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La teoría latinoamericana contemporanea y la crítica poscolonial

El aparato teórico poscolonial despliega en la actualidad una serie de herramientas y saberes considerados idóneos dentro los estamentos académicos centrales, para el estudio y análisis de las zonas que anteriormente fueron colonizadas, y donde se toma como principio el hablar desde una posición diferencial, que afirma la razón del otro constituido desde la mirada etnocéntrica, y que se convierte “en el sujeto y objeto de la teorización poscolonial dentro del presente del tiempo occidental y de su locus de enunciación(...).

MULTICULTURALISMO Y CRITICA POSCOLONIAL:
by Elizabeth Marín Hernández
CAPÍTULO 6
LA TEORÍA LATINOAMERICANA CONTEMPORÁNEA Y LA CRÍTICA POSCOLONIAL (CUESTIONAMIENTOS Y POSICIONAMIENTOS)

El aparato teórico poscolonial despliega en la actualidad una serie de herramientas y saberes considerados idóneos dentro los estamentos académicos centrales, para el estudio y análisis de las zonas que anteriormente fueron colonizadas, y donde se toma como principio el hablar desde una posición diferencial, que afirma la razón del otro constituido desde la mirada etnocéntrica, y que se convierte “en el sujeto y objeto de la teorización poscolonial dentro del presente del tiempo occidental y de su locus de enunciación(...).
Las colonias producen cultura mientras que los centros metropolitanos producen discursos intelectuales que interpretan la producción cultural colonial y se reinscriben de nuevo como único locus de enunciación.
De manera que leyendo desde esta perspectiva transferencial, cuando el Occidente retorna la razón a sí mismo, después de los largos tiempos de relaciones coloniales, podemos observar como la modernidad y la posmodernidad ha constituido desde una perspectiva marginal la cultura de la diferencia. Estos mismos (modernidad y posmodernidad) como narrativas encontraron dentro de sus propias contingencias, el punto de su misma diferencia interna, de esta dentro de sus mismas sociedades, reiterando los términos de la diferencia del otro, y la alteridad del lugar poscolonial” .
La aseveración de un lugar poscolonial y de su alteridad, de una situación de tipo único de las herencias coloniales y de la homogenización de estas, dentro de los discursos dominantes, ha acarreado consigo una translocalización de conocimientos, de una serie de saberes teóricos dentro de las áreas anteriormente colonizadas.
Dichos conocimientos y aparatos teóricos aparentemente incluyentes de las realidades marginadas, pretenden atrapar y reflexionar, lo referente a las diversas existencias que fueron constituidas y diferenciadas de los centros dominantes con respecto a las áreas establecidas como marginales, periféricas o subalternas, por los procesos de colonización. Esta certeza poscolonial dominante no atiende de forma específica a la periodización y a la formulación de los legados coloniales específicos, evitando de esta manera la particularidad y la localidad que trata de evidenciarse en los diálogos contemporáneos sobre el tema, desde las diversas zonas consideradas bajo la enunciación de la poscolonialidad.
El crear y generar un lugar único poscolonial global, que encierre a las diversas enunciaciones coloniales y a sus consecuencias, en un solo locus de análisis determinado como condición poscolonial; parece ser un nuevo discurso normativo, pero su condición única comienza a experimentar progresivamente un proceso de diferenciación de la homogeneidad aparente de los legados coloniales, de los lugares donde se provoca el desarrollo de las representaciones de las zonas anteriormente colonizadas, de sus consecuentes formas culturales, declaradas igualmente bajo los postulados de sus condiciones poscoloniales y de las relaciones dialógicas de la contemporaneidad.
Estas últimas pretenden relocalizar los descentramientos de las narrativas mayores (como la modernidad), desde posiciones geoculturales explicitas, las cuales se encuentran –como manifiesta Walter Mignolo- “asociadas con individuos que provienen de sociedades con fuertes herencias coloniales, establecidas en territorios particulares de representación, generalmente concebidos en las academias del Primer Mundo como espacio de conocimiento” .
Las condiciones coloniales en su diversidad poseen un carácter marcadamente geocultural, y se encuentran determinadas o relacionadas con las formas diferenciales de una poscolonialidad contemporánea, que aparece en medio de una dialogicidad epocal, la cual manifiesta nuevos diseños, sobre los espacios periféricos ya establecidos, en los que se incluye la diversidad y la diferencia; y que dicha inclusión procura reconocer los procesos de interacción y de comunicación global, que se iniciaron con las expansiones europeas y la imagen de otredad, creada por la mirada eurocéntrica, que definió otros seres de naturaleza y cultura completamente diferente, y donde esté Otro fue importado a los centros, tanto en su forma erudita como popular.
De allí que esos constructos produzcan una alteridad, que ha sido el punto de partida común de una amplia gama de investigaciones sobre las creaciones discursivas de Occidente como manifiestan Michael Hardt y Antonio Negri en su texto Imperio .
Las teorías contemporáneas con respecto a la colonización y subalternización de los otros son tomadas desde los modelos coloniales y de la producción de saber del Imperio Británico sobre y en sus ex-colonias, como es visto a partir de teóricos como Edward Said.
De manera que, ¿cómo encaja en este panorama discursivo poscolonial la compleja realidad latinoamericana?; sí estos territorios fueron los primeros en independizarse de la matriz colonial europea mediante las campañas de liberación que se sucedieron en el siglo XIX. Territorio en el que se generó un grupo de culturas híbridas, sincréticas, en indisoluble fusión, que se alternan permanentemente con los metarelatos organizadores, y a su vez se ubican fuera del poder centralizador, por medio del cuestionamiento de las narrativas que han ignorado el carácter heterogéneo de las historias y representaciones latinoamericanas.
La multiplicidad de las representaciones evidencia la existencia de una narratividad en la que se acentúa la especificidad “como resultado de su condición de ex-colonias, del sincretismo cultural, de las diversas étnias, de su subdesarrollo económico y social, etc, (...). La especificidad de esta narratividad radica en el contraste del carácter híbrido y de sus diversos entrecruzamientos culturales(...) , los cuales deben ser planteados desde perspectivas plurales para lograr habitar la cultura en sus diversos itinerarios, y así poder “apropiarse de los trayectos –como escribe el teórico argentino Alfonso de Toro- a partir de una escritura mímicra, o rizomática, de entre medio, como estrategia donde el pensamiento latinoamericano que no sólo se integre a la dominante histórico-cultural actual, sino que a la vez contribuya a encontrar formas que correspondan a su naturaleza histórica y socio cultural del continente” , en la que emerja la diseminación y el trazo de los diversos itinerarios de un pensamiento que manifiesta en palabras de Homi Bhabha la fórmula de un sujeto de la diferencia, que está tranquilo pero no quieto, ante las posiciones homogeneizadoras globales de la alteridad, la otredad y la subalternidad poscolonial.
En este sentido la existencia de una Crítica Poscolonial que se corresponda a la realidad latinoamericana desde la perspectiva global de la otredad y de la subalternidad, coloca a los paradigmas teóricos poscoloniales dominantes bajo la sospecha de un nuevo discurso homogeneizador y organizador, considerado como un pensamiento externo a Latinoamérica, debido “a que el aparato teórico poscolonial concebido vía Oriente/Occidente, o en sus teóricos más representativos como Guha, Said, Bhabha, o Spivak, desconocen por completo la complejidad del territorio latinoamericano” , y de sus procesos narrativos -como afirma el filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez, al respecto de estos paradigmas teóricos-.
En los cuales América Latina evidencia su diferencia a través de sus experiencias históricas, de sus contradicciones culturales, y de la reflexión permanente sobre sí misma, tanto en el pasado como en el presente, en el cual se ubica.
Es por esta razón que la teoría contemporánea latinoamericana radicaliza sus posiciones ante el aparato discursivo poscolonial globalizado, e inicia la idea de que el lugar desde donde se habla es el lugar desde donde lee, entendiendo a la poscolonialidad no sólo como una etapa histórica como escribe el teórico Alfonso de Toro quien ha estudiado profundamente el proceso de entrada y consolidación de estas teorías.
En la contemporaneidad –afirma de Toro- el sentido de categoría histórica poscolonial, refriéndose a esta como el período que se inicia con la independencia de los países coloniales se ha perdido, y la condición poscolonial tanto como su teoría debe ser entendida como “un discurso estratégico, que es el resultado del pensamiento posmoderno y posestructuralista o posteórico.”
De allí que la poscolonialidad se nos plantea como un proceso de deconstrucción bilateral donde tanto por parte del centro como por parte de la periferia el reclamar una “pureza cultural” o identidad cultural aparece obsoleta. El constante cruzamiento de ideas y productos culturales produce una dependencia y una contaminación mutua. Estos entrecruzamientos, encuentros y reencuentros forman una red de discursos y acciones, entrelazando a las culturas en una condición poscolonial a través de la refundación y de la relativización de los discursos dominantes del centro” .
Esta perspectiva de revisión y de relectura deconstructiva de las redes discursivas, de las estrategias poscoloniales globales, han generado un nuevo posicionamiento en el pensamiento latinoamericano contemporáneo.
Pensamiento esté que trata de romper los patrones duales de las teorías homogeneizadoras del centro y sus otros, para poder generar un cuestionamiento con respecto a la relectura de sus herencias coloniales, como espacio de otredad, pues estas posiciones se determinan como escribe de Toro dentro de una serie de situaciones epistemológicas, en las cuales se releen los lugares desde dónde se habla, cómo se habla y con quién se habla. La necesidad perentoria de una revisión consciente del pasado colonial, trasladado a las situaciones actuales, y colocado de nuevo en los espacios de vigencia y valoración contemporánea, localiza y visualiza -lo que el teórico argentino Walter Mignolo ha denominado los diferentes loci de enunciación; concebidos como micro-lugares enunciativos que parten de una territorialidad local y particular, de historias alejadas de las grandes narrativas, de legados coloniales específicos.
Los loci de enunciación como manifiesta de Toro inician “una dialogicidad distinta que permite ocuparse de disímiles formas representacionales que parecieran no estar emparentadas entre sí, y que genera de esta forma la apropiación de los diversos sistemas culturales, que se manifiestan dentro de la complejidad latinoamericana” , en medio de los múltiples recorridos y transcursos de sus herencias y legados coloniales, los cuales –como admite el mismo autor- pueden ser rescritos desde el centro y desde la periferia, en cuanto a la reflexión de discursos críticos, reflexivos, creativos, e híbridos.
La reinscripción expresada en el discurso que realiza la reapropiación de una multiplicidad representacional recodificada, dentro de un nuevo contexto histórico de enunciación, ha puesto en evidencia de forma definitiva las contingencias de Occidente dentro de la acción de recordarse y de apoderarse de una deconstrucción del pasado, con la cual se digieren los proyectos coloniales y poscoloniales en tiempos contemporáneos.
6.1 El Occidente y América Latina
Las contingencias de Occidente en tiempos contemporáneos han mostrado su largo camino de ampliación hacia otros territorios como lo es el caso de América Latina donde los cruces de poderes imperiales, fueron concebidos a través de las formas de Occidentalización y no de colonización propias del Imperio Británico.
América Latina no fue concebida como constructo dentro una otredad configurante, sino por medio de una serie de estrategias cognoscitivas, que dividían al mundo en unidades delimitadas, que separaban sus historias, y que generaban lugares inconexos de representación, y de posterior articulación del poder en sus asimetrías dentro de los distintos proyectos de ampliación del centro. Es en la deconstrucción de las estrategias cognoscitivas “donde el pensamiento poscolonial indicaría las fallas y los límites de la expansión de Occidente, sus contradicciones culturales.
Señala así el fin de un tipo específico de interpretación historicista (progresiva y dialéctica) para proponer otros modelos temporales discontinuos”
La deconstrucción de estos dispositivos de conocimiento, por medio del análisis reapropiativo, realizado por una condición poscolonial consciente de sus legados, indica un posicionamiento dentro de un diálogo heterogéneo e híbrido, en el cual no se niegan las marcas culturales propias, sino que se les hace girar del interior de la cultura al exterior de ésta, y que dichas marcas pueden de forma contraria colocarse del exterior de la cultura, hacia el interior de las narraciones de los discursos latinoamericanos especialmente de los artísticos para ubicar su acento en la discontinuidad, la transculturalidad y la multiplicidad, que aparta a estas narraciones de su concepción como objeto de estudio. De esta forma poder convertirse en perspectiva teórica y de conocimiento, que cuestione las existencias contenidas dentro de las narrativas dominantes. El giro teórico y narrativo consciente (interior-exterior, exterior-interior), produce la recuperación o re-inscripción de las particulares herencias coloniales, de sus relaciones con las distintas formas imperiales de dominación que ha experimentado el territorio latinoamericano hasta ahora excluidas del aparato teórico poscolonial vía Oriente/Occidente , en el cual -como afirma el teórico venezolano Fernando Coroniles es necesario analizar y reflexionar sobre la autoconformación de Occidente como lugar de desarrollo y modernidad, y su mutua formación transcultural con las modernidades periféricas, para así poder interpretar la historia desde los bordes de Occidente.
6.1.1 La Occidentalización
El aparato teórico poscolonial dominante debe ser desmontado, desde sus concepciones binarias del Yo y el Otro, que determinan la exterioridad de las diferencias poscoloniales desde los modelos establecidos por las lecturas y los conocimientos generados a partir de los orientalismos. Tarea que en la teoría latinoamericana aparece, debido a la necesidad de deconstruir el sistema global de la condición poscolonial y que conduce a una revisión de la forma en que se conceptúa al otro, al de la exterioridad, visto bajo la ideología de un orientalismo que “supone que vinculemos y problematicemos (...) las representaciones orientalistas de Occidente y al Occidente mismo.
Ello requiere reorientar nuestra atención hacia lo que es el occidentalismo, término con el que el Coronil define la relación implícita de Occidente y América Latina y sus representaciones sobre las colectividades humanas que se escapan del modelo binarista y de los constructos que parten de la teoría de Said.
De allí que al hacer emerger los bordes de Occidente se evidencien las génesis asimétricas del poder, la desigualdad, las conexiones históricas y culturales como atributos internos e independientes de entidades cerradas en sí mismas, que en realidad son los resultados históricos de pueblos relacionados entre sí.”
Las herencias coloniales latinoamericanas –como argumenta Coronil-, deben ser retomadas desde su particularidad, para generar de esta manera la recuperación de la idea de la Occidentalización, que se determina a partir del occidentalismo, como forma y posibilidad de existencia, de la autoproducción de las representaciones, que conlleva una movilización de las imágenes que se incluyen dentro del campo especifico de las diferencias internas del mismo Occidente y de su predominio global, en contra de la representación de la otredad dominante.
El proceso de Occidentalización es concebido en el pensamiento latinoamericano como la expresión de un espacio geocultural simultaneo que ha ampliado a Occidente, como loci de enunciación, “que posee un lugar preponderante dentro del concierto Occidental y en medio del cual manifiesta situaciones híbridas al saberse perteneciente y simultáneamente no pertenecientes a Occidente, esto ha provocado (...) una “barbarización” (canibalización) del discurso central.
Las pretensiones homogeneizadoras de los discursos centrales son criticadas en lenguajes internacionales, con lo cual es profanada su pureza originaria y relocalizado, esto es, enunciado desde y a partir de los márgenes (...) es decir desde una zona marginal del Occidente donde se cruzan diferentes tradiciones culturales” , y donde los márgenes de la misma cultura Occidental manifiestan diferencias, otredades y realidades subalternas opuestas en su mismidad constituyente.
Diferencias que actúan como voces negadas dentro de las primeras ampliaciones de Occidente, y las cuales colocan el acento en sus herencias coloniales particulares, para desde allí definir su propia narratividad inmersa dentro de una expansión cultural que se ha transformado en el devenir del tiempo, y que igualmente ha configurado una multiplicidad de relaciones y de horizontes de conocimiento.
La crítica latinoamericana contemporánea recupera su multiplicidad en medio de la relectura dialógica de una poscolonialidad que se nutre permanentemente de los discursos académicos centrales y de sus propias historias, para poseer de ambos espacios epistemológicos la conciencia del lugar teórico desde donde habla y del cual se apropia, para configurar sus cuestionamientos y sus representaciones. Estos espacios epistemológicos deben tener en cuenta el lugar de enunciación en que son articulados y el sistema cultural occidental al cual pertenecen.
De manera que, la enunciación de una condición poscolonial latinoamericana, inscrita dentro del lugar de la dialogicidad contemporánea es relocalizada en medio de una globalización teórica, que ha declarado las relaciones mutuas y cuestionado el logos central del pensamiento.
En esta dirección las narrativas y teorías latinoamericanas contemporáneas referidas a la poscolonialidad y pertenecientes a la particularidad de sus territorios, inician el (re)conocimiento y la (re)lectura de una arqueología sobre su propio pensamiento y su representación, para llegar de forma consciente a los discursos actuales que incluyen dentro de sí las discontinuidades, los descentramientos, las migraciones, los diferentes lugares de enunciación y las categorizaciones que articulan su pensamiento al espacio de los saberes múltiples, que se manifiestan dentro de las nuevas localizaciones discursivas globales, y en las que comienzan a exponerse diversos tipos de enunciaciones a partir de una particularidad que ubique a América Latina dentro de este concierto teórico globalizado, desde su condición de crítica a los legados colonialistas de la modernidad, pero vinculada a estos desde diversos horizontes interpretativos, y donde se evidencien los espacios diferenciales de una visión pluritópica que muestre la diversidad de sus narrativas y representaciones – como manifiestan los textos del teórico Walter Mignolo-.
6.2 El Posicionamiento crítico sobre la existencia de una poscolonialidad latinoamericana
El aparato discursivo latinoamericano sobre las realidades coloniales y sus formas de análisis y superación, comienza a construirse en medio de una variedad de narraciones histórico-culturales, en el mismo centro de los poderes imperiales coloniales y de sus posteriores legados. Es dentro de la concepción imperio/colonia como lugar de fuerza, de poder, de dominación, de opresión y de subalternización, donde se inicia el desarrollo de diversas narrativas que transitan desde el conocimiento de los nuevos territorios, de las nuevas formas de vida, de su colonización, y de su colocación dentro del sistema geocultural occidental.
Estos conocimientos se movilizan conjuntamente con el arribo sucesivo de diversos proyectos imperiales (hispánicos, ingleses, franceses y norteamericanos) , que se establecen dentro de los procesos continuos de dominación y de conocimiento, tanto en los campos territoriales como en los culturales, y a su vez diseñar los distintos proyectos de Occidentalización y la generación de sus contradiscursos dentro de las esferas subordinadas al poder.
Los posicionamientos narrativos que cuestionaban el poder en una primera etapa obtienen su plenitud en el siglo XIX, como espacio de independencia política, más no económica, ni cultural. Los diversos desarrollos de las enunciaciones dentro de los proyectos imperiales y de sus permanentes cuestionamientos, manifiestan internamente en las narrativas y en las herencias o legados coloniales representacionales, formas distintas de reflexión frente a ese margen de los diferentes imperios, y estas reflexiones alcanzarán hasta nuestros días nuevas dimensiones de significación en cuanto a los procesos de colonización, descolonización, y análisis de las nuevas formas imperiales globales.
Las teorías poscoloniales construidas en la actualidad a partir de las herencias y sus diálogos, encuentran su lugar de enunciación en los centros discursivos de la academia del Primer Mundo, a partir de las realidades del Imperio Británico, y estas realidades o legados coloniales son desplazados hacia otros territorios -que en el caso que nos compete es el territorio de América Latina como territorio de condición poscolonial -.
Los legados coloniales del territorio latinoamericano difieren del proyecto poscolonial central y las categorías provenientes de esté se ven forzadas y descontextualizadas, en el momento de encontrar su aplicación a la particular realidad de este territorio. Es necesario aclarar esta situación como apunta el escritor y teórico venezolano Víctor Bravo desde su cuestionamiento ¿Poscoloniales nosotros?. La teoría latinoamericana siguiendo las argumentaciones de Bravo ya ha establecido con anterioridad las “cartografías poscoloniales de América Latina”, haciendo ésta importantes aportes en la problemática de la enunciación de la subalternidad. Al tomar estas categorías centrales –advierte Bravo- debe procederse con mayor cuidado, de igual manera que al hacer la declaración de una Latinoamérica Poscolonial; ya que esto significaría un violentamiento conceptual del proceso de narración que ha llevado América Latina durante siglos.
Este cuestionamiento resalta la perentoria necesidad de realizar una arqueología de las narraciones del pensamiento latinoamericano y así poder configurar un locus enunciativo propio. En esta dirección Bravo argumenta que “el proceso de descolonización que se inicia después de la segunda guerra mundial, y que tiene en la descolonización de la India (1947) y Argelia (1963) sus momentos paradigmáticos, podría quizás permitir hablar, como lo planteara Said, de una <

Última modificación: 7 de enero de 2019 a las 14:37

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