Rememora Farinacci la vida de Ojeda Ríos

El pueblo se desbordó en las exequias de Filiberto Ojeda Ríos porque lo admiraba como héroe y porque, a fin de cuentas, en Puerto Rico hubo miles de macheteros, manifestó Jorge Farinacci, segundo al mando del Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Ejército Popular Boricua (PRT-EPB-Macheteros) hasta su división en 1984.

Farinacci expresó que para el pueblo no pasaba desapercibido que Ojeda Ríos sacrificó 35 años de su vida en el clandestinaje entre el periodo de 1965 al 2005. Para ese época, cumplió tres años de cárcel y dos los pasó en la libre comunidad.

“La gente no lloró a la víctima, lloró al héroe caído en combate”, aseveró Farinacci, quien actualmente funge como portavoz del Frente Socialista, en una entrevista exclusiva con EL VOCERO en la que rememoró a la figura de fenecido líder machetero y habló por primera vez del robo a la Wells Fargo, las razones que los llevaron a tomar las armas y su visión actual de la lucha por la soberanía de Puerto Rico.

“Son 35 años en que Filiberto estuvo en el clandestinaje, y eso no es fácil. Eso es un enorme sacrificio”, apuntó.

Al recordar a su compañero, Farinacci aseguró que “la simpatía a la causa era producto de su (trayectoria) de vida en la lucha, del desafío al imperio”.

Según el abogado, a fin de cuentas, gran parte de la población puertorriqueña, sin importar el pensamiento político o ideológico, resiente que un gobierno extranjero venga a imponerse y a cometer atropellos. Resaltó que por eso se observa que hay muchos populares que piensan que Puerto Rico debe ser libre.

A la admiración por el líder guerrillero y las causas sociológicas del resentimiento por la coyuntura colonial se une el factor de que Farinacci mencionó que entre los años del 1980 al 1985, cuando hubo la mayor confrontación armada entre el movimiento independentista y socialista y las fuerzas norteamericanas porque prácticamente peleaban todos los días, los Macheteros tenían, además de su línea de combatientes, a miles de colaboradores por todo el País que apoyaban la organización.

“Habían miles de macheteros, porque mucha gente ayudó a los Macheteros”, señaló al recordar ese periodo convulso de la historia de Puerto Rico. Algunos aportaban con pequeños donativos para sustentar al PRT-EPB y otros simplemente daban un mensaje o ayudaban de diferentes maneras.

Farinacci recordó que Ojeda Ríos era una persona muy carismática y de pueblo.

“Era humilde, un hombre bien de pueblo. Era una persona carismática con los que estaban alrededor de él, que inspiraba. Nunca conocí a alguien tan valiente como él. No tenía miedo a ningún tipo de fuerza represiva. Eso inspiraba”, subrayó con ojos llorosos que reflejan que, aun después de las diferencias de visión de lucha que los separaron, siempre conservaron como algo entrañable los años que batallaron juntos.

Para el dirigente socialista, Ojeda Ríos tenían un temple capaz de pasmar a sus propios compañeros. Narró una de las anécdotas que siempre tiene muy presente.

Un día en que los Macheteros tenían programada una acción de gran envergadura –la cual no quiso revelar–, cuando Farinacci fue a buscarlo, Ojeda Ríos estaba tranquilamente planchando su uniforme de guerrillero y tarareando una canción como si no le amilanara el hecho de que se fueran a jugar la vida minutos después.

Farinacci recalcó que de lo que conoció de Ojeda Ríos, siempre lo observó comiendo en los cafetines o fondas y compartiendo con la gente de pueblo. “Andaba en carros ‘escrachaos’. Era un hombre bien frugal, sencillo en la forma de vestir, vivía con lo mínimo necesario, siempre en los barrios pobres”.

Afirmó que el líder del EPB amaba la música –como lo demuestran los instrumentos encontrados en su residencia la semana pasada–, sobre todo la salsa y la guaracha, y que fue músico profesional de la Sonora Ponceña y de otras orquestas, entre ellas algunas cubanas.

Recordó precisamente que Ojeda Ríos era bien pro cubano y que “para él, la Revolución Cubana era lo máximo”.

A través de la historia se ha dicho que el dirigente machetero militó en su juventud en el movimiento 26 de Julio, que lideró Fidel Castro durante la Revolución Cubana en que fue derrocado Fulgencio Batista. Durante el sepelio, su viuda, Elma Beatriz Rosado Barbosa, confirmó ese dato públicamente cuando leyó una emotiva carta que escribió de despedida a su esposo.

Farinacci se limitó a decir que Ojeda Ríos se educó a sí mismo para ser un buen revolucionario en las funciones políticas, militares y de organización de un proyecto.

En el discurso de duelo en el cementerio de Río Blanco, en Naguabo, Farinacci resaltó que el líder del EPB era un maestro al que ellos no le llegaban a los tobillos.

“Queremos que se sepa la verdad, que se determine y esclarezca todo lo que pasó allí”, indicó sobre la forma en que murió el comandante de los Macheteros en Hormigueros el pasado 23 de septiembre –día en que se conmemora el Grito de Lares– durante un controvertido operativo del Negociado Federal de Investigaciones (FBI), que le siguió los pasos durante los pasados 15 años.

El día del Grito de Lares de 1990, Ojeda Ríos determinó quitarse el dispositivo electrónico mediante el que se le permitía estar en la libre comunidad a la espera de juicio por el asalto a los depósitos –y no a un camión, como se dice popularmente– de la empresa Wells Fargo en Hartford, Connecticut, ocurrido el 12 de septiembre de 1983.

La toma de armas

Farinacci opinó que los independentistas y socialistas decidieron iniciar la lucha armada acorralados por las circunstancias históricas de la represión en su contra en tiempos de la Guerra Fría.

“Para el momento político, el independentismo y el socialismo no tenían opciones; tenían que enfrentarse o ser destruidos”, aseveró el todavía portavoz del PRT.

Dijo que en esa época ocurrieron actos como los del Cerro Maravilla, la muerte bajo sospechosas circunstancias de uno de los líderes de la lucha de Vieques, Angel Rodríguez Cristóbal, y la persecución en todos los órdenes a través del carpeteo por parte del FBI y de la llamada época “de gloria” de la División de Inteligencia de la Policía en que existían los Angel Pérez Casillas y los Rafael Moreno.

Los independentistas de los años 70 y 80 tenían como precedente al Partido Nacionalista liderado por Pedro Albizu Campos, quien encabezó la lucha armada después de participar en unas elecciones que consideró le robaron, según relatan historiadores.

“Aunque no se prevaleció, no se destruyó el movimiento (independentista)”, opinó Farinacci. Planteó que “si no somos estado hoy, se debe a esa lucha de resistencia entre Puerto Rico y Estados Unidos”.

A su juicio, el momento histórico ha cambiado y él espera que la liberación de Puerto Rico sea lo menos violenta posible en un proceso democrático.

Apuntó que la manera de luchar ahora es insertarse en la lucha contra ofensivas del Gobierno de Estados Unidos en que los patronos exprimen a los trabajadores en las postrimerías de una economía fundamentada en la sección 936.

Insistió en que esa ofensiva traerá confrontación a través de procesos huelgarios y protestas, pero que ese desafío debe venir del pueblo. En ese sentido, recordó la lucha de Vieques y la huelga contra la privatización que se dieron dentro de un marco de confrontación pacífica bien delimitada.

Ante la pregunta de qué opina sobre el mensaje del EPB del martes en el sepelio en que juraron “hacer justicia a Ojeda Ríos y a la patria”, y que se ha interpretado como una amenaza, pero que muchos sostienen que era sólo un mensaje político a la altura del momento histórico, respondió que “en el Frente Socialista no podemos especular del significado de la supuesta amenaza que se desprende de ese comunicado … De ocurrir algún evento, lo discutiremos en el seno del Frente Socialista y se emitirá una posición oficial”.

Origen de los Macheteros

Durante la entrevista, al ser abordado sobre los actos que se les adjudican a los Macheteros, Farinacci sólo habló de los años de 1980 a 1985, incluidos detalles del robo a la Wells Fargo, y eludió explicar detalles de la organización; tampoco mencionó nombres más allá de los que la historia ya ha retratado.

Libros como “El robo de la Wells Fargo y la lucha armada por la independencia de Puerto Rico”, de Ronald Fernández, les atribuyen para esa época la muerte de policías en medio de sus escaramuzas por los hechos del Cerro Maravilla, el robo de almacenes de armas, diferentes atracos en instituciones bancarias, algunos a camiones blindados de la Wells Fargo –calificados como “expropiaciones para sustentar la lucha“–, y detonaciones dinamiteras a instalaciones federales. Además, se les atribuye la colocación de explosivos en el Caribe Hilton, la muerte de dos marinos y otros heridos en el ataque a la base naval de Sabana Seca el 3 de diciembre de 1979 en retribución por la muerte de Rodríguez Cristóbal en una cárcel de Estados Unidos, y la explosión el 12 de enero de 1981 de nueve aviones de la Fuerza Aérea de la Guardia Nacional en la Base Muñiz, con una pérdida de $50 millones.

La organización se responsabilizó públicamente por algunos de esos actos.

Los Macheteros se crearon en 1976 como Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), y dos años más tarde nació la facción Ejército Popular Boricua (EPB).

Se ha dicho que Ojeda Ríos al llegar a Puerto Rico creó el Movimiento Independentista Revolucionario Armado (MIRA) en 1963, y para los años 70 se le unieron otras dos organizaciones. Poco tiempo después, una de ellas se retiró y las otras dos formaron al PRT.

Las actas del FBI dan cuenta de que hubo 181 militantes de la organización y cerca de 1,500 colaboradores, cerca de una tercera parte de las líneas de la organización fue identificada por el FBI con nombre y apellido.

Farinacci confesó que “hubo otros operativos de expropiaciones en los que se recuperaron algunos millones adicionales”.

“Yo no conocía todo. Había muchos detalles y hubo operativos que yo no supe nunca”, aseguró. Dijo que algunos miembros de la dirección no sabían los detalles porque la división logística de los Macheteros actuaba de manera autónoma y sólo sabían las operaciones los que supervisaban esa área.

El robo a la Wells Fargo

Farinacci reveló que Víctor Gerena, un independentista criado en Hartford, comenzó a trabajar para la empresa Wells Fargo, y fue él quien después de algún tiempo se acercó a los Macheteros a través de los compañeros que tenían en Estados Unidos y habló de la posibilidad de ejecutar esa operación. Aseveró que Gerena no fue comisionado previamente para ir a trabajar allí y planificar el atraco.

Una vez se concretó el plan, “él no actuó solo, tenía todo el apoyo logístico”.

En el texto de Fernández, se indica que Gerena apuntó con el arma a su supervisor y otro compañero y los amarró y amordazó hasta cargar con el dinero en un viejo Buick alquilado que dejó en el estacionamiento de los camiones y que después fue encontrado en un motel.

Según Farinacci, los $7 millones estaban en denominaciones de $10, $20 y $100, y hasta había algunas bolsas de pesetas. “Llenaba un cuarto de habitación de una casa normal y pesaba más de mil libras”.

Narró que habían calculado previamente que tenían tiempo para ejecutar la operación. El libro de Fernández menciona que allí estaban solos Gerena, su supervisor y otro empleado, por lo que nadie pudo accionar alarmas hasta que Gerena salió del lugar con la sola pista para las autoridades del vehículo, del cual no tenían la tablilla.

“A Víctor se le sacó en una motora y nadie más ha sabido de él. Pero, parto de la premisa de que está bien”, dijo.

El líder machetero reveló que fuera de la Wells Fargo, se reunieron en un sitio con el dinero. “Se estableció una cadena de militantes que fueron a buscarlo uno a uno en maletas”. De allí, el dinero entró con los militantes a Puerto Rico en los aviones comerciales como si fueran viajeros comunes.

“(El dinero) se distribuyó en todas las funciones de mantener activo un movimiento político”, sostuvo. Insistió en que todo el dinero llegó a Puerto Rico, contrario a versiones que apuntan a que se destinó una parte a Cuba.

Dijo que el FBI logró recuperar muy poco, unos $200 mil.

A lo largo de los años se hicieron donativos a personas pobres que necesitaban dinero para operaciones de sus hijos. “Cada vez que salía un caso (en los medios), se hacía aportaciones de $3 mil o $5 mil en un giro dirigido a los familiares, que nunca sabían quiénes eran los donantes”.

En esos donativos, los Macheteros invirtieron unos $100 mil del total del robo, subrayó.

Además, aceptó que hicieron el donativo de regalos el Día de Reyes de 1985 a los niños de Hartford, Vega Baja y otro pueblo que no pudo recordar.

“Nadie se aprovechó de ese dinero, están las finanzas (para la posteridad)”, indicó.

Aseguró que tras el asalto a la Wells Fargo y las otras “expropiaciones”, los Macheteros vivían una vida de asalariados. Se organizó un sistema de paga a los miembros de $400 mensuales, calculado a base de la paga del salario mínimo, bono de Navidad, y se contemplaba el número de miembros de la familia para la remuneración de los beneficios marginales, como todo asalariado.

En 1984, la organización se dividió en dos facciones –“por diferencias de visión de la lucha“– que tomaron el nombre de PRT-Macheteros, con Farinacci como portavoz, y la gente de Ojeda Ríos con el EPB-Macheteros.

Dijo que la separación se hizo “por mutuo acuerdo”, y que así mismo se dividieron desde el nombre hasta todos los bienes, como en cualquier divorcio entre parejas.

Lo que parecía un crimen perfecto fue descubierto por las autoridades, y el 30 de agosto de 1985 un contingente de 200 agentes del FBI arrestó a 19 personas. En esa ocasión, Ojeda Ríos fue arrestado en Luquillo en medio de una refriega a tiros de mayor envergadura que la del pasado 23 de septiembre en que fue abatido, luego de exigir a su esposa que saliera para servir de testigo de cómo se llevó a cabo la operación.

Farinacci se negó a revelar cuál fue el talón de Aquiles de la organización. No quiso decir siquiera como lograron dar con él.

“Fue por la investigación de otros casos”, señaló.

Fernández mencionó en su texto que a los Macheteros se les atribuyó lanzar un cohete al Edificio Federal, en Hato Rey, el 30 de octubre de 1983, y otro el 23 de enero de 1985 contra la Corte Federal, en el Viejo San Juan.

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