Roque Dalton

Roque Dalton

ROQUE ANTONIO Dalton García nació en la casa de Raúl Méndez, situada en el barrio capitalino de San José, en los primeros minutos del martes 14 de mayo de 1935. Fue “hijo natural” del estadounidense Winall Agustín Dalton y de la enfermera salvadoreña María García Medrano.

Vivió sus primeros años en la casa materna, la ahora desaparecida Tienda “La Royal”, situada en la esquina de la 2a. avenida norte y la calle “5 de noviembre”, en la ciudad de San Salvador. Allí, un primo de su madre, Santiago Díaz Medrano, le enseñó los rudimentos de la escritura y la lectura.

Gracias al apoyo financiero de su padre y a los esfuerzos de su progenitora, realizó sus estudios en los colegios Santa Teresita del Niño Jesús (fundado el 2 de mayo de 1920, era dirigido por las hermanas españolas María y Mercedes Gonzalbo), Bautista y Externado de San José, institución educativa jesuita a la que ingresó en 1946 y de la que se graduó como bachiller en Ciencias y Letras en 1952.

Como complemento a su formación educativa reglamentaria, recibió clases de inglés con Lillian, la abuela de David Escobar Galindo, quien para esos momentos residía al final del pasaje Rovira, en las cercanías de la tienda-residencia de Dalton y su madre. Separados por ocho años de edad, ambos futuros poetas entablaron conversación hacia 1952.

Cursó estudios de Jurisprudencia, Ciencias Sociales y Etnología en la Universidad Católica de Chile (1953) y en las estatales de El Salvador (1954-1959) y México (1961).

En mayo de 1954 ingresó a la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), creada en el Alma Mater salvadoreña.

Al año siguiente, fue participante activo de las tertulias celebradas en “El rancho del artista” abierto en San Salvador, el sábado 9 de julio de 1955, por la escritora hondureña Clementina Suárez y fungió en la directiva provisional del Círculo deportivo Universitario.

Fue fundador del Círculo Literario Universitario en 1956, año en que también dio impulso al surgimiento del Teatro Universitario con el que participó en la puesta en escena de La alondra, pieza de Jean Anouillh basada en la vida de Juana de Arco, fungió como secretario de la primera comisión del Congreso Estudiantil Universitario, desarrollado en junio e inició sus labores como redactor para Teleperiódico primer noticiario televisivo de El Salvador y su anexo, el Teleperiódico impreso, dirigidos ambos por su amigo Álvaro Menéndez Leal.

En 1957 viajó a Moscú, como uno de los representantes salvadoreños ante el VI Festival de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad, organizado por la Federación Mundial de la Juventud Democrática (FMJD) y la Unión Internacional de Estudiantes (UIE). Su regreso al país fue difícil, pues debido al creciente anticomunismo internacional fue detenido o interrogado en Lisboa, Barcelona, Caracas, Panamá y otras ciudades, incluida San Salvador.

En ese mismo año, se adscribe a la asociación juvenil “5 de noviembre” y, gracias a su amigo guatemalteco Otto René Castillo, se afilia al Partido Comunista Salvadoreño (PCS), en el cual milita durante una década.

Se desempeñó como codirector de Ciencias Jurídicas y Sociales (1959), la revista estudiantil de la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador. Ese mismo año, viajó a Santiago, capital de Chile, para ejercer funciones periodísticas durante la reunión anual de la Organización de Estados Centroamericanos (OEA).

Ganador del Premio Centroamericano de Poesía del Torneo Anual Cultural patrocinado por la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Universidad de El Salvador (1956, 1958 con su largo poema El nuevo amor de siempre, 1959 y 1964 con El hijo pródigo y otros poemas del retorno), obtuvo el segundo lugar en los Juegos Florales Agostinos de la ciudad de San Salvador (1958) con su compilación Doce poemas, que presentó amparado bajo el pseudónimo “El que anuncia”.

En 1958, la radio YSKL dio a conocer el programa noticioso y crítico Mediodía, dirigido por el doctor Oswaldo Escobar Velado y el cual contaba con reporteros como Dalton y los también escritores José Roberto Cea y Jorge Campos. Durante las transmisiones sabatinas, ese espacio radiofónico difundía el suplemento cultural Toro de espuma: antología de la palabra. Por el nivel de sus críticas, el espacio informativo y su complemento cultural fueron censurados pocos meses más tarde por el régimen del teniente coronel José María Lemus.

Sus conductores fueron salvados de ser capturados por la policía gracias a una amplia manifestación popular, convocada por los propios locutores durante la última emisión del programa.

En ese mismo año, formó parte de la representación de los estudiantes universitarios en el Seminario Nacional de Educación Moral, promovido por el Ministerio de Cultura y en el que los jóvenes escritores y futuros profesionales asentaron, entre las conclusiones del encuentro, que una de las causas de la inmoralidad nacional era la pobreza de las mayorías populares.

En agosto de 1959, viajó a la capital chilena, en compañía del también escritor Álvaro Menén Desleal, con el propósito de dar cobertura periodística a la V Reunión de Cancilleres de América.

Junto con el poeta Roberto Armijo, participaron en un homenaje poético al X aniversario de fundación de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador, acto desarrollado el sábado 31 de octubre de 1959, a partir de las 20:00 horas, en el Paraninfo del Alma Mater. Con Armijo, a fines de marzo de 1960 viajó a Guatemala, para atender una invitación de los estudiantes de Derecho de la Universidad de San Carlos (USAC). Por razones políticas, los dos jóvenes intelectuales salvadoreños fueron capturados al salir del avión en el Aeropuerto “La aurora”, pero fueron liberados y devueltos a El Salvador a los pocos días.

Acusado por el régimen de José María Lemus de ser uno de los dirigentes de los desórdenes callejeros universitarios del lunes 13 de diciembre de 1959, fue capturado en la noche siguiente y puesto a las órdenes del Juzgado Quinto de lo Penal. Por falta de pruebas contundentes que justificaran para su detención, fue liberado, bajo fianza, a las 12:30 horas del viernes 8 de enero de 1960.

Al salir de la cárcel, inició una cruzada dentro de la Asociación de Estudiantes de Derecho (AED) de la Universidad de El Salvador, con el fin de dar asistencia jurídica gratuita a más de un centenar de reos sin condena y sin recursos económicos, recluidos en la Penitenciaría Central, en San Salvador. Además, participó como miembro de la acusación en el sonado juicio seguido contra el comandante policial Adán Torres Valencia y José Urías Orantes, acusados de asesinatos y torturas en contra de varias personas, cargos por los que fueron condenados en julio de 1960.

Por sus ideas políticas en contra del sistema imperante, fue encarcelado de nuevo el jueves 25 de agosto de 1960, cuando fue interceptado en las inmediaciones del capitalino Parque Infantil de Diversiones. Desaparecido por varias semanas, se rumoró que había sido conducido por elementos de la Policía Nacional hacia la ciudad de Santa Ana y que su cadáver, con las orejas cercenadas, había sido encontrado en un barranco en la carretera que une a esa localidad occidental con Sonsonate. Tras incertidumbres, negaciones y acusaciones entre la Policía Nacional, los universitarios y la madre de Dalton, el viernes 14 de octubre apareció una publicación periodística, en la que se indicó que Dalton fue capturado el sábado 10 de octubre, en la hacienda San Antonio (Rosario de la Paz), en compañía de su esposa, cuatro guardaespaldas, granadas de mano, dinamita y “literatura comunista”, entre la que sobresalía el poemario Songoro cosongo, del cubano Nicolás Guillén.

Amenazado de muerte por sus captores, fue incomunicado en las bartolinas del cuartel central de la Policía Nacional (donde no fue registrado su ingreso como reo) y en el fatídico “callejón número nueve” de la Penitenciaría Central (San Salvador, hoy Fondo Social para la Vivienda).

Fue liberado junto con otros reos políticos tras el derrocamiento de Lemus, en la mañana del miércoles 26 de octubre de 1960. Fue recibido y vitoreado en las afueras del reclusorio por una multitud compuesta por veinticinco mil personas. Poco después, rindió su declaración como ofendido en contra de sus captores, en los tribunales de la capital salvadoreña.

Su testimonio de esas semanas de inhumana detención fue narrado por él mismo en tres artículos, aparecidos en la sección editorial de El Diario de Hoy, en diciembre de ese mismo año. Gracias a su denuncia y a otras muchas, el “callejón número nueve” fue demolido entre febrero y marzo de 1961.

En una ceremonia desarrollada en Casa Presidencial (barrio San Jacinto), a partir de las 11:00 horas del sábado 5 de noviembre de 1960, la golpista Junta de Gobierno entregó a la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS) las fichas de cada uno de los estudiantes detenidos, entre las que se encontraba la de Dalton, cuyas fotos fueron incluidas en la edición mexicana de Taberna y otros lugares (edición definitiva, México D. F., 1988, con un poema agregado de cuatro partes y palabras prologales de Eraclio Zepeda).

Tras el golpe realizado por el Directorio Cívico-Militar contra la Junta de Gobierno (enero de 1961), la inseguridad e inestabilidad social reinantes en el país lo condujeron fuera de las fronteras nacionales. Vivió y trabajó en Guatemala, México y La Habana, ciudad esta en la que laboró como comentarista para Radio Habana y la agencia noticiosa Prensa Latina. Además, frecuentó los locales de Casa de las Américas y la Unión de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC).

Durante sus estancias en Cuba, fue admirado y reconocido por sus amistades entrañables, sus dotes poéticas y sus particulares características para aprender técnicas militares, jugar balompié, bailar mambos, reír a carcajadas y beber largos tragos.

En la isla caribeña, entró en contacto con su hermana Margarita Dalton (nacida en México, en 1943), por entonces estudiante de Antropología en la universidad local y quien ganaría un concurso de novela juvenil en su ciudad natal (1967), con su Larga Sinfonía en D y había una vez, un homenaje a la droga hippie LSD.

Durante esa primera estancia cubana, su poemario El turno del ofendido fue galardonado con mención honorífica en el certamen continental Casa de las Américas (La Habana, 1962). En El Salvador, su cuento escénico El juicio del día fue divulgado por la revista Vida universitaria (San Salvador, nos. 6-7, 1962).

Pese a las veladas y explícitas amenazas a muerte vertidas en su contra, retornó a El Salvador, en cuya capital vivió en la clandestinidad desde los meses finales de 1963. Por un error suyo, en septiembre de 1964 fue capturado y recluido en el penal de Cojutepeque, del que se fugó tras el derrumbe de su celda, producto del sismo del 3 de mayo de 1965.

Vuelto a La Habana, se integró en el consejo de colaboradores de la revista Casa, en donde interactúa con destacadas personalidades intelectuales del mundo.

En 1966 se trasladó a Praga (Checoslovaquia), se estableció en la calle Thakurova e inició sus funciones en el comité de redacción de la revista internacional Problemas de la paz y el socialismo. Allí, redactó un complejo trabajo poético experimental, basado en los “poemas-problemas” y en sus constantes visitas a la taberna U’Fleku. Amparado con el seudónimo “Farabundo”, presentó el manuscrito de este poemario al certamen literario continental y anual de Casa de las Américas (La Habana, Cuba, 1969) en el que Taberna y otros lugares obtuvo el primer premio.

En Praga también sostuvo conversaciones con el obrero Miguel Mármol, salvado del paredón de fusilamiento durante los sucesos de 1932 en El Salvador. Fruto de esas conversaciones y de la imaginación daltoniana surgió el libro testimonial Miguel Mármol (San José, Costa Rica, 1972. Existe una traducción al inglés realizada por Kathleen Ross y Richard Schaaf, con prólogos de Manlio Argueta y Margaret Randall, 1986). La información de esa obra ha sido considerada canónica hasta la fecha, a pesar de que el propio Mármol intentó matizarla mediante la redacción de sus propias memorias, que quedaron manuscritas e inconclusas al momento de su muerte, ocurrida en la capital salvadoreña, en 1993.

Luego de tres años de haber salido de El Salvador, el poeta se reunió con su esposa Aída y sus tres hijos Roque Antonio, Juan José y Jorge Vladimiro en la capital checoslovaca, en 1967. En julio y agosto de este mismo año, asistió como uno de los delegados salvadoreños a la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), desarrollada en la capital cubana.

Radicado de nuevo en la isla caribeña, Dalton efectuó otros viajes periodísticos o políticos a Sur América, Europa, Rusia y a las Repúblicas Democráticas de Corea y Vietnam. Este último estado del sureste asiático fue reconocido oficialmente por El Salvador, en enero de 1960.

Tras renunciar a sus labores en el Comité de Colaboración de Casa de las Américas (La Habana, 20 de julio de 1970), Dalton se dedica a recibir intenso entrenamiento militar, motivado por su deseo de ingresar a los movimientos guerrilleros centro y latinoamericanos.

En 1973, viaja de nuevo a Santiago, la capital chilena, por invitación del gobierno socialista de Salvador Allende.

A finales de diciembre de ese mismo año regresa a El Salvador con su rostro retocado por la cirugía plástica y con una nueva identidad, bajo el alias de “Julio Delfos Marín” para integrarse a las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), organización clandestina que posteriormente lo captura (13 de abril de 1975), lo enjuicia (a partir del 14 de abril de 1975, proceso en el que cuenta con la defensa del poeta Eduardo Sancho, después conocido con el sobrenombre de “comandante Fermán Cienfuegos”) y lo ejecuta a tiros, en atención a las órdenes vertidas por los dirigentes Domingo Mira (“Sebastián Urquilla”) y Joaquín Villalobos.

Aunque los datos existentes son aún confusos y obran en poder exclusivo de los participantes de ese hecho sangriento, la información disponible permite establecer que Dalton murió en una casa del barrio Santa Anita y que después fue trasladado a las cercanías volcánicas de Quezaltepeque, el 10 de mayo de 1975. En esa zona rural, su cuerpo fue abandonado, devorado por animales, semienterrado, descubierto por autoridades y perdido para siempre en una barranca, según lo estableció, en 1993, un informe de la Misión de Observadores de las Naciones Unidas para El Salvador (ONUSAL).

Las acusaciones vertidas en su contra para justificar su asesinato desataron condenas de sectores políticos e intelectuales del planeta entero. Entre ellas se destacan las voces del novelista y cuentista argentino Julio Cortázar y del escritor uruguayo Mario Benedetti, quien años más tarde preparó la primera antología poética de Dalton conocida a nivel internacional, publicada en La Habana (1980), San Salvador (1981) y Madrid (2000).

Los trabajos literarios y doctrinarios de Dalton aparecieron en múltiples publicaciones periódicas de diversos países (especialmente, El Salvador, Cuba y México), entre las que cabe mencionarse:Hoja, La jodarria, Opinión estudiantil (órgano universitario salvadoreño del que fue corredactor en 38 números de su decimocuarta época, entre junio de 1955 y julio de 1956), La universidad, Gallo gris, Tribuna libre, El independiente (del cual fue redactor), Letras de Cuzcatlán, Abril y Mayo (revista del Partido Revolucionario Abril y Mayo PRAM creado el 20 de diciembre de 1959 y declarado ilegal por el Consejo Central de Elecciones, el 14 de julio de 1960), Diario Latino, La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy, Vida universitaria, Marcha, Tláloc, La pájara pinta, La gaceta de Cuba, El caimán barbudo y más.

Otras obras suyas son Dos puños por la tierra (poesía, San Salvador, 1955, en coautoría con el poeta y revolucionario guatemalteco Otto René Castillo), Mía junto a los pájaros (San Salvador, 1958), La ventana en el rostro (poesía, México, 1961, con prólogo de Mauricio de la Selva), El mar (poesía, La Habana, 1962, en edición de diez páginas patrocinada por la librería “La Tertulia”, propiedad de Fayad Jamís), El Salvador (monografía, La Habana, 1963), Los testimonios (poesía, La Habana, UNEAC, 1963, 75 págs.), César Vallejo (ensayo, La Habana, 1963, 50 págs.), El otro mundo (1963), Poemas (San Salvador, 1967), El intelectual y la sociedad (conversaciones con escritores, México D. F., 1969. Existe una traducción al italiano, realizada ese mismo año), Los pequeños infiernos (poesía, Barcelona, 1970, con palabras de José Agustín Goytisolo), ¿Revolución en la revolución? y la crítica de derecha. (La Habana, 1970), Las historias prohibidas del Pulgarcito (prosas y poemas, México D. F., 1974), Pobrecito poeta que era yo (novela, titulada alguna vez como Los poetas, San José, Costa Rica, 1976. Hay traducción al alemán Armer kliener Dichter, der Ich war, realizada por Silvia Pappe, y publicada en Basel, Rotpunkt Verlag, 1986), Caminando y cantando (pieza dramática, San Salvador, revista Abra, 1976), Poemas clandestinos (San Salvador, 1980), Los helicópteros (pieza dramática, escrita en colaboración con “Peperuiz”, pseudónimo del escritor y abogado Dr. José Napoleón Rodríguez Ruiz, San Salvador, 1980), Las enseñanzas de Viet-Nam (apuntes, California, 1981), Un libro rojo para Lenín (poesía, Managua, 1986) y Un libro levemente odioso (poesía, México D. F., 1988).

Los poemas de Dalton han sido recogidos en decenas de antologías, publicadas en ediciones bilingües en Europa, Estados Unidos Centro y Sur América. Tres de las más recientes y reveladoras son En la humedad del secreto (recopilación de poemas dispersos y antología crítica, preparada por Rafael Lara Martínez, San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos, 1994, con reimpresión en mayo de 1995), Small hours of the night (Willimantic, Cubstone Press, 1996, edición de Hardie Saint Martín que recibió un premio estadounidense a la mejor traducción al inglés en 1997, gracias a las versiones hechas por Jonathan Cohen, James Graham, Paul Pines y otros), Antología mínima (selección de Luis Melgar Brizuela, San José, Costa Rica, EDUCA, 1998) y La ternura no basta (con prólogo de Víctor Casaus, La Habana-Sevilla, Fondo Editorial Casa de las Américas-Área de Cultura de la Diputación de Sevilla, 1999, 478 págs.).

Dos años antes de su muerte, Dalton presentaba entre sus obras inéditas títulos tales como El otro infierno (poemas, 1961), Profesión de sed (artículos), Imperialismo y revolución en Centro América (ensayo), Poemas del viajero solo y Dalton y Cía. (teatro). A esos trabajos hay que agregar varios poemas, publicados en las páginas de El Diario de Hoy durante los años 50, los cuales fueron rescatados entre los años 2000 y 2001 por el investigador salvadoreño Carlos Cañas-Dinarte. Esos textos poéticos compilados verán la luz editorial como parte de la segunda edición, corregida y aumentada, de la antología daltoniana preparada por Lara Martínez, actualmente en preparación en los talleres tipográficos de la Dirección de Publicaciones e Impresos de CONCULTURA.

Su vida, obra y voz han sido objeto de grabaciones y documentales fílmicos y televisivos realizados en La Habana (1969), México (1981) y San Salvador, además de mesas redondas, congresos literarios, reseñas y comentarios en publicaciones periódicas, tesis de licenciatura, maestría y doctorado en distintos puntos del planeta.

Entre esos homenajes tributados destaca la publicación del grueso volumen Recopilación de textos sobre Roque Dalton (La Habana, Casa de las Américas, serie Valoración Múltiple, 1986), en el que diversas personas e intelectuales del mundo entero aportaron rasgos biográficos y anecdóticos del escritor y revolucionario salvadoreño, quien a lo largo de su vida fue amigo de políticos e intelectuales como Fidel Castro, Carlos Fonseca Amador, Miguel Ángel Asturias, León Felipe, Nazim Hikmet, Juan Gelman, Ernesto Cardenal, Silvio Rodríguez, Roberto Fernández Retamar, Lisandro Otero, Miguel Barnet, Heberto Padilla, Elena Poniatowska, Fayad Jamís, Carlos Jurado, Claribel Alegría, Jorge Arias Gómez, Eraclio Zepeda, Manuel Galich, Juan Larco, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Pablo Armando Fernández, René Depestre, Eliseo Diego, Félix Rodríguez, Eduardo Galeano, Lisandro Chávez Alfaro, Regis Debray y su esposa Elizabeth Burgos, Vicente Rojo, Carlos Monsiváis, Poli Délano, etc.

Pese a los esfuerzos editoriales ya mencionados, aún está pendiente de escritura una biografía completa del poeta y revolucionario, por lo que cuatro acercamientos a la misma los constituyen Vida y obra de Roque Dalton García (tesis para optar al grado de licenciada en Letras, escrita por Patricia Comandari de Hasbún, San Salvador, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, 1986), En memoria de Roque Dalton (escrito testimonial del historiador y abogado Dr. Jorge Arias Gómez, San Salvador, 1999), Roque Dalton: Una biografía poética (trabajo inédito del investigador salvadoreño Luis Alvarenga que, en diciembre de 2000, mereció el premio único de ensayo en los Juegos Florales de Panchimalco) y Un disparo… a la izquierda del corazón (biografía daltoniana escrita por el pintor e investigador salvadoreño Armando Solís, en prensa).

Por gestiones de su viuda Aída y dos de sus hijos el periodista Juan José y el cineasta Jorge, pues Roque Antonio murió en combate, en 1981, integrado a la naciente guerrilla salvadoreña del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en mayo de 1998 la Alcaldía Municipal de San Salvador les extendió un documento en que se dejó establecida la condición legal de la defunción del escritor.

Pocos días después, en la sesión del día jueves 21 de ese mismo mes y año, la Asamblea Legislativa les entregó a Juan José y a Jorge el diploma que oficializa la declaratoria de “Poeta meritísimo de la república”, conferida a Roque Dalton gracias al decreto 186, fechado el 11 de diciembre de 1997.

En los meses finales de 1999, el archivo que contiene poemas manuscritos, papeles inéditos, cartas y fotografías del poeta fue devuelto a El Salvador desde sus sedes originales en las ciudades de La Habana y México, con el fin de que se constituya en el acervo documental de la proyectada Fundación “Roque Dalton”.

Una medalla cultural anual (México D. F.), la pinacoteca de la Universidad de El Salvador iniciativa del pintor salvadoreño Armando Solís, el Teatro Municipal de Cámara (barrio San Miguelito, San Salvador) y un centro escolar de Aguilares son algunas de las preseas y edificaciones que, a partir de la última década del siglo XX, fueron bautizadas con su nombre.

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