(Le Monde Diplomatique Edicin Cono Sur 23,agosto.2004)
Caminar est de moda. Mientras la ruta invita a competir, quienes
circulan a pie prefieren los caminos de tierra secundarios, vectores de
solidaridad.
La caminata tambin puede ser poltica. Se marcha para manifestar.
Caminar implica ms seguir el paso de los otros que imponer su propio ritmo.
Caminar libremente es redescubrirse a s mismo.
Por Franck Michel
Antroplogo y presidente de la asociacin Droutes & Dtours
(www.deroutes.com). Autor de Voyage au bout de la route, Editions de
lAube, Pars, 2004.
Traduccin: Carlos Alberto Zito
La marcha a pie remite a la primera migracin. El antroplogo
Leroi-Gourhan deca que antes de unir la accin a la palabra, el hombre "comienza por los pies". La caminata nos recuerda nuestra condicin de bpedos y lo que ella nos permiti lograr: nuestras civilizaciones. Se trata de una actividad vinculada con el placer. Toda caminata acaba rpidamente si quien la practica no siente placer, aun en el sufrimiento. Para el caminante, el
esfuerzo es a menudo ms una bendicin que un dolor, a pesar de que para
algunos el caminante tenga algo de mrtir voluntario!
La bsqueda de un placer inaccesible y de una armona improbable es
fundamental. Es ella la que motiva al peregrino. Simple y compleja a la
vez, la marcha a pie es testimonio del comienzo de la vida, de esa
aventura humana que se inicia cerca del primer ao. El beb que quiere caminar an tambalea. Pues caminar implica una manera de caminar, un pretexto para seducir. Desde los primeros pasos en el hogar hasta las expediciones al Himalaya, hay un gran paso que los sucesivos umbrales de la vida permiten dar.
Resistencia solitaria no desprovista de nostalgia, la caminata es siempre
un paso dado en direccin del otro; un encuentro que requiere un
esfuerzo; una terapia a la vez psicolgica y fsica. El caminante debera ser
remunerado por el sistema de seguridad social. El Estado debera analizar
esa idea, que posiblemente le permitira ahorrar dinero. Desde las
ensoaciones de Rousseau a las suelas de Rimbaud, pasando por Stevenson,
Thoreau, Lacarrire, Bouvier, Lanzmann y tantos otros, muchas pginas nos
incitan a calzarnos los zapatos, tanto por placer como para mantener
nuestra salud. Desafiando la velocidad y el ruido, la caminata incita a la modestia, a la curiosidad, al silencio y a la meditacin, a la vez que nos mueve a la introspeccin, a la intimidad, a callarnos para escuchar mejor. La marcha a pie puede tambin ser un preludio al aprendizaje de la libertad, e imponerse como el primer paso de un acto de resistencia, pues caminar es adems un llamado a la unidad en medio de la multitud. La marcha alude al movimiento, es decir, a la accin. Cuando toda la sociedad se mueve, y no ya el individuo solo, se genera el movimiento social: la marcha como actitud poltica.
El hombre que camina es un ser de pie. El escultor suizo Alberto
Giacometti, clebre por sus personajes filiformes, consideraba que el
hombre de pie es ante todo un hombre que camina, con dignidad y
sensibilidad. El caminante es el manifestante por excelencia, el que
protesta contra la injusticia, el que se alza en contra o lucha por, en
fin, el que progresa y avanza, paso a paso, y el que se niega a
mantenerse en silencio y oculto. De grandes o pequeas marchas la historia guarda las huellas: desfiles polticos y peregrinaciones religiosas que formaron ese vasto movimiento.
UN VIAJE CON ROSTRO HUMANO
La revolucin es uno de esos caminos. As, para el anarquista ruso
Kropotkin, "la revolucin social es una ruta que hay que recorrer; parar
en medio del camino es como volver para atrs. Ella slo se detendr cuando
haya completado su carrera y alcanzado el objetivo deseado: un individuo
libre en una humanidad libre" (1). Ha transcurrido ms de un siglo, y
todo conduce a pensar que, o bien el camino es demasiado largo, o nos hemos
equivocado de ruta. Cuando el hasto nos invade, la marcha se impone. El
que camina est necesariamente de pie, ni resignado, ni abatido, ni de
rodillas, y eso alimenta el furor del caminante.
Marchar para manifestar es tambin cortar las rutas, instalar barricadas
u ocupar la va pblica. Las huelgas de camioneros lo demuestran: cuando se
corta la circulacin, el corazn de la economa mercantil se sofoca. Sin
transporte, se detiene el trfico de bienes y de personas, y con las
rutas bloqueadas el ciudadano ya no puede consumir como desea. De esa forma, es la base del sistema la que amenaza con hundirse, y con ella, muchas
ilusiones de la sociedad de la felicidad mercante, que no debe confundirse
con la felicidad marchante. Pero cmo comparar la marcha con el mercado, el que marcha con el que comercia? Hay cosas que ya no existen: los vendedores domiciliarios desaparecieron o son rechazados, pero en algunas raras ocasiones se ve a comerciantes nerviosos que tambin marchan para manifestar, o contramanifestar. La madre de las marchas de protesta tiene una fecha: el 1 de mayo. Es la fecha mtica de la marcha social, la que permite al pueblo avanzar y hacer retroceder al patronato. En ese caso, la marcha permite hacerse or. El ritual se instaura, la multitud enfurecida vira al rojo, levantando banderas y pancartas, gritando consignas, cantando himnos revolucionarios. El primero de todos los 1 de mayo fue el de 1890 en Chicago, que transform una simple huelga de protesta en marcha organizada y colectiva. El camino qued abierto: la marcha se impona cada vez que el mundo andaba mal, convirtindose as en acto militante. Y en una preocupacin ms para los
gobiernos. Marchar es rebelarse, y eso altera el orden pblico: nomadismo
rebelde opuesto al orden sedentario. Pero si la marcha evoca las manifestaciones, el militantismo, la protesta o la reivindicacin, tambin da lugar a los desfiles militares, que afirman el poder. La marcha de Anbal sobre Roma, de Julio Csar sobre la Galia, de las tropas napolenicas (y luego de las hitlerianas) sobre Rusia, son algunos de los muchos ejemplos de las marchas guerreras, movidas ante todo por un ansia de conquista. Si bien la Marcha sobre Roma de Mussolini en 1923 no es la Larga Marcha de Mao en 1934-1935, ambas prefiguran la marcha hacia el poder supremo.
Se marcha para poder alcanzar algn da el poder y la gloria. En un ao,
del otoo de 1934 al de 1935, Mao Zedong concret un magistral golpe
poltico, pero el costo humano de esa epopeya fue terrible. Cien mil
hombres recorrieron entre 8.000 y 12.000 kilmetros, entre Juichin en el
sur, y Wuchichen en el norte de China, luchando permanentemente a lo
largo de la ruta contra las tropas enemigas, ms numerosas y mejor armadas. La perseverancia y la motivacin hicieron fracasar la ley del ms fuerte, en
una proeza inmensa como el pas donde se produjo. La historia recordar
el camino recorrido, tanto por los hombres como por China, y minimizar el
sufrimiento. Hay que evocar tambin las clebres marchas pacficas: la de la sal, realizada por Gandhi en 1930, y la de la paz, que llev a cabo Martn Luther King en 1963. Ambas son formidables testimonios de la fuerza de la no-violencia. La primera tuvo lugar en India a lo largo de 400 kilmetros, entre el 12 de marzo y el 6 de abril de 1930. Todo comienza con un puado de sal en la mano de Gandhi, que protesta contra el monopolio impuesto por Inglaterra a los colonizados. La marcha de carcter econmico se vuelve poltica, acentuando, precipitando la historia de la India contempornea. Martin Luther King organiz varias marchas. Al principio en Alabama, para obtener el fin de la segregacin racial en los autobuses, y luego en otros Estados del Sur, contra todo tipo de apartheid (principalmente escolar), hasta llegar a la inmensa manifestacin de Washington del 28 de agosto de 1963, y al inolvidable discurso: "I have a dream". Es interesante sealar que el lder negro prodigaba a los manifestantes "consignas de no violencia, que iban hasta recomendar no obstruir la calzada, limitndose a las aceras y las banquinas" (2). Eran marchas lentas, silenciosas, pacficas, destinadas a hacer avanzar la legislacin. La discriminacin retrocedi muy lentamente, y ese mtodo no-violento no impidi que Martn Luther King fuera asesinado.
En Francia, desde la Marcha de los "beurs" (3) hasta la Marcha de las
Mujeres, la lucha contra todo tipo de discriminacin incluye el acto de
caminar, muchas veces con probados resultados al final del camino. Entre
la marcha marcial, la jubilacin forzada y la marcha de liberacin, hay
muchas maneras de marchar. Por otra parte, hay motivos para preocuparse cuando una calle se transforma en ruta o en bulevar, pues ello significa ms
controles y menos libertades. Las anchas avenidas permiten ver lejos y facilitan la circulacin. de vehculos de fuerzas antimotines o de tanques de guerra. Viene a la memoria la imagen del tanque detenido por un hombre en la
plaza Tiananmen de Pekn. Pero por un tanque detenido, cuntas personas
aplastadas, pisoteadas, asesinadas.Tambin hay marchas vinculadas con el exilio. Hace ms de un milenio que los gitanos o sus ancestros salieron del noreste de India escapando de la esclavitud: una "larga marcha" que an permanece oculta. Las marchas forzadas toman diversos aspectos. Algunas son ms sombras que otras: la
de los esclavos de antao o la de los nios-esclavos de hoy en da, en ambos
casos africanos y negros, que encolumnados y encadenados avanzan en medio
de la selva africana bajo la mirada de los traficantes de bano. Otras marchas forzadas tuvieron por escenario Siberia o Asia central, como las muy bien descritas por Ferdynand Ossendowski y Slavomir Rawicz en sus emocionantes relatos (4). El primero se halla en Siberia, en 1920, cuando
es denunciado a los bolcheviques que acaban de llegar al poder. Pero
logra escapar del pelotn de fusilamiento y se interna en el bosque logrando
llegar, a pie, a India y a Mongolia.
El segundo va desde el Crculo Polar hasta el Himalaya durante la Segunda
Guerra Mundial. Una singular caminata, luego de evadirse en abril de 1941
de un gulag del norte de Siberia: el autor sobrevive luego de seis mil
kilmetros recorridos en quince meses, incluido el cruce del desierto de
Gobi. Su perseverancia provoca la admiracin del lector: "Nunca toqu
fondo, ese punto ltimo donde se impone la capitulacin. Una parte nfima de mi mente se aferraba a la idea de que renunciar significaba aceptar la muerte". Resistir es fundamental en la actitud que impulsa al caminante decidido en el camino de la esperanza.
Por ltimo est la marcha final, que es del orden de la indispensable
utopa, que in fine invita a un mundo mejor, como lo sugera en Los condenados de la tierra Frantz Fanon, muerto en 1961 a los 36 aos, y que
intent abrir nuevos horizontes de esperanza: "Queremos caminar todo el
tiempo, de da como de noche, junto a los hombres, a todos los hombres
(.) Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, camaradas, hay que
tratar de renovarse, de desarrollar un pensamiento nuevo, intentar crear
un hombre nuevo" (5). Las ltimas palabras de su libro fueron tambin las
ltimas palabras de Fanon, ese mdico-militante extraordinario, que no
cej en su intento por extirpar el miedo del otro.
Caminar es inseparable de la vida: acaso no decimos que algo "camina"
para significar que funciona? Caminar es negarse a detenerse (a menudo "en tan buen camino"), negarse a apagarse, a morir. Smbolo de la vida, la marcha
niega la muerte. Por otra parte, los fantasmas que recorren los cementerios o nuestros sueos no son acaso muertos que caminan, muertos-vivos? El debate sigue abierto. La marcha es sin dudas una forma de vagabundeo activo,colmado de experiencias y cuyos senderos aguardan ser explorados. Frente al turismo masivo, la caminata constituye un viaje verdaderamente humano.
1 Jean Prposiet, Histoire de lanarchisme, Tallandier, Pars, 2002.
2 Citado por Andr Rauch (ed.) en La marche, la vie, Autrement, Pars, N
171, mayo de 1997.
3 Trmino de uso comn en francs para designar a los ciudadanos de
origen rabe.
4 Ferdynand Ossendowski, Btes, hommes et dieux travers la Mongolie
interdite, 1920-1921 y Slawomir Rawicz, A marche force, pied du Cercle
polaire lHimalaya, 1941-1942, Phbus, Pars, respectivamente 1995 y
2002.
5 Franois Maspero, Les abeilles et la gupe, Seuil, Pars, 2002.