Carta a Mauricio Funes

Carta a Mauricio Funes
marzo 19, 2014 Voces Comentar
Publicado en: Actualidad, Contracorriente – Dagoberto Gutiérrez, Elecciones 2014, Nacionales, Política

Los cinco años de tu periodo pasaron rápido, casi volando y casi corriendo, y casi como una exhalación, será porque los tiempos son muy acelerados o porque el país requiere tantas cosas por hacer, pero tu gobierno llegó rápido y pasó rápido, las huellas son como un testimonio de que alguien o algo pasó por un lugar y en un cierto momento; en la historia las huellas tienen que ver con los pasos que alguien da y con las cosas que alguien hace o no hace, con lo que dicen o no dicen.

Dagoberto Gutiérrez

Tu gobierno es de aquellos de los que todos esperan todo o casi todo porque llegaste desde las cámaras de televisión a un lugar donde las decisiones no eran fáciles y sin tener la fuerza necesaria para tomar las decisiones necesarias.

En la historia tu gobierno no responde a una transición porque ésta requiere la derrota de un régimen político anterior y el montaje de uno nuevo y en ese proceso en el que lo antiguo no desaparece y lo nuevo no aparece es donde estalla, enmarañado, el conflicto. Tu gobierno no registra conflictos históricos y estructurales, es más bien un gobierno de transito.

He de decirte que tu decisión de controlar el aparato de Estado, junto con tus amigos y de establecer tu propio centro de decisión fue muy importante y otorgó una característica clave para tu gobierno, porque eso te permitió asegurar las decisiones convenientes y adecuadas sin que ningún aparato partidario controlara y usufructuara el aparato estatal. Estoy seguro que nos entendemos cuando afirmo que es el control del aparato del estado y su uso en la dirección que se acuerde y en la manera que se estime conveniente y al servicio de los intereses a los que se sirven, lo que determina los temblores y estremecimientos de la lucha política del país.

Hay algo fundamental en todo ese empeño y es que en todo momento vos fuiste siempre vos, y no permitiste que el cargo te subsumiera, por eso no fue el presidente el que le dio el uniforme a Mauricio Funes, sino Mauricio Funes fue el que se hizo Presidente, pero sin dejar de ser Mauricio Funes. Te repito, esto le dio a tu presidencia un cierto olor, un cierto sabor y un cierto color de alguien que sabe que los cargos son pasajeros como la vida toda y que la clave es saber que la carga viene cuando la persona descubre que hay que encargarse de la realidad y hay que hacerse cargo de ella, ambos sabemos que un cargo no supone eso de encargarse de lo que estoy hablando.

Por supuesto que navegaste en la maraña encendida del conflicto, porque siendo este un componente infaltable de la realidad, lo es más cuando se trata del poder y sobre todo, del poder político que sirve o de manera subversiva o de manera conservadora, todo depende de quién lo use y en ambos casos si se usa para transformar la vida de los seres humanos beneficiando a los más débiles hay conflictos con los más poderosos, pero cuando el poder se usa en beneficio de estos poderosos debe, tiene y puede haber conflictos con los débiles, afectados, heridos y ofendidos, sobre todo cuando estos débiles han esperado y desesperado, bajo el Sol y la noche, por una vida diferente y nueva, de modo que el conflicto tiene que ver con la circunstancia de ¿Para quién trabaja el gobierno?

Entiendo que esto lo tienes resuelto en tu cabeza, porque la gente y también el pueblo, tiene sobre esto, ideas que son cada vez más claras.

Por supuesto, querido Presidente Mauricio Funes, que aparecer peleando con las cúpulas empresariales del país era algo inusual en los estilos de gobernar y también en los métodos de someterse a los poderes, porque los presidentes se sometían sin hacer ruido, pero tu conflicto pareció romper ese conocido arroyo de imponer y de acatar los intereses más fuertes; por supuesto que todo depende de la naturaleza de los conflictos, de sus esencias mas allá de las palabras ríspidas y los discursos con llamas, aunque al público pareció gustarle esa confrontación así como pareció aprobar que el aparato de Estado no fuera apropiado por los partidos políticos.

La figura del cambio fue el anuncio y también el motor de tu ascenso al gobierno y en cierto modo tú representaste eso, el cambio, como ambos sabemos es una palabra húmeda y sinuosa que puede significar desgracia o ventura, por eso es una palabra que requiere de ingredientes precisos para convertirse en transformación; pero cómo pudiste aprender, transformar un país, requiere una cabeza subversiva, total respaldo de un pueblo ganado para las transformaciones y saber situarse, totalmente en el terreno del conflicto.

El nuevo gobierno que previsiblemente asumirá el próximo primero de junio te debe mucho, bastante, como la luz al día. Tu decidida campaña política en medio de la campaña electoral, sin ese trabajo y sin tu experiencia en la comunicación, los resultados en la primera campaña electoral no hubieran sido, probablemente, los obtenidos.

La segunda campaña es otra historia y aquí es más importante la derrota de unos que la victoria de los otros, porque el que gana con pocos votos es débil, y el que pierde con pocos votos es fuerte y esto es importante para los días y meses que están corriendo.

Te diré que el nuevo gobierno no enciende las esperanzas ni las hogueras que vos encendiste, esto no es necesariamente un consuelo, pero sí un punto de diferencia sustantiva cuando los días que vienen van a requerir de un pueblo movilizado, organizado y formado, dispuesto a construir, con sus propias manos, las esperanzas necesarias; sabiendo que estas no vienen de arriba, pues nacen abajo, muy abajo. Por eso los movimientos en el cielo son precedidos por los cambios en la tierra y la crisis agravada y la ofensa agigantada producirá, sin falta, sus movimientos, pero esto es otro tema.

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