Adam Smith en Beiging

Dice la OCDE que en el 2011 el PBI mundial se dividió así: Estados Unidos 23%, Europa 17%, China 17% y la India y Japón con 7% cada uno. EEUU y Europa tuvieron una participación del 40%: importante, aunque mucho menor a la de hace 25 años.

La cosa va a cambiar fuerte en el 2030, según la misma OCDE, porque EEUU bajará a 18%, China subirá a 28%, Europa bajará a 12%, mientras que la India sube a 11%, pero Japón baja a 4%. Si los pronósticos se cumplen, EEUU y Europa con 30% estarán detrás de China e India, que tendrán 39%. Y, si se le suma Japón, entonces definitivamente la balanza se habrá inclinado al Este, pues alcanzaría el 43% del PBI mundial.

Ni qué hablar del 2060, porque China (28%) e India (18%) tendrían el 46% del PBI mundial. Lo que querría decir –siempre en condicional– que los planes de EEUU para que el siglo XXI siguiera siendo un “siglo americano”, como lo fue el siglo XX, habrían sido superados.

¿Debiera sorprendernos este fuerte cambio en la hegemonía económica? La verdad que no. Desde el siglo XVI para acá ha habido la hegemonía de España, luego la de Holanda (cortita), la era victoriana del “gran imperio británico” y la hegemonía de EEUU desde 1945 hasta la fecha. Miren que todas son potencias occidentales.

Pero si se aprecia el largo plazo, no habría por qué fruncir la ceja. El economista historiador inglés Angus Maddison nos dice que el PBI per cápita de Europa Occidental y China fue casi exactamente el mismo desde el año 1000 (d.C.) hasta 1600 y 1700. Es solo con la Revolución Industrial del siglo XVIII que los caminos se bifurcan con el claro predominio, claro está, de Europa Occidental.

Cifras aún más explícitas nos da el desaparecido economista italiano Giovanni Arrighi en su libro del 2007 Adam Smith en Beijing. Dice que el PBI conjunto de China y Japón equivalía al 36% del PBI mundial aún en 1820, mientras que el PBI conjunto del Reino Unido y EEUU, ese mismo año, solo era el 7% del total. En los siguientes 200 años la cosa cambió, pues EEUU y Reino Unido llegaron al 35% del total en 1950 versus solo el 8% de China y Japón.

Así, lo que debiera sorprender, dice Arrighi, no es que los países asiáticos vuelvan a tomar la delantera económica sino qué fue lo que pasó desde 1700 en adelante para que Occidente avanzara y Asia retrocediera.

La respuesta no es fácil, pues hay múltiples factores. Analizando teorías e interpretaciones, Arrighi apunta a demostrar que ha habido cambios claves desde fines de la II Guerra Mundial, en Japón primero, en los 4 tigres asiáticos después (Hong-Kong, Taiwán, Corea del Sur, Singapur) y finalmente en China. Esos cambios han determinado que ahora los asiáticos estén “desbancando” a los dueños del circo con las armas de estos, a las que suman –en una fusión particular– muchas de las características y virtudes asiáticas, entre ellas un indiscutido rol promotor del Estado. El “mix” no es fácil, por cierto.

Volviendo a los pronósticos, hay que tomarlos con pinzas pues asumen escenarios de continuismo muy cuestionables, sobre todo a la luz de la actual crisis económica de los países industrializados que también golpea al resto de “países emergentes”.

En lo político-social, se especula mucho sobre la estabilidad del régimen chino y, también, del indio. A lo que hay que agregar la dimensión que no se quiere ver: la gran crisis del ecosistema, ya que el calentamiento global es consecuencia de los patrones de producción y consumo existentes. Esto configura una situación grave que, sin embargo, países como EEUU y China no asumen en el marco de las NNUU de manera organizada y vinculante.

Sea lo que fuere, la lucha por la hegemonía se va a dar en Asia. China luchará por el liderazgo de lo que considera su “zona de influencia natural”. De su lado, EEUU no va a abandonar ese terreno y prepara múltiples iniciativas para ser interlocutor en ese continente, sobre todo con tratados de libre comercio (el TPP). Parece difícil que lo logre, cuando se miran 1000 años de historia.

A propósito, ¿qué rol juega América Latina, y el Perú, en este escenario mundial de largo plazo que ya llegó a nuestras costas?

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