cierto, fue el momento cuando inicié una relación más cercana con Monseñor Oscar Romero, así como con otras personalidades del país. Después, a finales del año, recibí la Comisión de Relaciones del BPR para abrir el proceso de solidaridad o de conquista de la solidaridad y de la gestión diplomática.

A mediados del 79 después, especialmente en la coyuntura de mayo, que tuvimos una irrupción de las organizaciones sociales; asumí la Comisión Nacional de Organización para atender a todos los nuevos sectores que surgían y que desbordaban ya sea a nivel de comunidades, ministerios y centros de trabajo. En el tercer congreso del BPR fui reelecto en la segunda secretaría, después de la General, cuando se eligió a Juan Chacón, quien sustituyó a Facundo Guardado.

Y cuándo muere Juan Chacón…

Juan Chacón muere el 27 de noviembre, junto con los otros dirigentes del Frente Democrático Revolucionario (FDR), asesinados por los militares.

¿Qué recordás de aquella época? ¿Cómo fue el impacto personal de la muerto los líderes del movimiento social de El Salvador en esa época?

Impactante, realmente… Yo había salido del país cerca del 20 de noviembre rumbo a México en tareas de solidaridad. Supe la noticia allá; había pasado todo el año al frente de la dirección porque después de su elección Juan Chacón salió del país junto con parte de los miembros de la dirección del Frente Democrático Revolucionario (FDR) a hacer gestión también diplomática; aquella fue la primera gran gira de trabajo.

Cuando ellos regresaron traían nuevas tareas y otros miembros de la organización fuimos enviados para esas tareas internacionales. Prácticamente, nosotros, los que estábamos acá habíamos definido aquella reunión en el Externado San José. Así que de no haber sido por esa salida nosotros hubiéramos estado en esa reunión.

Impactante aquello porque estamos hablando de los dirigentes más significativos y más representativos de todas las estructuras sociales y políticas que en ese momento había.

Fueron asesinados Enrique Álvarez Córdoba y Juan Chacón…

Si, relevante el caso de Enrique Álvarez Córdova por su procedencia de clase; su participación en gobiernos anteriores, su nivel intelectual y el paso que había dado en el marco de la Junta Revolucionaria de salirse de esa estructura y venirse a parar al movimiento democrático revolucionario, una gran personalidad.

Mientras que Juan, era un hombre de ascendencia obrero-campesina y a su corta edad con bastante lucidez intelectual y organizativa.

¿Cómo es posible en El Salvador de aquella época que se juntara un Álvarez con un Chacón? ¿Un oligarca con un proletario?

Es compleja la pregunta porque responde a un proceso largo, creo que esa es una de las características esenciales de ese periodo: el haber hecho una inversión política profunda para darle empuje a un movimiento social. Tiene que ver con el esfuerzo hecho por las que en aquel entonces se conocían como organizaciones de vanguardia. A partir de 1975 hay como cierto quiebre, cierto avance del movimiento social. A partir del 30 de julio de 1975, con la masacre estudiantil se crea una coyuntura de gran impacto que dinamiza las fuerzas sociales alrededor de diferentes planteamientos revolucionarios de aquella época; digo diferentes porque eran diferentes estructuras…

¿En qué consistió aquello?

La inversión de estas estructuras de vanguardia sobre estos movimientos también fue grande, eso permitió el forjamiento del Bloque Popular Revolucionario (BPR); el desarrollo del Frente de Acción Popular Unificado (FAPU); de las Ligas Populares (LP-28); la reorientación del Unión Democrática Nacionalista (UDN), que era un partido de corte estrictamente electoral y que posteriormente asume un rol distinto; la creación de movimientos como el Movimiento Popular para la Liberación (MPL), del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), así como de otras fuerzas.

Además de las creaciones nuevas están las organizaciones que en ese entonces se logran reorientar, por ejemplo, el caso de ANDES, el caso de FECCAS, que eran organizaciones ya existentes.

¿Qué fue lo más destacado del momento?

Aquel movimiento social tiene, para mí, tres años claves y consecutivos: 77, 78 y 79. Es posible que si nos fuéramos a una hemeroteca y medir el pulso por día, se apreciara cómo ese movimiento va llenando, va haciendo una presencia cada vez más constante en la calle, más permanente y una distribución a nivel territorial impresionante.

En el 79 es clave: son las coyunturas en las que los movimientos sociales desbordan en la capacidad de las organizaciones. La coyuntura de mayo la vivimos con gran dramatismo y realmente no fuimos capaces de captar todo lo que esa coyuntura nos dejó.

¿Cuáles fueron sus momentos esenciales?

A grandes rasgos ese movimiento social también fue como el caldo de cultivo para la reorientación de organizaciones existentes y para la creación de nuevas instituciones. Fueron claros los roles jugados, por ejemplo, colegios como el Externado San José, universidades como la UCA, la Universidad de El Salvador, sectores de la Iglesia, que no solo abarcaron a la Iglesia Católica sino también evangélicos y protestantes. Dentro de todo aquello, la gran institución de Monseñor Romero, es decir, Monseñor Romero se crea o se construye en ese contexto. Yo sé que mucha gente le quiere negar ese ascenso a Romero, pero recordemos que en la iglesia había una gran vertiente de reorientación: la Teología de la Liberación, pero la tendencia cobraba vida en ese gran movimiento social gestado.

Fue aquello una gran efervescencia: reunir a un Álvarez con un Chacón del pueblo, la presencia de Monseñor Romero, por un lado; la represión por el otro… El mundo tenía los ojos sobre El Salvador…

¿Cómo fue posible todo aquello? A grandes rasgos lo que puedo decir es que del otro lado del pueblo organizado te quedaba una oligarquía, una gestión estadounidense y gobiernos pecenistas (del Partido Conciliación Nacional –PCN) y militares que se habían venido desprestigiando paulatinamente a la par del desprestigio cada uno de sus planes que había sido derrotado en el terreno. Se trataba de planes sofisticados como, por el ejemplo, el de la Transformación Agraria y los proyectos represivos. Esos años 77, 78, 79 fueron cadenas de Estados de Sitio y Toques de Queda, que no detuvieron al movimiento social.

A partir del 78, la Ley de Defensa y Garantía del Orden Público que fue abolida en el 79 después de la coyuntura de mayo… Entonces, derrotamos no sólo los planes reformistas, sino también los planes represivos. Superábamos la capacidad de los Cuerpos de Seguridad… Fue un movimiento social que no sólo se confrontó con los Cuerpos de Seguridad, sino también confrontó en directo con el Ejército.

El carácter de guerra en El Salvador solo se reconoce a partir del 81, después del inicio de la ofensiva general, pero el pueblo ya tenía una guerra. Es decir, el movimiento social confrontaba al Ejército profesional de las clases dominantes.

¿No había forma de detener aquello?

Se estaba viendo aquella coyuntura cuando se da el Golpe de Estado de Octubre de 1979. Era un proyecto bastante agresivo, sólo fijémonos en sus tres elementos principales de gobierno: Nacionalización de la Banca y del Comercio Exterior y Reforma Agraria. Son elementos, incluso, que no los vemos ni en los programas del gobierno actual. Esa era la dimensión de aquella Junta Revolucionaria de Gobierno, que en un momento se nutrió de los militares jóvenes y progresistas y de fuerzas democráticas, e incluso, de ciertas fuerzas de izquierda.

Pero la realidad fue que si esa junta nació el 15 de octubre del 79 ya en diciembre tenía desmoronamientos profundos; en enero estaba desgastada; en abril, nosotros con el lanzamiento de la Plataforma Programática del Gobierno Democrático Revolucionario habíamos terminado de desgastarla: ministros, funcionarios de gobierno de todo rango y nivel renunciaron; hubo incorporaciones dramáticas como la de Salvador Samayoa, quien hizo su anuncio que se iba a la guerrilla… Aquello fue impactante.

Es decir, en las clases demandantes había un caos: la perspectiva de alternativa estaba en el movimiento democrático revolucionario; eso hizo posible que ciertos sectores, incluso, no sólo procedentes de la estructura política de poder sino del seno de las mismas clases dominantes, miraran con simpatía y se atrevieran a hacer inversiones profundas en el proceso de cambio; estamos hablando de un gran movimiento social.

Enrique Álvarez se integra, pero no fue un caso aislado. ¿Es así?

Gran parte de los intelectuales que formaron la Junta Revolucionaria de Gobierno y otros catedráticos universitarios, especialmente de la UCA y de la UES, le dan vida al Movimiento de Intelectuales, Profesionales y Técnicos de El Salvador (MIPTES), pero Enrique era reconocido como la figura principal de este movimiento de intelectuales. Fue de las primeras estructuras que se integró al Frente Democrático Revolucionario (FDR) y Quique (Álvarez) fue designado para ser el coordinador del FDR. En la práctica él representó la figura más importante.

Así como vimos a Quique con nosotros, sentados en la misma mesa, también vimos a los estudiantes de la UCA movilizándose y haciendo acciones junto con los pobladores de los tugurios. Nosotros vimos estudiantes de secundaria, de los colegios más reconocidos y caros, junto a sectores populares, pero en el marco no sólo del entusiasmo sino de la claridad política que el pueblo había alcanzado en el dinamismo de un proceso social amplio. Eso permitió juntar gente de diferentes procedencias, un movimiento de gran prestigio y el hecho de que habíamos dañado a muerte las estructuras de poder de las clases dominantes.

¿Cómo fue y cómo influyó la figura de monseñor Romero?

Monseñor Romero se convirtió, quizá, en la figura de orientación ideológica más grande en ese momento, por encima de los movimientos sociales, incluso, de las mismas organizaciones de vanguardia. Indiscutible el papel orientador y cohesionador que él jugó en ese período corto de su Arzobispado. ¿Cómo fue posible esto? Son varias causas: parte de la iglesia salvadoreña ya tenía años de experimentar en el marco de la Teología de la Liberación; el pueblo salvadoreño, insisto, estaba organizado en grandes estructuras como movimiento social; la proximidad, por ejemplo, de movimientos como los campesinos con los movimientos religiosos, especialmente de la iglesia católica, las comunidades eclesiales de base y la diseminación de la Teoría de la Liberación eran bien próximos. En nuestro país sectores fuertes de la iglesia católica, especialmente, los jesuitas, venían jugando un papel progresista y de orientación fuerte.

Monseñor Romero llega ante una perspectiva nueva y por otro lado, los desatinos y los desesperos de la derecha, con el lanzamiento de una línea represiva sobre los sectores de iglesia: mataban curas, mataban a Celebradores de la Palabra; la muerte de los campesinos que pedían reivindicaciones que no sobrepasaban la cucharadas de frijoles, huevos y tortillas. Esas demandas eran reprimidas y todo eso creaba un ambiente de sensibilización de diferentes sectores, que llegan a Monseñor Romero, aunque él tenía una ascendencia de derecha o conservadora.

¿Vos lo conociste, hablabas con él?

Sí claro hablé con él, lo conocí en el marco de las huelgas del 78. Nosotros lo fuimos a buscar para que nos ayudara a interceder ante las patronales. Recuerdo que había una huelga en la fábrica de pastas Fama, en el Plan de la Laguna. Pero había otras huelgas: INCA, Diana, La Cascada, y otras…

Alrededor de esta huelga fuimos a pedir intervenciones para conectar con las patronales y hacer una demanda a favor de las reivindicaciones de los trabajadores.

¿Qué tipo de reivindicaciones?

Eran salariales algunas, no todas; otras eran prestaciones sociales, de respeto al interior de la fábrica, o destitución de algunas gerencias y capataces que estaban maltratando a la fuerza laboral. También había reivindicaciones entorno al respeto de la estructura sindical al interior de las empresas. Esas huelgas fueron relativamente exitosas, recuerdo que la única que no se coronó en un éxito claro fue la de La Cascada, pero el resto de huelgas terminaron en un éxito.

La siguiente vez que nos aproximamos a Monseñor Romero y que me tocó a mí hacer la gestión fue cuando se dio la huelga de La Constancia y Tropical…

Ah! Pero antes de eso, en la coyuntura de mayo de 1979, nosotros estuvimos muy cerca con él, fue parte de los gestores para abrir el cerco militar que habían tendido alrededor de Catedral; él fue el primero en aproximarse a los cadáveres que estaban en las gradas, él se acercó, él nos acompañó en la misa por los compañeros.

¿Cómo lo viste en esas circunstancias? ¿Se ponía nervioso?

Él era muy ecuánime, muy justo; nosotros también soportamos críticas de él cuando tuvimos excesos y él fue también, recuerdo enfrentando a la patronal de La Constancia y Tropical, haciéndoles reflexiones de lo importante que era reconocer la justeza de esas demandas y de no equivocarse.

Yo lo recuerdo que al representante jurídico de la empresa, en ese entonces, haciéndole alusión a algo así: “mire no se vayan a equivocar, como cuando se equivocaron en el secuestro de Mauricio Borgonovo Pohl (canciller, secuestrado y asesinado por la guerrilla)” y eso se lo dijo así (al representante) que por no liberar a los presos políticos que tenían vivos (en cárceles clandestinas) y por no reconocer que ya habían matado a otros que tenían… “¿A qué se llegó? A un sacrifico más…” y trataba de hacer reflexionar con el representante de ese momento de la empresa, un miembro de la mera oligarquía.

Nosotros lo buscábamos a él cuando necesitábamos apoyos de orden social. Recuerdo que en esa coyuntura hubo veces que él nos dio espacio hasta para dormir en el Hospitalito, porque él sabía que nosotros nos movíamos en un ambiente de gran inseguridad y en condiciones de persecución bien fuerte.

La derecha intenta justificar el asesinato de Romero porque según dice, hacía una labor política y no una labor pastoral…

Es una visión simple. Si sectores de iglesia, incluyendo a Monseñor, habían hecho, dentro del marco de la Teología de la Liberación, una opción preferencial por los pobres. En El Salvador vivíamos en una coyuntura en la que la gestión imperialista y la oligarquía, a través de los gobiernos militares y pecenistas, no le ofrecían nada a ese pueblo pobre. ¿Cómo iba a apoyar aquellas gestiones en la que al pueblo sólo le ofrecían palo, opresión, represión y ninguna concesión? ¿Qué espacios tenía monseñor Romero para aliarse con ellos?

¿Habrá hecho intentos?

Claro, mMnseñor Romero, a mi juicio, vio con mucho respeto el Golpe de Estado y creo que en un momento dado dio credibilidad a la Junta Revolucionaria de Gobierno y al proyecto que encerraba. Yo lo vi sentarse con los militares. Varias veces estuve buscándolo a él y en ese momento iban para dentro de su oficina los militares de la Junta, es decir, les dio suficiente espacio.

Pero cuando vio que hasta la Junta Revolucionaria respondía a este movimiento con más represión, entonces les cuestionaba las reformas porque decía que iban manchadas con sangre.

También vio que había un movimiento revolucionario que fue abriendo sus planteamientos de la dictadura del proletariado, de gobierno de obreros campesinos, hacia un movimiento democrático revolucionario.

Él conoció en directo los movimientos campesinos; hay fotos de él en los tugurios, en las zonas de Chalatenango, Aguilares; está la proximidad con los curas, el tipo de lectura bíblica que emprendió en apego a esa realidad que tenía enfrente.

Eso produjo toda esa institución particular del momento que fue Monseñor Romero, de un profundo impacto ideológico.

¿Impacto ideológico?

Yo recuerdo en aquel entonces, todo el pueblo unido oyendo la homilía todos los domingos. Uno entraba en los pasajes de las ciudades y en las colonias, en San Salvador, en Soyapango y los radios encendidos. Todos escuchando ese mensaje.

Ibas a Santa Tecla, ibas a las zonas rurales y eso lo escuchaba el movimiento social organizado y no organizado, los politizados y los que todavía no alcanzaban a tener una visión política de lo que estaba pasando.

Fue todo un mensaje, una institución de orientación y radiación ideológica y que indiscutiblemente favorecía el proceso de cambio. Le pedía a las clases dominantes que se sensibilizaran, que acompañaran las transformaciones que el pueblo estaba demandando.

Claro, cuando la derecha se fue enclaustrando en más desesperación, en más aislamiento, en menos posibilidad para gobernar, inicia toda una estrategia de destrucción de las instituciones que se habían creado en ese contexto.

Monseñor Romero era la más grande y por ahí empezó. Bueno, ya habían golpeado periódicos, radios; hubo cierres en la Universidad Nacional y asedios a la UCA, porque los actos represivos en la UCA no solo llegaron en los ataques de los jesuitas en 1989, no, la UCA había sufrido de hechos represivos y de persecución.

Ubicados en los años 80 y 81 la derecha logra golpear esa institucionalidad, instituciones como la UES y otras; ahí viene ese quiebre, desde entonces la UES ya no puede jugar el rol que había tenido con lo cierres. La UCA, el Externado, la misma iglesia…, se tiran sobre la base con hechos represivos.

Ocurren otros fenómenos. Lo que nosotros observamos a mediados de los 80 es un declive del movimiento social. Se desmonta el andamiaje que sostenía esa institucionalidad. Eso llevó, poco a poco, a la destrucción de los movimientos sociales en El Salvador.

Nota del Editor:

Segunda parte (próximo lunes), el entrevistado habla del declive o reflujo del movimiento social, así como de las perspectivas del movimiento social actual y el cambio político ocurrido en El Salvador

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