Alianza para el Pacífico (AP) o, quinta columna huérfana del ALCA

Haber alcanzado gobiernos de centro e izquierda y haber hecho retroceder al neoliberalismo no significa que el monstruo del ALCA haya muerto.

En la pasada cumbre de la Alianza para el Pacífico (Cali, Colombia, 20 al 24 de mayo de 2013), la prensa amarilla colocó el foco en la parafernalia del libreto del presidente Santos, quien dijo que esta cumbre adquiere “importante peso en el escenario mundial”, y que este es “el siglo del Pacífico y de América Latina”. La Alianza para el Pacífico (AP), dicen los corifeos, parte en dos la historia del Pacífico, al punto que, si Paul Rivet hubiese conocido al cuarteto neoliberal de la AP sus teorías poblacionales desde el Pacífico hubiesen gozado de mejor y mayor fama mundial. Ni siquiera Deng Xiaoping, el impulsor de las cuatro modernizaciones en China (1978) se salvó, pues Santos no se ruborizó al citarlo y hacer la comparación. El sainete también incluyó en su libreto una ‘imprevista’ y ‘coincidente’ visita del vicepresidente del imperio, Joe Biden, quien, estupefacto, exclamó: “¡Pero qué cambio!” Seguidamente y pasando revista en un campo de explotación para la producción de flores de capital gringo, el funcionario gringo rogó (risas…) a Santos que le permitiese a los EE.UU ser observador en la AP, pues una economía con un PIB (nominal) de 15 088 000 millones de dólares, necesita y confía su futuro a la ‘locomotora’ de la economía colombiana con un PIB (nominal) de 365.402 millones de dólares.

Con ADN neoliberal

Un año después de la creación Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – CELAC (23/2/10)-, la derecha del continente, liderada por el renegado Alan García, convocó la creación de la AP en abril de 2011. En la década anterior la derecha del continente menospreció los gobiernos de centro e izquierda, que fueron capaces de reorientar el MERCOSUR. Su dogma no les permitió ver, que gobiernos de origen distinto al credo neoliberal, en alianza con sectores de la burguesía nacional, configuraban un nuevo escenario político eludiendo la trampa de los TLC. En esa dirección, antes de la CELAC, se dieron dos pasos significativos, primero el ALBA (2004) y posteriormente la UNASUR (2008), cuyos objetivos no se supeditan al libre comercio ni al poder de los capitales trasnacionales. Para no abundar en datos, basta con leer este aparte del acta de constitución de UNASUR:

La Unión de Naciones Suramericanas tiene como objetivo construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, entre otros, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados.

Por el contrario, si nos detenemos en su carta de intención, la AP no es solamente una idea bondadosa para hacer negocios, promover el crecimiento y de carácter apolítico. Es una reacción clara frente a los virajes soberanos en la región, pues han despertado y tomaron nota, en el sentido de que lo de UNASUR no es una simple declaración, sino que ha tomado forma, materializándose en cambios reales para los trabajadores y los sectores populares. Es por ello que la derecha y los gringos necesitaban un nuevo espacio para trabajar por el libre comercio, la competencia y el crecimiento, cuyos excedentes “serán repartidos” por la mano invisible del mercado. No en vano, y en contraste con UNASUR, los objetivos de la AP son:

1. Construir, de manera participativa y consensuada, un área de integración profunda para avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas;

2. Impulsar un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías de las Partes, con miras a lograr un mayor bienestar, la superación de la desigualdad socioeconómica y la inclusión social de sus habitantes; y

3. Convertirse en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial y de proyección al mundo, con especial énfasis en Asia-Pacífico.

No se necesita hacer un examen exhaustivo para indicar que el ADN de la AP y sus fundadores, Calderón, Piñeira, Santos y del ex presidente Alan García es totalmente neoliberal. Lo anterior se respalda en el hecho que, estas cumbres, en realidad, son grandes ruedas de negocios, esta vez reforzada con la cómica presencia del primer ministro español Mariano Rajoy y la presidente de Costa, Rica, que, por lo menos, tuvo el recato de no usar el narco avión para asistir al sainete.

Delirios de grandeza y astucia para ingresar a la APEC

Los delirios de Santos, que se hace meter en la lista de invitados a ser miembros del Club de los países ricos desarrollados del OCDE (1989) y que ahora aspira a ser miembro de la OTAN (risas de nuevo), se soportan en una innegable campaña mediática, una red de favores al capital trasnacional y medidas concretas dirigidas al crecimiento para favorecer los negocios de un puñado de oligarcas criollos.

Su voltereta contra Uribe no encierra contradicciones de fondo en cuanto al libre comercio, pues ambos son neoliberales; la diferencia radica en quién y con qué alianzas se debe gobernar. Santos le ha apostado a distanciarse, en esta etapa, de la oligarquía agraria más matona, al tiempo que hace cuña para reencontrase plenamente con el sector financiero nacional, mientras pragmática y tramposamente se relaciona con el vecindario.

En la zaga, primero rescató a María Emma que acababa de abandonar el barco del PDA y, con aroma de centro izquierda, posó en la foto e hizo el show, copresidiendo la UNASUR al lado de Nicolás Venezuela; segundo, como recurso ante el fracaso de sus múltiples pedidos de ingreso al foro de la APEC desde 1995, sacó su verdadero as y se hizo coparticipe en el impulso de la AP. Como es sabido, Chile, Perú y México son miembros de la APEC y se supone que tienen la tarea de lagartear la incorporación de Colombia a este foro.

Con el delirio de gran motor de la economía regional, que ni ellos mismos se creen, han colocado un manto de optimismo y, mientras tanto, se dan a la tarea de reorganizar a la derecha neoliberal, jugando el papel de Quinta columna en el proceso de unidad latinoamericana, tal como sucedió en 1826 con el Congreso Anfictiónico de Panamá.

El papel de quinta columna y los peligros de la nostalgia por el ALCA

En alguna ocasión dijimos, que si bien habíamos derrotado el ALCA en Mar del Plata (2005), ello no significaba que estuviera muerto, y que no había que bajar la guardia, porque los gringos no se iban a resignar a perder su patio trasero. Pues bien, ahora, aprovechando los gobiernos de derecha y la ambivalencia del actual gobierno nacionalista del Perú, se revive el monstruo, mientras Santos encabeza la Quinta columna, sonriendo a la izquierda, cooptando el centro, pero operando efectivamente en la derecha al servicio del Consenso de Washington y de los huérfanos del ALCA. Tenemos que tener presente que la condición de ingreso a la AP, entre otras, es tener un TLC vigente con los EE.UU., no ser miembro del ALBA, no practicar el proteccionismo comercial y sobre todo, que “tengan los mejores entornos regulatorios para hacer negocios en toda América Latina según Doing Business 2013 del banco Mundial” .

Hay que recordar que la astucia no es muy original, pues ya los alumnos más adelantados, los neoliberales chilenos, desde el 2005 encabezaron el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (Trans-Pacific Partnership, TPP), que en realidad es un TLC multilateral integrado por modestos países de la de la APEC (Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur); con el mismo guión, hoy grandes economías solicitan o ‘ruegan’ ser miembros del TPP, como es el caso Japón, Australia, Estados Unidos entre otros. Recordemos, que también Alan García se alcanzó a tomar la foto al lado de Barak Obama, en el marco de una reunión del TPP en el 2010.

Tampoco podemos soslayar que la derecha no solo anda organizando mecanismos de integración alternativos y formales a la CELAC, UNASUR y ALBA, pues allí están los golpes de Estado que han terminado con el derrocamiento de gobiernos en Honduras y Paraguay, y los intentos fallidos en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Que hayan fallado en sus intentos no significa que cesen de torpedearlos, pues han aprendido lecciones y tienen la capacidad de unir, financiar y brindar un fuerte apoyo internacional a la derecha. Ya vimos recientemente como actuaron en las elecciones presidenciales en Venezuela, desconociendo el triunfo de Nicolás Maduro y llamando a la desestabilización.

Los socios de la AP, ni tan iguales ni tan competitivos

• Por algo la cumbre no se hizo en Buenaventura. Es claro que el Pacífico colombiano sufre una de las peores asimetrías en comparación con el resto de los países de la región. Si de comercio se trata, lo lógico es que la Cumbre se hubiera realizado en Buenaventura, pero no tenía presentación hacerlo en el abandonado, violento y destartalado Puerto. No convenía un escenario como Buenaventura para tan adinerados huéspedes ni para el hiperbólico discurso de Santos, pues según el diario El Comercio de Lima ((abril 25 2012), “el puerto del Callao (Perú) movilizó 1,6 millones de contenedores en el 2011 con crecimiento del 20%, Guayaquil movilizó 1,4 millones de contenedores el año pasado y se ubicó en segundo lugar. El tercer y cuarto lugar lo ocuparon los puertos chilenos de Valparaíso y San Antonio con 973.000 y 854.000 contenedores movilizados, respectivamente. Les sigue Buenaventura de Colombia que movió 748.000 contenedores.” En este dato, hay que tener en cuenta que Colombia tiene 17 millones de habitantes más que Perú, 30 más que Chile y cerca de 31 más que Ecuador. La comparación con los puertos de México sería más que odiosa.

• Sale más barato el transporte de un contenedor de mercancías desde la China hasta Buenaventura, que de Buenaventura a Bogotá. Y no es un chiste, se trata de una realidad constatable, pues el propio Santos en agosto del 2012, en otro globo mediático, dijo que “el transporte de un contenedor desde los puertos en el Caribe o en el Pacífico hasta Bogotá, tiene un costo de USD 2.400”. El informe de competitividad global sobre infraestructura indica que “mientras que el país ocupa el puesto 68 en la tabla de competitividad global, que mide a 139 naciones, en calidad de carreteras cae al puesto 108, por debajo de Ecuador y Perú, puestos 83 y 92, respectivamente.” Y no es un secreto que un contenedor para llegar de Buenaventura a Bogotá dura en promedio 20 horas, si no hay lluvias, derrumbes o trancones en la vía etc.

• Enorme disparidad en la calidad educativa. Bastante trecho hay entre las universidades colombianas y la UNAM de México, la San Marcos de Lima y las universidades Nacional y Católica de Chile. Chile, que ha privatizado en gran medida la educación, se ha adecuado desde los 80 para ser competitivo colocando la educación al servicio del libre comercio. Este país con relación a Colombia tiene un promedio alto de calidad en Educación superior, pero no logra acercarse significativamente a los promedios del OCDE, del cual es miembro pleno.

Según el Observatorio de la Universidad en Colombia, nuestro país solo genera, “en promedio, unos cien doctores anuales, mientras que en México y Brasil esa cifra asciende a 2.000 y 9.000, respectivamente. (…) Solo el 12,4% de los profesores universitarios en el país tienen doctorado, mientras en otros países de la región su participación está entre 30% y 50%”. En tal sentido, también hay una exageración al afirmar que el libre tránsito nos permitirá exportar profesionales. En el caso de los intercambios estudiantiles, de lejos y sin tanta alharaca, en Argentina hay muchos más estudiantes universitarios colombianos que en Chile, Perú y México juntos.

Falacias

• La AP no es una comunidad económica, se trata una unión aduanera, adecuada para países firmantes de los TLC con EE.UU. Desde la teoría general de la integración comercial aún no hay claridad de que se trata la AP, no sabemos cuál es su naturaleza jurídica y no ha cumplido sus trámites ni en el parlamento colombiano ni en las cortes. Santos nos ha dicho que es un proceso de integración similar a la Unión Europea, superior al MERCOSUR, pero esta es una exageración en el sentido que la libre circulación de trabajadores es una caricatura y la libre circulación de capitales está atada a las trasnacionales con grandes inversiones en Chile y México. En realidad se trata de un esquema comercial que permite hacer uso de la cláusula de nación más favorecida, donde cada una de las partes garantiza a la otra un tratamiento tan favorable como le haya otorgado a terceras naciones, y como la condición es tener TLC con EE.UU, lo que empieza es a constituirse el ALCA indirectamente y así ganan en control las trasnacionales y tienen la vía libre para encadenarnos a Minería.

• No hay tal salto del comercio con Asia. Países como Chile, Perú y México tienen ya una larga experiencia, afinidad y conexidad con los países de Asía, de allí que también es exagerado decir que la AP inaugura una nueva era. Más vale sacar las cuentas de los costos que implicará bajar los aranceles y exponernos a la avalancha asiática vía la AP. Instalar dos burócratas en una embajada conjunta en Singapur no representa el gran salto ni mucho menos.

• Si son tan buenos los beneficios, porqué un gremio cúpula como la SAC se ausentó de la Cumbre. Presentar la suma mecánica de las economías, cifras de comercio y que por tener 210 millones de habitantes somos la octava potencia mundial raya con el delirio, pero en realidad es una argucia para forzar la realidad y así poder presentar a la AP como el escenario ideal para la integración. Sin embargo, la SAC que no se hizo presente en la cumbre, dice que están en juego más de 1’254.000 empleos, y que van a darse pérdidas en más de 200 subpartidas arancelarias, dado que se van disminuir las barreras de protección que hoy se tienen.

No nos dice el Gobierno que está juego la Franja Andina de precios que impide, en parte, que estemos invadidos de productos agrícolas, asunto lesivo para la producción nacional, pues basta ver nuestra balanza comercial con los socios de AP, y solo por nombrar un ejemplo, Colombia tiene una balanza comercial desfavorable con México de 5.000 millones de dólares.

• El libre tránsito de personas. La visa AP no es más que un contentillo mediático, pues los trabajadores y el común de los pobladores, en realidad, nunca o casi nunca viajan a esos destinos, y quienes realmente lo hacen son los comerciantes, que en realidad nunca han tenido ese tipo de problemas. Nadie puede decir que viajar en el pasado por los países al sur de Colombia ha tenido serios impedimentos, más allá de las distancias y claro, los costos. En promedio un vuelo Bogotá-Lima cuesta 380 dólares, Bogotá-Santiago 720, Bogotá-México 820 con relativamente pocas frecuencias, mientras que el promedió entre Bogotá y Miami es de 450 dólares y con un número grande de frecuencias diarias, de allí que la AP no va a impulsar a quienes hacen negocios para que radicalmente cambien sus nichos de comercio.

Conclusiones

– La AP no es una astucia original ni mucho menos autónoma. Obedece, en gran medida, a los intereses de los EE.UU., en el marco de la APEC, y su operación es similar a la iniciada por los chilenos con el TPP – Asia Pacífico.

– Dado que, los cambios en América Latina son de mediano y quizá largo alcance, la ganancia de la derecha colombiana es que aprovecha el contexto para ser bendecido en todos estos foros internacionales y desde luego jugar como Quinta columna. Gráficamente podemos decir que Santos y compañía, son los utileros que hoy le instalan los flotadores al ALCA, sin perder la vieja tradición de perros falderos del imperio en el Congreso de Panamá en 1826, la guerra de Corea, la agresión en las Malvinas, el voto en contra del Estado en Palestina y el apoyo a la invasión a Irak.

– La AP no integrará realmente la economía Colombiana en el pacífico, se trata de una vitrina para ofertar negocios, esconder los tristes resultados del TLC con EE.UU, lavar imagen política ante la Unión Europea y servir de peón de brega haciéndole los mandados a los gringos, hoy en la disputa con las grandes economías asiáticas.

– Este catálogo de ‘buenas intenciones’, esconde una nueva ofensiva del capital trasnacional y vienen por la construcción de un ALCA recargado. Sus cumbres son, en realidad, ruedas de negocios, que nada tienen que ver con la Democracia, pues en estas decisiones poco cuentan los parlamentos y nada tiene que ver con los pueblos, pues la alfombra en la cumbre de Cali se extendió para 400 empresarios del más alto estirpe, escondiendo la pobreza local y con la cordillera occidental como cortina para impedir que se viera la triste realidad de los pueblos que habitan el Pacífico colombiano.

El escenario está abierto y será la continuación de lucha, el reagrupamiento de fuerzas, la creatividad para fortalecer la autonomía y la unidad lo que permitirá reorganizar la resistencia contra el ALCA recargado. El avance del bloque de izquierdas en Chile, el avance del FMLN en el Salvador, la resistencia del pueblo Mexicano, las luchas desde abajo en Perú para rectificar el rumbo, la consolidación del revolución ciudadana en el Ecuador, la reafirmación de la Revolución Sandinista, además de la solución pacífica del conflicto en Colombia, son las tareas políticas que desde el corredor del Pacífico le cerrarán el paso a la llamada AP y al ALCA y, al tiempo, permitirán el avance hacia la consolidación de la CELAC y la autodeterminación de nuestros pueblos.

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