Schafik (5)

Schafik (5) – Lunes, 08 de Enero de 2007 hora 11:24

Dagoberto Gutiérrez

El trabajo político era concebido como una relación íntima entre la formación, capacitación y organización; todo esto era entendido como concientización pero los militantes del PR siendo gente de izquierdas podían ser, al mismo tiempo militantes del Partido Comunista. Estas dos calidades, miembro del PR y militante comunista, no tenían, sin embargo, un significado sinónimo porque ni todos los militantes comunistas eran activistas del PR ni todos los activistas del PR eran miembro del PC; el segundo era como un escalón superior en el compromiso político de las personas.
La formación significaba una escuela y este pequeño local frente al Majestic lo era, era un aula permanentemente funcional y además la escuela funcionaba en otros lugares del país, en sindicatos, universidades, escuelas públicas y en ocasiones hasta en iglesias, también las zonas rurales tenían sus escuelas y éstas trabajaban casi siempre en horas nocturnas.
La capacitación se refería a aspectos más prácticos del trabajo como la propaganda, la pinta e impresión de materiales escritos y la organización era el hilo conductor de todo este proceso y entonces había una aguja, un hilo y un tejido que iba saliendo del amorío entre la aguja y el hilo, la organización era este tejido.
En realidad el trabajo armonizaba el orden y el desorden porque el PR nunca fue legal aunque habíamos solicitado la legalidad; pero siempre fue legítimo su trabajo teniendo pendiente lo legal y así las cosas, trabajábamos con dos pies en dos terrenos: el del orden, la legalidad y el del desorden, la resistencia.
Una mañana a la altura de las once llegó al local un hombre de pelo entrecano, de rasgos finos, de modales y de voz suaves, de anteojos de carey y con libros bajo el brazo. Raúl Castellano Figueroa era su nombre e inició su clase con parsimonia, como dando tiempo a que los alumnos asimilaran su reflexión. Raúl era miembro de la Comisión Política del Comité Central del Partido Comunista de El Salvador, era un intelectual prestigioso e hijo de Jacinto Castellano Rivas y padre de Roberto Castellano Brañas, asesinado durante la guerra en la Colonia Nicaragua junto a su esposa danesa Anette Mathiessen, y de Florencia Castellano Brañas fallecida hace un par de años en Costa Rica.
En muy contadas ocasiones tuve trato con Raúl Castellano pero siempre me impresionaron su pensamiento calificado y su nivel teórico y me gustó su trato suave y cuidadoso con las personas; él parecía saber que cada persona sabe una parte de la verdad pero nadie convive con la verdad total.
Algunos meses después Raúl moriría en un hospital de Moscú durante una malograda operación quirúrgica y su muerte me impactó profundamente. Siempre he pensado que perdimos un apoyo importante para descifrar los abundantes callejones que la lucha revolucionaria nos presentó posteriormente y nos sigue presentando.
El trabajo en el PR siempre fue intenso y siempre se combinó con el tejido educativo, en ocasiones cuando íbamos a las escuelas políticas de Santa Ana en el mismo vehículo Ron-Ron, mientras Schafik manejaba yo leía en voz alta los textos de filosofía que se iba a enseñar esa tarde en Santa Ana de modo que no perdíamos ningún minuto del tiempo disponible.
El local del PR siempre contó con la participación de militantes especiales entre ellos hay que mencionar sin falta a tres: el primero era un cipote delgado, de pequeña estatura, limpiabotas del centro de la ciudad, éste era un militante permanente y seguidor de Schafik, de fácil y abundante palabra, de nutrida argumentación y de mucho conocimiento de lo que se decía y ocurría en su lugar de trabajo, era conocido como Chico Lima en alusión al Dr. Francisco Roberto Lima, conocido abogado crítico del régimen a quien este militante admiraba también. El otro militante era Julio Claros, campesino de unos treinta años que todos los días al anochecer llegaba al local del Partido con una cuma muy afilada dentro de un saco de mezcal, siempre con algunas verduras, la camisa de fuera y un pantalón sostenido con una fuerte cuerda, zapatos bastante usados, con dentadura en la que faltaba dientes superiores e inferiores, de frente despejada y de abundante verba. Julio entraba hablando al local como dándole continuidad a algún tema pendiente; nadie le entendía lo que decía porque no podía hablar y él insistía en que Schafik siempre le entendía de modo que frecuentemente conversaban; en realidad Schafik tampoco entendía, la jerigonza de Julio era una permanente crítica política al régimen y este hombre siempre participó en los preparativos y en las actividades partidarias, en mitines, asambleas y manifestaciones. El tercer personaje, un joven de Mejicanos a quien todos decíamos “Balta o Basaltar” aunque él se llamaba Baltazar, tenía problemas de epilepsia, de pequeña estatura, de anchos hombros, piel blanca, cara grande y cabello lacio, siempre hablaba dejando caer las palabras y siempre parecía tener problemas con el equilibrio. Fue herido en varias ocasiones durante manifestaciones y finalmente fue desaparecido al ser capturado en su casa en una zona marginal de Mejicanos. No supimos más de él, pero la verdad la bruma no lo devoró.
Ciertos días el local del PR era iluminado con la llegada de monjitas que causaban, con sus hábitos blancos, negros o cafés, un impresionante ambiente en el local; la gente que pintaba mantas, preparaba engrudos, imprimían manifiestos, suspendían lo que estaban haciendo para verlas. Las religiosas, en medio de ellos avanzaban hacia la oficina donde platicaban con Schafik.

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