Carta de las FPL a los Cristianos Progresistas (enero 1975)

Carta de las FPL a los Cristianos Progresistas (enero 1975)

Uno de los principales documentos históricos de las Fuerzas Populares de Liberación, FPL “Farabundo Martí” fue su Carta a los Cristianos, que aparecida a principios de 1975 aborda la creciente participación de este sector religioso en las luchas populares por la democracia y la justicia en nuestro país y particularmente de su militancia en el seno de las organizaciones revolucionarias.

La Carta a los Cristianos ( a los sacerdotes Progresistas), que constituye el contenido del segundo número de la revista teórica Estrella Roja, refleja la síntesis programática lograda en las FPL entre el sector fundador de tronco marxista-leninista y una segunda generación de origen social-cristiano, y está dividida en los siguientes apartados: breve exposición de la línea de la organización; las FPL son una organización marxista-leninista; normas de organización y funcionamiento interno; órganos de comunicación con las masas populares; línea sobre las alianzas de clases; actitud ante la religión y sobre el clero progresista en el proceso revolucionario.

Explican que el motivo de esta carta se debe a que “la creciente incidencia de la lucha armada revolucionaria en la vida política nacional, así como el creciente desarrollo de las luchas combativas de las masas por las necesidades vitales urgentes, pueden crear en algunos sectores progresistas del país, entre ellos en el sector progresista del clero, algunas reservas interrogantes y preocupaciones sobre el quehacer militar y político de nuestra Organización.”
Por lo que las FPL “está en la obligación de realizar esfuerzos por despejar en el ánimo de las personas progresistas y avanzadas las reservas que surjan, a fin de que tales dudas y reservas puedan ser disipadas en la medida de lo posible, para que no se vayan convirtiendo en obstáculos adicionales en el desarrollo de las luchas revolucionarias del pueblo. Tal es la razón de esta carta.”
1. La línea de la organización
Plantea que “las “FUERZAS POPULARES D ELIBERACION-FPL-“FARABUNDO MARTI” es la organización que ha nacido para llenar la necesidad que tienen los trabajadores de una Vanguardia que los conduzca firmemente y sin vacilación por los senderos que llevan al triunfo de la revolución socialista.”
Agrega que “los trabajadores han entrado en otro periodo histórico en el cual su lucha debe ser revolucionaria político-militar. Esto quiere decir que de aquí en adelante, hasta la victoria final, la combinación de las formas de lucha debe caracterizarse pro tener como eje central la lucha armada popular y en función de ella ( a su servicio) el uso permanente de todas las formas de lucha ( entendemos que hay formas de lucha violentas, pacíficas legales, ilegales, democráticas, revolucionarias, abiertas, clandestinas, armadas no armadas, etc.).”
Indica que “las FPL les explica los obreros y campesinos esta combinación de las formas de lucha utilizando el siguiente ejemplo: la lucha armada es como el río Lempa, que nace pequeño pero que después es fuerte e impetuoso y que las demás formas de lucha son los afluentes sin los cuales el Lempa (la lucha armada) no sería nada. La combinación de las formas de lucha, tal como la entendemos, la enmarcamos en la Estrategia de la Guerra Popular Prolongada.”
Sostiene que “la Estrategia Prolongada la determina la actual correlación de fuerzas entre el pueblo y los explotadores. En este momento la correlación está temporalmente a favor de los ricos, ellos tiene el poder económico, político, militar y los medios masivos de comunicación para difundir su ideología. Consideramos que esta correlación no puede ser cambiada abreve plazo, sino que implica un proceso largo y prolongado del pueblo para volcarla a su favor y así avanzar hasta la victoria.”
2. Las FPL son una organización marxista-leninista
Opina que “hay algunas incomprensiones y recelos que se han creado o se van creando en el ánimo de algunas personas avanzadas en relación con la naturaleza de la Organización. Pereciera que aceptarían que el Marxismo se utilizara como método de análisis, de interpretación y estudio de la realidad pero no como el arma revolucionaria de transformación de la sociedad.”
Agrega que “una actitud de este tipo no sería consecuente con sus posiciones avanzadas ya que trataría de presentar al Marxismo como una teoría abstracta y declarativa y así nada “peligrosa” para los explotadores.”
Afirma que “sería inconsecuente tener una actitud de simpatía por el Marxismo considerándolo como teoría, pero negando su aplicación en la práctica. Eso conduciría a posiciones retrasadas que llevarían al reformismo burgués, a la prolongación del sistema de explotación, de la injusticia, desigualdad social, etc.”
Asegura que “el Leninismo no es algo separado del Marxismo sino que es su desarrollo creador en la época del imperialismo. Lenin dio importantes aportes al desarrollo del Marxismo, tales como: la teoría de la Revolución Proletaria y de la Dictadura del Proletariado; la teoría del estado multinacional socialista; las normas orgánicas y planteamientos teóricos del Partido Revolucionario de nuevo tipo.”
Considera “extraño que algunas personas pudieran pensar que nuestra Organización practica el dogmatismo en la proclamación y aplicación de su principios revolucionarios. Dogma es aferrarse a ideas que a ciencia no comprueba. Guiándose por la aplicación dialéctica del Marxismo, la Organización a través de su práctica ha despedazado dogmas que parecía invariables: como aquel de que la lucha armada y concretamente la guerrilla era imposible en el país. Dogma dañino que proclamaban los oportunistas y tradicionalistas aferrados a caducos y reaccionarios esquemas de acción.”
3. En cuanto a sus normas de organización y funcionamiento interno
Reconoce que “ las FPL se guían por los principios leninistas del Centralismo Democrático, tratando de adaptarlos lo más correctamente posible a las condiciones en que tiene que desarrollarse la Guerra Revolucionaria contra un enemigo cruel y despiadado, temporalmente muy superior en armas y en otros elementos básicos.”
Enfatiza que “nuestra Organización es una Organización clandestina, con una estricta compartimentación entre sus diversos organismos, con una racional distribución de responsabilidades entre organismos y miembros y que se rige por estrictas normas de seguridad y trabajo secreto.”
Considera que “es natural que a las clases explotadoras no les convenga altos grados de organización y disciplina revolucionaria en los sectores avanzados del pueblo, de allí que estén vitalmente interesadas en debilitar la solidez orgánica de los explotados, en difundir el liberalismo individualista, la falta de disciplina proletaria y de espíritu de sacrificio consciente.”
Subraya que “la práctica revolucionaria va indisolublemente unida al surgimiento del hombre nuevo, en el cual se va encarnando determinadas cualidades: espíritu colectivo revolucionario, supeditación de los intereses individuales a los intereses fundamentales del proletariado y del pueblo, disposición consciente al sacrificio de las conveniencias personales –incluso de la vida misma- en aras de la causa revolucionaria…”
4. En cuanto a nuestros órganos de comunicación con las masas populares
Explica que “la vinculación con el pueblo la realizamos a través de distintos medios. El fundamental es la labor orgánica que realizan los Grupos de Apoyo clandestinos, que son organismos de las FPL encargados de organizar y de orientar a las masas en sus luchas reivindicativas inmediatas. Son organismos clandestinos, compartimentados y de carácter paramilitar con funciones principalmente políticas. La Organización se da a conocer al pueblo también a través de sus acciones armadas, contra las clases explotadoras y sus instrumentos.”
Indica que “una línea de propaganda es lo que llamamos la propaganda armada, que consiste en diversas modalidades de llegar a la masa y de difundir el pensamiento revolucionario con las armas en la mano: difusión de proclamas con detonación de pólvora; arengas en las puertas de las fabricas o concentraciones diversas, tomas de cines, toma de pueblos para hablar a la población, etc., etc.”
Subraya que “hacemos uso de los medios de difusión clandestina que forman una red de órganos de las FPL de comunicación con las masas: Comunicados, proclamas, hojas volantes, así como los órganos permanentes: “EL REBELDE” “EL CAMPESINO REBELDE” “JUVENTUD REBELDE” “EL MAGISTERIO REBELDE” “PRENSA OBRERA” “GUERRILLERO” “ESTRELLA ROJA” y publicaciones esporádicas de análisis de la situación nacional.”
Comparte que las FPL “se esfuerza por practicar invariablemente una línea de modestia revolucionaria y de decir la verdad al pueblo. De acuerdo con esta norma de conducta, las FPL ni siquiera adoptaron un nombre durante los dos primeros años de intenso trabajo iniciado ( de 1970 a 1972) ni proclamaron públicamente su carácter revolucionario ante el pueblo ya que consideraban indispensable ganarse en la acción el honor y la claridad revolucionaria y no quedarse en las palabras vacías de contenido real.”
Agrega que “fue hasta que se habían forjado los núcleos revolucionarios a través de un intenso accionar y de la adquisición de una contextura revolucionaria interna, y fue hasta que los primeros héroes de la lucha revolucionaria- miembros de nuestra Organización- (Mauricio González Domínguez; Vladimir Umaña Santamaría y Sergio Orellana Acosta) habían caído en combates armados contra el enemigo del pueblo, y cuando para este ya era evidente la presencia e incidencia de la Organización revolucionaria político-militar en acción, cuando se hizo indispensable adoptar un nombre, dar a conocer la personalidad revolucionaria de la Organización, como una necesidad ya impostergable para la orientación y dirección del pueblo en su incorporación a la Guerra Revolucionaria.”
Exhorta al pueblo a que “tenga la certeza de que sus cuadros revolucionarios dirigentes a distinto nivel son hombres honestos, trabajadores y responsables, extraídos de las propias entrañas populares. Realidad muy distinta a la superchería que pregonan –en su orfandad ideológica- los sectores oportunistas de “izquierda”, de que las organizaciones revolucionarias político-militares son un capricho pasajero y un “juego de chiquillos atolondrados e inconstantes.”
5. Deseamos en esta Carta expresar aunque sea brevemente nuestra Línea sobre las Alianzas de Clase

Se plantea que “nuestra Organización ha podido tener una larga experiencia sobre el tipo tradicional de alianzas de sectores populares que ha puesto en práctica la corriente oportunista y revisionista en nuestro país. Y esto ah sido posible, porque previo a la formación de las Organizaciones político-militares se desplegó en el seno de las organizaciones tradicionalistas y a través de la acción de las masas, una intensa luchas ideológica por promover a esas organizaciones a posiciones más avanzadas, acordes con las nuevas necesidades del proceso revolucionario.”

Sostiene que “fue en el transcurso de 10 años de lucha ideológica que se fue perfilando y depurando una estrategia integral revolucionaria político-militar, que al irse poniendo en aplicación a través de los nuevos instrumentos orgánicos está abriendo el cauce revolucionario del pueblo que a través de la Guerra Revolucionaria lo conducirá a las victorias definitivas.”

Analiza que “el tipo tradicionalista de unidad de los sectores populares, propiciado por la corriente oportunista, (partido pseudo-comunista y dirigencias influidas por este) plantea un engañoso esquema de unidad “amplia” de sectores populares en torno a limitadas reivindicaciones de tipo inmediato; pero escamotea un aspecto medular: que clase hegemoniza tal unidad y, en consecuencia a que intereses de clase favorece fundamentalmente tal agrupamiento.”
Clarifica que “nuestra Organización propugna por una línea de unidad a nivel de los sectores avanzados del pueblo, para luchar conjuntamente por profundizar y ampliar el proceso revolucionario de la Guerra prolongada del pueblo, para acrecentar la lucha contra los enemigos de la revolución, y para derrotar ideológicamente a las corrientes oportunistas y revisionistas que están al servicio de los intereses de la burguesía.”
Asevera que “tal núcleo de unidad avanzada se convertiría en el polo de una unión de fuerzas de calidad superior, teniendo como centro la alianza obrero-campesina revolucionaria. Es decir, una unidad revolucionaria consecuente, que incida cada vez más en la vida nacional y que sea poderoso medio para la incorporación del pueblo a la Guerra Revolucionaria. En tal cuadro no cabe la hegemonía de ningún sector dominante… ”

Es por esto que las FPL “ha puesto reparos a una nueva versión aplicada en los últimos meses del esquema de alianzas en que se juzga indispensable la participación de los dirigentes oportunistas, versión ensayada a través del FAPU.”
Agrega que “por parte de elementos avanzados se ha creído que a través de los oportunistas se puede llegar al seno de las masas. La práctica mostró en esta ocasión, que esa no es la vía para llegar a las mismas. Se pensó que la lucha ideológica contra el oportunismo y el revisionismo se realizaría llegando a las masas a la par de los mismos. La práctica mostró que no fue viable esa fórmula. Se ha superestimado la fuerza de los oportunistas y revisionistas cayendo en el espejismo de que tienen “mucha” gente (especialmente del sector obrero) y que por ellos son imprescindibles en los frentes populares. La realidad es otra: apenas un 9% del proletariado esta organizado en sindicatos…”

VI. Nuestra actitud ante la religión
Considera que “nuestro trabajo revolucionario va dirigido contra los enemigos del pueblo y no va encaminado a menoscabar la religión, ni el trabajo de masas religioso. La experiencia en este terreno indica que el quehacer religioso y la actividad revolucionaria pueden combinarse fecundamente en aras de los intereses del pueblo.”
Indica que “las FPL aceptan en sus filas a todo revolucionario honesto que adopte conscientemente su estrategia, su línea táctica y política, y sus lineamientos orgánicos y disciplinarios, si para ello, sus creencias y prácticas religiosos no constituyen un obstáculo.”
Subraya que “partimos del hecho que ser cristiano no se opone al hecho de luchar por la justa causa del pueblo, por su liberación de explotación y de la miseria. Consideramos como una ofensa para un trabajador cristiano –hombre o mujer- suponer lo contrario. Es más, consideramos absolutamente necesario –como una condición estratégica- la incorporación de las grandes masas campesinas y obreras –que son fundamentalmente cristianas- a la revolución.”
“Sin ello, el triunfo de la revolución no podría alcanzarse, y esto, no solo en nuestro país, sino a nivel continental, como lo reconoció el heroico Comandante Che Guevara al decir que cuando los cristianos se incorporen a la revolución esta será invencible.”
Agrega que “las FPL llevan a cabo este pensamiento en forma práctica: dondequiera que haya un militante católico, que desee dar u salto en su práctica revolucionaria, y que llene los requisitos exigidos por nuestra Organización, no tenemos porque rechazarlo, porqué cerrarle las puertas e impedirle que realice su aspiración de servir a la causa revolucionaria de su pueblo.”
No obstante esto reconoce que “si bien nuestra misión no es menoscabar sus creencias religiosas, es necesario decir que todo revolucionario, a medida en que va elevándose a un enfoque científico de la realidad objetiva, va llenando sus lagunas, debilidades, deficiencias y errores en la esfera del conocimiento con una base científica que eleva integralmente su conciencia y acción en aras del interés colectivo.”
Reconoce que “el trabajo de la Organización en crecientes sectores del campo es un trabajo estratégico, encaminado a ganar activamente para la revolución a un sector fundamental sin la cual esta no podría triunfar. Es una tarea estratégica encaminada a forjar en la acción la alianza obrero-campesina, base de las fuerzas motoras de la revolución…”
“Es posible que nuestra incidencia orgánica –continúa el documento- en algunos sectores del campo, de la impresión d que estamos “aprovechando” el trabajo de otras personas. Tal idea la consideramos incorrecta e inconsecuente con las necesidades de desarrollo revolucionario de las masas.”
Reconoce “que podría suceder que algunos sacerdotes progresistas, a estas alturas todavía no vean con claridad que va en marcha el proceso de la lucha armada revolucionaria, y que este es ya un proceso irreversible, y que a medida que se profundice también el enemigo responde con acciones de creciente intensidad y crueldad…”
Estima que “el desconocimiento de esta realidad, de la incidencia creciente de la lucha armada revolucionaria…conduce…a que se adopta posiciones conservadoras y hasta reaccionarias y claudicantes ante el poder de los ricos y ante los propios explotadores. Algunos pasajes de la reciente declaración de la Curia Diocesana de San Vicente son una prueba de esto (numerales 2,3,4, 5 de sus considerandos).”
VII. El Clero progresista en el proceso revolucionario

Considera que “con el respeto que nos merecen los esfuerzos constantes que los sacerdotes avanzados realizan por colocar a la Iglesia en posiciones acordes a los intereses sociales de las grandes mayorías oprimidas y desposeídas y por lograr el progreso social del pueblo trabajador, hemos de decir que como Organización Revolucionaria admiramos esos esfuerzos…”

No obstante esto “creemos que para cumplir a cabalidad un creciente rol en el proceso de desarrollo revolucionario es necesario vencer las dificultades que emanan no solo del medio concreto tradicionalmente conservador, sino incluso, las que plantean los prejuicios y costumbres que han tenido su origen en la propia extracción de clase (generalmente de sectores del campesinado con alguna comodidad o sectores de la pequeña burguesía urbana)…”
Advierte que “la aspiración irreal que toda la jerarquía apoye los pasos del sector avanzado puede conducir a compromisos mal entendidos que hagan ceder al sector progresista en posiciones de avanzada y ponerse a la cola de posiciones conservadoras, retrocediendo en niveles ya alcanzados de comprensión de las necesidades del pueblo y de su proceso revolucionario.”
Y finaliza esta Carta de las FPL a los Cristianos afirmando que “desean recalcar su respeto por el sector de sacerdotes de ideas y prácticas avanzadas, esperando que en bien de la causa del pueblo, sus esfuerzos den cada día mayores frutos para la revolución.” Con fecha enero de 1975, firma el Comando Central de las Fuerzas Populares de Liberación, FPL, “Farabundo Martí.”

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