Amigos peligrosos,enemigos mortales: un analísis de Somoza y el movimiento obrero nicaraguense (1944 – 1946)

AMIGOS PELIGROSOS, ENEMIGOS MORTALES:
UN ANALISIS DE SOMOZA Y EL MOVIMIENTO
OBRERO NICARAGUENSE (1944 – 1946)
Jeffrey Gould
INTRODUCCION
La historiografía del movimiento obrero nicaragüense se caracteriza tanto
por la extrema pobreza y la dispersión de las fuentes primarias. como por una
tendencia a compensar mediante estructuras analíticas lo que falta en
contenido. El triunfo en 1979 de un movimiento revolucionario genuinamente
interesado en permitir al pueblo nicaragüense convertirse en “dueño de su
historia”, ha estimulado la búsqueda de fuente_s primarias y ha despertado el
interés de los historiadores en la trayectoria de la lucha de clases en
Nicaragua. A menos que abordemos problemas metodológicos fundamentales,
esta nueva búsq’ucda del pasado no darála luz necesaria para la comprensión de
los problemas de desarrollo y de los conflictos de clases en Nicaragua
contemporánea.
En años recientes, Gustavo Gutiérrez. Onofre Guevara. Carlos Pérez-
Bermudez y otros estudiosos han dirigido su atención a la fase formativa de
las organizaciones obreras en la década de 1940. Es importante subrayar que
tales trabajos han sido condicionados por circunstancias históricas
excepcionales. Tales investigaciones se realizaron en un período
revolucionario (inmediatamente antes y después del triunfo revolucionario de
1979) y por lo tanto, no sólo tuvieron dificultades en el proceso de
investigación sino que la perspectiva “antirreformista” naturalmente repercutió
en su enfoque.1 Los estudios mencionados pretenden ofrecer un marco de
referencia explicativo con el propósito de comprender la “debilidad” del
movimiento obrero y particularmente del Partido Socialista Nicaragüense
(PSN) en relación con el régimen somocista. Todos los autores postulan
como la variable clave de sus análisis el bajísimo nivel del desarrollo
capitalista de e51e período. Gutiérrez Mayorga señala:
“En tales organizaciones (sindicatos) en tanto que surgen en un período
en que predomina la forma de producción artesanal. su base la constituyen
preponderadamente trabajadores in— corporados a este tipo de producción pre-
capitalista.”
A partir de esta premisa básica, Gutiérrez Mayorga concluye que el modo
de producción artesanal condiciona la actividad política y la ideología, al
extremo de que los “artesanos socialistas” podían únicamente trabajar hacia
una transición reformista del modo de producción capitalista:
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“Los obreros artesanos no podían estar a la altura del verdadero personaje
que querían representar.”
El juicio de Ortega y Delgado es compatible con el de Gutiérrez. Ambos
señalan: “El movimiento obrero no sobrepasa los límites del mutualismo“. 4
Luego subrayan la fuerza del populismo de Somoza como un elemento clave
en la “castración del movimiento”. El Equipo Interdisciplinario amplía sobre
el tema del populismo:
“La demagogia de Somoza García con respecto a los trabajadores logran
conseguirle el apoyo de estas clases sociales. Sobretodo en los centros
urbanos se encontraron en un estado muy primitivo de desarrollo . El Código
de Trabajo, neutralizando el peligro de agitación laboral. el PSN, tarado desde
sus comienzos por su vinculación de origen con el Partido Comunista de los
EE.UU., lo cual significaba una línea de negociación. auxiliado por el Estado
Capitalista. Somoza. maestro de la negociación, auxiliado por el débil
desarrollo del capitalismo, y por tanto de la clase obrera industrial, pudo
fácilmente jugar al gato y al ratón con el PSN hasta 1948… El PSN nace en
un mitin cuyo objetivo era proclamar el apoyo al gobierno de Somoza”. 5
Evitando el “problema artesanal”, el Equipo Interdisciplinario claramente
está de acuerdo con el postulado de que “un bajo nivel de desarrollo capitalista
produce un bajo nivel de conciencia de clase, pero añade nuevas variables.
En primer lugar, supone el control hegemónico por parte de Somoza sobre las
clases populares urbanas. En segundo lugar, señala una influencia ideológica
externa —“Browderismo”, o sea la política de colaboración de clases impulsada
por los comunistas norteamericanos— como una variable clave para explicar el
comportamiento del PSN‘
Todos 105 autores establecen el “pecado original” del movimiento obrero:
su apoyo a Somoza en 1944. En síntesis , el argumento es: un bajísimo
nivel de desarrollo capitalista produjo desviaciones ideológicas en un débil
movimiento obrero con una composición básicamente artesanal. Estas
debilidades determinan la capitulación del PSN. ante Somoza.
Estos argumentos teóricos no ayudan mucho a nuestra comprensión de la
historia del movimiento obrero, dado que los mismos no iluminan el
desarrollo interrelacionado de los participantes: el régimen de Somoza, el
PSN y la fracción somocista del movimiento obrero. Antes de que un análisis
de este tipo pueda ser realizado, es necesario responder a algunas interrogantes
derivadas de una lectura de estudios al respecto. En primer lugar. necesitamos
saber si el movimiento obrero fue o no “artesanal”. Es evidente que algún
conocimiento de la estructura socio—económica sería útil para esto.
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Seguidamente, necesitamos responder a las preguntas: ¿qué era el movimiento
obrero?, cuán fuerte fue en términos numéricos?, ¿cuántos sindicatos, cuántos
sindicalistas había, y qué porcentaje de la población económicamente activa
(PEA) abarcaban? Estos son aspectos que se han dejado fuera de las
interpretaciones polémicas sobre el origen del movimiento obrero.
Parcialmente, la razón de estas graves omisiones tiene que ver con la extrema
dificultad que supone la falta de evidencia estadística. Después de sugerir
algunas respuestas tentativas a las preguntas anteriores, me centrará
fundamentalmente en la triple relación entre Somoza, sindicalismo izquierdista
y sindicalismo somocista en el período 1944 — 1946. Mi hipótesis es que el
sindicalismo somocista tenía una “autonomía relativa” con respecto al
régimen y como tal ayudó en la consolidación de una parcial hegemonía
somocista en la clase obrera. Una nueva evaluación del papel del ala izquierda
del movimiento no sólo sugiere un nivel de autonomía en relación con el
régimen mayor del que antes se suponía, sino además una sorprendente
capacidad para expandirse en un clima tx>lítico cambiante y adverso.
LA CONFORMACION DE LA CLASE TRABAJADORA
Durante su primera década en el poder, Somoza García hizo pocos
esfuerzos por alterar la naturaleza agroexportadora de la economía
nicaragüense. Sin embargo, el virtual colapso del comercio cafetalero en los
años treinta y los prohibitivos costos de importaciones norteamericanas
durante la guerra, forzaron a Somoza a hacer ciertas concesiones importantes
con el fin de desarrollar industrias alternativas. En particular, ofreció
incentivos fiscales a productores nacionales de azúcar y textiles, así como a
los intereses extranjeros en minería y hule. Al principio de los años
cuarenta, Somoza, como empresario privado, participó en el establecimiento
de cuatro industrias sustitutivas de importaciones: textiles, cemento. fósforos
y leche. Al mismo tiempo, su régimen emprendió obras públicas de
envergadura, construyendo ferrocarriles, la carretera interamericana y la
transístmica, que servían tanto a intereses estratégicos de los Estados Unidos
como a intereses económicos extranjeros y locales. Somoza, como es bien
conocido, lucró tremendamente durante los años de guerra, y el desarrollo
estimulado por su régimen conllevó invariablemente la acumulación de su
fortuna privada.6 Al mismo tiempo que Somoza acumuló capital, ayudó sin
embargo a alentar el relativamente rápido crecimiento de una clase obrera
asalariada que no era ni agrícola ni artesanal. Cinco industrias manufactureras
fundadas durante la Segunda Guerra Mundial empleaban aproximadamente 1000
trabajadores (ver anexo A). Este número es significativo, dado que la gran
mayoría de los 23.000 empleados del sector manufacturero en 1940,
trabajaban en talleres artesanales (con menos de cinco empleados). Durante la
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guerra, las filas de esta naciente clase obrera industrial crecieron. hasta cierto
punto, a través de transformaciones en el sector artesanal. Nuevas demandas
de alimentación y vestido para la población urbana así -como restricciones en
las importaciones, durante la guerra, provocaron tensiones en este sector, que
llevaron al crecimiento de pequeños establecimientos manufacmreros y la
proletarización de muchos artesanos. Es así que como para 1945 los 8.000
obreros empleados en industrias formaban el 30% de la población
manufacturera económicamente activa.7
El número de obreros de transporte, minería y construcción también creció
significativamente durante la primera década de Somoza. Entre 1940 y 1945,
el sector de transportes se expandió en un 25%. La minería de oro y plata,
estimulada por la extremadamente “liberal” ley de inversiones extranjeras
(1939), empleaba cinco veces más trabajadores en 1945 que en la década
anterior. Finalmente, los empleos relacionados con la construcción de
edificios, después de declinar de más de 3.000 a 1.100 trabajadores entre 1939
y 1943 debido a la escasez de materiales, se incrementaron a 5.000 entre
1944 y 1945 como resultado de ambiciosas obras públicas en Managua.
Igualmente, la construcción de carreteras, virtualmente inexistente antes de la
guerra, absorbió 4.000 trabajadores al final de la misma. Para 1945, estos
sectores normalmente ignorados por los historiadores, empleaban 18.000
trabajadores. 8
Desde la perspectiva de la organización de los trabajadores, el hecho de
que 25.000 personas, que representaban una tercera parte de la población
económicamente activa no agrícola, se convirtieron en trabajadores
asalariados no artesanales en un breve período de tiempo, claramente abrió
horizontes estratégicos que no existían 10 años antes. Al mismo tiempo, el
75% de la población en labores agrícolas, ligada en su mayoría a los
latifundios por relaciones semi-serviles, aparecía como una masa inerte que
tendría que ser movilizada para que el movimiento obrero prosperara en una
Nicaragua en proceso de industrialización.
Para la élite política, el crecimiento de la clase obrera era solamente un
aspecto de un fenómeno más sorprendente; el crecimiento de las masas
urbanas. Entre 1920 y 1940, Managua creció de 27.800 a 83.500 habitantes.
El comercio, el servicio doméstico y la burocracia estatal (particularmente
desde 1937), crecieron cinco veces y absorbieron la mayoría de los nuevos
asalariados.9
Acostumbrados al servilismo en relaciones socio—económicas. así como a
las disputas entre sectores de la oligarquía en política, los oligarcas -afectados
todavía por los resabios de la amenaza de clase de la lucha sartdinista— vieron
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con alarma el rápido crecimiento de “la multitud”. Anastasio Somoza, sin
embargo, vio en las masas urbanas un apoyo potencial para adueñarse del
poder y para el desarrolo de una “Nueva Nicaragua“.
SOMOZA Y EL SURGIMIENTO DEL MOVIMIENTO OBRERO
Una huelga general de más de cinco mil trabajadores (choferes, obreros de
la ‘construcción y ferrocarrileros), el ll de febrero de 1936, señaló el
comienzo de la lucha de Somoza por el poder. Somoza intervino en favor de
los huelguistas, enfocando la cólera popular por el aumento de la gasolina en
contra del Presidente Sacasa, y reprirnió al pequeño Partido Trabajador
Nicaragüense (PTN) el cual intentó prolongar la huelga. Así, se proyectó ante
los ojos de la oligarquía como único líder capaz de comunicarse con las masas
y de reprimir la izquierda.10
El golpe de Estado de Somoza, en junio del ’36, se realizó con el aura de
un movimiento popular. Los pequeños grupos de estudiantes. intelectuales,
trabajadores y. campesinos segovianos que luchaban por mantener vivo el
sandinismo habían enfrentado una represión continua desde 1934. Con la
toma del poder por Somoza crecía la represión específicamente antisandinista.
Así, por ejemplo, en febrero de 1937 Somoza encarceló a los trabajadores del
PTN y a estudiantes que conmemoraban el asesinato de Sandino.11 El silencio
impuesto a la sub—cultura Sandinista le permitía a Somoza lucir no sólo como
el Gran Pacificador y el defensor de la clase trabajadora sino como un patriota.
Es importante subrayar que Somoza García logró establecer un vínculo
importante con un sector “obrerista” del Partido Liberal. Tal fracción dirigida
por artesanos independientes y dueños de pequeños talleres. desde la
intervención norteamericana de 1912, había desarrollado una resistencia activa
al gobierno conservador y sus aliados extranjeros. Su protagonismo de la
lucha antigubemamental condicionaba una ideología “obrerista”, la cual
realzaba el valor del trabajo artesanal y el derecho de los ‘obreristas’ a dirigir
el Partido Liberal. Además se caracterizaba por un fuerte antagonismo a la
oligarquía de cualquier tendencia política y a la intervención norteamericana.
Tal como lo analicé en un estudio sobre los obreros chinandeganos, en varios
casos el antiirnperialismo de los ‘obreristas’ desembocó en apoyo a la lucha
sandinista.12 El hecho de que Somoza pudo ganar el apoyo condicional de
tales obreristas chinandeganos, indica una capacidad política que merece
mayor atención investigativa. Por el momento es suficiente recalcar que
efectivamante la base popular de Somoza en los años de 1930 se conformó en
gran parte de artesanos liberales organizados en gremios que le ofrecían un
apoyo condicionado con la esperanza de que Somoza implementada reformas
laborales y rompería los esquemas de dominación oligárquica 3.
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En su discurso inaugural en 1937 Somoza logró atacar al liberalismo
oligárquico sin ofender seriamente a la misma oligarquía:
.. estamos asistiendo al despertar de una nueva etapa en nuestro país, pues se
agita en la conciencia nacional el deseo de renovar sistemas y métodos de
gobierno, que la experiencia ha señalado, por lo menos parcialmente, como
caducos e ineficaces. Tales anhelos emanados de distintos sectores de la
opinión nicaragüense, han encontrado en mí hondo eco. 14
En todos los discursos de Somoza antes de 1944, se presenta como el
líder que manda como una respuesta a la voluntad popular nacional. la cual
aspira a la paz, el desarrollo y la justicia nacional. En el discurso inaugural
de 1939 declaró:
“ .. estoy profundamente compenetrado con el espíritu de la Nueva Nicaragua.
Ese espíritu ha guiado mis pasos de gobernante en el pasado, y continuará
guiándonos en el futuro”.1
Aunque Somoza disfrutaba de un amplio apoyo popular entre 1936 y
1938, factores de índole político y económico minaban sus bases de apoyo.
Disputas ideológicas también debilitaron su coalición de centro-derecha.
que se componía de elementos tanto fascistas como antifascistas.16 El mismo ‘
programa para el desarrollo de la infraestructura económica indirectamente
causó problemas económicos, pues los programas de obras públicas dependían
de préstamos extranjeros, lo cual obligaba al pago de deudas previas. El
régimen tuvo así que devaluar la moneda en un 500% e iniciar estrechos
controles sobre el comercio exterior, afectando intereses comerciales y
cafetaleros.17 Una tasa inflacionaria de 100% entre 1937-1938 bajó los
salarios reales por debajo del nivel de subsistencia. En parte como respuesta
a las promesas de Somoza a las clases trabajadoras y a su inmersión en la
“voluntad popular nacional”, trabajadores urbanos y rurales participaron en
numerosas huelgas espontáneas en 1938. Somoza intervino en algunas de las
huelgas (por ejemplo. la de los choferes de 1937) permitiendo a los
trabajadores obtener aumentos salariales. Pero en otras huelgas apoyó a
patronos intransigentes con unidades de la Guardia Nacional (como en las
minas).18 Finalmente, la Guardia encarceló repetidamente a estudiantes
sandinistasymilitantes del PTN. 19
Reconociendo tanto la amenaza de la izquierda como el creciente
descontento de los sectores comerciales y oligárquicos, Somoza tomó medidas
importantes para crear una base permanente en la clase obrera. Por ejemplo.
en 1938 intentó conquistar la adhesión del PTN. que a pesar de la represión
había organizado sindicatos de carpinteros, albañiles, sastres, zapateros y
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tipógrafos con una afiliación colectiva de alrededor de 1.500 miembros. 20
La táctica Somocista tenía mucho que ver con la necesidad de movilizar
apoyo para la Asamblea Constituyente de 1938.
Somoza ofreció ventajas concretas para la clase obrera en la nueva
constitución, tales como’ el salario mínimo, la jornada de ocho horas,
vacaciones y derechos sindicales que se establecerían en un código de trabajo,
aunque se formuló en un lenguaje corporativista que oscureció los derechos
sindicales y dejó amplios motivos para la represión estatal. Sin embargo, la
constitución otorgó demandas por las cuales el P’I’N había luchado por varios
anos.
Algunos de los líderes del PIN, a cambio de la promesa de Somoza y las
concesiones constitucionales de apoyar el movimiento obrero, aceptaron una
alianza de los trabajadores con el régimen. La experiencia generacional y la
extracción social tendían a diferenciar a este grupo de los obreros que
rechazaron la colaboración, quienes en 1938 sufrieron la cárcel y cinco años
más tarde, en 1943—1944, emergieron como la dirección del Partido Socialista
Nicaragüense. El grupo pro-somocista dirigido por Jesús Maravilla, Roberto
González. Alejandro del Palacio, Absalón González y el poeta Emilio
Quintana representaban la vieja dirección del PI’N y como tal habían pasado
muchos años encarcelados. Así, Maravilla exclamó en 1938: “Somoza o la
cárcel”.22 Las declaraciones de Somoza en favor de la armonía obrero-
patronal y de la creación de cooperativas manufactureras posiblemente
influyeron en el apoyo de la vieja guardia, dada su condición social como
dueños de pequeños talleres o negocios. Al contrario, en el ala
independentista %edominaban jóvenes obreros asalariados, sobretodo en
Managua y León.
Algunos historiadores han enfatizado el ‘oportunismo‘ y el ‘oficialismo’
del grupo colaboracionista. Sin embargo. es necesario subrayar dos puntos.
Primero, tales militantes gozaban de bastante prestigio en el pequeño e
incipiente movimiento obrero. Este prestigio se nota especialmente en
Chinandega. como veremos. Segundo, al pactar con Somoza no se
convirtieron necesariamente en meros agentes del régimen. Incluso los
‘obreros’ chinandeganos que obtuvieron puestos públicos no pudieron
desligarse demasiado de sus bases locales de apoyo, por el riesgo de perder su
utilidad para el régimen. Aunque es cierto que Somoza, en efecto, ‘compró’ a
varios dirigentes obreros y los convirtió en agentes personales dentro del
movimiento, es erróneo concebir a todo el grupo somocista como carente de
autonomía con respecto al régimen. Roberto González y Jesús Maravilla, en
particular, sostenían posiciones políticas que no coincidían siempre con la
línea somocista. Por ejemplo, en 1941 y de nuevo en 1945 hicieron un
llamado a la creación de un partido laborista independiente de los otros
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partidos, incluso del somocista. En 1945 el llamado estaba ya teñido de una
influencia peronista que iba a afectar al sindicalismo oficial más hondamente
que al régimen de Somoza.24 González y Maravilla combatían a la izquierda.
pero sus propias posiciones políticas contenían elementos de un análisis
marxista. En 1945, González y Maravilla atacaron al programa oficial del
Partido Socialista Nicaragüense (PSN) que proclarnaba ‘la colaboración de
clases’. el cual a su vez se aproximaba a la posición oficial del populismo
sornocista de la época.25 Los ataques constantes del PSN en contra de los
somocistas ‘ullra izquierdistas’ hacen difícil aplicar la etiqueta de ‘agente
somocista’ a tales dirigentes obreros.
Ninguna de las dos fi’acciones creció significativamente antes de 1944;
los colaboracionistas consolidaron su apoyo en las asociaciones mutualistas y
compitieron con la izquierda en los pequeños sindicatos urbanos. La política
represiva de Somoza en contra de la izquierda seriamente limitaba su capacidad
organizativa. No obstante, los militantes sindicalistas viajaban más allá de
su base urbana para organizar a los mineros y trabajadores agrícolas. La
favorable respuesta de los trabajadores a los esfuerzos sindicalistas entre
19424944. hacía mm más frustrante la represión de la Guardia Nacional. 26
El estancamiento del movimiento sindical temu’nó en 1943 cuando
Somoza optó por disminuir la intensidad de la represión anfisocialista Sería
importante determinar con más precisión la interrelación de factores
nacionales e internacionales en el ablandarniento de la represión antisindical.
Intemacionalmente, Somoza tuvo que actuar como aliado de las Naciones
Unidas incluyendo desde luego a la URSS. El prestigio de la URSS.
especialmente después del triunfo de Stalingrado, repercutió hondamente en
todos los sectores no derechistas del país. A finales de 1943, La Tribuna
Obrera describió a la URSS como el país que iba a “señalar el derrotero de la
humanidad”. Por otra parte Somoza se sintió obligado por sus mismos
compromisos internacionales a invitar a Lombardo Toledano, Presidente de la
CI‘AL. a compartir la tarima en una manifestación en noviembre de 1942.
Según un observador de la Embajada de Estados Unidos de América, Lombardo
hizo un “discurso maestro” muy aplaudido. Tal intervención probablemente
provocó una fuerte impresión en Somoza La repentina tolerancia de Somoza
hacia los sindicalistas también reflejaba una ansiedad frente al crecimiento del
movimiento sitor de estudiantes, empresarios, profesionales y oligarcas
conservadores. Así, el PSN pudo salir de la clandestinidad, agitar en favor
del prometido Código de Trabajo 2y organizar sindicatos sobre todo en las
nuevas fábricas de cigarros y textiles. 8
El ala somocista del movimiento sindical respondió a la actividad
socialista con un incremento en sus actividades organizativas. Aunque los
líderes somocistas continuamente atacaban a los militantes socialistas. de vez
en cuando cooperaban con la izquierda en campañas sindicales, como por
26
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ejemplo en Chinandega.29 Tales breves experiencias de colaboración entre
los dos grupos condicionaron hasta cierto punto una meta común de un
movimiento obrero unificado.
A pesar del anticomunismo virulento de los somocistas. tenían una cierta
afinidad ideológica con el PSN, Ambos grupos lucharon contra la derecha
nacional. que concebí-an como aliada a las potencias del Eje. Su resistencia
común a la derecha oligárquica se fortaleció al enfrentar la oposición
coniservadora al Código de Trabajo. Militantes de ambas fracciones habían
luchado durante una década para conseguir la promulgación de esta “Biblia de
los trabajadores”.3o Además el crecimiento del movimiento obrero
costarricense, el logro principal de la alianza de la izquierda con el Presidente
Calderón Guardia. irnpresionaba profundamente a todos los sindicalistas
nicaragüenses.
En abril de 1944. Somoza promovió la unidad sindical al empujar al
Congreso para que aprobara el Código de Trabajo. al llamar a la creación de
una ‘central sindical única’, para terminar con la ‘rivalidad estéril’. y al pedir
disculpas a la izquierda sindicalista por su encarcelamiento. Somoza declaró
‘Me equivoqué‘. No se había dado cuenta que los del PSN eran ’los mejores
hijos de Nicaragua’. Sin embargo, hay otra interpretación de la frase ‘Me
equivoqué‘. En mayo de 1944. después de la postergación del Congreso
Sindical, un grupo de dirigentes sindicales fue a entrevistarse con Somoza en
una de sus haciendas, ‘La Fundadora’ . Según Domingo Ramín’1. viejo
dirigente liberal obrerista de Chinandega. Somoza recibió a la delegación con
bastante’ frialdad y acusó verbalmente al grupo de ser ‘comunistas‘.
Momentáneamente, los sindicalistas no hallaron qué contestarle. Sólo el
valor del informante Ramírez y de Augusto Loría (PSN) permitió corregir la
impresión ‘errónea’ de Somoza. Arm si fuera verídico el relato de Ramírez. no
afecta significativamente nuestro análisis. ya que es imposible que Somoza no
se hubiera dado cuenta de la militancia política de dirigentes bien conocidos
del PSN como Loría y otros presentes. Lo que sí es probable es que Loría y
Ramírez le señalaran que el movimiento obrero sería un sostén importante del
régimen si se promulgaba el Código de Trabajo. Como demostración de buena
fe, se supone, Somoza ofreció asistir al congreso obrero.
Somoza inauguró el Congreso Sindical el 26 de mayo de 1944. ofreciendo
su apoyo incondicional al movimiento obrero. Se comprometió por primera
vez con medidas legislativas de reforma agraria y de seguro social. Su retórica
ya en ese Congreso se distinguió de discursos anteriores en los cuales
encamaba la voluntad popular. Ahora reconoció a los obreros como sujetos
semi—autónomos. con quienes tenía Somoza una relación especial. El
otorgaría beneficios para los trabajadores, pero los obreros también
conquistan sus derechos‘. En el discurso ‘ooncluyó:
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“Con estas palabras dejo esta tribuna de acción y de pensamiento con mis
mejores deseos que las deliberaciones, estudios y Conclusiones de este
Congreso lograrían con el ardor de patriotismo, beneficios para los obreros
nicaragüenses.
He querido inspirar fe y esperanza en los campesinos curtidos por el sol. que
trabajan de la madrugada hasta el atardecer en la tarea fecunda de sembrar la
tierra y en los obreros de los talleres y fábricas, como en los de las minas que
con su sudor y sangre durante noches sin estrellas aumentan la riqueza
nacional. Que tengamos fe y esperanza en un futuro de pan, alegría y
canción.”
Sin duda. Somoza esperaba el aval sindical para su proyecto de reelección
que requería una reforma constitucional. Más aun, Somoza necesitaba el
apoyo de un movimiento obrero organizado tácticamente en contra de las
fuerzas opositoras de la derecha oligárquica y de los disidentes liberales de los
sectores medios, y estratégicamente como el elemento clave en la
conformación de un ‘regimen hegemónico’.
.
El Congreso Sindical, no obstante rechazó un aval para la reelección.
Simpatízantes del PSN conformaron una mayoría de más de doscientos
delegados, representantes de sindicatos y asociaciones mutualistas. La
insistencia de la izquierda en la autonomía del sindicalismo con respecto al
Estado provocó discusiones verbales y pleitos callejeros, y así casi abortó el
proceso de unificación sindical. El PSN, sin embargo, optó por la unidad al
elegir a Absalón González. reconocido agente somocista. como presidente del
Comité Organizador de la Confederación de Trabajadores Nicaragüenses
(COCTN) y al otorgar “un voto condicional de confianza” en Somoza.
La respuesta relativamente favorable de la izquierda sindicalista sólo puede
comprenderse en el contexto de un joven movimiento sindical con clara
capacidad de expansión. debilitado por serías divisiones internas,
constantemente reprimido por los patronos y hasta poco antes por la GN, y
peocupado por la posibilidad de una toma de poder derechista. No está claro
si el PSN estaba plenamente consciente del creciente poderío fmanciero de
Somoza o del trato otorgado recientemente por él a los opositores políticos.
pero en mayo de 1944 los militantes reconocieron que Somoza “ofrecía
derechos a los obreros“ y la oposición parecía ofrecer un retorno a la edad
medieval.
El movimiento estudiantil. por su parte. no conformó un bloque
ideológicamente homogéneo dentro de la oposición. Los estudiantes
identificados con la tradición sandinista planteaban la necesidad de una
coalición amplia para derrocar al régimen, aún si se tuviera que ceder la
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dirección del movimiento a los Conservadores. Pero los sandinistas
simpatizaban abiertamente con el marxismo y con el movimiento obrero, y
trabajaban estrechamente con activistas estudiantiles del PSN 35. El
desacuerdo fundamental entre éstos y los sandinistas era la presencia de
anticomunistas conservadores en posiciones de liderazgo en el movimiento
estudiantil y la creciente hegemonía de las fuerzas antisindicales en el
conjunto del movimiento opositor. Militantes estudiantiles del PSN
consideraban necesario inculcarle al movimiento anúsomocista ideales
prolaborales, mientras que los sandinistas fervientemente abogaban por las
mismas metas, tolerando una alianza táctica con las fuerzas anticomunistas.
Los Partidos Conservador y Liberal Independiente (PLI), a pesar de sus
diferencias ideológicas tradicionales y sus distintas bases sociales. unieron
sus fuerzas en 1944 con el fin de derrocar a Somoza. Los Conservadores, que
representaban principalmente los intereses ganaderos. azucareros y
comerciales bajo el liderazgo de intelectuales derechistas, tenían quejas
específicas tanto económicas como políticas en contra del régimen. Desde
1940, Somoza había acosado a los conservadores cerrándoles los clubes
sociales y declarando ilegal a la fracción independiente del Partido.37 Desde
la perspectiva conservadora. tanto la política somocista como sus medidas
económicas eran una amenaza. Mientras debilitaba la capacidad de resistencia
de la oligarquía, Somoza se había convertido en un ganadero cuyo contrabando
y monopolio en la pasteurización de la leche había debilitado gravemente la
competencia oligarca. Por otra parte, la adquisición de dos importantes
plantaciones de caña y la coerción económica en contra de la principal
plantación conservadora (El Ingenio San Antonio, ISA) estaban amenazando
con desmoronar otro pilar oligárquico -el monopolio azucarero.38 La
oposición conservadora aumentó cuando Somoza comenzó a hacer concesiones
al movimiento laboral. No solo por costumbre se oponían los oligarcas al
movimiento sindical, sino que además consideraban que Somoza’ utilizaría la
Reforma Agraria y las huelgas laborales en contra de sus ya debilitados
intereses económicos.
El PLI fue fundado en marzo de 1944 por profesionales urbanos,
comerciantes, estudiantes y ex-funcionarios del régimen somocista. En
Chinandega, durante el período de 1945-1946, el PLI (en contraste con los
partidos conservadores y socialistas con sus liderazgos esencialmente
terratenientes y obreros, respectivamente) tenía en su directiva a un dueño de
una pequeña tenería , seis obreros, un abogado, un médico y un estudiante
universitario. No obstante, incluso antes de su auge en 1946, su militancia
incluía a varios miembros activos en el movimiento sindical. Los miembros
del PLI compartían una animadversión profunda al régimen, pero su
antagonismo a Somoza se debía a otras razones, tales como resentimientos en
contra de la corrupción oficial, la competencia desleal, la traición a los
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principios liberal—democráticos, y la falta de oportunidades profesionales en
una sociedad atrasada. Frente al problema sindical. el PLI en Chinandega no
pudo desarrollar un programa común, ya que el dirigente Ricardo Caldera era un
patrono muy represivo respecto del sindicalismo. En el plano nacional. la
misma diversidad de intereses del PLI, desde el sandinista hasta el empresario
molesto por los controles de precios y prácticas extorsionistas. pem1itía a los
políticos profesionales asumir el liderazgo del partido. Aunque dirigentes del
PLI buscaban el apoyo del PSN desde 1944 – 1946, no estaban dispuestos a
poner en peligro su alianza con los conservadores o los propios intereses
empresariales de sus miembros. La renuencia de la oposición a ofrecer
garantías sindicales al PSN y a legalizarlo condicionaba significativamente la
opción del partido de no apoyar la convocatoria oposicionista a una huelga
general en contra del régimen, con lo cual condenó la huelga al fracaso.
Factores coyunturales también influyeron en tal decisión trascendental. Sin
duda influyó la momentánea armonía relativa con el ala somocista del
movimiento sindical, con cuyos dirigentes firmaron un manifiesto en pro de
la lucha democrática en Guatemala y Nicaragua, pero en contra de “los
acusadores y apóstoles de la politiquería“ y “los agentes de tipo nazi-fascista”
quienes estaban manipulando el movimiento estudiantil. Sin embargo, la
participación de militantes del PSN en las manifestaciones opositoras subraya
el grado de antisomocismo dentro del Partido. Tal actividad señala una
división interna del partido tomando en cuenta la línea oficial del PSN
promulgada sobre todo por sus dirigentes principales, Juan Loría y Francisco
Hernández. Mientras que todos los miembros del partido favorecían una
alianza antisomocista con garantías pro-sindicales. una fracción postulaba
como prioritario el derrocamiento de Somoza. El crecimiento del movimiento
obrero se aseguraba, para ellos, mediante el fortalecimiento de su alianza con
los sandinistas y otros grupos progresistas dentro del Pl.l. El
encarcelamiento de simpatizantes del PSN por su participación en las
manifestaciones anfisomocistas permitió a Loría y Hernández actuar de una
manera decisiva sin tener que enfientar inmediatamente un debate interno. 39
Finalmente, en los últimos días de junio, durante el auge de la lucha
estudiantil, Somoza se entrevistó con dirigentes sindicales izquierdistas y les
¡xometió derechos sindicales para trabajadores agrícolas y mineros y
garantizó la neutralidad del Estado en todo conflicto obrero-patronal. 40
Aunque el apoyo del PSN para Somoza en junio-julio de 1944 fue decisivo
para proteger la existencia del régimen, no fue sacrificada la autonomía del
movimiento obrero. En su congreso inaugural. un dirigente del PSN instó a
Somoza para que retirara la Guardia Nacional “para que no sean las bayonetas
de la Guardia Nacional las que se manchen para defender la inalterabilidad del
orden” y así permitir a los obreros defender directamente al régimen en contra
de los reaccionarios. El partido hizo un llamado para la liberación de los
presos políticos y en contra de los monopolios, como causantes de la
30
Page 13
inflación. Ya que los monopolios somocistas de la leche, el cemento y los
fósforos eran de conocimiento público. el mensaje de la autonomía obrera era
más patente. Finalmente, el Partido rehusó endosar el plan de reelección de
Somoza, que era el blanco principal de la cólera oposicionista.
El 6 de julio Somoza renunció a sus planes de reelección. Sin embargo,
actuó desde una posición de fuerza relativa. Aunque el debilitado movimiento
estudiantil seguía protestando contra el régimen. y sobretodo contra la
clausura de las universidades, Somoza, con el apoyo del movimiento sindical,
sobrevivió la peor crisis de su carrera política. En setiembre se había
consolidado tanto su régimen que pudo liberar a centenares de presos
políticos. 42
Anteriormente se analizaron las razones del apoyo sindical para Somoza.
Además de las ya citadas, es probable que una brecha de tipo clasista separaba
a los obreros socialistas de la mayoría de la oposición. En efecto, la
transparencia de todas las fuerzas clasistas. con la excepción del somocismo
que en ese entonces actuaba principalmente dentro del movimiento obrero,
influyó decisivamente en la opción socialista de apoyar al régimen. Sin duda
el espectáculo de manifestaciones antisomocistas encabezadas por “damas
distinguidas de la alta sociedad”. además de la oposición intransigente de
dirigentes conservadores al Código de Trabajo. influyó en la respuesta de las
clases populares urbanas y por tanto en la del Partido Socialista. 43
COYUNTURA ECONÓMICA Y DESARROLLO SINDICAL
El desarrollo y expansión del movimiento sindical y las primeras
acciones de los obreros fabriles estaban condicionados no sólo por la apertura
de la alianza táctica, sino también por las cambiantes condiciones materiales
de la vida obrera. Ya para junio de 1945, militantes obreros habían
organizado a más de 17.000 trabajadores en más de 100 sindicatos (véase
anexo B). Los afiliados representaban más de la mitad de la totalidad de
mineros, transportistas y obreros fabriles y de la construcción. equivalente
aproximadamente al 25% de la PEA no agrícola. Por lo tanto. la imagen
actual en la historiografía nicaragüense de un ‘débil movimiento mutualista’
conducido por artesanos-socialistas. debería modificarse sustancialmente. El
porcentaje de afiliados respecto del la PEA sólo se podría superar con el
triunfo de la revolución sandinista y. en términos absolutos. es dudoso que el
movimiento sindical tuviera más de 17.000 afiliados antes de los años 70.
Entre 1948, el año de la represión antisocialista, y 1960, los sindicatos en su
conjtmto disponían de una afiliación de menos de 4.000 trabajadores. 44
Expondremos sintéticamente los factores que condicionaban el
extraordinario crecimiento del movimiento sindical. El régimen somocista no
31
Page 14
podía reprimir sistemáticamente a un movimiento sindical que, en efecto, era
su base principal de apoyo. Militantes sindicales de ambas tendencias se
aprovechaban de tal situación política, y así participaron en el más
importante período de expansión del movimiento obrero antes del 19 de julio
de 1979: los meses entre agosto de 1944 y junio de 1945.
La situación del empleo durante la guerra también favoreció
significativamente al movimiento en su etapa inicial. Los proyectos de obras
públicas (especialmente, debido a los altos salarios, la carretera panamericana
financiada por los Estados Unidos) absorbían tanta mano de obra urbana y
rural que frecuentemente los patronos se quejaban de la ‘escasez de
trabajadores’. Desde la perspectiva de la organización sindical, el desempleo
sectorial que re5ultaba de la suspensión gradual de los proyectos a partir de
1945, sólo se convertía en un problema una vez establecidos los sindicatos,
Aunque está claro que el desempleo no ayudaba al movimiento, no obstante
estimulaba luchas que tendían a delimitar la autonomía sindical, tal como lo
sugieren las siguientes: En junio de 1945, el sindicato de la construcción
atacó frontalmente a Somoza por crear más desempleo (además de violar el
Código de Trabajo) al despedir sin preaviso a doscientos obreros que
trabajaban en la remodelación de la Casa Presidencial. Asimismo, la
Federación de Trabajadores de Managua (FTM), la cual reunía en mayo de 1945
a 35 sindicatos bajo la clara hegemonía del PSN, agitaba por el siguiente
programa de reivindicaciones:
. La construcción de hospitales estatales.
. El calzado para todo niño descalzo mediante un subsidio estatal.
. Un subsidio estatal para la publicación de libros.
El cumplimiento del Código de Trabajo, promulgado el 2 de abril de
1945. El cumplimiento del Código se convirtió en la demanda
principal del movimiento obrero en 1945 _ 1946. 45
La inflación. princiapl expresión de la crisis económica en 1945 deprirnió
gravemente los salarios reales y aumentó el atractivo de la autodefensa obrera.
La economía nicaragüense cayó bajo la casi total dominación de los EEUU
durante la Segunda Guerra. Los incrementos sustanciales en el valor de las
importaciones norteamericanas sin duda contribuían significativamente a la
tasa inflacionaria. Sobre todo, el valor de las importaciones alimenticias
saltó de 5462.352 en 1942 hasta 51.167.875 en 1945. Las importaciones de
productos textiles subieron en valor de 31.8 millones en 1942 hasta 33.2
millones en 1943.46 Bajo presiones del gobierno norteamericano, el régimen
somocista limitó las importaciones de tal rubro, con el resultado de que en
1944 se importaron 51.5 millones de productos textiles. A pesar de las
restricciones en el volumen de importaciones (claramente un estímulo a la
naciente industria textil). el valor de tales bienes subió otra vez en 1945
32
Page 15
hasta S23 millones.47 Aunque no hemos podido determinar el impacto
cuantitativo del incremento en el valor de las importaciones sobre la tasa de
inflación, el siguiente cuadro demuestra el dramático aumento para el pueblo
nicaragüense de los precios de artículos de primera necesidad.
INDICE DE PRECIOS DE PRODUCTOS
DE PRIMERA NECESIDAD 1942 – 1945
(en córdobas)
Cantidad 1942 1943 1944 1945
Arroz 1 lb. .184 .261 .261 .546
Came (corte
popular) 1 lb. .233 .310 .313 .761
Frijoles 1 lb. .150 .214 .220 .514
Leche 1 lt. .218 .288 .290 .654
Pinol 1 lb. .182 .229 .230 .353
Cuajada (queso) 1 lb. _ .687 .660 1.448
Azúcar 1 lb. _ .307 .310 .533
Pantalones (de
trabajo) 1 par __ 6.32 7.65 10.30
Camisa 1 4.32 4.89 5.60
FUENTE: Anuario Estadístico, 1942, 1943, 1944, 1945. Ministerio de
Hacienda. Managua.

Entre 1939 y 1943, los consumidores nicaragüenses tuvieron que
enfrentar aumentos en los precios alimenticios de casi un 200%. Los precios
subieron otro 100% entre 1944 y 1945. En febrero de 1945, la Federación de
Trabajadores de Managua (FTM) publicó un estudio que demostró que una
familia de cinco miembros necesitaba un ingreso de cincuentra y ocho
córdobas semanales para garantizar Sus necesidades básicas. El análisis de los
sindicalistas eliminó el pan y la leche de su consideración por ser “artículos
de lujo para el proletariado” 48. Otras fuentes coinciden con el análisis de la
FI’M, el que a su vez concuerda con el índice de precios oficial. 48

El salario real de los trabajadores nicaragüenses sufrió un descenso
dramático durante la guerra (véase anexo C). A principios de 1945 aun los
obreros mejor remunerados ganaban menos de lo necesario para alimentar,
vestir y pagar alquiler a una familia de cinco miembros. Sin duda, la situación
de los demás obreros era aun más desesperante, amortiguada en parte por
ingresos familiares adicionales. En tal sentido la lucha obrera por la
organización sindical significaba literalmente una lucha por la supervivencia.
Los patronos dueños de talleres. fábricas, ingenios y minas resistieron
la organización sindical durante 1944 y 1945. Más aún, empresarios
conservadores lucharon políticamente contra la promulgación del Código de
Trabajo (promulgado en abril de 1945). Tal como vimos, el Código de
Trabajo, aunque era “una vieja reinvidicación de la Clase obrera,” resultó de
una alianza táctica entre Somoza y el movimiento obrero. Mientras que
Somoza por un lado respondía a las necesidades políticas coyunturales, a la
vez el Código promovía la racionalización de la economía capitalista
nicaragüense. Por supuesto, la legalización de los sindicatos y las huelgas
limitaba el poder del empresario y otorgaba una cuota principal de tal poder al
Estado. como el mediador entre el capital y el trabajo.

Ciertos artículos del Código atacaban frontalmente a las condiciones de sobre-explotación del trabajador. Así, por ejemplo, si en 1943 la mayoría de los obreros tabajaba entre 10 y 14 horas diariamente, el Código estableció en 1945 la jornada
laboral de ocho horas. Además, el Código obligó a los patronos a pagar el
séptimo día y vacaciones anuales de un mes. No obstante, a pesar de las
promesas de junio de 1944, ya señaladas, el Código prohibió huelgas de
trabajadores agrícolas durante la siembra y la cosecha. golpeando así
severamente los esfuerzos sindicales de organizar a los trabajadores del
campo. 50 El contenido del “populismo” somocista se sintetizó
diáfanamente en el Código de trabajo. El apoyo sindical para Somoza
dependía de la promulgación y la aplicación de “la Biblia de los obreros”.

El Código postuló los límites del populismo somocista, encamados en su
alianza con el movimiento obrero. Sin embargo. dado el nivel de desarrollo
económico nicaragüense, y su subordinación al poderío económico de los
Estados Unidos y al mismo Somoza. el peculiar populismo del “jefe obrero”
en ese período era un proyecto potencialmente explosivo.

LA LUCHA DE CLASES Y LOS LIMITES DEL POPULISMO SOMOCISTA

Después de la momentánea pacificación del movimiento opositor por
parte de la Guardia Nacional (GN), militantes sindicales de ambas tendencias
presionaban para que el Congreso aprobara el Código y -lo que es más
significativo- en los talleres y fábricas los obreros luchaban por hacer del
Código una realidad efectiva.

De agosto a diciembre de 1944. obreros nicaragüenses se lanzaron a la
huelga en varios sectores de la economía. El Ministro de Agricultura y
Trabajo, en su informe anual. declaró que ‘muchas huelgas’ se llevaron a cabo
en 1944, exigiendo la reintegración a sus puestos de militantes sindicales
despedidos.51 La huelga fracasó por el gran porcentaje de reompehuelgas que
hubo entre los obreros permanentes. Durante el mismo período, zapateros.
tipógrafos :y ferrocarrileros se lanzaron a la huelga en defensa de sus
sndicatos. 5

Las huelgas citadas indican claramente la reacción patronal ante la
amenaza inminente de la promulgación del Código. Los empresarios
esperaban herir al incipiente movimiento sindical con el fin de incapacitarlo
para la posterior lucha por el cumplimiento de la legislación laboral. Las
huelgas que buscaban la consolidación organizativa demostraban nítidamente
que los militantes actuarían de una manera autónoma, para convertir .las
garantías legales en una realidad. La respuesta oficial, enunciada por el
Ministro de Agricultura y Trabajo, José Zelaya. fue algo ambigua. Declaró que
una vez promulgado el Código, las huelgas de solidaridad carecen’an de
legalidad, ya que sería igualmente ilegal el despido de militantes sindicales.
El Estado garantizaría que ni la represión antisindical ni las huelgas
tendrían lugar en la “Nicaragua organizada“. 54

La relativa neutralidad estatal se puede ver en su actuación durante una
huelga en una fábrica textil. El administrador de esta compañía. un general
retirado, Pasos (ex-somocista, y jefe del ala derechista del PLI), y un señor de
apellido Arellano. intentaban suplir el súbito incremento en la demanda de
productos textiles cuando el gobierno limitó las importaciones en 1944. A]
establecer el horario semanal de 84 horas. para operarias, (dos turnos diarios.
supuestamente voluntarios) y la jornada de nueve horas para mecánicos, la
fábrica PAYCO aumentó la producción entre julio y setiembre en un 20%, de
28.000 a 35.000 yardas. 55
Los obreros textiles de PAYCO comenzaron a organizarse en octubre de
1943. Para setiembre de 1944, 123 de un total de 232 obreros se habían
afiliado al sindicato. Durante ese mes, la gerencia despidió al militante
sindical y dirigente socialista Manuel Pérez Estrada. El 28 de setiembre más
de 180 obreros asistieron a una reunión llamada por el sindicato para
responder a la represión. La Asamblea discutió y aprobó las siguientes
demandas:
Reintegración inmediata de Pérez Estrada.
Aumento salarial del 40%
Jornada de ocho horas para obreros calificados.
La instalación de dos baños.
La reforma del sistema de multas por errores.
No represalias. 56

Al no recibir una respuesta a sus demandas, los obreros se lanzaron a una
de las primeras huelgas industriales en la historia laboral del país. PAYCO
respondió ofreciendo incrementos desde el 10 hasta el 25% para cualquer
obrero dispuesto a romper la huelga y a denunciar la “agitación comunista” en
la prensa. Treinta y seis afiliados aceptaron la propuesta de la gerencia. No
obstante, los otros 96 obreros afiliados lograron convencer a 70 de sus demás
compañeros de ir a la huelga y afiliarse al sindicato.

Otros sindicatos de la FTM aportaron fondos para la huelga. Los 168
huelguistas recibieron un total de C1400 durante los cinco días de huelga.
Después de dos días, el Ministro Zelaya llamó a negociaciones. Frente al
movimiento huelguístico. bastante fuerte. y la solidaridad de la FTM, PAYCO
optó por hacer concesiones. Aceptó aumentar los salarios en un 20 – 25% y
conceder las otras demandas. con la excepción de reintegrar a Pérez Estrada.

El comité de huelga convocó a una asamblea. La mayoría de los obreros
quería proseguir la huelga. El dirigente Pérez Estrada, sin embargo, argumentó
de manera convincente que los obreros habían ganado una batalla importante
y el sindicato había adquirido fuerza y experiencia valiosa. 57 Los obreros
votaron por aceptar el contrato. Así concluyó la primera huelga industrial
exitosa en la historia nicaragüense, que además demostró claramente el
potencial del movimiento obrero para extraer concesiones del capital. El
papel relativamente neutral del Estado, acentuado por el papel dirigente del
general Pasos en la oposición, se orientó hacia la terminación de la huelga
pero sin recurrir a la represión, y sin duda sirvió como un estímulo a la
militancia sindical.

Aunque el PSN dirigió la mayoría de las huelgas, la tendencia somocista
también organizó y participó en movimientos huelguísticos durante el
período. La Liga de Motoristas, fundada a mediados de los años treinta, se
había convertido en el sindicato somocista más grande. El presidente de la
Liga, Edmundo Jarquín, era un viejo amigo de Somoza. En setiembre y
octubre de 1944, la Liga organizó a los choferes, mecánicos y ayudantes de la
recién inaugurada Cementera Nacional en San Rafael del Sur (1942). En
octubre de 1944 la Liga lanzó una huelga por aumentos salariales de sus
afiliados en la Cementera. Los sindicalistas ganaron la huelga, que duró dos
días.58 La Liga estimuló y guió el desarrollo de los trabajadores de la
Cementera Nacional, cuyo sindicato agrupaba aproximadamente 200 miembros
en 1945. La huelga de la Liga y la subsiguiente campaña de organización
sindical se destaca por una razón principal: Somoza era codueño de la fábrica.
La reacción presidencial a la huelga de la Liga no está clara, pero dada la
necesidad urgente de la produccion de cemento para la carretera a “Puerto
“Somoza” (hoy Puerto Sandino) y el hecho de que la Liga representaba a sólo
una minoría de los trabajadores de la cementera, se supone que él aceptaría la
pequeña pérdida en sus ganancias sin mayor molestia. No obstante, el
siguiente año la actitud de Somoza hacia el Sindicato Industrial de los
Trabajadores de la Cementera fue mucho menos magnánima. Los intereses
privados de Somoza, ubicados en sectores claves de la economía, demarcaban
ciertos límites al populismo somocista. La respuesta del sindicalismo
somocista a tales límites definía el grado de su autonomía con respecto al
régimen.

Durante al mismo año, de 1944, la Liga de Motoristas tuvo que
enfrentarse con el régimen somocista. En setiembre los sindicalistas de la
Liga que trabajaban en la construcción de la carretera Panamericana pidieron al
Gobierno aumentos salariales, alegando que su salario apenas llenaba las
necesidades personales y no les dejaba nada ara sostener a sus familias
(generalmente de las ciudades del Pacífico). 5 Poco tiempo después, el
Gobierno autorizó un incremento de cuatro centavos. La Liga siguió agitando
durante los siguientes meses por un aumento sustancial, y el 11 de diciembre
más 2.000 trabajadores de la carretera se lanzaron a la huelga en pro de un
aumento de 100%. 60 Somoza reaccionó inmediantamente a la primera huelga
en el sector público y viajó en avión a varios sitios de la construcción para
hablar con los trabajadores. Llamó a una reunión con la dirección de la Liga.
con la excepción de su presidente, Jarquín.61 Somoza le negó la participación
a su viejo aliado por “ser extraño al movimiento”.62 El COCTN somocista
denunció la huelga aunque el Sindicato de los Carpinteros -de tendencia
socialista— anunció una huelga de solidaridad. Somoza entonces ofreció un
incremento salarial de 65%. La dirigencia (menos Jarquín) y los trabajadores
aceptaron la propuesta. 63

Al mes siguiente, la Liga de Motoristas dejó de existir. Sus dirigentes,
a excepción de Jarquín, intentaron fundar un taller cooperativo de mecánicos
con la ayuda del Gobierno. Las bases de la Liga se afiliaron al nuevo
sindicato dirigido por Roberto González, del COTN, que era en efecto un
sindicato estatal. El 23 de febrero de 1945 agentes de seguridad arrestaron al
Dr. Edmundo Jarquín.64 La experiencia del dirigente sindical fue
aleccionadora acerca de los límites del sindicalismo somocista. Cuando La
Liga y .Ïarquín se opusieron al régimen, los demás sindicalistas somocistas
aislaron a Jarquín y después, con la ayuda de Somoza, reincorporaron las
bases a una nueva organización, más controlable. Así, al terminar el año 1944, Somoza salió airoso de su primera confrontación seria en el sentido de
que. si bien tuvo que hacer concesiones a los trabajadores. logró debilitar la
autonomía de un sector importante del movimiento obrero. y a la vez mejoró
su imagen como el “Jefe Obrero”.

Durante 1945, Somoza enfrentaba dos impedimentos en la consolidación
de su control sobre el movimiento obrero. Por un lado, el ala socialista no
sólo seguía manteniendo una posición de liderazgo en el movimiento (sobre
todo en Managua), sino que tenía una creciente autonomía con respecto al
régimen. Por otra parte, el ala somocista. con el fin de combatir la
influencia socialista, intentó penetrar en el incipiente sector industrial.
Somoza había adquirido intereses en la nueva industria sustitutiva, v.g. de
fósforos, cemento y textiles (1946). Pero los sindicalistas somocistas tenían
que responder a sus bases. Los conflictos entre Somoza y ambos sectores del
movimiento obrero, así como la división del sindicalismo, cada vez más
aguda. condicionarían los acontecimientos decisivos de los años 1945-1946.
años que marcarían el punto más alto de la lucha obrera nicaragüense.

El apoyo socialista a Somoza en noviembre de 1944 dependía
esencialmente de las mismas variables que en julio:
l. Presión política de Somoza en favor del Código, entonces en el Congreso.
2. El potencial de la unificación sindical con el grupo somocista.
3. El rechazo conservador de los derechos sindicales y la falta de voluntad de
la dirección del PLI de romper con el partido oligárquico.

El PSN no declaró una adhesión incondicional a Somoza. Al contrario,
las declaraciones del partido izquierdista demuestran una postura crítica de sus
políticas económicas y laborales. Durante este período el PSN demandó
libertad para los presos políticos. libertad de prensa y para los partidos
políticos, la abolición de los monopolios, controles rígidos de precios, la
renegociación de los contratos mineros y la rápida promulgación del Código.
Más aun, el partido delimitó estrictamente los límites de su apoyo. Si
Somoza no cumplía con sus promesas democráticas y sociales. declaró el PSN,
los socialistas tendrían que “considerar la conveniencia de cambiar de táctica y
aun recurrir a la lucha armada”. 65

Somoza repondió a las huelgas y las declaraciones socialistas con un
endurecimiento de su posición frente a la izquierda. El 19 de noviembre la
mayoría somocista en el COCI’N expulsó a dos militantes socialistas por ‘su
afiliación política’. 66 Dos días después el Ministro de Gobemación negó
personería jurídica al PSN. Es bastante revelador el pretexto oficial para la
medida represiva

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