Antonio Obando Sánchez

ANTONIO OBANDO SANCHEZ

Por: Miguel Ángel Albizures

Es difícil resumir en unas cuantas páginas, la vida de un hombre como Antonio Obando Sánchez, que escribió un libro sobre su propia trayectoria, y sobre el cual se han escrito otros libros y muchas cuartillas. Quizá es mejor hablar de su entereza, su lucidez hasta el último momento de su vida, su fe en el movimiento sindical y esa necedad de insistir en la unidad de los trabajadores, como única forma de hacer avanzar los procesos de transformación.

Ni la pobreza ni los golpes de la vida lo cambiaron, se mantuvo atrás del banco de carpintero, no lo cambió la sentencia de muerte que le propinó Ubico y el haberse salvado de milagro, ni mucho menos las múltiples veces y las decenas de años que pasó en la cárcel y de la cual hacía mofa: “sólo Nelson Mandela me ha ganado por unos pocos años”. La última de ellas, según él, en el gobierno del General Efraín Ríos Montt, cuando atravesaba los ochenta años.

Sólo hay un Antonio Obando Sánchez que nació con el Siglo XX en Amatitlán, el 10 de mayo de 1902. Muy pronto, al tomar conciencia de lo que era la dictadura de 22 años de Manuel Estrada Cabrera, se unió a los insurrectos a quienes por esa época, otro artesano sastre de nombre Silverio Ortiz, dirigió, haciendo posible, junto con otros sectores sociales, la insurrección del veinte que dio al traste con la dictadura.
Con la franqueza que le caracterizó a lo largo de su vida, Antonio Obando nos cuenta que era hijo de: “Guillermo Sánchez, un campesino rico que llevaba una vida desordenada”, y de Marcos Obando, la madre, quien “desde que… resultó embarazada, mi abuela, a la usanza conservadora, arrojó a mi progenitora de la casa, pretextando rígidos preceptos de moral y de religión por la falta de matrimonio”.

El abuelo paterno reemplazó el afecto de su propio padre y de los abuelos por parte de su madre. Él le dio sus primeras cinco cuerdas de tierra en la que empezó a sembrar para sobrevivir y “así, aquel abuelo, a la par de buen maestro agrícola, ayudaba a aliviar las penalidades de mi madre ocasionadas por el abandono de mi progenitor”.

Hijo de una mujer analfabeta, no ocultaba su admiración, cariño y reconocimiento para quien le dio vida y lo llevó de la mano en su niñez y adolescencia. En sus “Memorias” dice: “Jamás podré escribir con fidelidad el vasto cuadro de ternura, sacrificios y fatigas que una madre vive. Pálido e inconcluso será lo que diga acerca de mi recordada “viejecita”. Trataré de relatar lo más sobresaliente”. Y es en ese relato en donde se ve su vida íntimamente ligada a ella, de donde venían sus principios morales y ese deseo de ser alguien en la vida. Hay que reparar que, por ello, utilizó toda su vida y aun en sus memorias, el apellido materno Obando primero, y Sánchez después, en reconocimiento a quien había sido su madre y su padre al mismo tiempo.

Ya a los 18 años, Antonio Obando andaba haciendo tareas en las organizaciones de artesanos que, posteriormente, serían el semillero del movimiento sindical que él ayudo a fundar, y que se desarrolló con fuerza a lo largo de los años veinte, después de la caída de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera. Asimismo, la historia recoge su participación en el primer Partido Comunista de Centroamérica, Sección Guatemala, al que se afiliaría en 1924; en 1928 haría su primer viaje a Moscú al VI Congreso de la Tercera Internacional y luego al Congreso Mundial de Sindicatos, adheridos a la Internacional Roja.

Todo ello le costó su primera visita a la cárcel y la sentencia de muerte a que fue condenado junto con 12 compañeros más, por parte del dictador Jorge Ubico y de la cual sale amnistiado, mientras que el hondureño Juan Pablo Wanright fue fusilado. Obando pasa en la prisión los 14 años que duró la dictadura ubiquista. Logró su libertad al triunfo de la Revolución del 20 de octubre del 1944 e inmediatamente se reincorporó al movimiento sindical, siendo uno de los fundadores de la Escuela Claridad, en donde conoció al salvadoreño Miguel Mármol con quien mantuvo una estrecha amistad.

Obando corrió la misma suerte de muchos otros que hicieron posibles las transformaciones revolucionarias de la Junta de Gobierno, y que habían aportado en los gobiernos de Arévalo y Arbenz: el exilio en 1954 hacia Argentina. También ahí conoció la cárcel junto con otros guatemaltecos asilados, entre ellos el personaje a quien él llamaba Víctor Victorioso, refiriéndose a Víctor Manuel Gutiérrez , por quien mantenía una admiración y recuerdos imborrables por su entrega a los trabajadores. Diez meses estuvieron compartiendo en la cárcel de Villa Devoto, en Argentina.
La situación del país era confusa y políticamente grave, pues continuaba la persecución a los sindicalistas. Pese a todo, Obando volvió al país el 17 de septiembre de 1958 para ver por última vez a su madre que yacía en una caja mortuoria en la antigua casa del Gallito en donde él había vivido. La lucha por su regreso, la habían dado organizaciones argentinas que obtuvieron el salvoconducto para que pudiera viajar e ingresar al país, en una época en la que gobernaba el General Miguel Ydígoras Fuentes.
Ese momento nos lo relata Obando Sánchez en sus memorias: “Abrí la caja y vi a la viejecita que tanto calor brindó a mi vida, ví su rostro demacrado, sus ojos cerrados, aquellos ojos que ansiaron tanto ver por última vez a su hijo, que infortunadamente llegó tarde y no pudo decirle adiós”… ”Así termino la lucha por mi regreso a la patria”.
Y así inicia también otra vez su lucha por los derechos de los trabajadores, reintegrándose al Sindicato de Madera y Vidrio que lo delegó ante la Federación Autónoma Sindical Guatemalteca (FASGUA), de la cual llegó a ser directivo.
Varias veces volvió a la cárcel, pero quién sabe qué ángel le acompañaba, pues lograba recuperar su libertad y volver a la lucha e insistir en la necesidad de la formación y la unidad en el movimiento sindical. Su última visita a las mazmorras carcelarias fue bajo el régimen del General Oscar Mejía Víctores en 1984, cuando fue allanada su casa-taller de carpintería en Ciudad Real y estuvo desaparecido durante varios días. Por esa época tenía 81 años, pero seguía siendo considerado “un peligro” para la seguridad del Estado. El llamado Diario Militar dado a conocer en 1998 es elocuente al referirse a su captura: “106. Antonio Ovando Sánchez (s) Rosales, 81 años de edad, carpintero. 02-04-84: A las 1000, mil horas en su taller de carpintería, fue prensado, siendo el

más antiguo de los miembros del PGT-PC, teniendo un historial muy extenso, principiando de su viaje a Moscú en el año 1928, fue secretario en varias ocasiones del partido. Siendo obrero, escribió varios libros y también dio clases en la universidad. Estuvo en el exilio en Argentina. Conoce mucho de la organización”. El Diario no dice que le vaciaron la casa y lo dejaron sin nada, ni menciona que cuando lo dejaron libre, estaba todo golpeado.
A finales de los años ochenta y antes de su muerte en 1994, se le veía llegar a las oficinas de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación (UITA), de la que era parte la Federación Sindical de Trabajadores de la Alimentación y Similares (FESTRAS), y compartía sus experiencias con los trabajadores afiliados a diversos sindicatos. Ahí se juntaba también con niños, hijos de trabajadores, por quienes tenía un cariño especial y quienes lo rodeaban oyendo sus consejos.

Por ese tiempo vivía sólo en la Colonia La Florida y se iba y venía en camioneta a la Federación casi todos los días. Antes de su muerte, se le llevó a El Salvador para su encuentro con Miguel Mármol, su antiguo amigo con quien había compartido penas y alegrías. Es indescriptible la emoción que se sentía en su reencuentro con Mármol en 1994, cuando abrieron los brazos para saludarse y empezar a recordar viejos tiempos y personajes ya idos, entre ellos a Farabundo Martí y unas cuantas sindicalistas que llegaban a la Escuela Claridad en donde ambos habían estado en la época revolucionaria. Fue una ocasión para llevarlo al Lago de Ilopango, lugar en donde se había encontrado con Mármol en 1928, recuerdos que juntos revivieron en esa oportunidad de su reencuentro. Obando Sánchez dejó de existir el 12 de octubre de 1994, a la edad de 92 años.
Pero que no sea sólo nuestra opinión sobre la vida de uno de los fundadores del sindicalismo en Guatemala, sino también la de un periodista destacado y Director del Diario la Hora, Oscar Clemente Marroquín Rojas, quien el 10 de mayo del 2003 escribió un artículo que complementa estas notas.

DON TONITO OBANDO ESTARÍA CUMPLIENDO 101 AÑOS
Oscar Clemente Marroquín

“Lo conocí en los últimos años de su vida y siendo un anciano, se convirtió en ejemplo de tenacidad, entusiasmo y esperanza en la construcción de esa Guatemala mejor que siempre hemos querido. Lejos de tirar la toalla y de sentirse frustrado o fracasado, el viejo sindicalista Antonio Obando Sánchez se mantuvo hasta el último día de su vida con una ilusión enorme por concretar los sueños que desde su infancia había acariciado y que se le negaban de manera persistente.
Fue de los diez condenados a muerte por el gobierno de Ubico acusados de ser comunistas y un verdadero milagro le salvó la vida y en vez de enfrentar al paredón, como pasó con algunos de los que también recibieron idéntica condena, terminó refundido en la vieja penitenciaría situada en donde hoy está el Centro Cívico. Don Tonito había iniciado su lucha cívica cuando como obrero formó parte del levantamiento contra Estrada Cabrera y me comentaba que habían estado hombro con hombro junto a mi abuelo en el fiero combate de la semana trágica que precedió a la caída del tirano. Recordaba claramente cómo desde las alturas de lo que hoy es el Puente del Ferrocarril de la séptima avenida, conocido como Puente de la Penitenciaría, disparaban ambos contra las tropas leales al tirano que lo defendían en La Palma.
Enemigo de las dictaduras, el ubiquismo también le provocó a luchar por la libertad y terminó siendo condenado a muerte. Hoy publico el volante que se difundió en aquellos días, señalando a los que habían sido sentenciados por los tribunales para ser pasados por las armas.
Y en recuerdo a su memoria y, sobre todo, a ese entusiasmo inagotable y esa fe que perduró hasta el último de sus días motivando sus luchas para construir una Guatemala más justa e incluyente, hoy que cumpliría 101 años recuerdo a ese viejo amigo que tantas lecciones de honradez y dignidad prodigó a lo largo de su vida”.
En el artículo publicado, se pueden ver las fotos de los 10 condenados a muerte, entre ellos Antonio Obando Sánchez, con un título que dice “Los diez Comunistas condenados por los tribunales militares”, y un subtitulo que señala la fecha “Mes de febrero de 1932.- Sentencia del Consejo de Guerra, fecha 9 y confirmada por Corte Marcial con fecha 14”.

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