Wangari Muta Maathai

Wangari Muta Maathai
ENcontrARTE

Wangari Maathai es un símbolo. En el país de donde proviene, Kenya, en el corazón del Africa negra, estudiar es difícil; y para una mujer lo es mucho más. Tener una voz crítica que sea escuchada, que sea reconocida a nivel global, es difícil en un mundo regido por enormes intereses, donde mandan el gran capital y los hacedores de la guerra, siempre blancos, varones, del Norte próspero. Y más aún: ser escuchada siendo mujer, negra, y viniendo del Africa, tiene el valor casi de proeza. Pero su caso reúne todo ello: es una importante intelectual y activista por los derechos humanos, luchadora social incansable, siendo mujer, negra y africana, lo cual le valió recientemente el haber sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz. ENcontrARTE presenta hoy una semblanza de su vida y su obra como un humilde aporte a la causa universal de la justicia

”Si somos incapaces de preservar la especie humana, ¿qué objeto tiene salvaguardar las especies vegetales?”

Wangari Maathai

En Kenya, al igual que en cualquier lugar del Africa, donde las mujeres quedan relegadas a un papel secundario en el plano político y social, la trayectoria de Wangari Muta Maathai constituye una excepción.

En un país que durante decenios estuvo sometido a un régimen de partido único, a menudo fue duramente golpeada por la policía por participar en manifestaciones que exigían la protección de los bosques de su tierra natal.

“Los gobiernos piensan que amenazándome y agrediéndome van a hacerme callar; pero tengo piel de elefante. Y alguien tiene que hacer oír su voz” dice Wangari Maathai.

En un mundo donde la mayoría de la gente se encuentra aparentemente más preocupada por posesiones materiales y sus propias vidas, que en la condición humana y las dificultades que otros tienen que afrontar, Wangari Muta Maathai utiliza sus manos y su corazón para sembrar y enverdecer la comunidad africana. Ella ha pasado la mayor parte de su vida sembrando árboles y promoviendo movimientos designados a hacer a la gente consciente de lo importante que es cuidar el planeta, empezado simplemente con ser mentalmente más “pro-bosques” dentro de nuestras propias comunidades.

Esta kenyata, de 66 años de edad, madre de tres niños, tiene espíritu de precursora. No sólo es la primer mujer africana en ganar el Premio Nobel de la Paz (la sudafricana Nadine Gordimer ganó el de Literatura en 1991), sino que también fue la primer mujer en Africa Central y Oriental en obtener un doctorado; también fue la primer Decana de la Universidad de Nairobi, Kenya.

Wangari Maathai nació en la ciudad de Nyeri, Kenya, cerca de Nairobi, en 1940, y tuvo la suficiente “suerte” de asistir a la escuela, algo que era, y aún es, imposible para una mujer africana. Y su educación superior es una verdadera rareza entre las mujeres de áreas rurales de Kenya.

Obtuvo su licenciatura en Biología en Mount St. Scholastica College en Atchison, Kansas, Estados Unidos, en 1964. Luego obtuvo un Master en Ciencias por la Universidad de Pittsburg, en 1966. Continuó sus estudios de doctorado en Alemania y en la Universidad de Nairobi, donde obtuvo, en 1971, un Ph.D. Fue la primera mujer de Africa central y oriental que obtuvo el doctorado.

Luego de terminar sus estudios enseñó anatomía veterinaria en la Universidad de Nairobi, a pesar del escepticismo y la oposición de los estudiantes varones. Realizó su carrera profesional en dicha Universidad, en donde ocupó casi todos los cargos docentes, siendo también la primera mujer que ejerció la jefatura de un departamento hasta llegar a ser la decana.

Se casó en 1970 con un miembro de la legislatura local. El matrimonio duró 10 años, pues a comienzo de los 80 su marido le entabló una demanda de divorcio por ser “demasiado educada, tener demasiado carácter, ser demasiado exitosa y demasiada obstinada para ser controlada”, según recoge la Enciclopedia de Biografías de Gale.

Wangari Maathai militó en el Concejo Nacional de Mujeres de Kenya (National Council of Women of Kenya) entre 1976 y 1987, donde desempeñó la presidencia desde 1981 a 1987. Fue justamente cuando estaba en el Consejo Nacional de Mujeres de Kenya que introdujo la idea de plantar árboles para conservar el medio ambiente y mejorar su calidad de vida, lanzando el proyecto “Harambee para salvar la tierra” (‘harambee’ significa en ‘swahili’ “actuar unidos”).

“Las mujeres rurales que conocí por medio del Consejo Nacional de las Mujeres de Kenia, del cual yo era miembro, me hablaban de sus necesidades”, comentó Wangari Maathai en un discurso a su público, “Ellas decían que no tenían suficiente madera para energía o buenas fuentes de agua limpia potable o lo suficiente para comer, especialmente comidas nutritivas”.

Wangari Maathai observó que la amenaza común de todos estos problemas era el deterioro del medio ambiente que los rodeaba. Ella tomó la determinación de hacer algo sobre la situación y finalmente, en 1977, funda el proyecto que recibió el nombre de “Movimiento del Cinturón Verde” (Green Belt Movement).

Un mural de “Art Miles” (Millas de arte) dedicado a Wangari Maathai
El movimiento “Cinturón verde” fue desarrollando hasta emerger en forma de una organización de base cuya dedicación principal es la de plantar árboles con grupos de mujeres, promoviendo así paralelamente el respeto al medio ambiente, así como fomentar y salvaguardar la biodiversidad, proteger el suelo, crear puestos de trabajo especialmente en zonas rurales, dar una imagen positiva de las mujeres ante la comunidad y afianzar las cualidades de éstas como dirigentes y la mejora de la calidad de vida de las participantes. De hecho, a través del movimiento “Cinturón Verde”, ha trabajado con mujeres plantando más de 20 millones de árboles en un intento por evitar la deforestación y consiguiente desertificación.

Su objetivo esencial era lograr que la población comprendiera la necesidad de proteger el medio ambiente, plantando árboles y aplicando políticas a largo plazo. Cerca de 80% de los 20 millones de árboles plantados aún está en pie. En la actualidad, el movimiento Cinturón Verde tiene más de 3.000 viveros, con lo que da trabajo a unas 80.000 personas, en su mayoría mujeres campesinas.

En 1989 las Naciones Unidas informan que en Africa de cada 100 árboles que se talan, solo se reponen 9, causando graves daños al ambiente que repercuten, naturalmente, en la calidad de vida de la gente.

El programa es llevado adelante mayoritariamente por mujeres, quienes al recibir una paga por el trabajo de plantar los árboles, tienen mejores posibilidades de atender a sus hijos y cuidan el futuro del medio ambiente.

Lo que empezó con un simple deseo de mejorar el estado del mundo alrededor de ella, ha crecido hasta convertirse en un movimiento internacional que ha mejorado las condiciones de mucha gente que ella misma no sabía cómo lograr. Wangari Maathai espera que el Movimiento Cinturón Verde continúe teniendo éxito e inspire a la gente a regresarle a la tierra aquello que tanto les ha dado.

La visión y determinación de Wangari Maathai ha inspirado a un número incontable de gente alrededor del planeta. El movimiento Cinturón Verde ha producido otros movimientos dedicados a mantener el medio ambiente y a apoyar la educación de las mujeres y los niños.

En 1986 el Movimiento estableció una “Red Pan-africana Cinturón Verde” (Pan african Green Belt Network) con 40 individuos organizando seminarios y programas de formación destinados a otros países que replicaron el programa, como es el caso de Tanzania, Uganda, Malawi, Lesotho, Etiopia y Zimbabwe que adoptaron los métodos del movimiento Cinturón Verde. Wangari Maathai también espera compartir sus experiencias con organizaciones fuera de Africa.

Mientras Wangari Maathai ha hecho tanto por la gente de Africa, el éxito de sus sueños no se materializó fácilmente. Sus ideas han chocado con una gran crítica de parte de los antiguos legisladores de Africa.

En 1991 fue arrestada y puesta en prisión y liberada gracias a una campaña llevada a cabo por Amnistía Internacional. Lo cual podría hacer que mucha gente se diera por vencida, no siendo ese el caso de Wangari Maathai, quien se ha mantenido siempre imperturbable.

En 1988 obtuvo la atención mundial al oponerse al proyecto de viviendas de lujo respaldado por el presidente de Kenya que limpió cientos de acres de bosques. Hecho que desencadenó una revuelta popular que fue duramente reprimida por el gobierno y que originó la repulsa internacional.

En 1997, Wangari Maathai fue candidata a la Presidencia de Kenya, pero su partido retiró su candidatura días antes de las elecciones.

En 1999 fue atacada cuando plantaba árboles en el bosque público Karura de Nairobi, como protesta contra la continua deforestación, lo que casi le costó la vida.

“La gente me pregunta con frecuencia porqué no tenía miedo. La mejor manera que tengo para explicarlo es decir que yo no proyecto el miedo. Si tú te mantienes concentrada en lo que quieres obtener, entonces, en efecto, irás exactamente al lugar donde mucha gente no se atrevería a ir. No es que sea valiente o que no vea las consecuencias, sino que al no proyectarlo, yo no adopto el miedo que con tanta frecuencia nos frena al perseguir nuestras metas”, expresó Wangari Maathai.

Como co-presidenta de la campaña “Coalición del año 2000” (Jubilee 2000 Africa Campaign), Wangari Maathai amplió sus desafíos, jugando un papel protagónico en la demanda de la condonación de la deuda de los mal llamados “países de tercer mundo”.

Wangari Maathai ha intervenido en numerosas ocasiones ante la Asamblea General de Naciones Unidas, y en concreto en nombre de la mujer, en sesiones especiales organizadas con motivo de la revisión de la Cumbre de la Tierra.

Además de Naciones Unidas, Wangari Maathai ha colaborado con organizaciones como el “Instituto Jane Goodal”, la “Organización por el Desarrollo Medioambiental y de la Mujer” (WEDO, por sus siglas en inglés), “Cruz Roja Internacional”, “the WorldWIDE Network of Women in Environmental Work” y el “Consejo Nacional de la Mujer de Kenya”.

Fue elegida al parlamento kenyano en el año 2002 con una abrumadora mayoría del 98% del voto y se desempeño como Directora de la Cruz Roja de Kenia.

Desde enero de 2002 Wangari Mathai es “Visiting Fellow” en el Instituto Global de Bosques Sustentables de la Universidad de Yale. Y en diciembre del mismo año fue designada Vice Ministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje.

Su compromiso se ha visto recompensado con un sinfín de galardones entre los que destacan:

“Mujer del Año” (1983)

Premio a Una Sociedad Mundial Mejor (1986)

“Mujeres del Mundo” de Women Aid (1989)

“Fundación Ecologista Goldman” (1991)

“Africa” de Naciones Unidas al liderazgo (1991

Premio de Excelencia de la Comunidad keniata en el Extranjero (2001)

Premio a una Visión y Compromiso Sobresalientes (2002)

“Petra Kelly” de medio ambiente (2004)

“Sofía” (2004) y el prestigioso Right Livelihood Award, considerado como un Premio Nobel Alternativo, como reconocimiento de su “contribución al bienestar del género humano”.

Además fue considerada por “Earth Time” como una de las 100 personas en todo el mundo cuyo trabajo fue capaz de producir una diferencia en el mundo en lo que concierne al medio ambiente.

Del reconocimiento de la organización creada por Wangari Maathai hacen gala igualmente las numerosas publicaciones que la han tomado como objeto de análisis; a saber: “The Green Belt Movement: Sharing the Approach” (por Wangari Maathai, 2002), “Speak Truth to Power” (Kerry Kennedy Cuomo, 2000), “Women Pioneers for the Environment” (Mary Joy Breton, 1998), “Hopes Edge: The Next Diet for a Small Planet” (Frances Moore Lappe and Anna Lappe, 2002), “Una Sola Terra: Donna I Medi Ambient Despres de Rio” (Brice Lalonde et al, 1998), “Land Ist Leben” (Bedrohte Volker, 1993).

El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, le fue entregado el Premio Nobel de la Paz con una dotación es 1,3 millones de dólares; por su “contribución al desarrollo de la democracia y al sostenimiento de la paz”.

“La paz en la tierra depende de nuestra capacidad de asegurar la vida de nuestro medioambiente”, defendió también el comité Nobel al anunciar la decisión, añadiendo que Wangari Maathai “está al frente de la lucha para promover la viabilidad del desarrollo social, económico, cultural y ecológico en Kenya y en Africa. Ella piensa globalmente y actúa localmente”, dijo Ole Danbolt Mjøs, del Comité Nobel noruego.

“Me sorprendió ganarme el Premio Nobel de la Paz. Me di cuenta rápidamente que a pesar de que se me ha otorgado este gran honor, el honor no fue sólo para mi sino para las miles de mujeres que plantaron más de 20 millones de árboles en toda Kenya como parte del movimiento Cinturón Verde. Parte del dinero irá a programas ambientales. Tengo que hacer un presupuesto y pensar qué voy a hacer”, dijo Wangari Maathai a periodistas en Nyeri durante la ceremonia de entrega del premio Nobel de la Paz.

Durante el discurso de la aceptación del Premio Nobel de la Paz, Wangari Maathai dijo, “Me gustaría hacer un llamado a la juventud para que se comprometa a actividades orientadas a contribuir sueños a largo plazo. Tú eres un regalo para tus comunidades y por lo tanto para el mundo. Tú eres la esperanza y nuestro futuro”. “Quiero que sepan que a pesar de los retos y represiones que enfrentan, existe esperanza. Tengo mucha esperanza en la juventud”.

La entrega del Nobel de la Paz a Wangari Maathai suscitó diversos comentarios laudatorios, entre los que merecen ser citados:

”En un mundo en que combatientes de la Guerra Fría como (el ex secretario de Estado estadounidense) Henry Kissinger pueden recibir el mismo premio, y gobernantes como (el primer ministro británico) y (el presidente estadounidense) George Bush pueden ser propuestos para ganarlo tras asesinar a decenas de miles de civiles (en Iraq) sobre bases fraudulentas, es bueno ver que se reconocen verdaderos actos de paz”, apuntó Greenpeace. ”Ella es nuestro tipo de ganadora del Premio de la Paz”, añadió.

”Por primera vez en la historia, el Comité Nobel ha reconocido la guerra contra el planeta tierra. Maathai ha usado el poder de la no violencia y la resistencia creativa para impedir crímenes contra el planeta”, sostuvo la organización no gubernamental ambientalista internacional Greenpeace, con sede en Amsterdam.

”Se le debía desde hace tiempo un reconocimiento a las mujeres africanas y a su contribución a la paz y el desarrollo. Wangari realmente representa el rostro de un liderazgo africano distinto del que desempeñan los jefes de estado, cancilleres y generales, todos varones, que solemos ver. Ella viene de los auténticos movimientos de base que han unido las causas del ambiente y los derechos humanos”, destacó Salih Booker, director ejecutivo de Acción Africa, unión de varias organizaciones que condujeron en los años 1970 y 1980 el movimiento estadounidense contra el régimen racista sudafricano del apartheid.

Es importante destacar que en sus primeras declaraciones a la prensa tras haber sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz, Wangari Maathai apuntó directo al corazón, afirmando que “el VIH/SIDA es producto de un experimento biológico. Fue creado por un científico para la guerra biológica. ¿Por qué ha habido tantos secretos en torno al VIH/SIDA? Esto hace que me plantee interrogantes”.

”Se habla de una maldición de Dios. Pero yo digo que no es posible, la verdad es que el VIH/SIDA fue creado en un laboratorio como un arma biológica. Algunos dicen que el SIDA vino de los monos; ¡estupideces!, nosotros, los africanos, hemos vivido con ellos desde tiempos inmemoriales sin consecuencias, mientras ahora estamos siendo exterminados más que ningún otro pueblo en el planeta por esta epidemia.”

Wangari Maathai ya había hecho pública su postura sobre el origen del VIH/SIDA unos meses antes de ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz, lo que suscitó polémica en Estados Unidos y reticencias al conocerse que la ambientalista keniata había ganado el Nobel.

Algunas de sus ideas…

”Si uno desea salvar el entorno, primero hay que proteger al pueblo”

”El ambiente es muy importante para la paz, porque cuando destruimos nuestros recursos, se vuelven escasos y luchamos por ellos”

“Hubo parlamentarios que me reprocharon el hecho de estar divorciada. Creo que en el fondo esperaban que al poner en tela de juicio mi condición de mujer lograrían someterme. Después se dieron cuenta de su error.”

“Plantar un árbol encierra un mensaje muy claro: con ese simple acto usted puede mejorar su hábitat. La población cobra así conciencia de que puede influir en su entorno, y ello es un primer paso hacia una mayor participación en la vida de la sociedad.”

“La pobreza es causa y síntoma de degradación ambiental”.

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