CEM reproduce Notas en torno al Che (1968) del comunista salvadoreño Raúl Castellanos Figueroa

SAN SALVADOR, 28 de mayo de 2019 (SIEP) En cumplimiento de nuestro mandato, divulgamos en esta ocasión la síntesis de una charla impartida en noviembre de 1968 en la UES por el dirigente comunista salvadoreño Raúl Castellanos Figueroa, sobre la vida y obra de Ernesto Che Guevara.

Estas notas fueron publicadas por la revista La Universidad en su edición no. 6 de noviembre-diciembre de 1968.  Raúl formó parte en mayo de 1944 del Comité de Huelga que derrocó al General Martínez, y de las luchas contra los dictadores militares Aguirre y Salinas, Castaneda Castro, Osorio, Lemus, Rivera, y Sánchez Hernández. Fue un ardiente defensor de la Revolución Cubana, por lo que estuvo encarcelado en 1962  junto con el dirigente sindical comunista Antonio Velasco Iglesias. Fallece el 29 de octubre de 1970 en Moscú, Unión Soviética.

Para el Centro de Estudios Marxistas “Sarbelio Navarrete” es un honor reproducir el escrito de este revolucionario marxista salvadoreño.

Roberto Pineda

NOTAS EN TORNO AL CHE

Raúl Castellanos Figueroa[1]

«Tenía grandes ideas, pero sobre todo tenía la coherencia de un hombre que ha hecho las cosas que ha pensado, hasta el sacrificio de su vida Hay ideas que son más grandes que los hombres, pero hay hombres que son grandes como las ideas que tienen. Es muy raro encontrar hombres, como Guevara, de esta estatura tan enorme».

FRANCESCO ROSI – Cineasta italiano

A su paso por Lima, a mediados del mes de julio último, e1 señor Galo Plaza, actual Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), fue entrevistado por el periódico “La Prensa» . Entre las muchas necedades que dijo, sobre diversos temas, figuró esta respuesta a una pregunta del periodista: «Ernesto (Che) Guevara fue, evidentemente, un delincuente con mala letra»

La opinión del señor Plaza parece aludir, en parte, al hecho cierto de que el Che tenía una letra ilegible -letra de médico, al fin-, hasta el punto de que para editar en Cuba, en este año, su Diario de Campaña en Bolivia, ha contado Fidel Castro que «constituyó una fatigosa tarea desentrañar la letra pequeña y difícil de la escritura»

Pero la ingeniosidad del señor Plaza lo define mejor a él mismo que al Che Guevara, porque semejante figurón, hoy haciende las veces de cabeza visible de ese ministerio de colonias yanquis que es la OEA, es absolutamente incapaz de comprender que el Che fue y lo será por siempre una figura revolucionaria de relieve histórico mundial. Mal que le pese a todos los Galo Plaza del Continente, el Che es ahora una personalidad de atracción irresistible para los pueblos, y en especial para los jóvenes, en las más diversas latitudes.

Es indudable que el Che supo expresar en forma extraordinaria el carácter de la juventud de nuestros días, su idealismo, su nobleza, su generosidad, su heroísmo, su vocación de libertad, su ira, su prisa, su impaciencia Y es esto, justamente, lo que explica que la juventud tome al Che como un símbolo propio y que el nombre del Che figure en estos momentos a la cabeza de tantos movimientos juveniles en variados países.

Los que apresuradamente asesinaron al Che, acaso creyeron que liquidando su existencia física se liquidaría también su ejemplo, y particularmente, la violencia armada de los pueblos de la América Latina. Esto es definitivamente absurdo, En primer lugar, porque esa violencia no responde ni puede responder a la voluntad personal de nadie, sino que surge en el marco de determinadas circunstancias históricas, entre las que juegan un papel destacado las condiciones materiales en que viven nuestros pueblos y su decisión, en ascenso, de ser libres En segundo lugar, porque es sobre todo después de muerto cuando el Che se ha convertido en un ejemplo inspirador para los revolucionarios y los pueblos, tanto como en un símbolo que aterroriza a las camarillas gobernantes latinoamericanas y al todopoderoso imperialismo yanqui. Regís Debray, el francés que estuvo con el Che en la montaña boliviana y que ahora se encuentra en prisión condenado a una larga pena, lo dijo acertadamente en su defensa política ante el Consejo de Guerra que 1o juzgó en Camiri:

«Hay hombres todavía más peligrosos muertos que vivos, aun si aquéllos que les tienen miedo cortan las manos de su cadáver, incineran el cuerpo, esconden las cenizas.  Para nosotros, el Che empieza ahora a vivir y la revolución continúa»

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Para hablar del Che Guevara como médico y revolucionario, se hace indispensable trazar un esbozo biográfico suyo. Es lo que aquí precisamente se intenta.

Ernesto Guevara nació el 14 de junio de 1928. En el presente año de 1968 habría cumplido cuarenta años, pero no pudo alcanzar esta edad.

Curiosamente, Guevara señaló los cuarenta años como la edad máxima ideal para un guerrillero. En su famoso libro «La Guerra de guerrillas» formuló la pregunta de «¿cuál será la edad ideal para el guerrillero?», para responder él mismo «Siempre estos límites son muy difíciles de precisar por una serie de características sociales y hasta individuales que amplían o disminuyen la cifra. Pero, en términos generales, se puede decir que la edad máxima del guerrillero, en la etapa absolutamente nómada de la guerrilla, no debe ser mayor de cuarenta años, salvo algunas excepciones que se dan, sobre todo, entre los campesinos»[2]

Ya en las montañas de Bolivia, cumplió el Che sus 39 años. Él lo consigna en su Diario, haciendo esta breve anotación que corresponde al día 14 de junio de 1967:

«He llegado a los 39 y se acerca inexorablemente una edad que da qué pensar sobre mi futuro guerrillero.”[3]

Pero la trayectoria del Che fue violentamente cortada en ese mismo año. El 8 de octubre fue capturado por las tropas del general Barrientos y el 9 asesinado cobardemente pro órdenes de este mismo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la muerte no pudo tomar por sorpresa al heroico jefe, consciente como estuvo este siempre de que podía perder la vida en cualquier momento, una vez entregado de lleno a la lucha revolucionaria.

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 Ernesto Guevara vio la luz en la ciudad de Rosario, centro industrial argentino de casi un millón de habitantes Pertenecía su familia a la clase media acomodada y su padre era arquitecto.

Los biógrafos del Che han encontrado pocos datos sobre sus dos primeros años de vida, aunque sí se sabe que en ese período su familia se traslada a la capital, Buenos Aires. Está muy niño cuando sufre su primer ataque de asma. La enfermedad tiene en él origen alérgico y no le abandonará ya nunca

En su Diario narra cuánto sufrió por ella en sus últimos días, perdido en la montaña, carente de medicinas y sin los necesarios cuidados.

En 1932, teniendo Ernesto 4 años, los médicos aconsejan a la familia, por la salud del niño, un cambio de clima, dado que Buenos Aires está situada en una depresión húmeda y padece el aire viciado de las grandes ciudades.

Como la familia aún goza de bienestar económico, puede hacer el traslado y escoge Córdoba.

Es en esta ciudad donde Ernesto hace toda su enseñanza primaria. La secundaria la realiza allí mismo, de 1941 a 1946. Para este año la situación económica de la familia se ha vuelto difícil, pero se muda de nuevo a Buenos Aires. Es necesario que Ernesto emprenda sus estudios universitarios.

En el mismo año de 1946, habiendo cumplido Ernesto la edad de 18 años, se produce un hecho paradójico en su vida se inscribe para cumplir con la ley argentina de enrolamiento militar obligatorio, pero los médicos, al examinarlo, de acuerdo con los requisitos físicos exigidos por el ejército nacional, lo declaran no apto para el servicio.

En cuanto a los estudios universitarios, sus amigos esperaban que se dedicaría a la ingeniería, por su inclinación a las matemáticas y su fácil dominio de las mismas, pero sorprende a todos y escoge la medicina. Roberto Fernández Retamar, el escritor cubano, por su parte ha comentado que fue «curioso» que Ernesto Guevara decidiera hacerse médico, aunque explica que todavía siendo un adolescente ya había leído mucho, «en papel de francotirador, desde literatura hasta política, y también Spenglcr y Freud», para luego concluir que «quizás este último lo inclinó a la medicina»[4]

Se puede suponer asimismo que su propia preocupación por la enfermedad del asma y una vocación de servicio a la humanidad, como él lo afirmaría más tarde, fueron dos factores que, combinados, lo llevaron al estudio de la carrera médica.

En la Universidad estudia sus asignaturas de un vistazo y aprueba los exámenes, si bien no puede decirse que sea un alumno modelo. Su amigo de entonces, Alberto Granados,  refiere: «No se preocupa mucho por la nota, le interesa más estudiar lo que le será útil y no lo que le puede servir para lograr una calificación alta en un examen». [5]

Al mismo tiempo que estudia, Ernesto gana dinero -poco- con un empleo en la Municipalidad de Buenos Aires y trabaja -gratis- en un instituto privado de investigaciones sobre alergia, donde puede aprender mucho.

Transcurren los años. El 29 de diciembre de 1951 Ernesto parte con su amigo Granados para realizar un proyecto que ambos vienen acariciando desde hace dos años: viajar por América, librados a sus propios recursos. No ha terminado Ernesto sus estudios de medicina, pero tampoco le urge hacerlo.

Los dos jóvenes amigos, improvisados trotamundos, montan en una motocicleta atiborrada de cosas necesarias y salen rumbo a Chile, pero la motocicleta se desintegra a medio camino y si consiguen llegar a Santiago es marchando, a ratos, a pie, y a ratos, en vehículos de extraños que los recogen por la carretera.

Atraviesan todo Chile, viajan por Perú, llegan al leprosario de San Pablo, en 1a provincia de Loreto, y allí trabajan en el laboratorio hasta junio de 1952.

Después navegan por el Amazonas en una balsa construida para ellos por los leprosos y que, en su extraño nombre de «Mambo-Tango», une alegóricamente a través de sus ritmos populares a Cuba y Argentina, que serán las dos patrias más queridas por el Che.

 Por las aguas del caudaloso río, Guevara y Granados llegan a Colombia.  Allí trabajan brevemente como entrenadores de fútbol y con el dinero ganado pueden dirigirse a Venezuela. En Caracas, Granados consigue trabajo y decide quedarse, en tanto que Ernesto prefiere regresar a Buenos Aires para graduarse, aunque con el compromiso de volver más tarde para reunirse con su amigo.

El viaje lo hace Ernesto dando la vuelta por Miami, en un avión de una compañía propiedad de un amigo de la familia Guevara. Se trata de un aparato dedicado al transporte de caballos de carrera.

Ese primer viaje y particularmente otro por todo el continente latinoamericano que realizará después, dejan influencias decisivas para los nuevos rumbos de la vida de Ernesto Guevara. «Es probable -dice Roberto Fernández Retamar- que entonces tuviera ya la revelación que en su tiempo tuvo Martí: la de la profunda, indestructible unidad de nuestros países, más allá de las fronteras artificiales. Es probable que entonces aprendiera a sentirse latinoamericano. En Perú, en Guatemala, en México -y luego sobre todo en Cuba-, iba a verificar lo que aquellos viajes ya le habían echado a la cara: la miseria, el desamparo y la identidad última de nuestras tierras mestizas»[6].

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De nuevo en Buenos Aires, Ernesto Guevara se propone concluir rápidamente su carrera profesional y, en efecto, en el breve plazo de seis meses, de septiembre de 1952 a marzo de 1953, realiza lo que se considera una proeza intelectual universitaria, aprobando unas quince asignaturas. Se gradúa de médico con una tesis que versa sobre alergia. Tiene 25 años.

Ha cubierto esta meta y Ernesto prefiere no permanecer en Argentina.

Desea volver a viajar e ir a reunirse en Caracas con Alberto Granados. Sale hacia La Paz, por tren, y allí comienzan a modificarse sus planes, de manera que en definitiva no llegará a reencontrarse con su amigo.

En la capital boliviana hay un hecho que le impresiona profundamente: el desarrollo de una revolución que ha triunfado un año antes pero que, por sus propias limitaciones, se ve desde ya condenada al fracaso. Toma nota, sí, el joven médico argentino, de que por las calles de La Paz las únicas fuerzas armadas que circulan son las milicias obreras, que substituyen al ejército profesional destruido por el movimiento popular.

En la misma ciudad, Guevara conoce a un exiliado argentino, enemigo de Perón, el doctor Ricardo Rojo, con quien hace una rápida amistad En septiembre del mismo año de 1953, juntos parten hacia el Perú, quedan allí unos días, lo recorren más tarde y arriban al Ecuador, deteniéndose en Guayaquil.

Las condiciones económicas en que viven allí Guevara, Rojo y otros cuatro emigrados, también argentinos, son deplorables. En determinado momento, se ven obligados todos a vender su ropa y dejarse sólo lo indispensable. Rojo se encarga después de contar:

«Guevara se quedó con el equipo mínimo: un pantalón deformado por el uso, una camisa que había sido blanca, y un saco sport con los bolsillos reventados de cargar objetos diversos, desde el inhalador contra el asma, hasta los grandes plátanos que muchas veces eran su único alimento». [7]

Rojo, por entonces, habla con entusiasmo de la situación política reinante en Guatemala, donde el presidente Jacobo Arbenz está realizando un _gobierno avanzado, y despierta el vivo interés de los demás del grupo, particularmente de Ernesto. Es así como éste decide trasladarse al país centroamericano y abandona definitivamente la idea de ir a Caracas a reunirse con Alberto Granados.  El problema que se plantea es cómo realizar el viaje.

Ricardo Rojo recurre a un abogado socialista de Guayaquil, para quien tiene una carta de presentación escrita por el líder socialista chileno Salvador Allende. El abogado hace gestiones. Finalmente les consigue pasajes en la «Gran Flota Blanca», la línea carguera de la United Fruit Co. Son pasajes hasta Panamá y Guevara se embarca, al parecer, a finales de octubre. Rojo escribe: «Después parecería mentira, pero Ernesto Guevara entró en el hervidero centroamericano gracias a un pasaje de barco que cortésmente le regaló la United Fuit Co «[8]

A su paso por San José, Costa Rica, conoce a los exiliados venezolanos Rómulo Betancourt y Raúl Leoni y al dominicano Juan Bosch, que viven los tres en la misma casa y que con los años llegarán a la Presidencia de la República en sus países. Guevara simpatiza inmediatamente con Bosch, pero hacia Betancourt, en cambio, lo que siente es una incontenible antipatía.

En la misma capital, Ernesto conoce también a algunos exiliados cubanos. Son elementos llegados allí después del fracaso en el asalto al Cuartel Moncada, en julio de ese año. Es por ellos que tiene las primeras referencias concretas de Fidel Castro.

Comenzando enero de 1954, Guevara y Rojo siguen viaje a Guatemala, por tierra. Atraviesan, así, El Salvador y hacen aquí una pequeña escala. Esto lo refiere Rojo a su manera, con el añadido de evidentes exageraciones. Ni el señor Gustavo Vides, «coronel» sólo por chifladura personal, era «el hombre más poderoso de la ciudad y uno de los más poderosos del país», ni se ha sabido nunca que en su finca «Las Cruces» (verdadero nombre) fusilara tan tranquilamente a los peones, aunque bien es cierto que tenía y quizás todavía tiene su policía particular y su propio calabozo. Pero, en todo caso, tratándose de un testimonio del paso del Che por El Salvador, vale la pena consignarlo:

«Al entrar en San Salvador, el ómnibus que nos llevaba recogió pasajeros en la segunda ciudad de la república, Santa Ana. Recordé que el amable embajador salvadoreño en Guatemala me había aconsejado visitar a cierto coronel Vides en caso de que me detuviera algún día en Santa Ana. Este resultó ser el hombre más poderoso de la ciudad y uno de los más poderosos del país, de manera que rápidamente nos  pusimos en contacto con él. Al conocer el motivo de nuestra visita, se esforzó en hacerla más agradable. Fuimos sus invitados en una formidable plantación cafetalera, llamada Dos Cruces, una extensión bien cultivada, con complejas instalaciones para el procesamiento del vegetal. El coronel tenía una hija de excepcional belleza que se ofreció para hacemos conocer la finca. Fue entonces, al pasar, y mientras reparábamos en la eficiencia de la explotación, cuando descubrimos dos o tres detalles llamativos. La finca estaba rodeada de alambrado de púa, a unos dos metros de altura, y la recorrían unos individuos de uniforme militar que, sin embargo, no tenían grados ni los colores del ejército salvadoreño. Estos individuos llevaban unos imponentes revólveres de calibre 48 (sic) y, en aquel momento, parecían sumamente pacíficos. La hermosa hija del coronel respondió a nuestra curiosidad. Era la policía «interna» de la plantación, la encargada de restaurar el orden cuando «aquella gente» -y señalaba a unas mujeres y unos niños que esperaban a los hombres en inmundos barracones- se rebelaba.”

“Fue, aunque parezca obvio decirlo, la última noche que pasamos en la finca Dos Cruces, junto al amable coronel que fusilaba a sus peones y a la hermosa hija que nos tranquilizaba asegurando que «papá es una buena persona»»[9]

La llegada a Guatemala, en plena efervescencia revolucionaria y ya bajo las amenazas directas del imperialismo yanqui, sacude a Ernesto Guevara.

Desde luego, llega sin dinero Como para ejercer la profesión de médico tendría que seguir un prolongado trámite de revalidación de su título, renuncia a hacerlo y vive de cualquier modo Es allí donde, por su condición de argentino, comienza a ser llamado cordialmente con el sobrenombre de «el Che», que luego se hará mundialmente famoso (Con los años, el propio Guevara ha de confesar; «Para mí, «Che» significa lo más importante, lo más querido de mi propia vida. ¿Cómo podría no gustarme? Todo lo anterior, el nombre y el apellido, son cosas pequeñas, personales, insignificantes «)

La conspiración dirigida por el gobierno del General Eísenhower, culmina con la invasión mercenaria de Castillo Armas, en junio de 1954. El gobierno de Arbenz, prácticamente sin resistir, se derrumba. Guevara tiene sólo seis meses de estar en Guatemala. Tiempo después, en 1958, luchando ya en la Sierra Maestra al lado de Fidel Castro, dirá en una entrevista con un corresponsal argentino «Cuando se produjo la invasión norteamericana traté de formar un grupo de hombres jóvenes como yo para hacer frente a los aventureros fruteros. En Guatemala era necesario pelear y casi nadie peleó. Era necesario resistir y casi nadie quiso hacerlo».[10]

El Che se asila en la Embajada Argentina, lo mismo que muchos guatemaltecos y de otras nacionalidades, incluso salvadoreños que estaban en Guatemala expatriados por el gobierno del coronel Oscar Osorio. Estos recuerdan haber conocido allí a Guevara, el cual enseguida se niega a regresar a Buenos Aires en los aviones enviados por Perón para transportar a los asilados. Por tierra, sale hacia México, en septiembre de 1954.

Va a comenzar entonces una nueva etapa, muy importante, en la vida de Ernesto Guevara, pero ya la experiencia de Guatemala le ha dejado una huella profunda.  Hilda Gadea, peruana exiliada en el país centroamericano, que allí conoció al Che y se convirtió más tarde en su primera esposa, ha de escribir después que fue Guatemala la que lo convenció definitivamente de la necesidad de luchar con las armas contra el imperialismo, de pasar a la ofensiva.

El mismo Che escribe en 1960 estas palabras por demás reveladoras sobre los efectos de la experiencia vivida en Guatemala y que significan en él una clara toma de conciencia revolucionaria:

«Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera corno médico, hace ya algunos años. Y cuando empecé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que tengo corno revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales.  Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad.

«Por circunstancias especiales y quizás también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Y por las condiciones en que viajé, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuos. Y empecé a ver que había cosas tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer un aporte sustancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente.”

«Ya había viajado mucho -estaba en aquellos momentos en Guatemala, la Guatemala de Arbenz- « y había empezado a hacer unas notas para norrnar la conducta del médico revolucionario. Empezaba a investigar qué cosa era lo que se necesitaba para ser un médico revolucionario. Sin embargo, vino la agresión, la agresión que desataría la United Fruit, el Departamento de Estado, Foster Dulles -en realidad es lo mismo-. Entonces me di cuenta de una cosa fundamental para ser médico revolucionario, lo primero que hay que tener es Revolución».[11]

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En la ciudad de México, sobre todo al principio, nuevas dificultades económicas aquejan a Ernesto Guevara. Por un tiempo se ve obligado a trabajar como fotógrafo callejero. Finalmente, en el Hospital General de la misma ciudad el Che gana un concurso para cubrir una plaza y comienza a trabajar como médico en la sala de alergia.

Es allí donde conoce a un cubano exiliado que llega necesitado de tratamiento. Este le hace conocer enseguida a Raúl Castro, el cual, a su vez, días más tarde, lo presenta con Fidel Castro. Los dos hermanos están allí desde mediados de 1955, después de haber pasado casi dos años en las cárceles de Batista, en Cuba.

Fidel se encuentra ya en esos momentos entregado a la preparación de la vuelta a su país, con las armas en la mano. Una sola plática, durante toda una noche, con el dirigente cubano, convence a Guevara de que Cuba es un país que merece su entrega revolucionaria y decide allí mismo incorporarse a la futura expedición. El mismo ha de evocar esa entrevista varios años más tarde, al momento de una nueva grave decisión, en la carta de despedida que deja a Fidel Castro cuando se aleja de Cuba y que comienza así: “Fidel: me acuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.”

Los preparativos comprenden: en primer lugar, un curso intensivo dado por el coronel Alberto Bayo, español emigrado y veterano de la Guerra Civil. El curso incluye enseñanzas teóricas y, sobre todo, mucha práctica en la forma de marchas, disparo de armas de fuego, fabricación de bombas, tácticas guerrilleras. Al concluir el curso, el coronel Bayo califica a los estudiantes y señala como el alumno más aventajado a Ernesto Guevara[12], el mismo a quien el ejército de su país lo había rechazado unos diez años antes por considerarlo no apto para el servicio militar.

Cuando el barco «Granma» deja las playas de México, el 25 de noviembre de 1956, Ernesto Guevara va como el médico de la expedición. Son ochentidos hombres en total.

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El desembarco en playas cubanas es seguido de un desastre militar, dado que el pequeño grupo es rápidamente descubierto por las tropas de Batista en Alegría de Pío, un lugar de la Provincia de Oriente, cerca de Cabo Cruz. En pleno refuego, cercado por los soldados de la tiranía, el grupo de invasores se ve obligado a replegarse hacia unos cañaverales. Es justo en ese instante cuando se plantea al Che, por primera vez y en una forma dramática, la disyuntiva de ser médico o ser soldado revolucionario. Él lo recordará con sus propias palabras, después del triunfo de la revolución: «Quizás esa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que me separaba de las cañas.”[13]

Pero el Che tuvo que seguir haciéndola de médico, sobre todo mientras otros médicos no llegaron a la Sierra a incorporarse a la lucha guerrillera.  Abunda la literatura que pinta al Che como médico y soldado en los gloriosos días de la guerra en las montañas. Mejor que nadie había de hacerlo el Comandante Fidel Castro, en el emocionado discurso que pronunció en la Plaza de la Revolución, de La Habana, el 18 de octubre de 1967, rindiendo homenaje al jefe guerrillero recientemente muerto.

«Sobrevino el primer combate victorioso -díjo Fidel- y el Che fue soldado ya de nuestra tropa y, a la vez, era todavía el médico, sobrevino el segundo combate victorioso y el Che ya no sólo fue soldado, sino que fue el más distinguido de los soldados en ese combate, realizando por primera vez una de aquellas proezas singulares que lo caracterizaban en todas las acciones; continuó desarrollándose nuestra fuerza y sobrevino ya un combate de extraordinaria importancia en aquel momento. Y en aquella ocasión (el Che) no sólo fue combatiente distinguido, sino que además fue también médico distinguido, prestando asistencia a los compañeros heridos, asistiendo a la vez a los soldados enemigos heridos. Y cuando una vez fue necesario abandonar aquella posición, una vez ocupadas todas las armas y emprender una larga marcha, acosados por distintas fuerzas enemigas, fue necesario que alguien permaneciese junto a los heridos, y junto a los heridos permaneció el Che.

Ayudado por un grupo pequeño de nuestros soldados, los atendió, les salvó la vida y se incorporó con ellos ulteriormente a la Columna.»

No cabe aquí entrar en los detalles de la guerra revolucionaria en Cuba. En su desarrollo, el Che se cubrió de gloria, destacándose como un jefe militar de primera categoría. Por encargo de Fidel llevó la acción armada de un extremo a otro de la isla y se consagró al final como el heroico conquistador de Santa Clara. Cuando la tiranía cae estrepitosamente el l ro. de enero de 1959, la figura del Che está envuelta por el prestigio y la leyenda.

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El triunfo de la revolución abre perspectivas enormes al país, pero impone también tremendas responsabilidades a los dirigentes, casi todos muy jóvenes. El Comandante Ernesto Guevara pasa a ocupar posiciones claves en el nuevo gobierno, como Presidente del Banco Nacional, primero, como Ministro de Industrias, más tarde. En el primer cargo su tarea es estabilizar la grave situación de las divisas; en el segundo, impulsar el desarrollo industrial de la nación, en las difíciles condiciones del bloqueo impuesto por el imperialismo yanqui.

Todo esto exigió del Che el estudio de nuevas disciplinas, el conocimiento lo más profundo posible de los problemas. Guerrillero valiente y capaz en la montaña, sus nuevas altas responsabilidades como estadista supo cumplirlas con talento extraordinario y gran eficiencia. «Este Guevara, es un gerente», apuntó como un elogio un corresponsal del «New York Times».[14]

Característico fue siempre en el Che su agudo uso de la crítica tanto para juzgarse a sí mismo corno para evaluar la labor de sus subordinados, y en sus actuaciones, pese a rodearlas de la severidad necesaria, puso oportunamente siempre un toque de fino humor personal o de sutil intención social. Es significativo, a propósito, que siendo Presidente del Banco Nacional firmara los nuevos billetes con una sola palabra «Che». Según Ricardo Rojo, esto lo hizo «para dar un golpe mortal a la concepción burguesa del dinero, para quitarle su carácter casi religioso y reducirlo a lo que es, en efecto, un medio».[15].

Con todo y sus graves funciones, siempre vivió el Che modestamente. Cumpliendo misiones oficiales viaja mucho por el extranjero en años sucesivos y, si regresa con voluminosos informes, evita traer mayores regalos a sus hijos porque, según les explica: «los miles de niños pobres de Cuba nos prohíben convertiros en hijos de ricos».[16]

Jean Paul Sartre, el escritor y filósofo francés, se sorprende en sus primeros viajes a Cuba al encontrar al Comandante Guevara nada menos que dirigiendo el Banco Nacional. Sin embargo, comprende el caso y señala que no es, ni mucho menos, el único en Cuba, de gente improvisándose después del triunfo de la revolución, al frente de responsabilidades para las que nunca antes recibió la preparación adecuada. Subraya el hecho curioso de que «la revolución recluta gustosamente sus hombres-orquesta entre los médicos y los cirujanos.»

Entre los casos de «hombres-orquesta», es decir, hombres que tuvieron que ocupar posiciones correspondientes a otros especialistas porque éstos no existían o habían huido, Sartre menciona el del Instituto de la Reforma Agraria que, lógicamente, tenía que haber utilizado a agrónomos como administradores de las zonas económicas en que había dividido a la isla, pero echó mano de los médicos y a veces de los veterinarios. Los puso al frente de sus cargos y los lanzó a improvisar. No faltaron los fracasos, pero el cuerpo médico supo cumplir honrosamente esa tarea suplementaria. Alguien dio a Sartre, como explicación, la de que los médicos «tienen el sentido de los organismos toman una zona, una región económica, por un cuerpo vivo y saben que allí todo depende de todo».[17]

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Seguramente, de los jefes de la Revolución Cubana fue el Che el que más se preocupó desde los primeros días no sólo por caracterizar correctamente, en el terreno teórico, a la propia revolución, sino además por desarrollar la teoría revolucionaria. Los jóvenes que habían encabezado el movimiento armado, con Fidel Castro en primer término, no habían partido, para la acción, de una concepción teórica suficientemente precisa y madura. De ahí que, al triunfo sobre la tiranía batistiana y en el momento de iniciar su labor desde el poder, la primera pregunta que hubieron ele formularse ellos mismos, como lo ha apuntado Roberto Fernández Retamar en su Prólogo a las obras del Che, fue «¿qué era esa revolución?», ¿cuál era la teoría revolucionaria de esa acción revolucionaria?» Y recuerda el mismo escritor que ya en 1960, hablando ante el Congreso de Juventudes reunido en La Habana, el Che, en respuesta a aquella interrogante, se adelantó a decir » Si a mí me preguntaran si esta revolución que está ante los ojos de ustedes es una revolución comunista vendríamos a caer en que esta revolución, en caso de ser marxista -y escúchese bien que digo marxista- será porque descubrió también, por sus métodos, los caminos que señalara Marx.»

En un sentido específico, el Che Guevara se esforzó por sistematizar y desarrollar las experiencias de la lucha revolucionaria en Cuba, y de manera particular, las experiencias de la lucha guerrillera. Sus planteamientos sobre la guerrilla y la lucha guerrillera como un camino, ya no solamente para Cuba, sino para todos los países latinoamericanos y, en general, para los países oprimidos por el imperialismo y las oligarquías, figuraron primero en su famosa obra «La guerra de guerrillas». No es posible ocuparse aquí pormenorizadamente del tema, pero hay que señalar al menos que algunos planteamientos fundamentales que allí aparecen y que, pese a algunas críticas exageradas en contra, eran correctos, como basados que estaban en la experiencia reciente y riquísima de la lucha armada cubana, fueron más tarde reelaborados, en otros trabajos del Che. Quizás el trabajo más interesante en este orden sea el artículo «Guerra de guerrillas un método», escrito y publicado en 1963.

Por este camino, el Che llega a concebir la lucha de liberación de los pueblos latinoamericanos como una lucha de dimensiones continentales, plantea que están dadas las condiciones para la lucha armada en prácticamente todos nuestros países, destaca la necesidad de la internacionalización de la lucha, anuncia la invencibilidad de la guerrilla que cuenta con el apoyo de las masas de desposeídos y preconiza que la meta inmediata debe ser la de la revolución socialista, advirtiendo que toda otra forma de revolución no será sino «caricatura de revolución». Estas tesis aparecen con el tiempo redondeadas en su conocido Mensaje a la Tricontinental, de mayo de 1967, donde llega a afirmar que “América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación tendrá una tarea de mucho mayor relieve la de la creación del Segundo o Tercer Vietnam o del Segundo y Tercer Vietnam del mundo.»

El Mensaje a la Tricontinental, lo envió el Che, como se sabe, cuando estaba ya fuera de Cuba. Salió de la Isla en el primer semestre ele 1965, para ir a participar en la lucha revolucionaria desarrollada en otras latitudes. Durante mucho tiempo constituye una cerrada incógnita el paradero de Guevara y por cierto que esto se presta para que la reacción internacional juegue con la especie venenosa de que el legendario personaje ha sucumbido en una «purga sangrienta» ordenada por Fidel Castro. Son los días en que, como fantasma, se le hace aparecer por los más diversos rumbos. 

En El Salvador también lo aprovecha la propaganda anticomunista y lo presenta desembarcando de un submarino en las playas del Pacífico o entrevistándose en El Trifinio con dirigentes políticos nacionales. Las dudas y las especulaciones terminan por hacerse pedazos cuando finalmente se sabe dónde se encuentra el Che: se encuentra en Bolivia, a la cabeza de un movimiento guerrillero. Es el año 1967. Antes, sin embargo, parece ciertamente haber estado peleando en el Congo y otras naciones africanas enfrentadas a la opresión imperialista.

Ahora bien, ¿por qué el Che se fue de Cuba? ¿Por qué abandonó sus altas responsabilidades en ese país, sus cargos dirigentes, sus posiciones conquistadas? ¿Por qué, también, abandonó a su familia y sus relativas comodidades personales? Estas son cuestiones sobre las que vale la pena decir algo.

En primer lugar, el Che nunca se consideró exclusivamente ligado a Cuba, por mucho que hubiera contribuido en forma tan destacada a su liberación y por mucho que hubiera alcanzado allí una jerarquía prominente en las filas revolucionarias y en el gobierno. Sobre todo, en la medida en que el Che llegó a adquirir la conciencia de la necesidad de la revolución en escala continental, se puede apreciar que concluyó también, en determinado momento, que no debía permanecer más tiempo en Cuba y que había de orientarse a ir a tomar parte activa en la lucha liberadora de otras regiones de Latinoamérica.

Es interesante tener en cuenta que, según el testimonio de otros revolucionarios cubanos que, estuvieron en México participando en los preparativos de la expedición del ‘Granma», desde aquellos mismos días, es decir, antes aun de llegar a Cuba y de poderse precisar la suerte que correrían el movimiento armado y la revolución, el Che ya anunciaba que al terminar la lucha en Cuba, si él estaba vivo, seguiría la brega en otros países.  Fidel Castro, por su parte, recordó lo mismo diciendo así en el acto de clausura de la Conferencia Tricontinenta1, realizada en 1966 en La Habana:

«El compañero Guevara se unió a nosotros cuando estábamos exilados en México, y siempre, desde el primer día, tuvo la idea, claramente expresada, de que cuando la lucha terminara en Cuba, él tenía otros deberes que cumplir en otra parte, y nosotros siempre le dimos nuestra palabra de que ningún interés de Estado, ningún interés nacional, ninguna circunstancia, nos haría pedirle que se quedara en nuestro país, obstaculizar el cumplimiento de ese deseo, o de esa vocación. Y nosotros cumplimos cabalmente y fielmente esa promesa que le hicimos al compañero Guevara.»

Hay también otra cosa que decir y es en relación con el carácter mismo del Che. Ya en un párrafo que antes hemos citado, el Che reconocía que fue «por circunstancias especiales y quizás también por mi carácter» -decía- que todavía muy joven comenzó a viajar por América. Y en otros párrafos escritos con toda la sinceridad que era característica del Che, él confesó que algo que lo ligó con Fidel Castro desde un principio fue «un lazo de romántica simpatía aventurera», y en otros más él admitió que había llevado siempre «una vida un poco aventurera»[18] Se comprende así que al irse de Cuba para lanzarse a una nueva lucha aunada, él diga en la carta de despedida dirigida a sus padres que otra vez siente bajo sus talones el costillar de Rocinante y vuelve al camino con su adarga al brazo, para luego puntualizar, categórico, que cree en la lucha armada como única solución pata los pueblos que luchan por liberarse y que es consecuente con sus creencias. A renglón seguido, se adelanta a sus críticos declarando: «Muchos me dirán aventurero, y lo soy; sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.”

El Che, en verdad, puso en juego su pellejo para tratar de demostrar sus propias verdades, para ver de llevar a la realidad sus ideas. Se fue a Bolivia para encabezar una lucha aunada, pero con el pensamiento de que esa lucha no solamente sirviera a la liberación del pueblo boliviano, sino fuera el foco inicial de una guerra de liberación de dimensiones continentales. Esto aparece implícitamente dicho en su Diario de Campaña.

Que en la empresa pudiera perder la vida, el Che lo consideraba algo completamente sin importancia. Hacía años el Che se había entregado a la acción revolucionaria con absoluto desprecio por todos los peligros, dispuesto a todos los sacrificios, inclusive el supremo. Con palabras sencillas, él mismo lo declaró una vez más en su ya citado Mensaje a la Tricontinental:

«Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército del proletariado”

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Las ideas expresadas por el Comandante Guevera sobre el «foco guerrillero» como motor del proceso revolucionario y ya no sólo en escala nacional sino con proyecciones internacionales, continentales, han sido y seguirán siendo motivo para la polémica apasionada, sobre todo ahora que el Che ha muerto en una lucha que él encabezó pero que se vio condenada al fracaso desde los momentos iniciales.

Fidel Castro quiso salir al paso a los adversarios de las tesis del Che diciendo que se equivocan completamente los que creen que la muerte misma del heroico Comandante vino a ser una evidencia de cuán equivocado estaba.

«Se equivocan los que cantan victoria -ha dicho Fidel-. Se equivocan los que creen que su muerte es la derrota de sus ideas, la derrota de sus tácticas, la derrota de sus concepciones, la derrota de sus tesis.”[19]

Ciertamente, no se puede extraer del hecho solo de la muerte del Che conclusiones absolutas, en sentido negativo, acerca de las tesis que propugnó él mismo y por las que expuso y entregó la vida. Pero también es cierto que no se puede ni se debe renunciar, de ninguna manera, a la necesidad de estudiar cuidadosamente la experiencia armada que culminó con la pérdida dolorosa de la vida del Comandante Guevara, puesto que no cabe ninguna duda de que esa experiencia, como tantas otras experiencias amargas que ha debido sufrir la lucha revolucionaria de la América Latina, encierra enseñanzas de extraordinario valor para la causa de la liberación de nuestros pueblos.

Opositores a las ideas del Che, los hay revolucionarios sinceros, con auténtica preocupación por los destinos de la revolución en el Continente, y los hay charlatanes y oportunistas, falsos revolucionarios, para no hablar de los enemigos de clase y los voceros de las oligarquías criollas y el imperialismo norteamericano. No se debe meterlos a todos en un solo saco ni se puede realizar verdadero debate ideológico lanzando por parejo comentarios despectivos o frases hirientes.  En general, no es éste el camino para hacer valer ninguna idea.

Aquellos que, atraídos por el magnetismo de la figura del Che, subyugados por el resplandor de su ejemplo, pretenden hacer la defensa de su grandeza reclamando en forma intransigente la absoluta validez e infalibilidad de sus tesis, actúan así equivocadamente. En primer lugar, esa posición en un todo dogmática se aviene mal con el nombre del Che, enemigo declarado de todo dogmatismo. Por lo demás, unir indisolublemente el prestigio del dirigente desaparecido a la suerte de tal o cual idea suya es, en definitiva, peligroso y absurdo. Los que así proceden tendrán que reconocer que, no importan sus buenos propósitos, son ellos los que disminuyen, empequeñecen la estatura del Che, los que la exponen a embates innecesarios, los que la arriesgan a fracasos que no merece. La verdad es que, aun cuando la experiencia repetida muchas veces se encargue por fin de demostrar, de modo evidente e indiscutible, que no es realmente correcto o que no puede ser en todos los casos correcto el camino propuesto por el Che, estrictamente como él llegó a concebirlo en los últimos años de su vida, el nombre de Ernesto Che Guevara, su prestigio fulgurante, seguirán trascendiendo el tiempo y las fronteras.

El Che es ya más grande que sus propias ideas y si por éstas entregó la vida, aunque con ello no las haya convalidado sí dejó una enseñanza magnífica, mostrando en los hechos cuál es la única forma de ser verdadero revolucionario, de vivir y morir como verdadero revolucionario.

Sin que nadie haya tenido que dictarlo, la figura del Che se impone por sí sola, su ejemplo causa conmoción en el mundo y su nombre sirve hoy de bandera a vigorosos movimientos juveniles que se desarrollan tanto en América Latina, como en la metrópoli imperialista norteamericana o en los países de la vieja Europa. Hay en esto el reconocimiento espontáneo a la figura del héroe que reúne en forma singular las virtudes de un hombre de pensamiento, de un hombre de acción y de un auténtico conductor.

Ernesto Che Guevara, el médico convertido en guerrillero y más tarde el dirigente que abandona todas las posiciones de poder alcanzadas con su esfuerzo para ir a caer en una selva cualquiera luchando por la causa de la felicidad futura de millones de latinoamericanos hoy pobres y explotados, es definitivamente el prototipo de un hombre nuevo y símbolo de una época revolucionaria, turbulenta y gloriosa.


[1] Notas de una. charla para estudiantes sobre el tema «El Che Guevara.: Médico y Revolucionario «, dictada por el autor en la Residencia Estudiantil de la Universidad de El Salvador el 5 de noviembre de 1968.

[2] Ernesto Che Guevara. Obra revolucionaria. Ediciones ERA. México D. F. 1967

[3] Diario del Che en Bolivia. Ediciones Rumbo. San salvador. 1968

[4] Roberto Fernández Retamar, Prólogo 11 «Obra Revolucionaria», de Ernesto «Che» Guevara, Ediciones ERA, México, D F , 1967

[5] Revista «CUBA», La Habana, noviembre 1967

[6] Prólogo . «Obra Revolucionaria», de Ernesto «Che» Guevara

[7]Ricardo Rojo en su libro «Ml Amigo el Cheº, según la síntesis publicada por la Revista Siete Días, No. 56 Buenos Aires, junio 1968

[8] Ricardo Rojo en su libro «Ml Amigo el Cheº, según la síntesis publicada por la Revista Siete Días, No. 56 Buenos Aires, junio 1968

[9] Obra ya citada.

[10] Jorge Ricardo Masseti, «Los que luchan y los que lloran'», Editorial Madiedo , La Habana 1959

[11] Citado por la Revista Cuba, La| Habana, noviembre 1967

[12] L. Huberman y P. Sweezy.”Cuba, Anatomía de una Revolución.” Editorial Palestra, Montevideo, 1962

[13] Ernesto «Che»Guevara, «Pasajes de la Guerra Revolucionaria «, libro incluido en «Obra Rwevolucionaria. «

[14] Citado por Albert Paul Leutin , «El Desafío del Che Guevara» Suplemento de la revista «Punto Final».

 Santiago de Chile, octubre 21, 1967

[15] Citado per Jacobo Zabludovsky, “El Che Guevara.», Revista  “Slempre'», México D F  mayo 22, 1968

[16] Albert Paul Leutin “El desafío del Che Guevara.”

[17] Jean Paul Sartre, «Huracán sobre el Azúcar, edición del Ministerio de Relaciones Exteriores LaHabana, 1959

[18] Citas de 13. revista  “CUBA». noviembre, 1967

[19] Prólogo al «Diario del Che en Bolivia»

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